Nota de los signos:

« » = pensamientos.
{ } = sueños.

Disclaimer: El universo aquí mencionado es propiedad intelectual de sus autores.

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Capítulo 14
Hermanos

Invierno

El invierno es frío, es crudo, es solitario y a veces oscuro, a pesar de su blanca nieve el invierno no puede brillar… Por eso Alder lo detesta, detesta cómo los blancos y delicados copos caen y se pierden entre el montón de nieve acumulada, detesta ver cómo los pequeños y frágiles copos se desvanecen al contacto con la piel… Detesta esos pequeños besos fríos que regala el invierno porque se siente solitario y con esto buscaba el contacto de la gente para decir te quiero con un pellizco helado...

Detesta esto y muchas cosas más.

―Detesto la nieve…

Y a pesar de odiarla, aún así le deslumbra la contempla y todo por ser blanca. Pero el invierno no tiene la culpa de ser frío y solitario, más bien es un incomprendido.

―Y aún así aquí sigo. ―se repite.

En verdad detesta el invierno. No lo comprende y ni quiere hacerlo. Pero a cada año, sin falta, en invierno, visita la montaña helada a pesar de detestar la nieve acumulada.

Bajo la nieve a decidido bajar la montaña dejando tras de sí la cabaña que ha sido su refugio en los pasados días. Sus pies le duelen a cada paso que da porque el frío le cala los huesos, su espalda le pesa como si no se soportara a sí misma y mucho menos soporta el peso extra que cae sobre ella, su vista está cansada y brumosa que no le permite ver más allá de una fina película blanca que cae sobre sus nariz... Serán los años o es el cambio estacional el que hace todo este estrago…

Seguramente la nieve es la culpable…

Ha llegado al pie de la montaña, se detiene por un momento a observar la estructura frente a él… hay tantos recuerdos que fluyen bajo la nieve y se acumulan junto a ella… Da un suspiro pesado y entra con pesar al edificio en frente de él. La puerta automática se abre en par expulsando el cálido aire del lugar, el calefactor está en su máxima potencia ya que los únicos que están en el lugar son los empleados. Cada uno de los empleados lo reconoce y lo saluda en silencio. Esa fecha ha llegado, es un ritual de cada año. La enfermera encargada va hacia la parte trasera y regresa con un florero lleno de agua, lo coloca en el demostrador y espera a que Alder lo tome.

En medio de la estancia Alder se detiene, se ha quedado pensativo. En este lugar hay memorias impregnadas en su pared, en el ambiente a medicina, en las maquinas de rehabilitación con su monótono pitido, en ese florero… en todos lados hay memorias. Agacha la mirada y encorva más su figura, respira profundo con fuerza y exhala en silencio, vuelve a reanudar su caminar.

Llega al mostrador y agarra el florero que la enfermera le ha dejado, coloca el pequeño ramo de flores que ha venido cargando, de una por una acaricia la flor y le da su lugar para que no choque con las otras, cuando termina de arreglar las flores saca de entre sus prendas una vela grande y blanca como la nieve. La enfermera le acerca un encendedor y Alder prende la vela. Antes de irse voltea a ver a la enfermera y a los otros empleados de la tienda, se despide de ellos en silencio, los verá hasta el próximo año; hasta que la vela ya se haya consumido y la flores marchitado.

Como todos los años, porque es un ritual, Alder va sin falta a la montaña nevada por esta temporada. Carga consigo una vela blanca y un ramo de flores. Como siempre los deja en la recepción del centro pokémon. Da en silencio las gracias a las flores y a la vela para luego proceder a retirarse. No volverá a ese lugar hasta el próximo año.

¿Por qué hace Alder esto todos los años y en esta temporada a pesar de detestar la nieve? Su odio por la nieve y el porqué realiza este ritual están vinculados. Los empleados de la tienda y el centro pokémon lo saben. Hace muchos años, cuando Alder era joven, tuvo la desdicha de visitar este centro pokémon en la temporada de invierno cuando una fuerte nevada azotaba la montaña. Debido a la complicación del clima y los bajos recursos que poseía en olvidado centro pokémon, el viejo amigo de Alder no pudo ser atendido y menos trasladado para poder ser operado de emergencia, con esta complicación su querido amigo dio su última exhalación en este lugar.

Por eso Alder detesta la nieve, detesta la temporada invernal, porque la nieve es como los recuerdos, ambos caen como un torrente y se acumulan en un rincón.

―Detesto la nieve.

Pequeños besos fríos que dicen te quiero y se desvanecen en un segundo dejando solo su huella.

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¿Cuánto tiempo ha pasado desde que la vio por última vez? ¿Serán 8 meses o son 9?... Le parece extraño, por lo general él suele recordar todo lo que tenga que ver con ella pero parece que en este momento su mente se niega a trabajar. Lo medita por un rato, su mirada se pierde en las sombras que refleja su cuerpo en el suelo y la de su compañero, su acompañante estira su brazo y le toca el hombro para llamar su atención pero él sigue perdido en sus pensamientos.

―Ocho meses con 23 días…, contaría las horas y los minutos pero estos irán aumentando mientras no la vea pero si tengo que ser preciso son: 15 horas, 38 minutos, 46 segundos.

Su compañero se encoge por la precisión del dato, él nota eso pues su vista sigue clavada en el suelo mirando las sombras.

―No te acomplejes. ―trata de tranquilizar a su acompañante, su compañero solo mueve la cabeza restándole importancia― ¿Crees poder darme alguna pista?

Su compañero asiente con energía, se pone rígido y cierra los ojos, respira profundo y comienza a concentrarse. Todo su entorno produce ruido y emana energía; el riachuelo que está cerca produce bastante ruido debido al choque del agua contra las piedras pero poco a poco amaina hasta dejar de existir, los pokémon aves que pasan por ahí agitan el viento con su aleteo hasta que deja de ser percibido, el olor de la hierba al igual que de los pokémon del mismo tipo se desvanece y también desaparece de sus pulmones… todo su entorno se va silenciado… Hay una pequeña onda que capta su misma señal, es débil pero aun así la ha captado, se concentra en ella. Aquella débil onda emite energía cálida pero se siente algo nerviosa y confusa, podría decirse que es muy insegura, da una leve risita pues la ha encontrado, no le cabe la menor duda. Abre sus ojos dejando ver su brillo entusiasta, levanta el brazo y señala una dirección entre las montañas.

El individuo mira fijamente hacia donde su acompañante ha señalado, el también trata de ocultar su alegría.
―Gracias.

Las dos sombras se encaminan hacia la dirección señalada silbando en su interior.

Todo lo que ella había sido antes se desvaneció por completo, en esta nueva región había dejado de ser una princesa regente de un castillo en cierta instalación de batalla, por ahora solo era una entrenadora más del montón porque no destacaba a pesar de tener un alto rango en dicha liga. Se volvió consciente de eso, pero no por una nota publicada en un periódico por cierta reportera, sino por la batalla que tuvo días atrás y que lo cambió todo.

Debilidad era la palabra que ahora la definía y no iba a permitir que la siguiera definiendo. Sin importarle lo demás se embarcó en la gran aventura de entrenar a su equipo pokémon y ponerse a prueba ella misma. Armada con una mochila con una bolsa de acampar y de dormir, un par de prendas, utensilios de cocina, comida y medicinas para ella y sus pokémons se adentró a una montaña infestada de pokémons salvajes de alto nivel. El objetivo, mejorar rápido en poco tiempo. Y lo estaba consiguiendo, pero solo con Musharna ya que ella llegó a un nivel alto debido a su alta defensa. Cada vez que las batallas se tornaban difícil para los otros miembros ella entraba en escena y salía victoriosa, pero de nada servía porque los otros no adquirían experiencia. Y regresaban al punto de partida.

―Bronzong, tú serás el siguiente en entrenar, me imagino que no tendrás problemas, al igual que Musharna posees una alta defensa. Por lo tanto todo irá bien… ―*suspiro largo*― siempre y cuando no aparezca ese pokémon.

Y el resto se estremeció. De solo escuchar que ese pokémon pudiera aparecer todos querían salir corriendo de ahí.

―Lo sé. ―trató de comprender al resto de su equipo― sé que ese pokémon los asusta, a mí también pero hay que admitir que por ese pokémon Musharna se ha hecho fuerte.

Por el resto del día Bronzong cumplió con su parte del entrenamiento sin que ese pokémon apareciera. Algo realmente bueno. Por esta noche el grupo se iría a descansar temprano y sin problemas…

{*Gotas, gotas* *sonido de una risa siniestra* *soplo de viento* *el ruido de un golpe*… El interior se agita y rueda…

Oscuridad es lo que hay, por donde se mire. Parece que el lugar es estrecho porque rueda en medio de esa oscuridad cubierta de partes invisibles… Ha dejado de rodar, ya no hay más ruido. Se incorpora, está asustado, no sabe lo que sucede ni por qué está en este lugar…

Su oscuridad se ha desvanecido después de un tiempo, el mundo que aparece ante él brilla. Hay colores, olores y cosas que no conoce, mira a su alrededor y se encuentra con las supuestas paredes invisibles que antes lo protegían, parece ser que eso que lo cubría de oscuridad era duro pero ahora está quebrado… esa cosa con marcas en su exterior se desvanece en el aire… ya no hay nada que lo proteja, es hora de explorar este mundo brillante y lleno de colores.

En el poco tiempo que lleva en este mundo lleno de colores y olores desconocidos ha aprendido un par de cosas de suma importancia; en este mundo ha descubierto que hay peleas ente otras criaturas por tratar de sobrevivir, los grandes y fuertes se comen a los débiles y pequeños, también ha descubierto que no todas las peleas son por tratar de comerse o por la comida, sino que también es por tratar de hacerse fuerte y entre otras cosas como la búsqueda de pareja…

También ha aprendido a esconderse de todas las criaturas fuertes y nunca salir del límite del color verde… Allá afuera hay otras criaturas que hablan y caminan, lucen frágiles pero viven en conjunto con criaturas de su misma especie, y también viven con ellas las otras criaturas que siempre están peleando por sobrevivir… ¿Por qué? No lo comprende… Esas criaturas que camina en dos patas también buscan pelea pero ellos no son los que pelean, los que pelean son las otras criaturas que él ha visto desde que conoce este mundo colorido… Algunas de esas criaturas son atrapadas en algunas cosas redondas y otras son dejadas mal heridas a su suerte…

Este mundo colorido y lleno de olores desconocidos no es exactamente un mundo brillante… ¿por qué? ¿Qué lo hace diferente al otro mundo de paredes invisibles y lleno de oscuridad? Ambos le parecen lo mismo...

Hay que alejarse de esas criaturas que camina en dos patas y siempre están acompañadas de las criaturas que siempre buscan pelea… ambos son peligrosos, no quiere ser atrapado en esas cosas redondas y mucho menos quiere quedar mal herido a su suerte…

A pesar de que ha hecho todo lo posible por mantenerse alejado alguien se ha acercado… el impulso de querer abrir la tierra para que se trague a esas criaturas que han invadido su casa se transforma poco a poco en ira…}

El dormir no fue exactamente un sueño reparador más bien perturbador y todo por ese sueño.

―¿Qué fue eso?

Se estira y luego talla sus ojos, se gira a ver a sus compañeros… no están, de inmediato voltea a ver hacia la entrada de su casa de a campar, la cremallera está abajo. Se levanta y sale… todos sus pokémons están afuera en pose defensiva pero también están temblando. Un poco más adelante del resto están los dos más fuertes, aunque en este momento Musharna sigue siendo más fuerte que Bronzong, están haciéndole frente a ese pokémon.

―¿Por qué esta aquí? ―camina hacia donde se encuentran sus dos pokémons.

Una batalla inicia, son dos contra uno, pero en realidad ese dos se convierte en uno solo mientras luchan contra ese pokémon salvaje. Musharna emplea todo su poder en la defensa de Bronzong, Bronzong da todo lo que tiene en realizar sus ataques, poco a poco ese pokémon salvaje retrocede. Caitlin no puede creer lo que ve, Bronzong está adquiriendo más experiencia en esta batalla que en las que tuvo el día de ayer, pero a pesar de todo Caitlin siente miedo, ese pokémon salvaje es del mismo tipo que Bronzong… Y las garras del pokémon salvaje se recubren de un brillo bajo la luz del sol…

―¡Bronzong, cuidado con esa garra metal!

El pokémon de Caitlin apenas y logra esquivarlo pero una parte del ataque le ha alcanzado y lo manda contra la montaña, algunas rocas le caen encima, Bronzong apenas y puede levantarse, tal parece que el impacto no fue tan superficial como se pensaba. Musharna se prepara para atacar, si no lo hace nadie más podrá detener a este pokémon salvaje. La bola rosada embiste con todo lo que tiene, es un cabezazo directo, sin embargo no tiene mucho efecto. La batalla continúa, está igualada que no se puede saber quién ganará, Caitlin espera a que sea Musharna, pero este pokémon salvaje no piensa perder y lanza un potente puño contra Musharna, la bola rosada sale disparada contra la montaña. Los dos más fuertes están fuera de combate. Todo indica que este pokémon estuvo entrenado el día de ayer para poder derrotarlos. Caitlin retrocede asustada. El resto se prepara para la batalla. Gothitelle y Sigilyph atacan juntos, Sigilyph lanza un ataque de hielo para frenar al pokémon salvaje, Gothitelle provoca un rayo, ambos ataques aciertan pero no afectaron mucho al pokémon salvaje, dicho pokémon se abalanza contra ellos con un puño envuelto en colores cósmicos. Las dos quedan mal heridas debido a su bajo nivel… Reuniclus está a la defensiva… pero por lo visto es ignorada por el pokémon salvaje… este pokémon mira fijamente a Caitlin. El pokémon clava sus extremidades en la tierra y comienza a golpearla… el muro de piedra de al lado se cuartea, Caitlin retrocede, ese pokémon está provocando una avalancha. Reuniclus suspende en el aire por un momento las rocas que estaban a punto de sepultar a su entrenadora, pero esto solo fue una distracción de este pokémon salvaje. Aprovechando la guardia baja de Reuniclus va directo contra ella con un cabezazo, la masa gelatinosa de colores verdes sale disparada por el ataque, el daño fue alto pero Reuniclus se levanta, no hay nadie más que pueda defender a su entrenadora. Con lo poco que le queda prefiere acaban con esta batalla dispareja, centra toda su energía en una esfera grande y brillante, en ella esta puesta toda su esperanza, con fuerza la lanza contra el pokémon salvaje… Hay demasiado humo para saber si el contrincante sigue en pie… a lo lejos se ve la sombra de él…

―Ni siquiera la onda certera de Reuniclus le afectó…

El pokémon salvaje abre la boca y lanza una especie de rayo casi como un láser, éste da directo contra Reuniclus dejándola fuera de combate… Ya no queda nadie… El pokémon salvaje mira ahora a Caitlin, su mirada rojiza penetra en la piel de ella…

Caitlin retrocede, jamás creyó que este pokémon los atacaría en plena mañana. El miedo se intensifica…

El pokémon permanece quieto, solo observándola…

«Ese último ataque lo dejó debilitado por un momento, necesita recuperar energía pero cuando lo haga vendrá por mí…»

Caitlin mira a todos lados, dónde están las pokéballs de sus amigos, a dónde puede huir, qué será de ella… Ojala Gallade estuviera aquí…

El pokémon salvaje recupera su energía y se prepara para ir por Caitlin. Veloz igual a una bala se acerca amenazante con su puño en alto… Caitlin cierra los ojos, solo le quedaba esperar el golpe… y sin embargo el golpe jamás llega a completarse… Con un poco de curiosidad pero más con temor abre un ojo, el segundo se abre por reflejo del asombro. Frente a ella se encuentra una sombra familiar, una sombra que no había visto en tanto tiempo y que le es difícil verla porque le recuerda a alguien a quien extraña. Dicha sombra detuvo el ataque del pokémon salvaje creando una barrera, ante esta aparición inesperada el pokémon salvaje retrocede, el invitado inesperado desaparece la barrera. Caitlin respira aliviada, igual que la sombra que ella extraña esta sombra actuó de la misma manera para protegerla, levanta la vista hacia la dirección izquierda para ver al entrenador de este pokémon.

―Lucian…

El mencionado le sonríe y respira aliviado por haber llegado a tiempo.

―Gallade, día soleado.

El pokémon obedeció, el destello que lanzó hacia el cielo provocó que los rayos solares se amplificaran sobre él.

―Ahora puño de fuego.

Envuelto en un tornado de llamas el puño de Gallade golpea al pokémon salvaje dejándolo con una fuerte quemadura en uno de sus brazos y haciéndolo retroceder. El pokémon salvaje lo observa por un instante y enseguida ataca. La nueva batalla resuena por la montaña.

Mientras ellos luchan Lucian aprovecha para ir con Caitlin, la revisa por todas partes, parece que no tiene ningún rasguño severo pero se le ve asustada. Lucian la tranquiliza con un mimo. Lo siguiente es curar al equipo de ella, cada uno de los pokémons recobra el sentido gracias a la medicina. Mientras esto pasa el pokémon salvaje abandona el lugar, es claro que Gallade le gana en fuerza.

―Por ahora estamos a salvo. ―dice Lucian― Es obvio que ese Metang es muy fuerte, pronto evolucionará a un Metagross. ―se gira a ver a Caitlin― ¿Estabas pensando en capturarlo?

Ella se sobresalta y niega con la cabeza.
―Desde que llegué me ha estado atacando e interrumpe nuestro entrenamiento, no sé lo que le pasa.

Lucian voltea a ver a Gallade, el pokémon mira fijamente a su entrenador, hay una conversación silenciosa de miradas.

―Ya veo. ―dijo Lucian y ahora regresa su vista hacia Caitlin― ¿Por qué no tratas de capturarlo? Será un buen compañero para completar tu equipo.

Caitlin se sobresalta.
―Mi equipo pokémon ya está completo…

―Él ya no está aquí. ―le acorta― Gallade ahora está con Darach y en Sinnoh. Tienes un hueco en tu equipo pokémon.

Caitlin agacha la mirada, está más molesta que deprimida. No tiene deseos de llenar el hueco que ha dejado Gallade. El resto del equipo tampoco parece de acuerdo con esa idea, pero por ahora no dejan de despegar la mirada de este nuevo Gallade que está frente a ellos, a pesar de tener una personalidad cerrada emite una energía bastante familiar…

―Es el padre del Gallade que ustedes conocen. ―les dice Lucian.

Los pokémons de Caitlin ahora lo miran con admiración, Gallade se sonroja y se va.

Lucian se ríe e invita a los pokémon de Caitlin a entrenar con Gallade y otros miembros de su equipo, les asegura que él cuidaría de Caitlin y que el Metang salvaje no aparecerá mientras sus pokémons ande libres.

―Ahora dime Caitlin ¿cómo planeas acercarte a ese Metang para poder capturarlo?

―Ya te dije que no planeo capturarlo.

Lucian la observa plácidamente. Por el resto de los siguientes días el tema de plática entre ellos es el cómo Caitlin atrapara a ese Metang, ella sigue negándose a hacerlo. Entre discusiones por parte de ellos y el entrenamiento entre los pokémons, el pokémon salvaje regresa para obtener su revancha…

Las cicatrices de su entrenamiento son visibles en sus garras, el resto de su cuerpo, de metal puro, está intacto y opaco. Sin duda entrenó con fiereza.

Lucian lo observa sin parpadear, levanta una ceja cuando Metang agitas sus brazos, por encima de los lentes Lucian mira a Gallade, él le regresa la mirada de perfil. La conversación de miradas regresa. Ambos se cruzan de brazos y se mantienen al margen de la batalla.

Metang quería su revancha contra Gallade, pero no le importa tener que calentar un poco contra los pokémon de Caitlin. La primera en ir, y que también quería obtener su revancha, fue Reuniclus. Debido al anterior entrenamiento contra el Girafarig de Lucian los ataques de Reuniclus son más precisos, ahora se enfoca en golpear un solo punto. Por fin Reuniclus puede darse por satisfecha al ver a Metang retroceder. El Metang salvaje se está enfureciendo, sus ataques se vuelven más bruscos, debido a esto a Reuniclus se le hace difícil averiguar por dónde y con qué atacaría su rival.

En medio de esta batalla que se llevaba a cabo, la tierra debajo de Reuniclus y Caitlin se cimbra. Metang se agita. Lucian y Gallade deciden actuar.

―¡Muévete de ahí, está a punto de evolucionar!

Mientras Lucian corre hacia Caitlin Gallade se interpone entre los dos pokémons para formar una barrera.

El destello es intenso.

La nueva forma del pokémon salvaje se refleja en los turquesa ojos de Caitlin.

Ahora que es un Metagross luce más peligroso. Lucian y Caitlin lo saben.

―Ya no tienes escapatoria, ―le dice Lucian― estás obligada a capturarle.

¿Capturarle? ¿Qué rayos? ¿A ese pokémon que los ha atacado sin piedad? Algo no estaba bien con Lucian.

―Caitlin, no estás viendo la verdad de los hecho.

Ambos chocan sus miradas, ella de duda y la de él juiciosa.

―¿Sabes por qué ese Metagross te estuvo atacando todo este tiempo?

―…

―Si te pido que observes a tu alrededor y luego a él, qué me puedes decir.

Caitlin jamás comprendió esa parte de Lucian, a pesar de que él era preciso en otros datos nunca hablaba de manera directa en dar un consejo siempre le daba tantas vueltas.

Haciendo caso a lo que él le dijo miró a su alrededor. Césped, piedras, árboles, pokémons ocultos, un panal, el sol… nada destacable…

Lucian vuelve a resoplar, todo indica que ella no encontró la respuesta.

―Ya te lo había dicho en otras ocasiones, observar y mirar son dos cosas distintas. Si lo haces de la manera correcta podrás ver lo que hay frente a ti. Pero por esta vez te daré una pista, lo demás lo tendrás que descubrir tú sola.

Sin llegar a comprende aquello Caitlin desvía la mirada.

―Metagross solo se está defendiendo y protegiendo lo que cree es su territorio.

Y como la luz solar que atraviesa el espeso follaje del bosque Caitlin cae en cuenta.

Intercalando su mirada entre el pokémon y el lugar todas las respuestas aparecen… En pasadas ocasiones Shauntal le había comentado el cómo debía de observar el mundo y se lo dijo con un ejemplo muy simple: Un árbol no solo es un tronco café adornado por hojas verdes, es más que eso, es un lugar de fresca sombra en donde dormir de manera confortable; o el río no solo es un sendero de agua que uno dos puntos, es un viaje a través de la tierra que transporta aventuras… Esa era la visión de Shauntal sobre el mundo, y ahora Caitlin lo comprendía…

Levantándose y caminando hacia Metagross agachó la cabeza.
―Lo siento, no me di cuenta y soy un intruso en tu hogar. Debo decir que mi disculpa no compensa todo lo que ha pasado y eres libre de agredirme. Debí de haberlo sabido cuando tuve ese sueño, ―levantó la cabeza― eran tus recuerdos ¿verdad?

Los rubíes ojos de Metagross miran fijamente a Caitlin, el pokémon se da la media vuelta y desaparece en el bosque.

Lucian se acerca a Caitlin.
―Has crecido, aunque sea un poco pero has crecido.

De verdad esperaba otras palabras pero se queda con estas.

―Tienes razón, mi equipo está incompleto.

Lucian por fin sonríe complacido.
―Hacerse uno mismo con tu compañero es lo que nos hace expertos. Con tu habilidad no dudo en que puedas acercarte a él, demuéstrale que eres una experta en el tipo psíquico.

―Lo intentare mañana y las veces que haga falta.

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Ser uno solo con tu pokémon te ayuda a comprenderlo y también te sirve para descubrirte. Cuando te especializas en el tipo planta descubres que hay más matices en la tierra que solo un verde valle, descubres tu jardín interior y es un florecimiento especial. Si te especializas en el tipo agua tu espíritu es libre fluyendo como tal, el océano de la vida es tan profundo y te invita a sumergirte para explorarlo. Todos y cada uno de los tipos tiene su toque dulce, amargo, picante, refrescante, o hasta oxidado. Pero qué pasa con los que tienen su lado oscuro, aquellos en donde la vida no fue una dulce miel y solo les traía penumbras. Aunque parezca difícil de comprender el explorar el mundo del tipo oscuro tiene su recompensa dulce, pero es un largo camino para llegar a la miel…

Shauntal y Grimsley lo sabían muy bien, sus pokémons eran complicados. Por un momento los podías ver felices entre ellos pero contra los humanos era todo lo contrario, los maldecían con la mirada. Pero como se ha dicho antes, cuando los llegas a comprender no se puede apartar la vista de ellos…

Incluso lo sabe el pequeño que pasa frente al par, de tanto estar corriendo era obvio que se iba a tropezar, el *zap* del golpe se escucha a un par de metro delante de ellos. Shauntal se acerca al niño para ayudarlo porque ahora se ha soltado a llorar. En medio de su agudo llanto su fiel amigo pokémon se acerca, le hace caras para que deje de llorar y se suelte a reír, el objetivo del pokémon se ha cumplido. Ahora entre risas el niño no puede parar por las divertidas caras que hace su Haunter. Es claro que a temprana edad el niño ya ha encontrado la dulce miel del corazón de su amigo. El niño se levanta y sigue corriendo seguido de su amigo, los dos entran a una cafetería.

Siguiéndolos con la mirada Shauntal y Grimsley miran el letrero de la cafetería, es la cafetería de la que tanto se habla en el pueblo, en donde se preparan los sándwiches de bayas para los pokémons. Los dos se miran, tal vez deberían de entrar, se lo deben a sus pokémons que ahora tienen la moral muy baja.

Bisharp mira con intriga su emparedado, nunca ha probado eso y mira al resto, no es el único con la cara llena de duda. A Cofagrigus y Jellicent les ha dado por jugar con la comida. Krookodile se aventura a morderlo, el resto lo mira, la cara del pokémon cambia de forma drástica, fascinado por el sabor le da otra mordida para devorarlo por completo. El resto prueba los suyos con duda y luego se los devoran. Shauntal y Grimsley siguen ordenando más comida. Todos están satisfechos.

Siguen caminando por el pueblo, ahora se detiene frente al arroyo que pasa por ahí. Dos niños se encuentran jugando en la orilla, uno de ellos lleva un barco motorizado, el segundo uno de papel. El niño grande juega con su barco motorizado llevándolo hasta el centro del río, el niño más chico deja su barco de papel en la orilla, a pesar de que no avanza como el otro barco sigue emocionado creando olas. El niño más grande se le queda viendo, le dice algo, por lo visto son hermanos. Mientras el pequeño no se da cuenta el más grande saca su pokéball y libera a su Marill, la criatura azulada se avienta al agua, sumerge su cuerpo y con su cola atrapa el barco de papel. Una carrera entre el barco motorizado y el de papel da inicio. A pesar de que uno es motorizado y el otro de papel, los dos barcos lanzan pequeños chorros de agua.

Viendo esta escena Shauntal se sienta en el césped, observa con cuidado. Las enseñanzas de Alder y la pasada batalla contra ese grupo resurgen ante esta escena.

―Nos volveremos más fuerte para que no pase otra vez. ―le dice Grimsley.

Proteger ese pequeño amor que hay entre un entrenador y su pokémon es lo más importante, ellos lo comprenden porque formar un vinculo con sus pokémons les costó trabajo.

Para Grimsley acercarse a Liepard cuando era una Purrloin fue el verdadero desafío, ella lo agredió en constantes ocasiones y le dejó una cicatriz porque le lanzó su piedra. A pesar de negarse a permanecer cerca de él la felina le fue adquiriendo cariño con el paso del tiempo, incluso le secaba las lágrimas a escondidas cuando el niño perdía el conocimiento por tanto llorar, la felina las lamía. Bisharp fue otro caso, este pokémon fue un regalo de su padre siendo una pequeña Pawniard, el tímido pokémon en ocasiones se escondía de Grimsley por temor a que sus cuchillas pudieran hacerle daño, todo lo que ella tocaba terminaba desgarrado. Grimsley seguía insistiendo en acercarse a ella, no importaba si le hacía un pequeño corte él comprendería que no fue a propósito. De rasguño en rasguño Grimsley le seguía sonriendo, Pawniard comprendió que no tenía que preocuparse tanto, con el paso del tiempo dejó de rasguñar su entorno y a su entrenador. Scrafty y Krookodile ya eran amigas antes de conocer a su entrenador, es su fase final fue cuando las dos se cruzaron con Grimsley, los ojos de los tres se cruzaron en el árido desierto en más de una ocasión. Con estos pequeños encuentros en los que ninguno de los lados iniciaba una batalla pero cruzaban las miradas, se cruzaron otras cosas. Scrafty y Krookodile seguían esperando el próximo encuentro con este entrenador. La afición comenzó. Drapion fue capturado en una escala en Sinnoh, el entrenador fue en busca de alguien a quien llevaba persiguiendo por años, siguiendo una pista cruzó la mirada con el pokémon salvaje mientras paseaba por la hierba alta. A pesar de no estar interesado en él el pokémon inició una batalla. El proceso de comprenderse aún sigue al igual que las picaduras.

Los tipos siniestro no se caracterizan por ser amigables pero si llegas a tocar su corazón ellos te ofrecen la más dulce miel.

Para Shauntal lograr acercarse a los suyos fue como ir a un parque de diversiones. A pesar de que cada uno de sus pokémons quería huir de ella no lo conseguían, y no es porque no pudieran desvanecerse en el aire y desaparecer de su vista para siempre, solo era el hecho de que ellos se volvieron adictos al afecto que la entrenadora les entregaba cuando los abrazaba y les sonreía. Litwick fue atraído por esa brillante luz interna que desbordaba Shauntal, se volvió adicto a ella que no la pudo dejar. Lo mismo fue con Yamask, sollozando en medio de la oscura ruina la luz de ella fue la que brilló en la sala, escondiéndose entre las paredes la siguió por todo el camino hasta que la vio brincar de alegría y abrazar a Chandelure. Ella también quería probar ese abrazo. Jellicent nadaba despreocupada, a lo lejos puedo ver a las personas en fila pescando a los pokémons, pero había una persona que no pescaba, solo estaba ahí en fila viendo el agua. ¿Por qué lo hacía? Todos los día esa persona regresaba a la orilla para observar el agua. Esa actitud le intrigaba. Golett jugaba con sus amigos, con el paso del tiempo cada uno de ellos fue atrapado hasta que quedó solo, mientras buscaba otros pokémon con los que juntarse vio a una Cofagrigus corriendo tras una Chandelure, las dos se veían alegres. Fascinado por este encuentro se unió a ellas para jugar, los tres correteaban. Cuando la noche llegó Golett les ofreció refugio, ellas se negaron, desde la distancia escuchó que alguien las llamaba, fue entonces que se dio cuenta que ellas ya tenían entrenador. Shauntal se acercó al trío y Golett retrocedió, antes había visto cómo los humanos capturaban a sus amigos, pero esta persona en lugar de hacerle daño acarició su cabeza y le sonrió. Golett cayó rendido ante está calidez. Lo mismo fue con Drifblim que era arrastrada por el viento, la preocupación de Shauntal fue la que la detuvo y la trasladó a un centro pokémon. Así mismo sucedió con Banette cuando los brazos de Shauntal la rodearon, a pesar de que la alejaba quería seguir siendo abrazada, sus emociones eran contrariadas.

El truco para acercarse a un pokémon fantasma es siempre mostrarte alegre y transmitirle tu alegría, porque si llegan a sentir una pizca de miedo las cosas podrían tornarse feas.

Con todos los pokémons es lo mismo, pero algunos son más complicados que otros, en especial ese Carvanha que observa como el Marill traslada el bote de papel y divierte a los niños. Grimsley lo observa detenidamente, el pequeño pokémon se asoma y se sumerge esperando la oportunidad para poder acercarse; 10 mts, 8 mts, 5, 2, *splash* Carvanha emerge para fingir ser un monstruo que ataca el bote de papel, los niños no saben lo que ese pokémon trama y se asustan, en cambio Marill no siente peligro cerca de él. A pesar de que Carvanha solo quiere jugar los niños retiran a Marill y el bote motorizado. El pequeño bote de papel se hunde mientras Carvanha lo mira y trata de sacarlo a flote, el bote de papel se rompe.

El dúo de entrenadores oscuros regresa todos los días a la orilla del lago para observar a Carvanha, se ha convertido en el pasatiempo favorito de Grimsley. Como ya se hizo costumbre se sienta a la orilla del río y espera a ver esa sombra vacilante nadar cerca de él, un par de ojos se asoman y lo miran, Grimsley sonríe y lanza el emparedado que ha encargado en la cafetería. Como todo un depredador Carvanha abre sus fauces y devora el emparedado de un solo bocado, de nueva cuenta se esconde en las profundidades del río, Grimsley solo observa, está satisfecho con esta lejanía, después de todo tomara su tiempo para que el pokémon vuelva a confiar en la gente. Eso pasa cuando eres abandonado y en un lugar lejano. Y ojala solo fuera eso, pero como es de tipo siniestro el entrenador oscuro sabe que tomara su tiempo, esta clase de pokémons son muy resentidos cuando los abandonan, lo ha experimentado de primera mano por Liepard.

Han transcurrido dos semanas desde que Grimsley lleva comida a Carvanha, pero en esta ocasión en lugar de esperar a la sombra vacilante se sienta lejos de la orilla y libera a todo su equipo pokémon, siguiéndole el juego Shauntal hace lo mismo. Carvanha se asoma y enseguida se sumerge. Los pokémons de Grimsley y Shauntal han comenzado a corretearse. Entre espadazos, golpes de cola, ataques de agua los pokémons se han sumergido en su mundo de diversión, las risas de las personas que por ahí pasan se escuchan a través del agua. Carvanha vuelve a asomarse, el par de ojos mira al grupo de pokémons que se está divirtiendo, se vuelve a sumergir, el ruido de la diversión continúa. *Splash* se escucha cerca de él, alguien ha invadido su espacio, hay algunos tentáculos rosados nadando cerca de la superficie, prefiere ignorarlo.

Grimsley sigue con la mirada sobre el río ignorando por completo su entorno, Shauntal se le acerca.

―Ya tardó.

―Vendrá.

Sí, el pokémon vendrá, a pesar de que Grimsley carga hoy el emparedado no quiere lanzarlo, él ya dio el primer paso y ahora le toca a Carvanha dar el segundo.

La espera es larga ya han pasado algunas horas, a pesar de que Jellicent invadió el territorio de Carvanha el pokémon no se mostró.

Shauntal está cansada, la estrategia de Grimsley no ha funcionado, lo voltea a ver para pedirle que ya se vayan… Grimsley se está levantando y da un paso hacia su derecha, lejos de Shauntal… antes de darse cuenta la entrenadora fantasma está empapada, Grimsley solo se ríe. Carvanha es el culpable de haber lanzado ese ataque. A pesar de que han pasado un par de horas y todos los pokémons del dúo se han cansado Carvanha ya está dispuesto para jugar, es una pena que ninguno de los pokémons quiera hacerlo, todos ellos lo observan por un largo tiempo. Los dos entrenadores guardan a su equipo que se aleja de la orilla, Carvanha observa cómo se van, parece que se va a volver a quedar con las ganas de jugar. Grimsley se acerca a la orilla y le lanza el emparedado, en esta ocasión el pokémon lo devora de un bocado pero no se sumerge. La mirada de ambos se encuentra, hay silencio. Ya ha pasado mucho tiempo desde que hizo esto y posiblemente esté un poco oxidado. Mete su mano al bolsillo y saca una pokéball, la gira por un momento entre su mano esperando la reacción de Carvanha, el pokémon sigue observándolo. Grimsley se suelta a reír y voltea a ver a Shauntal, la entrenadora solo resopla, sigue sin comprender qué rayos es lo que le atrae de él, es un manipulador, un jugador, un confiado y vanidoso entrenador, cuando crees poder comprenderlo siempre hay algo que te sorprende, así es Grimsley, un verdadero maestro del tipo siniestro que comprende a los suyos.

El fin de esta partida ha llegado, Grimsley lanza la pokéball hacia Carvanha, como si el pokémon estuviera regresando a la pokéball que le ha pertenecido desde hace tiempo se deja atrapar.

Grimsley le mostró el camino y Carvanha dio el paso, lo que venga después es un camino que ambos tendrán que recorrer, pero de algo que puede estar seguro Carvanha es que no será otra vez abandonado, su nuevo entrenador comprende muy bien ese dolor.

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La confusión que se produce cuando se está perdido es la peor compañía para un animal asustadizo, tienden a ver a todos como una amenaza cuando se les acercan, corretean sin rumbo fijo poniendo en peligro su vida, el hambre y la sed se convierten en lo más difícil de sobrellevar; sumándole a todo esto también está el hecho de estar a miles de kilómetros lejos de casa… Así era la vida de este pequeño pokémon que fue abandonado aún siendo bebé a los pocos días de nacer. Cuando se encontraba en el huevo podía escuchar claramente la voz y sentir la calidez de su entrenador que en ese momento pasaba a ser su padre. Ahora, bajo la confusión del porqué fue abandonado, añoraba sentir la calidez y escuchar la voz de su entrenador-padre. Sus tiernos ojos lo decían todo, la tristeza se reflejaba en ellos.

Vagando en este inmenso mundo, lejos de casa, buscaba la comida para sobrevivir. Dando pequeños saltitos recorrió la Unova desconocida para el humano, aprendió nuevos ataques, se alejó de los posibles peligros que traería el ser arrastrado por el río, se unió a un grupo de pokémons, añoró la calidez de su entrenador-padre.

Sin importarle que le tomara tiempo tenía que encontrar a su padre, lo perdonaría por haberlo abandonado, porque si no le interesará jamás no lo hubiera calentado cuando estaba en el huevo. Recorrió caminos, bosques, atravesó ciudades, y al final llegó a una montaña…, estaba perdido… El frío del clima le hizo desmayarse, ¿a caso este sería su final?... Posiblemente, pero una vez más quería volver a sentir esa calidez…

Tan calentito pero tan bien frío y distante, pero no importaba, bajo esta fría montaña nevada alguien lo había recogido y por toda la eternidad le estaría agradecido a su salvador.

En el primer día de observación vio los rostros de tres personas, la enfermera encargada de cuidarlo, la de su salvador y el acompañante de su salvador. Diferentes rostros, diferentes actitudes, diferentes aromas, pero a pesar de esas pequeñas diferencias sintió la misma calidez que le ofreció su padre.

Al segundo día fue dado de alta. ¿Qué sería de él de ahora en adelante?...

―Lo cuidaré por un tiempo. ―dijo su salvador.

―Como quieras. Solo que una montaña nevada no es lugar para él así que debes estar al pendiente. ―dice el acompañante.

El salvador asiente.

―Debemos darnos prisa. ―vuelve a hablar el acompañante― él ha estado aquí, si no nos apuramos se volverá a ir.

El pequeño bebé observa los rostros serios de las dos personas, parece que miran unas flores y una vela que hay al lado de él. Sin llegar a comprender lo que sucede siente cómo los brazos de su salvador lo levantan y es resguardado entre las cálidas prendas de él. Con sus pequeños ojos negros asomándose por la abertura que ha dejado esta persona mira cómo dejan atrás el lugar donde ha permanecido y salen a la fría montaña.

Desde su lugar especial, que es cálido, mira el mundo blanco que hay ante él, pequeñas gotas blancas caen del cielo, es un espectáculo que nunca antes había visto, siente curiosidad por tocar esa gotas y da un brinco, son frías al contacto, es el mismo frío que sintió cuando cayó casi moribundo. Los brazos de su salvador lo envuelven y regresa de nueva cuenta a su lugar especial que es más cálido que antes.

―Eres demasiado impulsivo. ―dice su salvador dándole una caricia en la cabeza.

Sigue observando el mundo, a lo lejos logra ver la sombra de algo, parece un espectro de nieve que está llorando, como alma en pena se fusiona en la nieve. Se siente identificado con esa sombra fantasmal que emana soledad.

Los dos individuos platican bajo la nieve, a pesar de que las palabras de ellos son tranquilas debido al tono de sus voces siente el fuerte palpitar de su salvado tras su espalda, puede notar la inseguridad.

Tras un largo recorrido bajo la nieve los dos individuos se dirigen a una cabaña, sentado en el pórtico hay alguien contemplando la blanca nieve acumulada.

―Alder, si sigues así te vas a enfermar. ―dice el acompañante.

El mencionado regresa de su viaje al pasado, con mirada cansada lo ve por unos instantes y luego dirige su mirada a la otra persona.
―Drayden, Marshal, para qué vini-…

Alder deja sus palabras en el aire, un pequeño bulto que tiene Marshal en su pecho, y que por lo visto se retuerce, ha llamado su atención. Sigue observándolo hasta que algo se asoma por entre la prenda.

―Este no es lugar para ese tipo de pokémon. ―dice Alder.

El bebé vuelve a saltar y en esta ocasión va hacia Alder dando pequeños saltitos torpes y vacilantes.

―Está perdido. ―contesta Marshal.

Alder reacciona, contempla con simpatía al pequeño Shroomish que se acurruca contra su pecho porque tiene frío.

―Entremos, hace frío aquí afuera. ―dice Alder cargando al bebé.

¿Cuándo fue la última vez que estos pokémon vieron a un bebé? A pesar de la enorme diferencia entre tamaño, edad pokémon y fuerza no pueden evitar querer jugar y proteger al pequeño travieso que corre por toda la cabaña, tanto los pokémons de Marshal como los de Alder ahora se han convertido en niñeras olvidando por completo a los tres entrenadores que están en la sala.

―¿Ahora sí me van a decir a qué vinieron? ―pregunta Alder sentándose lejos de ellos.

Drayden adopta su siempre fría y distante postura contra Alder.
―Iré directo al punto. La Asociación me contactó luego de que tuvieran una reunión con los demás campeones.

A Alder eso no le sorprende, tampoco a Marshal. Luego de que Drayden buscara por todas las montañas a Marshal le contó lo que había sucedido con la asociación y ambos emprendieron la búsqueda de Alder y el resto de los miembros.

―Están planeando tomar cartas en el asunto, una de ellas es removerte del cargo si no te presentas en tu puesto en las próximas 76 horas.

―Y qué les dijiste.

―¡Alder! ―Drayden por fin ha perdido la paciencia― Esto no es un juego, la gente está hablando. Desde ese día la Asociación se ha vuelto la burla internacional. La gente se siente insegura y han sacado a flote temas que habían quedado sepultados desde hace años. El de Kanto, cuando toda la Liga y sus líderes fueron cómplices de una organización criminal; Dos años después esas mismas personas llegaron a ser parte de la Liga de Johto. Con este nuevo incidente que atrae los ojos en Unova temen que más adelante las otras regiones se vean involucradas en lo mismo. ¿Te imaginas cómo quedaría la Asociación si algún otro miembro del Alto Mando se viera involucrado con una asociación criminal?

Drayden se sienta y se talla los ojos, nunca antes se había exaltado tanto como ahora.

―Es solo una amenaza, no me pueden retirar del cargo solo porque sí, eso implicaría que aceptan mi derrota ante ese Rey.

Drayden exhala con pesadez.
―Te conseguiré algo de tiempo para que lo pienses, pero no podré hacer más. Si no regresas en el tiempo establecido el siguiente movimiento de la Asociación es traer a un Campeón y cuatro Altos Mandos, escogidos de entre todas las regiones para hacerlos entrar en razón.

Alder enarca una ceja.
―¿Me estás diciendo que pretenden entrenarnos?

―Así es, quieren enseñarles a punta de batallas lo que significa ser parte de una Liga. Créeme que el resto de los Campeones y Altos Mandos no estuvieron de acuerdo con esa idea ya que lo consideraban absurda, pero eran órdenes de los organizadores… ―Hace una pausa― Y déjame decirte que no esperaron mucho…, uno de ellos ya llegó aquí y se encontró con Caitlin, si el resultado es favorable no van a dudar en mandar al resto.

Y Alder no dice nada, la Asociación Pokémon se ha puesto seria pero a él no le importa.

Continuará…

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Perdón por la demora, se supone que para compensar el haberme tardado iba a subir cuatro capítulos pero como los sigo revisando no están a tiempo, por eso mismo no hay título del siguiente capítulo, pero espero que en esta semana suba los tres que faltan. Saludos :)