Nota de los signos:
« » = pensamientos.
{ } = sueños.

Disclaimer: El universo aquí mencionado es propiedad intelectual de sus autores.

/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/

Capítulo 8
Orgullo, miedo, celos
parte III

Royal Unova

Lado izquierdo – Shauntal y Marshal

Ni siquiera tenía palabras para definir lo que sentía en ese momento. Mientras Shauntal lo pasaba de las mil maravillas con Musharna, él se devanaba los sesos con Liepard. La felina había optado por no hacerle caso aunque Shauntal se lo pidiera y el único movimiento que realizaba era cuando esquivaba, y eso era porque de ello dependía su salud. Por fortuna el estar esquivando los ataques la mantenía sin un rasguño a diferencia de Musharna que ya estaba un poco agotada por recibir el ataque de dos pokémons mientras que Liepard solo era atacada por uno. ¿Y cómo era eso? Muy fácil, la muy traviesa había engatusado al Scrafty macho y el pobre enamorado no podía atacar. Eso creaba una leve frustración por parte de la pareja de enamorados y también creaba celos en la Scrafty hembra.

―Por lo menos seguimos en la batalla. ―suspiró Marshal viendo a Liepard lamerse una de sus patas en un rincón del camarote, pero enseguida recapacitó, eso no era ir bien. ―¡Liepard, ataca!

El pokémon dejó de lamerse y miró a Marshal con sus enormes ojos verdes sin mucho interés.

―Por lo que más quieras, haz equipo con Musharna.

La felina dio un bostezo, se estiró y luego se sentó en sus patas traseras mientras paseaba su lengua por sus bigotes.

―No va a ceder tan fácilmente. ―dijo Shauntal.

La felina parecía lista para tomar una siesta cuando la Scrafty hembra se abalanzó sobre ella tratando de montarla, esto no le agradó a Liepard y trató de tirarla agitando todo su cuerpo. Aquello ya no parecía una batalla pokémon más bien parecía una pelea de niños. En medio del desorden que creaban Liepard y Scrafty la pareja de enamorados dieron la orden del ataque final en un paso de baile.

―Scrafty, ya es hora del último paso.

La Scrafty hembra se bajó de Liepard y se reunió con el Scrafty macho, imitando a la perfección a sus entrenadores los dos se tomaron de las manos, pegaron sus cuerpos, y en perfecta sincronía dieron un paso hacia delante, otro paso más y después un brinco. Desde arriba los dos se preparaban para caer, uno en su pata derecha y otro en la izquierda, justo sobre Liepard.

―¡Con esa patada no saldrá bien librada! ―dijo Shauntal agitando del brazo a Marshal. ―¡Dile que se mueva!

El pelaje de la felina se erizó y curveó su espalda, todo indicaba que por nada del mundo se iba a mover. ¿Qué rayos pasaba por su mente? Solo Liepard lo sabe…

Shauntal se llevó las manos a la cara, no quería ver el inminente final. Lo próximo que oyó fue un fuerte sonido seguido por más sonidos de objetos rompiéndose. Tras eso hubo un largo silencio que la mataba de la curiosidad. Algo dudosa por ver le entró temor de mover sus manos y abrir los ojos pero tuvo que hacerlo, no podía quedarse así para siempre. Separó sus dedos y poco a poco abrió los ojos para ver a través de las hendiduras. Sintió un fuerte dolor que le recorrió por todo el cuerpo e incluso hizo flaquear sus piernas. Un cálido líquido resbalaba de sus ojos empapando sus manos y parte de su cara. Aspiró con fuerza por la nariz al mismo tiempo en que sentía molestias dentro de ella, algunas cosas pegajosas obstruían su buen respirar. Al poco tiempo sus brazos perdieron fuerza y sus manos resbalaron de su cara dejándose caer en seco. Intentó caminar hacia ella pero sus pies no le respondieron que terminó tropezando, antes de caer al suelo una mano le sujeto por la cintura, por simple reflejó volteó su cabeza para toparse con un rostro serio que ni siquiera le dirigía la mirada.

―Fue la elección de ella, respétala. ―dijo Marshal con la mirada clava sobre la pareja de Scrafty que se preparaba para el siguiente ataque.

En el otro extremo del camarote Liepard seguía repasando los hechos. ¿Por qué Musharna se interpuso para protegerla? Eso era absurdo, porque si hubiera sido Musharna la que estuviera en su lugar no habría movido ni una garra para protegerla. Eso era algo impensable. Hizo una mueca de desagrado y giró levemente su cabeza para ver al pokémon psíquico que estaba un par de metros detrás de ella; por lo visto ese fue su último movimiento ya que en cuanto se ponía a flote caía nuevamente. Meneó la cabeza, dio un resoplido y regresó su vista al frente, era su culpa por haberse entrometido, ¿en qué estaba pensado cuando lo hizo? Seguramente nada. No le dio más importancia y decidió centrarse en la batalla, y sin embargo esto le incomodaba.

La pareja de enamorados dejó de moverse al igual que los Scrafty. Los cuatro miraban fijamente a Musharna.

―Qué dices, ¿crees que nos excedimos? ―preguntó la chica.

―Nada de eso. Les dijimos claramente que esta batalla era para poner a prueba su unión y que tendrían que luchar con el corazón. Aunque es una lástima que solo la pobre de Musharna lo comprendió y me duele verla ahí tirada ante la indiferencia de Liepard. ―el chico habló con tono trágico llevándose la mano a la cara para ocultar su expresión.

―Tienes toda la razón. Liepard es indiferente y por lo visto no es la única ―La chica clavó su vista en Marshal y Shauntal― Pobre Musharna, me compadezco por ella.

Al otro lado del camarote Marshal pudo oír todo a la perfección, esos dos habían hablado tan fuerte como si Shauntal y él estuvieran sordos, pero todo lo que habían dicho era verdad. ¿Cómo se supone que iba a entender a unos pokémons que no son los suyos? De hecho no podía comprender a los suyos, es más, ni siquiera se entendía a él mismo. Se cruzó de brazos y pensó seriamente para idear una estrategia, pero tendría que ser rápido porque esos dos no lo iban a esperar.

Shauntal vio de reojo a Marshal, todo indicaba que se había tomado muy a pecho las palabras, y como no, si a ella le embargaba la culpa de ver al pokémon de su amiga tirado en una esquina. Ahora ¿cómo iba a ver a Caitlin a la cara? ¿Qué le iba a decir? Perdón fue una dura batalla, pero dio lo mejor junto a… No, quizás no. Mencionar a Liepard podría ser un gran error dado la tensión que existe entre ella y Grimsley. Ahora que lo pensaba ¿cómo le estaría yendo a esos dos?

«Seguramente les ha de estar yendo fatal…» rodó los ojos «Ahora que caigo en cuenta ¿qué pokémon les habrá tocado?»

Millones de pensamientos recorrieron por la mente de Shauntal olvidándose por completo de la batalla que tenía en frente. Si a ellos les tocó los pokémon de la otra pareja lo más seguro es que Caitlin o Grimsley deberían de tener uno suyo.

«Por favor que Caitlin tenga uno de los míos, por favor.» Le imploró a todos los legendarios habidos y por haber porque le daba escalofríos de solo pensar que Grimsley tuviera a uno de los suyos. Ni Arceus sabría de lo que Grimsley sería capaz.

Ante la evidente falta de atención por parte de los dos, la pareja de enamorados lanzó su ataque sorpresa. Con la orden de un solo gesto facial los dos Scrafty corrieron al encuentro de Liepard. La felina reaccionó y se puso en guardia, sin embargo los dos Scrafty le pasaron de largo, ¿a dónde iban? Liepard reaccionó y volteó hacia atrás, ¡Musharna seguía en el combate a pesar de estar muy débil! Ni idea del porqué lo hizo pero corrió para ¿protegerla? Antes de ser consciente de lo que hacía Liepard ya se había interpuesto entre los dos Scrafty y la mal herida Musharna. Liepard se preparó para recibir el golpe, no obstante estos dos la esquivaron saltándola como si fuera una valla. Eso la tomó por sorpresa pero más sorpresivo fue lo siguiente. Musharna se levantó a como pudo y comenzó a destellar, el brillo se concentró en el centro de su cuerpo y salió disparado por la boca, dicho ataque pasó entre los dos Scrafty y fue directo a dar contra Liepard… Lo siguiente que vio la felina fue a Musharna completamente noqueada en el otro extremo del camarote, ahora la batalla pokémon era de dos contra uno con una clara desventaja. Pero ella no lo iba a permitir, sus verdes ojos se clavaron sobre los dos Scrafty y dio una enorme sonrisa retorcida mostrando sus grandes colmillos.

Lado derecho – Caitlin y Grimsley

Minutos antes…

El camarote se comenzaba a inundar de agua por los constantes ataques de Jellicent, los objetos flotaban a la deriva y sobre ellos los tres pokémons. Gothitelle permanecía sobre la mesa, había creado un pequeño campo psíquico a su alrededor manteniendo a salvo a los dos entrenadores. Por el otro lado Liepard la pasaba mal, a cualquier movimiento del agua el felino se aferraba sobre una silla enterrándole sus afiladas garras, por nada del mundo iba a permitir que una gota de agua cayera sobre su brillante pelaje. Ese pequeño reflejo podría ser considerado algo normal para el resto de los presente, sin embargo para Jellicent era todo lo contrario. El temor de Liepard por el agua le parecía solo una escusa, seguramente en cualquier momento ese felino dejaría de actuar y cuando le diera la espalda seguramente aprovecharía el momento para atacarla. Sí, ya podía imaginárselo, viendo sus afiladas garras ensombrecidas lista para clavarlas en su cara, o seguramente sus grandes y afilados colmillos enterrándose en cada uno de sus tentáculos, sí, cualquiera de esas dos opciones, o quizás ambas y más, podía suceder, todo eran viable, después de todo así era cierta felina que muy bien conocía. Era claro que no podía confiar en esos embusteros gatos, tenía que dejarles muy en claro quién era la que mandaba. Y nuevamente un ataque de surf hacia acto de presencia sin que Grimsley se lo ordenara. El ataque convertía a ese pequeño camarote en una piscina de olas donde todos buscan alejarse de la ola más grande. Y los tres pokémons eran quienes recibían más fuerte el daño, en especial Mienshao que estaba a su lado, el pobre pokémon quedaba sumergido bajo el agua y pataleaba desesperadamente para salir a flote, la natación no era lo suyo y estos ataques ya lo habían dejado agotado. Para desquitarse Mienshao la pinchaba cada vez que podía. Y los dos pokémons se miraban fijamente mostrando su rencor en los ojos.

―¿A quién crees que estas atacando? ―masculló Caitlin.

―Eso mismo te pregunto. ―habló entre dientes― Jellicent solo se defiende.

Huy, Caitlin sintió el tremendo deseo de agarrar esa bufanda amarilla y apretarla más pero se contuvo respirando profundo.

―Existe un movimiento llamado protección… ―la miró de reojo― y Mienshao lo sabe.

Eso era todo, ya no aguantaba más su soberbia. Estaba dispuesta a dejar todo y ofrecer disculpas, preferible mil veces eso que estar un minuto más al lado de ese tipo.

Abrió la boca para declarar su derrota, cuando lo hizo el agua entró por su boca y la mando justo al suelo del camarote.

«No puede ser, otro ataque de surf y yo no tome aire.»

El poco aire que quedaba en los pulmones de Caitlin se escapaba, las burbujas subían mientras ella caía. Todo se volvía negro… Entonces el aire regresó. Tosió y respiró con fuerza.

―Presta más tención. ―jadeaba Grimsley.

Grimsley la había ayudado pero por desgracia no había ningún objeto cercano al cual aferrarse. Caitlin sintió la tremenda necesidad de sacar a Gothorita para que le ayudara a mantenerse a salvo, pero la idea la desechó tan pronto como tocó la pokeball.

«Debemos utilizar a los pokémons que rescatamos…» se repetía una y otra vez.

Ambos luchaban tratando de mantenerse a flote, algo imposible en esa alberca de olas.

Mienshao ya había perdido la esperanza de recibir una orden por parte de Caitlin, pero solo por si acaso la volteó a ver igual que las anteriores veces. Caitlin le regresó la misma mirada de desconcierto. Mienshao se rindió y regresó la vista al frente esperando a la nada.

―Mienshao. ―habló Grimsley desconcertando al pokémon al igual que a Caitlin― Ida y vuelta sobre Gothitelle.

¿Qué? esa era una orden absurda, por varios factores. Primero: ¿por qué ir contra Gothitelle?, lo mejor sería centrarse en Liepard, él más que nadie debería de saberlo. Segundo: se especificó claramente que se debían de utilizar a los pokémon recién recuperados, ¿acaso ya se le olvido?

―No lo volveré a repetir, hazlo. ―frunció el ceño.

El pokémon intercaló la mirada entre Grimsley y Caitlin, ella seguía con mirada de desconcierto, al final aceptó la orden y brincó de mueble en mueble en dirección hacia Gothitelle.

―Detente. ―dijo Caitlin― No lo hagas, no le hagas caso.

El pokémon frenó y volteó a ver.

―Qué pretendes, ―Caitlin le gritó a Grimsley― sabes que Gothitelle podría derribarlo de un solo golpe si se lo propone.

―Es mejor que nada, tú no me estas ayudando. Esta batalla la esta dominando Jellicent por si no lo ves.

Eso en parte era verdad. Liepard no se iba a aventar un clavado, como Gothitelle no se iba a alejar mucho de los entrenadores que mantenía a salvo. ¿Pero por qué sacrificar al pokémon de Marshal? Otra vez la estaba haciendo a un lado.

―Dudas de mis capacidades como entrenadora ¿verdad? ―susurró en un débil tono.

Grimsley la miró de reojo, Caitlin tenía una mirada furiosa, pero el silencio de él era lo más molesto, confirmaba todo. Grimsley regresó la mirada hacia el pokémon que permanecía indeciso en la orden, solo le bastó un leve gesto por parte de Grimsley para reanudar la orden.

―Jellicent, prepárate.

Y ahí estaba Caitlin, como si fuera un objeto más flotando a la deriva.

Mienshao realizó el ataque, estaba punto de golpear a Gothitelle pero pasó lo que dijo Caitlin, Gothitelle lo derribó mandándolo al fondo del camarote con un ataque psíquico. El agua que salpicó el pokémon siendo tumbado provocó una cortina de agua que tardo unos segundos en desvanecerse, el tiempo perfecto.

Grimsley sonrió de oreja a oreja cuando vio la cortina de agua desparecer.
―No es que dude de tus capacidades como entrenadora, es solo que piensas mucho las cosas. En cada batalla te centras mucho en el cómo te verán los demás y proyectas esa inseguridad al pokémon que tienes frente a ti.

Jellicent terminó de formar una enorme bola negra, cuando la cortina de agua bajó la lanzó con todas sus fuerzas hacia Gothitelle. Ni tiempo de reaccionar le dio al pokémon que terminó golpeándose contra la pared del camarote y rompiendo la concentración que tenía en proteger a los entrenadores.

―Por fin. Ahora ya saben cómo me siento al estar nadando para mantenerme a flote. ―Grimsley se veía alegre.

Los dos entrenadores salieron del fondo respirando con agitación y quitándose el cabello de la cara. Un par de metros delante de ellos se encontraba Mienshao buscando un mueble para poder salvarse pero en esta ocasión Jellicent emergió debajo de él y lo puso a salvo.

―Mienshao y Jellicent son iguales que sus entrenadores. Pueden darse de jalones, aventarse cosas, insultarse, en fin, pueden terminar pelándose por todo lo que se te ocurra, pero al final se les olvida y terminan reconciliándose como si nada hubiera pasado. ―hizo una pausa y habló un poco más bajo de lo normal― Y eso es algo que envidio.

Caitlin arqueó una ceja de lo extraño que sonó esa última oración.

―Envidio la relación que existe entre Marshal y Shauntal. ―La volteó a ver.

Por un instante Caitlin sintió un escalofrío, pero era extraño porque ese escalofrío no era el habitual que sentía cuando él le hablaba, más bien era de otro tipo, como excitante. ¿En que estaba pensado? Claro que no, ese escalofrío era el habitual y lo sintió raro por el agua, solo eso y nada más. Pero hay que admitir que con esa apariencia Grimsley no daba miedo, su extravagante peinado había desaparecido y su cabello le cubría la cara, lo poco que se podía ver atreves del largo fleco era unos celestes ojos amables. ¿Amables? ¿Qué rayos? Es solo la ilusión que provoca el fleco largo ¿verdad?… Y el escalofrío regresó.

―Oye, no te ves muy bien. ―la miró fijamente.

Caitlin se sobresaltó que retrocedió un poco. Grimsley se le acercó, Caitlin sintió más escalofríos por todo el cuerpo, él sacó una mano del agua y la llevó a la frente de ella.

―¡Estás ardiendo en fiebre!

Caitlin estaba roja y titiritando.

―Sera mejor detener esta batalla.

Caitlin lo sujetó del brazo para impedírselo pero perdió energía y nuevamente se hundió…

Alder llegó corriendo al lugar.
―¿Qué pasó? ¿Qué dijo el médico?

Grimsley despegó la vista de su palma y le estiró los medicamentos.
―Dijo que era fatiga, que no ha estado durmiendo bien… ―hizo una pausa, todavía seguía pensando― Pero cuando estábamos luchando ardía en fiebre… algo extraño porque el médico dijo que no tenía…

Alder agarró los medicamentos.

―Son cada doce horas por tres días. ―habló Grimsley.

Alder levantó la vista y volteó a ver a Caitlin, ella dormía en el suelo recargada en una pared, no tenía ni una manta que la cubriera.

―Sabes, en estos momento es cuando debes de ser un caballero y dejarle tu chaqueta. ―dijo Alder.

Grimsley se le quedó viendo, se cruzó de brazos y le habló con el tono más serio que pudo.
―Estoy de acuerdo, ¿por qué no le dejas tu poncho?

Alder levantó una ceja y se le quedó viendo. Este tipo sin duda era algo especial. Se rascó la cabeza, la verdad no quería discutir con él así que le tomó la palabra, preferible dejarle su poncho a que Grimsley le dejara su chaqueta, seguramente si se la dejaba su esencia impregnaría a Caitlin y podría convertirse en alguien como él, eso sería peligroso. Se quitó su preciado poncho que estaba calentito y la colocó con cuidado sobre ella como si estuviera arropando a uno de sus hijos, pero en un parpadeó la prenda fue repelida acompañado con unos choques eléctricos. ¿Qué había pasado? Alder se giró a ver a Grimsley con cara de incrédulo pero el rostro de él ni se inmutó.

―¡¿Tú ya lo sabías y no me lo dijiste?!

Grimsley se encogió de hombros.
―Solo te quería mostrar un punto.

―¡Tienes una manera muy retorcida para demostrar un punto!

Grimsley se reservó las palabras.

―De todas formas ¿qué fue eso? Cuando el médico la vio no lo notó.

Grimsley negó con la cabeza.

Alder se recostó al lado de ella.
―Bueno, ya qué. Lo importante ahora es que despierte.

Grimsley se le quedó viendo un poco extrañado.
―Espera un segundo, tú sabes algo.

Alder levantó la vista, miró fijamente a Grimsley sin decir ni una palabra, pero el nervosismo le ganó que lo dejó salir con una sonrisa.
―¿Tan obvio fui?

• ~ •

{*…oin …oin ...*

Se sentó y talló sus ojos para quitarse la lagañas, a pesar de haber dormido muy poco y sobre una superficie áspera se sentía descansada.

*…oin …oin …*

Escuchó voces, no eran claras más bien distorsionadas, como si estuvieran en una frecuencia diferente. Sí, algo extraño. Se talló nuevamente los ojos, seguía borroso su entorno, como una bruma blanca. Las lagañas en los ojos seguían.

*…oin …oin …*

Siguieron las voces, pero esta vez más cerca. Se levantó, al momento de ponerse de pie perdió el equilibrio y volvió a caer. El terreno era áspero. Ahora que lo pensaba ¿dónde estaba? Primero llevó su vista hacia abajo, el césped era puntiagudo y de color paja, demasiado áspero. Viró su cabeza a todos lados, la mayor parte del lugar estaba invadido por la blanca bruma.

*…oin …oin …*

La voz estaba más cerca. Nuevamente intentó levantarse, algo sonó detrás, giró para ver, una singular cara apareció delante, muy cerca de su rostro, casi pegado, ojos con ojos, nariz con nariz. La voz vuelve a sonar, la cara se aparta y se echa a correr.

*Purrloin… Purrloin…*

Ahora el sonido es claro. Se levanta por completo y empieza a caminar. Alguien se acerca, voltea a ver a un costado, de seguro es ese singular animal. Pero no, es un niño, un pequeño niño que grita Purrloin.

El niño sigue corriendo de un lado al otro llamando al animal, tal parece que el felino no quiere salir. ¿Acaso es una travesura o están jugando? Pero no es ninguno de los dos, la voz del niño cambia aun tono preocupado, se desespera, busca detrás de un arbusto, en la copa de un árbol, e incluso en los lugares más absurdos. Pero nada. Hay tristeza en sus ojos, ha empezado a llorar, como un niño indefenso y perdido se acurruca con temor en posición fetal cerca de un árbol. Solloza, balbucea. Las palabras son inaudibles. A pasado un tiempo, el pequeño ha dejado de llorar, cerca de él un arbusto de agita, el pequeño animal aparece. El niño se levanta para agarrarlo, el animal retrocede, su rostro no se ve muy amigable.

*Es solitario…*

Las orejas del felino se mueven.

*…no tener a nadie, ser abandonado…*

El felino ladea la cabeza.

*Has de pensar que soy patético… que por qué tuve que ser yo, seguro estarías mejor con alguien más menos conmigo… pero créeme que nadie te va a comprender mejor que yo…*

El niño duda y aun así le extiende la mano. El felino la observa por un rato, estira la pata, pero rasguña la mano. El niño la retrae, la sangre empieza a fluir. El felino retrocede, está molesto, le arroja todo lo que tiene cerca, pasto, hojas secas, ramas… al final se quita el collar con la piedra y se lo lanza. La piedra ha golpeado la cabeza del niño, la sangre baja como un hilo sobre el ojo derecho. Ante el dolor el niño lleva su mano sana sobre la herida, la sangre mancha sus dedos. Cae al suelo, ha perdido el conocimiento.

El felino ha evolucionado a un Liepard, da media vuelta y comienza a caminar en sentido contrario, prefiere olvidar a ese chiquillo... Y sin embargo se detiene, mira por sobre sí, hace una mueca, regresa al lugar donde está el niño. Con su hocico lo levanta de la camisa y lo pone sobre su lomo, con cuidado empieza a caminar en la dirección por donde antes vino el niño.}

Poco a poco abre los ojos y recupera el conocimiento, las cosas se ven dobles, luego estables. Agita su cabeza, parece que ya está bien, intenta levantarse, pero el simple hecho de apoyarse le duele. Quiere gritar para liberar el estrés del dolor pero prefiere esconderlo.

―Si quieres te puedo cargar.

Un brazo se le acerca. Sin mucho interés voltea a ver al dueño, lo desaíra.

―¡¿Todavía te das el lujo de ser arrogante?!

Liepard lo vuelve a ver pero esta vez con aires de superioridad.

―No te queda. ―le dice Marshal cruzándose de brazos― Acaso ya olvidaste lo que sucedió allá adentro.

El pokémon palidece, lo recuerda todo.

―Sin el conjuro de Musharna no hubieras ganado.

Se encoje, sabe que es verdad. Ahora que lo piensa ¿Dónde está la bola rosada? Gira a todos lados pero no la ve, intenta levantarse y agita su cola, por sorpresa la cola le pesa. Gira su cabeza para ver sobre sí, hay un peso extra que sujeta con fuerza su cola. Quizás si la agita puede hacer que ella se desprenda… pero mejor no, que importa si Musharna se quiere aferrar a ella… Ahora que lo piensa ¿Por qué esa bola rosada le hizo revivir ese recuerdo? Clava sus verdes ojos sobre la bola rosada intentando averiguarlo.

• ~ •

Vaya que está adolorida, es como si la hubieran puesto a hacer ejercicio durante una hora después de tener años sin haber movido un musculo.

―Mejor no te fuerces Caitlin, capaz de que vuelves a recaer. ―le dice Alder.

―Estoy bien. ―intenta levantarse pero todo el cuerpo le duele.

Alder prefiere no insistir, no importa cuántas veces intente persuadirla al parecer la joven jamás le hará caso.
―Iré a traer un poco de agua para que te tomes la medicina.

Caitlin asiente y lo ve alejarse. Regresa su vista al frente, a un par de metros Grimsley yace dormido en el suelo. Seguramente esta fatigado, después de todo él se hizo cargo, otra vez.

―Debería de agradecerle.

No está del todo conforme pero bueno, qué más da. Se acerca con lentitud, le duele cada parte del cuerpo a cada paso que da, con mucha dificultad se agacha, se le queda viendo.

―Parece otra persona.

Con delicadeza le quita el cabello que cubre su cara, él se mueve, ella se agita pero luego se alivia, solo ha sido un reflejo. Juega un poco mas con su cabello intentando no despertarlo, a lo mejor si sigue por ese camino podrá encontrarla, en efecto, sus dedos han dado con lo que busca.

―Con que aquí está.

Va quitando poco a poco el cabello para ver una pequeña cicatriz. Se acerca para apreciarla mejor, pero una mano la detiene con brusquedad.

―Y ahora qué. ―los ojos celestes se clavan en los suyos.

Caitlin reacciona. Él la suelta, ella se soba la mano.

―Te veías como otra persona que quise comprobarlo. ―Le responde lo primero que le viene a la mente.

Grimsley Se le queda viendo.
―¿Y Alder?

Caitlin le da la espalda
―Fue a traerme agua.

«Ese sueño… es un recuerdo» Caitlin lo piensa detenidamente «¿Cómo es que pude verlo?…» Un escalofrío le recorre por todo el cuerpo.

Ninguno de los dos dijo una palabra hasta que Alder regresó.

―Fui a ver a los entrenadores y platique con ellos. A pesar de que los cuatro pokémons quedaron fuera de combate al mismo tiempo ellos quieren darles la victoria. ―les entrega un par de cajas adornadas como regalos― Son los pokémons que rescataron.

Ambos observan la caja que recibieron, proceden a abrirlas.

―Alto ―el tono de Alder es seco― Puede que ellos les hayan concedido la victoria, pero yo no lo acepto. Tendrán que demostrarme que realmente merecen las pokéballs que han recibido. ―Alder toma dos pokéballs de su collar― Espero que estén preparados.

Caitlin se sorprende, en cambio Grimsley lo acepta con gusto.

Alder las lanza, las formas de luz van adquiriendo la forma hasta que son visibles por completo, los dos pokémon de inmediato adoptan la posición de ataque. Grimsley se queda sin palabras, Caitlin tiene la mente en blanco.

―¿Por qué creen que hice este juego? ¿Para fastidiarlos? ¡Claro que no! ¡Ustedes mismos deberían de saberlo! ―Los señala― Ahora, saquen a Jellicent y Mienshao.

Grimsley chasquea la lengua, sin mucho ánimo lanza la pokeball de Jellicent. Caitlin lanza la de Mienshao con más determinación que antes. Los dos pokémons aparecen, pero el único que se sobresalta es Mienshao al ver a su rival.

―Reconozco uno, pero el otro de quién es. ―dijo Caitlin.

―Mío. ―le contestó un sombrío Grimsley.

Caitlin lo voltea ver, ahora luce como un fiera enjaulada.

―Medicham, Drapion, ataque cruzado. Puño Trueno sobre Jellicent, Colmillo Veneno sobre Mienshao.

―Jellicent esquívalo y usa Hidrobomba sobre Drapion. ―Grimsley estaba determinado a ganar.

El pokémon obedeció sin dudar. Mienshao igual que antes se quedó a la espera de la orden y miró a Caitlin.

―Mienshao, Acróbata en Medicham. ―Había determinación en sus palabras como en su pose.

El pokémon lo aceptó y embistió con toda su fuerza a su amigo. Los otros dos tampoco se contuvieron y siguieron a la perfección la orden de Alder.

―Se compenetran tan bien, es como si Medicham y Drapion hubieran estado juntos por mucho tiempo y su entrenador hubiera sido desde años Alder. ―Caitlin jadeaba.

Grimsley lo piensa detenidamente, Drapion tenía poco tiempo de haberse unido a su equipo, le dedicó tiempo para reforzar los puntos débiles, luego de un tiempo prefirió dejarlo por una temporada en la guardería, así que ahora desconocía que nuevos movimientos había aprendido.

―Supongo que voy a tener que usar surf. ―susurró bajo.

Caitlin reaccionó y de inmediato le ordenó a Mienshao que se protegiera.

Entre constantes ataques, algunos fallidos otros asertivos, el agua, truenos, nubes venenosas, golpes al azar, habían destrozado el pasillo. En un lugar tan estrecho los pokémons poco se podían mover y les exigía que utilizaran más energía para poder esquivar, por tal ambos bandos se veían agotados.

―¿Y bien? ―dijo Alder― Deben de ganar si no quieren hacer ocho batallas.

―¡Me reúso ha estar tanto tiempo lejos de mis pokémons! ―Caitlin estaba eufórica― Pero debo de admitir que estar al lado de Mienshao ha sido gratificante. Y por eso no pienso perder, ¡no me importa que pokémon me toque sabré acoplarme a él!

En algún momento Caitlin copió los ademanes que hace Marshal en cada combate, para Mienshao eso era sensacional.

En cuanto a Jellicent la sincronía con Grimsley era perfecta.

Un par de minutos después…

―Quien hubiera pensado que perderíamos. ―Caitlin estaba deprimida, al igual que Mienshao.

Alder se rio para sus adentros, era Caitlin la que se parecía a Mienshao o viceversa, y no era lo único, también Grimsley cuidaba con esmero de Jellicent.

―Está bien. ―Alder tocó los hombros de ambos― Solo por esta vez los dejare pasar, algo me dice que en la próxima batalla saldrán victoriosos y podrán comprender muy bien a los pokémon que estén a su cuidado. Después de todo ellos son la esencia de su entrenador, no lo olviden.

Con gusto los dos tomaron las cajas para poder abrirlas.

―Alto. ―habló Alder.

―Y ahora qué ―gruñó Grimsley.

―Nada, solo quiero que las abran cuando estén frente a los entrenadores, además esa es la regla.

―¿Desde cuando es una regla? ―dijo Caitlin.

―Desde ahora.

Lado izquierdo – Shauntal y Marshal

Liepard perdió el conocimiento al poco rato de haber despertado, Marshal la tuvo que cargar ya que no podía regresarla a su pokéball, la culpable era Musharna que cayó rendida y todavía estando dormida se aferraba a la cola de Liepard. Vaya problema. Así que Marshal cargaba con dos pokémons en sus brazos. Pero hay que admitir que no era tan malo, ambos pokémons se acurrucaban contra él y en algunos momentos le demostraban su afecto, aun estando dormidos. La felina le restregaba su peluda cara en el brazo y en ocasiones aprisionaba entre sus dientes las borlas de su chaleco para juguetear con ellas, Musharna a veces flotaba para postrarse sobre su cabeza y terminar babeando sobre su cabello… Bueno, tal vez sí era molesto si nos ponemos en el lugar de Marshal, pero si se está en el lugar de Shauntal eso sería una tierna escena.

―Te adoran. ―dijo Shauntal― Eres como un pilar que les ofrece seguridad y confianza.

―¿En serio?, dime en qué sentido porque no lo comprendo. ―La volteó a ver― Musharna es fácil de entender, al igual que su entrenadora. Pero Liepard… no tengo ni la menor idea de si me odia o me ve de otra forma… y es lo mismo con su entrenador. Y tú… ―Le dedicó una mirada profunda que Shauntal se sobresaltó― ¿Cuándo fue que tú y yo nos volvimos tan distantes?

―¿Qué?

―¿Cuándo fue la última vez en que dijiste mi nombre sin que viniera acompañado de un reclamo? ¿Cuándo dejaste de contarme cómo te la pasaste en X lugar con lujos de detalles? ¿La última taza de té que disfrutamos juntos? ¿El último encuentro casual?... ¿Cuándo fue que dejaste de confiar en mí?

―…

―Desde que nos volvimos a encontrar parecemos dos extraños. Ya no me hablas de ti que he llegado a pensar si eres la misma Shauntal que conocí. Suena tonto ¿verdad? Pero así es como lo veo.

―Hay muchas cosas que prefiero no mencionar.

Marshal da una débil risa.
―Esto se convirtió en cosa de cada día, respuestas evasivas. Antes no eras así, sin importar que tan grave fuera siempre me lo contabas. Y así continuamos incluso cuando nos alejamos, al menos por un par de años. En algún momento las cartas que nos escribíamos pasaron a convertirse en un simple compromiso para ti; primero dejaste de contarme a dónde habías ido, luego siguieron los detalles de cómo te encontrabas, al final lo único que dejaste fue una carta carente de sentido y vacía. Un simple: Hola, ¿cómo estás? Espero que bien. Me imagino que has de seguir entrenando tan duro como siempre. Sigue así, yo te apoyo…

Shauntal no sabía qué responder a eso.

―Quizás es culpa mía el creer y sentirme con derecho de saber todo acerca de ti. ―suspiro― Incluso ahora seguía pensando que era tonto el tener que renunciar a ti y que debía de dar lo mejor de mí, posiblemente algún día llegaría a ser la persona a la que llamaras cuando tuvieras problemas, a la que verías incluso en medio de una multitud..., ser el centro de tu universo. Pero no es posible, porque eso es algo que solo pertenece a mi mente más no a la realidad. ―Da un paso hacia delante, queda dos pasos cerca de Shauntal― Por lo que sucedió aquel día, te ofrezco disculpas. Estaba molesto que no lo pude soportar más, desde niño te he amado y hasta la fecha ese sentimiento no ha cambiado, pero creo que ya ha llegado el momento de dejarlo en el pasado, porque las cosas entre nosotros nunca van a cambiar y tengo que aceptarlo; por respeto a ti y por respeto a mí…

―Marshal yo…

―Por favor déjame terminar. ―tomara aire― Es la decisión que he tomado después de pensarlo detenidamente. Ya no quiero seguir esperando un milagro que nunca llegara. Espero que lo puedas comprender, el beso y la declaración tómalo como algo que jamás existió.

―Eso es lo que quieres, lo que realmente crees o acaso tratas de convencerte. ―Shauntal lo mira nerviosa paseando sus ojos en los ojos de él.

Marshal se endereza y comienza a caminar.
―Somos dos extraños que intercambiaron palabras por un breve lapso.

―Espera Marshal. ―lo agarra del brazo encajándole las uñas― ¿Cómo que somos dos extraños?

―Descuida, podemos empezar nuestra amistad desde cero a partir de ahora, sin recuerdos de que tú y yo compartimos una niñez.

Con brusquedad Marshal se libra del agarre y reanuda su camino.

En cuanto a los dos pokémons fingieron seguir dormidos.

Luego de buscar en silencio a la tercera pareja y por fin encontrarla, Marshal depositó en una esquina lejana del camarote a Liepard y Musharna. El momento crucial había llegado.

Los entrenadores, que resultaron ser dos niños ricos conformados por una damisela y un niño, lanzaron las pokéballs revelando un Ampharos y un Honchkrow.

Shauntal sacó la pokéball recién rescatada y la miró con melancolía, por un momento sintió sus ojos acuosos pero respiró profundo para ignorarlo, luego la lanzó al mismo tiempo en que Marshal arrojó la suya. No había nada que decir, ambos sospechaban qué pokémon tenía el otro.

Los dos pokémons se giraron a ver a sus entrenadores cruzando la mirada. Varias preguntas pasaron por la mente de ellos pero lo más inquietante era el ambiente que desprendían los dos entrenadores, uno inusual.

―Chandelure ―Marshal le llamó la atención― A pesar de que tu entrenadora este a mi lado tendrás que ignorarla, por el momento yo soy tu entrenador y tendrás que escucharme.

Esa declaración provocó un sobresalto entre los dos pokémons que ambos intercalaron las miradas entre Marshal y Shauntal. La duda seguía y se hacía cada vez más grande.

―Sawk, ―le llamó Shauntal― esforcémonos.

Los dos pokémons se miraron entre ellos. Algo no andaba bien.

Lado derecho – Caitlin y Grimsley

Ambos se asomaron por la puerta, el camarote lucía oscuro y sin embargo ahí estaban los dos entrenadores invitándolos a pasar. Los dos entraron y al momento los entrenadores se les acercaron. Era una pareja de adultos mayores y adinerados.

―Bonne nuit, mademoiselle. (Buenas noches, señorita) ―dijo el Duque quitándose el sombrero y tomando la mano de Caitlin para besarla.

―Bonne nuit, monsieur. (Buenas noches, señor) ―contestó ella doblando un poco las rodillas recordando su largos años de educación.

La Marquesa de igual manera saludó a Grimsley y le extendió la mano, él le sonrió y le tomó la mano besando el elegante guante. Luego de eso Grimsley la condujo hacia el Duque.

―Quel homme doux et généreux tu es. (Que hombre tan atento y generoso eres.) ―le sonrió la Marquesa.

―Madame, c'est seulement étiquette. (Señora, esto es solo etiqueta.)

La Marquesa se soltó a reír.

Terminadas las presentaciones, la Marquesa y el Duque liberaron a sus pokémons, un Empoleon y una Serperior. Con orgullo los dos pokémon sacaron el pecho y levantaron sus cabezas, al mismo tiempo los dos realizaron un saludo a sus entrenadores como a los contrincantes.

―Me recuerda a alguien. ―Grimsley mira de reojo a Caitlin.

―Es etiqueta, ―Caitlin llevó su mano a la boca― tú más que nadie debería de saberlo.

―Someter a mis pokémons a la misma educación que recibí, no gracias. Tú más que nadie debería de saberlo.

Grimsley procedió a abrir la caja que recibió, ¿por qué Alder le había puesto un moño de regalo? Jaló la cinta y la tapa de la caja se abrió, al ver el interior la irritación era evidente en su rostro.

―Ese tipo. ―Masculló.

―Ni que lo digas. ―dijo Caitlin al abrir la caja y mirar la pokeball.

¿Quién se mordió la lengua?

Como si la pokeball fuera un objeto radioactivo las agarraron y rápido las lanzaron.

―En serio, esto no me puede estar pasando. ―Caitlin quería llorar.

―Acaso no sabe que detesto enfadarme. ―Grimsley se masajeó ambas sienes.

Los pokémons, que dormían, se incorporaron al momento de ser invocados, sin prestar atención adoptaron las poses a las que estaban acostumbrados cada vez que eran lanzados a la batalla. Gallade de inmediato se hincó en el suelo y dio un saludo al que creía su entrenador. Bisharp apareció con los ojos cerrados y los brazos cruzados en espera de la orden. Al notar el silencio ambos pokémons dirigieron su mirada a su entrenador, en silencio miraron por un largo tiempo a la figura que tenían frente a ellos.

―Esto es incomodo. ―Caitlin señaló al pokémon― Bisharp, debes de hacer una reverencia a tu entrenador como a tu rival.

―Señalar es de mala educación. ―le dijo Grimsley, luego enfocó su vista a Gallade― No es necesario tanto saludo como si fueras un caballero de la corte real.

Los dos pokémons permanecieron expectantes, tardaron mucho tiempo en procesarlo hasta que al final comprendieron, sí, todo indicaba que se materializaron en el lugar equivocado así que procedieron a cambiar de lugar.

―Estás mal Gallade ―Grimsley le enseñó su pokéball― Fui yo el que te liberó y por lo tanto ahora soy tu entrenador.

Caitlin hizo lo mismo enseñándole la pokéball a Bisharp.
―Bisharp, a pesar de nuestras riñas pasadas ahora tenemos que trabajar como entrenador y pokémon.

Ambos pokémons sintieron escalofríos. No, por nada del mundo iban a aceptar lo que estaba sucediendo, preferible mil veces estar en terreno minado a que hacerle caso a la persona con la que más antipatía tenían.

―No los culpo. ―dijo Caitlin cruzándose de brazos― Será difícil que nos hagan caso como también el que trabajen en equipo.

Sin previo aviso un chorro de agua golpeó a Gallade, en medio del ataque un par de hojas le acompañaron. Gallade retrocedió un par de metros pero enseguida se incorporó. La batalla había dado inicio.

Mientras Gallade era atacado por Empoleon y secundado por Serperior, Bisharp miraba con enfado a su verdadero entrenador, Grimsley le regresó la mirada pero sin resentimiento. Esto enfureció más al pokémon que terminó levantando sus espadas en modo de amenaza.

―Tranquila, tranquila, ―la calmó― Es un juego que realizó Alder, considéralo como un reto.

Bisharp ladeó la cabeza.

―Si puedes superarlo quiere decir que estas preparada para lo que sea. ¿Qué me dices? ¿Podrás soportar que tu némesis sea tu compañero?

El pokémon siguió observándolo, conocía todas sus mañas al derecho y al revés. Aunque debía de admitir que eso último sonó excitante. Y sin más lo aceptó…, solo por el momento.

―¿Manipulando a tú pokémon? ―le dijo Caitlin.

―Mmmm… no lo creo. Es difícil ver quién manipula a quien. ―y señaló a Gallade― Él también se interesó en lo que dije. Por lo tanto, ¿nosotros tomaremos el control o serán ellos?

Empoleon se envolvió en agua y arremetió contra Bisharp, ella frenó el ataque con sus espadas, trató de hacerle un corte con ellas pero Empoleon retrocedió, sin darse cuenta Serperior utilizó sus lianas para agarrar una de sus piernas y lanzar contra el suelo. Gallade le dio un golpe a Empoleon y lo mandó al otro lado del camarote, con un corte psíquico de sus cuchillas agredió a Serperior.

Aunque costaba creerlo los dos pokémons se cuidaban las espaldas, sin embargo seguían ignorando al que ahora era su entrenador.

―Le ordene que utilizara Tijera X sobre Serperior no sobre Empoleon. ―Caitlin se cruzó de brazos.

Grimsley se río.
―Pues yo le ordene a Gallade Hoja aguda sobre Empoleon y no hizo ninguno, por el contrario, le lanzó un Psicocorte a Serperior.

Ahora estaban más enfadados que nunca.

Corriendo por todos lados, saltando y esquivando, ambos pokémons trataban de mantener el ritmo del otro pero les era imposible, no obstante para Serperior y Empoleon era algo natural, uno atacaba y el otro protegía desde atrás.

―Gallade…, Bisharp…, ―dijeron ambos respetivamente a los pokémons, pero ellos no hicieron caso ante la orden.

Serperior se enroscó en Gallade apretando con fuerza, Gallade apenas y podía respirar, forzó a su cuerpo moverse y una de su cuchillas salió de entre los pliegues de Serperior, la cuchilla de Gallade se ensombreció y luego lanzó el ataque, sin embargo el golpe no dio en Serperior siguió su curso para tratar de impactar contra Empoleon. Éste lo vio venir y lo esquivó, grave error, sin haber tomado en cuenta el lugar como la ubicación de los entrenadores el ataque de Gallade iba directo contra su propia entrenadora, Caitlin.

Gallade forcejeaba, a toda costa tenía que detener ese ataque.

― ¡Abajo!

Grimsley se abalanzó contra Caitlin y logró tumbarla. La joven se golpeó la cabeza contra la pared, aunque eso era lo de menos, el ataque de Gallade impactó contra la pared tumbando la repisa y por ende los objetos que contenía, toda esa lluvia de escombró le cayó encima a Grimsley.

Tanto Gallade como Bisharp quedaron pasmados. Furia, impotencia, un calor fue creciendo dentro de ellos invadiendo cada rincón de su ser. La mirada de ambos había cambiado a una llena de resentimiento y los dos al mismo tiempo levantarnos sus espadas en dirección hacia Empoleon y Serperior en modo de amenaza. En cambio Serperior y Empoleon se levantaron sacando el pecho y enalteciendo la cabeza, con sus miradas afiladas vieron fijamente a los dos pokémons, era una osadía que dos intentos de caballeros quisieran oponerse ante la verdadera realeza.

―Grimsley, despierta. ―Caitlin trataba de quitárselo de encima.

Él parecía responder ante el sonido, se levantó y todos los escombros cayeron a un lado, intentó llevarse las manos a la cabeza pero el hombro izquierdo le dolió, de inmediato llevó su otra mano sobre el hombro, no parecía haber fractura, quizás era un moretón.

―¿Estás bien?

Grimsley levantó una ceja, gruñó y se giró a verla.
―Acaso te parece que estoy bi-en… ¿y a ti qué te pasa?

―¿Eh?

Grimsley le hace señas con la mano.
―Estas llorando.

Caitlin lleva una de sus manos a la cara, está mojada, pero cómo era eso posible, no había motivo para estar llorando.

―No son mías…

Eso solo desconcertó a Grimsley.
―¿Luego me dirás que tú no eres tú?

―Es verdad, no estoy bromeando…

Caitlin se llevó las manos a la boca, una presión de aire quería salir por su boca pero no lo pudo contener y salió en el sonido de un leve gemido, tras eso la lágrimas continuaron cayendo pero ahora más fuerte. ¿Qué le estaba pasando?

En medio de la batalla Gallade la escuchó y volteo a verla, su entrenadora estaba llorando. Un extraño sentimiento le invadió, perdió la fuerza en sus piernas y terminó cayendo, como pudo se levantó y quedó en cuclillas, una extraña sensación fría le recorrió todo el cuerpo, la vista se opacaba como si tuviera una extraña basura dentro del ojo. Entonces Empoleon lo golpeó. Gallade quedó tumbado a un par de metro retorciéndose del dolor. ¿Cómo es que un ataque tan débil le dolía tanto?

Grimsley miró fijamente a Gallade y después a Caitlin. «¿Sincronía entre ella y su pokémon?... Alder lo sospechaba pero no estaba seguro.»

―No sé lo que te esté afectando pero deberías de detenerte o Gallade perderá. ―Intentó tocarla pero otra vez sintió una descarga eléctrica. Agitó su mano, sí que le dolió.

Caitlin se había quedado sentada en el suelo, todo el cuerpo lo sentía frío y temblaba, seguía llorando y gimiendo. Un fragmento, del espejo que antes estuvo colgado en la pared, le demostró que todo eso era verdad. Caitlin agarró el trozo del espejo pero terminó cortándose con él. La pequeña herida de su dedo no le dolía, eso sí que era extraño. De repente sintió una fuerte opresión en el pecho, justo en el corazón.

―¿Qué me pasa? ―balbuceó mientras se agarraba con fuerza su camisón.

Lado izquierdo – Shauntal y Marshal

Minutos antes…

Sawk atacaba con todo, golpes, patadas, rocas, no importaba con qué Amparos lo bloqueaba, vaya frustración… aunque si tuviera ese movimiento podría golpearlo, pero no tan fuerte. Desde que recuerda él ha visto a Shauntal desde que Marshal lo tenía como su primer pokémon, con el paso de los años él también le adquirió cariño a Shauntal y conocía muy bien a Chandelure desde que era una Litwick. Así que no, imposible atacar con una frustración… Ahora que lo pensaba, ¿qué pasaba entre ellos dos?, desde que fueron liberados no habían recibido ni una orden, todo seguía en silencio y tanto él como Chandelure atacaban con su propio juicio.

Honchkrow voló en dirección hacia el despistado Sawk, con sus alas envueltas en la ráfaga de viento lo golpeó. Chandelure esquivó al recién golpeado pokémon, molesta por ver a su amigo en peligro lanzó un ataque de fuego contra Honchkrow, el ataque fue directo, sin embargo ni prestó atención y Amparos apareció detrás de ella propinándole un golpe envuelto en rayos.

Tenían que estar alerta, en cuanto se incorporaron Sawk y Chandelure quedaron espalda con espalda. Antes de pensar en un ataque ambos pokémons viraron a ver a sus actuales entrenadores, sin embargo el único que dio la orden fue Marshal, Shauntal tenía la mirada clavada en el suelo.

Anquen fuera la orden de un solo entrenador Chandelure miró a Sawk, entre ellos había lo que parecía ser una conversación de miradas, entonces Sawk corrió contra Amparos para propinarle un golpe sin embargo éste le esquivó y Sawk siguió derecho, una abertura perfecta para que Chandelure golpeara a Amparos con un ataque psíquico. Y otra abertura perfecta para que atacara Honchkrow.

«Ambos pueden atacar y defenderse sin problemas, y aun así les está costando trabajo asestar un golpe.» Marshal miraba fijamente a ambos pokémons, sin importar la situación en cada lapso volteaban a verlos. «¿Acaso están preocupados?»

Marshal decidió mirar de reojo a Shauntal, deseó no haberlo hecho, o mejor dicho: "no haber dicho eso".

Pequeños hilos de agua bajaban por la mejillas de Shauntal, luego le siguieron los gemidos, después aspiraba con fuerza por la nariz, otra vez la molesta mucosidad no le dejaba respirar bien.

Marshal no tenía defensa contra eso, ni siquiera sabía cómo tratarlo. «¿Qué siempre supe cómo tratar a las mujeres? Cómo se le ocurre decir eso, en estos momentos me siento como basura.»

―Shauntal. ―dijo temeroso, quiso tocarla, de verdad, pero desistió, no sentía que fuera adecuado, después de todo él era el culpable de haberla hecho llorar.

Desde lejos pudo escuchar unos leves gruñidos, Marshal dirigió la vista hacia el campo de batalla, Chandelure y Sawk se habían tomado el tiempo para ver con desaprobación al pobre de Marshal.

En una esquina del camarote Liepard se levantó y con todas sus fuerzas agitó su cola y lanzó a Musharna, la bola rosada se desprendió y fue directo a dar en la cara de Marshal. Musharna despertó y fue flotando hacia Shauntal, se posó sobre su cabeza para tratar de tranquilizarla. Algo inútil ya que Shauntal se soltó a llorar más fuerte.

―Ahhh… ―suspiró la damisela― ¿Qué fue lo que le hiciste?

―Tener una batalla cuando una dama está llorando no es lo más apropiado. ―dijo el niño rico.

Amparos y Honchkrow estaban de acuerdo.

Y ahora, ¿cómo se salvaría de esto Marshal?

Continuará…

פפפפפפפפפפ
Capítulo 9
A través de tus ojos
פפפפפפפפפפ

/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/

Uf, tardé en publicar este capítulo porque mi PC murió, para ser específica fue la tarjeta madre la que estiró la pata justo después de publicar Manzana Hechizada. Y como siempre hago salvados en mi disco duro externo me confié así que cuando me traslade a mi laptop voy notando que no tenía el capítulo y ahí estoy haciendo un extraño híbrido entre el disco duro de mi PC, la laptop y el disco externo. (T.T)

En fin, espero que les haya gustado y nos leemos en el próximo capítulo. Saludos a todos.