Disclaimer: El universo aquí mencionado es propiedad intelectual de sus autores.

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Capítulo 12
Jardín de Flores II

Otoño

Marshal empieza a estresarse debido a ser la única voz de la razón entre él y su maestro, aunque posiblemente sea la única voz de la razón entre todos los miembros de la E4.

―Maestro, por favor, esto es un asunto muy serio, tenemos que regresar pronto a la Liga.

Alder se revuelve en el césped esperando a que Marshal desista, pero no lo hace. Con pereza se sienta y trata de no verlo a la cara.

―Ya te lo dije, regresa tú si quieres. Ustedes cuatro encárguense de cuidar la Liga mientras yo no estoy.

Marshal siente que está llegando a su límite.
―Maestro… ―habla entre dientes.

―¡Oh, mira, esa nube tiene la forma de un Patrat!… ¡Oh, esa otra tiene la forma de un Pachirisu!… ¡Y esa otra…!

Marshal ya no resiste más que suelta un largo y tenso grito. Alder no se inmuta, espera con paciencia a que su alumno se descargue. Cuando Marshal termina de gritar Alder se levanta y sacude toda su ropa.

―Marshal, siempre te he dicho que hagas lo que creas conveniente, y sé que lo haces, pero sabes hijo, hay momentos en los que debes de ser egoísta y solo pensar en tu bien, aunque eso implique que los otros lo desaprueben.

Marshal lo observan en silencio.

―Ven, demos una vuelta. ―lo agarra por detrás.

En el breve paseo ninguno de los dos intercambió palabras a pesar de no ser un momento tenso, no obstante se sintieron incómodos.

―Hace rato habló Drayden, ―habló Alder rompiendo el eterno silencio― dijo que Caitlin había regresado a la Liga, también escuchó por parte de Skyla que Grimsley está en su ciudad y que también va camino a la Liga. Ya podemos contar con dos miembros de los cuatro. En cuanto a Shauntal sigue desaparecida y por lo visto tú te niegas a regresar.

―Usted ya sabe el porqué.

Alder se ríe.
―No, no lo sé Marshal. Sigues preocupado por lo que ocurrió entre tú y Shauntal o no quieres ver a Grimsley a la cara… O es que hay otra cosa que no me has querido contar.

―… yo… no lo sé.

Alder lo observa de reojo por un instante, y decide llevar sus manos tras su cabeza.
―Por Arceus, ya empieza a sentirse el frío de invierno, ¿crees que a los chicos les guste la idea de ir a esquiar?

Marshal se gira a verlo y se queda sin palabras.

―Eso quiere decir que tal vez no. ―se responde Alder.

―Maestro, sabe que estamos en un problema serio, verdad.

Alder le da palmaditas en la espalda a Marshal.
―Sabes, te pedí que me acompañaras para ver una cosa, y no creas que me escapo del recinto solo para hacer el vago.

Eso a Marshal no lo convence.

―E-en fin. ―Alder trata de levantar su imagen frente a los ojos de su alumno― Dime que ves ahí. ―señala a las personas que transitan en la calle.

Han llegada a una calle fuera de la ciudad, pareciera como si hubiera una pequeña feria callejera de artistas. Por un lado encontramos a un pintor plasmando con su lienzo el paisaje que se vive en la calle y su pokémon le ayuda, del otro lado vemos a un trovador deleitando con su voz a cuanta persona decida pararse frente a él, más adelante nos encontramos con un grupo de personas admirando a un arlequín que sigue metido en su rutina junto a su pokémon, una vendedora de pan que hace babear a los niños que le piden dinero a sus papás, un bailarín el cual no se sabe si imita a su pokémon o es al revés, entre otras cosas.

―Sin importar lo que ese grupo ande diciendo de ciudad en ciudad la gente será la que tome la decisión de si permanecer al lado de sus pokémon o dejarlos en libertad. No somos nadie para interferir con lo que ellos quieran, pero si deciden quedarse junto a ellos es porque ambas partes así lo quieren. Los lazos que algún día se rompen el tiempo se encargara de unir. ―le da una palmada en el hombro― Así que regresa Marshal, pero regresa con la frente en alto para poder dar con la respuesta que ya yace frente a ti.

Marshal agacha la mirada, a veces no sabe si sea la actitud relajada de su maestro lo que le trae esa paz o son sus sabías palabras, quizás ambas. Es demasiado peso para un solo hombre pero Alder sabe cómo aligerar la carga.

―Gracias, maestro.

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Dio con fuerza una enorme bocanada del aire puro del bosque y de inmediato sintió como el frío se instalaba en sus pulmones, lo retuvo un tiempo y luego lo expulsó por su boca y el vapor salió. Sonrió y realizó sus ejercicios matutinos para desentumir su cuerpo.

―1…2…3…4… ―haciendo inclinaciones.

―Al verte así nadie se hubiera imaginado que hace poco delirabas de la fiebre. ―dijo el joven parándose frente a ella.

Shauntal se encontraba a la mitad de la inclinación número seis por lo que solo veía los zapatos de su salvador, de inmediato se incorporó pero ese simple movimiento le provocó mareos.

―Estás segura de querer irte así. ―la sujetó del brazo.

―Sí, no hay problema, si no me voy pronto se me hará más tarde…

―¿Otra vez sigues pensando en los pokémons?

Shauntal niega con la cabeza.
―Es otra cosa.

―Oh…

El chico no hace preguntas, seguramente aquellos sollozos sean la causa de su muy precipitada energía matutina.

―Está bien, solo ten cuidado y procura no enfermarte otra vez.

Shauntal asiente.

La despedida con la familia fue muy emotiva, en especial con la anciana, la señora le hizo prometer y por si no fuera suficiente le hizo jurar mil veces que volvería a visitarlos, solo que en condiciones diferentes a las que se conocieron. Shauntal lo anotó en su libreta y prometió regresar sin importar el tiempo que transcurra. Y retomó su camino.

De nueva cuenta recorrió las rutas, otra vez mala alimentación, cansancio extremo, lluvia torrencial sin dar con los pokémons, viento helado por las noches y dormir en la intemperie. Shauntal comenzó a estornudar, la nariz adquiría un color rosado y se congestionaba.

«Creo que me voy a volver a enfermar» Se abrazó a sí misma para conservar el calor en aquella noche bajo la fría y espesa niebla.

Sacó su libreta y anotó:
Día 15 de la cacería.
(Anotación previa)
No hay rastro de ellos. ¿Debería acaso de probar otro método?

Se recostó en el tronco de un olivo, ahí mismo se preparó para pasar la noche. Anteriormente ya se había reprendido por no haber llevado algo más que su gigantesco moño negro que se ponía en el cuello, pues la noche le recordaba que debió de haber llevado por lo menos un suéter si no quería cargar con una gabardina. Suspiró y se acurrucó contra el árbol. Como no guardó su libreta esta resbaló de sus piernas junto a su pluma de gatitos…

Día 3 de la cacería.
Me encontré con tres adorables pokémons fantasma cerca de la Torre de los Cielos. Qué puedo decir, sentí el gran impulso de ir a abrazarlos pero en cuanto me vieron huyeron como si yo fuera la peste. Eso sí me dolió.

Día 5 de la cacería.
Tengo la nariz congestionada y la garganta me duele cada vez que pasó la comida. Odio enfermarme. Por suerte encontré una farmacia y pude comprar medicamentos, pero eso solo lo retrasara si no voy al médico.

Día 8 de la cacería.
Lo sabía, caí enferma. La fiebre es intensa y me pesa la cabe-…

Día 10 de la cacería.
Qué vergüenza haber caído enferma. Marshal siempre me recuerda que no debo de descuidar mi salud y ahí voy yo a hacer la gran tontería de pasear bajo la lluvia. Eso me pasa por no cuidarme cuando los síntomas ya empezaban a mostrarse. Por fortuna un chico me encontró y me trajo a su casa.
P.D.: El chico que me encontró es lindo.

Día 11 de la cacería.
El calor corporal provoca una perturbación mental haciendo estragos en el sueño. Insomnio y somnolencia. A pesar de estar dormida puedo escucharte. Tu voz siempre está cerca. El sudor frío que recubre mi ser me hace temblar, es como si agonizara. Pesado. Es sofocante, la respiración es entrecortada y el corazón está acelerado. De verdad duele…

Nota: Incluir esto en el próximo libro con historia de amor… pero esto no se trata de amor, la verdad así es como me siento con esta fiebre…

Día 13 de la cacería.
Me despedí de mis benefactores y ahora voy a la ruta 5.

Día 15 de la cacería.
Estoy en la ruta 10…, a unos cuantos kilómetros de distancia de la Liga… Me pregunto cómo estarán ellos… De verdad los extraño. Quiero verlos.

No hay rastro de ellos. ¿Debería acaso de probar otro método?

Bajó el manto nocturno, en una de las noches más frías, la niebla del próximo invierno envolvió a Shauntal mientras dormía plácidamente contra el árbol de olivo.

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Pudo librarse del molesto artista y la maniática del vuelo con tan solo decirles: Lo siento, tengo que regresar a la Liga. Era insólito saber que esas palabras pudieron tener un efecto inesperado, ya podía imaginarlos negando con la cabeza y diciéndole que lo de ellos también era importante. Y lo era. Pero los dos líderes estuvieron de acuerdo cuando escucharon Liga y lo empujaron fuera de la ciudad dándole sus mejores deseos.

Ahora que lo recordaba, más bien fueron ellos los que se libraron de él…

―A caso me equivoqué… ―llevó su mano tapando su boca y pensando detenidamente

En todo el tiempo nadie le comentó lo que pasaba. El primero fue Clay, él lo fulminó con la mirada excusándose con su mal humor por lo del recinto, y fue el primero en decirle ʹsi quieres información ve con Skyla o Draydenʹ. Burgh…, con él no tenía deseos de hablar. Skyla, la adorable entrenadora de los cielos que conoció en su niñez cuando ya vivía con sus abuelos; la niña era nieta de un viejo conocido de sus abuelos. Pero a pesar de los años de conocerse no pudo sacarle información, ella lo evitaba cada vez que lo veía y siempre se escondía detrás de Burgh. Otra vez Burgh…, ni loco. Y Drayden era el último. Pero que coincidencia que cuando llegó a buscarlo al gimnasio no lo encontró, es más, ni siquiera los entrenadores del gimnasio le dijeron a dónde había ido, se hicieron los tontos.

― Ya veo, se libraron de mí.

Eso le molestaba.

En las próximas horas le exigió a su cuerpo y a sus compañeros pokémon romper el record para llegar al recinto. Seguramente podía encontrar lo que buscaba si regresaba, después de todo, en los últimos meses sentía el suelo vibrar. Y si sus suposiciones son correctas Clay pudo haber encontrado algo de lo que no quería hablar con él pero sí con el resto de los líderes.

Atravesó la Victory Road como alma que lleva el diablo y después atravesó la puerta del recinto sin escuchar el saludo de bienvenida por parte de los encargados en custodiar la puerta. Iba a ir hacia el cuarto de Alder pero en cuanto dio ocho pasos frenó de golpe; primero porque al llegar vio un tremendo obstáculo en medio de la sala, lo miró detenidamente, el segundo problema era que el recinto había cambiado por completo, al menos desde adentro.

―Cuatro escaleras…

Leyó la inscripción de la estatua y averiguó a dónde llevaban. Un camino rápido para los entrenadores aunque para ellos todavía podían seguir conectándose a través de los pasillos que existían en la parte trasera del recinto. Eso era satisfactorio.

Regresó su vista al primer obstáculo y lo contempló por un rato, luego paseó su vista por la estancia de bienvenida.

―Oscuro, frío,… por lo visto es solitario. A mí me agrada pero supongo que a ti no.

―De hecho. ―escuchó la voz de uno de los encargados atrás de él― La señorita era la única aquí.

―Ya veo.

Dio un paso y se agachó para moverle el cabello, eso no la despertó pero sí a sus pokémons…

La luz de la mañana le molestó, le estaba dando justo en la cara. Se revolvió un poco y se cubrió con las sábanas hasta la cabeza… ¿sábanas?... De inmediato reaccionó. Se quitó toda la tela que le cubría y se sentó para mirar su entorno. Esa era su recamara. ¿Pero cómo había llegado ahí? ¿Acaso magia? Como lo que le pasa a esos niños pequeños que se duermen en su sala y al despertar están en su cama. No, eso era absurdo, solo existía una respuesta.

―Alguien me trajo aquí.

Se levantó de golpe y con la cara llena de alegría. En los pasados día se había quedado dormida en la sala de bienvenida y despertaba ahí al siguiente día, por lo que dedujo que los encargados no había sido.

Primero pensó en Marshal, seguramente fue el, sí, era lo más probable, Marshal. Corrió descalza por los pasillos para llegar a su cuarto, se encontraba tan emocionada que no se molestó y ni gritó cuando se pegó contra un mueble justo en el pie pequeño del pie. Abrió la puerta y gritó con todas sus fuerzas el nombre de su amigo. Nada. No había nadie…

―Alder…

Fue hacia su cuarto de igual manera para que la sonrisa se desvaneciera cuando llegó a su cuarto. Otra vez nadie. Lo pensó con cuidado, Shauntal no, era menos probable, al menos que le haya pedido ayuda a uno de sus pokémons, pero aun así no. Sin embargo fue a su cuarto. Nada.

Solo quedaba una persona en su mente.

―¿Grimsley?

Caminó con cuidado yendo a su cuarto con pasos sigilosos. Debía de tener cuidado… no obstante no encontró a nadie.

―¿Y entonces? ―se cruzó de brazos.

―¿Y entonces qué? ―dijo una voz tras de ella.

No necesitó voltear a verlo, él solo la movió a un lado para poder entrar a su cuarto. Como ya era costumbre traía una taza de café en su mano derecha y en la izquierda el periódico. Sin importar la situación el maestro oscuro se acomodó en su butaca y dejó el café sobre la mesita de té, iba a abrir el periódico pero una intensa mirada se lo impidió.

―¿Quieres decirme algo? ―enarcó una ceja y le devolvió la misma mirada intensa.

―Tú… ―lo pensó, cómo podía preguntarle si fue él el que la llevó a su cuarto, aunque la pregunta se contestaba sola― Nada.

Grimsley regresó a su periódico pero no pudo leer ningún artículo.

―Bien, ¿qué quieres? ―se levantó de su asiento y comenzó a caminar hacia ella.

Caitlin dejó de recargarse en el soporte de la puerta e iba a dar su primer paso dentro del cuarto de Grimsley cuando el joven la detuvo con un grito.

―¡Alto ahí! ―se apresuró hacia ella con la mano levantada― Ni se te ocurra entrar a mi lugar sagrado.

¿Pero qué…? Este sujeto tuvo la osadía de poner su dedo índice en la frente de ella para detenerla con arrogancia. Y peor todavía, el tipo gruñía a cada vacilación que daba Caitlin de querer bajar su pie para poder avanzar, ya que se quedó con el pie elevado intentando dar un paso, sin opción decidió dar ese paso hacia atrás y alejarse de él.

―Usted tiene prohibido poner un pie en mi recamara. ―Grimsley bajó su brazo.

―¿Por qué? ―Caitlin también tenía esa mentalidad de que ningún lugar estaba prohibido para ella.

Grimsley dio una exhalación dejando escapar su molestia, no quería discutir con ella, odiaba discutir.

―Bien, te propongo algo. Lo mío son los juegos, si puedes pasar por mi cuarto pisando solo las baldosas blancas, sin verlas y sin equivocarte una sola vez, te daré acceso total a mi cuarto cuando tú quieras. Pero recuerda solo las blancas ya que las negras son mías.

―Y cómo supones que haga eso. Es imposible.

Grimsley sonrió complacido.
―Bueno si te quieres rendir… ―pero vio los ojos de Caitlin, ella se molestó con ese comentario― Bien. Solo existe una forma de cruzar este lugar. ―Y se lo demostró.

Recordando las reglas del juego Grimsley caminó hacia atrás sin despegar la vista de la atónita cara de la joven y pisando solo los cuadros negros. Sin llegar a chocar con los mueble y pisando en el centro de las baldosas caminó en zigzag para al fin sentarse en su butaca.

―Y esa es, caminando en diagonal.

Silencio total.

Caitlin lo meditó por un rato y agachó la cabeza, respiró profundo y levantó la cabeza.
―De acuerdo. ―sus ojos turquesa mostraron su determinación y confianza.

Con la cabeza en alto, postura recta, y dando pequeños pasos como toda una princesa, sin mover mucho el cuerpo y manos cruzadas, se adentró al cuarto de su compañero. Grimsley sonrió, tal parecía que esa niña no era alguien a tomar a la ligera. Sin chocar con los muebles, pisando en el centro de las baldosas blancas, y sin despegar la mirada, Caitlin llegó frente a Grimsley.

―Felicidades. ―Grimsley se levantó de la butaca para quedar a tan solo unos centímetros frente a ella― Lo conseguiste.

Caitlin dio una sonrisa engreída.

Grimsley desvió la mira y su vista se perdió en el piso del tablero de ajedrez. Cuando le propuso ese reto a Shauntal lo hizo de manera torpe y falló 27 veces, en cuanto a Alder se negó a participar, y Marshal, él jamás se aparecía por ahí. Por lo cual debía de darle un premio a la princesita por haber llegado ahí en su primer intento, ¿pero cuál sería esa recompensa?... A claro.

―En vista de que lo lograste a la primera tienes mi total reconocimiento, así que... ―agarró su mano derecha y se inclinó para hacer un saludo cortes sin llegar a besarla― Bienvenida a la Élite 4, my lady.

La mente de Caitlin quedó en blanco.

Un largo silencio.

―Por fin… la aceptas… y por lo visto también… aceptas tu cargo…

Los dos voltearon a ver a la entrada del cuarto, la voz débil y cortante les hizo girar ya que no podían identificarla. Una figura encorvada estaba ahí parada, recargándose contra el soporte de la puerta a duras penas.

De inmediato Grimsley soltó de golpe la mano de Caitlin y corrió hacia la entrada, sus reflejos fueron rápidos y pudo atraparla justo antes de que la figura se cayera en seco al suelo.

―¡Shauntal! ¡Reacciona!

Con la ropa húmeda, las manos frías, y con una respiración entrecortada, Shauntal tenía una cara pálida. Grimsley tocó su frente.

―Maldición, tiene fiebre.

La cargó entre sus brazos y salió de ahí en direcciona al cuarto de la joven, había que quitarle la ropa. Por fortuna una de las empleadas del recinto se encargó de hacer eso. Ya con el pijama puesta y recostada en su cama, Shauntal recobró el conocimiento pasadas un par de horas.

―Grims-ley

Shauntal viró su cabeza tratando de encontrar al joven a un lado de ella.

―No está aquí. ―le dijo Caitlin.

Claro, era de esperar. Shauntal mostró un gesto de decepción y se cubrió con el cobertor hasta la cabeza.

―Shauntal… ¿estás enamorada de Grimsley?

Silencio.

Shauntal no podía responder a eso, pero supuso que no era necesario, lo más probable era que Caitlin ya lo supiera y solo quería confirmarlo.

―Pero eso no importa. ―su voz sonó ahogada debajo del cobertor― Es un amor imposible. No importa cuánto haga o cuánto espere, él jamás me tomara en cuenta.

―¿Lo dices porque él está enamorado de otra?

―No solo es eso. Sé muy bien que si se enamora de otra persona lo hará a medias, como si fuera un simple compromiso, y si lo hace de mí será por el hecho de que conoce mis sentimientos y solo trata de retribuir algo. Y eso es lo que no quiero… Y es lo que más temo, porque nos destruiríamos.

«Shauntal…» Caitlin la acarició por sobre las cobijas hasta que no oyó ningún ruido, supo que su amiga se había dormido.

Caitlin se acomodó en la silla esperando a que la salud de su amiga no empeorara. El silencio le era incomodo que prefirió entretenerse con algo, quizás un libro, Shauntal tenía muchos. Husmeó por todos los libreros y estantes, la mayoría de ellos ya los había leído y otros no le interesaban. Desilusionada de no encontrar alguna lectura que le emocionara volvió a la silla dejándose caer de golpe. Quiso comprobar la hora cuando la desgastada y vieja libreta de Shauntal llamó su atención. Era un atrevimiento tratar de leerla pero quería saber lo que había hecho su amiga en todos estos días. Antes de agarrarla comprobó que Shauntal durmiera… Ella estaba roncando.

Bien, agarró la libreta y la abrió al azar:

Sinnoh es un lugar hermoso y colorido, difiere mucho de Unova, pero aun así me siento en casa. A lo mejor aquí encuentro mi fuente de inspiración de la que tanto necesito. Mi editor me persigue para saber cuándo le entrego un adelanto del capítulo y no sé qué decirle, por ahora me excuse con un viaje que necesito como referencia.

Otro hojeada…

¡Qué emoción! Hoy conocí a un chico súper lindo. Cabello alborotado que no sigue las reglas y así es su actitud. Una mirada intensa y desinteresada al igual que sus palabras. Su nombre es Volkner…

Caitlin detuvo la lectura. Nunca tuvo el placer de conocer en persona a Volkner pero siempre escuchó hablar de él por medio de Flint cada vez que visitaba a Lucian. ʹVolkner esto… Volkner lo otro… Ya le dije a Volkner que deje de pensar en venir a retarnos y que espere a que un entrenador llegue para retarlo…ʹ Siempre era Volkner. Incluso llegó a pensar que el sujeto ese era una especie de divo porque esa era la impresión que le daba los comentarios y quejas de Flint. Pero solo lo conocía por medio de esas quejas así que dejó de imaginarse así a Volkner ya que no se había formado su propia opinión.

Continuó con la lectura.

He perseguido por todo Sinnoh a Volkner para que me dé una entrevista. Empiezo a sentirme como una acosadora…

«Ya veo, por eso Cynthia la llamaba Srta. Acosadora.»

Por fin accedió y eso porque me dijo que yo era una molestia y por lo visto jamás lo iba a dejar tranquilo.

Caitlin pasó de la entrevista y dio un enorme salto de hojas…

Insípido

Si nuestras miradas pudieran cruzarse,
si nuestros pensamientos compartieran el mismo deseo…
Un arrebato es lo que busco.

Pero tú ni me miras ni me piensas.
El arrebato que busco es inexistente,
Y el amor es efímero…

Dio otro gran salto…

Días de cacería. Buscando al trío de las nubes.

Caitlin leyó todas las anotaciones hasta la última…

Día 16 de la cacería.
Deslumbrante. Las mismísimas maravillas del cielo frente a mí que sentía tocarlos. Ellos tres son igual a como los imaginé. Fuertes e indomables. Pude sentir su fuerza atreves de cada célula de mi ser. El trueno…, la lluvia…, una emoción difícil de olvidar.

Tengo todo lo necesario para poder escribir un libro basado en ellos. Solo espero que mi editor no se moleste por haber hecho a un lado la historia que estoy escribiendo. Mi editor se parece a Grimsley en ese aspecto, ambos me dicen que termine la historia y después continúe con otra…

Grimsley… por qué lo tuve que recordar ahora. Cada vez que se trata de él pierdo cada uso de razón.

El amor duele, es cortante, es punzante, es sofocante.

Caitlin cerró la libreta y la dejó en donde antes estaba. Se levantó de la silla con cuidado y caminó hacia la puerta esperando no despertar a Shauntal. Caminó por los pasillos del recinto y se detuvo frente a una ventana para solo admirar su reflejo. Una joven de ojos turquesa y mirada perdida la veía fijamente…

―Somos como las flores del jardín que crecen en la adversidad.

Recordó las palabras que dijo Alder cuando se encontró con el jardín trasero, tal vez, en cierta forma, podía ver a lo que se refería el anterior miembro que construyó el jardín.

―Una flor de matices rosados… ―recordó lo que le dijo Cilan y mordió su labio― Pero incluso hasta las flores más hermosas llegar a opacarse y marchitarse. ¿No es así Shauntal?... Tú y Grimsley son dos flores de matices oscuros con las que han jugado el absurdo juego de me quiere o no me quiere arrancando pétalo por pétalo…

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Mmm… cómo podríamos describir esto, quizás deberíamos hacer un resumen de lo sucedido.

Alder dejó a un lado sus responsabilidades por andar jugando -como siempre- y eso a Marshal ya no parecía sorprenderle o incomodarle. Lo que sí le molestaba era que su maestro no escuchara lo importante que era el que regresaran a la Liga, porque de lo que estaba seguro era de que ese grupo que supuestamente liberaba a los pokémons algo se trían en manos y de verdad eran peligrosos, en especial su líder, ese sujeto que daba los discursos. Y si sus conjeturas eran correctas podía aventurarse, o más bien confirmar, a decir que su maestro pronto se enfrentaría a esos sujetos y era obvio que la batalla no terminaría como se esperaba. Marshal tenía el gran temor de que su maestro perdiera, y eso era lo peor. Si el gran campeón perdía ante ese grupo el propio Alto Mando se convertiría en el hazme reír de la nación, o mejor dicho del planeta. Esto confirmaría las duras, pero acertadas preguntas de aquella reportera entrometida.

―Un Alto Mando débil…

Por eso tenía ganas de meterle prisa al paso para poder llegar rápido.

Luego de turistear por ciudad Nimbasa debido al encargo del alcalde, el siguiente punto fue ir a ciudad Driftveil, ahí fueron recibidos por Clay. El maestro del subterráneo decidió hablar en privado con Alder dejando a un lado, o más bien lejos, a Marshal. En ese momento deseó tener la habilidad de Shauntal para poder leer los gestos de las personas y hacerse una idea de lo que hablaban, o mejor aún, tener el agudo oído de Grimsley. Aun así, sin tener ambas cosas leyó el ambiente, Clay molesto y Alder pensativo, ambos trataban de hacer el menor movimiento de gestos posibles con las manos. Lo que pudo escuchar fue un grito que hizo Alder: ʹ¿Grimsley junto a Burgh? Nunca creí que fueras un sádico, Clay.ʹ Eso llamó su atención e hizo sus conjeturas, sabía muy bien la tensa relación que tenia Grimsley con Burgh, de hecho era más tensa de la que pudieran llegar a tener ellos dos en los perores días de Grimsley. Por un instante se sintió aliviado de que al menos Grimsley seguía considerándolo su viejo amigo de la infancia.

―Pobre Burgh, de seguro Grimsley lo ignoró en todo el trayecto.

Algo nada más lejos de la verdad.

Dejando atrás ciudad Driftveil, Alder decidió tomar una larga, y según él, necesaria siesta en la ruta 6. Recostado en la hierba alta junto a los pokémons salvajes se revolvía, estornudaba, se picaba la nariz, se expandía y hasta roncaba, el campeón dejaba ver lo despreocupado que estaba.

―Parece ajeno a la situación. ―balbuceó Marshal.

Y así llegamos al punto de partida de este tramo de la historia.

Marshal observaba a su maestro con un claro gesto de molestia, tenía prisa por llegar a la Liga y no andar yendo a paso de tortuga. Pero enseguida sonríe, él también recorrió Unova con esa mentalidad relajada; a veces se preguntaba si era una bendición o maldición el tener la misma actitud relajada de su maestro. Alder disfrutaba de esos pequeños y relajante momento de tranquilidad que nos ofrece la vida, aunque en este caso Alder llevaba al extremo esos "pequeños momento".

―Maestro… Maestro…

Lo llamó Marshal sin éxito.

¿Cuándo fue que la actitud relajada de su maestro se volvió más frecuente? Él no podía recordarla, desde que era un niño siempre vio así a su maestro, pero una vez escuchó de Drayden que Alder anteriormente era una persona apresurada y con un claro objetivo en la mente. Buscando fuerza y persiguiendo las batallas. Pero eso fue hace muchos, muchos años, y eso es una historia que dejara para otro día. Lo importante ahora era regresar a la Liga y que el campeón defienda su título.

Continuará…

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