Wow, antes que nada déjenme decirles que este capítulo es el más largo que he escrito, sí sé que hago capítulos de 20 hojas de word pero son de 8,000 palabras, ¡éste es de 10,000!... y qué les puedo decir, sólo disfrútenlo. ^.^

Nota de los signos:
* *= sonidos de ambiente.
« » = pensamientos.
' ' = citando una tercera persona.
[ ] = comunicación a través de aparatos.
[1] = Citas de autores, o frases de libros. (En este caso son Sutras de Sidharta Gautama Buda)

Disclaimer: El universo aquí mencionado es propiedad intelectual de sus autores.

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Capítulo 18
Heartbeat

Invierno

«…Es como un largo y oscuro túnel… Donde el silencio te ensordece y estremece, donde la oscuridad te abrasa desde atrás y te arrastra a las profundidades, donde aquel grito ahogado acalla toda esperanza albergada y donde tu propia existencia se vuelve insignificante…»

―¡Despierta! ―se oye el grito desesperado de aquella persona que le practica RCP…

44 Horas antes…

El número de tazas sobre la mesita de centro, de madera podrida a punto de caerse por su propio peso, aumentó su número de dos a tres, pero el silencio que envolvía la sala de la cabaña seguía siendo casi el mismo a pesar en el aumento de número de habitantes. Desde sus pokéballs, los pokémon de los tres entrenadores se miran entre ellos como cómplices de un plan que sólo ellos comprenden y pueden llevar a cabo… Uno de los entrenadores da una suave exhalación que se extiende por toda la cabaña y hace vibrar el vidrio frente a él como así hace estremecer las expectativas de los pokémon creyendo que el silencio por fin sería quebrantado…

Una mirada perdida está viendo la taza con chocolate, ahora frío, sobre la mesita podrida. Una mirada perdida ve de manera fija la nieve desde un espacio limpio de la empañada ventana. Una mirada perdida en el fuego de la chimenea recoge sus pies para acomodarse en el sofá. Hay tantas historias que contar que no sabe por dónde empezar. Es fácil decir desde el inicio, ¿pero exactamente cuál es el inicio en toda esta historia?

Partamos desde este silencio incomodo con aura deprimente, el cual inició hace dos días. Una joven rubia tocó a la puerta de la cabaña en la montaña. Lo que en un principio podría definirse como un ambiente estable, formado entre los dos entrenadores varones y sus pokémon, decayó en unos cuantos segundos luego de la llegada de la joven entrenadora. Fue tan evidente el cambio al momento en que cruzó la puerta…

Alder sigue contemplando esa taza con chocolate, ahora frío, y ve cómo disminuye su contenido al ser absorbido por el malvavisco sabor fresa que adorna tan suculenta bebida, por desgracia el malvavisco poco a poco comienza a despedazarse fusionando su dulce existencia con el ya de por sí dulce chocolate. La persona que debía beberlo está acurrucada con las piernas recogidas sobre el sofá frente a la chimenea contemplando el crispar del fuego. Alder la mira de manera disimulada y abre la boca provocando que los pokémon detengan de nueva cuenta su plan y queden a la expectativa de lo que dirá, pero una exhalación sale de su boca que se desvanece al igual que las expectativas de los pokémon. Alder gira la cabeza y posa su mirada en aquellas cajas que trajo consigo la joven rubia. Son números presentes los que les ha traído que van desde un par de pantalones, botas para la nieve, un suéter con un Sawsbuck en su forma de invierno y otro liso en color rojo, goggles para ski y hasta presentes para los pokémon… Pero lo que más llama la atención de Alder es esa carta que trajo consigo la joven entrenadora y la estrujaba con una fuerza como si intentara hacerla desaparecer con simple fuerza bruta… ¿Cuál es su contenido para estrujarlo de esa forma y mancharla con su propia sangre?... De papel membretado en color amarillo con un sello de cera como el de aquellas cartas antiguas pero a diferencia de ellas ésta cargaba un código postal que hacía referencia a zonas industriales…

Caitlin sigue con la mirada en el crispar del fogón del hogar, una mirada vacía y ausente, un cuerpo que permanece ahí pero sin la mente… Hay duda, hay molestia, hay nerviosismo, hay desesperación, hay de todo porque sus emociones se vierten dentro de ella con el mismo peso que cae el agua de una cascada, profundizando y hundiéndola… Da una honda inspiración, y de nueva cuenta, esa mala maña regresa, la sangre resbala por el dorso de su mano manchando los dos dientes de enfrente y goteando sobre su camisón. La mordida es superficial sin embargo la piel del dedo ya empieza a resentir sus constantes mordida de esa mala maña…

Alder la ve por un momento y cierra los ojos, respira hondo por la nariz llamando la atención de los pokémon que prefieren que alguno de los entrenadores rompa ese silencio incomodo que llevar a cabo su plan…

Así como el arquero endereza la flecha; así el maestro dirige sus pensamientos. [1]

Y las palabras se extienden por cada rincón de la cabaña. Los pokémon se encuentran aliviados al escuchar el silencio quebrarse. Y el propio Shroomish, que aún no posee pokéball, se regocija en su propia alegría al ver que el mayor de los entrenadores ha captado la atención de su salvador. Alegría, es la palabra que irradia de los rostros de los pokémon, tal parece que su plan no será necesario, y es un alivio para ellos.

Los dos entrenadores enfocan la mirada perdida en lo que se supone que desde un principio deberían de estar viendo. En cierta forma comprenden las palabras de Alder, los está retando en lugar de confortarlos.

Alder levanta la taza con chocolate que Caitlin ha rechazado, da un sorbo y baja la taza, un pequeño bigote de espuma aparece y Alder pasea su lengua por la parte superior del labio para quitarse ese bigote.

―Aún estando frío sigue siendo delicioso.

Marshal da un bufido y levanta la vista, ve por el reflejo de la ventana a la joven rubia sentada en el sofá frente a la chimenea, de nueva cuenta esa mala maña le ha dejado una herida, igual a la que tenía cuando llamó a la puerta hace dos días. Aprieta sus labios, detesta esa mala maña que ha adquirido porque, ¿cuántas veces la ha visto infligirse heridas por no saber cómo sobrellevar sus emociones? Da un suspiro bajo, sabe que la cara de póker que siempre carga es en realidad una bomba de tiempo, y cuando explota es la propia Caitlin la que más se asusta de sí misma.

Una nueva ventisca azota a las afueras de la cabaña acompañada de un gélido canto. Los pokémon se tensan desde sus pokéballs. El pequeño Shroomish fija su mirada en la ventana desde el centro de la sala. En su posición no puede ver nada pero eso no es un impedimento para que fije su mirada en la ventana y su semblante cambie.

―¡Marshal! ―Se levanta Alder del suelo volteando la mesita de centro― ¡Aléjate de la -…!

Demasiado tarde, la frase no se completó y antes de poder reaccionar un trozo de vidrio hace una herida, bastante significativa, en el antebrazo izquierdo de Marshal.

Sucedió en tan sólo unos milisegundos pero fue percibido como en cámara lenta para los tres entrenadores como para los pokémon…

Cientos de cristales destellantes entran por la destrozada ventana, bajo el destello que emiten es imposible saber cuáles son fragmentos de nieve y cuáles son los fragmentos de vidrio. Marshal no puede maniobrar bien para evitar que todos estos cristales destellantes le caigan encima… Alder sabe que se encuentra muy lejos y ni hablar de su equipo pokémon… En cuanto a Caitlin, sólo es cuestión de concentrarse y arrojar a Marshal a un costado, si todo sale bien no le hará daño…

*Pum*…

Toda la nieve está esparcida por la sala, sobre el tapete y la mesita de centro, cubriendo hasta las rodillas de Alder, llegando cerca del fogón donde se calentaba Caitlin; esta intrusa blanca se ha apoderado de la cabaña. Los tres entrenadores como los pokémon siguen estupefactos, pero no ante el hecho de que la nieve los ha invadido, sino al hecho de que Marshal fue arrojado a un costado y no fue precisamente por Caitlin. Una pequeña embestida fue suficiente para que el más inexperto en batalla de los presentes pokémon realizara su ataque contra el que se cree que es ahora su entrenador. El pequeño Shroomish clava su ojos negros sobre los marrones ojos de su salvador aún estando sobre él, en ellos se ve la preocupación, la duda y el miedo. Marshal levanta su brazo derecho y le da palmaditas en la cabeza al pequeño pokémon para tratar de tranquilizarlo mientras oculta con dificulta su brazo izquierdo de donde resbala la sangre.

Alder y Caitlin van hacia Marshal, al ver la sangre Alder busca un trapo limpio para hacer un torniquete y detener la hemorragia.

―Tenemos que bajar al centro pokémon y pedirle a la enfermera que te ponga puntos. ―habló Alder agarrando un poco de nieve y envolviéndola en el trapo para hacer el torniquete.

Mientras Alder y Marshal se encaminan hacia la puerta, Caitlin se dirige hacia uno de los libreros donde reposan las pokéballs de los tres entrenadores, le fue difícil alcanzar el librero debido a la nieve que entró por la ahora destrozada ventana.

«¿De dónde vino toda esta nieve?...» Pensó la joven dama guardando las pokéball en su bolso.

La joven entrenadora se giró con dificultad y vio que tanto Alder como Marshal seguían parados en el marco de la puerta, la joven se encaminó hacia ellos, se paró detrás y observó por el hueco que se formaba entre los dos entrenadores que era lo que los retenía…, ella al igual que ellos queda asombrada.

Ya de por sí la montaña nevada es un bello espectáculo de la naturaleza el cual admirar, pero el hecho de ver una montaña cristalizada te deja sin habla. Los pinos escarchados han sido sustituidos por unos de cristal, que si los tocaras podrían desmoronarse en tu mano como azúcar, la nieve misma es un camino congelado que invita a patinar en lugar de caminar, y el aire es tan nítido y puro que ha alejando por completo la neblina.

A Caitlin le es algo bello de admirar, sin embargo a Alder le produce el sentimiento contrario, pero ahora no tiene tiempo para averiguar lo que sucede detrás de este peculiar fenómeno por lo que agita la cabeza alejando todas las preguntas, lo importante en este momento es centrarse en Marshal y es su herida que al parecer el torniquete improvisado no puede contener el sangrado.

―Andando. ―llama Alder la atención de los dos entrenadores.

Caminar por este nuevo paisaje de cristal deja mucho qué desear, al momento de poner un pie fuera de la cabaña pasó de ensoñador a ser el mismo infierno para la joven entrenadora. Ella se ha considerado una hábil patinadora pero al no tener los zapatos adecuados terminó cayendo de sentón en varias ocasiones. En cuanto a Marshal y Alder prefirieron tomar las debidas precauciones y caminar a paso lento pero seguro, aunque no faltó una que otra patinada pero se compensaba con el peso del otro al ir en pareja. Así fue para ellos el largo trayecto hasta el centro pokémon.

Alder jamás pensó en volver a poner un pie en el centro pokémon en poco tiempo, siempre era cada año; cada año dejar las flores y encender la vela, cada año dar su plegaria y permanecer un tiempo meditando, pero ahora… *Suspiro* Caminó con la cabeza en alto porque el herido era su alumno, ese niño que crió como a su propio hijo desde los cuatro años. Llegó a la recepción esperando a que la enfermera le hiciera el favor de atender a Marshal ya que no había una clínica para humanos cerca de allí. En el lapso de espera pudo notar que el florero ya no estaba y tampoco la vela, obvio, no iban a durar todo un año. La enfermera salió a recibirlos y no necesitó la explicación de Alder sólo le bastó con ver a Marshal y pasarlo a la sala de curación para atenderlo. Catorce puntos fueron necesarios para cerrar la herida de Marshal, la enfermera informó que por fortuna esta herida estaba a un par de centímetros lejos de la arteria principal del brazo, por eso el exceso de sangre. Le entregó a Marshal unos cuantos analgésicos y antibióticos hasta que fuera a ver a su médico personal.

―¿Y cómo sucedió? ―preguntó la enfermera entregándole a Marshal un poco de agua para tomar el medicamento.

―Una ventisca destruyó la ventana. ―respondió Alder.

La enfermera se le quedó viendo a Alder.
―Ya veo ―balbuceó―, así que también llegó hasta allá.

Alder enarca una ceca y se acerca a la enfermera.
―¿Sabes algo de esto?

La enfermera asiente.
―Es Froslass.

Marshal parece sorprendido y se gira a ver a la enfermera, Alder no parece tan sorprendido, y Caitlin no tiene ni la menor idea de lo que hablan.

―Sucedió hace cuatro días. ―continúa la enfermera― Por la madrugada un antiguo compañero mío de la escuela de enfermería llegó tocando a la puertas del centro pokémon, venia con el cuerpo escarchado y temblando del frío. Dijo que quería redimirse. En un principio no entendí a lo que se refería y lo deje quedarse, pero al amanecer pude comprender sus palabras. Se acercó a Froslass y ella lo agredió con un ataque psíquico, al principio los ataques sólo involucraban a ellos dos pero ahora han ido en aumento involucrando a toda la montaña. ―la enfermera jugueteó con sus manos.

Caitlin se cruzó de brazos recordando sus clases pokémon.
―Aún si esa Froslass fue abandonada por su entrenador en esta lejana región no debería de ser problema para ella el socializar con los demás pokémon y con la gente, no importa si es un tipo fantasma.

La enfermera le vio por un momento y siguió jugueteando con sus manos ante el nerviosismo.
―Bueno…, la verdad es que hace poco me entere de que él formó parte del Team Plasma… ―duda un poco al ver la mirada de los dos miembros del alto mando y el campeón― y también estuvo involucrado en el incidente con el grupo de Froslass. ―esto último lo dijo de manera rápida.

Los tres entrenadores pasean la mirada por el lugar con una postura defensiva.

La enfermera sabe que tiene que calmar un poco los ánimos.
―Le he pedido en varias ocasiones que se detenga pero él insiste en querer disculparse con ella y que la ayudará a regresar a su hogar donde están los suyos. ―la enfermera saca de entre su bolsillo un pequeño mapa de cierta región y se lo extiende a Alder― Ya tiene ubicado al grupo de Froslass y ha trazado la trayectoria que siguen. ―La mirada de la enfermera y la de Alder se encuentran― Me gustaría poder ayudarlo, pero él…

Una ventisca fuerza las puertas automáticas del centro pokémon a abrirse, el viento gélido sopla dentro de la estancia dejando a su paso una capa de escarcha por sobre los muebles y el suelo de la recepción. Y así como entró de manera abrupta también se retira esta ventisca.

―Ay, esta vez fue la rodilla. ―se queja una voz masculina en medio de la sala de recepción.

Ahí en el centro de la estancia yace sentado en la alfombra un hombre cubierto por la nieve, lo único que resalta de él son sus lentes para ski. La enfermera suelta el mapa y va al encuentro del hombre. Con dificultad le ayuda a levantarse y quitarse la nieve, caminando a paso lento y utilizando a la enfermera como apoyo se acercan a una banca.

Alder y Marshal se encaminan hacia la puerta, Caitlin se agacha para recoger el mapa que ha dejado caer la enfermera, lo inspecciona por un momento y lo deja sobre el escritorio de la recepción.

Los tres entrenadores abandonan el centro pokémon en silencio. Los empleados de la tienda se quedan viendo hacia la puerta…

Diez minutos han pasado desde que terminó de colocarle el vendaje a su compañero. Afuera la ventisca ha amainado pero la inquietud que siente no. Observa fijamente hacia la blancura de la nieve esperando el retorno de su compañero y que en esta ocasión no regrese herido, lo cual sabe que será imposible…

―¡Déjame ir! ¡Déjame ir! ―El hombre forcejea en el agarre de Marshal quien lo lleva a rastras.

En el momento en que abandonaron el centro pokémon los tres entrenadores esperaron ocultos detrás de un grupo de pinos, cuando vieron al hombre salir lo interceptaron siendo Marshal el primero en sujetarlo por el cuello de la chamarra y llevándolo a rastras contra su voluntad. Y así continuaron el trayecto hasta la cabaña en medio de quejas por parte del hombre.

―¡Exijo una explicación! ―gruñó el hombre cuando Marshal lo soltó justo en el pórtico de la cabaña.

―Nosotros seremos los que exijamos alguna explicación. ―dijo Alder acercando su rostro serio al del hombre, haciendo que este palidezca en cuanto lo reconoce.

El individuo recorre con la mirada a los otros dos acompañantes, claro que no los pudo reconocer al principio porque lo llevaban a rastras, pero si ese no hubiera sido el caso de seguro hubiera corrido en la dirección contraria, o de primera hubiera cerrado su boca en lugar de soltar todas las maldiciones que se le cruzaron por la cabeza. Pero ya era demasiado tarde.

―Perdón. ―dijo con sumisión― Mis actos pasados no tienen justificación así que entenderé y aceptaré cualquier castigo que me impongan.

Los tres entrenadores intercambian miradas y enseguida las regresan hacia el hombre.

―Guárdate tus disculpas. ―le responde Alder― Yo sólo quiero hacerte un par de preguntas en cuanto a Froslass.

Marshal y Caitlin se acercan más. La verdad es que ninguno de los entrenadores se tragaba el cuento de que él quisiera hacer un acto de buena fe con el pokémon. Las acciones del Team Plasma en las fechas pasadas dejaban mucho que desear.

―Yo no me creo ese cuentito de que tú llevaras a Froslass con sus amigos siendo tú el causante de su dolor. ―dijo Marshal con tono ácido y golpeando con su dedo índice derecho el pecho del hombre.

Shroomish, quién todo este tiempo estuvo escondido debajo del poncho de Alder, se asomó por el cuello de la prenda y vio fijamente al individuo de lentes, en un arrebato saltó y se colocó encima de la cabeza de éste mirando con reproche a los dos entrenadores.

―Shroomish quítate de ahí. ―Marshal trató de agarrarlo pero éste le lanzó un ataque de esporas.

―Bueno, quién lo diría, que Shroomish nos traicionaría. ―dijo Alder entre risas justo antes de estornudar.

El estornudo retumbó por toda la cabaña haciendo que se cimbrara, pero no fue el único que estornudó, también se le unió Marshal y Caitlin, pero ella a diferencia de los hombres disimulaba sus estornudos.

―Yo soy alérgica a los tipo planta. ―dijo Caitlin agarrando otro pañuelo desechable― En mí es comprensible esta reacción pero ustedes ya deberían de estar mejor luego de que Emmett les diera la medicina.

Los dos varones, con los ojos rojos y cristalinos, la nariz roja y congestionada, giraron su cabeza, que se encontraba en dirección hacia Caitlin, hacia el individuo que los cuidaba, el enfermero Emmett. Éste les regala una sonrisa simpática sin conseguir que Marshal acepte su buena voluntad, Alder desvía la mirada. El enfermero suspira de resignación, claro, este hecho no va a hacer que su pecado pasado sea perdonado… y sabe que será lo mismo con Froslass.

Emmett, quien se había presentado luego del incidente de Shroomish, recoge la bandeja que contiene agua caliente y la lleva hacia la mesita de centro para tratar de lavar algunas compresas y colocarlas sobre el antebrazo recién suturado de Marshal e impedir que se infecte.

―Supongo que aquí es donde debo de decir que me rindo.

Los dos entrenadores lo ignoran, la atención de Alder es captada.

―Me rindo. ―sigue hablando el enfermero con la vista sobre la compresa que lava― Seguiré adelante con mi vida y buscaré un trabajo.

―¿Y eso es todo? ―Habla por fin Alder― ¿Así nada más?

Y el enfermero levanta la vista, se le queda viendo al igual que los otros dos entrenadores.

―Pero qué puedo hacer, yo obré mal, me uní a ese grupo creyendo en una liberación pokémon cuando resultó ser una dominación. Y ahora que nos dividimos los que tratamos de hacer el bien vagamos sin rumbo fijo esperando expirar nuestro error. Somos repudiados por la gente, incluso los entrenadores a los que les arrebatamos los pokémon cuando se los regresamos nos arrojan piedras o llaman a la policía. ―y su mirada se endurece en Alder― Y ustedes, la E4, son igual a ellos, me miran con repudio.

Caitlin y Marshal tuercen la boca. Alder se ríe llamando la atención de todos los presentes e incluso de los pokémon que observan todo desde sus pokéball.

―Bueno, la verdad es que sí conozco las intenciones de Marshal para haberte traído contra tu voluntad, y me declaro culpable por no haber intervenido, pero si lo hacía no estaría hablando contigo. ―Y Alder se levanta del sofá haciendo a un lado la manta verde que le cubría― Siempre les he dado consejos a mis alumnos y a los jóvenes entrenadores y lo seguiré haciendo. ―mira fijamente a los ojos a Emmett― Una mente más allá de los juicios observa y comprende. [1]

Hay silencio en la sala. Emmett se le queda viendo con la boca levemente abierta dejando de lavar las compresas.

Alder vuelve a hablar.
―No voy a negar que te juzgue por lo que nos comentó la enfermera, pero mi opinión cambió cuando apareciste en la estancia del centro pokémon con una rodilla hinchada. Si Froslass fue tan considerada en llevarte hasta ahí con su ventisca quiere decir que de alguna forma has conseguido que ella te acepte. Los pokémon tiene una forma muy peculiar de ponernos a prueba, así que si ya llegaste hasta ahí, ¿por qué rendirte ahora?... Ella no te juzga por lo que fuiste, ella sólo observa y espera lo que harás…―coloca su mano derecha sobre el hombro izquierdo de él― Libérate de todos los pensamientos negativos, delinea tus ambiciones de lo que fuiste y de lo que serás, vive lo que eres, domínate y forja el ahora… ―y al acabar de hablar pasea su mirada sobre la joven entrenadora y Marshal.

Ese es el significado del primer consejo.

Vivir el presente, hacer a un lado todos esos pensamientos que nos nublan, dejar el pasado donde corresponde, soñar con el futuro pero sin perder el camino de lo que es el hoy, delinear la vida… el ahora. Era como quitarse el mundo de los hombros… O al menos para dos de los tres oyentes… Pero claro, esto no se consigue de la noche a la mañana…

Al día siguiente, justo al medio día, tres personas regresaban a la cabaña con la ropa empapada. Las opciones se les acababan luego de que el día de ayer lo intentaron, siendo Marshal el primer en tener contacto debido a que ella portaba con alegría su bufanda, esto no sirvió de nada ya que Froslass lo mando a volar con su ventisca junto con Emmett y Caitlin… y también la bufanda…

En la tarde de ese día, una brillante idea, por parte de Caitlin, pondría fin a esta trayectoria llamada Froslass. Buscando entre los paquetes que trajo consigo la joven entrenadora da con lo que buscaba sin percatarse de que cierto objetó resbala de la bolsa…

―¿Y si no resulta? ―dijo Emmett con desconfianza.

―Resultara. ―dijo Caitlin con bastante suficiencia― ¿Con quién crees que hablas?

Emmett voltea a ver a Marshal, este último se encoje de hombros. Tras los preparativos los tres individuos abandonan la cabaña seguidos de Shroomish.

―Nunca debes de vanagloriarte. ―dijo Alder en medio de esa cabaña vacía.

Ahí estaba Froslass, en su lugar predilecto, justo en el acantilado. Se trataba del mejor lugar para ver toda la montaña nevada y hacer que su canto gélido se extendiera. Los tres individuos le observan en silencio desde atrás de un grupo de pinos, esperando a que ella haga el primer movimiento. Froslass se ha percatado de la presencia de esos tres por lo que no piensa desilusionarlos, se gira con cuidado hacia donde están ellos y guarda su gélido canto para el momento indicado.

―Bueno, ve. ―le dice Emmett a Caitlin.

―¿Qué?

―Fue tu idea.

Emmett tiene razón, fue su idea y como tal debe de ser la primera en hacer el contacto.

Da un paso pequeño en esta blanca nieve donde sus botas beige se hunden, siente un escalofrío recorrerle por la espada pese a que su abrigo de fibra térmica le está calentando. Por el otro lado Froslass la observa detenidamente, sus ojos celestes se encuentran con los turquesa de ella, ambas se miran por una largo rato en silencio.

―¿Por qué no se mueven? ―dice Emmett.

Marshal no responde y observa en silencio a Caitlin y Froslass, él también tiene curiosidad por saber por qué el pokémon no ha hecho algún movimiento.

Caitlin sigue viendo a Froslass a los ojos… Siente una punzada en la cabeza y lleva su mano derecha hacia su frente… ¿A caso fue su imaginación o sintió que Froslass trataba de indagar dentro de su mente?

«¿Por qué no te apuras Caitlin?» ¿Susurra la voz de Emmett?

La joven entrenadora se gira para ver a Emmett. Los dos varones se le quedan viendo.

―¿Por qué nos mira de esa forma? ¿Acaso vio a un muerto levantarse de la tumba? ―dice Emmett.

Marshal sigue viendo. No, esa mirada en Caitlin sólo la ha visto en contadas ocasiones y es cuando la joven ha llegado al límite.

―¿Por qué ahora? ―susurra Marshal acercándose a Caitlin.

―¡Espera, aún no! ¡Echaras a perder el plan! ―grita Emmett siguiéndolo.

Al diablo con el plan, lo importante ahora es tranquilizar a Caitlin, si ella desata sus poderes puede que Froslass lo tome como una agresión y esto se convertirá en un doble problema.

Ensimismada en su mundo Caitlin reacciona ante los gritos de Emmett y se gira a ver a Froslass, el pokémon ya le ha dado la espalda y ha avanzado un buen trecho ignorando a los tres sujetos.

―Espera Froslass. ―dice Caitlin haciendo que Marshal se detenga― Tengo algo para ti…

Un extraño sonidos en seco de *trax~trax~trax* se extiende por la cima del acantilado haciendo que Froslass se gire a verla quedando en la expectativa.

―Toma… ―Caitlin extiende su mano izquierda.

La joven ha sacado una pequeña bolsa de celofán que cuelga de su mano derecha, con la mano izquierda extendida le ofrece a Froslass una de las golosinas que ha sacado de la bolsa. Se trata de dulces para pokémon.

Froslass siente el delicioso aroma que pasa por sus fosas nasales y se instala en sus pulmones, su estomago da un leve gruñido, no puede evitar saboreárselo y lamer sus labios. Caitlin sabe que este dulce se le antoja al pokémon y se alegra. Con mucha cautela Froslass se acerca a Caitlin y de forma rápida agarra ese esponjoso caramelo en forma de bola… Es como una fiesta que chisporrotea dentro de su boca, todos sus sentidos han quedado fascinados y no puede evitar dar un giro en el aire y balancearse como si bailara…

Emmett y Marshal presienten que el plan de Caitlin ha sido perfecto, nada lo puede estropear…

Caitlin está satisfecha consigo misma, pues su idea fue la mejor de todas. Al tener toda la atención de Froslass Caitlin decide darle otra golosina…, pero un par de ojitos negros y ensoñadores miran a Caitlin…

―¿Shroomish? ―dice ella sorprendida y extrañada― ¿qué haces aquí? Se supone que deberías de estar en la cabaña. ―y Caitlin no puede evitar estornudar debido a las esporas del pokémon.

Este pequeño pokémon hongo, con un hilito de baba resbalando por su pequeña boca, sus ojitos negros temblorosos, y los gruñidos que suelta su estomago, pide de manera piadosa con todo su ser a que Caitlin le dé una golosina… Caitlin se ha rendido ante el pokémon y le ofrece una bola esponjosa de color verde, un dulce hecho a base de melón. El pokémon hongo no sólo lo deleita con su boca sino que con todo su cuerpo, pues su rostro irradia de la felicidad al igual que sus diminutos pies al brincar.

Froslass se queda viendo a Shroomish y se apega más a Caitlin, ella también quiere otro dulce, Caitlin se gira a verla y le ofrece otra bola esponjosa ahora de sabor fresa. El pokémon hielo vuelve a girar de alegría. Shroomish observa a Froslass y también se apega más a Caitlin esperando otro dulce, Caitlin le ofrece otra bola esponjosa de color naranja… Froslass se gira a ver a Shroomish, éste le regresa la mirada… Hay tención…

Caitlin no sabe qué hacer ante los celos de los pokémon...

En la cabaña…

Alder mira detenidamente por la ventana recién parchada, da una amplia sonrisa y menea la cabeza…
― 5, 4, 3, 2, 1… ―dice en voz alta al mismo tiempo que cuenta con los dedos.

Y el sonido de la puerta de la cabaña abriéndose de golpe no le sorprende. Gira su cabeza para sermonear a los tres recién llegados que de seguro vienen con la ropa escarchada, sin embargo sus palabras no salen y su expresión ha cambiado por completo. Está sorprendido…

En la fría montaña nevada…

Una ventisca personal persigue a los tres jóvenes. Froslass esta desquitando toda su furia en ellos dejando a la montaña intacta.

―Sabía que no funcionaria. ―gruñe Emmett.

―El plan era perfecto, sólo que Shroomish… ―Caitlin se queda callada, sabe que no fue culpa del pequeño pokémon... todo fue culpa de ella por no imaginar el desenlace.

El pokémon hongo ha quedado fuera de combate. Luego de lanzarle sus esporas a Froslass al disputarse la última golosina, ella le escupió en la cara, pero en realidad fue un pequeño ataque de hielo, esto hizo que Shroomish sintiera frío y por ende perdió el conocimiento. Marshal corrió a socorrer al pokémon y lo colocó en su ya habitual lugar especial dentro de la chamarra. Cuando Shroomish se encontraba a salvo Froslass desató su ventisca sobre los tres individuos… Y aquí estaban ellos, corriendo para salvar sus vidas.

―No importa qué sucedió. ―dice Marshal― Por ahora tenemos que llegar a la cabaña antes de que nos…

Y por si Marshal se refería a otro ataque agresivo pues tuvo toda la razón. Antes de que él maestro tipo lucha terminara la frase Froslass decidió acabar con esta carrera. Juntando todo su poder dio un estridente grito que retumbó por toda la montaña…

En la cabaña…

Alder seguía mudo de la estupefacción y parpadeo en repetidas ocasiones creyendo que lo que veía era producto de su imaginación.

―No sabía que mi sola presencia dejara muda a la gente. ―dijo él llevando su mano a la boca de manera altiva.

Alder le iba a contestar cuando algo detrás de los dos recién llegados llamó su atención. Su pupila se ensanchó al fijar la mirada en eso, de inmediato se levantó y corrió a hacia la puerta apartando a los entrenadores.

―No puede ser… ―dice Alder con un hilo de voz.

―Eso es… un alud… ―dice ella llevándose la manos a la boca del susto.

―¡Volcarona! ―Alder lanza la pokéball.

El mencionado pokémon se materializa en un destello de luz que sale disparado hacia el cielo envolviéndolo en un mar de llamas, era la primera vez que se vio salir el sol desde el norte.

―Vaya, ya llegó la primavera…, antes de tiempo. ―dijo él con su habitual tono sarcástico.

Alder le ignoró, pues se encontraba preocupado por aquellos tres que fueron en busca de Froslass.

En la montaña… ya no tan nevada…

Aquel alud que amenazaba con sepultarlos se derritió, y lo que podría haber sido una gigantesca ola que los ahogaría se evaporó debido al extremo calor que azotó a la montaña. Fue en tan sólo un par de minutos que los tres individuos vieron el sol salir por el norte y desaparecer. En ese mismo lapso Froslass se debilitó y desapareció al igual que el resto de los pokémon de hielo.

Con la palabra de la derrota gravada en sus pensamientos los tres individuos emprendieron el retorno hacia la cabaña.

―¿Por qué Froslass se volvió tan agresiva por unos dulces? ―Se cuestionó Marshal. Para él era ilógico que atacara así a Shroomish cuando ya antes los dos pokémon tuvieron un buen acercamiento.

―Es verdad, ni siquiera a mí me había lanzado otro ataque que no fuera su ventisca. ―dijo Emmett.

Caitlin caminaba con la vista en el suelo sin prestarle atención a los otros dos…
«En definitiva, ella logró leer parte de mis pensamientos… ¿pero por qué lo hizo?»

Estas y muchas otras preguntas surgieron en los tres personajes, posiblemente algunas tendrían respuestas en el trascurso del día, y las otras jamás.

―¡Sorpresa! ―grita una enérgica entrenadora de tipo fantasma recibiendo a los recién llegados con unas tazas con chocolate caliente recién preparado.

―Shauntal ―susurra Caitlin procesando este encuentro.

Marshal queda igual de mudo que cuando Alder los vio, en cuanto al enfermero, por un simple reflejo se escondió detrás del entrenador tipo lucha.

Ahora sí, todo el alto mando estaba reunido en la cabaña.

―Ya sabía que mi sola presencia creaba este tipo de reacción. ―dijo Grimsley acercándose a Marshal y palmeando uno de los anchos hombros del musculoso entrenador, al mismo tiempo se percató de ese sujeto tembloroso que se escondía detrás de Marshal― ¿Y tú quién eres?

―Emmett, el enfermero. ―contestó Alder― Uno nunca sabe cuándo va a necesitar un enfermero en esta montaña nevada.

Grimsley enarcó una ceja y vio de reojo a Alder.
―Y dime Emmett, ¿cuál de estos hombres que poseen las defensas igual de fuertes que sus músculos se ha enfermado?

El enfermero desvía la mirada hacia Alder en suplica.

―Ya basta Grimsley, te dije que era por precaución.

El mencionada rueda los ojos
―Claro, lo que tú digas.

―Beban algo caliente, deben de estar temblando del frío por tanta nieve. ―Shauntal trata de mejorar el ambiente ofreciendo las tazas.

―Regresa dos horas atrás y ofréceles el chocolate. Porque ahora no tienen sentido.―dice Grimsley de manera divertida y señala el exterior.

―La montaña pronto volverá a estar cubierta de nieve, aquí habitan muchos pokémon de hielo. ―dice Alder.

Y justo como lo dijo Alder, en esa misma noche una fuerte nevada azotó la montaña. Un espectáculo digno de admirar, tanto pokémon hielo como el clima cooperaron por esta ocasión, el gélido viento que susurraba en diferentes tonadas como una canción en do, re, mi, fa, sol, la, si, venía desde el oeste. Tanto los entrenadores como los pokémon en la cabaña escucharon detenidamente la canción hasta que la tonada cambió… El tétrico canto, proveniente del este, acalló al resto de los pokémon ensombreciendo la ventisca. La blanca nieve se tornó negra por culpa de ese viento aciago. Los pokémon de Grimsley y Shauntal se estremecieron de emoción, a los de Caitlin les dio escalofríos, a los de Alder y Marshal les fue indiferente.

―Ese es el llanto de un pokémon fantasma. ―dijo Shauntal― Es una tonada desgarradora, como si el pokémon ya no tuviera un motivo para seguir viviendo.

―Ciertamente. ―dijo Grimsley llevándose una mano al mentón― Pero hay algo diferente. Los pokémon oscuros son así debido a su rencor por las experiencias pasadas, sin embargo, este pokémon tiene un rencor ajeno.

―¿Cómo es eso posible? ―Shauntal interroga con la mirada a Grimsley.

―Se supone que tú eres la experta en el tipo fantasma. ―le responde él― Pero me gustaría saber la opinión de otros… por ejemplo…―pasea su mirada entre los presentes y la detiene específicamente en uno― ¿Cuál crees que sea la razón, campeón?

El mencionado le devuelve la mirada
―Imagino que tú ya sabes la respuesta sin que yo te la diga.

Grimsley da un bufido.
―Aburrido.

Emmett se siente incomodo.

Con más habitantes en la cabaña Alder se las tuvo que ingeniar para poder acomodar a todos, cómo sólo había dos habitaciones dejó que las usaran las únicas mujeres del grupo, los varones se acomodaron en la sala durmiendo en donde pudieron.

A la mañana siguiente la montaña lucía con su grácil vestimenta blanca como si el día de ayer no se hubiera derretido la nieve. Los pokémon salvajes salían en grupos para recorrer la montaña cantando y brincando.

En más de una ocasión se escuchó el grito de Shauntal sobre querer ir a dar un paseo por la nieve, y en más de una ocasión Grimsley se negó. Este acercamiento por parte de los dos entrenadores oscuros no pasó desapercibido por Alder que miró de reojo a Marshal, pero él tenía la atención en otro lado.

Cierto objeto que había resbalado de la bolsa de la joven entrenadora tipo psíquico fue a dar debajo de uno de los sillones, para ser exactos en donde Marshal decidió dormir, cuando el entrenador tipo lucha recogía sus cobertores se percató del sobre membretado que sobresalía debajo del sillón. Su instinto protector salió a relucir cuando decidió leer la carta en lugar de tomarlo como una simple curiosidad… Conforme iba avanzando no sabía cómo reaccionar pero comprendió el estado de ánimo de Caitlin cuando llegó aquel día…

Habiendo escuchado demasiadas negativas por parte de Grimsley la entrenadora fantasma decidió buscar a alguien más para dar un paseo, sus marrones ojos se fijan en su amiga de cabellera dorada que al parecer se prepara para regresar a la cama.

―¡Caitlin! ―grita Shauntal haciendo sobresaltar a más de uno.

La mencionada se gira para quedársele viendo.

―Vayamos a dar una vuelta. ―la agarra de la muñeca y se encamina con ella hacia la puerta.

Caitlin no puede articular palabra alguna para negarse, Alder lo nota y se prepara para decir algo…

―¡Caitlin! ―grita Marshal haciendo que todos los presentes se giren a verlo, Marshal siente las miras y no sabe el porqué ya que estaba ensimismado― Este… ―y reacciona ante la situación dejando la carta sobre la mesita podrida, gira la cabeza hacia el perchero de pared cerca de la puerta buscando una escusa― No olvides abrigarte… ―se acerca a él y coge el abrigo de la joven para colocárselo― Hace mucho frío afuera. ―y en esta ocasión le coloca su bufanda que antes cargaba Froslass.

Las miradas sobre Marshal continúan, él decide agachar la mirada y finge que no sabe nada para luego desaparecen en el cuarto de baño. Ahora las miradas se posan en la joven entrenadora quien decide levantar un poco más la bufanda para que le cubra medio rostro.

―Andando. ―dice ella dejando al resto con la duda de lo que pasó.

En la cabaña…

Alder se acerca a la puerta del baño llamando a Marshal, él finge no escucharlo y se avienta un poco de agua en el rostro y se limpia con una toalla. Ya más tranquilo decide salir.

―¿Qué fue eso? ―Grimsley hace la pregunta que todos querían hacer― ¿A caso ya cambiaste de objetivo?

Marshal frunce el ceño.
―Qué diablos estás pensando.

Grimsley se divierte con la expresión de Marshal.
―Nada, nada, sólo es simple curiosidad, la misma que tiene Alder.

―¿Yo qué?

Marshal se deja caer en el sofá y se cruza de brazos.
―Nada que te importe.

―Uy, perdón. ―Grimsley da una amplia sonrisa.

Afuera…

Las dos entrenadoras van caminando una detrás de la otra para no caer en una desigualdad de la montaña y quedar atascadas en la nieve. Shauntal fija su vista en Caitlin, pero más bien es en esa bufanda roja que ondea del cuello de su mejor amiga. Desde que tiene memoria esa bufanda ha sido un tesoro para Marshal, pues su propia madre fue quien la tejió y se la regaló en su quinta navidad demostrándole lo mucho que lo ama, o eso es lo que le contó Marshal. Pero ahora ese tesoro colgaba del cuello de alguien más haciendo que la fragancia de él se mezclara con la de ella… ¿Hasta qué punto ha llegado la amistad de Marshal y Caitlin para que él le coloque alrededor del cuello su tesoro más valioso?...

―Shauntal ―se gira Caitlin para verla de frente― ¿A dónde vamos?

Es verdad, Shauntal quería caminar por la nieve sin rumbo fijo, y es lo que están haciendo, pero ella no presta atención por estar pensando en otras cosas. Y decide desviar la atención de sus pensamientos…

―¿Qué es eso? ―señala a la distancia algo que reluce detrás de un grupo de pinos escharchados.

―El lago. ―contesta Caitlin recordando vagamente una advertencia de Alder― Alder dijo algo sobre tener cuidado al acercarnos a ese lugar… ―trata de hacer memoria― Ojala pudiera recordar… ¡Espera! ―y su rostro se ensombrece ante la idea siniestra que ha formulado la espontaneidad― Ayúdame a buscar a cierto pokémon.

En la cabaña…

―¿Un lago? ―pregunta Grimsley con la menor importancia mientras lanza las cartas de una baraja sobre la mesita podrida esperando atinarle a un plato con pokémonedas― ¿Qué tiene de especial ese lago?

―¿No me estás escuchando? ―se molesta Alder.

Marshal decide acercarse a la ventana mirando en silencio la nieve. La inquietud está presente.

Grimsley se encoje de hombros.
―¿Importa?

Alder menea la cabeza, ya no puede más, Grimsley lo lleva a su límite.
―Ojala fueras como tus pokémon. ―y señala las pokéball de Bisharp y Liepard― Ellas por lo menos se preocupan.

Grimsley sabe de lo que Alder habla, ¿qué sería de él si no tuviera a Bisharp y Liepard cerca? Da una profunda respiración y saca de sus pokéball a las dos mencionadas. Liepard corre directo hacia Alder para restregar su rostro contra el poncho de él mientras ronronea… y se encuentra con una pequeña sorpresa de ojos negros. Bisharp mira a todos en la sala y fija su vista en Emmett, este último se estremece.

―Bueno, no es como si fueran corriendo al lago luego de una advertencia. ―dice Grimsley levantándose a recoger el plato lleno de cartas, tirando en el acto, sin darse cuenta, de cierto papel― Si ese pokémon ronda por ahí Shauntal sabrá qué hacer.

Alder se acercó a Grimsley para volver a explicarle la situación pero en eso cierto jalón en su poncho llama su atención, un pequeño pokémon de ojos negros le extiende un intento de avión hecho de papel…

Afuera…

―¿Y quieres que te ayude a atraparlo? ―pregunta Shauntal un tanto desconcertada.

―No, lo que quiere es acercarme a ella, con la ayuda de Banette y Gothitelle… ―Caitlin mete su mano derecha al bolsillo de su abrigo sin embargo no encuentra lo que buscaba…― Mis pokéball se quedaron en la cabaña… ―susurra para sí.

―Supongo que está bien. ―Shauntal busca su pokéball y libera a Banette.

Siendo guiadas por el pokémon fantasma y sin poder dar con Froslass las dos entrenadoras deciden jugar alrededor del lago. Después de todo ese era el propósito original, vagar.

―Es una ley universal no escrita, donde hay nieve tienes que hacer un muñeco ―declara Shauntal buscando ramas para hacer los brazos de su muñeco de nieve.

Por el otro lado Caitlin prefiere hacer angelitos, desde hace mucho que no siente esta sensación fría en su espalda. La bella sensación de la nieve…, que le hace recordar Sinnoh.

―¿Y qué tiene de especial ese pokémon? ―Shauntal busca iniciar una conversación para persuadir a Caitlin― Si ella fue la que cantó no creo que seamos bien recibidas.

Caitlin deja de agitar sus brazos y piernas, su mente viaja al día de ayer… y lo admite, Froslass en definitiva trató de leer su mente y aún no sabe el porqué.

―Deberíamos de regresar. ―dice Shauntal ante el silencio de Caitlin.

Quizás sea lo mejor. La joven entrenadora tipo psíquico se levanta…, y siente una fuerte punzada en la cabeza… «Está cerca…»

En medio del lago se ve la imagen distorsionada de Froslass…

En la cabaña…

Alder gira sobre sí ese avión de papel todo mal hecho.
―Esto no va a volar. ―le responde al pequeño Shroomish.

Ante la mirada triste del pokémon Alder desdobla la hoja para rehacerlo de nuevo… Sus ojos se ensanchan y su boca se abre levemente…

Afuera…

Caitlin mira a ese pokémon distorsionado en el lago, bien podría ser un espejismo de Froslass o puede que sea el verdadero pokémon, no lo sabe pero sólo yendo al centro del lago lo confirmará…

―No vayas Caitlin, es muy peligroso. El hielo podría quebrarse.

Shauntal tiene razón, sin embargo Caitlin da el primer paso sobre el lago congelado. Necesita averiguar, si realmente ese pokémon trata de leer su mente algo tiene que andar buscando, la pregunta es qué…

Los ojos rojos de Banette se fijan en ese pokémon en el lago como si tratara de desenmascarar algo…

En la cabaña…

[En vista de los pasados acontecimientos, que han puesto en vergüenza a la familia al ser expuestos de manera mundial, exijo que regreses a Sinnoh. Muchas veces se te ha dicho que no deberías de ser entrenadora, si te permitimos tener pokémon era para que te relacionaras, mas no para luchar…]

En todos los años que lleva Alder como entrenador muy pocas veces han sido las ocasiones en que se encuentra con padres preocupados porque sus hijos sean entrenadores y estén expuestos al peligro, no obstante él les responde que siempre y cuando tengan a sus pokémon no estarán en peligro. Y con esa simple explicación deja un poco tranquilos a los padres, pero claro, el hijo tiene que ser el primero en demostrarles que puede seguir ese camino ya sea para bien o para mal porque sólo así logrará forjarse como persona… Pero esta carta no es exactamente ese tipo de conversación…

*Tras*

Alder se gira a ver hacia la dirección del sonido, Emmett por accidente dejó caer una taza y ahora está limpiando con un paño húmedo el chocolate. Grimsley no desaprovecha el momento para decir un comentario sarcástico relacionado al poco número de tazas que hay en la cabaña. Alder suspira. Dejando a esos dos a un lado ahora fija su vista en Marshal, el entrenador tipo lucha sigue parado frente a la ventana parchada con la mirada perdida, ¿en qué estará pensando?...

Shroomish siente un escalofrío y se gira a ver al librero, para ser exactos a una de las pokéball que hay sobre una repisa, Gothitelle le está viendo… Shroomish da pequeños saltitos en dirección al librero…

Afuera…

Bueno, ha conseguido llegar a salvo al centro del lago, y es un alivio para ella pero no para Shauntal que le sigue insistiendo en que regrese…

Froslass ladea un poco la cabeza y fija sus celestes ojos en los turquesa de la joven, Caitlin ya no siente una punzada en su cabeza lo cual significa que el pokémon no trata de leer su mente. Pero antes por qué lo hizo.

Las dos se siguen mirando, Caitlin trata de buscar un dulce en su bolsillo pero recuerda que ella salió de la cabaña sin prepararse, fue Marshal el que le colocó su abrigo y también esa bufanda… La bufanda, que rico aroma desprende, huele a él y es igual de cálida que él… y da una tímida sonrisa al recordar…

Froslass le avienta un poco de aire frió a Caitlin para que deje de desviar sus pensamientos, la joven reacciona y levanta un poco más la bufanda llegándole justo debajo de sus ojos, ojala hubiera agarrado uno de los lentes de ski… Froslass lanza otra pequeña brisa fría y hace que el abrigo de Caitlin ondee un poco, otra vez el pokémon lanza otra brisa suave y en esta ocasión hace que Caitlin retroceda un poco…

En poco tiempo Caitlin se encuentra patinando con la ayuda de Froslass…

A lo lejos se oyen los gritos de Shauntal…

En la cabaña…

[… ese artículo del periódico, N& E World, donde se te menciona y también a Darach, como patéticos entrenadores con una relación de amo y criado, han dañado la imagen de la compañía. Los accionistas no han dejado de llamar, no confían en alguien como tú para ser la siguiente al mando del imperio empresarial. ¿Sabes las consecuencias que traen ese artículo y tu actual posición de Alto Mando? Lo vuelvo a repetir niña, regresa en este instante…]

―Déjà vu.

La voz de Grimsley hace que Alder deje de leer la carta y se voltee a verlo, el entrenador tipo siniestro se encuentra recogiendo la pokéball de Gothitelle que ha rodado a sus pies.

―Es como aquella vez en el barco, sólo que en esa ocasión eras una Gothorita. ―Grimsley gira la pokéball― ¿Qué sucede ahora?

El pokémon mira fijamente a Grimsley con la misma insistencia de aquella ocasión en donde le pedía de la dejara salir…

Liepard brinca sobre la mesita podrida haciendo que las cartas de su entrenador caigan junto con las pokémonedas, el pelaje del pokémon se eriza y la mirada la tiene fija en la puerta. Este hecho no pasa desapercibido por su entrenador quien gira sobre su mano una última vez la pokéball de Gothitelle antes de liberarla…

Afuera…

Caitlin sigue patinando en este lago congelado con la ayuda de Froslass, todo parece indicar que la situación va bien, o así es como ella lo percibe, pues sigue dando piruetas en el aire y cayendo con tal elegancia pero no tanto para que un patinador profesional le tenga envidia.

―¡Caitlin! ―vuelve a gritar Shauntal un tanto asustada por su amiga, pues la mencionada sólo está ahí parada frente a Froslass… y ya lleva mucho rato mirándose sin hacer nada…

Un remolino de aire siniestro envuelve a Banette y Shauntal la voltea a ver.

―¿Qué sucede Banette?

Un peculiar fenómeno ocurre sobre el pokémon, una especie de nube siniestra se ha formado sobre Banette y se está arremolinando junto a lo que parecen ser rayos negros… los ojos rojos del pokémon destellan como si fuesen linternas y una especie de rayo atraviesa al pokémon en el centro del lago. Shauntal queda sorprendida. Banette se gira tras de sí de manera brusca, en uno de sus brazos se ha formado una bola de energía oscura la cual lanza hacia un grupo de pinos escarchados… De entre la polvareda sale Froslass… Shauntal queda impactada, se gira a ver hacia donde está su amiga para ver como la imagen de ese Froslass se devánese…

―¡Caitlin sal de ahí!

Otra onda de aire frío levanta a Caitlin, la joven sabe que este será su último salto y prefiere dar todo de sí para caer sobre el hielo con tal elegancia que envidiaría un patinador profesional… Esta pirueta de tres giros ha sido tan espectacular que ahora viene el gran cierre…, la caída… La pierna derecha estirada al igual que los dedos como si fuese una bailarina de ballet dando su último brinco, y por consecuencia levanta los brazos… La caída ha sido tan magnífica a pesar de haber caído de manera tosca…

―Muy fuerte… ―susurra Caitlin al recordar en dónde se encontraba. Acto seguido baja la vista…

*Crush*... la irreparable grieta se abre camino sobre el hielo… Y una cortina de agua se levanta…

―¡CAITLIN! ―grita Shauntal al punto de desgarrarse la garganta.

Banette sale corriendo tras de Froslass…

En la cabaña…

Bisharp y Liepard corren hacia la puerta, Gothitelle se abalanza contra ella abriéndola con su poder psíquico. Los tres pokémon abandonan la cabaña…

Todos los presentes miran confundidos la reacción de los pokémon.

―¿Pero qué? ―Grimsley se levanta de golpe y sale corriendo tras de ellos.

Shroomish también se dirige hacia la puerta en pequeños saltos, sin embargo Marshal se lo impide, lo hace a un lado y luego sale corriendo tras los pokémon y Grimsley.

―Tengo un mal presentimiento. ―Alder también sale corriendo dejando caer la carta…

Emmett se queda solo en la cabaña preguntándose qué sucede.

En el suelo yace la carta…

[… no sirves para el puesto de Alto Mando. Tengo entendido que desde un principio no era para ti, no pongas en vergüenza a tu madre y a mí siendo el remplazo de otro, los miembros de esta familia no son de segunda opción. Regresa a Sinnoh a dirigir las finanzas desde el castillo y déjale las batallas a Darach que para eso está.
No me hagas ir por ti.

Atte.: Tu Padre.]

Afuera…

Se dice que cuando estas a punto de morir toda tu vida pasa frente a tus ojos, ¿será eso verdad?, ¿toda una vida resumida en unos cuantos segundos? Si es así sólo los hechos más relevantes de nuestra vida son los que pasan como una película, y para amainar este dolor y agonía que produce el hecho de saber que estas a punto de morir el cerebro escoge los momentos más felices como si fueran una morfina para el cuerpo…

Como esa escena, uno de los días más felices de Caitlin donde consiguió un huevo pokémon y se hizo amiga de un entrenador… O también está ese día en donde ella festejó su primer cumpleaños a lado de Darach, una fiesta para ellos dos en donde el chico le regaló un ramo de diente de león y Darach le pidió que le soplara como si fueran las velas del pastel… O aquel día donde ganó el premio infantil de finanzas, recibió unos zapatos de charol color rojo y un vestido rosa por parte de su madre, su padre la felicitó con una tarjeta y una enorme caja que aún sigue guardada en el armario con todo y envoltura… Ese fue un día feliz porque supo que sí les importaba a sus padres…, o eso quiere creer…

«Padres…»

Y sin importar que tanto se esfuerce el cerebro en escoger los momentos más felices a veces éstos vienen vinculados con los más tristes…

Padres, es la palabra detonante en el cerebro de Caitlin. ¿Cuándo fue la última vez que los vio en persona? No lo puede recordar con exactitud, quizá fue un día de verano cuando tenía diez años. Aquel día su padre hizo una parada en el castillo sólo para recoger unos papeles guardados en una caja fuerte, y tan rápido como llegó se fue, su madre ni siquiera bajó del auto. No hubo palabras, miradas, ni abrazos, nada en absoluto, porque en esta familia no hay cercanía. Si no fuera por esos cuadros colgados en el castillo ni siquiera sabría cómo son sus rostros… Y ahora esto. ¿Cuál es la receta secreta para que un hijo sea el orgullo de un padre? Siguiendo las órdenes de ellos su conocimiento es amplio; idiomas, geografía, historia, arte, música, literatura, moda, finanzas, pokémon…, para cualquier tendencia la joven tiene una respuesta. ¿Entonces, por qué sus padres no están orgullosos? A pesar de que lo intenta con las batallas no ha logrado llenar sus expectativas. «ʹ…No sirves para el puesto de Alto Mando…ʹ» Quizás no… después de todo ese puesto no era para ella… le pertenece a ese niña que carga un Purrloin y posa junto a Grimsley para una fotografía… Un puesto que desde un principio le dio miedo tomar pero le ofrecía una oportunidad… Un puesto que conlleva mucha responsabilidad y que ella apenas puede sobrellevar… Un puesto que le es ajeno…

Aquellas lágrimas saladas que se fusionan con el lago se sienten menos amargas…

«Todo tiene sentido… Froslass lo percibió… ella vio dentro de mí…»

Y Caitlin se funde en la fría oscuridad…

―¡Caitlin!

Shauntal corre desesperada en la orilla del lago, no sabe qué hacer porque si camina sobre el hielo quebradizo se caerá dentro del lago, pero si no hace algo Caitlin podría… No quiere imaginarlo…

―Un pokémon…, un pokémon ―busca de manera torpe en los bolsillos de su chamarra― Claro, Jellicent…

Su mano temblorosa ha dado con la pokéball, en un intento de lanzarla para llamar al pokémon los nervios le traicionan y la pokéball cae rodando por la nieve. El miedo no la deja pensar con claridad que ni siquiera se ha percatado de que Gothitelle ha llegado al lago envuelta en una ráfaga psíquica, tampoco se ha dado cuenta de que Liepard y Bisharp se acercan al lugar seguidos de cerca por Grimsley…

―¿Shauntal? ―Grimsley la ve desde lejos, está sorprendido... y ve de reojo a los pokémon, claro. Busca con la mirada a la princesita que se supone debería estar cerca… ―¡Shauntal! ―la llama, ella levanta la cabeza y su mirada lo dice todo…, y él chista por lo bajo. ―¡Bisharp! ¡Corta el hielo!

El pokémon hace un ataque fusionado con Liepard y Gothitelle. El ataque fue tan fuerte que los pokémon de la redonda salieron corriendo ante el ruido.

Grimsley ha llegado junto a Shauntal y busca su pokéball del recién capturado Carvanha…

―Alto, el lago es muy frío. ―Alder va llegando a la escena y enseguida lo detiene poniendo su mano sobre la pokéball― Necesitamos la ayuda de los pokémon psíquico como Gothitelle y…

*Splash*

Y hasta ahí llegó a hablar Alder. Los tres entrenadores voltean a ver hacia la dirección del sonido, no hay nadie, lo único que hay es la chamarra de Marshal sobre la nieve…

«Debí de haberlo sospechado desde el primer día…, me lo demostraron ellos con su actitud… Ese puesto no es mío… y nunca lo será…»

En medio de este frío y oscuro lago Caitlin abre los ojos…

«…Es como un largo y oscuro túnel… Donde el silencio te ensordece y estremece, donde la oscuridad te abrasa desde atrás y te arrastra a las profundidades, donde aquel grito ahogado acalla toda esperanza albergada y donde tu propia existencia se vuelve insignificante…»

Y Caitlin cerró sus ojos…

Shauntal sigue sin procesar el hecho de que Marshal se aventara al lago, de hecho no puede procesar todo lo que está sucediendo. Se siente a desfallecer, quiere gritar, quiere llorar, maldición quiere aventarse a ese lago para buscar a su amiga…

Los ojos de Gothitelle destellan…, las ondas en la orilla del lago se hacen más grandes y un grupo de burbujas llama la atención de los tres…

Marshal ha salido a flote y trae a Caitlin consigo. Alder y Grimsley se acercan para ayudarle… Shauntal corre hacia su amiga…

―Caitlin… Caitlin… ―con voz temblorosa la llama y las lágrimas resbalan… ―No respira…, no respira…, ¡no está respirando!

Marshal empuja a un lado a Shauntal y coloca su oído sobre el pecho de Caitlin…

―Necesita RCP ―susurra Marshal.

A Shauntal le tiemblan las piernas.

―¿Recuerdas a cada cuanto tienes que hacer las compresiones? ―se acerca Alder listo para hacerlo si Marshal da una negativa.

―Lo recuerdo.

En este momento Marshal despeja toda duda que lo invade, no ha practicado y necesita ser precavido, por lo que hará la reanimación sin boca a boca. Y comienza con la reanimación… Caitlin tiene la cabeza inclinada hacia atrás mientras Marshal hace las compresiones por minuto… Shauntal sigue llorando, sus lágrimas caen y resbalan por las mejillas de su amiga creando la ilusión de que Caitlin llora, y comienza la locura de Shauntal alegando que Caitlin está llorando… Alder se inclina hacia el rostro de Caitlin para comprobar si ya respira, pero niega… Marshal sigue con las compresiones sin embargo no se puede concentrar con Shauntal gritando…

―Grimsley llévatela de aquí ―Grita Marshal.

Alder y Grimsley se sorprenden, no es muy habitual que Marshal grite y mucho menos se moleste con Shauntal. Quizás sea la situación… Y Grimsley aleja a Shauntal…

Ya han pasado cuatro minutos y Caitlin no reacciona, Marshal se empieza a desesperar… Los demás miran el cuerpo de Caitlin, se ve pálido, seguramente es por haber caído en ese lago congelado, sí seguro es eso…

―Vamos, reacciona. ―Marshal aumenta el número de compresiones por minuto… Y ante el asombro de todos hace el boca a boca… ―¡Despierta! ―grita desesperado.

Shauntal cae de rodillas soltándose a llorar con más fuerza. Grimsley baja la mirada, Alder sigue esperando a que la reanimación funcione y observa a Marshal…, Marshal se inclina a hacer otra vez el boca a boca, pero en esta ocasión fue largo… Marshal está inclinado frente al rostro de Caitlin, ya terminó el boca a boca pero sigue a centímetros de sus labios, está viéndola, ahí, con un rostro sereno…

―Yo confió en ti…, tienes la capacidad para ser un miembro del alto mando… Por favor despierta… ―se endereza para seguir con las compresiones y le da otro boca a boca…

No hay reacción por parte de la joven y se están aproximando al límite de minutos por falta de oxigeno para el cerebro. Alder se empieza a preparar para lo peor y Shauntal lo percibe…

―¡Continúa Marshal! ―le grita una desesperada Shauntal.

―Shauntal, ―le habla Alder― tienes que…

―¡Basta maestro! ―grita Marshal haciendo aún las compresiones― ¡Todavía hay tiempo, aunque es corto todavía hay tiempo! ―y se inclina una vez más para hacer el boca a boca…

Un sonido, un líquido que es expulsado, una leve respiración…

Marshal se siente a llorar, las lágrimas de Shauntal siguen pero ahora con otro significado, Grimsley no puede evitar esbozar una sonrisa, Alder se agacha para escuchar la respiración…

―Caitlin… Caitlin… ―susurra Shauntal el cual su nombre se le antoja como la palabra más hermosa que podría existir en el mundo― Caitlin yo… ―se acerca para poder tocar la mejilla de su amiga pero se detiene en seco al ver cierta escena… y no es la única.

Alder y Grimsley miran con confusión y curiosidad está escena…

Marshal esboza una amplia sonrisa, claro que hay felicidad en su rostro no lo puede negar. Levanta su brazo izquierdo sin importarle que le duela y con mucho cuidado pasa su mano por el rostro de la joven rubia, toca sus mejillas, la pasa por los ojos, por la nariz para comprobar la respiración… No puede evitarlo y se agacha para chocar su frente con la de ella y pasear su mano por su cabello…

―Qué bueno que estás aquí. ―le susurra.

Marshal se incorpora y agarra su chamarra para envolver con ella a Caitlin, luego con bastante cautela la levanta entre sus brazos y sale corriendo en dirección hacia la cabaña dejando atónitos a los tres entrenadores…

«En este frío se filtra el calor… En esta oscuridad destella un haz de luz… La distancia se acorta… Es contradictorio, lo sé, pero es agradable y confortable… En esta confusión hay una voz que susurra: ʹQué bueno que estás aquíʹ…»

Banette ha quedado de frente a Froslass, dispuesta a encararla e iniciar una batalla si es necesario… Pero Froslass no hace ningún movimiento, se ve impasible, sus ojos azules están fijos a la distancia en la blanca nieve. Banette levanta uno de sus brazos dispuesta a lanzar otra bola de energía oscura, sin embargo Froslass levanta uno de sus brazos y señala hacia la distancia a donde miran sus azules ojos…

A lo lejos Marshal corre llevando en brazos a Caitlin seguido por los demás…

Banette regresa la vista al frente para encontrarse con que Froslass ha desaparecido, la busca con la mirada pero no la encuentra, sin nada más qué hacer Banette se dirige hacia donde están los demás.

En la tarde de este largo día una fuerte ventisca azotó la montaña…

Froslass está en la cima del acantilado, su lugar predilecto, canta y baila al compas de la ventisca al son del do, re, mi, fa, sol, la, si. Algunos pokémon se asoman de su escondite para ver a esa alma alegre que gira y baila bajo la nieve… Un giro, un salto, otro giro más y cae con elegancia como lo haría una bailarina de ballet, con los brazos estirados…

Continuará…

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Ahora ya tiene sentido esa escena del Bosque Desilusión de Caitlin in Wonderland, ¿verdad? Pero ahora les ronda por la cabeza qué planea Froslass… Muhahaha, creo que es muy obvio... No, no es lo que piensan, la verdad ni sé lo que piensan.

Bueno, sin nada más que decir me despido. Saludos a todos.