Disclaimer: El universo aquí mencionado es propiedad intelectual de sus autores.
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Capítulo 20
Por ti, lo que sea
(parte I)
Primavera
―¡Grimsley, Grimsley, ven! ―desde el jardín, gritaba esa niña de cabellera rojiza agitando su brazo en alto y dando pequeños saltitos― ¡Vamos, apúrate!
Grimsley gruñó.
Para él esa niña se convirtió en el mayor de sus problemas desde hace dos meses, cuando su padre decidió hacer un trato empresarial con los padres de esa molesta niña que al parecer sólo vivía para gastarle bromas.
Cuando Grimsley tuvo en frente a Apryl por primera vez notó la enorme sonrisa que poseía esa niña de ojos rasgados de color rojo como el mismo rubí, pero esa sonrisa no era para él sino para el Purrloin que ella cargaba como si fuera su peluche predilecto. Cuando sus ojos dejaron de ver al pokémon él pudo notar una leve curvatura del labio inferior que cambió por completo su sonrisa al igual que sus rasgados ojos rojos, pero claro que sólo él se dio cuenta ya que al parecer los adultos fueron cegados ante la visión de los buenos modales de la niña que les saludaba levantando levemente su vestido y cruzando las piernas. Desde ese momento supo que esa niña era una farsante.
Para entonces los días de Grimsley eran como subirse al carrito de la montaña rusa, arrancaban de golpe, subían, bajaban, se ladeaban un poco a la izquierda o a la derecha amenazando con tirarlo y luego frenaban de golpe en donde podría terminar golpeándose contra la barra de contención si no tenía cuidado. Por eso mismo tomaba sus precauciones cuando Apryl llegaba de visita para jugar con él, ya podía sentir la pintura naranja justo en su cara, o la apestosa bomba que lo dejó oliendo como Skuntank por tres semanas; ese día el niño se duchó por un largo tiempo para quitarse el olor sin imaginar que Apryl iba a aprovechar para rociar su ropa interior limpia con sazonador de carne. El pobre Grimsley fue perseguido por pokémon salvajes durante todo el día.
―¡Grimsley apúrate! ―la niña de rojiza cabellera empezaba a impacientarse pues no dejaba de dar pisotones repetidamente.
Grimsley rodó los ojos y dio un suspiro cansino esperando a que esa loca niña no le jugara otra de sus bromas, lo cual era imposible. Caminó con cautela por el jardín y se sorprendió al verse al lado de Apryl sin ningún problema.
―¿Qué tanto estabas pensando? ―la niña se cruzó de brazos y frunció su ceño.
Esos rasgados ojos rojos se veían igual a los rasgados ojos del burlón Purrloin que ella siempre cargaba; grandes y afilados que se curvaban con malicia cuando ella sonreía, pero también te hacían sentir incomodo al no saber en qué está pensando cuando esos rasgados ojos se posan sobre uno con una mirada seria y profunda.
―Nada que te importe Apryl. ―le gruñó él desviando la mirado buscando al dichoso pokémon que por lo visto no estaba cerca― Para qué me llamaste aquí. ¿No será una de tus tontas bromas verdad?
―No es eso, ―sonrió Apryl mostrándole que esta vez iba en son de paz y aquellos rasgados ojos se curvaron produciéndole escalofríos a Grimsley― sólo quiero que veas algo.
La niña se acercó a un arbusto apartando con cuidado las ramas. Grimsley se acercó un poco manteniendo su distancia de Apryl al creer que era una de sus bromas, no obstante jamás se imaginó que ella le iba mostrar esto.
A lo lejos se podía aprecia un grupo de Patrat escarbando para hacer su madriguera. Grimsley no pudo evitar que el saber pudiera más pues estaba acostumbrado a que Shauntal le mostrara estas escenas generando en él una gran inclinación por la investigación.
―Seguro que te será útil para tu informe de biología. ―susurró la niña y acto seguido le dio una fuerte palmada en la espalda.
Grimsley se molestó ante el golpe pero decidió dejarlo pasar, ahora tenía que centrar su energía y atención en este grupo de Patrat para su informe de 10 hojas sobre 5 clases de pokémon que viven en manadas.
Para no perder de vista ningún detalle se acercó arrastrándose lo más que pudo tratando de no molestar a los Patrat, lo mismo trató de hacer Apryl sólo que quedando a dos metros detrás de él.
―¿No quieres verlos más de cerca? ―le preguntó al verla rezagada.
―No. ―respondió ella al mismo tiempo que meneaba la cabeza en negación.
Él se encogió de hombros restándole importancia y se acercó un poco más. Los Patrat movieron sus orejas y su nariz pues habían captado algo. Grimsley se detuvo y esperó a ver el siguiente movimiento. Los pokémon se erguieron y comenzaron su ya bien conocida búsqueda con la mirada, la cual no fue larga ya que los Patrat lo vieron ahí tirado en la tierra cerca de su madriguera. Grimsley comenzó a retroceder un poco pues sabía muy bien cómo se ponían de agresivos los pokémon al defender su territorio, se arrastró retrocediendo con cautela... *Splash*… Grimsley se quedó inmóvil y poco a poco volteó a ver a Apryl quien se tapaba la boca tratando de contener la risa. Esa niña lo había vuelto a hacer, y él como un tonto cayó en su trampa. En esta ocasión fue una cubeta llena de agua que colgaba de un árbol, el Purrloin fue cómplice de la broma al cortar la cuerda que sujetaba la cubeta. Un gruñido agresivo lo hizo reaccionar al recordar que se encontraba espiando al grupo de Patrat, con la mirada al frente vio cómo los pokémon corrieron hacia él. Un ataque de arena se realizó, aunque ahora era de lodo debido al agua. Grimsley se levantó enseguida y los pokémon se pusieron a la defensiva dando gruñidos y mostrando sus dientes.
―¡APRYL!
El grito espantó a los pokémon que prefirieron huir. La niña no podía contener la risa al verlo bajo esa piel de lodo, hojas y ramas.
―Eso sí que fue divertido. ―se levantó la niña estrujándose la panza, restregándole su risa.
―¡Eres un fastidio, no hay quién te tolere! ―le espetó él.
Apryl dejó de reír y lo miró fijamente.
―¿Te has visto en un espejo?, tú no eres exactamente un príncipe encantador como te pinta esa niña de lentes, siempre estas refunfuñando, siendo grosero y creyéndote mejor que los demás. ―Caminó hacia él y comenzó a apuntarlo con el dedo índice izquierdo― Será mejor que te bajes de esa nube de egolatrismo que te creaste y empieces a ver la realidad o puede que un día de estos pierdas a los únicos dos amigos que tienes, o mejor dicho a la única amiga que tienes ya que dudo mucho que el otro niño te tolere. ¿Lo captas?
Los blancos dientes de Grimsley se asomaron de entre la máscara de lodo y hojas.
―Por lo menos yo tengo dos o un amigo si así quieres llamarlo, ¿pero tú qué tienes?, nada, por eso siempre estás sola llorando en el cuarto de la mansión creyendo que nadie te escucha. ¿Lo captas? Nadie te quiere y nadie te querrá, por eso siempre estarás sola. ―acto seguido la empujó para apartarla de su camino.
―¡Ay! ―dijo la niña desde el suelo agarrándose el pie izquierdo.
Grimsley la voleó a ver pero de inmediato regresó su vista al frente y caminó en dirección a la mansión dando grandes zancada. ¿Por qué no pudo ser esta mañana una tranquila?
Apryl se quedó ahí sola agarrándose con fuerza el tobillo.
―Tonto niño odioso.
Ya era de tarde cuando Grimsley abrió la puerta de la mansión de una patada haciendo que los empleados que estaban en la estancia lo voltearan a ver.
―Joven amo qué le pasó, está todo sucio. ―una de las criadas sacó un pañuelo de su uniforme y comenzó a limpiar su rostro.
Su madre que venía bajando las escaleras se apresuró en llegar hasta él.
―Mira cómo vienes…
―Fue Apryl ―le cortó.
Su madre se le quedó viendo por un momento y después dio una leve risita por lo bajo.
―No es gracioso. ―le respondió él dando un pisotón.
Su madre dudo por un momento
―No, no lo es hijo.
―¿Por qué dudaste?
Su madre se volvió a reír.
―Aún eres un niño y ella también, aunque ella como una pequeña mujercita ha demostrado que es "mayor" en algunos aspectos que los varones de su misma edad al demostrar de cierta manera que está enamorada.
―¿Qué? ―Grimsley se le quedó viendo a su madre como si le hubiera hablado en otro idioma.
―Algún día lo entenderás, cuando seas más grande.
―Ya soy grande, dime qué es.
―Ocho años no es ser grande.
―Este año cumplo nueve.
―¿Tan pronto? ―bromeó su madre.
―¡Mamá!
Ella le sonrió limpiando con ternura una de sus mejillas.
―A Apryl le gustas.
Grimsley hizo una mueca de asco e incredulidad.
―No bromees conmigo.
―¿Ves?, te dije que no lo entenderías.
―Apryl me odia, siempre me está jugando bromas. ―abanicaba sus brazos de arriba abajo― Y la anterior broma hizo que me quedara enclaustrado en el baño para quitarme ese hediondo olor.
―Ella tiene su forma de demostrar que gusta de ti. ―Grimsley seguía sin creerle que su madre lo pensó mejor― Pongámoslo de la siguiente manera; Shauntal te trae galletas y tus golosinas favoritas, cuando te ensucias la cara ella te limpia con su pañuelo favorito, el de las cerezas. Cada vez que dice tu nombre sus ojos demuestran su alegría y su sonrisa es más grande de lo habitual, o cuando llora repite tu nombre esperando que vayas hacia ella. Además de que hace todo lo posible para llamar tu atención y siempre quiere estar junto a ti. Eso demuestra que a Shauntal le gustas. En cambio con Apryl, ella lo demuestra de manera diferente pero quiere hacerte saber que le gustas. Te hace bromas para llamar tu atención y que la mires de manera directa, cada vez que te busca para jugar hay una sonrisa en su rostro y brinca de alegría en el mismo lugar, y cuando no le haces caso se enoja, hace un puchero y se cruza de brazos. Me imagino que cuando llora porque se siente sola o siente dolor ha de repetir tu nombre para que vayas en su ayuda. ―terminó de limpiar con los dedos una mancha de tierra que había en una de las mejilla de su hijo― Y aunque Shauntal y Apryl son aún pequeñas han demostrado que tienen su manera de llamar la atención de aquel ser especial. Shauntal es tierna y Apryl es… burda, por así decirlo. Cada niña es diferente y no dudo de que exista una niña que esté en el punto intermedio; fuerte pero al mismo tiempo tierna. ¿Ahora lo comprendes Grimsley?
―Sí, creo que sí. ―rodó los ojos y dio un bufido― Pero me siento más cómodo con Shauntal, en cambio con Apryl… ―duda― Quisiera que desapareciera de mi vida.
―No digas eso hijo, Apryl es una buena niña. Por qué no tratas de jugar con ella, te aseguro a que lo encontraras divertido. ―le tocó la punta de la nariz en un rápido movimiento.
Grimsley exhaló, por un breve momento recordó el primer día en que Apryl llegó y todos los adultos se tragaron el cuento de la niña bien educada. De seguro es de ese tipo de niñas que se salen con la suya.
―No, definitivamente no. ―dijo más para sí mismo que para el resto de los presentes.
Esa tarde transcurrió sin precedentes que Grimsley creía estar en medio de un sueño, un sueño maravilloso del cual no quería que lo despertaran… hasta que llegó la noche.
Cuando fue la hora de la cena no le sorprendió encontrarse en el comedor con su madre ya que Apryl tenía la costumbre de cenar en su cuarto, sí Apryl era la única niña ajena a su familia que poseía su propio cuarto en una mansión que no pertenecía a su familia, lo cual fastidiaba mucho a Grimsley. Al dirigirse a su cuarto, después de la cena, vio a las empleadas tocando la puerta del cuarto de Apryl al ver que no había tocado su cena, no le dio importancia pues creyó que estaba haciendo un berrinche por lo sucedido en esa mañana al pie de la montaña.
El problema empeoró cuando dos horas después de acostase las luces de la mansión seguían encendidas y las empleadas corrían por los pasillos gritando el nombre de Apryl. Grimsley aún medio dormido se levantó de su cama y abrió la puerta de su cuarto, en ese instante pasó corriendo su madre con una pokéball en mano.
―Me uniré a la búsqueda.
―Señora, no es necesario, todos los empleados la están buscando por la montaña, en el bosque, en el laberinto y hasta en el lago. ―le dijo el mayordomo a cargo.
―¡Pues no están buscando bien! ―dijo exasperada.
―¿Mamá? ―preguntó desconcertado el adormilado niño.
―Oh Grimsley, cariño, ―la mujer moderó su tono de voz― lo siento mucho ya te despertamos, vuelve a la cama. ―la mujer dio la media vuelta y dio cinco pasos cuando se detuvo y voltea a ver a su hijo por sobre su hombro con la ceja izquierda levantada― Grimsley, cariño, ¿cuándo fue la última vez que viste a Apryl?
El niño dejó de tallarse los ojos y respondió entre bostezos.
―Esta mañana, cerca del viejo roble al pie de la montaña. ¿Por qué?
El mayordomo y la mujer se le quedaron viendo.
―Ya sabes a dónde reducir la búsqueda. ―dijo la mujer sin mirar al mayordomo y regresó su vista al frente― Diles que ahí los veo.
El mayordomo asintió.
―Mamá, ¿qué sucede? ―dijo el pequeño mirando fijamente la pokéball que cargaba su madre.
La mujer dudó por un momento, debía buscar las palabras correctas para no hacer sentir mal a su hijo.
―Bueno, Apryl aún no regresa. ―y reanudó el paso.
El sueño de Grimsley se fue y vio a su madre alejarse.
―Espera mamá, voy contigo.
Grimsley regresó a su cuarto y tomó la pokeball de Pawniard. Salió corriendo de la mansión tras su madre.
El camino hacia el viejo roble no era el más apto para caminar de noche, bueno ni siquiera de día, los arbustos viejos y enmarañados del olvidado bosque hacían que rodearas el camino. También estaban las piedras, las ramas caídas, algunas charcas y no hay que olvidar las telarañas. También estaba la vestimenta de la mujer; un vestido amarillo paja de corte princesa con cauda en la parte baja de la falda, como los vestidos del Siglo XIX, el cual tenía que levantar un poco para no tropezar con él y/o desgarrarlo con sus zapatillas.
―No se puede avanzar así. ―la mujer llevó ambas manos hacia los bolsillos ocultos de su vestido y sacó dos pokéballs.
Los dos destellos tomaron forma, uno se mantuvo en el aire y el otro tocó el suelo haciendo vibrar la tierra cercana. Un Honchkrow y un Tyranitar dieron un rugido al estar fuera de sus pokéballs. Grimsley se tensó ante la visión de las dos bestias. La presión que ejercían le demostró que su Pawniard era un juguete para bebés.
Las dos poderosas bestias dieron rienda suelta a su instinto. Honchkrow emprendió el vuelo sin mirar atrás perdiéndose entre los árboles, Tyranitar embistió contra los obstáculos, sólo le bastó correr en línea recta para apartarlos como si no fueran problema. A Grimsley no le cabía la menor duda, si sacaba a Pawniard les estorbaría, lo mejor era regresar a la mansión y esperar ahí a su madre y no retrasarla más. Dio medio vuelta para regresar cuando recordó que debía avisarle para no preocuparla.
―Mamá…
Sólo había oscuridad frente a él y silencio total.
―No puede ser, ahora pensará que me perdí.
Grimsley decidió correr tras su madre para darle alcance, sin embargo en alguna parte del camino se perdió. ¿Cómo era eso posible? Hasta el momento había caminado por la senda que había hecho Tyranitar, todo iba bien hasta que pisó un charco y eso le indicó que ya no estaba por la senda que limpió el pokémon. Para el colmo de los colmos, se perdió en los terrenos cercanos a su mansión de verano, esa mansión que de verano sólo tenía el nombre de adorno porque llevaba viviendo ahí desde que tenía memoria lo cual no la convertía en una mansión que se visita en cierta época del año. Su padre había adquirido la propiedad hace poco de cinco años y su madre quedó fascinada por la construcción que le hacía recordar al castillo que leyó en un cuento de hadas cuando era niña. Grimsley sonrió al recordar a su madre juntando sus manos y con mirada ensoñadora dijo que era su destino vivir en el castillo junto a su amado "príncipe" esposo. Esa memoria evocó el recuerdo de Shauntal haciendo lo mismo; juntar sus manos, hablar de su "príncipe" y vivir feliz por siempre… Tanto su madre como Shauntal eran casi iguales, sólo casi, porque su madre poseía un carácter y fuerza que igualaba a su pokémon verde, Tyranitar. Para él su madre era la mujer perfecta, atenta y cariñosa la cual no se media si algo llegaba a sucederle a los suyos dejando salir esa rudeza que la caracterizaba… y entre otras cosas. Sin duda era una mujer sin igual.
Se reprendió mentalmente por hacer el viaje a sus memorias pues no era el momento ni el lugar para estar recordando. Regresó sobre sus pasos esperando encontrar la senda que limpió el pokémon, para este entonces ya había liberado a Pawniard. El pokémon de cuchillas caminaba con la cabeza gacha cuando se encontró con una gran roca frente a él, ese no era el camino.
―Espera, ¿ya nos perdimos? ―Grimsley volteó a ver a su pokémon quien sólo se le quedo viendo.
Caminaron otro poco esperando dar con el camino, en ese tiempo la luna fue tapada por una nube dejando a los dos en penumbras en medio del bosque. ¿Por qué se negó en agarrar una linterna? Oh cierto, su madre ya llevaba una y con esa era más que suficiente, grave error. Por instinto el niño pasó su mano derecha por una de las cuchillas de su pokémon lo cual fue bastante reconfortante, la nube pasó y otra vez la luna alumbró el bosque, Grimsley respiró aliviado y volteó a ver a su pokémon, Pawniard tenía la mirada fija al frente, Grimsley dirigió sus vista hacia donde el pokémon miraba… el niño ahogó un grito y se tensó.
Aquellos ojos rasgados de color rojo lo miraban fijamente junto con otros ojos igual de rasgados pero de color verde.
No hubo intercambio de palabras, solo miradas y el sonido de la respiración.
Grimsley intercaló su mirada entre Apryl y el Purrloin. La niña y el pokémon tenían la vista fija en él… Un aleteó le hizo brincar en su lugar y acto seguido levantó la vista, una pluma negra cayó sobre su cara dejando entre ver un par de ojos rojos en medio de esta tenue oscuridad.
Honchkrow se posó sobre una rama en uno de los tantos árboles de alrededor sin dejar de ver a ambos niños. No pasó mucho tiempo cuando la tierra se sintió a temblar desde la espalda de Grimsley. El pokémon verde llegó envuelto en un halo de viento debido a su embestida. Grimsley se puso derecho cuando tuvo al pokémon en frene de él, Tyranitar se hizo a un lado dejando ver a una muy molesta pero preocupada mujer.
―¡¿En qué estabas pensando cuando te apartaste así de mí?! ―su madre se agachó y lo sujetó de ambos brazos con bastante fuerza que el niño ya se esperaba una reprimenda de aquellas que no había escuchado desde que tenía cinco años cuando destruyó las gardenias de su madre. Sin embargo la mujer lo abrazó con bastante fuerza que llegó a imaginar que le rompería los huesos― ¡Me diste un gran susto! ―lo apartó con brusquedad― ¡Te voy a castigar por esto! ―lo volvió a abrazar con fuerza― ¡No me vuelvas a asustar así! ―y lo volvió a apartar para volver a regañarlo―¡Se lo voy a contar a tu padre! ―y de nueva cuenta lo volvió a abrazar.
Así estuvo por un buen rato su madre, regañándolo y abrazándolo olvidándose por completo de la situación. Pero Purrloin decidió recordárselos. El pokémon dio un maullido como si recriminara algo. La mujer de nueva cuenta apartó a su hijo con brusquedad y vio a la niña que estaba parada a cinco pasos de ellos justo al lado de su pokémon. La mujer se levantó apartando a un costado a su hijo y miró fijamente a la niña al igual que al pokémon.
―¡Tú, niña! ¡¿En qué estabas pensando?! ―vociferó la mujer y dio un fuerte pisotón que hizo que su hijo se asustara al recordar esa escena en otro lugar y tiempo.
La mujer caminó con determinación hacia la niña y al pokémon, Grimsley ya lo podía ver venir, ese grito y esa aura atemorizante eran el anunciante de un castigo mayor, lo sabía porque él lo vivió, todo se remontaba a las gardenias. Sí, aquel lúgubre día en el que descubrió que su madre había practicado artes marciales cuando era una estudiante, campeona nacional por tres años consecutivos, y hubiera conseguido su cuarto campeonato si no fuera porque en ese tiempo tuvo que viajar debido al fallecimiento de su abuela. No había duda, su madre era una mujer sin igual, porque nadie en el mundo podría ser una bella dama refinada de la alta sociedad que pudiera destrozar con su mano una roca. Grimsley rezó, más para su protección que para la de Apryl, porque aunque no lo quisiera decir muy en el fondo sentía un hormigueo de excitación al saber que ella sería castigada. Esta era la justicia divina.
―Gracias…, gracias…, gracias al cielo de que no te pasó nada grave.
Y para sorpresa de Grimsley como la de la misma Apryl la mujer estaba abrazando con fuerza a la niña.
―No lo vuelvas a hacer, nos tenías muy preocupados. ―la apartó para verla a los ojos― ¿De acuerdo?
La niña asintió luego de salir de su asombro.
El regreso a la mansión fue en silencio, sólo se escuchaba el pisar de los tres junto a sus pokémon. No hubo más intercambios de miradas entre Grimsley y Apryl.
Al cruzar el umbral de la mansión fue tan placentero que Grimsley casi se sintió a desfallecer en la entrada, pero el grito de los empleados le espantó, de nueva cuenta, el sueño.
―¡¿Pero que le pasó pequeña señorita?!
Él no lo había notado en el momento en que la encontró pero ahora que se tenía la suficiente luz era imposible no verlo, y esto le confirmaba el porqué Apryl y Purrloin caminaban lento muy por detrás de todos.
La impenetrable muralla, como así solía llamar Grimsley al pokémon gato debido a su número invicto y cero rasguños en su persona, había perdido el glamor que la caracterizaba y también había perdido el título apodado por el propio Grimsley. Purrloin, alias la impenetrable muralla, lucia desaliñada, las garras que siempre mantenía afiladas ahora ya no quedaba casi nada de ellas, su cola, en forma de hoza que mantenía en alto con orgullo, estaba baja y manchada de sangre. En sí su presencia era casi nada.
Grimsley no pudo evitar mostrarse sorprendido y preocupado, en seguida volteó a ver a Apryl que era atendida por las empleadas con el botiquín de primeros auxilios. El vestido blanco de florecitas azules comenzaba a deshilarse desde la parte baja del holán, de las zapatillas negras junto con sus medias blancas con bordado sólo quedaba una y el otro pie estaba descalzo dejando ver un tobillo bastante hincado. En seguida recordó lo que sucedió esa mañana, él había empujado a Apryl y ella al caer se agarró el tobillo entre quejidos.
―Apryl…
Grimsley se quedó con las palabras en la boca pues las empleadas y su madre no esperaron más y llevaron a la niña al hospital al igual que al pokémon.
Esa noche Grimsley no pudo dejar de pensar en Apryl y Purrloin. A la mañana siguiente, al no encontrar a su mamá, les preguntó a las empleadas sobre la condición de Apryl y Purrloin, la noticia de que ambas estaban bien le alegró el día, pero por lo visto Apryl no regresaría a la mansión por una temporada. Grimsley bajó la mirada, sus disculpas tendrían que esperar.
Al medio día el niño recorrió el caminó que hizo Tyranitar llegando justo al pie de la montaña, con cuidado se dirigió al viejo roble esperando ver con sus propios ojos lo que había sucedió para que dejara en tal estado a la niña y a su pokémon.
Aquella escena que captaron sus celestes ojos no tenía palabras. Los rasguños en los troncos de los árboles eran demasiado profundos que la corteza se podía desprender con tan sólo tocarla. La tierra estaba revuelta y en desnivel haciendo notar los hundimientos de una clara batalla. El tronco de un árbol que apenas crecía lucia como si le hubieran quemado la parte de arriba del tronco donde estaban la hojas. Grimsley siguió caminando por los alrededores. Había ramas rotas, rocas despedazadas, tierra quemada, hojas filosas incrustadas en los troncos de los árboles, mordidas y rasguños en los troncos de los árboles… y hasta un colmillo roto y ensangrentado en el suelo. ¿Qué había pasado aquí desde que dejó a Apryl? ¿Qué clase de batalla se había llevado a cabo? Siguió caminando por la senda de los estragos hasta que se encontró con las plumas negras de Honchkrow. Este era el lugar en donde se encontró con Apryl. Todo esto le indicó que tanto su pokémon como ella no la tuvieron fácil, al parecer el pokémon tuvo batalla tras batalla enfrentándose a quién sabe cuántos pokémon diferentes.
Siempre supo que esa Purrloin no era una simple mascota de adorno pero tampoco se imaginaba que fuera tan fuerte. Esa gata le había ganado a él en una batalla que consideraba la más tonta del mundo, pues su Pawniard perdió sólo porque Purrloin le enroscó la cola en una de sus patas y la lanzó a un costado, o cuando Marshal perdió a pesar de la ventaja de tipo, ¿cómo rayos es que Sawk fue a dar contra una roca dejándolo fuera de combate? Grimsley seguía sin creer que esa gata fuera demasiado fuerte de seguro nació bajo la estrella de la suerte.
―Esa gata es una cría, todavía no alcanza su edad adulta. Y por lo que se ve está muy lejos de acercarse a la evolución. ―meditó el niño viendo las plumas negras del pokémon cuervo.
Y entonces un clic hizo en su mente…
―Esa gata carga una piedra anti-evolución.
Lo recordaba, esa Purrloin traía un collar con una enorme piedra gris que le llegaba hasta por debajo del pecho. Pero si esa gata era tan fuerte para qué querría Apryl evitar que evolucionara, lo más sensato sería dejar que la naturaleza siguiera su curso, si Purrloin evolucionara a Liepard sería el doble de fuerte o el triple. ¿Por qué impedir su evolución? ¿Acaso era por estética? La verdad es que para una niña como ella un Purrloin así de adorable sería el acompañante perfecto.
Y Grimsley sonrió al imaginarse a Apryl abrazando con ternura a Purrloin.
―Así que ella también puede tener un lado tierno.
Ahora ya tenía un motivo para empezar a molestarla.
En el trascurso de los siguientes días siguió preguntando por la salud de Apryl y su pokémon, sin darse cuenta que empezaba a levantar sospechas; su madre empezó a molestarlo con decirle que no se preocupara por su pequeña novia ya que ella pronto regresaría, lo que hizo que se enfadara y gritara que sólo lo hacía para poder preparar su venganza contra Apryl, desatando las risas de las empleadas y de su madre, pero sin darse cuenta que desató la inquietud en su mejor amiga Shauntal y la preocupación de Marshal.
Pasó otro día y por fin Apryl regresó a la mansión pero acompañada de sus padres, porque justo ahora sus padres organizaron una fiesta. Por lo visto sus disculpas tendrían que esperar otro poco más.
Ante la diversión del niño junto a sus amigos y los pokémon se supo el motivo de la fiesta. Era la celebración por la futura fusión de las compañías de cada familia por medio del compromiso de sus hijos. Esto le cayó a Grimsley como un balde con agua fría. Jamás, ni en su locas pesadillas se habría imaginado casado con esa molesta niña. Ahora entendía el porqué Apryl tenía su propio cuarto en la mansión viviendo prácticamente ahí.
Ese día no la buscó para disculparse, ni en los siguientes días.
Así transcurrió un mes en donde las bromas pesadas se convirtieron en algo del paso. Pero dieron paso a algo más. Las constantes apariciones de Purrloin sin su entrenadora incomodaban a Grimsley pues a cada paso que daba siempre estaba detrás de él la gata, ahí mirándolo en silencio con sus ojos rasgados color verde como si tratara de decirle algo. Un día fue el más extraño de todos, Grimsley se había despertado a las tres de la madrugada con bastante sed, la jarra en su mesa de noche estaba vacía y a esa hora no había ningún empleado despierto por lo tanto se levantó y bajó a la cocina en busca de agua acompañado de Pawniard. Cuando terminó de beber y dejar el vaso en el fregadero volteó ante el instinto de que alguien lo miraba. Y ahí estaban, esos ojos rasgados de color verde lo observaban desde las sombras. Grimsley brincó en su lugar y se llevó la mano al pecho ante el susto, la gata lo siguió observando por un rato y luego se fue meneando su cola en forma de hoz. ¿Era acaso este el nuevo método de "tortura" por parte de Apryl, sacar a relucir el miedo que tenia Grimsley ante la oscuridad y las cosas sobrenaturales? Grimsley agarró con fuerza uno de los brazos de su pokémon para que le diera valor al saber que no estaba solo y que siempre tendría a Pawniard para protegerlo.
A la mañana siguiente, para tratar de quitarse de la mente la imagen de los ojos de Purrloin, caminó por los alrededores de la mansión sin rumbo fijo. Y entonces se encontró con la entrada del laberinto.
―Ahora que lo pienso, ¿esa entrada no es lo mismo que una salida? ―dijo el niño entrando en uno de sus múltiples cuestionamientos― Ambas salidas podrían ser consideradas entradas, así como también de entradas a salidas. ¿Qué puede diferenciar una de la otra? Lo único que las diferencia es el hecho de saber por dónde entraste y ya, pero no existe una regla que establezca por dónde debes de entrar y por dónde salir.
El pokémon cuchilla acostumbrado a estas escenas de su entrenador al hacerse planteamientos más allá de su comprensión rodó los ojos y suspiró.
La mente de un niño es como un pozo sin fondo, siempre haciendo planteamientos que para un adulto son tontos pero en realidad son curiosos. Como por ejemplo aquel día en donde Grimsley, de seis años, le hizo una pregunta a su mamá cuando ella le prohibió meterse a la alberca luego de comer, ʹ¿Y Magikarp debe de esperar una hora después de comer para entrar en el agua?, pero si él vive en el agua cómo le hace.ʹ Y su madre no supo qué responderle, porque ¿cómo aplicarías la lógica ante éstas preguntas?
Grimsley siguió dándole vueltas al asunto del laberinto, su pokémon lo dejó sumergido en sus pensamientos y se fue a cortar los arbustos de la salida/entrada del laberinto para entretenerse.
Trascurrió poco más de media hora cuando Pawniard dejó a un lado el tercer arbusto que estaba cortando para correr hacia la salida del laberinto y levantar sus cuchillas, de reojo vio a su entrenador que seguía pensando justo a siete metros detrás de él, le dio una de sus miradas más penetrantes y le lanzó un gruñido para alertarlo pero sólo hasta eso llegó, porque no le dio tiempo para más pues estaba girando sin control por los aires…
Grimsley volteó al instante de sentir una intensa mirada y escuchar un gruñido sólo para ver cómo Pawniard era lanzada por los aires, caer con fuerza contra el suelo y rebotar una vez.
―¡Pawniard! ―Grimsley corrió hacia donde quedó tumbado su pokémon.
Estaba muy herida, la mayor parte de su cuerpo se encontraba con quemaduras que le ocasionaban sangrado.
El niño levantó la vista ante la enorme sombra que le tapaba el sol. Unos enormes brazos caían sobre él. No podía reaccionar ante esto, por más que quisiera moverse sus piernas le temblaban y le dolían. De inmediato Pawniard se levantó a como pudo y cruzando las cuchillas de sus brazos pudo detener el golpe, pero esto sólo le generó otra fuerte quemadura debilitándola aún más.
Darmanitan, al ver que su ataque no funcionó dio unos cuantos saltos hacia atrás y golpeó su pecho como todos los orangutanes que buscan intimidar.
Pawniard cayó de rodillas ante la nueva herida. Grimsley no lo dudo y sacó la pokéball de su compañera. El pokémon al ver las intenciones de su entrenador lo detuvo colocando una de sus cuchillas sobre la mano temblorosa que sostenía la pokéball, el niño le dio una mirada confundida a su compañera, ésta le dio una sonrisa ensangrentada.
Darmanitan envolvió su cuerpo con fuego. El niño ahogó un grito, sabía muy bien que ese era uno de los ataques más poderosos de los de tipo fuego. Y empezó la embestida por parte del pokémon fuego.
Pawniard empujó con toda la fuerza que tenía en ese momento a su entrenador lanzándolo a un par de metros detrás de ella recibiendo segundos después el ataque de Darmanitan. El intenso ataque de fuego comenzaba a deformar el acero en su cuerpo y abrir nuevas heridas en su ya de por sí lastimada piel.
Grimsley no podía hacer nada más que observar el brutal trato que recibía su pokémon, su primer pokémon y amiga, aquella amiga que siempre le huyó escondiéndose en las esquinas de los oscuros cuartos de la mansión por miedo de volver a lastimarlo con las cuchillas de su cuerpo. Porque el primer día en que su padre le mostró a Pawniard, él en un arrebato de alegría al saber que era suya se abalanzó contra ella sin tener en cuenta las cuchillas, y Grimsley terminó con la cara rasguñada y con vendajes en las manos, pero eso sí, con una enorme sonrisa que nadie le quitaría al ver a su nueva amiga de cuchillas. Esa actitud del niño sorprendió a la pokémon. Después de ese día el niño seguía buscándola con más vigor que antes a pesar de las heridas. Hasta cierta noche en que ella por voluntad propia se acercó a él. El niño tenía la mala costumbre de despertarse a la las tres de la madrugada para beber agua, esa noche llamó al servicio pero nadie le contestó, de mala gana bajó a la cocina aferrándose a la pared volteando tras de sí a cada cinco segundos con el corazón a medio morir del miedo. Esos enormes ventanales mostrándole la oscuridad de la noche dejando pasar la tenue luz de la luna, el siniestro viento que se colaba por las fisuras de las ventanas que ya necesitaban un cambio de silicón. Y entonces escuchó que alguien le respiraba en la nuca, asustado volteó a ver tras de sí para ver una sombra, el grito aterrado que guardaba en su pecho no salió por lo que decidió alejarse en silencio caminando de espalda, sin embargo, los nervios le traicionaron y ambos pies terminaron encontrándose haciendo que el niño cayera de espalda. Aterrado, no le quitó la mirada de encina a esa sombra, hasta que una luz rectangular y muy torpe la iluminó. Se sintió como un tonto al ver que era una planta. Ya un poco más tranquilo pero no tan confiado volteó tras de sí para ver qué iluminaba la planta, pero no era un qué era un quién, pues Pawniard le iluminó la planta con una de sus cuchillas reflejando la luz de la luna. Pawniard, que no dormía en una pokéball y deambulaba por la mansión, esa noche sintió un cosquilleo en su cuerpo al saber que alguien tenía miedo, lo podía oler a metros, pero para su sorpresa se encontró con que el causante de dicho cosquilleo era el niño alegre que siempre la perseguía y ante el evidente miedo del niño decidió acercarse a una ventana y reflejar la luz lunar con una de sus cuchillas. Cuando lo hizo el niño volteó a verla y el olor a miedo había desaparecido, el niño corrió hacia ella y se aferró a su cuello. En ese lapso de tiempo el niño no la soltó hasta que regresaron al cuarto y él la invitó a dormir en su amplia cama. Así fue como Grimsley comenzó a sentirse más seguro por las noches, porque Pawniard siempre estaría junto a él ahuyentando la oscuridad.
Grimsley apretó los dientes. Se sentía una carga para su propio pokémon, ella ya estaba herida y aún así se arriesgaría a pelear sólo para protegerlo… y posiblemente moriría en el proceso.
Darmanitan agarró por el cuello a Pawniard, la pokémon de cuchillas comenzaba a perder el conocimiento ante las heridas y la falta de oxigeno. Antes de que la oscuridad invadiera sus ojos levantó una de sus cuchillas. El grito desgarrador de su entrenador le hizo que forzara a su cerebro para levantar el otro brazo, con ambas cuchillas levantadas hizo un corte cruzado sin saber si le dio al pokémon. Darmanitan hizo una mueca de molestia y soltó a la pokémon. Pawniard cayó boca abajo a punto de perder la conciencia. El pokémon de fuego levantó ambos brazos y los junto.
―¡Pawniard!
De nueva cuenta llegó otro ataque brutal de golpes contra Pawniard. Cuando Darmanitan se cansó de golpearla la agarró por una de sus patas y la comenzó a azotar contra el suelo de manera aleatoria, derecha, izquierda, derecha, izquierda, así sucesivamente. Era como ver un trapo siendo golpeado para quitarle el exceso de polvo.
Grimsley ya no soportó más ver el trato que recibía su amiga, corrió enfurecido hacia el pokémon de fuego, sin embargo, éste lo golpeó como si tratara de ahuyentar a un molesto mosquito. Grimsley salió disparado y se golpeó contra un árbol, con esfuerzo trató de levantarse, no obstante sintió como si alguien le tratara de arrancar el brazo derecho jalándolo desde atrás, temiendo lo que ya se estaba imaginando llevó su mano izquierda al hombro derecho sólo para comprobarlo, se había dislocado el hombro.
¿Qué podría ser peor ahora? El niño susurró una maldición, de esas que tanto había oído decir a los adultos en las fiestas que daban sus padres. ¿Qué final le esperaba? Cerró con fuerza los ojos, quería evitar con todas sus fuerzas no ver aquello, no escuchar el azote de la evidente y cercana muerte de su amiga, no quería sentir más dolor del que ya sentía.
―¿Por qué? ―susurró entre sollozos.
Las preguntas le alteraban. ¿Por qué los pokémon de los empleados no ahuyentaron a este pokémon salvaje? ¿Por qué los guardias no se dieron cuenta?
Ya no había más qué pensar, esto era el inminente final. Para Pawniard…, para él.
Aquel sonido de azote que desgarraba su alma fue interrumpido por otro sonido chillante que destroza los tímpanos y crispa los nervios. El miedo se intensificó, de seguro Darmanitan ya terminó con su amiga y ahora iba por él. Apretó con fuerza los dientes esperando el golpe. Pero ante esta larga espera y el silencio asfixiante, se vio obligado a abrir los ojos.
Una nueva batalla se llevaba a cabo. Aquella bola de pelos violácea dio giros y giros por el aire para multiplicar el poder de su ataque con la ayuda de la gravedad.
Darmanitan resistió muy bien aquel ataque de cola que le propinó esa gata violácea, pero hasta ahí no llega el ataque de Purrloin pues sacó a relucir sus garras dejándole una significativa marca de extremo a extremo al rostro del pokémon de fuego.
Darmanitan se molesto más que antes, pues el fuego empezó a salir por su hocico. El pokémon de fuego envolvió sus puños en fuego y se abalanzó contra la gata. La felina, con su agilidad consiguió burlar el ataque del pokémon pero al mismo tiempo lo engañó, y antes de que se percatara Purrloin hizo su ataque. Una bola oscura, con los pensamientos más siniestros que posee la felina, se materializaron justo frente a su nariz, en cuestión de segundos fue arrojada hacia el pokémon de fuego. El golpe fue directo.
La entrenadora del felino da una siniestra sonrisa de lado mostrando sus dientes, el mismo gesto hace Purrloin. Hay excitación por la batalla.
Para Grimsley le es difícil saber quién imita a quién. La mirada que posee la niña y el pokémon es la misma, como la de una fiera al asecho lista para lanzarse contra su presa e ir directo a la yugular.
Purrloin dio un maullido que sólo sirvió para llamar la atención de Darmanitan. La gata al saber que capturó su atención comenzó a trotar de manera burlona meneando su cola de hoz. Darmanitan se enfureció y comenzó a golpear su pecho repetidamente dando gritos.
Apryl y Purrloin volvieron a sonreír dejando entre ver los dientes. Grimsley no sabe qué pensar, ¿acaso esas dos se volvieron locas que no pueden ver que ese Darmanitan ha elevando su ataque?
―Oye tú, ―Apryl señala al pokémon de fuego― ¿es esto lo que buscas? ―Y la niña le muestra una pokéball.
Grimsley no puede ver muy bien porque se encuentra algo lejos, no obstante Darmanitan reacciona al ver la pokéball y comienza a gruñir agresivamente.
―Lo sabía. ―Apryl juega con la pokéball lanzándola y atrapándola― Te la regresaré siempre y cuando ganes esta batalla.
El pokémon de fuego golpeó el suelo con sus enormes brazos despedazando la plancha de concreto del jardín, los pesados bloques de concreto son levantados por sobre su cabeza y lanzados hacia donde se encuentra Purrloin y su entrenadora. Apryl reaccionó de inmediato y esquivó los bloques corriendo hacia un costado y terminó derrapando como lo haría un jugador de beisbol para llegar a la base. Por su parte Purrloin corrió en dirección hacia el pokémon de fuego en zigzag creando varias copias de sí misma en el proceso. Los bloques de concreto aciertan pero sólo en las copias de Purrloin, la felina al ver que sus copias comienzan a desapareces acelera la embestida y le propina con golpe con la cabeza justo en el pecho del pokémon de fuego. Darmanitan no se dio por vencido y al ver que la gata retrocedió le lanzó un lanzallamas. La felina corrió alrededor de Darmanitan, el pokémon salvaje siguió lanzando sus llamas y girando sobre su propio eje para darle alcance a la felina. Darmanitan consiguió quemarle la cola, la felina dio un gruñido de dolor y disminuyó un poco su paso haciendo que el ataque de fuego la golpeara por completo.
Apryl, desde su nueva ubicación que es a unos cuantos pasos de Grimsley, dio un bufido.
―Esta batalla ya está ganada. ―acto seguido sacó una nueva pokéball― Nunca debiste de haber quemado la cola de Mary.
Grimsley sigue sin comprender del todo lo que está sucediendo, pero recuerda que aquel pokémon de fuego se puso furioso al ver la pokeball que Apryl le mostró. Siguiendo los movimientos de la niña posa sus ojos sobre la primer pokéball que sacó. Hay una sombra difusa dentro de ella, los movimientos que realiza la niña debido a la euforia del combate le impide saber con exactitud qué pokémon es. El combate entre Purrloin y Darmanitan hace que Apryl guarde la primer pokéball que cargaba en el cinturón de su pantalón, en ese instante Grimsley se da cuenta del pokémon que hay dentro de la pokéball. Dentro de esa pokéball hay una expectante Serperior ante el combate que realiza su amigo por su libertad.
―Por eso nos atacó a Pawniard y a mí, porque creía que nosotros habíamos capturado a Serperior. ―dijo Grimsley señalando con su brazo bueno la pokéball en el cinturón de Apryl.
―¿Eh? ―la niña lo volteó a ver levantado una ceja con arrogancia― ¿qué tanto susurras?
―¡Me refiero a que Darmanitan nos atacó por tu culpa! ―le gritó Grimsley perdiendo la compostura.
Ambos niños se miraron sin prestar atención a la batalla.
―¡Por tu culpa Darmanitan atacó a Pawniard y a mí me dejó en este estado!
Apryl se cruzó de brazos y lo recorrió con sus afilados ojos de pies a cabeza, luego dirigió su vista a donde yacía Pawniard, de nuevo posó sus ojos sobre el niño e inclinó la cabeza a un costado con bastante arrogancia.
―¿Y qué quieres que haga, que sienta pena por ti y por tu pokémon? O mejor aún, ¿me pongo a llorar?
Grimsley apretó los dientes.
―No seas cínica.
―¡Lo soy porque tú hiciste lo mismo con nosotras!
Y Grimsley se quedó con la boca abierta sin poder comprender lo que le acababa de decir esa loca niña de afilados ojos rojos.
―¿Acaso te detuviste a preguntar si estaba bien después de que me empujaste? Fue evidente que te diste cuenta cuando me hice daño. ―Apryl apretó sus puños al igual que los dientes― Después de que me dejaste ahí sola el grupo de Patrat nos atacó, Mary logró ahuyentarlos, pero no fue así en todo el trayecto de regreso a la mansión. Debido a que yo estaba herida tardé más de lo habitual en regresar, en todo el camino Mary se enfrentó a varios pokémon salvajes que venían en grupos de cuatro y cinco… ―y la lágrimas en los ojos de Apryl se acumularon llenando sus ojos de ira― Y luego llegaron ese Darmanitan y Serperior. ¡¿Tienes idea de lo que tuvimos que pasar en medio de ese bosque en plena oscuridad?! ¡¿La tienes?!
Grimsley siguió callado y bajó la mirada.
―Esa noche fui hospitalizada debido a la alta fiebre que me provocó el esguince en mi pie, estaba delirando que mi vida estuvo en peligro. No sólo mi vida, también la de Mary. Ella tuvo que estar bajo observación por tres semanas en una incubadora debido a que uno de sus pulmones se vio afectado por un de los ataques.
Grimsley levantó enseguida la mirada. Esa historia no concordaba con lo que le dijeron las empleadas, recuerda haberles preguntado sobre la condición de Apryl y Purrloin por lo que ellas le contestaron que ambas estaban bien. Y desvió la vista, era obvio que le mintieron.
―Casi pierdo a Mary esa noche, así que no te atrevas a cuestionar mis acciones.
Apryl le respondió entre dientes que a Grimsley le pareció estar viendo una de las amenazas de Purrloin para intimidar al enemigo. Pero en esta ocasión la mirada fiera de aquellos ojos rasgados fue invadida por las lágrimas que resbalaban por el rostro de la niña.
Un alarido, que nada tenía que envidiarle al vozarrón de un Exploud, hizo que el pokémon de fuego perdiera el equilibrio. Para Grimsley fue molesto pero no podía taparse los oídos, por lo visto a Apryl no le molestaban esos sonidos que realizaba su pokémon. Cuando el ruido estridente pasó Grimsley pudo ver a esa gata cubrir sus garras en un destello violáceo que cruzó el cuerpo de Darmanitan en diagonal, el pokémon de fuego que ya se veía demasiado débil dio un grito antes de caer de frente. Purrloin aprovechó para dar tres vueltas por el aire y dejar car todo el peso de su cola cubierta de un brillo plateado sobre la espalda del pokémon de fuego.
El fin de la batalla estaba a sólo unos segundos. Apryl se acercó un poco más y lanzó la pokéball hacia Darmanitan…, en cinco segundos el pokémon de fuego fue capturado.
Grimsley siguió observando a Apryl y a Purrloin, no se veían felices como cualquier otro entrenador y pokémon que han logrado conseguir otro compañero. No, Apryl tenía una mirada perdida y a Purrloin parecía darle igual esta situación
―Deberías de estar feliz de haber conseguido tu venganza por medio de la captura. ―habló Grimsley.
La niña levantó a vista de la pokéball, Grimsley se quedó sin palabras. Aquellos ojos rojos rasgados lo miraban fijamente y por primera vez en su corta vida no sabía cómo describir lo que sentía en ese momento al ser atravesado por la mirada de desprecio de Apryl.
―Se supone que tu Pawniard es uno de los pokémon más peligrosos que existen debido a sus cuchillas y a la sed de sangre que posee. Pero creo que se ha ablandado ante la debilidad de su entrenador.
Grimsley recobró la compostura y frunció el ceño.
―¿Y tú que sabes?
Apryl le mostró las dos pokéball donde se encontraban Darmanitan y Serperior.
―Lo sé, porque esto es la prueba de mi debilidad.
Los dos niños se quedaron viendo, había fricción en sus miradas.
―Te recomiendo que le des esta medicina a tu pokémon antes de que sea demasiado tarde. ―Apryl le lanzó un objeto antes de darle la espalda y continuar su camino.
Grimsley pudo ver cómo Apryl se guardaba las pokéball en el cinturón de su pantalón, vio en Darmanitan y Serperior la frustración en sus rostros.
Purrloin no siguió a su dueña enseguida, de hecho el pokémon se quedó viendo a Grimsley por un rato con esos ojos rasgados color verde que le causaban incomodidad al niño al no saber en qué estaba pensando esa gata.
―Vámonos Mary.
Los ojos rasgados de la gata se curvearon ante la sonrisa burlona que le dedicó al niño. Grimsley se sorprendió y la gata dio un maullido antes de partir trotando con alegría y darle alcance a su entrenadora meneando su cola en forma de hoz.
Grimsley se levantó con dificultad y se acercó a su pokémon para administrarle la medicina. Pawniard se enontraba tan grave que dudo que esa medicina le fuera a servir.
―Si tan mal te sientes trata de ser un mejor entrenador. Ya sabes a dónde venir a vengarte. ―le gritó Apryl levantando la pokeball de Darmanitan.
Grimsley sólo apretó los dientes.
Desde ese día en adelante Apryl cambió por completo su actitud con Grimsley, ya no existían más las bromas pesadas o los llamados a su persona acompañados de brincos con emoción. Las noches de llantos se volvieron silenciosas y Apryl evitaba estar en el mismo lugar que Grimsley. Apryl se volvió una niña cerrada que sólo buscaba entrenar a sus tres pokémon. Grimsley siguió observando a la niña y un día descubrió por medio de las empleadas que Apryl había expresado su deseo de ser una fuerte entrenadora que ostentara un puesto en la Liga Pokémon. Él sabía que ella lo podía conseguir porque espiaba sus entrenamientos y en poco tiempo su grupo creció a cinco. Antes de darse cuenta Grimsley también anheló ostentar un puesto de la Liga Pokémon, y su deseo se extendió a Shauntal y Marshal.
Así comenzaron los días llenos de batallas, que con el paso del tiempo generaron un interés por parte de Grimsley sobre Apryl.
•~•~•
Grimsley abrió los ojos en medio de la penumbra, esperó un rato antes de buscar a tientas su reloj de mano sobre la mesita de noche. Encendió la luz del reloj y comprobó que eran las tres y un minuto de la madrugada. Siempre era lo mismo, desde que era un niño se despertaba a esa hora por culpa de las pesadillas, ahora de adulto era por culpa de los sueños sobre su infancia al recordar a Apryl y/o a su mamá. Dos de las tres mujeres más importantes en su vida que realmente llegó a amar pero lo abandonaron. Porque la tercera seguía en su vida, en una granja junto a su abuelo.
Grimsley se levantó y caminó con cuidado en medio de la oscuridad del cuarto del hotel para dirigirse al mini-bar. Beber agua siempre lo tranquilizó, mucho más que la leche. Sacó una botella con agua y procedía a abrirla cuando sintió una mirada tras de sí, con total calma se giró dando un sorbo al agua y ver de reojo a esa felina que estaba ahí parada viéndolo con sus afilados ojos verdes destellando en la oscuridad. Esta escena con el paso de los años dejó de impresionarlo. Liepard, ahora alias la bola de pelos purpura que deja pelos en su sofá favorito de su sala de batalla, dio un ronroneo sin dejar de ver al entrenador oscuro. Por un tiempo Liepard y Grimsley se perdieron en la mirada del otro, tratando de descifrar lo que pensaba el otro. Hasta que Grimsley se terminó el agua.
―Deja de comportarte así.
La felina dio otro ronroneo como respuesta.
El entrenador oscuro dio un profundo suspiro. ¿Cuándo fue la última vez que esa felina le sonrió de manera burlona? ¿La última vez que lo desafió mostrando sus dientes? ¿Cuándo dejó de esconder sus zapatos? ¿Cuándo? Cuándo fue que ella perdió la esencia de su entrenadora y adquirió la suya.
Liepard ya no disfrutaba hacerle bromas, y eso que aún después de evolucionar seguía haciendo bromas. No, la felina ya no disfrutaba burlarse de Grimsley, por el contrario, ella adquirió una actitud tranquila que consistía en observar su entorno, dar un ronroneo y dormir, esperando que su actual entrenador la llamara al combate, sólo ahí Grimsley era capaz de ver una vez más la esencia de Apryl, en los vasto ataques que le había enseñado y la forma de luchar. Pero ahora ver esos ataques parecía algo lejano.
―Jamás te llamare por tu nombre, no me corresponde. Lo entendiste Liepard. ―dijo Grimsley tirando la botella vacía en el cesto de basura.
Liepard se giró y dio tres pasos para dejarse caer frente al sofá de la estancia del cuarto de hotel como si su propio cuerpo fuera un peso extra para ella. Grimsley rodó los ojos y se encaminó al sofá para dormir. En poco tiempo el sueño se apoderó de él.
Bisharp fue una espectadora silenciosa de esa escena. Conocía la conexión que existía entre Liepard y Grimsley, una conexión que le causaba una profunda pena a su entrenador, porque ella también causaba un gran pesar en él, ella era la prueba viviente de un regalo que Grimsley recibió de parte de su padre, aquel hombre que su entrenador llegó a repudiar. Una prueba viviente que causaba muchas emociones en el entrenador oscuro, las mismas que causaban los pokémon de su madre que ahora vivían en la granja de sus abuelos: Tyranitar, Honchkrow, Houndoom y Absol; estos pokémon que tras la muerte de su madre pasaron a ser de él.
Bisharp regresó a la esquina de donde salió para volver a dormir.
―¿Tú tampoco puedes dormir?
Bisharp volvió a abrir los ojos para encontrarse con los ojos de la entrenadora fantasma. La joven mujer le dio una cálida sonrisa y acarició su cabeza.
―A veces me pregunto si llegará el día en que Grimsley deje de despertar en la madrugada y tenga un sueño placentero en una cama en lugar de dormir en los sofás.
Bisharp no le respondió, para ella su mejor respuesta era el silencio.
―Que descanses. ―Se despidió Shauntal.
Bisharp trató de consolidar el sueño, pero antes le echó una última mirada a su entrenador y a Liepard. La felina disfrutaba jugando con el brazo del entrenador oscuro que colgaba porque el sofá era muy estrecho. Con esa imagen en mente Bisharp fue cerrando sus ojos.
El regreso al recinto de la Liga Pokémon era aún más largo para los cuatro miembros del Alto Mando y su Campeón. Nada ayudaba el hecho de saber que habían sido suspendidos debido a que Caitlin reprobó la prueba. La entrenadora psíquica se sentía miserable, aún más desde que dejaron la montaña nevada ya que le declaró la guerra a Grimsley, pero el entrenador oscuro pasaba de su existencia. No había sarcasmos y menos una mirada aunque fuera de molestia, no había nada y a Caitlin le incomodaba, porque pensaba que él de nueva cuenta la rechazaba argumentando que no merecía el puesto. Claro, tampoco sus padres aprobaban esto. Caitlin suspiró lo cual a Grimsley le molestó, sí, el entrenador oscuro pensaba lo que Caitlin se imaginaba; ese puesto no lo debería de tener ella sino Apryl. Grimsley se llevó una mano al rostro para ocultar su molesta. No, ahora no era el momento de estar pensando en la malvada niña de cabellera rojiza. ¿Por qué tuvo que soñar con ella justo esa noche? Y Grimsley se molestó más.
―Si mantenemos este ritmo llegaremos al recinto en cuatro días. ―Habló Alder.
Menos mal que el recinto aún estaba lejos. Grimsley no se sentía preparado para ver la estructura y recordar aquella promesa que hicieron cuando eran niños.
Nunca imaginó que desde ese día de verano, junto al viejo roble donde juntos los cuatro niños hicieron la promesa de que serian miembros de la Liga Pokémon, fuera el primer paso para desatar la destrucción de sus tranquilos días de infancia.
Ahora Grimsley comenzaba a dudar, si darlo todo para seguir manteniendo su puesto en la Liga Pokémon o abandonar.
Rayos, ¿por qué tuvo que soñar con ella otra vez?
Continuará…
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Sólo quiero agradecerles por tener la paciencia necesaria de esperar una actualización. No les prometo nada sobre cuándo estará lista la siguiente actualización pero sí les diré que los siguientes tres capítulos que completan este nuevo problema ya están siendo escritos, así que esperen la nueva tormenta que está a punto de desatarse poniendo a prueba la amistad y desatando nuevos sentimientos.
Saludos a todos.
P.D. : Me disculpo por las faltas ortográficas o los errores de tipeo encontrados en el escrito.
