¡Especial de tres capítulos!

Nota de los signos:

« » = pensamientos.
' ' = citando una tercera persona.
[ ] = comunicación a través de aparatos.

Disclaimer: El universo aquí mencionado es propiedad intelectual de sus autores.

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Capítulo 11
Jardín de Flores

Otoño

Encontrarse con uno de los planes del enemigo era como haber descubierto el Santo Grial…, bueno no tanto, era más bien como haber encontrado un mapa del tesoro, pero eso no le restaba importancia, un descubrimiento era un descubrimiento y como tal merecía el respeto debido.

Jugar en la ruta 4 trajo sus beneficios: primero, dejar al descubierto a cierto tipo sospechoso, y segundo, recibir en bandeja de plata la información junto con los planos de cierto castillo en el desierto. El cómo obtuvo esa información ese sujeto era una interrogante, pero por ahora no importaba, seguramente los otros tipos se lo dirían…

«Cerrado… Han cerrado el acceso al público.» Se cruzó de brazos.

O eso pensaba.

Estaba fastidiado, y cualquiera lo estaría si después de atravesar todo el desierto y ser atacado por pokémons salvajes te encontraras con tu objetivo bloqueado. Sí, cualquiera estaría molesto, por eso sus ojos celestes se clavaron en la entrada del castillo como si escudriñara el interior con una visión de rayos x, o en este caso lo intentara incinerar. Pero desistió más temprano que tarde.

Rondó por el lugar un rato y luego se alejó. Según pudo escuchar un grupo de arqueólogos habían quedado atrapados en los pisos inferiores, la culpa se la adjudicaron a un derrumbe y por lo visto la arena inundó los últimos pisos. Vaya problema, eso echó por la borda todas su intención de obtener información.

Ya no quedaba más por hacer y prosiguió con su retorno a la Liga, seguramente por el camino obtendría respuestas con los líderes de gimnasio. Sin embargo, Clay no fue uno de ellos. En cuanto Clay lo vio llegar lo fulminó con la mirada, la causa de esa mirada era que él fue el encargado de reconstruir el recinto que Grimsley y los otros tres habían destrozado junto a sus pokémons.

ʹSi quieres información ve con Drayden o espéranos con Skyla.ʹ Fue lo que le dijo con un tono áspero. ʹY de paso llévate a éste.ʹ Eso último lo dijo señalando a cierto líder de gimnasio amante del arte.

Grimsley gruñó, para él dicho líder amante del arte era un dolor de cabeza.

―¡Qué hermoso!, tú y yo recorriendo juntos el camino hacia ciudad Mistralton.

Burgh daba brincos alrededor de Grimsley como si fuera un Combee que revolotea a una flor. Un completo dolor de cabeza.

―Oh vamos, quita esa cara o vas a espantar a alguien.

Grimsley frunció más el entre cejo y lo volteó a ver dedicándole su mirada más fría y punzante, Burgh se quedó tieso, por un instante sintió que algo filoso atravesó su ser y le robó el alma.

―Muy bien, ya me asustaste. ―recuperaba el aliento― Esa mirada no la había visto desde hace tanto. Puedo preguntarte qué te sucede.

Grimsley regresó su vista al frente, respiró profundo y luego exhaló.
―Solo camina y no hables, haces que me duela la cabeza.

Burgh gimió «Igual de frío.»

Continuaron así por un buen rato, en medio de un silencio incomodo para Burgh porque para Grimsley eso no significaba nada, es más, ni le daba importancia a la presencia del artista.

―Oye, Grimsley… oye…oye… no te hagas el que no me oye… ―comenzó a fastidiarlo.

Dio un bufido al ver que el joven delante de él seguía dándole la espalda.

―¿Tanto te desagrado?

Sin respuesta.

―Me rompes el alma. ¿Qué hice yo para merecer tu desprecio?

Grimsley masculló.
―¿A caso ya lo olvidaste?

Sin comprender esas palabras Burgh ladeó la cabeza.

―Te refrescaré la memoria entonces. Recuerdas que cierto día dijiste: ʹQuiero hacer una pintura, contigo como modelo.ʹ

Burgh abrió la boca para responder, sin embargo, Grimsley le cortó.

―Jamás accedí y de todas formas la hiciste.

Burgh dio un suspiro cansado.
―Es verdad, me declaro culpable. Pero esa pintura muestra más la culpa de ese mundo que desprecias que tu propia desdicha, te lo dije ese día. Si no lo comprendiste hasta ahora entonces no tengo nada más que decir.

Silencio. Grimsley se voltea para verlo y ambos quedan de frente, la tensión aumentó. Burgh lo mira fijamente a los ojos, puede ver en los celestes ojos de Grimsley que no está complacido con esa respuesta, le es absurda. Burgh sabe muy bien lo que significa que a Grimsley le recuerden su pasado, no sabe mucho de él porque lo conoció cuando era un adolescente pero pudo verlo en su mirada, esa mirada fría y calculadora relucía de los celestes ojos del entrenador oscuro que hacían estremecer a cualquiera entre el miedo pero también en la excitación, Burgh se sintió atraído hacia él desde ese momento que no pudo evitar el impulso de querer tomarlo como su modelo, claro que Grimsley se negó rotundamente lo que hizo que Burgh se interesara más.

―Igual a un lobo solitario. ―balbuceó Burgh para sí mismo.

Aunque el artista haya hablado para sí mismo Grimsley poseía un agudo oído lo cual solo hizo que se enfadara más.

―Burgh, agáchate.

―¿Qué? ―retrocedió cuando Grimsley se le acercó.

―Que te agaches.

―¿Ahora me quieres humillar? ―dio otro paso atrás.

Grimsley chasqueó la lengua, caminó hacia él y lo tumbó de golpe, lo jaló hacia donde la hierba era más densa. Antes de que Burgh pudiera hablar Grimsley le tapó la boca. A través del ruido producido por la hierba siendo pisada pudieron escuchar a un grupo de personas acercarse. Los dos maestros vieron al grupo con mucho interés, eran esos tipos de los que tanto habían escuchado que prácticamente ya los soñaban. Como si se tratase de un ejército los soldados caminaban tras su general en fila india y pisaban la huella del de adelante para solo dejar un rastro. Ante ese desfile de numerosos soldados pudieron escuchar un intercambio de palabras.

¿Lo encontraron?

No. Sospechamos que ya no está en la ciudad, lo más seguro es que se lo entregó a otra persona.

El supuesto líder torció la boca y de inmediato guardó silencio, frunció el ceño y se giró a ver hacia la maleza, hizo una señal y tres personas, casi ninjas, aparecieron de la nada, el hombre señaló hacia donde se ocultaban los dos maestros y el trío asintió. En la hierba alta reapareció el trío para encontrarse con nada. Rondaron por el lugar solo para encontrar pokémons salvajes, tras eso regresaron al lado del hombre. Y justo como llegaron se fueron, en un parpadeo. El grupo de soldados continuó su marcha.

En el follaje de un grupo de árboles las hojas se movieron, estas cayeron a la hierba y de inmediato se incorporaron dejando ver un par de ojos.

―Qué alivio que Leavanny actuó rápido. ―Burgh felicitó a su pokémon.

―Una de mis grandes inquietudes fue contestada, siempre quise saber lo que se siente ser una hoja. ―Grimsley se quitaba el traje hecho de hojas.

Después de ese percance los dos maestros vieron la montaña frente a ellos, la cueva en donde se adentró el grupo de soldados.

―Ese camino nos lleva a ciudad Mistralton y es el único. ―dijo Burgh.

Grimsley se cruzó de brazos y lo pensó, era un completo suicidio querer entrar en esa cueva infestada de esos soldados.

―Por el río. ―dijo al fin― El río llega a los sembradíos.

Burgh se sobresaltó e intercaló su mirada entre el maestro oscuro y el río, rodear la montaña les llevaría más tiempo de lo planeado.

―¿Grimsley, no tienes un pokémon de tipo agua como Shauntal? En momentos como este vendría muy bien un pokémon de ese tipo.

―Solo cállate y camina.

Burgh se encogió de hombros y resopló. «Siempre igual.»

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Cifras que rondan por su cabeza y números que balbucea sin parar. 3290, 108, 9… 1589, 1589, 2379 y 678… 9, 9, 9…9… Esos números rondaban por su cabeza y los repetía una y otra vez, cada uno de ellos tenía una larga historia que contar…

«3290 días exactamente, casi 108 meses, lo que equivale a 9 años… Eso son 1589 días de risas, los que son 1589 ocasiones de travesuras; 2379 combates ganados y 678 perdidos y empatados… son el total de 9 años, 9 años contando alegrías y tristezas… 9 años junto a Gallade… 9 Años que pasaron rápido y ahora ya no queda nada..., la cuenta se ha detenido.»

Caitlin permanecía con la mirada perdida en el vacío de sus pensamientos, lidiando con la confusión y lo que sucedió, aún sin llegar a comprenderlo. Estando perdida en su propio abismo no notó cuando una mano pasó frente a sus traslúcidos ojos turquesa para llamar su atención, no notó cuando tres personas se sentaron frente a ella, no se percató de que esas personas le retiraron la taza de té y le pusieron otra en su lugar, no notó ese detalle y otros más. No los notó. No los notó hasta que su mejilla derecha sintió el suave rose de un dedo recogiendo las lágrimas que resbalaba de uno de sus ojos y le hacía pequeños círculos en su pómulo… Como si fuera un simple objeto sin voluntad y pensamiento, viró su cabeza hacia su derecha en un perfecto ángulo de noventa grados para encontrarse con un objeto negro que le obstruía la vista, siguiendo el patrón su vista la levantó para toparse con un cuello blanco de camisa adornado por un moño, yendo más arriba sus ojos turquesa vislumbraron unos orbes verdes que le miraban con ternura y unos suaves labios le sonreían con compasión sobre aquel amable rostro… Siguiendo la orden mental sus labios se despegaron dejando escapar un leve sonido que al parecer el joven fue el único que lo escuchó.

―Hola Caitlin. ―le respondió el saludo Cilan.

La joven intentó dar una sonrisa pero se contuvo al primer indicio. Agachando la cabeza dirigió su vista en la taza de té frente a ella, de manera dubitativa la levantó, seguramente ya debía de estar frío y prefirió darle un sorbo largo. Los chicos la contemplaron con asombro al mismo tiempo en que sus labios se movían dejando salir las palabras que chocaban con las de los otros. No tenían mucho de haberle cambiado el té por uno caliente. Un detalle que la joven no notó. Sin embargo no fue relevante, Caitlin bebió el té sin haberse quemado la lengua, o tal vez sí lo hizo pero no demostró el dolor. Ese dolor no se comparaba en nada con el que llevaba guardando desde hace días. Depositó la taza en el plato y su mirada se perdió en el fondo de la taza vacía… Movió sus labios y otro sonido salió de su boca perdiéndose en el camino…

―¿Qué? ―Chili frunció el ceño, se levantó y se acercó a ella por encima de la mesa― ¿Dijiste algo?

Los traslucidos ojos turquesa se posaron en el joven de cabello de fuego, nuevamente la joven movió sus labios dejando escapar el aire en unininteligible susurro. Cress y Cilan no dijeron nada, como si fueran especialistas en leer labios captaron el mensaje, Chili no. El joven de cabellos rojos empujó a su hermano de verde cabellera, agarró con rudeza la mano de Caitlin y de un jalón la levantó para llevarla a rastras hacia las escaleras eléctricas.

―¡Chili ¿a dónde te la llevas?! ―le gritó Cress al acto en que se levantaba.

―A que deje de hablar entre balbuceos y empiece a hablar como se debe.

Esperando a que la escalera eléctrica los llevara a la entrada del centro comercial Chili no dejó de observar a Caitlin quien permanecía con la mirada perdida hacia el frío metal eléctrico. El chico no pudo evitar dar un gruñido de molestia y pateó el soporte del pasamano. Cuando la escalera los llevó a la planta baja nuevamente jaló a Caitlin y la condujo a la entrada del centro comercial.

La ruta 9 siempre estaba atestada de motociclistas pero por algún motivo parecía que hoy no. Lo cual fue muy beneficioso para el chico. La condujo hacia la entrada del puente, justo entre el arco y un pequeño parque había un pedazo que daba hacia un acantilado, el lugar idóneo para hacer lo que tenía en mente. Respiró profundo y contuvo el aire, Caitlin se le quedó viendo en completo silencio sin mostrar interés alguno, Chili la vio y movió las cejas con coqueteo pero no causo ninguna reacción en la joven, sin más el chico dirigió su rostro al mar y…

¡AAHHHHH…!

El estrepitoso grito hizo que Caitlin se llevara las manos a los oídos luego de haberse asustado. En completo desconcierto volteó a ver al chico quien seguía sacado más fuerzas de sus pulmones. ¿Cuánto aire tenía? Ni idea, pero tardo un buen rato para al fin callarse.

―¡¿Chili, estás loco?!

Cress llegó junto a ellos y de un jalón lo apartó del barandal, enseguida le echó la mayor reprimenda de la semana. Cilan apartó a Caitlin mientras los otros dos discutían, la dejó un poco lejos y se dispuso a separar a sus hermanos.

Aún con la mente hecha un lío Caitlin trataba de asimilar lo que hizo el chico. Si lo que quería era dejar una gran impresión lo consiguió, pero ella sabía que no era eso, un motivo debía de existir. ¿Pero cuál?

Entre jaloneos, gritos e insultos por parte de dos de los trillizos, Caitlin decidió regresar al centro comercial arrastrando los pies.

―¿Estas huyendo?

Pudo escuchar la voz de Chili.

―¿Por qué huyes con la cola entre las patas?

―¡Chili! ―le reprendieron los dos.

Molesto, el chico dio un gruñido y comenzó a andar, siguió de frente no sin antes susurrarle algunas palabras a la joven cuando pasó a su lado.

―Y yo que pensé que eras alguien interesante pero ya veo que no, vaya fiasco.

El chico siguió de largo en dirección hacia la entrada del centro comercial dejando a una desconcertada Caitlin. La larga y brillante cabellera dorada ondeó cuando se giró a verlo, esas palabras fueron un golpe bajo para ella. ¿Pero quién rayos se creía él para decirle todo eso cuando no conocía la situación por la que estaba pasando?

―Ese idiota. ―dijo Cress― Perdón Caitlin. ―Y el chico de cabello azulado fue tras su hermano.

Caitlin cerró su puño, le dolió lo que Chili le dijo, pero más le dolió el no poder darle una respuesta directa.

―No te enojes con Chili, ―Cilan se paró al lado de ella― él es así a su manera.

Silencio.

―¿Te puedo decir algo sin que esto llegue a oídos de Chili? ―ella voltea a verlo sin mucho interés― Cuando te conocimos en el día de la bienvenida sentimos curiosidad por ti. ¿Cómo es que habías llegado a ser parte del Alto Mando? ¿Te sentías cómoda con ese cargo? Esas y otras preguntas más llegaron a nuestra mente…, pero Chili quería saber más. ―los ojos de ambos se encontraron― Ese día Chili dijo: ʹA donde quiera que voy escucho su voz, incluso escucho su risa. Eso me hace pensar que tiene más etapas de las que mostró en la cocina, pero ese tipo no se le despega lo cual hace difícil acercársele.ʹ

Los ojos de Caitlin se abrieron ante el asombro de la revelación.

―Me dio risa cuando lo dijo y él se molestó conmigo, pero en cierta forma tenía razón. Cuando estabas rodeada de otras personas mostrabas un rostro serio y una postura recta, pero cuando estabas sola con tu acompañante reías y eras más natural. Puede que no te percataras de ese detalle pero los demás sí. Y Chili nunca dejó de pensar en las posibles caras que llegarías a mostrar… Por eso cuando hoy te vio se desilusionó.

Mutismo.

―Caitlin… Una sonrisa queda mejor en tu cara que un par de lágrimas.

¿Lágrimas?… todavía quedaban algunas cuantas dentro de su ser, era como un pozo que poco a poco se llena para ahogarla en el fondo, sofocante y oscuro pozo en donde lo único que se oye es el goteo constante… Respiró profundo y dio media vuelta, se echó a correr.

―¡¿Caitlin?!

Ante el grito de su hermano, Chili y Cress los voltearon a ver. La joven se dirigía hacia el acantilado.

―¡Chili idiota! ―le dijo Cress mientras los dos corrían hacia esa dirección.

―¿Yo qué? ―dijo aterrado el mencionado.

Caitlin llegó al barandal y se aferró a él con fuerza, como si éste se le escapara. Tal vez sí se le estaba escapando, últimamente todo se le escapaba de las manos… incluso estas últimas lágrimas, las últimas lagrimas que se escondían junto a un profundo dolor…

¡AAHHHH…!

Expulsó todo el aire que traía, hizo una pausa para tomar más aire.

¡AAHHHH…!

Gritó y se desahogó hacia el mar. Lloró y gritó como nunca. Todo ese dolor, toda esa presión, esa frustración, por fin estaban saliendo. Las últimas lágrimas que derramar, porque ya no quedaban más, terminaron por secarse hasta ser un llanto seco. Todo el dolor se desahogó hasta ser silencio. Todas esas emociones que no podía mostrar en público se las entregaba al mar para que se la llevara lejos y hasta el fondo; porque una dama jamás debe de mostrar sus emociones, esa era la regla.

Pasado de un rato la joven siguió contemplando el mar, tan tranquilo, tan hermoso y brillante bajo el sol de la tarde. Cerró los ojos y respiró profundo, el aire puro inundó sus pulmones.

―¿Ya estás más tranquila? ―le preguntó Cress.

Los grandes y redondos ojos turquesa se posaron sobre los azules ojos de él, de inmediato lo supo cuando los vio, ya habían recobrado su brillo.

―Me alegro.

Regresaron a la entrada del centro comercial y se sentaron en una de las bancas.

―¿Piensas regresar al recinto? ―Habló Cress― Escuché que ya lo reconstruyeron.

Caitlin lo pensó por un rato y meditó, ella y sus pokémons destruyeron uno de los baños superiores y ahora que lo recordaba un inodoro desapareció en quién sabe dónde.

―Supongo que me tomaré mi tiempo yendo a pie. ―esta vez habló fuerte y claro. Acto que sorprendió a los trillizos, esa voz igual al viento había desaparecido.

―Está bien. ―dijo Cress― Solo ten cuidado.

Los chicos comenzaron a despedirse, ya era hora de que cada quien regresara. Cress le entregó un paquete de medicinas por si Caitlin decidía regresar por el camino más largo, Chili se despidió de ella con cierto toque de desinterés, y Cilan…

―Toma ―le estiró una pequeña flor blanca silvestre― Te dije que una sonrisa quedaba mejor en tu rostro, por eso una flor para otra flor. ―Caitlin agarró la flor y Cilan aprovechó para jalarla hacia él― Cuídate mucho, flor de matices rosados.

«¿Eh? ¿Matices rosados?» Caitlin quedó desconcertada. Cilan se llevó su dedo índice a los labios en señal de silencio y con mirada de complicidad. La duda aún seguía.

Caitlin fue en dirección a Ciudad Opelucid y los trillizos de retorno hacia su restaurante.

―El encargo es encontrar un laboratorio cerca de la ruta marítima que se conecta con la ruta 1 ¿verdad? ―aclaró Cress.

―Sí ―dijo un enérgico Chili― Es hora de patear unos cuantos traseros malos.

―No iremos a pelear, solo a recabar información. ―dijo Cilan― Recuerda que hacemos esto por ellos.

―Es verdad. ―dijo Cress― No creí que las cosas estuvieran mal entre ellos cuatro. Y ahora con este grupo rondando por ahí tengo la terrible sensación de que las cosas no acabaran bien, ni para ellos ni para nosotros.

―Por eso digo que hay que patearles el trasero. ―continuó Chili― Si me los encuentro no me contendré.

Cilan y Cress seguían pensando en los posibles escenarios que les traería esa batalla.

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Desde la ruta 7 a la ruta 6, y de la ruta 6 a la 5, para luego terminar con un anuncio a la ruta 10 y luego finalizar en la ruta 7. Eso era lo que anunciaba el panel eléctrico y Shauntal se movía a donde llovía.

El constante estrés que le producía moverse seguido y la falta de descanso, sumándole a eso la mala alimentación, terminaban por pasarle factura a su cansado cuerpo, y ahora se encontraba en la ruta 7 bajo la plena lluvia… pero no de la forma en la que ella quería. La cabeza le daba vueltas y su cuerpo se mecía, sentía demasiado calor y luego escalofríos. En los pequeños lapsos que abría la boca el calor se escapaba de su cuerpo y enseguida tiritaba.

«Tengo fiebre… pero estoy lejos del centro pokémon y no hay nada por aquí cerca…»

Y la cabeza le dio vueltas, los parpados le pesaron y…

Una sombra debajo de un árbol se desplomó…

3 horas después…

«Mmm… me duele todo. ¿Dónde estoy? Hay ruido… voces… siento el cuerpo cortado…»

2 horas más…

«Mi cuerpo se siente como si pesara pero a la vez floto… ¿Acaso mi fiebre aumenta o disminuye?»

Al siguiente día…

―Vamos niña, come más sopa.

―Gracias, señora.

«Desperté en una casa en medio de la nada. Por lo que sé, un chico me encontró desmayada y con fiebre por lo que me trajo a su casa, desde entonces la abuela del chico se ha encargado de cambiarme la ropa y de alimentarme… lo cual es muy vergonzoso para mí. Pero debo de admitir que el ambiente hogareño del lugar ha hecho que me olvide por completo de esta vergüenza, la familia entera es muy amable conmigo, en especial la abuela que no deja de darme sopa.»

―Vamos niña, come más.

―Abuela, no la fuerces sino se enfermara del estomago y la fiebre le regresará.

―Mi sopa de verduras no ha enfermado a nadie.

―Sí, sí, abuela, lo que tú digas.

La anciana recoge el plato y se va, el chico que ha entrado al cuarto es el mismo que rescató a Shauntal, la contempla por un rato y decide sentarse a un lado de ella, justo en la silla donde antes estaba la anciana. Sin pedirle permiso toca su frente con el revés de su mano.

―Sí, la fiebre ha bajado, eso es bueno. ―el chico parece aliviado― Cuando te encontré estabas ardiendo. ¿Qué hacías debajo de la lluvia?

Shauntal desvía la mirada y se pone nerviosa.
―Bueno, digamos que estaba de cacería.

―¿Cacería?

En menos de cinco minutos Shauntal le comenta todo al chico.

―Ya veo, pero es raro encontrarte con esos pokémons, aún si es para un libro deberías pensar primero en tu salud.

Shauntal agacha la mirada, se ha avergonzado todavía más, esas palabras ya se las había dicho alguien más… alguien que ahora ya no está junto a ella como en las anteriores veces...

―Sí, ―agacha la mirada― supongo que tienes razón.

El chico se le queda viendo, seguramente la fiebre le ha regresado. Shauntal no dice nada más y se esconde debajo de las sábanas. El chico decide salir para dejarla dormir, pero al momento en que se levanta de la silla puede escuchar el sonido de unos leves sollozos.

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Si había algo de lo que disfrutaba Caitlin era de la tranquilidad de aquellos pequeños momentos que llegan en el día a día. Poder disfrutar una bebida sin que nadie la moleste, leer una novela sin que nadie la interrumpa, permanecer acostada en el suelo de un cuarto oscuro y que nadie vaya a buscarla, admirar en silencio la lluvia caer desde su ventana… Existían tantos momentos de tranquilidad que ella disfrutaba y los adoraba, de verdad que los amaba…, pero…, quizá…, solo un poco…, puede que esto no sea lo mejor si es constante.

El vacío ahí estaba, ese pequeño hueco que no se llena por más cosas que uno le agregue.

Regresó al recinto para recibir la noticia de que el resto de los miembros aún no llegaban, ella era la primera y quizás la única que iba a permanecer sola en el recito por un largo tiempo.

―Soledad… ―Balbuceó sin llegar a producir por lo menos un pequeño siseó.

Dio tres pasos al llegar y sus pisadas resonaron por el lugar que ahora había cambiado por completo. Clay prefirió remodelarlo.

La primera escalera a su derecha llevaba al cuarto de Marshal, quien ahora no estaba. La primera escalera de su izquierda era la de Shauntal, tampoco estaba. Las de al fondo, a su derecha la suya, la de la izquierda era la de Grimsley, tampoco se encontraba. Ni siquiera Alder.

Disfrutar de los pequeños momentos de la vida en exceso es malo.

La tranquilidad que disfrutaba al beber una limonada, le dejaba un mal sabor de boca. Leer sin que nadie la interrumpiera, le aburría. Acostarse en medio de un pasillo… no había nadie que pasara por ahí y saltara sobre ella para esquivarla. La lluvia a través de la ventana, la deprimía. Esa soledad la detestaba.

―¿Cuándo llegaran?

Opta por dejar salir a todos sus pokémons y pasar tiempo con ellos en el jardín. Sus queridos amigos la comprenden pero ellos también tienen sus necesidades.

Sigilyph emprende el vuelo cada vez que puede, Caitlin observa a su pokémon disfrutar de las corrientes de aire y en cierto punto le da envidia, su pokémon es libre de ir a donde quiera con tan solo emprender el vuelo. Musharna se acurruca contra un arbusto para no sentir el frío mientras duerme, también siente envidia de ella por lo despreocupada que se ve al dormir. Gothitelle, que hasta hace poco le sujetó la mano para que dejara de llorar, ahora se va en búsqueda de flores que recolectar, también la envidia por lo fácil que es su vida. Bronzong se queda al lado de ella, puede que su cuerpo de metal no le proporcione calor a su entrenadora pero quizás la tonada de su *bong* pueda animarla… Caitlin le pide que se vaya que no importa, el pokémon asiente. El último que queda es Reuniclus que se le queda viendo con una enorme sonrisa en su rostro, Caitlin le regresa la sonrisa, es completamente falsa, la sonrisa en el rostro del pokémon se desvanece y se acerca a su entrenadora para darle un fuerte abrazo. Una corona hecha de flores ha caído y ahora adorna su cabeza, Gothitelle las ha recolectado para ella. A lo lejos se oye un *bong* igual de suave que la brisa, Bronzong se alejó todo lo que pudo para amainar su tonada. Algo golpea su espalda con insistencia, Musharna trata de llamar su atención, Caitlin la voltea a ver y Musharna señala a Sigilyph que espera en el jardín para poder llevarla sobre su espalda y emprender el vuelo.

Sus queridos pokémons la comprenden, y a pesar de estos detalles hay un vacío en su interior.

―¿Cuándo llegaran?

Se ha quedado dormida en el jardín, rodeada de todos sus pokémons, esperando a que el vacío se llene, porque es seguro que ellos tardaran en llegar.

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Así como fue predicho fue hecho, tardaron más de un día en llegar a ciudad Mistralton. Burgh esta calado hasta los huesos, Grimsley igual pero no le da importancia. En medio de un frío viento que ya empieza a anunciar la llegada del invierno fueron recibidos por una nerviosa Skyla que les extiende un par de mantas.

―En serio, pudieron haberme llamado y hubiera ido con un par de pokémons para buscarlos.

Burgh voltea a ver a Grimsley, él fue el de la idea y aun así no le importa cómo luce ni lo que dice Skyla, y se va.

―Siempre igual. ―dice Burgh, Skyla no sabe de lo que habla.

Es verdad, Grimsley nunca ha sido de los que se acoplan en grupo, él es un lobo solitario, y entre más solo mejor para él.

Decide reunir información por su cuenta y visita de vez en cuando la entrada de la cueva. Ha averiguado que el grupo de soldados siguen ahí causando terror entre los aldeanos y entrenadores que por ahí pasan, pero solo permanecen inmóviles sin molestar a nadie, como simples estatuas. Regresa al gimnasio solo para enterarse de que los demás líderes de gimnasio han decidido reunirse para poder elaborar un plan contra esos sujetos. Burgh y Skyla le piden su ayuda pero él se niega.

―No soy un héroe, no me interesa. ―son su palabras.

Los dos líderes se disgustan, pero no le insisten más, Drayden se los reprocharía si se llega a enterar. Es bien sabido por todos los líderes de gimnasio lo que ha pasado en la Liga, pero claro que nunca se lo dirán a Grimsley ni a los demás.

La noche ha caído en la ciudad y Grimsley decide descansar antes de partir, el camino de regreso a la Liga es muy largo.

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Ciudad Nimbasa sigue igual de colorida por la noche, Marshal pasea de un lado al otro en la ciudad esperando la llegada de su maestro.

Su mente está hecha un lío, entre los sujetos esos que van de ciudad en ciudad dando discursos para que las personas liberen a sus pokémons, los entrenadores que se fuerzan para liberarlos y adoptan esas ideas, los líderes de gimnasio que actúan extraño y nada le comentan, los cuchicheos de los entrenadores que quieren retar la Liga pero empiezan a dudar…

―Demasiada carga para una sola persona. ―se dice a sí mismo.

Sin mencionar que también está el estrés producido por los otros miembros. Cada uno ha tomado un camino diferente y no ha escuchado de ellos, nadie aceptó la idea de poseer un videomisor.

Sabe que es mucho estrés pero tiene, o más bien siente, el gran deber de regresar pronto y resguardar la Liga, pero al mismo tiempo se niega porque no sabe cómo mirar a los demás.

―Sigo insistiendo, demasiado estrés para mí.

Continuará…

Sección de los reviews(^o^)

Gracias Greykushiro, me alegra saber que el anterior capítulo fuera de tu agrado. Me esforzaré más en los próximos. Saludos.

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Este capítulo me salió muy largo por lo que lo dividí en dos. Disfrútenlos.