Nota de los signos:
* *= sonidos de ambiente.
[ ] = comunicación a través de aparatos.
{ } = sueños.

Disclaimer: El universo aquí mencionado es propiedad intelectual de sus autores.

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Capítulo 5
Nuestra Historia

Un chico conoce a una niña, una niña conoce a un chico. Dos completos extraños, dos historias diferentes…

El chico está acostumbrado a las labores cotidianas, la niña apenas sabe cómo arreglarse. El chico pone toda su atención en cuidarla, la niña se ha acostumbrado a esos mimos.

Ambos tan diferentes pero unidos. Así nace esta relación entre maestro y empleado…

Verano

Él

A tientas busca el despertador, la alarma está sonando. En medio de la oscuridad su mano ha golpeado algo provocando que cayera al suelo. Se lleva su otra mano a la frente dándose un golpe. Sin más enciende la lámpara de su cómoda.

―Ahora sí ya lo rompí…

Se levanta para recoger el despertador. Agarra una de las tuercas traseras que hacen girar las manecillas, intenta volver a colocársela pero ya es inútil, el reloj no avanza. En su cara se dibuja una mueca de tristeza. Ese despertador tiene un sentimiento especial para él, pues cuando era niño su abuelo se lo regaló. En la máquina del reloj aparece una inscripción desgastada que dice: Feliz cumpleaños número 5, Darach. Te quiere, tu abuelo.

―Intentare repararlo después…

Deja sobre la cómoda el despertador. Las aletas de Piplup ya no giran. La última hora marcada con las 6:30.

Solo le tomó diez minutos en arreglarse y otros cinco en llegar a la cocina. Antes de adentrarse decide asomarse.

―¿Por qué tanta cautela? ―le susurra una voz detrás de él.

Darach gira un poco la cabeza y se topa con un hombre de traje igual al suyo, es un hombre de mediana edad y el jefe de mayordomos del recinto.

―Tengo que preparar el desayuno de la señorita.

Desde que él y Caitlin llegaron a Unova, Darach tenía las manos atadas; y es que el personal que ahí labora era el culpable, pues le impedían mover aunque fuera un dedo. Siempre alegaban que era responsabilidad de ellos atenderlos y que él solo tenía que sentarse y esperar. Algo no muy conveniente para el joven valet.

―Aunque quisieras entrar no podrías. ―le contesta el jefe― La cocina ha sido secuestrada por unos chicos.

El hombre señala hacia la cocina, Darach voltea a ver.

Había tres chicos con trajes y gorros de chef: uno lava las verduras, otro las pica y otro las hierve junto con la comida; ellos no eran los únicos ahí, también había tres pokémons: uno carga los utensilios, otro lleva las cajas de comida y el otro limpia lo que se ensucia. Y todos ellos estaban concentrados en lo que hacían.

―Antes de que me diera cuenta sacaron a todo el personal. ―dijo el jefe.

Darach torció la boca y dio media vuelta. Sin importar cómo, tenía que preparar el desayuno de Caitlin. Buscó en su bolsillo el reloj dorado y lo abrió para echarle un vistazo a la hora. Lo cerró y comenzó a caminar apretando el paso.

Bajó las escaleras a una velocidad que parecía flotar, luego dobló por uno de los pasillos para llegar al ascensor. Presionó el botón varias veces mostrando su impaciencia. Tras un rato las puertas se abrieron y como un rayo entró, presionó el último botón, el del sótano. Las puertas volvieron a abrirse para mostrar un corto camino de dos metros entre la puerta del ascensor y la puerta del cuarto de la despensa.

Casi todo lo que necesitaba lo tenían ahí, excepto la fruta fresca. Pero eso no era un impedimento, para su fortuna sabía dónde conseguirla, en el jardín… aunque sean unas bayas.

Si bien, la señorita puede que no sea muy aficionada a las bayas, sin embargo él podrá ocultarlas. Siempre lo ha hecho… Desde que Caitlin era una niña le ha sabido ocultar muy bien las verduras en su comida. Y es que hay dos verduras con las que la señorita no se lleva muy bien; la zanahoria y el brócoli. Recuerda muy bien en una ocasión en que hizo tremendo berrinche cuando los otros empleados le prepararon un guisado con esas verduras al vapor, por más que intentaban dárselas ella jamás se las comió. Y un día decidió probar una nueva receta cortando en pequeños trozos las zanahorias y moliendo el brócoli para asarlo junto con la carne. Así consiguió que la pequeña señorita se los comiera sin que se diera cuenta. Y hasta la fecha lo seguía haciendo… Y ahora era el turno de las bayas.

Parado frente a las plantas, observó aquellos frutos.
―Si las mezclo con jugo podré ocultar su sabor, ―adquirió una pose pensativa― pero la fruta picada…

―Cubrirlas con miel o mermelada. ―dijo una voz.

Darach se giro a ver al dueño de la voz, era uno de los chicos que estaban en la cocina.

―¿Es para un niño que no quiere comer fruta? ―peguntó el chico de cabello verde.

―Algo así.

Cilan no dijo más y cortó algunas bayas. Le dio un vistazo a las cosas que Darach cargaba y agarró algunas. Luego se fue a uno de las mesas disponibles para el banquete.

―Hacerlo pintoresco es el truco.

Agarró una copa chata y la llenó con yogurt hasta la mitad, le colocó una capa de bayas picada y las ocultó con la mermelada, volvió a verter el yogurt llenando hasta el tope la copa y le puso duraznos con manzanas, agarró la miel y el almíbar de los duraznos para mezclaros con avena y hacer una pasta. Cilan le dio su toque personal haciendo un pequeño muñeco de nieve sobre la fruta con la pasta de avena, al final le colocó unas galletas.

―Con esta explosión de sabores ni se dará cuenta de lo que come.

Darach se cruzó de brazos. Cilan ladeó la cabeza y le acercó algunos utensilios de cocina.

―Si necesitas algo no dudes en pedírmelo. A mis hermanos les molesta que alguien entre cuando ellos están cocinando pero a mí no. ―el chico de cabello verde se fue.

Darach dio un leve gruñido, si algo le molestaba era que le dieran clases de cocina, pero en esta ocasión lo que más le molestó era que alguien, en especial un desconocido, preparara el desayuno de la señorita.

Decidió olvidarse por el momento del asunto, todavía tenía que seguir preparando el resto del desayuno. Agarró un bowl y comenzó a medir la harina, la mantequilla, la leche, la azúcar, una cucharada de levadura, dos huevos, y una cucharadita de vainilla. Era hora de hacer los waffles.

A lo lejos el grupo de empleados del recinto le observaba, aquel joven valet era algo más de lo que aparentaba. No solo poseía una destreza en la cocina, sino que también la tenía en las batallas. Por eso le respetaban y le impedían entrar a la cocina.

Tras terminar de preparar el desayuno, buscó una charola para poder transportarlo. Ya casi era la hora en que la señorita se despertara. Era hora de apresurarse porque llegar tarde no era aceptable.

Llevando con sumo cuidado la charola llegó a la recamara de Caitlin, en el momento en que tocó ella le contestó, algo que lo desconcertó.

―¿Durmió bien? ―entró y dejó la bandeja sobre la mesa central.

―S-sí

Darach se giró para verla pero su vista se enfocó en el desastre que había en el cuarto, era como si un tornado hubiera pasado por ahí. Cuando se dispuso a hablar con ella en un abrir y cerrar de ojos se había sentado en un extremo de la mesa lista para desayunar. Con tremenda rapidez fue cogiendo cada uno de los platos. Darach se giró para verla y sus ojos se enfocaron sobre la charola, antes de darse cuenta se abalanzó.

―Espere un segundo. ―Darach le atajó cuando agarró la copa de yogurt.

En ese instante la mente de Darach se enredó. ¿Cómo es que la copa de yogurt llegó ahí? No recuerda haberla metido… o si lo hizo. Y nuevamente su mente se enredó.

―Perdón. ―se inclinó― No era mi intención interrumpirla en su desayuno, me disculpo por la falta de respeto…

Darach dejó de hablar, algo andaba mal, la señorita no había dicho ni una sola palabra al respecto. Titubeante alzó la vista. La joven dama miraba hacia otro lado.

―Señorita… ¿se encuentra bien?

Silencio.

La duda se hizo grande, ¿acaso ella se molestó demasiado como para no dirigirle la palabra y menos la mirada?

―No es nada. ―dijo en un leve susurro.

La duda dio paso a la preocupación.

―Cualquiera que sea la cosa que le moleste puede decírmelo.

―Ya dije que no es nada.

Antes de que Darach siguiera insistiendo Caitlin agarró la comida. Darach ya no pudo decir nada sobre la copa de yogurt, la joven dama se la estaba comiendo.

―Siéntate a comer conmigo…

Darach tomó asiente en el otro extremo.

―Debió de haberse comido los waffles y a mí me hubiera dejado la copa de yogurt. ¿Acaso no se dio cuenta que contenía bayas?

―¿En serio? No me di cuenta.

La voz de Caitlin sonaba apagada, como si su cuerpo estuviera ahí pero no su alma.

―Comprendo. ―dio una sonrisa fingida.

Por primera vez, en muchos años, desde que él era la persona asignada para el cuidado de la joven dama, ella había comido algo que no había sido preparado por él, y no solo eso, ella se comió unas bayas…

Ella

Con ésta, ¿cuántas veces llevaba de despertarse por la madrugada? Dejó de contarlas cuando llegó a las dieciséis y apenas eran las tres de la madrugada… ahora ya eran las cuatro.

Llevó sus manos a su cabello tirando al paso su gorro. Observó por un rato su reflejo en el espejo, esa niña de cabello enmarañado y mirada perdida le miraba fijamente. Así permaneció por un rato hasta que un sonido la regresó al mundo real. Arrastrando sus cansados pies caminó en dirección a la cama haciendo sonar sus pantuflas.

―No era mi intención despertarlos. ―acomodó la pokéball de Reuniclus. Todos sus compañeros la miraban― No es nada, vuelvan a dormir.

Luego de acomodar a sus compañeros sobre la cómoda apagó la lámpara y regresó al país de los sueños…

{Había mucho ruido, un ruido que ni ella misma podía mitigar. Era frustrante y la vez desesperante. Las voces, las miradas, esas sombras que la señalaban.

Gigantes, eso eran ellos, gigantes cuchicheando sobre ella y señalándola con persistencia; y ella era como un pequeño ratón perdido. Los gigantes hablaban pero ella no podía escucharlos claramente, sus voces eran ruido, un ruido que zumbaba en sus oídos.

Basta, basta… ¡Basta!}

No tardó en volver a despertarse, encendió la lámpara sobre su cómoda, el despertador marcaba las cuatro y cuarto. Se llevó las manos a la cara y comenzó a balancearse hacia delante y hacia atrás, todos los objetos del cuarto flotaba, quería gritar.

―Qué sucede, por qué está pasando esto.

Volvió a levantarse. Esta vez sus sábanas estaban revueltas, ni siquiera los sujetadores pudieron impedir que las desacomodara. Era normal, toda la noche se había revuelto sobre su cama por tener el mismo sueño. El ruido volvió a escucharse, las cosas cayeron al suelo y sus pokémon se volvieron a despertar.

―Lo siento, volví a despertarlos.

Disimuló una sonrisa sobre su cara de angustia. Sus pokémons sabían lo que le sucedía.

Así trascurrió el resto de la noche. Volver a dormir ya no era importante para ella, decidió quedarse despierta sin importar nada. A las cinco de la madrugada salió de su recamara y como alma en pena vagó por los pasillos del recinto.

Uno pensaría que a esas horas no habría nada interesante pero se sorprendería al ver las cosas que suceden. Mientras deambulaba por los pasillos se encontró con los empleados que comenzaban su horario de trabajo, jamás le pasó por la mente la ardua labor que realizaban, ellos eran los primeros en levantarse y los últimos en acostarse. También se encontró con el campeón llegando a escondidas al recinto como si fuera un adolecente llegando después de una noche de parranda.

―No es lo que tú crees. ―le dijo el campeón.

―No dije ni pensé nada. ―le aclaró Caitlin.

Ambos continuaron su camino.

Alguien que podía esperar encontrarse era a Marshal listo para su rutina matutina, pero fue todo lo contrario, al que se encontró fue a Grimsley. Por extrañas razones venía… ¿desalineado?, su bufanda amarilla la traía desatada y le colgaba más de un lado al grado de arrastrarla. La chaqueta de su traje estaba abierta y era claro que le faltaban los botones. Y por si fuera poco estaba empapado. ¿Qué rayos estaba haciendo? Algo que desconcertó a la joven fue verlo sin su típico peinado en picos, su cabello negro estaba liso tapándole los ojos casi a la mitad de la cara, su cabello era largo.

Caitlin decidió hacerse a un lado, se veía de malas y no quería cruzarse por su camino.

―¿No puedes dormir?

La joven dio un brinco de la impresión, ¿él le estaba dirigiendo la palabra? Aun estando sorprendida asintió con la cabeza.

―Vamos a la cocina, quiero un café.

Caminaron en silencio, solo se escuchaba el rechinido que producía la suela de los zapatos de Grimsley.

Al llegar a la cocina se encontraron con un alboroto, todos los cocineros eran forzados a salir. Algunos de mala cara y otros sumisos pero nunca faltaron los gritos de insultos. Los ojos de Caitlin se abrieron y miró a cada uno de los cocineros salir y gruñir. Se asomó con cautela por la puerta de la cocina, quien quiera que fuera el que armara tal alboroto debía de tener un mal día. Vio a tres chicos adueñarse de la cocina, retrocedió para no entrometerse, pero Grimsley entró como si nada.

―Ya que sacaron a todo el personal ustedes me harán un café.

―¿Qué? ―se giró un chico de cabello rojo― Con quién crees que estás… hablando. ―Se acercó y levantó los cabellos largos del hombre― ¿Grimsley, eres tú?

El mencionado se le quedó viendo.
―Y quién más podría ser, ¿el fantasma de Canterville?

El chico se echó a reír.
―Ahora te preparo un café, luces terrible.

Los chicos terminaron rápido. Chili le entregó el café a Grimsley, mientras que Cress le dio un té a Caitlin. La chica de ojos turquesa se le quedó viendo a la taza.

―Que sucede, ¿no es de tu agrado? ―preguntó Cress.

―No es eso. ―dijo Grimsley― Es solo que ella no lo come si no ha sido preparado por su valet.

―Ah, comprendo. ―Crees procedió a retirarle la taza.

―No, está bien. ―le acotó.

La joven dudo por unos instantes, era verdad, ella no comía nada que no fuera preparado por Darach, desde que recuerda él siempre le preparaba la comida y eso ya era una costumbre. Como si se tratase de vida o muerte le dio un sorbo a la taza de té. La sensación que sintió en su paladar era nueva, no sabía si se debía al agua o quizás a las hojas utilizadas, pero el sabor era refrescante. Y no solo eso, la temperatura del agua era perfecta para beberla sin tener que quemarse la lengua. Fascinada le dio otro sorbo al té, no se dio por satisfecha y se lo bebió por completo. Todos los presentes se le quedaron viendo. Antes de darse cuenta ya estaba comiendo galletas.

Así trascurrió la media hora, Caitlin decidió regresar a sus aposentos ya se sentía más tranquila y llena. Mientras caminaba de regreso a su recamara vio en el jardín a los empleados preparando algunas mesas. Era el día de la fiesta de bienvenida, había escuchado que sería un evento muy importante ya que la prensa internacional vendría. Ese día tenía que ser perfecto, por eso regresó con energía hacia su cuarto lista para prepararse.

Revisó todos los vestidos que tenia, era un evento en el que no podía aparecer con el camisón de dormir. Pero no encontraba ninguna prende que le agradara, además en cierto modo era muy temprano para ir de compras… y al mismo tiempo muy tarde.

¿Y si usaba el vestido que lucía en Sinnoh? Posiblemente nadie la reconocería.

*Toc~toc*

Dio un brinco y vio la hora, ya era Darach con el desayuno.

Mientras el valet abría la puerta ella agarró toda la ropa y la hizo una bola para volver a meterlo al closet. Por desgracia no era el único desorden de su cuarto, también estaba la evidencia de su desvelada. Cuando Darach dejó la charola en la mesa, Caitlin se apresuró en sentarse y así ocultar sus ojeras. No quería preocuparle. Vio toda la comida que su valet le había preparado, pero ella ya no tenía espacio para más, ya se había comido una docena de galletas y había bebido tres tazas de té. Aun así se esforzó en comer un poco, no quería desperdiciar lo que su amigo le había preparado, por eso agarró la copa de yogurt. Pero él le atajó. Ni idea a qué venía todo eso, lo ignoró, ahora lo que más le preocupaba era que él no viera sus ojeras. Y en cierto momento él se volvió insistente, ella no quería preocuparle pero le molestaba que le preguntara tanto. Le cortó con una respuesta fría, quería que la dejara tranquila. Se sentía culpable por haber actuado así con él, ¿por qué lo había hecho? No quería contestarle de esa manera, pero él no le dejo de otra. La culpa le invadió. Sí, se sentía culpable… Quizás si comía algo preparado por él podría redimirse.

Le dio un bocado a la copa de yogurt, era buena, demasiado buena, deliciosa, por no decir maravillosa… y se percató de las bayas. En su interior se sentía feliz, aun ahora Darach le seguía ocultando la comida como si fuera una niña, se preocupaba tanto por ella. Y sin embargo, nunca le diría la verdad, nunca le diría que ya podía tolerar las verduras y las bayas. Quería que todo siguiera igual…

Por la tarde…

La fiesta de bienvenida atrajo a una multitud de gente.

―No se asuste señorita, recuerde quien es usted. ―le dio una palmada en la espalda.

Caitlin respiró profundo y se sumergió entre ese mar de gente.

No faltaron los reporteros que se aventaban contra los líderes de gimnasio para obtener una entrevista, pero ellos los rechazaban y les recordaban que por la tarde tendrían la rueda de prensa, por ahora solo tenían que disfrutar.

Caitlin estaba súper asuntada, por fortuna ninguno de los reporteros se le acercaba, es más ni la tomaban en cuenta. Eso era un alivio para ella. Decidió buscar a Shauntal con la vista, lástima que ella estaba rodeada de reporteros, y no era la única, también estaban: Marshal, Grimsley y Alder. Los cuatro no se daban abasto.

―Sera mejor permanecer lejos de ellos. ―dijo Darach.

La joven asintió.

Los dos disfrutaban sin ser molestados, a excepción de Drayden que fue el único que se les acercó y les dio la bienvenida de manera oficial. Aparte de eso todo iba de maravilla.

Escuche que uno de los miembros del Alto Mando es de Sinnoh.

A lo lejos se escuchó una voz. La joven y el valet voltearon a ver, eran un grupo de reporteros.

Yo también escuche eso. ―dijo otro― ¿Quién podrá ser? Lo tienen oculto como si fuera la última maravilla.

Pues si lo tienen tan oculto es porque está a la altura. ―dijo otro― ¿No lo crees, Sherly?

La mencionada era una mujer, alta y delgada con una mirada penetrante en su ojos afilados. Con tal soberbia se giró a ver al grupo de reporteros.

Ya lo veremos. ―dijo la mujer.

Los otros se le quedaron viendo cuando ella se fue.

Parece que la fiesta va acabar muy mal. ―dijo uno de ellos― La demoledora trae algo entre manos.

Cuando escuchó eso Caitlin volteó a ver a Darach, su mirada lo decía todo.

―Descuide señorita, usted no tienen nada que ocultar.

¿Podría ser eso verdad? Ella no le asintió, solo desvió la mirada.

Las horas pasaron entre dudas para la joven dama. Y la hora de la rueda de prensa llegó…

[―Me permiten su atención, por favor.]

Todos los mencionados voltearon ver, era Alder el que hablaba.

―Por qué le dieron un micrófono a ese hombre. ―dijo Grimsley.

[―Gracias. Cuando planee este evento Drayden estuvo de acuerdo conmigo. Debo de admitir que eso fue una sorpresa, por lo general siempre me está llamando la atención como si fuera mi padre; y ambos tenemos la misma edad.]

*Risas*

[―Pero debo de estar agradecido, él contrarresta mi personalidad desde que tengo memoria, y eso es algo que le agradezco, es un verdadero amigo y lo aprecio mucho. En verdad, muchas gracias Drayden.]

*Aplausos*

[―Ahora si son tan amables, me gustaría contar con los líderes de gimnasio aquí arriba. Algunos de ellos ya los conocen otros no, pero todos somos una gran familia.]

Entre aplausos, los líderes subieron. Caitlin logró identificar a los tres chicos que le sirvieron el té.

―¿Ellos también son líderes?

―Sí. ―le dijo Shauntal― Son nuevos en esto y los tres dirigen un gimnasio. ―Sus ojos no dejaban de mirarlos― Han crecido mucho…

Los cuatro miembros miraban todo desde lejos. El bombardeo de preguntas por parte de los medios no se hizo esperar. Cada uno de los líderes contestó de la manera más relajada, en especial con las preguntas incomodas relacionadas a cierto grupo que se hacían llamar los liberadores de los pokémon y que estaban en boca de todos.

[―En cuanto a ese grupo, hasta el momento no han hecho nada en nuestra contra. ―respondió Drayden― Por lo tanto no estamos obligados a actuar.]

La rueda de prensa prosiguió. Ahora el objetivo de los medios fueron los nuevos líderes, los trillizos. Al principio estaban relajados y haciendo bromas pero cuando llegó el turno de la demoledora las risas se apagaron. Los jóvenes no vieron ni qué los golpeó, apenas y tuvieron tiempo de respirar.

―Muchos comentan que la promoción de ustedes tres fue muy apresurada y que no debían de tener el titulo de líderes. ¿Qué opinan ustedes de eso? ¿Ellos tienen razón? Y si no es así ¿Cómo piensan desmentirlo? ―dijo la demoledora.

[―Sobre eso… ―habló Cress― Nos están subestimando, somos capaces y estamos a la altura y para comprobarlo pueden venir a retarnos empezando desde el día de mañana. Esperaremos con ansias a cualquier entrenador dispuesto a venir por nuestra medalla.]

―Bien, respondieron como deben. ―dijo Marshal.

―Casi. ―dijo Grimsley― Por un instante me pareció ver a un Salamence contra tres Magikarps.

―Algo me dice que esa mujer no está satisfecha. ―habló Shauntal― Me da escalofríos de solo pensar quién será su próxima víctima.

[―Creo que ya no hay más preguntas para los líderes. ―dijo Alder― Ahora si me lo permiten, ha llegado la hora del plato fuerte, me refiero a los miembros del Alto Mando. Suban muchachos.]

De a uno en uno fueron subiendo, igual que como les correspondía su lugar al lado del campeón se pararon junto a él. Fueron presentados y nombraron los tipos en que se especializaban. Y también fue anunciado el modo de batalla; el retador podía escoger a quien retar primero, no había orden. La prensa quedó atónita.

―¿Quiere decir que cada uno de ellos es igual de fuerte que el otro? ―preguntó un reportero.

[―En efecto. ―contestó Alder― Sus habilidades en batalla se encuentran a la par.]

―Si es así, ¿Por qué corre el rumor de que ellos son el 40% más débiles que usted? ―preguntó la demoledora.

[―¿Perdón?] ―Alder apenas podía creer lo que oía.

―Me refiero ―dijo la demoledora― A que Marshal, su mejor alumno, se encuentra muy por debajo de los anteriores miembros del Alto Mando. Y no solo él, también entran en esa categoría Shauntal y Grimsley. Ninguno de ellos se encuentra a la altura del Campeón actual, es decir a usted. También falta mencionar que miembros de la E4 de otras regiones son mucho más fuertes que ellos. Eso da a entender que fácilmente podrían ser derrotados y cualquiera llegaría a usted. ¿Eso no supondría una gran burla a lo que es la Liga Pokémon de Unova?

No hubo palabras.

[―Señorita. ―habló Alder totalmente desconcertado― Eso es un grave error. Ellos son muy capaces, se lo puedo asegurar.]

―En base a qué. ―prosiguió la demoledora― Según tengo entendido, ninguno de ellos pasó la prueba para apuntar a tal puesto. Todos ellos fueron recomendados por usted. Sin mencionar a la joven proveniente de Sinnoh fue recomendada por la campeona de esa región.

Todos seguían expectantes.

―Mi fuentes me informan que ella era anteriormente un miembro del Battle Frontier de Sinnoh y Johto, en pocas palabras un As. ¿Pero qué tan verdadero es eso?

[―¿Qué?] —el gesto de Alder no podía ser descrito.

―Estaba a cargo de una instalación pero según sé jamás tuvo una batalla con un retador, toda la responsabilidad recaía sobre su valet.

Caitlin sintió un profundo dolor provenir desde su pecho.

―Todas las zonas de batalla repartidas por el mundo son independientes de la Liga Pokémon y siguen reglas distintas, puede que allá sea aceptable que ella mandara a su valet, ¿pero aquí lo aceptará la asociación de Unova? ¿La joven mandara a su valet y ella solo será el rostro como miembro de la E4?

La demoledora esperó la respuesta. La lluvia de flases de las cámaras deslumbró a los cuatro miembros y al campeón. Y las cámaras de video grababan hasta la gota nerviosa.

Caitlin lo recordó, ese sueño que tuvo toda la madrugada era un aviso. Le avisaba de lo que estaba por venir. Gigantes, gigantes cuchicheando y señalándola. El ruido era insoportable, un ruido zumbando en su interior. Quería gritar, quería gritar pero le faltaban fuerzas. Ya estaba perdida…

―Basta, ―dijo en un leve susurro― basta, basta, basta…

Marshal la miró de reojo.
―Hey, qué te sucede.

Caitlin seguía balbuceando. En cuestión de segundos todo cambió, su cabello se estaba alborotando, el podio temblaba. Los otros miembros notaron eso, los poderes de Caitlin se estaban saliendo de control.

―¿Qué sucede? ―la demoledora seguía.

[―Nada. ―contestó Shauntal arrebatándole el micrófono a Alder― No pasa nada.]

―No me parece como nada. ¿Están tratando de ocultar algo?

[ ―Pero qué…]

Antes de que Shauntal pudiera desquitar su coraje Grimsley le quitó el micrófono.

[―Señorita. ―dijo con el tono más calmado― Todas sus preguntas serán contestadas, si me lo permiten mis compañeros, prefiero ser yo el que las responda.]

Caitlin no podía escuchar absolutamente nada, veía los labios de Grimsley moverse, al igual que los de Shauntal, pero solo era eso y nada más, no había sonido. Antes de darse cuenta Marshal le había tapado los oídos. Quién sabe cuál fue la respuesta de Grimsley que provocó que los reporteros dieran un brinco. Incluso provocó en la demoledora un gesto de molestia. Tras eso, Drayden cortó la rueda de prensa y los cinco fueron bajados del podio.

Lo que vino después fue algo confuso para la joven…

Volvía en sí, la cabeza le pesaba como una piedra. Contempló el techo de la sala, estaba en su cuarto. Se incorporó lentamente y dirigió su vista hacia su cómoda, todos sus compañeros le observaban desde sus pokéballs con clara preocupación en sus caras.

―No es nada. ―dijo en un susurro.

―Señorita, debe descansar.

Se giró a verlo, Darach se encontraba sentado en el palco de la ventana.

Caitlin hizo caso omiso, se levantó y caminó hacia él.
―Darach…, ―respiró profundo y se armó de valor― tenemos que hablar.

~0~0~0~0~0~0~0~0~0~0~0~0~

―Esa mujer. ―Marshal se tronaba los nudillos conteniendo su coraje― ¿Cómo se atreve?

―Es reportera, era de esperarse. ―Grimsley tría una compresa fría sobre los ojos.

―¿La estas justificando?

―No es eso. Pero si tanto te molesta la opinión de ella haz algo para demostrarle lo contrario.

El ambiente se tensó.

―Basta. ―intervino Shauntal― Lo que menos necesitamos ahora es pelear entre nosotros.

La calma regresó a la sala pero poco les duró el gusto. Desde arriba un par de gritos bajaban por las escaleras. Grimsley se quitó la compresa y se le quedó viendo a los otros dos. Los tres se levantaron a ver. No fue necesario subir las escaleras, los dueños de las voces venían bajando por ellas.

—¡Señorita, ¿cómo puede decir eso?! —Darach se veía agitado.

—Darach, escúchame…

—No, no lo acepto. No aceptaré esta decisión que ha sido tomada en base a los comentarios de una reportera.

—Darach, eso no es verdad…

—¡Ya dije que no!

La joven respiró por la nariz y sacó con todas su fuerzas el aire de sus pulmones en una sola oración.
—¡Con quién crees que hablas!

Marshal, Shauntal y Grimsley quedaron pasmados, por primera vez escuchaban a esa joven dama, que siempre se la pasaba hablando en voz baja, gritar con tremenda fuerza. Por si fuera poco, ese grito atrajo la atención del campeón parándose junto a los demás.

—¿Por qué están peleando? —preguntó Alder en voz baja.

Los tres le voltearon a ver y se encogieron de hombros. Ahora los cuatro no podían despegar la mirada de esa discusión.

Por su lado, el joven valet frenó de golpe, muy pocas veces la joven dama levantaba la voz debido a que su educación estricta le prohibía levantar la voz más allá de un susurro. Consciente de la actitud que había tenido se giró en dirección hacia ella haciéndole una reverencia esperando la orden de que levantara la cabeza.

En cuanto a Caitlin descendió las escaleras hasta el final sin decir ni una sola palabra e ignorándole.

—Darach, ven acá. —le habló con fuerza— Las cosas se harán tal y como dije, así que acepta la verdad.

El joven valet descendió por las escaleras. Antes de que se diera cuenta Caitlin ya tenía preparada la maleta.

—Voy a prescindir de tus servicios.

Ahí estaba, un gancho directo al corazón. ¿Por qué hacia eso? Ella jamás se dejaría llevar por la opinión de los demás. ¿Entonces por qué lo hacía? No, seguramente todo esto era una equivocación.

—¿Ya no le soy útil?

Aun guardaba un mínimo de esperanza, todavía no quería ver su mundo derrumbarse. Porque si todo esto era verdad entonces no volvería a escuchar su dulce voz susurrando en el viento, no volvería a levantarse todas las mañanas para hacerle el desayuno, ya no habría un comer juntos. Ya no habría eso y muchas cosas más.

Caitlin sintió una punzada, por alguna extraña razón esas palabras le dolieron en lo más profundo de su alma, y cuando vio su mirada fue lo peor, se sentía como una basura. Pero de alguna forma consiguió fuerzas para mantener la compostura, porque su educación le prohibía mostrar emoción alguna.

—Es todo lo contrario, —su rostro podría ser serio pero su voz le traicionaba, sonaba ahogada— pero lo que dijo esa reportera… es verdad. Todo ha sido verdad. He tomado mi decisión en base a ella, y también me di cuenta de algo… —levantó la vista y se puso recta— Siempre he dependido de ti y eso no debe de ser. Como mi empleado no estás obligado a cumplir mis funciones. Ahora que soy un miembro del Alto Mando no me puedo dar el lujo de ser irresponsable, debo de actuar de acuerdo a mi puesto y eso significa que tú ya no debes de estar aquí. He decidido ver el mundo por mi misma y comenzare en este lugar desde cero.

El silencio se hizo en toda la sala, ni siquiera se podía escuchar a los presentes respirar.

—Cait-… —Shauntal intentó hablar pero Marshal le tapó la boca.

Alder le hizo el gesto de que no se metiera, esto era asunto de ellos dos.

Mientras tanto Darach aceptó la decisión final, su rostro no podía ocultar su dolor.
—Comprendo. Entonces este es el adiós.

Caminó hacia ella y agarró el asa de la maleta de ruedas.

En ese pequeño instante pudo sentir el dolor de Darach provenir de su mano, estaba temblando.
—Darach…, —Su voz era tierna y comprensiva— más que un valet para mí tú eres un gran amigo. Y eso es algo que no se puede olvidar. Ere alguien especial para mí.

—Por todos estos años, muchas gracias. —realizó la última reverencia.

El joven valet se encaminó hacia la enorme puerta del recinto.

—Espera Darach… —sin pensarlo lo detuvo, ¿por qué lo hizo? No tenía ni la menor idea— No…, no es nada…, te deseo un buen viaje de regreso a Sinnoh.

Ella no se dio cuenta pero el resto de los presente sí. Las emociones de Caitlin eran fáciles de descifrar, no por los gestos de la cara, ya que era inexpresiva, pero el leguaje corporal dice mucho.

La tierna joven había hecho una pequeña inclinación de la cabeza hacia el lado izquierdo, su mano izquierda se escondía de manera nerviosa detrás de su cuello. Mientras dudaba jugueteaba con el lóbulo de su oreja. Y claro, no podía faltar ese brillo peculiar que desprende los ojos de una enamorada cuando ven frente a ella a la persona con la que tanto sueñan.

Darach no necesitó más, ya había encontrado la respuesta a su amor. Caminó hacia ella, le agarró la mano derecha y le dio un beso. Una sonrisa se dibujó en su rostro, era como si un enorme peso se le quitara de encima. Con la cabeza en alto, Darach abandonó el recinto de la E4.

Continuará…

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Ahora ya tiene sentido ese flashback que apareció en Caitlin in Wonderland, jardín de rosas. No olviden prestar atención para descubrir la identidad de los Reyes y Reinas, ojo: nada es lo que parece.

Hasta la próxima.