Disclaimer: El universo aquí mencionado es propiedad intelectual de sus autores.

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Capítulo 6
Orgullo, miedo, celos
Parte I

Otoño

Los dedos le dolían, casi sentía la sangre palpitar y en cualquier momento vería sus uñas sangrar, pero no podía detenerse, tocar el piano era la única forma que concia para desahogarse, sin importar que llevara horas tocando desde el día de ayer y la mañana de hoy.

Uno a uno sus dedos brincaban en las nota, derrapaban sobre las teclas, se ensañaban con los matices fuertes. Cada nota, cada vibración, eran la clara expresión de lo que sentía su alma y lo expresaba con el cuerpo. La suavidad le hacía inclinar su cuerpo hacia el costado, la ferocidad producía una inclinación hacia delante. El sentimiento se desbordaba en la nota final. Y volvía a comenzar.

Nuevamente la melodía llegaba a su fin, ahora sí sentía los calambres en los dedos, uno de ellos ya no pudo más la tortura y terminó por descargar su presión haciendo reventar una pequeña vena. Sin embargo, Caitlin siguió tocando como si nada. Las teclas del piano se cubrieron de un leve tono rosado, por el momento, ya que en cualquier momento seria otro dedo el que terminara con el mismo destino. Dio la última nota con más fuerza que antes. Sin dar ni siquiera un tiempo para volver a empezar deslizó el dedo dañado en la nota inicial… Pero una mano le frenó.

Con monotonía giró su cabeza para dar con la ruda mano que le frenó, su pequeña mano ensangrentada era prisionera de aquella insolente mano grande y gruesa que le frenó. Siguiendo el curso del brazo pasó por el cuello para plantarse sobre ese rostro de tez morena que le miraba fijamente con un gesto rudo y serio, pero en sus ojos color avellana se mostraba otra cosa, preocupación.

―Ya es suficiente.

Caitlin no mostró interés en querer soltarse, así que utilizó su otra mano libre para continuar tocando. Sin ver, sus dedos se deslizaron en las blancas teclas.

Marshal peló los ojos sin poder creer lo que veía. Ella estaba determinada a continuar.

Pasó lo que tenía que pasar, otro dedo no aguantó la tortura y manchó las blancas teclas del piano de un color rojo.

―¡Caitlin! ―Marshal le agarró la otra mano.

Él lucía más preocupado que ella, en cambio la joven parecía un trapo a voluntad de sus emociones. Ante la evidente falta de interés Marshal la agarró por la cintura y la cargó sobre su hombro. La larga cabellera dorada de la joven siguió la ley de la gravedad, ni siquiera una pisca de sus poderes apareció para mantenerla en su lugar. Marshal lo notó, por lo visto estaba más afectada de lo que pensaba.

Con Caitlin sobre su hombro Marshal caminó en dirección a su cuarto. Abrió la puerta de una patada y dejó caer a Caitlin sobre su cama, fue directo al baño en busca de alcohol, algodón y unos curitas. Por su lado, Caitlin seguía inerte sobre la cama viendo hacia el vacio del techo.

Marshal llegó con los objetos y le jaló la mano para aplicar alcohol sobre la herida.
―Y pensar que las paredes pueden sangrar.

Caitlin viró un poco la cabeza, sus ojos turquesa se clavaron en Marshal.

―Nada, eh. ―Marshal levantó un poco la vista― Está bien, ya me acostumbre a que la pared no hable, me conformo con que escuche. Porque sí escucha ¿verdad?

Los ojos turquesa de la joven seguían clavándose en Marshal.

―Vaya mirada tan profunda me dedicas, cualquiera pensaría otra cosa.

Silencio.

Marshal le regresó la misma mirada, ambos las sostuvieron sin inmutarse. Cuando terminó de curar las heridas de Caitlin se levantó y se aventó sobre la cama. A pesar de ser una cama amplia Caitlin rodó debido al peso y quedó al lado de él, pero se arrastró hacia el lado contrario luchando por no resbalarse. A Marshal le pareció gracioso y ejerció más presión sobre sí para que Caitlin volviera a rodar. Así continuaron por un tiempo hasta que finalmente Caitlin se paró sobre la cama y comenzó a brincar para regresarle la travesura, claro que él no se quedó atrás e hizo lo mismo. Como un par de niños los dos brincaban sobre la cama, lástima que la diversión les duró muy poco…

―¿La cama ya estaba defectuosa?

―Mmmm…no, pero no te preocupes, ya tenía pensado en cambiarla. ―Agarró un trozo de madera― La próxima será de metal. Cuando la tenga puedes venir a brincar en ella cuando tú quieras. Te aseguro que esa sí resistirá.

En el serio rostro de la joven se dibujó por unos instantes lo que podría ser una sonrisa de complicidad. Algo que a Marshal le hubiera gustado apreciar por más tiempo.

Ya más tranquila salieron ambos del cuarto. Ella iba girando sus manos y viendo las múltiples banditas que le había puesto Marshal. No fue hasta entonces que se dio cuenta de que tan dañados estaban sus dedos.

―Hacerte daño no lo va a traer de vuelta.

Caitlin levantó la vista

―¿Te sientes culpable por lo de ese valet tuyo?

La joven siguió viéndolo fijamente.
―Sin importar la situación, una dama jamás debe de expresar sus emociones, siempre debe de tener la cabeza en alto.

―Eso es muy rudo.

Caitlin no dijo nada.

Marshal se detuvo a mitad del pasillo.
―Aquí nadie te juzgará, no nos importa quién eres y de dónde vienes, pero si hay algo que me gustaría que tuvieran en cuenta.

Caitlin se detuvo y volteó a ver.

―Sé tú misma y deja de actuar. No me digas que no puedes porque sé que es una mentira, ya lo he visto antes. Cuando ganaste la batalla contra Empoleon, en la batalla doble, el día del entrenamiento, y por supuesto, el día en que despediste a tu valet.

Caitlin ladeó la cabeza tratando de recordar los hechos.

―Ante los ojos de los demás eres una joven sin título de nobleza. Así que deja de actuar.

―Y según tú, cómo puedo hacer eso.

Marshal se encogió de hombros.
―No me lo preguntes a mí, pregúntatelo a ti. ¿Estás conforme con lo que eres?

Caitlin se cruzó de brazos.
―La misma pregunta me hizo Alder, ¿y ahora tú también?

―Te la hago porque también me la hizo a mí. Me preguntó si estaba conforme conmigo mismo. Cuando era pequeño no entendí esa pregunta, y te seré franco, hasta la fecha sigo sin comprenderlo. Y aun así sigo luchando por encontrar la respuesta. Nadie sabe lo que te depara el futuro, sueños cumplidos, promesas rotas, no importa cuáles sean, lo importante es que te sientas feliz.

Silencio.

Caitlin aflojó los brazos y dio un resoplido.
―Qué es esto. ¿Me estas vendiendo una formula optimista?

―Así que tú también lo ves del mismo modo. ―murmuró para sí mientras rodaba los ojos.

―Marshal, ―le interrumpió de sus pensamientos― ¿Estás conforme con lo que eres?

Él clavo sus ojos avellana sobre los de ella y con una voz más profunda de lo normal dijo:
―No.

Ambos se miraron en silencio.

¡Detente! ¡No lo hagas!

El silencio fue quebrado por el grito de Shauntal. Antes de percatarse los dos corrían en dirección hacia la voz. Desde lejos vieron a Grimsley parado sobre una ventana y a Shauntal tackleandolo un par de segundos después. Cuando llegaron juntos a ellos Shauntal mangoneaba a Grimsley, éste solo tenía una mirada de enfado que pasó a clavarse sobre la joven dama. Caitlin ni se inmutó, ella sostuvo su mirada.

Hace un par de minutos…

Últimamente tría un humor de Gyarados que nadie se atrevía a acercársele, era una locura, porque si te llegabas a cruzar por su camino eras tú el que recibía su implacable ira. Si no estaba pateando algo terminaba por arrojar una cosa y si no arrojaba nada terminaba por golpear algo. Así estaba el asunto; y todo eso tenía una razón de ser que comenzó hace un par de días.

Por fin aprendía a aceptar su puesto como miembro del Alto Mando y lo que conlleva esa responsabilidad. Y esto se debía a que cierta reportera le pico en su orgullo; pero la cosa no quedaba ahí, por alguna razón también entraba en su ira el nuevo miembro del grupo. Esa niña se había dejado influenciar por otros, no lograba comprender por qué ella tomó una decisión basada en los cometarios de otros, debió de ignorarlo y ya, pero no, tomó la decisión de despedir a ese tipo y continuar como si nada. Y por extraño que pareciera, le molestaba.

Caminando en círculos dentro de su cuarto como si fuera una fiera enjaulada, guiado por su enfado pateó su butaca, ésta no llegó lejos por el pequeño tapete que frenó su avance.

―Arg…

Sus ojos querían incineran la butaca por no haber avanzado más. Se giró para ver con qué desquitaba su coraje, fue entonces cuando vio que sus pokémon se escondían de él. Se les quedó viendo por un rato, ellos le regresaron la mirada, dio un paso hacia delante, ellos retrocedieron, con paso decidido caminó hacia ellos, ellos corrieron despavoridos. Scrafty fue a esconderse debajo de la mesa de juegos, Krookodile brincó detrás del sofá, en cuanto a Bisharp se puso detrás de su entrenador en modo defensivo. Claro que no estaba dispuesto a agredirlo pero por si acaso... Sin prestarles la mínima atención Grimsley siguió su camino hasta llegar a la estantería de donde agarró un libro, lo hojeó saltadamente y luego salió del cuarto con el libro en mano. Los tres pokémon respiraron aliviados, no obstante el rechinido de la puerta volvió a escucharse y brincaron del susto cuando lo vieron asomarse.

―¿Dónde está Liepard? ―Grimsley paseó sus celestes ojos por todo el cuarto sin llegar a verla, enfadado aún más que antes dio un gruñido y se fue azotando la puerta.

Ahora sí no había ni quien lo calmara, su ira había llegado a un extremo insoportable.

Mientras caminaba en dirección al cuarto de Shauntal sintió la tremenda necesidad de romper el libro que tenía en las manos; y casi lo lograba, de no ser porque el lomo del libro era grueso. Para dejar de pensar en distintas formas de cómo destruir el libro dirigió su vista hacia los ventanales, de nada sirvió, a lo lejos vio a Liepard estirándose cómodamente sobre una rama del naranjo. La ira le invadió al igual que el tremendo deseo de abrir la ventana y arrojarle el libro a la felina, pero se contuvo. ¿Qué culpa tenia la felina de su mal humor?

Golpeó el marco de la ventana con la pasta del libro. Lo importante era calmarse antes de hacer algo que después podría lamentar.

La vio de nuevo y con lentitud abrió la ventana para no llamar su atención. Se recargó sobre el marco para verla mejor. La contempló con admiración, le fascinaba ver cómo se comportaba, balancear su cola en forma de hoz, mover sus orejas cuando el viento soplaba, pasar su lengua para lamer sus bigotes, y claro, verla estirarse sin importarle lo demás.

―Tan despreocupada…

A pesar de que la admiraba empezaba a notar que ella poco a poco adquiría sus hábitos. Y eso no le agradaba. Quería que siguiera siendo la misma de antes, pero eso era imposible. Porque entre más tiempo pase un pokémon con su entrenador más se parecerá a este.

Dio un resoplido con fastidio, levantó sus manos para tallarse el rostro. Recordó que tenía el libro. Al verlo sonrió con malicia, una nueva idea se formó en su cabeza. Tal vez no era mala idea aventarle el libro a Liepard, si lo hacía de una manera en que el libro la asustara podía conseguir que ella lo destruyera. Fascinado con esa idea en mente puso un pie sobre el marco de la ventana, se agarró con una mano mientras con la otra sujetaba el libro. Antes de poder hacer cualquier movimiento un grito lo distrajo.

―¡Detente! ¡No lo hagas!

Sus celestes ojos se abrieron de asombro cuando vio corriendo hacia él una maraña de cabello morado que lo tumbó al suelo con una increíble fuerza. Soltó el libro y se llevó las manos a la cabeza, esa caída le provocó que se golpeara.

―¡¿En qué estabas pensando?! ―Shauntal le dio de manotazos.

Se sentó para recuperarse y poder gritarle a Shauntal. Pero antes de hacerlo ella agarró con fuerza la solapa del traje y restregó su cara en su pecho.

―Eres un tonto…

Ahora estaba más confundido, en qué estaba pensando. Repasó los hechos y fue cuando cayó en cuenta, ella estaba pensando lo peor.

Le agarró la cara con fuerza.
―Shauntal, no estaba pensando en hacer eso. Hay que ser un completo imbécil para hacerlo.

Ella despegó su cara y se acercó a la cara de él, con sus ojos bañados en lagrimas miro fijamente los ojos de él. Grimsley le sostuvo la mirada.

―De acuerdo. ―pero no parecía convencida y lo mangoneó― Torpe, torpe….

Entre tanto jaloneo la irritación creció dentro de él. Estuvo a punto de gritarle cuando llegaron Marshal y Caitlin. Su enfado solo aumentó. Delante de él estaba la causa de su mal humor.

Antes de que Marshal le diera uno de sus discursos decidió huir del lugar.

―¿Y a éste qué le pasa? ―lo siguió con la mirada.

Caitlin se quedó viendo al suelo. Antes de levantarse, Shauntal agarró lo que tría Grimsley, lucía algo maltratado y sucio, le quitó el polvo, sus manos dejaron de limpiarlo cuando vio el grabado de la pasta. Con él entre brazos se paró para ir corriendo detrás de Grimsley.

―Espera. ―le frenó Marshal.

Shauntal se giró y le mostró el objeto.

―¡Maldición! ¡¿Ya estamos en esa fecha?!

Ella asintió.

―Olvídalo. ―la empujó al lado contrario― Lo que menos necesitamos es que una mujer esté cerca de él. Así que yo iré a hablar con él. Si va descargar su coraje preferible que sea en mi.

Marshal se echó a correr, para que Grimsley no hiciera ejercicio de manera frecuente era bueno para correr, por lo que tuvo que emplear más energía para darle alcance.

Ante la confusión Caitlin volteó a ver a Shauntal, pero más que verla miró lo que ella cargaba. «Álbum» El desgastado objeto llamó por completo su atención.

―¿Te gustaría venir a mi cuarto a beber café con galletas?

Caitlin levantó la mirada del objeto y con su falsa sonrisa aceptó.

Desde que se hicieron amigas jamás había puesto un pie en el cuarto de Shauntal, por más increíble que pareciera visitaba más el de Marshal, y eso que no eran tan cercanos. Sin duda el cuarto tenía el toque característico de su dueña. Al fondo podías apreciar un sinfín de muñecos pokémon, no era lo único, también había almohadas en formas de pokémon fantasma. Una que le llamó la atención fue una almohada para abrazar con la forma de Cofagrigus. Por alguna extraña razón le dieron ganas de abrazarla. Siguió observando el lugar para toparse con un escritorio lleno de hojas y libros que parecían haber sido vomitados por la estantería de al lado. Sus ojos se detuvieron al toparse con algo peculiar: Un juego de química.

―Aquí tienes.

Shauntal depositó la bandeja sobre la mesita de té; cargado de dos tazas, una tetera y un plato con galletas. Cuando vertió el café en la taza que preparó para Caitlin, la joven dama no pudo evitar hacer un gesto de asco.

―Acaso no te gusta el café. ―Shauntal no dejó pasar esa mueca.

A pesar de que aceptó la invitación por mera educación, lo ideal en este caso era ser sincera.
―Seré franca contigo. ―dijo con su tono seco y monótono― detesto el café. Es muy amargo.

Shauntal sonrió.
―Si me aceptaste la oferta por mera educación tendré que decirte que me duele. Pero en vista de que dijiste la verdad lo dejare pasar, porque me alegra saber que fuiste sincera.

Un leve gesto apareció en el rostro de Caitlin cuando Shauntal se giró en dirección hacia el juego de química. Al cabo de unos minutos la vio regresar con otra tetera y una taza más.

―Es bueno saber que tienes un paladar dulce. ―vertió un poco de té en la nueva taza. Vertió otro poco en la suya― Yo también tengo el paladar dulce. ―aspiró el aroma.

Caitlin levantó su taza y le dio un gran sorbo.
―Si te gusta el té por qué tomas café.

Shauntal observó la otra tetera.
―Es por Grimsley, él no tolera lo dulce. Su paladar es amargo.

―Ya veo, por eso su actitud. ―Antes de que Shauntal hablara, rápido cambió de tema― Conoces que le gusta y que le desagrada. ¿También sabes de los gustos de Marshal y Alder?

―¿Ya sientes curiosidad por nosotros?

―Si voy a pasar con ustedes los próximos años algo debo de saber.

―Me parece bien, en ese caso déjame mostrarte algo. ―se dirigió hacia su escritorio― Y en cuanto a tu pregunta anterior: A Marshal le gusta la comida dulce y odia el picante. Él señor Alder come de todo, no tiene preferencias. Yo adoro lo dulce y no tengo problemas en comer otra cosa incluso si es amargo. ―Hizo una pausa― En cuanto a ti, te gusta lo dulce y detestas lo salado.

Caitlin sostuvo la taza en el aire.
―¿Cómo sabes eso?

―Antes de que despidieras a Darach tuve la oportunidad de intercambiar recetas con él. Pero me dijo que no importara que tan bien lo preparara tu sabias distinguir su sazón, y que nunca comerías algo que no fuera preparado por él.

Caitlin sintió el gran impulso de esconder su cara. El día en que despidió a Darach había comido algo preparado por unos trillizos. Y por si fuera poco ahora tenía que soportar la repugnante comida de los cocineros del recinto. Y le decía repúgnate porque preparaban todo con salsas, condimentos, y mucha sal. Y claro, un paladar dulce como el de ella jamás toleraría lo salado. Pero se aguantaba, porque una dama siempre debe de estar preparada para comer lo que sea.

«Empiezo a maldecir mi educación.»

―Shauntal yo… ―levantó la vista, ladeó la cabeza y se quedó viendo fijamente la espalda de la escritora .

―Está muy apretado. ―forcejeaba con algo― Ya casi… ya casi…

La pila de libros que estaba sobre el escritorio se tambaleó de manera amenazante hacia adelante.

―Cuidado. ―Caitlin se levantó a socorrerla.

La hojas volaron y los libros igual.

―Aquí esta. ―Shauntal salió de entre los escombros cargando el objeto como si fuera un trofeo de guerra.

―Qué es eso. ―se sobó la cabeza luego de que unos libros le cayeran encima.

―Un álbum de fotos. ―Sonrió de manera divertida― En él salen el Sr. Alder, Marshal, y por supuesto Grimsley. ¿Quieres verlo?

Olvidando por completo el incidente en donde ambas fueron golpeadas por una pila de libros, recorrieron las hojas del álbum, como era de Shauntal aparecía más ella que cualquier otro. No obstante, por medio de él se enteró de la fobia de Marshal; Hipopotomonstrosesquipedaliofobia.

―Cualquiera le tendría miedo a esa palabra. ―dijo Caitlin.

También se enteró de que los padres de Shauntal son profesores, que curiosamente resultaron ser, en la infancia de Grimsley, sus profesores particulares. De que tenía una hermana menor con la misma edad de Caitlin. Ahora comprendía porque Shauntal la mimaba.

―Es como si fueran otras personas. ―dijo la rubia en un susurro.

―Por aquella época Grimsley era un petulante niño mimado… ―se llevó una mano a la boca para reflexionar― espera, todavía lo sigue siendo.

Descubrió una faceta de Grimsley, un niño sonriente debajo de un cara llena de tierra.

Con cada hoja que pasaba la joven dama envidio la relación que ellos tenían, conocerse desde niños, pasar momentos tristes y dolorosos. Una infancia alegre, como debe de ser.

―¿Quién es ella?

Caitlin llegó a una foto en donde aparecía el Sr. Alder junto a dos pequeños Marshal y Grimsley, al lado de ellos había dos niñas con pompones de porristas.

Shauntal se inclinó para ver. Aunque fueran por un par de segundos Caitlin se percató del gesto que había hecho.

―Una vieja amiga. Ya no tiene importancia porque ya no está aquí.

Antes de darse cuenta, Caitlin se quedó sin el álbum, Shauntal lo llevaba de regreso al escritorio.

―Me dan envidia.

Shauntal se giró para verla de frente.

―Desde que tengo memoria fui rodeada de sirvientes. La verdad no conozco el rostro de mis padres de no ser por los cuadros que hay colgados en las paredes del Castillo. Así que no sé lo que es el calor familiar. Y a cambio de eso siempre obtuve lo que quise. Cualquier cosa que deseara lo podía tener, no había límite. Si se me antojaba un helado compraba toda la heladería. Si quería ropa de marca compraba el centro comercial. Ese era mi mundo.

―Lo supe desde que te vi. ―habló Shauntal― Por eso Grimsley te llama niña mimada, porque eres idéntica a él; solo que con una diferencia, el nos tuvo en su infancia.

―Darach era mi salvavidas. Cuando quería un helado, no se compraba la heladería, él me preparaba uno. Si mi ropa se desgarraba él la cosía y quedaba como nueva. Cómo podre sobrellevarme sin él.

―La verdad no lo sé. ―dijo Shauntal.

Caitlin se inclinó.
―Gracias por escucharme, y también gracias por el té. ―La joven dama salió de la recamara.

Tras salir de la recamara de Shauntal caminó por el pasillo y dobló en la siguiente intersección. Metió sus manos por debajo de su camisón y sacó el pesado álbum que traía Shauntal cargando desde el pasillo. Con él entre brazos caminó de regreso a su cuarto.

No era lo que esperaba, el álbum estaba lleno de fotos de Grimsley, vaya desilusión. Siguió hojeando para ver la infancia de su compañero amargado, sus ojos se abrieron cuando esa niña apareció nuevamente. Siguió pasando las hojas, ella y Grimsley aparecían en todas las fotos… al igual que dos pokémons. La niña pelirroja posaba en cada foto con un pokémon entre brazos, Grimsley salía acompañado de la preevolución del actual Bisharp.

En cada foto se veía el pasar del tiempo, los niños crecían sin embargo los pokémon no evolucionaban. Caitlin se acercó para ver mejor una foto, la chica siempre salía cargando a su pokémon entre brazos por eso era difícil de verlo, pero el animal tenía una piedra amarrada a un collar.

Decidió avanzar rápido y dio una zanjada entre las hojas, en algún momento el álbum quedó en blanco. Desconcertada regresó hoja por hoja para ver el porqué…

―Otoño de xxxx… Mary ha evolucionado.

Caitlin leyó la única descripción que aparecía en el álbum. La foto mostraba al pokémon de la chica en su última etapa pero no había rastro de la dueña. Después de esa foto todo era blanco.

Caitlin cerró el álbum. Se dejó caer sobre su cama, dio un par de vuelta tratando de conciliar el sueño, al no poder se levantó de un brinco. Agarró el álbum y salió del cuarto. Ahora, ¿Qué palabras le diría a Shauntal por haber tomado el álbum? Decir un: Lo siento, tenía curiosidad. No, demasiado cínico.

Inmersa en sus pensamientos la joven dama no vio por donde caminaba. El hielo es muy frágil y resbaladizo.

Desde el otro lado del pasillo venia caminando con su humor de mil Gyarados. Marshal había sido el detonante. Ahora sí había que tener cuidado con él, porque cualquier chispa podía encender el fuego.

Caitlin levantó la vista para doblar en el siguiente pasillo, en un instante sus manos se movieron detrás de su espalda, deseó con todas sus fuerzas de que él no lo hubiera visto. Demasiado tarde.

―Parece que te diviertes en hurgar en el pasado de los demás. ―le dijo con el tono más gélido que pudo.

Caitlin respiró profundo. Si tenía que disculparse ahora era el momento.
―Y-yo…

No la dejó terminar la frase, se acercó a ella y la aprisionó contra la pared.

Mientras él tenía su brazo izquierdo apoyándose arriba, con el brazo derecho le cerraba el paso. Los fríos ojos celestes de él se encontraron con los ojos de Caitlin. La joven decidió no perder la compostura y le dedicó su mirada más desafiante.

―Pretenciosa, altanera, hipócrita…, mentirosa…

Ahora sí, los ojos de Caitlin perdieron la batalla.

―Qué se siente despreciar a la persona que ha estado contigo todos estos años, aquel que velo por ti sin importar nada. Qué se siente pagarle con la otra cara de la moneda. ―dio una sonrisa perturbadora― Debes de estarte regocijando de la felicidad ¿verdad? Siendo feliz sin pensar en la desdicha de él.

¿De qué estaba hablando este tipo? Claro que no, cómo es que iba a estar feliz. Sus dedos le recordaban todo. Aun sentía el fuerte bombeo de la sangre y todo gracias a los apretados curitas que le puso Marshal.

Tenía que salir de ahí, este tipo había perdido un tornillo. Vio su oportunidad en el hueco que producía el brazo izquierdo, pero como si Grimsley le leyera la mente le cerró el paso y la aprisionó aun más.

―No creas que vas a poder salir de esta sin un…

Ninguno de los dos lo vio venir. Lo único que sintieron fue el agua.

―Es la segunda vez en esta semana que te peleas con Marshal y la segunda vez que te mojo.

Por primera vez Caitlin vio a Alder enfadado.

―Que pretendes Grimsley. ―Alder bajó el cubo.

Él se giró a verlo con el cabello sobre su rostro y goteando.
―Genial, ―se exprimió las mangas de su traje― ahora necesito un café.

―La cocina esta abajo. ―le señaló con la mano― Ni se te ocurra ir con Shauntal.

Dio un gruñido y se fue.

―Siento que también tuviera que mojarte. ―se disculpo Alder.

Caitlin no dijo nada, solo se acodó el cabello para atrás.

Una sombra negra llegó junto a ellos y en un segundo le arrebató el álbum a Caitlin. Cuando volteó a ver pudo notar a Grimsley con un pie sobre el marco de la ventana, con una mano se sujetaba y con la otra lanzó con fuerza el álbum hacia el naranjo provocando que Liepard se asustara.

―Y eso es todo. ―dijo Grimsley bajando el pie y reanudando su camino.

―Este tonto. ―Alder fue detrás de él.

Caitlin se acercó a la ventada que Grimsley dejó abierta. Buscó con la mirada por los alrededores del naranjo con la esperanza de que el álbum siguiera intacto, desafortunadamente tampoco había rastro de Liepard. Miró hacia abajo, ¿y si se lanzaba desde la ventana? Después de todo el tercer piso no parecía tan alto.

―Gothorita

El pokémon salió de la pokéball, sin haber tocado por completo el suelo fue flotando en dirección hacia la ventana, su entrenadora había saltado. Empleando todo su poder psíquico las sostuvo en el aire y la descendió lentamente. Respiró aliviada cuando ella llegó al suelo. Se recargó sobre la ventana para verla correr. Todavía le costaba trabajo comprender a su entrenadora.

Caitlin buscó entre las plantas algún rastro del álbum, nada. Comenzaba a desilusionarse ya llevaba rato buscándolo, seguramente Liepard lo destrozó por completo.

―¿Buscas esto?

Levantó la vista para encontrarse con Shauntal. La culpa le invadió.

―Descuida, no te voy a regañar por haberlo tomado. No me corresponde hacerlo.

Caitlin agachó la vista, Grimsley ya lo había hecho, aunque de la manera más cruda.

―A pesar de que Liepard tiene un temperamento cuando la asustan, ella no iba a atacar el álbum. Por eso no lo desgarró cuando lo vio.

Shauntal le estiró el objeto.

―¿Por qué me lo das?

Shauntal se encogió de hombros.
―No lo sé. Me imagino que contigo estará más seguro que conmigo. Ya sabes, Grimsley visita mi recama.

Caitlin agarró el álbum y lo abrió.
―Es la misma foto que tienes en el tuyo.

Shauntal se acercó para verla.
―Todos la tenemos. El Sr. Alder la tiene enmarcada y Marshal la carga en su cartera.

Caitlin miró por mucho tiempo la foto sin pestañear.

―Su nombre es Apryl.

Caitlin despegó la vista de la foto.

―Una vieja amiga…, y también la prometida de Grimsley.

Tras esa declaración Caitlin no pudo evitar sentir más curiosidad.
―¿Y dónde está?

―No lo sé. Se fue hace diez años.

―Mmmm…

―Pero me imagino que el señor Alder lo sabe. Porque el día en que me fue a buscar para pedirme que me uniera al Alto Mando me dijo que reuniría a todos. Y con la misma promesa atrapó a Grimsley. Solo que no reunió a todos, solo consiguió tres.

Caitlin se le quedó viendo a Shauntal. Aquello fue como una bofetada.
―¿Me estás diciendo que el lugar que ahora ocupo estaba reservado para ella?

―Sí.

No sabe ni en qué momento Shauntal se fue. Solo recuerda haber visto a Gothorita acercarse a ella, y de eso una vaga imagen. No regresó de su viaje mental hasta que el frío le recordó que ya había oscurecido. Nuevamente vio el álbum, ahora un deseo de querer destruirlo se apoderó de ella. Sin embargo desistió.

―Esto es absurdo.

Dio tres pasos seguida de cerca por Gothorita hasta que su pokémon le jaló el camisón.

―Ya lo sé.

Caitlin se giró hacia el naranjo. Detrás de unas ramas unos orbes verdes le observaban.

―Pero Mary es incapaz de destruir el último recuerdo que queda de su dueña.

De entre las ramas Liepard dio un brinco y la rodeó intentando olfatearla. Tras eso se fue.

Caitlin se le quedó viendo. Ahora que lo pensaba ese pokémon tenía muchas cualidades de su nuevo dueño. La esencia de su anterior entrenadora seguramente ya había desaparecido.

Gothorita dio un leve alarido, le costaba trabajo comprender a su entrenadora, pero no le costaba trabajo comprender los sentimientos de los demás.

Conveniencia personal o satisfacción personal. ¿Cuál de las dos es?

Igual que todas las noches Grimsley fue al cuarto de Shauntal para encontrar un poco de paz. Alder mantenía una conversación con Marshal de los pros y contras de su situación. Caitlin regresó al recinto con el álbum en mano sin mucho ánimo.

―Tratar de inmiscuirse en la vida de otro cuando uno tiene problemas no parece lo más sensato. ―Caitlin vio los curitas de su mano.

Gothorita volteo a verla.

En la entrada principal un mensajero llegaba con un paquete.

―¿Para quién es? ― preguntó el guardián de la puerta.

―Para la señorita Shauntal ―el mensajero leyó la tarjeta.

Continuará...

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Saludos.