Nota de los signos:
* *= sonidos de ambiente.
« » = pensamientos.
' ' = citando una tercera persona.
«' '» = recordando lo que dijo una tercera persona.
Disclaimer: El universo aquí mencionado es propiedad intelectual de sus autores.
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Capítulo 21
Por ti, lo que sea
(parte II)
Primavera
Para Darach la vida o es blanco o es negro, no hay intermedio gris y ni hablar de colores. Lo sabe, siempre será así. Lo recuerda desde su infancia, en aquel día de marzo cuando su abuelo le regaló su despertador Piplup en su quinto cumpleaños grabado con una felicitación pero también cargado de una nueva responsabilidad, aprender el oficio de su abuelo para sustituirlo cuando llegara cierto día.
Darach es el encargado de todas las residencias que posee la familia de su Lady colocándolo como el jefe de los empleados que en ellas laboran, la máxima autoridad pero por debajo de los miembros de la familia, llegando así a sustituir a su abuelo. Pero para Darach este oficio se convirtió en su grillete. Él jamás deseó sustituir a su abuelo, no, para el niño menor de cinco años existía la vida azul marcada con el sabor a sal. En más de una ocasión expresó su deseo de embarcarse sobre el lomo de algún pokémon acuático y recorrer los mares en busca de islas, monstruos, tesoros, conquistas… y todo ese ficticio mundo que pueda llegar a desbordar la imaginación del niño, pero sucedió lo inimaginable por parte del niño así como por parte de su abuelo, Darach quedó huérfano a pocos meses de su quinto cumpleaños quedando bajo el cuidado de su único familiar, su abuelo paterno. Las olas de la vida de Darach fueron apaciguadas. Su abuelo, preocupado por el futuro que podría ofrecerle a su nieto con forme pasaran los años optó por lo más seguro, lo convertiría en el valet de la siguiente heredera de la familia de sus jefes, la pequeña Caitlin de tan solo un año de edad.
La rebeldía de Darach fue un gran problema para su abuelo, el niño de cinco años se opuso rotundamente a seguir los pasos de su abuelo llegando a menospreciar el oficio. El pequeño llegó a escaparse en más de una ocasión, incluso su foto llegó a estar en el periódico nacional de Johto cuando Darach llevaba dos semanas desaparecido siendo encontrado como polizonte en un barco de mercancía con destino a la región de Oblivia. Darach desafiaba a cada oportunidad a su abuelo. ¿Por qué cortarle las plumas a esta pequeña ave de alas grandes? Darach era un aventurero tanto en corazón como en razón.
―Entiéndelo, yo ya estoy cansado y soy viejo, no creo llegar a verte convertido en un hombre. ―Le repetía su abuelo en cada escapada.
Darach se resignó ante su destino hasta su sexto cumpleaños cuando las escapadas comenzaron a ser aburridas. Porque fue, en su escapada número cien, cuando sólo había caminado ocho cuadras lejos de casa, debajo de esa lámpara tintineante de la acera, la que le alumbró un camino desolado más adelante y le hizo preguntarse, ¿qué le depararía la vida? ¿Encontraría todo aquello que siempre buscaba o solo se desilusionaría ante su misma búsqueda? «ʻEntiéndelo, yo ya estoy cansado y soy viejo…ʻ» Recordó las palabras de su abuelo, aquel hombre que empezaba a deteriorarse con el paso del tiempo. Y sin más Darach dio media vuelta y regresó a casa con la mirada derrotada.
Para Darach el entrenamiento para valet fue de lo más aburrido que existiera en el mundo. Aprender las reglas de etiqueta, hablar de forma apropiada, caminar de manera precisa, siempre mirar por debajo de los ojos a sus superiores cuando tenía la cabeza levantada, la preparación de los alimentos, el control del tiempo sobre las labores…, y toda una larga lista de reglas.
―Recuerda Darach, jamás debes de cuestionar las órdenes dadas por los señores de la casa.
Darach asentía ante todo aquello que le decía su abuelo.
―Pero lo más importante, nunca, pero nunca debes dejar que tus sentimientos se involucren con tu trabajo. Recuerda que tú solo eres un sirviente.
Y Darach dejó de asentir como un tonto y levantó la vista para ver fijamente a su abuelo con la clara duda en su rostro. ¿A qué rayos se refería su abuelo con eso? El niño no le dio más importancia y siguió prestando atención a la clase. Poco importaban en ese momento las palabras de su abuelo, no obstante tendrían un gran peso más adelante.
El día esperado de su graduación llegó. El niño de casi nueve años aprendió el protocolo de etiqueta que todo valet debe saber. Por el momento Darach sería el encargado personal de la señorita, su abuelo al igual que los jefes de la casa, verían su evolución para después poder elevar su rango cuando llegara el momento. Darach recibió ese día un traje, de pingüino, igual al de su abuelo hecho a su medida, junto a él una larga lista sobre la niña que cuidaría.
―Caray, esta niña es muy mimada, veo más cosas malas que buenas. A mí mis padres me decían "no" cuando la situación lo requería. ―dijo el pequeño Darach al leer la lista.
Su abuelo le reprendió.
―Darach, no digas eso de la pequeña dama. Nunca vayas en contra de sus deseos y siempre procura su comodidad.
Darach rodó los ojos. En serio su vida se volvería negra, negra del aburrimiento de la monotonía.
Al llegar al castillo fue presentado ante todos los empleados al igual que fue presentado ante los padres de Caitlin que convenientemente estaban ahí de paso. Lo que le hizo preguntarse por qué no vivían con su hija. Recibió un par de felicitaciones por parte de la señora y un obsequio para conmemorar su llegada. Darach lo abrió revelando un reloj dorado de bolsillo con un grabado en la parte trasera. Su nombre completo y su fecha de nacimiento estaban en letra cursiva y números romanos. No le cabía la menor duda de que la clase alta era excéntrica. Al poco tiempo fue presentado ante la niña que cuidaría, Caitlin. Darach la analizó de pies a cabeza y lo primero que le vino a la mente fue la larga lista que le entregó su abuelo resaltando en ella todos sus defectos. Sí, Darach vio en Caitlin por primera vez todos los defectos de la niña escritos sobre su cara. Los ojos de Caitlin tenían la palabra engreída, sus labios eran unos enormes signos de pokedólar que escupían la palabra dinero a cada segundo, su vestido era el grito del yo siempre obtengo lo que quiero junto con aquellos zapatos que decían te aplastare como la basura que eres si te opones a mí. Darach no pudo dejar de ver en Caitlin todo lo malo que había en ella. Pero en seguida recobró la compostura al recordar lo que le dijo su abuelo; siempre debía de apoyar a la pequeña dama sin impórtale nada y darle muchas palabras de ánimo. Darach se tragó su desprecio y con una sonrisa se acercó a la niña que cargaba un huevo pokémon para motivarla a eclosionarlo.
Después de esa actuación Darach fue a vomitar al baño más cercano ante lo que había dicho y hecho.
―¿Yo, sonreírle a esa niña caprichuda, y además de eso soportar todo esto? ―Darach se dejó caer en el piso del baño. Lo odiaba, en verdad odiaba su destino calculado. Cambiar su mundo de exploración por esto.
Así fueron los siguientes días de Darach, odiando su destino y persiguiendo a esta niña donde fue obligado a convertirse en su sombra. Pero con el paso del tiempo Darach comenzaba a disfrutar el perseguir a Caitlin e incluso comenzó a reír ante la actitud que tenia la niña cuando las cosas no salían cómo ella quería. Le gustaba ver esa mirada confusa en sus ojos luchando consigo misma por mantener un rostro serio. Por eso él empezó a ponerle obstáculos para ver qué expresión pondría la niña: si Caitlin quería un helado no le permitía comprar la heladería, él mismo le preparaba un helado como solía hacerlo su abuelo con él. Y veía en ella esa mirada iracunda contradictoria con su rostro serio. Si la niña hacia un berrinche para comprar un vestido, él le decía que lo mejor era arreglar el que ya tenía en lugar de comprar toda la tienda. Y de nueva cuenta Caitlin se molestaba. Así era Caitlin para Darach, una niña divertida que podría mostrar muchas facetas pero luchando consigo misma por mantener la apariencia de su estricta educación.
Darach siguió pasando los días de su niñez al lado de Caitlin, entre amargos y dulces momentos. Vivió junto a ella la eclosión del huevo pokémon y la evolución de Ralts, conoció a un extraño chico de cabello purpura de nombre Lucian que con el paso del tiempo se convertiría en un fuerte aliado de Caitlin y su pokémon. Conoció el llanto amargo y silencioso de la pequeña dama cuando en su cumpleaños número seis se realizó una fiesta que fue olvidada por sus propios padres y que le demostró a Caitlin que era una niña solitaria. Desde ese día Darach se juro que nunca más la volvería a ver así. Vivió junto a ella la varicela que dejó a ambos niños enclaustrados en un cuarto con la leyenda cuarentena para todos aquellos empleados que no habían contraído la enfermedad en su niñez. La reconfortó cuando ella experimentó por primera vez la pérdida de un ser querido, aprendiendo así el ciclo de la vida. Sobrevivió con ella los pisotones de los pasos de baile. Ambos niños vivieron juntos varios momentos de primera vez. Con el paso del tiempo los días se convirtieron en semanas, luego en meses y al final en años. Ante todas estas vivencias Darach poseía el manual perfecto sobre la vida de Caitlin.
Caitlin se encaminaba a la adolescencia pero el primero en entrar fue Darach. El cambio de voz fue uno de los cambios que más le molestó al joven valet causando las risas discretas de la pequeña dama. Darach dejaba atrás su cuerpo de niño, sus hombros empezaron a ensancharse junto con la espalda, sus manos empezaban a volver más toscas, grandes y un poco huesudas remarcando sus nudillos. Sus piernas se estiraron de la noche a la mañana logrando rebasar por unos cuantos centímetros la figura casi encorvada de su abuelo. También sus gustos de niño quedaron atrás siendo sustituidos por una vasta colección de productos de aseo personal de agradable aroma cítrico convirtiéndolo en su sello personal. Darach estaba en su proceso de crecimiento de niño a hombre. Para cuando Caitlin llegó a la adolescencia Darach ya tenía en cierta forma controlado este cambio, por lo que no le sorprendió el ver a la pequeña dama molestarse de que le siguieran diciendo "pequeña", por lo tanto el resto de los empleados comenzó a llamarla joven dama o en su defecto Lady. También Caitlin cruzó el proceso de detestar su vestimenta alegando que ya no estaba para seguir usando los "vestiditos de niña" pero tampoco le gustaban los vestidos de "gente más madura" porque su cuerpo, apenas desarrollándose, no llenaba los huecos de esos vestidos. Todos en el castillo notaron que las facciones de Caitlin cambiaban, un rostro menos redondo dando paso a uno angular, una figura más esbelta que resaltaba sus piernas y remarcaba su estrecha cintura así como el crecimiento de su pecho. Su mirada y ademanes comenzaban a cambiar de una forma bastante seductora, pero eran acciones inconscientes por parte de Caitlin. Ante todo este proceso de desarrollo el abuelo de Darach se inquietaba, en algún momento las cosas podrían tornarse peligrosas y sería muy duro para su nieto descubrir la prohibición de su oficio.
En el cumpleaños número trece de la señorita, Darach compró todos los regalos y escribió las tarjetas de felicitación con su mano izquierda haciéndolas pasar por tarjetas escritas por los padres de la Lady. Sin embargo fue descubierto por su abuelo. ʹ¿Desde cuándo has hecho esto Darach? ʹ. El valet desvió la mirada ante la desilusión y molestia de su abuelo. ʹEllos no se preocupan por ella, no saben cuándo es el cumpleaños de su hija, ni siquiera conocen sus gustos. Para ellos son más importantes sus negocios. ʹ Y su abuelo le dio una fuerte bofetada. ʹNunca debes de cuestionar a los señores de la casa. ʹ Darach torció la boca y se fue sin dirigirle la mirada a su abuelo. El anciano hombre temía ante lo que ya se imaginaba, su nieto estaba enamorado.
Darach en verdad estaba enamorado, ni siquera él lo entendía, porque en el corazón no gobierna la razón. Sí, tonto y estúpido amor, gracias a él Darach aprendió a escribir con la mano izquierda cuando en realidad es diestro, con el simple propósito de escribir las cartas de felicitación o de apoyo para la joven dama y hacerlas pasar por cartas escritas por los padres de ella. Por qué lo hacía, muy simple, porque la quería ver feliz. Y es que los padres de Caitlin raramente le enviaban obsequios o le escribían, así que el lograr identificar si eran cartas escritas por ellos lo convertía en algo improbable.
El abuelo del joven valet buscó la forma de detener los sentimientos de su nieto. La oportunidad que tanto buscaba se presentó cuando la campeona Cynthia y el magnate Palmer le comentaron sobre un posible puesto en el alto mando de Unova para la joven dama. Al anciano le agradó la idea, lo sentía por su nieto pero así era la vida, entre ellos existían una gran distancia, porque Darach es el empleado y Caitlin es su maestra.
El regreso de Darach sin la joven dama sorprendió a los empleados pero no al anciano. Pero a diferencia de lo que se creía, el joven valet no regresó con la cara de la derrota, por el contrario él regresó con el corazón tranquilo. Esto hizo que el anciano se preguntara qué sucedió entre esos dos.
Los días de Darach sin Caitlin desequilibraron por completo su rutina. Cada mañana se levantaba a la misma hora pensando que debía de preparar el desayuno, pero al comprobar que no tenía a quién prepararle el desayuno se quedaba en la cocina realizando limpieza rutinaria esperando a que los demás empleados despertaran. Su vida monótona al lado de Caitlin era blanca, porque podía ver y acompañar a la joven dama lo cual él disfrutaba, ahora ésta nueva monotonía se volvió negra. Darach se preguntaba si la Lady estaría de la misma forma que él: no dormir bien, sufrir algún accidente por estar despistado, realizar alguna actividad que tenían ambos en común para luego darse cuenta de que la otra persona ya no estaba al lado. Si era así, por muy perverso que fuera, Darach se sentía feliz al saber que no era el único afectado.
En los siguientes días Darach fue llamado por los padres de Caitlin para relevar en su cargo a su abuelo. Nada de otro mundo pues él sabía muy bien para que para eso fue entrenado.
Todo marchaba con tranquilidad luego de que Darach regresara de Unova de recoger a Gallade. Se podía escuchar a Darach silbar mientras trabajaba e incluso tarareaba una canción que siempre le cantaba a la Lady. Hasta el día en que la línea directa de la Lady sonó y Darach se le quedó viendo al teléfono como si fuese alguna aparición divina. Estaba nervioso, sin duda todo su ser le delataba. Con mucho cuidado levantó el auricular y saludó con respeto a la persona del otro lado de la línea como si ésta pudiera ver la inclinación que el joven valet realizaba. El silencio fue el único que respondió a lo cual Darach volvió a saludar, del otro lado de la línea se escuchó un gemido acompañado de un sollozo y un saludo algo torpe. El corazón de Darach dio un vuelco al escuchar la voz de su Lady. La llamada telefónica tuvo una duración de cuatro horas, mismas que se usaron para hablar sobre las aventuras que había tenido la joven dama luego de que Darach se fuera. Darach la escuchó todo ese tiempo con una sonrisa en sus labios, incluso cuando ella le comentó que había adquirido una propiedad en una subasta, la cual le pedía ahora, que la fuera a limpiar junto con todo el personal del castillo ya que eran 70 hectáreas que incluía un lago, un bosque y un castillo del Siglo XVII.
―Château du Ciel ―dijo el abuelo de Darach tratando de recordar en dónde había escuchado ese nombre.
El anciano paseó su mirada por el lugar identificando los puntos más importantes que requerían de cuidado. Por ejemplo: limpiar el lago y alimentar a los pokémon salvajes que en él viven esperando que no se enemisten con ellos. Limpiar el invernadero y deshacerse de todas esas plantas muertas y pesticidas caducos. El laberinto podía esperar para ser podado pero el bosque no podía esperar a ser limpiado de los pokémon fantasma; esto sin duda requeriría de mucha ayuda de los pokémon psíquico y siniestros. Y ahora que lo pensaba, ¿ese viejo roble al pie de la montaña era parte de la propiedad?
El anciano suspiró ante el futuro trabajo que le esperaba a los empleados, esto sin duda sería una gran prueba para Darach como el jefe del personal. Y hablando de él. Su voz se escuchó en el interior del castillo por lo que su abuelo emprendió su camino. Al llegar pudo oír las indicaciones que daba Darach, en ella les decía a los empleados que bajaran todos los cuadros y los guardaran en las cajas de madera para posteriormente embodegarlos. El anciano se acercó a su nieto y pudo ver cómo dos empleados bajaban de la pared más cerca el fresco donde se retrataba a una joven mujer de cabello castaño y ojos miel que sonreía de manera cálida, lucía un vestido amarillo paja de corte princesa. Ver ese cuadro le hizo recordar a la madre de la joven dama. A lo cual Darach negó de manera brusca alegando que la madre de la señorita era más bella, la única mujer que igualaba su belleza era la propia Lady. El anciano negó con la cabeza, por lo visto su nieto seguía de testarudo pero pronto se le pasaría. Porque un amor de adolescentes no trasciende. El joven valet recapacitó y volteó a ver a su abuelo quien no debería de estar allí, el anciano se excusó diciendo que traía una carta del señor. Darach leyó la carta en la cual el padre de Caitlin le pedía que fuera por ella a Unova y la trajera de regreso a Sinnoh.
―¿Qué debo hacer abuelo? ―Darach buscaba una sabia respuesta luego de leer la carta.
El anciano no supo responderle, también para él era un dilema este reencuentro, porque aunque no lo quisiera imaginar sabía que el resultado era obvio, esto podría desatar sentimientos por ambos lados.
La caída de un candelabro hizo que Darach y el anciano voltearan a ver a los empleados, quienes comenzaron a gritar que la casa estaba embrujada. Darach se acercó al candelabro examinado el costo por su reparación cuando el cuadro de la joven mujer de cabello castaño, que había sido previamente envuelto y guardado en una caja de madera, salió de la caja elevándose a unos cuantos metros por encima de todos. El cuadro se agitó de un lado para el otro y finalmente el pokémon fantasma que lo cargaba se hizo visible. Empoleon le lanzó un ataque de agua, no obstante el pokémon desapareció dejando que el ataque golpeara contra una ventana. Esto irritó al pokémon de agua. Las travesuras realizadas por el pokémon fantasma continuaron y más pokémon fantasma aparecieron en la estancia. Algunos empleados salieron corriendo del castillo entre gritos y pidiendo la ayuda de los pokémon psíquicos y siniestros. El Alakazam de la Lady hizo acto de presencia y detuvo a casi la mayoría de los pokémon fantasma quienes fueron por fin golpeados por el ataque de agua de Empoleon. El pokémon que cargaba el cuadro fue en ayuda de sus amigos soltando así el fresco. Darach les gritó a los empleados que quedaban que atraparan el cuadro, todos se abalanzaron hacia la dirección donde posiblemente caería el cuadro, Darach también corrió. Las probabilidades de que algún empleado llegara a tiempo y lo atrapara eran escasas, el cuadro caía al vació hacia su final. Una sombra verdosa atravesó la estancia como un rayo, dio un salto y atrapó el cuadro en pleno aire, luego cayó con elegancia y posteriormente le entregó el fresco a Darach.
―Gallade. ―dijo el anciano respirando aliviado.
Alakazam y Gallade atrapaban a los pokémon fantasma, Empoleon y Houndoom les daban el golpe final. La limpieza por el castillo se llevó a cabo al igual que en el bosque. Tanto Darach como el anciano se preguntaban por qué había tantos pokémon fantasma, ya que ellos usualmente suelen rondar en lugares donde abunda la desgracia. Esto les hizo preguntarse qué clase de lugar había adquirido la joven dama.
―Su nombre me es familiar pero no recuerdo de dónde. ―dijo el anciano esforzándose por recordar.
El joven valet le pidió que no se esforzara, quizás el tema era poco relevante. El anciano siguió pensando. Los empleados que salieron corriendo del castillo cuando vieron al los pokémon fantasma fueron regañados por Darach, ahora ellos tenían la obligación de llevar todas las cajas de madera al sótano para embodegarlas. Algunos se estremecieron con la orden pero Darach no le dio importancia. Cuando Gallade terminó de envolver el cuadro que había salvado, el anciano abrió muy grande los ojos.
―Ya lo recuerdo. ―dijo el anciano sobresaltando a los empleados y a su nieto― Château du Ciel es el nombre del castillo donde vivía aquella familia.
El anciano se acercó a la caja donde Gallade guardó el cuadro y le pidió al pokémon que lo volviera a colocar en donde estaba. Darach protestó. El anciano le contestó que estaba bien, los pokémon fantasma aparecieron cuando el cuadro fue retirado, de hecho fue el único que los pokémon agarraron. El joven valet le exigió una explicación ante todo esto. El anciano asintió.
―Fue por aquel entonces, cuando mi hijo y su esposa murieron. Recuerdo que fui a hablar con el señor de la casa para pedirle que me permitiera entrenarte como mi suplente. En esos días el padre de la joven dama y su esposa viajaban mucho para hacer crecer su emporio turístico. Y en uno de esos viajes el señor se encontró con el empresario del Grupo Beat dedicado a la farmacéutica. El empresario del Grupo Beat se encontraba visitando un laboratorio que estaba próximo a encontrar la cura para una enfermedad con tasa de mortalidad alta. Curiosamente ese laboratorio colindaba con las tierras que el maestro quería adquirir para poder construir un centro turístico. No sé lo que sucedió entre los dos hombre pero sí sé que el maestro regresó muy irritado. Al poco tiempo se escuchó que ambos empresarios se habían declarado la guerra, por lo que no dejaron de llegar muestras de apoyo hacia el señor. Claro que así como existían los que querían la caída del Grupo Beat también estaban los que querían la caída del emporio turístico, pues ambos empresarios eran el tema de conversación en las bolsas de valores de cada región. ―el anciano hace una pausa para tomar aire― Se decía que el Grupo Beat acorralaba a los pequeños laboratorios cortándoles los ingresos y llevándolos a la quiebra para así poder hacerse de sus patentes. Por el otro lado el maestro compraba las tierras por debajo de la mitad de su costo real presionando a los dueños a vender. ―el anciano niega con la cabeza― Son actos deshonrosos pero así es como se llevan a cabo los negocios. A los pocos meses el Grupo Beat adquirió dos nuevas patentes y consiguió tres laboratorios más. El maestro no se quedó atrás y construyó un nuevo centro turístico y firmó un contrato con una proveedora de viajes para ofrecer vuelos especiales a sus clientes. Luego de un tiempo, se llegó a escuchar en el círculo de empresarios un rumor que decía que el pequeño heredero del Grupo Beat buscaba prometida, al parecer una nueva familia de ricos, que llevaba el negocio de los cosméticos, apuntaba a tal puesto con su hija. El maestro enfureció, la pequeña dama aún era un bebé para que se le buscara un prometido. ―el anciano suspiró― En el mundo empresarial los matrimonios son arreglos comerciales. El señor esperó a que la joven dama tuviera la edad de tres años e inició la búsqueda de su prometido, entre más pronto mucho mejor, para consolidar lazos o eso era lo que pensaba. Así fue como recopiló un gran número de expedientes sobre los hijos de empresarios, políticos y aristócratas, cuando otro rumor se esparció en el círculo de empresarios. Al parecer el Grupo Beat había caído. Las acciones de la farmacéutica se fueron en pique adquiriendo deudas con los bancos. La noticia de que la esposa del empresario farmacéutico se había suicidado se esparció como pólvora. Todos hablaban de que encontró a su esposo siéndole infiel con la madre de la prometida de su hijo. Cuando encontraron su auto al pie de un acantilado, el equipo de rescate trató de sacarlo en una pieza, pero la calcinación fue de tal magnitud que el armazón del auto se despedazó. ―*suspiro*― Un final demasiado triste para una mujer tan joven como ella. ―El anciano voltea a ver el cuadro, luego pasea su mirada por la estancia― Luego de que los bancos disolvieran la empresa y vendieran las propiedades de la familia, el rumor de que el empresario se había suicidado llegó a los oídos del señor. No hubo funeral para el empresario porque se considera desaparecido por parte de la fiscalía, pero sí hubo un funeral para su esposa. Cuando se anunció la fecha del funeral, el señor decidió ir a presentar sus respetos, aunque fuera desde lejos. Ese día el señor vio al pequeño hijo del empresario. Ese niño posee el mismo potencial que el de su padre y al maestro supo que si alguna vez ese niño regresaba al mundo financiero lo haría cimbrar, tal y como lo hizo su padre. ―El anciano hace una larga pausa para tomar aire― Pero hasta el momento ha seguido oculto, no obstante su apellido es aún reconocido entre los empresarios.
Darach observó el cuadro de la joven mujer, no importaba cuanto atacaran a los pokémon fantasma ellos seguirían ahí.
―El olor de la tristeza debe de ser muy fuerte en este lugar. ―dijo Darach viendo cómo Gallade hace una reverencia al cuadro― Abuelo, esta misma noche parto hacia Unova para traer de regreso a la señorita.
Un viaje en avión es mucho más rápido que uno en barco, y aún así Darach tardaría tres días en llegar a la Liga Pokémon, pues el aeropuerto más cercano lo dejaba a tres ciudades lejos de la liga. Vaya problema. Pero bueno, eso era en cierta forma lo mejor para Darach, así hacía una escala en la casa de la playa para limpiarla y de paso también servía como un escape a su problema personal sobre cómo convencer a la Lady de regresar a Sinnoh.
•~•~•
Caitlin cruzó corriendo la estancia del centro pokémon a tropiezos pues casi chocaba contra la puerta eléctrica debido a la velocidad que llevaba. Se abalanzó contra el mostrador y se hubiera subido a él de no ser porque la enfermera la empujó y le pidió de la manera más amable que no lo hiciera. La joven dama venía muy agitada, algo inusual en ella. Mechones de cabello dorado le caían sobre su cara que se encontraba levemente brillosa por el sudor. Estaba sin aliento, no podía pronunciar palabra alguna por lo que levantó la pokéball y se la mostró a la enfermera. La enfermera vio al pokémon dentro de ella y de inmediato la tomó, pero una descarga eléctrica provocó que soltara dicho objeto ocasionando la invocación del pokémon dentro de ella.
―Tiene mucha fiebre, tenemos que bajársela de inmediato. ―dijo la enfermera apenas tocando la frente del pokémon.
La enfermera llamó a su colega y el pokémon ayudante se acercó hacia el mostrador con una camilla. Caitlin vio cómo acomodaron a Gothitelle en la camilla para luego desparecer tras una puerta con focos verde y rojo. El foco rojo se encendió.
La puerta eléctrica del centró pokémon de nueva cuenta se abrió para dejar pasar a una agitada Banette seguida muy de cerca por Shauntal y Marshal. Luego de un rato llegó Alder seguido de Grimsley. Este último se dejó caer en una de las bancas y dio un largo bostezo. Alder se encaminó a una máquina de bebidas adquiriendo agua y jugo para todos, una botella de agua se la entregó a Grimsley a lo cual el entrenador oscuro la abrió para darle un sorbo.
―Si sigues así te vas a enfermar. ―dijo Alder destapando su botella de agua.
Grimsley levantó la mirada y se le quedó viendo al campeón. El entrenador oscuro se veía fatal, sus ojos estaban enrojecidos debido a que llevaba dos días sin poder dormir bien, como consecuencia cargaba unas ojeras que le hicieron acreedor al apodo de "panda". Su humor, bueno estaba más irritado que de costumbre pero para alivio de todos ninguna palabra salía de su boca, sólo gruñidos. Grimsley se acomodó en la banca y colocó el resto de su bufando sobre sus ojos esperando así poder dormir aunque sea un poco. Pero la voz de Shauntal dándole palabras de aliento a Caitlin hicieron eco en el centro pokémon a lo que el entrenador oscuro se levantó y salió del lugar.
―¡Grimsley espera, no puedes andar tú solo por ahí! ―le gritó Alder corriendo tras de él. Pero luego volvió a entrar al centro pokémon― Caitlin lo siento mucho pero no puedo dejar a Grimsley vagando sin compañía. Nos reuniremos en el hotel.
La joven dama asintió comprendiendo la situación, la salud del entrenador oscuro también importa.
El tiempo transcurrió y por fin el foco rojo del cuarto de urgencias pasó a verde y salió la enfermera. Caitlin miraba fijamente a la enfermera tratando de prestar atención, de verdad lo intentaba, pero no podía. Escuchó algo sobre: ʹEstabilizamos su temperaturaʹ. Y también ʹDebe de quedarse bajo observación esta nocheʹ.
Caitlin decidió quedarse en el centro pokémon toda la noche, no obstante la enfermera le pidió que se retirara, que su pokémon estaba en buenas manos y mañana muy temprano se podía ir. Caitlin negó con la cabeza a lo que Banette imitó el gesto. La enfermera le recomendó que descansara, tampoco era justo para su pokémon si se llegara a enterar de que su entrenadora pasó la noche en vela.
―Los pokémon psíquicos son muy receptivos, más cuando logran una sincronización. Como ahora.
Caitlin se extraño de estas palabras, ¿a qué venía en este momento el tema de la sincronización? Ella iba a preguntarle más sobre el asunto cuando sintió la mano de Marshal jalarla por el hombro derecho.
―Vamos Caitlin, descansemos en el hotel y mañana temprano venimos por ella.
―Pero es que…
Marshal le pidió que le hiciera caso a la enfermera, debía descansar. Caitlin agachó la mirada y se despidió de la enfermera diciéndole que si cambiaba la condición de Gothitelle, sin importar la hora, la llamara. La enfermera asintió.
La joven entrenadora siguió a los otros dos con la cabeza agachada, mirando las formas del suelo, contando las líneas del pavimento quebrado, pateando alguna que otra piedra… Dio un profundo y largo suspiro. Tanto Marshal como Shauntal la miraron con preocupación, algo tenían qué hacer. Marshal miró por los alrededores hasta que una idea cruzó por su mente. Sin decir ni una sola palabra tomó de la muñeca derecha a la entrenadora psíquica y se encaminó hacia un edificio seguido por Shauntal que, ante la mudes de Caitlin, le preguntaba ʹEn qué estaba pensandoʹ. Marshal pagó la entrada de tres personas y se dirigió al elevador presionando el botón del último piso. Al salir del elevador fueron recibidos por un empleado que les indicó que siguieran la línea amarilla. Marshal encabezó la caminata, tras de él estaba Caitlin viendo los alrededores del lugar. Entraron a un cuarto donde había fotos en blanco y negro que retrataban la ciudad hace 50 años cuando sólo era un pueblo, también logró ver una maqueta de la ciudad de cómo se veía hace 30 años. Había de todo, fotos, maquetas, planos urbanos, videos y audios. Era la línea de tiempo de la ciudad marcando su inicio hasta la gran urbe que era hoy. Shauntal no pudo evitar acercarse a la maqueta de un auto viejo de hace 40 años que estaba al lado de una carreta con más de 60 años de antigüedad. Los tres entrenadores disfrutaron del recorrido hasta que la línea amarilla los dirigía a la salida. Ya en la puerta otro empleado les indicó que siguieran la línea azul, ya que la línea amarilla los llevaba de regreso a la entrada del museo. En esta ocasión fue Shauntal la que encabezó la caminata con bastante alegría dando grandes pasos. Subieron un par de escaleras y al final llegaron a una estancia no tan agradable, era la cafetería. Shauntal hizo un puchero e iba a decir algo cuando la voz de otro empleado se escuchó por toda la cafetería gritando que otro grupo de 30 personas se formara frente a él. Muchas personas se abalanzaron hacia donde estaba el empleado entre empujones e insultos, otros empleados tuvieron que intervenir.
Marshal, al ver esto, prefirió sentarse en una de las mesas de la cafetería.
―Primero deberíamos de tomar un refrigerio.
Ante la idea las dos mujeres aceptaron.
Sin mucho ánimo Caitlin comió un poco de fruta y bebió un jugo. Marshal pidió un emparedado jumbo y una limonada. Shauntal se conformó con una rebanada de pastel y un té.
Las horas fueron pasando y el sol ya estaba por ocultarse. De nueva cuenta, por vigésima vez, los tres entrenadores escucharon la voz del empleado gritar que se formara una fila de 30 persona; a diferencia de las anteriores veces en esta ocasión el número de visitantes en la cafetería era menor de 30 por lo que los tres entrenadores se formaron hasta el final siendo ellos los respectivos números 22, 23, 24. Caitlin se formó delante de los otros dos esperando seguir el camino de la línea, no obstante el empleado les indicó que siguieran el pasillo y subieran las escaleras de al fondo. Caitlin se desilusionó.
Sumida en su refunfuño Caitlin caminó con la cabeza agachada siguiendo por inercia a las demás personas sin darse cuenta que la fila se detuvo y terminó chocando contra la espalda de la persona delante de ella. Caitlin no se disculpó y obtuvo una mirada de molestia por parte del señor que le echó en cara su falta de respeto, Marshal se apresuró pasando a un lado de Shauntal y se detuvo al lado de Caitlin para ofrecer una disculpa en nombre de ella. El señor lanzó un bufido y miró de reojo a Caitlin, le dijo que debía de afrontar la responsabilidad de sus actos y después reanudó su camino cuando la fila avanzó.
―Ese señor… ―gruñó Shauntal lista para decirle un par de cosas pero Marshal le detuvo.
Caitlin dio un suspiro largo, estaba dispuesta a dar media vuelta y bajar pero Marshal se lo impidió.
―Vamos, sube. Lo que sigue te va a gustar, confía en mí. ―dijo Marshal cerrando su mano derecha en un puño y dándole un leve golpecito en la mejilla derecha.
Caitlin le sonrió y aceptó, Marshal le devolvió la sonrisa y le revolvió el cabello. Todo esto fue presenciado por Shauntal que no les quitaba la mirada de encima y guardaba silencio.
Caitlin reanudó la caminata y subieron otro par de escaleras y al final se encontraron con una puerta custodiada por otro empleado.
―Señores, disfruten de su visita. ―dijo el empleado abriendo la puerta.
Caitlin sintió una fuerte ráfaga de viento que le revolvió el cabello y agitó su largo vestido, Shauntal tuvo que cruzar sus manos sobre la falda de su vestido para evitar que se le levantara. Marshal cerró los ojos aspirando profundo el viento que se colaba por la puerta. Los tres miembros cruzaron la puerta y fueron deslumbrados por la tenue luz del sol. El sonido del viento se mezclaba con los gritos alegres de las personas, el de los niños pidiendo dinero para los prismáticos, el de jóvenes gritones a la orilla de la reja de seguridad diciendo sus frases absurdas sobre ser los reyes del mundo, o uno que otro enamorado diciendo el nombre de su amor platónico.
Caitlin se acercó al barandal de protección para apreciar mejor la vista. No había punto ciego, el mirador estaba ubicado en el rascacielos más alto de la ciudad. La cara de Caitlin se llenó de felicidad. Marshal sonrió al ver su objetivo logrado y se acercó a Caitlin.
―Ves, te lo dije.
Caitlin asintió con euforia y le susurró un gracias.
Shauntal vio a los dos entrenadores mantener una conversación ignorando por completo su presencia. Marshal le seguía revolviendo el cabello a Caitlin, luego esta se enojaba y enseguida Marshal fingía que se lo peinaba cuando en realidad se lo revolvía más. Molesta, la entrenadora psíquica sacó un listón rosado de entre su bolso de mano y se amarró el cabello siendo ayudada por las fuertes ráfagas de viento. Marshal se cruzó de brazos y fingió molestia a lo que Caitlin le sonrió con malicia y después soltó una carcajada siendo está la primera vez que Shauntal ve tal acción en la entrenadora psíquica, pero parecía que esta acción no era la primera vez para Marshal a lo cual él también soltó una carcajada acompañando a Caitlin. Shauntal los siguió viendo en silencio hasta que una persona se le acercó y le habló.
―¿Una foto señorita? ―dijo un hombre mostrándole una cámara fotográfica.
Shauntal asintió y se encaminó hacia los otros dos colocándose en medio de ellos y agarrándolos del brazo. Marshal y Caitlin se sorprendieron y voltearon a ver al hombre que les decía que sonrieran. Marshal se encogió de hombros y se acomodó, Caitlin peinó su cabello y se agarró muy bien del brazo de Shauntal. Tres fotos iguales fueron tomadas con ellos posando, teniendo como fondo la ciudad y el lago, no faltó que una parvada de pokémon aves pasó volando dándole un toque único a la foto. El fotógrafo les preguntó si querían más fotos, a lo cual ellos asintieron. Marshal se tomó algunas posando de espalda y levantando los manos viendo a la ciudad, otra en donde posaba junto a sus pokémon en pose de combate, algunas más con Shauntal y otras con Caitlin. La joven dama también posó junto a sus pokémon, unas con Shauntal y otras en solitario, estas últimas para mandárselas a Darach. Shauntal también imitó la pose de Marshal levantando los brazos y viendo hacia la ciudad, otra en donde fingía tener a la ciudad en la palma de su mano, y las últimas junto a sus pokémon. Las últimas fotos antes de que se ocultara el sol fueron en grupo, los pokémon de los tres entrenadores también posaron al lado de ellos. Shauntal de nueva cuenta se colocó en medio de ellos, de hecho en todas las fotos de grupo Shauntal posaba en medio de Marshal y Caitlin, lo cual ellos no lo encontraron extraño y dejaron que ella ocupara ese lugar en la última foto. Los tres estaban sonriendo cuando otra fuerte ráfaga de viento alborotó a todos en el mirador. El listón de Caitlin se aflojó y salió volando con la ráfaga de viento desatando su larga cabellera. Caitlin salió del cuadro de la foto y corrió tras su listón seguida de Marshal, Caitlin se estiró tratando de agarrar el listón pero Marshal dio un brinco y lo atrapó antes que ella. Cuando lo tuvo en sus manos le mostró el listón a Caitlin pero en seguida retrajo su mano, Caitlin iba a agarrar su listón e hizo un puchero al ver que Marshal le jugó otra broma. Tras reírse un poco, Marshal giró a Caitlin y le recogió el cabello atando el listón en un moño.
El sol se ocultaba, los dos entrenadores vieron que la última foto quedó arruinada debido a la ráfaga de viento. El fotógrafo se acercó a ellos seguido de cerca por Shauntal, les entregó un paquete donde estaban todas las fotos que se tomaron no sin antes decirles unas cuantas palabras a los dos entrenadores: ʹQué todos sus días estén llenos de felicidad.ʹ Marshal se le quedó viendo y enseguida pagó las fotos.
La visita al mirador de la ciudad fue de lo más divertida despejando así la mente de Caitlin. Por primera vez, luego de tanto tiempo, podía sonreír de manera genuina. Los tres se encaminaron hacia el hotel donde Alder hizo la reservación para pasar la noche antes de continuar su viaje rumbo a la Liga.
―Y ustedes, por qué vienen tan sonrientes. ―dijo Alder recibiéndolos en la suite― ¿Qué sucedió con Gothitelle?
Marshal se apresuró en explicarle la situación al campeón antes de que Caitlin cambiara su buen humor, pero de nada sirvió pues Caitlin se entristeció enseguida.
―Me iré a dormir. ―dijo la rubia con deje de culpa.
Alder le indicó cuál era la recamara que compartiría con Shauntal.
El campeón tenía la costumbre de que todos durmieran en una suite de tres recamaras con cuatro camas individuales y una matrimonial. Esto con el propósito de "fortalecer lazos" entre los cuatro miembros. La ventaja que poseían las suite, además de tener una sala de estar, era que venía integrado con una cocina pequeña y un comedor, cuartos individuales con camas, ya sea individual o matrimonial, y dos baños. Para Alder era conveniente adquirir una suite así porque podía siempre tener un ojo sobre los entrenadores, igual que como en la Liga Pokémon donde todos convivían.
―Maestro, ¿cuál es mi cuarto? ―Marshal buscó con la mirada al entrenador oscuro que al parecer ya se había ido a dormir.
―Ese de ahí. ―le señaló Alder la puerta de al fondo― Pero lo compartirás conmigo, he decidido que Grimsley duerma solo para ver si así logra descansar bien.
Esto último sorprendió a Marshal y a Shauntal. Por un instante se habían olvidado de la condición del entrenador oscuro.
La segunda puerta cerca de la cocina se abrió de golpe dejando ver al entrenador oscuro con una cara de pocos amigos. Arrastrando los pies y dando leves gruñidos se dirigió a la cocina y buscó la jarra con agua cerca del refrigerador, agarró un vaso de la alacena y se sirvió un poco de agua para bebérsela de un solo trago. Con jarra y vaso en mano se dirigió a su cuarto y cerró la puerta.
Los tres entrenadores se quedaron viendo hacia la puerta, no cabía la menor duda de que Grimsley lo estaba pasando fatal. Esto les hizo preguntarse, ¿qué le estaba causando insomnio?
Alder exhaló con fuerza, se rascó la nuca y volteó a ver a Marshal y a Shauntal quienes voltearon a ver al campeón.
―Yo también me iré a dormir. ―dijo Shauntal de manera tímida.
Marshal se despidió de su maestro y se encaminó hacia su cuarto. Alder se quedó en la sala de estar con la compañía de los pokémon.
―Parece que nadie quiere cenar esta noche. ―dijo Alder viendo la mesa que ya tenía puestos los manteles.
A la mañana siguiente Alder se encontraba sentado frente a la mesa leyendo el periódico. Al despertar vio que Marshal no estaba en su cama por lo que supuso que fue a entrenar y ahora estaba en el baño dándose una de sus largas duchas para quitarse el olor a sudor. Pasaron unos cuantos minutos cuando Shauntal salió de su cuarto cargando un sobre blanco y preguntando por Caitlin, Alder bajó un poco el periódico para ver a Shauntal por encima de él.
―Quizá esta en el segundo baño ya que me imagino que Marshal está usando el principal. ―le contestó sin darle mucha importancia.
La entrenadora fantasma se inquietó al escuchar que posiblemente Marshal se estaba duchando. De inmediato se giró a ver si todos los pokémon en la sala de estar estaban completos.
La segunda puerta cerca de la cocina se abrió de golpe dejando ver a Grimsley, el entrenador oscuro dio un paso y se tambaleó un poco, se incorporó y caminó hacia la mesa donde se dejó caer en una de las sillas. Alder se le quedó viendo con sorpresa, imaginó que Grimsley había dormido bien al ver que no había amanecido en el sofá de la sala de estar. Pero por lo visto se equivocó.
―Por Arceus, ¿te encuentras bien? ―preguntó Alder al ver su cara de fatiga.
Grimsley levantó la vista y se le quedó viendo con esos ojos rojos y ojerosos.
―Tú qué crees. ―fue su única respuesta antes de recargar su cabeza contra el respaldo de la silla.
Las primeras palabras de Grimsley luego de tres días mudo. Alder no sabía si sentirse feliz o triste de escuchar su sarcasmo.
El pitido de la cerradura de la suite se escuchó y acto seguido se abrió la puerta. Los presentes en el comedor voltearon a ver hacia la puerta, dos de tres creían que todos estaban ahí dentro, pero no era así. Desde la entrada se asoman Marshal y Caitlin junto con Banette.
―¿Ustedes de dónde vienen? ―pregunta Shauntal con irritación.
Alder la volteó a ver pues ese tono de voz le sorprendió. Grimsley se limitó a ver a los recién llegados y levantó una ceja cuando escuchó a Shauntal.
―Venimos de recoger a Gothitelle. ―dijo Caitlin mostrando la pokéball de la mencionada.
Shauntal frunció el ceño y dio un fuerte pisotón.
―Debieron de haberme despertado para ir con ustedes.
Alder bajó el periódico y lo guardó a un lado.
―Perdón. ―dijo Caitlin apenada y sintiendo culpa.
Marshal dio un paso adelante y estiró su brazo en forma protectora delante de Caitlin.
―No es culpa de Caitlin. Ella te avisó y le contestaste que en cinco minutos estarías lista. Te esperamos los cinco minutos y fue a buscarte, pero seguías en la cama. Ella de verdad trató de despertarte, pero al ver que no reaccionabas le dije que te dejara dormir. Caitlin no podía esperar más tiempo sin saber de su pokémon.
Shauntal hizo un puchero y lanzó el sobre de fotografías en la mesa sobresaltando a Alder.
―¡Tú no entiendes nada Marshal! ―y acto seguido se fue hacia su habitación.
Marshal se frotó el cuello, sabía que hizo mal en contestarle a Shauntal. Alder se levantó y se encaminó hacia el cuarto de la entrenadora fantasma seguido de cerca por Marshal. Caitlin se sintió tan culpable que se escondió en el baño. Banette se quedó viendo hacia todos lados sin saber qué hacer. Grimsley suspiró al escuchar cómo Alder y Marshal tocaban la puerta del cuarto de Shauntal, se frotó la frente ante el dolor de cabeza que le producía el ruido sumando a esto sus días de desvelo. Y entonces vio el sobre que Shauntal había lanzado y procedió a abrirlo.
Por lo visto esos tres hicieron turismo luego de dejar a Gothitelle en el centro pokémon. Fotos nada fuera de lo común. Shauntal posando con alegría, la princesa posando como toda una dama refinada, Marshal haciendo sus poses de lucha, luego los tres juntos, cada uno con sus pokémon, todos juntos con sus pokémon…
―¿Y esto? ―Grimsley se detiene en una foto viéndola con cuidado.
Los tres estaban posando con el sol a sus espaldas a punto de ocultarse, Shauntal en medio de Marshal y Caitlin pero por lo visto Caitlin se soltó del agarre de Shauntal. A diferencia de las demás fotos, en ésta la joven dama traía el cabello suelto. Grimsley pasa a la siguiente foto y en ella ve a Marshal soltándose del agarre de Shauntal. Pasando a la siguiente foto sólo están Marshal y Caitlin tratando de alcanzar una cinta rosa. La próxima foto muestra a Marshal atrapando la cinta. Grimsley pasa a la siguiente foto y en ella se ve que Marshal le jugó una broma a Caitlin, en la otra foto se muestra a Marshal colocándole la cinta a Caitlin y la última foto muestra a estos dos viéndose de frente y riendo. Grimsley dejó caer las fotos y dirigió su vista hacia donde estaban Alder y Marshal tratando de hablar con Shauntal.
El entrenador oscuro ya tenía suficiente con el dolor de cabeza y aún así su irritación creció. Empujó la silla al levantarse, agarró el paquete de fotos y se dirigió hacia donde estaban Marshal y Alder. Al llegar junto a ellos, le aventó las fotos al entrenador de lucha dándole en la espalda.
―¿Qué significa esto? ―gruñó Grimsley.
Si ya de por sí traía un aspecto terrible y aterrador, después de esto parecía el mismo demonio salido del infierno. Alder lo volteó a ver y trató de tranquilizarlo, Marshal se giró y bajó la mirada para ver lo que le lanzó Grimsley. Y ahí estaban en el suelo las fotos del mirador. Sin llegar a comprender la pregunta, Marshal las agarró y fue pasando foto por foto, su expresión cambió en muchas formas.
Grimsley agarró a Marshal por el cuello de su traje de entrenamiento y lo acercó a él.
―¡Te lo preguntare aquí y ahora, y quiero que me contestes sin rodeos! ¡¿Qué sientes por la princesa?!
Alder abrió muy grande los ojos y volteó a ver a Marshal al no comprender la pregunta.
Marshal volteó a ver hacia la puerta del cuarto de Shauntal.
―No sé de qué me hablas. ―dijo con tranquilidad.
Esto irritó aún más a Grimsley.
―No te hagas el tonto conmigo. ¿Es que acaso no te das cuenta de tus acciones? Desde que dejamos la montaña nevada te has vuelto sobreprotector con ella. No hay ni un solo minuto sin que la dejes sola. Por muy buenas que sean tus acciones pueden mal interpretarse. ¡¿Cómo crees que se siente Shauntal?!
Detrás de ellos se escucha el sonido de un vidrio que se ha roto. Grimsley no se gira pero lanza una maldición en voz baja al suponer quién es. Marshal sigue calmado pero sus ojos se encuentran con la mirada confusa de Caitlin. Alder dice unas palabras y se acerca a Caitlin para recoger los trozos de aquel vaso de vidrio roto. Grimsley sigue dándole la espalda a Caitlin pero tiene de frente a Marshal, su irritación crece y le da un codazo en el costado derecho, el entrenador de lucha reacciona y baja la mirada. Caitlin da media vuelta y al poco rato se escucha la puerta de la suite. Alder llama a la entrenadora psíquica y otra vez se escucha la puerta de la suite.
El entrenador oscuro se lleva una mano al rosto y se talla parte de la cara, de verdad está muy cansado que lo último que quiere es gastar energía en una discusión que al parecer no llegará a nada. Marshal se hace a un lado y camina con la intención de ir a su cuarto, pero Grimsley le corta el paso levantando la pierna y apoyándola en la pared.
―Esta conversación no ha terminado. ―le dice Grimsley en tono seco.
―Piensa lo que tú quieras, para mí Caitlin es una amiga. ―y Marshal baja la pierna de Grimsley con un manotazo.
Grimsley da una fuerte exhalación restregándole su molestia en la cara al entrenador de lucha.
―¿Qué pensarías de mí si a partir de este instante le prestó más atención a Shauntal? La invito a cenar, selecciono su comida y compartimos la mitad del postre. Paso mis dedos por su cabello cuando el viento se lo alborota y además se lo acomodó detrás de la oreja. Tengo con ella una conversación de miradas en donde el silencio es la música de fondo, o reírnos ante la complicidad de una acción que solo nosotros comprendemos. ¿Qué pensarías tú de eso? ¡Eso por donde lo mires, aquí en Unova y en cualquier región, es un coqueteo!
Ahora Marshal agarra al entrenador oscuro por la solapa del saco.
―Mira Grimsley ya me estas hartando, ¿cuál es el punto de todo esto?
―¡Eso quiero saber yo!
―¡Ya te lo he dicho y te lo vuelvo a repetir, Caitlin es una amiga! ¡¿Pero para ti qué es una amiga?! ¡¿Crees que una amiga debe de sufrir para sentirte satisfecho?!
―¡¿De qué rayos hablas?!
―¡Te hablo de Shauntal! ¡Llevas tanto tiempo ignorándola aún sabiendo lo que ella siente por ti! ¡¿Tan difícil es darle una respuesta concreta?! ¡Sólo tienes que decir sí o no!
―¡Pero qué tonterías estás diciendo, ¿acaso eres estúpido?!
―¡Sí, soy un estúpido por seguir enamorado de una mujer que está enamorada de mi amigo!
―¡Esa conversación no tiene razón de ser en este momento!
―¡Lo tiene y mucho! ¡¿Por qué te estás preocupando ahora por los sentimientos de Shauntal?! ¡Dime, ¿acaso ya estás empezando a aceptar la realidad?!
―Marshal eres un -…
―¡Tú, hipócrita!
Marshal atrapa ambas muñecas del entrenador oscuro, Grimsley reacciona y levanta su pierna derecha a la altura de su cintura y le lanza una fuerte patada a Marshal por encima del cinturón para empujarlo, esto causa un desequilibrio leve en Marshal que suelta su agarre en Grimsley. Marshal se recupera y cierra su mano derecha listo para lanzarle un golpe a Grimsley justo en la boca, el entrenador oscuro al ver tal acciona trata de esquivarlo, sin embargo no logra conseguirlo y el puño de Marshal le da justo debajo de la ceja abriendo la carne.
―¡Ve y dile que estás dispuesto a corresponder sus sentimientos, que te esforzaras en mirarla y preocuparte por ella, que nunca dejarás que se ponga triste y derrame una sola lágrima, que al siguiente día la amaras más que ahora…!
―Vaya a amigo. ―dice Grimsley limpiándose la sangre que le cae por el ojo, con el puño ensangrentado le lanza un golpe a Marshal que logra asestar en la boca, acallando las palabras― ¡Ve y díselo tú!
Marshal escupe al sentir el sabor del hierro. Grimsley aprovecha esta oportunidad y se agacha para tratar de derribar al entrenador de lucha que ahora mismo tiene la guardia baja. El pie izquierdo de Grimsley es deslizado entre los pies de Marshal causando su caída. De nuevo Grimsley aprovecha la confusión de Marshal y se coloca sobre él estirando su brazo izquierdo para hacer una llave en el cuello del entrenador de lucha e inmovilizarlo.
―¿¡Piensas que Shauntal es un objeto del cual puedes desprenderte como si fuera cualquier cosa sólo porque no se cumplen tus expectativas!?
Marshal se enfurece ante las palabras de Grimsley, cruza sus brazos para empujar al entrenador y aflojar la llave sobre su cuello, Marshal al ser experto en artes marciales, se apoya en su brazo derecho por debajo de su espalda, da un giro corporal logrando quitarse de encima al entrenador oscuro y antes de que éste reaccione le da una patada en el estomago sacándole el aire. Marshal se incorpora llevando sus brazos hacia atrás usándolos como trampolín para el resto de su cuerpo y caer con fuerza sobre sus piernas. Enseguida camina hacia Grimsley y lo levanta por la solapa de su saco.
―¡No hago esto porque quiero, lo hago porque pienso que es lo mejor para ella!
Grimsley frunce el ceño, tuerce la boca y aprieta los dientes. Levanta su brazo derecho dejando caer el codo sobre las muñecas de Marshal ejerciendo presión para aflojar el agarre del entrenador de lucha. Al mismo tiempo levanta su pierna derecha para asestarle un golpe en el costado. Logrando así alejar a Marshal.
―¿¡Estás renunciando a ella?! ¡¿Piensas que estará mejor conmigo?! ¡Es la declaración más estúpida que he escuchado!
Marshal lo enviste con todo su cuerpo, empujándolo con ayuda de su hombro y llevándolo hacia la sala de estar. Derribando a su paso varios objetos.
―¡Piensa lo que tú quieras! ¡Ya he tomado mi decisión!
Shauntal escucha los ruidos de lo que posiblemente es una pelea, por lo que se levanta de la cama y sale corriendo sólo para ver a ese par golpeándose.
―¡Basta! ¡Ya paren!
Grimsley junta ambas manos formando un solo puño, con eso le da a Marshal justo debajo de la barbilla, en seguida le da una patada en la rodilla izquierda haciendo que Marshal se hinque. El entrenador de lucha atrapa con una de sus manos el pie izquierdo que Grimsley tiene levantado, lo jala hacia él y abre su mano derecha para darle un golpe con la mano abierta justo en la rodilla del otro pie. Como consecuencia Grimsley pierde el equilibrio.
Los dos están hincados recuperando el aliento y viéndose con rencor. Escuchan los gritos de Shauntal pero los ignoran. Ambos se levantan al mismo tiempo y comienzan a forcejear.
―Si ya tomaste tu decisión te diré una cosa. ¡Nunca regreso lo que reclamo como mío!
Y ante esto Marshal golpea con su cabeza al entrenador oscuro justo en la boca. Grimsley se aleja un poco mareado y se limpia la boca, acto seguido le muestra el dorso de su mano a Marshal, hay sangre.
―Lo ves, es obvio que eres un imbécil. Nunca has considerado el renunciar a ella. Así que deja de perder tu tiempo con esa niña mimada y enfócate en lo que realmente quieres.
―Deja de llamar a Caitlin de esa manera tan despectiva.
Marshal se acerca a Grimsley y le da un puñetazo en el estomago sacándole el aire, acto seguido le da con la rodilla en la quijada. El entrenador oscuro retrocede, con la postura encorvada está recuperando el aliento mientras tose. Marshal se le acerca con la pierna estirada dispuesto a darle una patada, el entrenador oscuro reacciona y se agacha para evadir el golpe… Sin embargo su falta de sueño decide recordarle su presencia… Grimsley se marea y ve todo borroso dando paso a la oscuridad… Marshal consigue asestar uno de sus golpes logrando derribar al entrenador oscuro.
―Caitlin es una niña que lucha consigo misma esperando llenar las expectativas de los demás, al mismo tiempo que contiene sus deseos de hacer lo contrario… Pero lo que más me molesta es que cada vez que la veo logro ver en ella a cierto personaje que está frente a mí, y eso me molesta. Porque no quiero que ella termine igual a ti.
Grimsley, que se encontraba hincado, se levanta de golpe y arremete contra Marshal justo como lo haría un jugador defensa de americano logrando derribarlo.
―Y qué. ¿Piensas protegerla hasta tu vejez? No seas tonto.
Marshal se levanta y se acerca al entrenador oscuro. Grimsley por su lado no está dispuesto a ceder. El forcejeo continúa entre intercambio de palabras y golpes. Shauntal comprende que las palabras no funcionan así que trata de separar a esos dos. Se interpone entre ellos y logra atrapar sus puños, pero ellos al sentir el agarre la empujan sin medir la consecuencia. Un fuerte ruido de objetos pesados se escucha en toda la estancia seguido de un ¡Ay! Sólo hasta ahí es cuando los dos hombres detienen su riña y voltean a ver a Shauntal.
Shauntal yace en el suelo tocándose la espalda y parte de la cadera, alrededor de ella están los restos de lo que fue un jarrón y una mesita de madera. Las flores que estaban en el jarrón se encuentran esparcidas alrededor de la entrenadora al igual que el agua. Ambos varones se maldicen de manera mental dejando a un lado su molestia, con vergüenza se acercan hacia su amiga para auxiliarla. Pero un tenedor cruza la estancia y se ensarta en un cuadro. Los tres entrenadores voltean a ver al sentido contrario sólo para encontrarse con la mirada molesta de los pokémon.
Los pokémon de los cinco entrenadores, -solo los que tienen una altura promedio igual a un humano- se encuentran en la sala de estar que han reclamado como su propio cuarto. Cada uno de ellos presenció la pelea, al igual que el desafortunado desenlace, causando molestia en todos ellos. Liepard es la única que se encuentra más cerca de ellos, por lo que es fácil deducir que ella lanzó el tenedor.
En la suite gobierna un silencio incómodo, ninguno de los tres quiere mirarse o decir alguna palabra. Incluso los pokémon se niegan a romper este silencio.
Shauntal sigue tocándose la espalda, trata de levantarse pero hasta el mínimo movimiento le hace contraerse. Marshal le ve y trata de acercarse pero Liepard lanza un gruñido de advertencia. Grimsley mira de manera fija a la felina la cual le regresa la misma mirada y saca a relucir sus garras. Reuniclus y Banette se acercan a Shauntal para ayudarla a levantarse con apoyo de sus poderes psíquicos, con cuidado la recuestan en el sofá de la sala de estar. Scrafty va hacia la cocina, luego de un rato regresa con un recipiente con agua caliente. Sawk recuerda lo que hacía su entrenador cuando se desgarraba un tendón, selecciona las prendas de los dos entrenadores implicados y con ayuda de Bisharp los comienza a despedazar. Vaya que esos pokémon se están vengando muy bien.
La cerradura de la suite suena, la puerta se está abriendo dejando entrar la voz de Alder. La primera en entrar es Caitlin, trae cargando un par de bolsas de papel. Luego entra Alder, también cargando bolsas de papel, pero enseguida su sonrisa se desvanece al ver el desastre en la sala de estar.
―¿Pero qué sucedió en mi ausencia? ―dice el campeón aflojando su agarre en una de las bolsas de papel, provocando que parte de su contenido se caiga.
Grimsley da un chasquido y se limpia su rostro con el dorso de su mano mientras se va a su cuarto. Marshal agacha la mirada para evitar contacto visual con todos, también se está limpiando la sangre.
―Lo mismo de siempre. ―responde Marshal como si fuera lo más normal del mundo. Y se va.
El campeón pasea su mirada por todo el lugar analizando el costo de los daños. Sin duda la cuenta del hotel se va a elevar por los cielos, y esto no le va a agradar a Drayden.
Caitlin mira a Shauntal recostada en el sofá recibiendo tratamiento por parte de los pokémon. Lo que le hace preguntarse qué le sucedió. Pero aún sigue tan avergonzada que se abstiene siquiera a acercársele.
―Me retiro a mis aposentos, ―dice Caitlin sacando un par de cosas de las bolsas de papel.
Alder guarda silencio y mira a Shauntal… Se rasca la cabeza. Por su lado la entrenadora fantasma tiene la mirada clavada en la alfombra café de la sala de estar.
El silencio fue el rey de la sala de estar, los pokémon no se atrevían a interrumpirlo al considerarlo una falta de respeto ante su vulnerabilidad.
―Así que no me quieres contar cómo te hiciste daño. ―dijo Alder rompiendo el silencio.
La entrenadora fantasma siguió viendo hacia la nada.
―Con ésta pomada ya verás que mañana te levantaras como si nada te hubiera pasado. ―dijo el campeón mostrándole un frasco que decía: pomada especial para: raspones, torceduras, dolor de espalda, cólicos, etc.
Un intento de sonrisa se dibujó en los labios de la entrenadora fantasma.
―Caitlin es mi primera amiga después de tanto tiempo. ―dice Shauntal con la voz baja, casi como un susurro igual a los de Caitlin― Siempre hemos sido, Grimsley, Marshal… y yo ―duda si debe mencionar a aquella pelirroja― Desde aquel día, en que Caitlin casi muere por caer al lago, supe que ella era una amiga especial para mí… Pero ahora sé que no sólo es especial para mí, sino que también lo es para alguien más… Y eso no me agrada… ―Shauntal tiene un nudo en la garganta― No quiero odiar a Caitlin, pero tampoco quiero que Marshal sea atento con ella. Yo sé muy bien que él tiene un buen corazón, porque también lo ha demostrado conmigo. ―Shauntal aprieta sus manos― Y quiero que eso siga siendo así…, sólo para mí y nadie más...
Alder termina de aplicarle la pomada. Los sollozos ahogados de Shauntal se escuchan, a lo cual la entrenadora dice que esa pomada no sirve porque le sigue doliendo mucho la espalda.
Caitlin está encerrada en su cuarto, sentada al borde de su cama y viendo la cama vacía de Shauntal. Entre sus manos trae jugando un envase de pomada especial que compró en la farmacia sólo porque Alder le dijo que era muy buena para golpes y raspones, entre otros.
―De seguro Marshal ya curó sus heridas.
Caitlin levantó la vista hacia el techo del cuarto, se le quedó viendo a las muescas de yeso. Siguió jugando con el frasco hasta que por fin se le escapó de las manos y fue a rodar debajo de la cama de Shauntal. Se agachó para buscarlo a tientas, pero en lugar de encontrar el frasco se encontró con una caja de zapatos. Creyendo que a la entrenadora fantasma le gustaba comprar de acuerdo a la moda, abrió la caja sólo para encontrarse un par de muñecos de peluche todos viejos…
―¿Eh? Este se parece a Grimsley. ―Caitlin se le queda viendo, ahora que lo piensa él también está herido.
La joven dama se recostó en su cama luego de dejar la caja de zapatos donde la encontró. Siguió jugando con el envase de la pomada especial haciéndolo rodar por la cama.
―Amor… ―Susurró la rubia al confirmar por fin que Shauntal está enamorada de Grimsley. Pero para Caitlin esas palabras son extrañas porque en lo que lleva de vida se ha regido por la practicidad del cálculo sensato. ―Y a todo esto en qué parte de la ecuación entra Marshal. ―la joven sigue sin comprender las palabras que le dijo Alder cuando abandonó la suite, "un loco apasionado".
Caitlin colocó el frasco de pomada sobre la mesita de noche, sacó la pokéball de Gothitelle y el dio un vistazo a su amiga, recuerda que la enfermera logró estabilizarla pero aún Gothitelle no abría los ojos. «¿Sincronía?» Fue lo que le vino a la mente antes de dar un bostezo. Dejó la pokéball en la mesita de noche y se dispuso a levantar el edredón de su cama dispuesta a dormir.
Encerrado en su cuarto Marshal se cura las heridas con un poco de alcohol y unas gasas, aún sigue irritado, no sabe de qué pero presiente que es por todo. Grimsley luego de limpiar sus heridas con algunos algodones procede a colocar los vendajes sobre sus muñecas, Marshal le apretó con fuerza que le duelo el tan sólo moverlas. Ahora no solo carga con el peso del insomnio sino que además tiene el cuerpo adolorido por los golpes, semejante combinación.
En la sala de estar Shauntal se ha rendido ante el sueño que le provocó el cansancio. Es custodiada por todos los pokémon que al parecer solo permiten que Alder se acerque.
―¿Qué es lo mejor para ti? ¿O para ellos? ―Alder le coloca una manta a Shauntal― Son tantas preguntas qué considerar antes de creer lo que es mejor para cada uno, guiados por sus actitudes egoístas. Espero que algún día lo entiendan y que no sea demasiado tarde.
Alder decide que lo mejor es salir de la suite y comer en el restaurante del hotel. Apenas el día va iniciando pero ya se ha oscurecido para los cuatro jóvenes.
El campeón decide continuar con la lectura de su periódico, al parecer el crucigrama le llama a gritos para que lo resuelva. Con bolígrafo en mano decide contestarlo.
[Palabra que deriva del latín y quiere decir sufrimiento. Es una inclinación hacia alguien o algo de manera excesiva y exclusiva. A esta emoción la acompañan siempre sufrimientos, desengaños, tormentos e ideación fija. Con esta inclinación, el equilibrio mental se trastoca y uno se implica en cualquier decisión que incluya el objeto pasional.]
Alder sonríe ante la ironía de la pregunta. Su mente trae los recuerdos vividos al lado de ellos. Cuenta los espacios del crucigrama, son seis cuadros y vuelve a sonreír al saber que está en lo correcto. Con el bolígrafo en su otra mano decide escribir la tan esperada palabra.
―Pasión. ―deletrea el campeón.
Continuará…
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Gracias a todos los que aún siguen leyendo, en especial a midochan494 por su review. Sí, el trabajo, comprendo U.U (la causa y solución de todos nuestros males... alto, creo que me equivoqué.)
En fin, esperen el siguiente capítulo porque ahora sí dejaré caer una bomba... Saludos a todos ^_^
