Disclaimer: El universo aquí mencionado es propiedad intelectual de sus autores.

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Capítulo 7
Orgullo, miedo, celos
Parte II

Otoño

Iba andando feliz por la vida como si nada le importara, aunque la mayor parte del tiempo es así, pero hoy se sentía con más energía, quizás era por el día nublado o seguramente por lo bien que durmió, ni idea. Y a pesar de que el día era perfecto para ella algo le faltaba. Giró sobre sí para ver a su alrededor y ver qué le faltaba cuando una brillante idea le recorrió por todo el cuerpo. Ahora para efectuar su idea tenía que acercarse lentamente sin que la detectara…

Tapada hasta el cuello por una montaña de flores, que había recolectado junto con Banette, las amarraba por el tallo para hacer un collar. Le fascinaba hacerlo pues para ella esa simple labor le daba tranquilidad. Cuando terminó de unirlas levantó el collar para ver si quedaba algún hueco, en ese instante sus celestes ojos destellaron y un escalofrío le recorrió por todo el cuerpo, una amenaza se acercaba. Se levantó de entre la montaña para buscar la amenaza pero antes de verla sus antenas fueron sujetadas, llena de rabia se giró con fuerza para propinarle un golpe a su agresor. Una extraña masa gelatinosa salió volando por los aires y chocó contra el naranjo…

Otro día más de pereza aunque fuera lunes, para ella todos los días eran iguales. Se acomodó en su rama favorita sobre el naranjo dio un bostezo y regresó a su placido sueño. Su tranquilidad poco le duro cuando una de las naranjas cayó sobre su cabeza luego de que el árbol retumbara. Dio un brinco y de sus patas se asomaron sus afiladas garras listas para atacar a ese individuo que perturbó su paz…

Luego de entrenar en la Victory Road decidió tomar una siesta, y que mejor que hacerlo al pie del naranjo que tenía una vasta sombra. Cerró sus ojos y se acomodó en un pequeño hueco del tronco. No estaba del todo dormido ya que cuando se le iba la cabeza de lado la regresaba a su postura. Poco a poco perdía el poco sentido que le quedaba. Entre sueños oía a alguien roncar, ¿eran sus ronquidos o los de alguien más?… Y de repente un terrible ardor le atravesó la cara de extremo a extremo. No podía abrir los ojos por el dolor y lanzó patadas a diestra y siniestra, una de sus patadas dio contra algo, luego ya no lo sintió, supo que lo había mandado a volar…

La suave brisa era su guía, así que se dejó mandar por ella. No tenía miedo de salir volando sin rumbo alguno ya que estaba fuertemente sujetada a uno de los postes de concreto de Conkeldurr, por lo tanto se balanceaba de un lado a otro. Y de la nada una sombra fue en dirección a ella, abrió sus ojos cuando se encontró frente a frente contra esa sombra, dio un alarido de dolor cuando sintió las afiladas garras encajarse sobre ella…

Mientras Drifblim se sacudía a Liepard, ésta la rasguñaba con desesperación para no caer de tan alto. Sawk se abalanzó contra Liepard por haberle rasguñado la cara. La pobre de Drifblim quedó atrapada entre ellos. Gothorita buscó con frenesí a Reuniclus por haberle sujetado sus antenitas con demasiada fuerza, no sabe cómo sucedieron las cosas que su cara quedó embarrada contra el suelo. Liepard se levantó de la espalda de Gothorita y emprendió la carrera para envestir a Sawk, éste corrió a su encuentro pero en el camino terminó pateando a Musharna que dormía por ahí. Musharna rebotó por todos lados y terminó chocando contra Conkeldurr, a este ni le importo el golpe y la movió a un lado, lástima que no midió su fuerza y Musharna siguió rebotando para dar en la cabeza de Scrafty y finalmente quedar atascada entre las fauces de Krookodile. Jellicent se asustó y mojó a Krookodile para que no mordiera a Musharna, Krookodile se enfadó y escupió a Musharna para poder morder a Jellicent, sin embargo en su desesperado ataque Krookodile fue a estamparse contra el pie de Golurk.

Antes de darse cuenta se inició una batalla pokémon de todos contra todos.

Detrás del naranjo se asomó con cuidado la masa gelatinosa que provocó todo, ahora sí era más que perfecto su día. Feliz por el resultado obtenido continuó su camino, pero un extraño muñeco con una sonrisa de cierre le cortó el paso. Ella le regresó la sonrisa a Banette pero de nada le sirvió, Banette giró a Reuniclus para que recibiera su escarmiento. Bisharp le plantó un golpe para dejarla en el suelo, antes de que Reuniclus se incorporara fue sujetada por la piel de Mienshao y colgada de una rama del naranjo. El resto de los pokémon se reunieron alrededor del naranjo listos para esperar su turno y golpear a la piñata Reuniclus.

Desde una de las ventanas del pasillo Alder miraba con asombro la escena que se había creado, una ola de pensamientos le pasó por la mente pero la que más acertó a lo que veía era:

―No cabe duda que de tal palo tal astilla.

Alder se encogía del susto de tan solo ver como la pobre de Reuniclus recibía tremenda paliza, pero al ver esa escena decidió tomar una decisión, era hora de ponerle fin a los constantes roces entre los cuatro miembros y también a sus pokémons.

Desde que los cuatro vivían bajo el mismo techo no era más que escuchar una pelea de Herdier y Purrloin. Y en esta ocasión la última pelea terminó con la paciencia de Alder y con el recinto. Era como si un desastre natural hubiera pasado por el lugar; piso desnivelado, paredes cuarteadas y agujereadas, cuartos sin techo, o puertas que daban a cuartos inexistentes. Por alguna extraña razón una de las tazas de uno de los baños terminó en el piso inferior a un costado de la puerta, otra había desparecido y solo Arceus sabía a dónde. En pocas palabras la mitad de la estructura quedó en ruinas. Los culpables eran cuatro miembros y sus pokémons.

En resumidas palabras sobre la historia la cosa fue así: En algún momento Marshal y Caitlin se hicieron cercanos, demasiado cercanos para que Marshal saliera a la defensa de Caitlin por tener el álbum de la infancia de Grimsley. A Grimsley esto no le hacía mucha gracia y ofendió a tal grado a Caitlin. Esto provocó un roce entre Marshal y Grimsley para que terminara entre golpes y no solo ellos, sus pokémons también le entraron. Shauntal escuchó el alboroto y salió para detenerlos, de nada sirvió cuando Grimsley se enteró de que ella le había dado el álbum a Caitlin. Ahora sí, era una batalla de Grimsley contra todos. Alder llegó al lugar para calmar los ánimos, las palabras les entraban por un oído y salían por el otro. No podía detenerlos. Entonces sucedió lo peor, los poderes psíquicos de Caitlin y sus pokémons terminaron por hacer explotar media instalación. Claro que toda la culpa no fue de ella, también contribuyeron los otros miembros en destrozar el recinto.

Lo peor del asunto es que ninguno de ellos admitió la culpa y tampoco querían ceder en ofrecer disculpas, cada uno de ellos alegaba que tenían la razón y con eso justificaban su acción.

Las palabras de Grimsley fueron:
―'¿Por qué tengo que ser yo el que se disculpe cuando es ella la que esta hurgando en mi pasado?'

«Demasiado infantil» pensó Alder.

Las de Caitlin:
―'Es un incordio. ―Le lanzó el álbum a Alder― Sigo esperando que se disculpe por ofender mi persona.'

Por una parte tiene un punto a su favor, pero que también admita lo que hizo.

En palabras de Shauntal:
―'Yo solo quería que se conocieran para que se llevaran mejor.'

Ay, tan inocente. Pero a veces la inocencia puede ser mala.

En cuanto a Marshal:
―Ya no lo reconozco. Antes solíamos llevarnos bien. ¿Qué fue lo que pasó?

―Ni idea. Yo sigo pensando que esto es temporal. ¿Recuerdas? Como aquellos días en los que tú y Grimsley se peleaban por cosas banales y pasaban días sin dirigirse la palabra y cuando lo hacían volvían a jugar como si nada.

Marshal recordó la última vez en que se peleó con Grimsley cuando eran niños, recuerda que fue por un tonto muñeco de acción y un carrito de carreras. Ahora que lo pensaba ¿a que estaban jugando? Si recuerda bien, el superhéroe no necesita de un carro para viajar, él volaba, y a todo esto ¿por qué utilizaría un carro de carreras? Ah, no cabe duda que la imaginación de un niño es un pozo sin fondo.

―Empiezo a creer que es verdad cuando dicen que la niñez define al niño y al adulto.

Marshal levantó una ceja algo intrigado.

―Los contantes roces en la familia, crecer en un mundo competitivo. ―Meneó la cabeza― Aun recuerdo el día en que llegó a la puerta de mi casa, estaba hecho un desastre. Era como si llevara días vagando por la calle. De inmediato llame a su casa pero el teléfono sonó y sonó, nunca recibí una llamada de regreso. Lo lleve conmigo camino a su casa, en el trayecto esperé a que me contara todo pero era como si hubiera perdido la voz. Cuando llegamos a su casa me agarró con fuerza la mano y se escondió detrás de mí, estaba temblando de miedo. En la entrada había varios avisos de desalojo y cartas del banco. La casa estaba abandonada. Sin poder localizar a sus padres y familiares me hice cargo de él por una temporada. Luego de un tiempo, gracias a la red de investigación de Drayden, pude dar con los abuelos maternos de Grimsley. Quede estupefacto, la madre de Grimsley jamás hablaba de ellos pero lo que más me sorprendió era saber quiénes eran. Uno cree conocer a la gente pero esconden tantos misterios, con lo refina que era su madre jamás te hubieras imaginada que esa bella dama era de cuna humilde.

Los ojos de Marshal se abrieron de asombro.

―Cuando le conté a Grimsley que iría a vivir con sus abuelos maternos no parecía muy alegre, creo que a él también le tomo por sorpresa saber que tenia abuelos. Pero más sorprendente fue cuando ellos llegaron a mi casa ―risa― Grimsley casi se desmaya al ver que sus abuelos eran granjeros. ―hizo una pausa― Tener un vida llena de lujos y luego acabar sin nada, debe de haber sido desconcertante. Pero fue lo correcto para él, atrás quedó una vida llena de riñas y por delante una llena de alegría. Y con eso soy feliz.

Marshal se vendaba los nudillos, un pasado que no conocía de su compañero. Espera… ¿un pasado que él no conocía a pesar de que eran amigos?

―Maestro ―se sentó en el suelo― No se está inventando esa historia.

Alder dejó de comer unas botanas que tenia y miró fijamente a Marshal. Pero que grosero, cómo es que se atrevía a dudar de él.

―Por favor Marshal, esta historia la conoces tú como Shauntal.

Marshal negó con la cabeza.

Alder le dio una mirada de extrañes.
―¿No me digas… que no lo sabes?

―No sé de qué me está hablando.

Oh, no. Alder había metido la pata, la había metido y muy hasta el fondo.
―Sera mejor que me vaya.

Caminó hacia la puerta pero las grande y gruesa manos de Marshal le agarraron de los hombros.

―Maestro. ―le habló con el tono más respetuoso, pero su actitud era otra― Cuente más sobre esa historia.

Alder ya no tenía escapatoria. Regresó al sofá y la conversación dio inicio. En todo el tiempo los labios de Alder se movieron y no dejaron de hacerlo ni cuando tomaba aire. Los gestos de Marshal cambiaban drásticamente; de la sorpresa a la frustración y después a la rabia. Cuando los labios de Alder dejaron de moverse Marshal caminó hacia su costal de entrenamiento y le dio un golpe lleno de furia provocando que el objeto se elevara más de lo recomendado, la cadena no lo resistió y terminó por romperse, antes de que el costal tocara el suelo Marshal le dio una patada mandándolo hacia una ventana.

«Perfecto. Otra ventana que entra al presupuesto.» pensó Alder.

―Si yo siento rabia no me quiero imaginar lo que siente él.

―No es fácil amar a una persona y al mismo tiempo odiarla.

Ambos se quedaron en silencio recapacitando. Tras un rato Alder salió de ahí.

Ahora ¿qué seguía? Levantó una ceja y pensó. Luego de esa conversación el enojo que tenía se había esfumado. Ya ni siquiera tenía energía para reunir a todos y hacerles ver su error. Caminó desanimado en dirección a la sala de juntas, lo importante ahora era llamara a Drayden para que contratara a alguien que reconstruyera el recinto. Ya podía imaginarse la cara que pondría, sin mencionar el discurso que se aventaría, tres horas hablando sobre lo importante que era ese lugar y su historia, y cómo era posible un grupo de niñatos lo hubiera destrozado en menos de lo que canta un Combusken.

Iba a hacerlo, ya tenía puesta una mano sobre el teléfono, sí, estaba completamente seguro de llamar a Drayden. Levantó la bocina, marcó un número luego el otro… Y después oyó un grito. No sabía si sentir alivio porque lo interrumpieron o sentirse a asustado por lo que vendría después. Dejó eso para otro momento y fue en busca de Caitlin.

Maldijo por lo bajo, Caitlin y Grimsley ya estaban peleando de nuevo, la causa ahora era la malherida Reuniclus. Y lo peor de todo es que el roce entre ellos había llegado hasta sus pokémons. Gallade miraba fijamente a Bisharp, y ella le regresaba la mirada, la tensión iba en aumento cuando sus espadas se levantaban. El choque entre los dos pokémon no se hizo esperar.

Gallade atacó por el costado a Bisharp, ella hizo lo mismo, ambos retrocedieron luego de que sus golpes hicieron efecto. Se miraron por un tiempo y reanudaron el combate.

―Detengan esto. ―les pidió Alder, pero ellos hicieron de oídos sordos― Esto es absurdo. ―agarró una de sus pokéballs― ¡Escavalier!

En el instante en que fue liberado el pokémon se interpuso entre Bisharp y Gallade, solo le bastó un leve balanceo de sus lanzas para arrojarlos contra el suelo. El ambiente se intensifico pero Escavalier se interpuso entre los dos con aire desafiante. Tanto Bisharp como Gallade no sintieron ganas de seguir peleando, era obvio que Escavalier era más fuerte que ellos.

―Bien, dos ya están fuera de combate, solo faltan ustedes. ―Alder clavó su mirada sobre Caitlin y Grimsley.

―Bien. ―Grimsley desvió la mirada.

Caitlin se cruzó de brazos.

Alder dio un resoplido, ya estaba harto de todo esto.

―¡¿Qué?! ―gritaron Marshal, Shauntal, e incluso Caitlin.

―A qué viene todo esto. ―dijo Caitlin.

―Acaso no es obvio. ―Alder extendió sus brazos.

La verdad la sala en donde estaban no estaba en óptimas condiciones, el desastre natural llamado E4 arrasó con todo. Los cuatro miembros observaron el lugar.

―Ahora, depositen sus pokéballs aquí. ―les paso una caja grande de cartón― Los tendrán de vuelta hasta que sepan lo que es compañerismo, respeto y humildad.

Los cuatro se le quedaron viendo.

―O hasta que dejen a un lado su orgullo y puedan aprender a perdonar.

Los tres se quejaron.

―De acuerdo. ―rodó los ojos― Cada uno se quedara con un solo pokémon ―los miembros metieron sus manos en la caja― Pero yo les entregare con cuál se quedan.

Metió su mano en la caja y sacó las pokéballs.
―Gothorita para Caitlin, Cofagrigus para Shauntal, Krookodile para Grimsley, Throh para Marshal.

Los cuatro vieron la pokéball que recibieron.

―Hay alguna forma de recuperarlos y que sea pronto. ―dijo Grimsley.

―Sabía que dirías eso. ―Se acercó a su escritorio― Tenía pensado hacer un viaje con ustedes para que fuéramos uniéndonos pero creo que ha llegado el momento de que lo hagan solo ustedes. ―a cada uno les fue entregando un pequeño folleto.

―¿El Royal Unova? ―habló Marshal.

―Sí, en ese lugar hay entrenadores fuertes dispuestos a pelear con los que podrán desquitar su energía acumulada al igual que sus pokémons.

―Espera un segundo. ―habló Grimsley― ¿Cómo pretendes que tengamos combates si solo poseemos un pokémon?

―Aquí viene lo interesante. Se me ocurrió un juego en el que increíblemente yo saldré ganando.

Todos se le quedaron viendo.

―¿Qué pensaban, que Grimsley era el único capaz de idear juegos?

Al día siguiente por la tarde…

La tensión entre los cuatro aumentaba, se sentían raros sin tener a sus compañeros al lado. Marshal no pudo entrenar esa mañana, Shauntal no pudo leer ni un solo libro por la angustia de no tener a sus amigos. Caitlin se la pasó en vela, así que tenía unas ojeras. Y Grimsley… ¿él qué hacia?

―Antes de que suban quiero tener una charla con los entrenadores.

―¿Para qué? ―le dijo Grimsley en seco.

―¿Cómo que para qué? Para las reglas del juego por supuesto.

Transcurrió una media hora, el sol se iba poniendo y las luces del crucero se encendieron, el barco comenzó a dar pitidos anunciando su partida. Alder les gritó desde la cubierta para que subieran. Los cuatro miembros entregaron su boleto y abordaron.

―Bienvenidos al Royal Unova. ―dijo una señorita de traje azul― Hoy tenemos ocho parejas de entrenadores dispuestos a pelear con ustedes.

―¿Parejas? ―dijo Marshal un tanto extrañado.

―Así es, ocho parejas divididas en dos bandos, o sea que tendrán cuatro batallas. ¿Alguna duda? ―los chicos negaron con la cabeza― En ese caso déjenme que les explique las reglas del juego. ―Sacó una tarjeta que era obvio que Alder le había dado, comenzó a leer:

Están obligados a pelear en parejas, sin objeción, ya que es vital para que recuperen sus pokémons.

Cada batalla ganada es un pokémon recuperado. Si pierden, aunque dudo que pasé, el número de batallas se multiplicara a ocho.

El pokémon que reciban de su contrincante vencido lo tendrán que conservar hasta el final. Sin objeción.

La primera batalla será con el pokémon que poseen, la siguiente será con el que han recuperado, y así será sucesivamente con las otras batallas. Como notaran, pelearan con los pokémon recién rescatados. (Risa maliciosa). Por favor no se quejen y sean humildes.

Esas son las reglas del juego, tienen dos opciones, aceptarlas y recuperar sus pokémons, o irse y recuperarlos después de que acepten su error y se disculpen.

La señorita levantó una ceja y dio una sonrisa incomoda cuando guardó la tarjeta, ni idea de lo que se hablaba. Aunque para los miembros era un puntapié en el orgullo, ninguno de ellos iba a aceptar su error y disculparse.

―Acepto el juego. ―dijo Grimsley lleno de confianza.

―Muy bien, ―la señorita sacó una caja― En esta cajita están sus nombres, uno de ustedes debe de meter su mano para saber quién será su compañero, los dos restantes formaran una pareja.

Los cuatro se miraron entre ellos. ¿Quién sería el valiente en escoger una pareja?

―Lo hare yo. ―dijo al final Marshal.

Metió su mano dentro de la caja y agitó los papeles, no se veía muy seguro pero sacó su mano cuando ya tenía el papel. Se le quedó viendo, lo habían doblado muy bien para que no pudiera leer atreves del dobles. Fue desdoblándolo poco a poco ¿Quién sería su pareja? Un poco más y hubiera sacado espuma por la boca cuando leyó el nombre, pero quedó en shock.

―Shauntal ―leyó Shauntal en voz alta al ver a Marshal perdido.

Ella igual que él se quedó sin palabras, desde ese día no habían hablado por más de cinco minutos y mucho menos habían convivido así que este sería un momento demasiado incomodo. Pero no tan incomodo como el que estarían viviendo Caitlin y Grimsley, así que decidió verlos, aunque no fue lo que esperaba. ¿Por qué los dos estaban tan calmados? Incluso los dos miraban el mapa del barco para ubicar los camarotes.

―En qué momento empezamos. ―le dijo Grimsley a la señorita.

―Ustedes dos irán por el lado derecho, el otro grupo ira por el lado izquierdo.

―Perfecto. ―Grimsley volteó a ver a los otros dos― Será mejor que no se queden atrás.

Primera Batalla:

Lado izquierdo – Shauntal y Marshal.

Nada que decir. En verdad no había nada que decir entre ellos, caminaban uno detrás del otro sin mirarse las espaldas. Mientras Shauntal habría una puerta, Marshal se colocaba detrás de ella esperando a que entrara, en cuanto no veía a nadie en el camarote ella cerraba la puerta y Marshal caminaba hacia otra puerta. Siempre con la mira al suelo.

Ya habían abierto la puerta de tres camarotes y en ninguna de ellos había personas ¿En dónde estaban todos? ¿En realidad había entrenadores? Ya que la tercera no fue la vencida seguramente la cuarta sí. Marshal giró la perilla y abrió la puerta.

―La sopa se estaba enfriando.

Un hombre viejo habló con la boca llena cuando los vio parados en la puerta, dejó la cuchara en la mesa y se limpió la boca para después levantarse. Hizo unos ejercicios de cadera para poder moverse.

―Ay mi cadera. ―volvió a sentarse― Me duele.

―En ese caso quédate ahí sentado, anciano.

Las cobijas de una de las camas fueron arrojadas con fuerza. Con una agilidad se incorporó la dueña de la voz, aunque también se dejó caer sobre la cama.

―Me duele los huesos. ―balbuceó la anciana.

Por lo visto la pelea tardaría más de lo calculado ya que el mayor reto era esperar a que los ancianos dejaran de quejarse del dolor.

Lado derecho – Caitlin y Grimsley

Estaban en aprietos, esa batalla les estresaba ya que sus contrincantes eran unos chiquillos petulantes.

―Buuu, esos es todo lo que tienen. ―el niño les enseñó la lengua y luego se talló los ojos fingiendo lágrimas― ¿Van a llorar?

Caitlin estaba perdiendo los nervios con ese niño, un mendigo niño que capturaba bichos y para el colmo la estaba humillando. Pero debía tranquilizarse, una cabeza fría piensa mejor que una cabeza caliente y por lo visto Grimsley lo tenía muy bien grabado. En ningún momento lo había visto perder los nervios y mucho menos sudar una gota ¿en qué estaba pensando? Seguramente ya había ideado un plan porque Krookodile se veía confiado.

―Krookodile.

El pokémon atacó sin haber recibido la orden de usar un ataque. Fue directo contra el Accelgor del chico, agitó sus garras y una ráfaga de viento fue contra él, sin embargo el Zweilous de la chica se interpuso en el ataque.

―Usar un ataque volador, bien pensado, pero te estás olvidando de mí. ―La niña meneó su dedo índice de un lado a otro en señal de no.

Grimsley se quedó callado. Sin hablarle a su pokémon le hizo la seña de: hacia delante. Krookodile agitó su cola envuelta en un tono violáceo dispuesto a golpear a Zweilous pero fue Accelgor el que interceptó el ataque.

Grimsley chistó.
―Hey tú, ―vio de reojo a Caitlin― quítame uno de encima.

Caitlin frunció el ceño, Gothorita estaba muy agotada, era obvio que estaba en clara desventaja. Como también era obvio que ella no estaba preparada. Desde que la capturó no había tenido la oportunidad de entrenar con ella, ni siquiera había descubierto que ataques podía realizar. No sabía nada de su pokémon y sabía que era su culpa.

Grimsley la observó.
―No te estoy pidiendo lo imposible, solo quítame a uno de encima por un par de minutos.

―¿Me estás diciendo que sacrifique a Gothorita?

―Si lo quieres ver de esa forma, por mi no hay problema. Sería mejor si se va a la cama.

¿Qué significaban esas palabras? Sin duda él la desquiciaba más que aquel chiquillo.

―Gothorita. ―dijo entre el suspiro. El pokémon volteó a verla con dificultad― Es hora de dormir.

¿Qué? Los dos niños se sorprendieron, cómo era posible que esa chica hubiera entregado a su pokémon en bandeja de plata, pero lo aceptaron, ahora sí podían atacar al pokémon si ningún problema y dejarla fuera de combate. Krookodile seria presa fácil.

Zweilous y Accelgor fueron contra todo, Krookodile no se movió para tratar de defender a Gothorita. Esos dos estaban a metros, centímetros, ya la tenían de frente…

―¡Ahora! ―gritó Caitlin.

Con una energía renovada el pokémon se levantó y le lanzó un ataque a Accelgor, el pokémon retrocedió un par de centímetros y cayó rendido.

―¿Qué pasó? ―dijo la niña sin poder creerlo.

Grimsley dio una sonrisa.
―Todos tuyos Krookodile.

El pokémon golpeó con su cola violácea a Zweilous y luego lo remató con sus garras envueltas en un tono violáceo. El siguiente fue Accelgor que estaba indefenso, solo le bastó lanzarle una ráfaga de viento. Los dos pokémons quedaron fuera de combate.

―¿Qué pasó? ―dijo el niño sin conseguir comprenderlo.

―Muy fácil ―dijo Grimsley― Gothorita estaba agotada, se durmió para recuperar energía, sin embargo, ella tenía una baya para despertar rápido. Luego con otro ataque recuperó el objeto y esperó el momento indicado para poder lanzarlo. Es una suerte que su baya tuviera un efecto secundario en Accelgor.

Los dos niños se dejaron caer al suelo con cansancio.
―Y nosotros creíamos que la dormida sería Gothorita. ―dijeron en coro.

Grimsley se acercó a ellos.
―Y bien, ¿dónde están nuestros pokémons?

Los dos niños se miraron entre ellos, de entre sus prendas sacaron dos pokéballs junto con unas notas.

―Estas son las que nos dieron. ―estiraron su mano.

―Pero qué… ―dijo Grimsley cuando vio la pokéball.

Shauntal y Marshal.

―¡Ahora Cofagrigus!

El espacio alrededor del pokémon comenzó a distorsionarse abarcando por completo el camarote. Stoutland ni siquiera lo vio venir, Throh lo había agarrado desde atrás, con un movimiento de llave lo dejó fuera de combate.

―¡Sí! ―dijo victorioso Marshal.

Aunque era demasiado temprano para festejar, Unfezant arremetió contra Throh, el pokémon se puso en guardia dispuesto a recibir el ataque, el ave mandó a Throh al otro lado del camarote.

―Uno fuera, solo queda uno. ―dijo la anciana.

Shauntal se le quedó viendo. Marshal le tomó con fuerza el hombro y la vio de reojo. Ella asintió.

―Unfezant. ―La anciana levantó la mano y el pokémon se elevó, se quedó suspendido esperando algún movimiento.

«Si está tan lejos Cofagrigus no podrá golpearlo.»

―Ve. ―La anciana le dio la orden. El pokémon ave arremetió contra Cofagrigus.

―Fuego.

El pokémon le lanzó pequeñas bolas de fuego violeta, pero Unfezant las esquivaba hábilmente.

―Niña, ese ataque no va a funcionar. ―le dijo la anciana.

―¿Y entonces por qué luce tan agotado su pokémon de tanto esquivar?

Unfezant se veía cansado.

―Sera mejor que te des un respiro, querido.

El ave se alejó todo lo que pudo y se posó sobre una repisa esperando recuperar el aliento.

―Ahora Cofagrigus.

Un aro violáceo apareció en la repisa donde Unfezant tomaba aire, el ave dio un gemido.

―No puede ser. ―dijo la anciana.

―Sí, fue envenenado.

El combate continuó entre lanzamientos de fuego intentando mantener alejada al ave, el ave lanzaba ataques con sus alas lanzando fuertes ráfagas de viento. La anciana quería terminar esto rápido antes de que su pokémon se agotara. Unfezant se elevó nuevamente y se dejó caer dándole un golpe directo a Cofagrigus que lo dejó fuera de combate.

―Eso es todo. ―dijo la anciana.

―Aun no termina. ―le cortó Shauntal.

―Puño de hielo. ―gritaron Shauntal y Marshal cuando Throh tenía a su alcance a Unfezant

La anciana dio un brinco, el pokémon ave se giró solo para ver un puño, el golpe fue directo sin tiempo de esquivar, Unfezant golpeó en seco el suelo, una leve capa de hielo cubría sus plumas.

La anciana respiró profundo:
―Mi error, ―se dejó caer sobre una silla para tomar aire― me confié creyendo que Throh había sido noqueado cuando en realidad se protegió del golpe de Unfezant. ¿Verdad?

Marshal y Shauntal agacharon la cabeza con humildad.

El anciano se les acercó
―En mis 76 años que llevo como entrenador pocas veces me he topado con parejas de entrenadores que confíen plenamente en su compañero, por lo regular te encuentras con aquellos que creen poder hacerlo todo y piensan que su compañero les estorba. Es una pena, porque no solo dudan del potencial de su compañero sino que también dudan del potencial del pokémon. Y es ahí cuando se pierde el respeto a ambos.

El anciano le entregó a Marshal una pokéball junto con una nota. La anciana hizo lo mismo con Shauntal.

Marshal y Shauntal las vieron, ambos se quedaron mudos al ver las pokéballs y al leer la nota.

―Ahora entiendo porque Alder nos entregó eso. ―dijo el anciano― El respeto empieza por conocer a tu compañero, y que mejor forma de hacerlo que de esta manera.

Segunda Batalla:

Lado derecho – Caitlin y Grimsley.

Cólera, estaba encolerizada. ¿Cómo era posible que Alder le hubiera hecho esa trampa? Cuando lo viera dejaría caer sobre él toda su ira creando un apocalipsis. Por el momento quienes soportaban su ira eran las puertas. De una en una fue pateándolas, así es, las pateaba y no las abría con delicadeza. La primera puerta que vio la pateó con fuerza, no había nadie, la segunda igual, nadie. Lo mismo sucedió con la tercera y la cuarta.

―¿Están vacías o son muy buenos escondiéndose? ―dijo Grimsley recargándose en una pared.

Caitlin caminó hacia el camarote de enfrente y pateó la puerta, otra vez no había nadie. Eso ya era demasiado extraño, cinco camarotes vacíos. Ya habían recorrido la mitad que les tocaba del barco y no se habían encontrado con otra pareja de entrenadores ¿cómo era eso posible?

―Piensas demasiado las cosas. ―habló Grimsley.

Caitlin ni se digno en verlo, las únicas ocasiones en que le dirigiría la palabra solo iba a ser en los combates y nada más. Se llevó su dedo pulgar a la boca y comenzó a morderlo, aun conservaba esa mala maña cuando las cosas se le dificultaban.

―¿Un chocolate?

Rápido se giró a verlo. ¿Cómo era posible que él estuviera comiendo un chocolate?

―Es amargo. ―le mostró la envoltura mientras él se comía uno.

A claro. Bueno ella no podía rechazar un chocolate aunque este fuera amargo, ya que por alguna extraña razón le gustaba. Caitlin agarró el chocolate que Grimsley le ofrecía y se lo devoro sin saborearlo.

―¿Otro? ―le extendió el chocolate.

Ahora esto sí que estaba extraño, ¿él se comportaba amable con ella? Eso ya le daba miedo.

«Seguro se está burlando de mi.» Caitlin agarró el chocolate, solo que en esta ocasión lo inspeccionó.

―Piensas demasiado las cosas… ―Grimsley sonrió y desenvolvió otro chocolate para comérselo.

¿Qué ella pensaba mucho las cosas? Claro que no, solo estaba preocupada por querer recuperar a sus pokémons y cuando creyó hacerlo Alder le jugó chueco.

«¿Jugar chueco?» levantó la vista para ver a Grimsley. ¿Qué pokémon fue el que recuperó? Ahora si estaba mortificada, más con la sonrisa burlona que él le daba.

―Regresemos a revisar otra vez los camarotes. Solo que en esta ocasión no hay que patear las puertas.

Sumergida en sus pensamientos en donde el dolor de cabeza iba en aumento, siguió por inercia a Grimsley, ni siquiera notó cuando chocó contra la espalada de este. Grimsley la vio por sobre su hombro, ella sin duda pensaba mucho las cosas.

Aunque no estaba en los modales de Grimsley tocar y abrir la puerta lo tuvo que hacer en esta ocasión. Porque si por él fuera también patearía la puerta alegando: Que ninguna puerta está cerrada para él ya que puede ir a donde se le dé la gana.

Giró la perilla y abrió la puerta, nada, la cerró y fue al camarote de enfrente, volvió a hacer lo mismo tocó y abrió la puerta… detrás de los muebles se asomaron dos entrenadores.

Grimsley los observó.
―Ya veo. Alder les dijo que si entrabamos de manera brusca se escondieran.

Los entrenadores asintieron.

«Por eso hay camarotes vacios, para avisarles de nuestra actitud.»

―Me parece bien. ―chasqueó los dedos― Ahora, que tal si vamos directo al punto.

Los entrenadores se prepararon para la batalla, los dos jóvenes liberaron a sus pokémons. El primer chico sacó a una Gothitelle, el segundo un Liepard.

―No puede ser ―balbuceó Caitlin― Los pokémons en los que nos especializamos.

«Cuando crees comprender a Alder siempre hay algo que te sorprende.» Grimsley tampoco podía entender la forma de pensar de Alder.

―Conocemos las ventajas y desventajas de nuestros propios tipos ―le dijo a Caitlin― Sin embargo, esta será un batalla complicada. ―agarró con fuerza la pokéball que recibió.

Caitlin también sacó la suya dejando caer la nota:

'Nadie dijo que recuperarían sus propios pokémons. Luchen junto a ellos sabiamente. '
P.D.: Esta estrictamente prohibido cambiarlos con sus compañeros, lleguen con ellos hasta el final.

Grimsley arrojó la pokéball, poco a poco una enorme bola con extremidades se materializó adquiriendo un color rosado. Caitlin también arrojó la suya, al lado de la bola rosada se fue materializando una pequeña cosa de color hueso y partes moradas.

Los dos pokémons quedaron sorprendidos al ver quienes los invocaron.

―Mienshao, cuento contigo. ―dijo Caitlin.

―Jellicent ―habló Grimsley― Ahora yo soy tu entrenador.

Lado izquierdo – Marshal y Shauntal

Por alguna razón los dos sentían se parte de una extraña amalgama, era como si alguien los hubiera estirado, luego los hacía volita, nuevamente los estiraba y al final los mezclaba como si fueran plastilina.

―Me siento manipulada. ―susurró Shauntal― Pero no una manipulación perversa.

Marshal levantó una ceja:
―¿Desde cuándo una manipulación es buena?

―Sí las hay, aunque no lo creas.

―Aja.

Caminaron sin intercambiar palabras. Para ellos todavía era incomodo el tener que recordar ese día, una confesión ruda y al final una bofetada. A Marshal todavía le dolía ser rechazado, tal vez lo mejor era olvidar ese amor que jamás se iba a realizar y darle su bendición a Shauntal para que fuera feliz con Grimsley. Pero no podía, porque su orgullo como hombre se lo impedía, ¿Por qué tenía que ser él el que cediera? Claro, entregarle todo al mártir de Grimsley. Absurdo. Él también tenía derecho a ser feliz, Grimsley no era el único que sufría… miró por sobre su hombro para ver la pequeña y delicada figura de Shauntal.

―Shauntal, ¿cómo está tu hermana?

Shauntal recordó el paquete que le había llegado días atrás. Desde que lo recibió el teléfono no dejaba de sonar.

―Bien, está bien. ―dijo cortante.

Una vil mentira.

Marshal ya no le hizo más preguntas al respecto, igual que Caitlin, Shauntal también era una buena actriz escondiéndose bajo la falsa mascara de la alegría. Absurdo. ¿Por qué ella no confiaba más en él? ¿Acaso no lo veía como amigo?...

―Aquí hay otro camarote. ―dijo Shauntal sacando a Marshal de su dilema personal.

Reaccionó y de inmediato llamó a la puerta, giró la perilla y abrió con cuidado.

―Nia, nos han encontrado. ―dijo una mujer joven.

―Que fastidiosos, y yo que quería seguir por más tiempo solos tú y yo. ―La abrazó el hombre.

«No puede ser… una pareja de enamorados. Es como si el universo se burlara de mí y me lo restregara en la cara. ¡¿Por qué?!»

―Vamos Marshal, también hay que mostrarles lo unidos que somos.

«¿Lo hace a propósito o de plano no se entera de lo que dice?»

La pareja de enamorados sacó a sus pokémons, ni idea de que pokéball salieron pero no importaba, de ellas se materializaron una pareja de Scrafty.

―Nuestros pokémon obedecen la orden de cualquiera de nosotros porque somos una pareja. Veamos que tan unidos son ustedes junto con sus pokémons.

Marshal sí que estaba fastidiado. «Lo que me faltaba.»

Shauntal lo volteó a ver.
―Creo que ahora si la tenemos difícil, ¿verdad?

«¡Por qué sonríes!»

Marshal sacó la pokéball que le había entregado el anciano y la miró con duda, desde adentró el pokémon también le regresaba una mira de desconcierto.

―No queda de otra ―lanzó la pokéball― Sal, Liepard.

Aquello sí fue desconcertante, para los dos. Liepard miró a todos lados buscando a su entrenador pero ni rastro de él. Marshal sabía que la tendría difícil, Liepard nunca le hizo caso desde que era una Purrloin pero tenía que intentarlo.

―Liepard, te has de sentir rara con que sea yo quien te este dirigiendo, créeme yo también me siento así. Nunca me hubiera imaginado que tú y yo formaríamos un equipo pero así están las cosas. Crees poder hacerme caso aunque sea una vez.

El pokémon mostró sus colmillos en desaprobación.

«Claro, los pokémon siniestros no se caracterizan por ser amistosos. Liepard ha de estar confundida al verme, seguramente piensa que ha sido abandonada nuevamente.»

Shauntal lanzó sin mucha energía la pokéball, ahora tendría que poner a prueba su reciente amistad con Caitlin.

―Musharna ―gritó un tanto temerosa― Hay que esforzarnos.

El pokémon rosado se quedó flotando como si nada.

―¡Empecemos! ―dijo la pareja luego de dar un paso de baile― Ve, Scrafty. Danos un paso de baile que nos llene de energía.

Los dos pokémon se tomaron de las manos y dieron una pirueta, la Scrafty hembra fue lanzada por los aires lista para dar una patada, mientras tanto, el Scrafty macho venia con su puño cerrado y electrificado.

―Van tras Liepard ―dijo Shauntal― ¡Esquívalo!

A diferencia de Marshal, Liepard respetaba a Shauntal, por lo tanto obedeció. El Scrafty hembra se hizo daño, el Scrafty macho continuo con su ataque, pero en esta ocasión fue contra Musharna. El pokémon que permanecía flotando en medio de la nada recibió el puño trueno. Dio un quejido de dolor.

―Shauntal, ¿recuerdas qué movimientos sabe Musharna?

Ella negó con la cabeza:
―Conozco los básicos, pero la verdad no sé si Caitlin le ha enseñado algunos. Y como solo conozco los tipo psíquico estamos en grabes problemas. A no ser que Liepard te haga caso.

―Lo sé, Liepard les puede hacer frente. Apryl le enseñó muchos movimientos cuando era una Purrloin, por eso siempre le ganó a Grimsley. Pero si ataca no podrá defenderse.

―Crees que debemos de usar a Musharna de escudo, tienen una gran defensa física, pero siento feo el tener que usar así al pokémon de Caitlin.

―¡Huy! ―Marshal se jaló el cabello― Cómo me gustaría cambiar, al menos sé que Musharna me haría caso.

―Perdón por no ser Caitlin. ―Shauntal desvió la mirada.

―Musharna sabe dos ataques eléctricos. ―ignoró por completo el comentario de Shauntal.

―¿Cómo lo sabes?

―Caitlin siempre viene a verme después de cada entrenamiento.

―Mmm… Qué interesante…

Caitlin y Grimsley.

―¿Qué rayos estás haciendo? ―dijo Grimsley.

―Lo mismo te pregunto a ti. ―dijo entre dientes.

El trabajo en equipo de este lado no existía.

En constantes ocasiones Jellicent usó surf no solo afectando a los pokémon contrarios sino que también llevándose de paso a Mienshao. Eso provocó una riña entre ambos pokémons que terminaron peleando entre ellos en lugar de pelear contra sus rivales.

Los dos jóvenes entrenadores ya podían saborear su victoria.

Continuará…

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Con esfuerzo terminé este cap. espero que les haya gustado. Un saludo y nos leemos en el próximo.