3
Hermione:
¿Una serpiente sin madriguera
puede sobrevivir?
En el salón de Transformaciones no había demasiados alumnos. Todavía faltaban diez minutos para el inicio de la clase. Hermione estaba sentada en unos de los primeros asientos. Leía una novela bastante delgada con una sutil sonrisa adornando su rostro. Ella leyó tres veces el capítulo que trabajarían en esa clase, así que se dio el lujo de entretenerse con un libro de ficción en ese rato libre. Poco a poco el salón se fue poblando. Hermione pudo ignorarlo, hasta que sus amigos llegaron y se sentaron a su lado.
—Uf. Pensé que llegaríamos tarde —dijo Harry, mirando al asiento todavía vacío del profesor.
—Insisto, deberían hacer más baños para este colegio. No puedo ir a clases con la vejiga llena, pero perdemos demasiado tiempo en ir al baño —se quejó Ron—. ¡Y luego los profesores nos retan por llegar tarde! ¿Se supone que debo elegir entre mis calificaciones o el baño? ¿No es esto ilegal?
Harry acomodó su pluma y su libro en el escritorio, mientras comentaba:
—¿Recuerdas cuando en segundo año comimos demasiadas ranas de chocolate? Fue una tortura llegar al baño...
Hermione arrugó la nariz.
—Hermano, las escaleras... las malditas escaleras que se mueven... estaba sudando mientras esperaba a que se quedaran quietas —gimió Ron, recordando el dolor.
—Después de que salimos de los baños nadie se atrevió a entrar —completó la anécdota Harry, y tras la última palabra soltó una carcajada ligeramente avergonzada, a la cual Ron se unió, pero riendo con más fuerza.
—¿No pueden tener una conversación menos asquerosa? —preguntó Hermione, enderezando su postura, mientras marcaba la página de su libro con su separador.
—Las mujeres se quejan por todo. ¡Ir al baño es natural! —se defendió Ron.
—Primero, no me importa que hablen de baños, sino de... sus pocos agradables olores corporales. Segundo, las mujeres no nos quejamos por todo, es un horrible y sexista comentario de tu parte. ¡Y tercero...! —Hermione cerró su libro y giró el rostro hacia Ron, mostrando seriedad—. Tienes suerte de ser hombre y no haber experimentado las largas filas que se pueden formar en los baños de mujeres.
—Nunca entendí por qué sucede eso —dijo Harry.
—Es que ellas se lavan las manos —explicó Ron.
Harry, avergonzado, se acomodó las gafas y murmuró: «Pero... yo me lavo las manos». Ron iba a decir algo, pero Hermione lo interrumpió:
—Ron, por Dios, lávate las manos.
—¡Lo hago! Pero ustedes tardan mucho.
Los ojos de Hermione se estrecharon con sospecha.
—Mojarlas con agua no es lavar.
—Yo no... yo... —balbuceó Ron—. ¡Bah! Como sea...
—Asqueroso —dijo Hermione—. Luego de esta clase irás al baño.
—Pero...
—Te lavarás las manos.
—¡Lo haré la próxima!
—No me importa. Vamos a ir, quieras o no. Y tú también Harry.
Ron bufó, recostándose con desgana en el respaldo del asiento.
—¿Yo? —Harry la miró con los ojos bien abiertos—. Pero si...
Si iba a decir algo más, el ruido de la puerta cerrándose lo calló. McGonagall, la profesora de transformaciones, entró al aula. No solo Harry, sino todos los alumnos se callaron de inmediato. Nadie se atrevería a ser irrespetuoso ante una de las profesoras más estrictas de Hogwarts.
—Buen día a todos —saludó—. Abran sus libros en la página catorce. Finnigan, guarde esas golosinas en su túnica por favor. Ya todos saben que comer en el salón está prohibido.
Mientras los alumnos agarraban sus libros, se escuchó el sonido de la puerta abrirse. La mayoría miraron hacia atrás, curiosos de ver quién llegó tarde. La profesora rompió el silencio:
—Buenos días, que amable al regalarnos su... —inició McGonagall de forma acusadora. Pero cuando se dio media vuelta calló. Su rostro generalmente inexpresivo ahora estaba adornado con genuina sorpresa. Terminó de hablar, pero esta vez con un tono más suave—: Señorita Parkinson. Pase.
Hermione entonces también se dio la vuelta para ver a la nombrada. Ella siempre ignoraba a los impuntuales, pero no podía negar que Parkinson le llamaba la atención, no era solo una «impuntual» más. Esa semana la Slytherin había sido protagonista de montones de los rumores entre estudiantes. Uno de sus favoritos, por lo creativo que era, decía que los Parkinson intentaron robar el Banco de Gringotts, pero los descubrieron y perdieron todo su dinero pagando un soborno para no ir a Azkaban.
Aun si algunos rumores le hacían gracia, no entendía por qué seguían circulando, ya que El Profeta había dado información al respecto de la familia Parkinson. Ese periódico era como una piraña social, destrozaba la reputación de cualquier persona sin piedad. Hermione no se enteró hasta después de unos días después del inicio de clases de un titular que había salido durante el verano, que decía:
Los Parkinson, la familia que una vez tuvo una gran fortuna.
En general el inicio del verano suele ser un alivio para cualquier mago o bruja, por el clima cálido y las cercanas vacaciones de verano. Pero no fue así para la familia Parkinson, una de las familias más adineradas del mundo mágico gracias a su editorial Bradley (la editorial de preferencia en cualquier país de habla inglesa).
La empresa de la familia estuvo funcionando bien durante todo el transcurso del año, sin registros de pérdidas. Y aun así, quebró. Cuando salieron a la luz la cantidad de deudas a nombre de la familia que existían, el mundo mágico quedó impactado. Por eso, hay muchos rumores y especulaciones sobre lo sucedido (En la página nro 3 encontrarán entrevistas a varios allegados a los Parkinson, entre ellos, Lucius Malfoy).
Tristemente, la mala suerte de la familia no termina allí. Una semana después del cierre oficial de Bradley, Narcisso Parkinson, ex propietario de la editorial y cabeza del apellido Parkinson, murió en un incendio en su oficina. También existen rumores y especulaciones sobre esta tragedia: se sospecha de varios empleados que fueron despedidos poco antes de la quiebra de Bradley (La próxima semana, en El Profeta daremos más información exclusiva sobre el accidente).
Poco se sabe sobre el resto de la familia. Luego de los acontecimientos Aurora Parkinson, viuda de Narcisso, consiguió un trabajo como correctora de textos en un laboratorio de prueba de hechizos en el Hospital San Mungo. En cuanto a la única hija de Narcisso y Aurora, Pansy Parkinson, parece que continuará con normalidad sus estudios mágicos en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
A medida que la sociedad avanza, las familias que una vez lo controlaron todo, están perdiendo poder. Esta vez le tocó a los Parkinson perder su fortuna, pasando de tenerlo todo, a ser los desafortunados Parkinson.
Esa noticia le dejó a Hermione un mal sabor en la boca. Le generó más dudas que respuestas. ¿Qué pudo suceder para que todos los Slytherin desde el inicio de ese año escolar, marginaran a Parkinson? Dadas las noticias, deberían consolarla. O ignorarla por ser ahora alguien sin dinero. ¿Qué explicación tenía que la hostigaran?
—No haga mucho ruido mientras se acomoda —dijo McGonagall, haciendo que Hermione volviera a la realidad—. Página catorce.
La profesora caminó hacia la pizarra y escribió: "Variables: Teoría del tamaño". Nadie se atrevió a indignarse de que McGonagall no haya bajado puntos a Slytherin por la llegada tarde de Parkinson o que no le haya negado la entrada al salón. Aunque sí se quedaron estupefactos cuando la profesora repitió la página en la que trabajarían, ella no era tan suave con sus estudiantes. Pero claro que se entendía la compasión que le tuvo, la chica parecía haber atravesado el Bosque Prohibido para llegar al salón de clases. Sus rodillas descubiertas, ya que solo llevaba una falda negra y unas medias cortas, estaban manchadas con barro. Sus manos, que se notaba que las había limpiado con algún pañuelo durante el trayecto al igual que a sus rodillas, todavía poseían rastros de tierra. Su cabello negro siempre estaba liso y bien peinado, pero ese día se encontraba desordenado, hasta con algunos pelos en punta. Su túnica también tenía rastros de tierra. ¿Qué rayos había hecho Parkinson de camino al salón?
Parkinson se sentó con prisa y abrió su libro. Se tomó un momento para intentar arreglar más su cabello. Parecía fingir que no había nada raro en ella ni en el ambiente. Actuaba indiferente, como si no notara a todos los alumnos que la miraban como si fueran búhos, con sus ojos bien abiertos y girando sus cabezas de formas poco disimuladas.
—Nunca pensé que diría esto, pero Parkinson ya me está dando pena —susurró Harry.
—A mí me parece divertido —contrarió Ron.
—Esta vez estaré de acuerdo con Harry.
—¿En serio, Hermione? —inquirió Ron indignado—. Ella te molestaba más a ti que a nosotros.
—Es obvio que eso no le sucedió por accidente. La están acosando. No entiendo por qué los profesores no intervienen.
—Escuché que realmente no hay pruebas, por lo que no pueden detener a los matones —dijo Harry—. Cuando preguntaron a otros Slytherin, dijeron que todos en la Sala Común la trataban igual que siempre. No hay heridas físicas como prueba. Y Snape es Snape... Él es un abusador más aquí.
—Colegio muggle o mágico, los abusadores siempre salen ganando... Este es el sistema educativo de nuestro país —se lamentó Hermione.
Ron no habló, pero estaba atento a lo que decían, por lo que parecía estar reflexionando.
—Jóvenes. Silencio —ordenó McGonagall—. Todos los temas que estudiaremos serán importantes para aprobar el TIMO de Transformaciones. Si fuera ustedes, aprovecharía las clases en su totalidad.
Los estudiantes, que habían iniciado a hablar en voz baja por la interrupción de la clase, posiblemente para comentar la situación o reírse de Parkinson, se callaron. Nadie quería probar los límites de la amabilidad de McGonagall.
La clase continuó sin mayores percances. Sin contar, por supuesto, los ya típicos errores de Longbottom en la materia.
. . .
A Hermione todavía le sorprendía la reciente cercanía de su amiga Ginny Weasley con Luna Lovegood. El segundo día desde que llegaron a Hogwarts de repente comenzaron a hacer cosas juntas. No es que la joven de Ravenclaw fuera mala, pero Hermione no veía factible una amistad con alguien como ella. ¿Por qué, entonces, Ginny se llevaba tan bien con la chica? Lógicamente no se quedó con la duda y pidió explicaciones a su amiga.
—Es simple. Yo soy extrovertida y me gusta adoptar introvertidos. Primero te adopté a ti, luego de un tiempo a Luna —dijo Ginny a Hermione, cosa que no la complació.
Después de que insistió bastante, la pelirroja le explicó todo, con muchos detalles. Algo que Hermione valoraba de Ginny, es que ella peleaba por causas justas. La menor de los Weasley no es la clase de persona que ignora los problemas solo porque no le incumben. Ella los enfrenta, y si es necesario ensuciarse las manos, lo hace. Más de una vez se metió en peleas físicas para defender su opinión o a inocentes... Y resultó que fue esa cualidad de su personalidad, que inició esa curiosa amistad.
Luna y Ginny estaban un año por debajo de Hermione, así que ellas se cruzaban bastante seguido entre clases desde años anteriores. Al inicio de este año algunos de Ravenclaw se estaban burlando de Luna a sus espaldas y Ginny de casualidad los escuchó. No era la primera vez que veía esa clase de ataques hacia la rubia, pero justo ese día, le molestó más de lo normal. Se encaprichó, les digo idiotas a ellos, les dio un golpe en la nariz a cada uno y fue a hablarle a Luna. Así de simple inició todo.
Según Ginny, era divertido pasar tiempo con Luna ya que los temas de conversación nunca terminaban y se podían volver de lo más extravagantes. También porque Luna era buena oyente. Parece que era una de las pocas personas en Hogwarts que poseía la paciencia suficiente para que las verborreas de Ginny no la desquiciaran.
Todo el mundo mágico estaría de acuerdo en que era una unión extraña la de ese par. Ginny era popular entre los alumnos de diferentes casas, en cambio la rubia era esa rara a la que los alumnos de todas las casas prefieren evitar; pero sin duda eran tan compatibles como la cerveza de raíz y la mantequilla, una combinación que no se espera que funcione, pero lo hace de forma espléndida.
Las dos chicas de Gryffindor se encaminaban al campo de quidditch. Allí estaban Harry y Ron, que esperaban a Ginny para practicar. Hermione por eso llevaba su libro de pociones, para adelantar sus tareas desde las gradas.
Durante el trayecto, conversaron también sobre su reciente pasatiempo en común: Pansy Parkinson. Cada una aportó a la otra sus respectivas nuevas informaciones. Toda la situación era de lo más curiosa. Para Ginny se trataba de uno de los chismes más interesantes desde que había ingresado a Hogwarts. En su ranking personal de rumores, luchaba por el primer puesto contra el que sucedió durante su primer año, cuando Harry habló pársel y todos en Hogwarts enloquecieron tratando de averiguar cuál sería la relación de Harry Potter con Salazar Slytherin. Para Hermione, se trataba de un misterio que le urgía resolver. Se lo estaba tomando de manera bastante personal desde ese encuentro con Parkinson en el tren. En especial porque notaba los claros huecos de información para explicar lo que sucedía. A ella, eso de no tener toda la información no la dejaba tranquila. Algo raro sucedía allí, y quería saber qué.
—Parkinson siendo menos horrible de lo normal. Parkinson disculpándose —susurró Hermione para ella misma, sin dar crédito a lo que su amiga le contó de la noche anterior.
—Luna piensa que todos deberíamos intentar ser amables con ella.
—¿Intentar ser amables con Parkinson?
—¿Vas a repetir todo lo que digo? —preguntó Ginny.
—Es porque dices locura tras locura. Ya pareces Lunati... —Hermione paró a mitad de la palabra. Ginny la miró con dureza, advirtiéndole—. Disculpa.
—No puedes seguir diciéndole Lunática, o asumir que está loca porque piensa diferente.
—Lo sé. De verdad no fue mi intención —repitió. Aunque le daba vergüenza admitir para sí misma la cantidad de veces en esa semana que consideró que Luna estaba mal de la cabeza. Todavía no se acostumbraba a que Luna fuera cercana a una de sus amigas
—Tan lista para algunas cosas... Tan bruta para otras —la molestó, demostrando que no se tenía que preocupar por su error.
Hermione intentó mostrarse enojada, pero rio ante el comentario burlón de su amiga.
—Como decía, Luna piensa que debería hacerme más amiga de Parkinson, así como hice con ella.
—Pero son dos situaciones muy diferentes. Luna no le haría daño ni a un pequeño Bowtruckle, ni siquiera por accidente. Estuvo bien que la defendieras, es una buena persona. Parkinson por otro lado...
—¡Ginny! —gritó Harry, interrumpiendo la conversación.
Ambas chicas miraron al frente. A varios metros de ellas Harry, que movía su mano saludándolas y hacía gestos para que se apresuraran. Ginny pareció olvidar que estaba charlando con Hermione, porque salió disparada hacia el campo de quidditch; su emoción por ir allí no era enteramente por el deporte. Hermione lo sabía aun si no lo decían explícitamente.
Hermione llegó un poco después a ellos porque no corrió. Sus tres amigos ya se habían olvidado de ella y estaban volando en sus escobas.
—Hola Hermione —la saludó Luna Lovegood.
Hermione se llevó la mano al pecho, la habían tomado por sorpresa. Parecía que Luna había decidido también ir a ver a Ginny practicar. Hermione respondió a su saludo:
—¿Vienes a ver a Ginny?
—Me gusta apoyar al equipo de quidditch de Gryffindor. Los jugadores de Ravenclaw no son tan pasionales. Verlos a ustedes jugar es más divertido. Verlos practicar también lo es.
Hermione asintió. No era alguien que comentara mucho sobre deportes. Ambas chicas se sentaron en las gradas. El silencio reinaba entre ellas, por lo que abrió su libro de pociones. Los minutos pasaban y ella seguía leyendo el primer párrafo una y otra vez. Era inútil, no podía concentrarse en los problemas de su tarea si tenía otros en mente...
—¿Por qué eres amable con Parkinson?
Luna, que estaba mirando cómo sus amigos practicaban, movió perezosa su mirada hacia ella. Parecía estar intentando entender sus palabras. Después de su larga meditación, en la cual Hermione se vio absorta por lo potente que resultaban esos ojos soñadores, le respondió con otra pregunta:
—¿Por qué no debería serlo?
A Hermione esa respuesta la irritó, en especial haber esperado tanto por ella. Hablando de forma acelerada, dijo:
—Podría dar una lista larguísima de cosas que Parkinson hizo para molestar a Ginny, Harry, Ron... A mí. ¡Y a montones de estudiantes de Hogwarts! Se burla del aspecto físico de la gente, de las desgracias ajenas, hasta del linaje mágico.
—Tú también haces eso.
—¿Perdón? —Sus ojos se abrieron con sorpresa.
—Es verdad que te burlas en menor medida... Pero me dijiste Lunática en el tren, ¿verdad? Te corregiste, pero lo hiciste. —Ante la cara de terror de Hermione, aclaró—: Nunca me alejé demasiado de ti cuando me fui a buscar a los torposoplos.
—No quise...
Pero Luna no la dejó continuar.
—Has dicho cosas hirientes hacia mí, sin conocerme. Todos en Hogwarts lo hicieron. Es posible que hayas ayudado a esparcir rumores sobre mí también. No soy la primera persona que habrás mirado mal, mucha gente habrá llamado tu atención de forma negativa y como mínimo habrás pensado algo cruel sobre ellos. Para mí Pansy no se diferencia mucho de la mayoría de mis compañeros o cualquier otra persona. Es fácil antagonizar a las personas que no conoces. ¿No lo crees?
Hermione se quedó muda. Ni siquiera se atrevía a mirar a Luna a los ojos. Ante su silencio, la rubia continuó con su monólogo.
—Todos critican lo que no entienden y lo que desconocen. Rechazar lo diferente es más fácil que intentar comprenderlo. Es posible que Parkinson sea una mala persona. Pero también es posible que no, que solo tuviera malas juntas, que simplemente no se haya parado a pensar. Dadas las circunstancias... ¿Por qué no darle una oportunidad? A mí me ayudó a buscar mi ropa. Te lo contó Ginny, ¿no?
No supo qué responder y todo parecía indicar que Luna no necesitaba escuchar una respuesta. No hablaron después de eso, pero Hermione pensó mucho, y no sobre sus clases y tareas.
. . .
Ron y Hermione esa noche debían patrullar los corredores del castillo, era otra de sus responsabilidades como prefectos. La primera vez que habían hecho esto, ambos controlaron los pasillos juntos, así mientras se trabajaba se podía mantener una charla amena. Pero esa noche durante la cena habían discutido. Ron, luego de zamparse varias cucharadas llenas de puré de calabaza, opinó que ella era demasiado quisquillosa y que se quejaba por todo. Por eso cuando se reunieron fuera de la sala común para iniciar el patrullaje, Hermione le dijo que le iba a ahorrar sus quejas esa noche y se fue sin esperarlo. Ella sabía que había sobrerreaccionado al comentario de Ron. En especial, porque fue Ron quien lo dijo. Siempre era bastante bruto, pero no quería molestarla intencionalmente, fue un simple comentario con poco tacto. Pero luego de su charla con Luna esa tarde, se sentía inestable y no estaba en condiciones de aguantar eso.
Comenzaba a pensar que el sombrero seleccionador eligió bien la casa de Luna, Ravenclaw aprecia la sabiduría. Los estudiantes bajo el color azul eran muy buenos memorizando y entendiendo textos. Hermione era igual. Por eso el sombrero en su primer año tardó en decidir en cuál casa colocarla, pues habría sido un gran aporte a la casa Ravenclaw. Luna tenía una forma de manejar la información de admirar, una diferente, rara de encontrar. Ginny tenía razón, que pensara diferente no la hacía ni más tonta ni menos cuerda. Al estar abierta a las posibilidades, probablemente era más inteligente que la mayoría.
Pensó también en sus padres muggles, en especial cuando miraban las noticias en la televisión. A veces comentaban las cosas con desinformación. Su misma madre llegó a decir que una mujer que se valoraba, era una que se vestía de forma decente y que si no lo hacía que no esperara respeto. Hermione casi enloqueció ese día intentando dejar claro a su madre que no podía juzgar a una mujer por si tenía escote o no. Observando fuera de sus seres queridos, en el mundo había un montón de gente que consideraba que las personas de piel negra eran más propensas a ser criminales. Por otro lado, Pansy muchas veces le dijo «sangre sucia» por ser una bruja hija de dos padres muggles. Todos comentarios muy similares aun si los temas eran diferentes. Ninguno era bueno, pero todos partían de la desinformación y de que les enseñaran que ese odio es normal. Malas ideas no siempre iban ligadas a mala persona. Y si así fuera, debería odiar a sus propios padres. Pero claro, sus padres no la molestaron durante años...
Hermione sacudió su cabeza. Estaba confundida. Al salir de su trance, se percató de que había ya recorrido bastante sin prestar atención a si encontraba algún infractor de reglas. Se reprendió a sí misma por ello y decidió que ahora lo importante era hacer bien su trabajo.
Media hora después llegó al patio. Un lugar que parecía un cuarto más del castillo, pero sin techo, con estatuas de criaturas mágicas, algunas plantas y una fuente ornamentada justo en el medio. Pero algo llamó la atención de Hermione: había una silueta sentada en el borde de la fuente esa noche. Se encaminó hacia allí veloz, pero su paso disminuyó la velocidad en cuanto escuchó un sollozo. Se acercó más al infractor y enseguida lo reconoció: Pansy Parkinson. Hermione se quedó paralizada. ¿Debía acercarse? ¿Decirle algo? Escuchó otro sollozo.
—¿Estás bien? —preguntó suave, sin poder evitarlo. Escucharla llorar la obligó a reaccionar así. Ella sabía que podría haber sido el mismísimo Draco Malfoy el que llorara y ella habría dicho lo mismo de esa forma tan instintiva. Su llanto había estremecido algo en su interior.
Parkinson se sobresaltó, ella pensaba que estaba sola. Sin voltearse limpió su rostro con la manga de su ropa y luego se levantó. Cuando dio el primer paso para irse, Hermione la sujetó del brazo, impidiéndoselo. Ambas se quedaron congeladas unos segundos. Parkinson fue la primera en moverse, girando la cabeza un poco para poder verla. Hermione no parecía recordar quién estaba frente a ella. Siempre asoció una sonrisa ladina a Parkinson. Pero en ese momento, viendo sus ojeras y sus ojos irritados, no sentía que estuviera frente a esa Parkinson, sino otra, una que no conocía.
—No romperé de nuevo las reglas —se disculpó. Ella malinterpretó las acciones de Hermione.
—¿Estás bien? —volvió a preguntar.
Ahora se veía más confundida que triste. Respondió con un escueto «sí». Pero Hermione seguía igual de aferrada a su ropa, por lo que Parkinson giró su cuerpo para quedar enfrentadas. Ambas se encontraban en una silenciosa batalla en la que ninguna quería ceder, Hermione preguntando silenciosamente si estaba todo bien, y Parkinson intentando demostrar una compostura que no sentía.
—Estoy bien —insistió. Después de una pausa volvió a hablar, pero la voz se le quebró—: Maldita sea. Ya vete.
Hermione sintió un nudo en la garganta al ver que los ojos verdes frente a ella se cristalizaban. Soltó el brazo que sujetaba con tanta urgencia. No tenía idea de qué decir o cómo actuar. Parkinson llevó sus manos a su rostro para tapar sus lágrimas mientras movía un pie hacia atrás, preparándose para una retirada abrupta. Los reflejos de Hermione fueron más veloces. Sin pensar mucho, la abrazó. Hermione notaba lo tensa que estaba Parkinson bajo sus brazos. También sentía sus espasmos al tratar de controlar su respiración errática. Respondió a eso abrazándola con más firmeza, quería transmitirle confianza. Funcionó. Poco a poco se relajó. Parkinson era más alta que Hermione, así que agachó la cabeza, apoyando su frente en su hombro. Buscando refugio en la última persona que habría pensado.
—¿Por qué? —preguntó con la voz todavía rota.
Hermione tardó bastante en reaccionar.
—¿Por qué, qué?
—Esto.
—No lo sé.
Yendo en contra de su instinto, no pensó una respuesta. Ni quería hacerlo. En esos momentos no le importaba. No estaba pensando en quién tenía entre sus brazos. Tampoco buscó un por qué a su reacción. Ella solo encontró por accidente unos ojos verdes en la oscuridad, que bajo la luz blanca de la luna parecían por momentos ser de plata. Si los mirabas el tiempo suficiente la tranquilidad que siempre vestían, se caía. Te gritaban de forma turbulenta que los ayudaras.
Esa noche por accidente encontró a una serpiente herida, y se negó a dejarla sola.
Notes:
¡Hola! Gracias por leer. Por favor muestren su apoyo a la historia comentando o votando. 3
Les quiero decir que, si les gusta cómo escribo, le den una oportunidad a los demás fanfics en mi perfil. Hay de dos fandoms: Blackpink y Harry Potter. Tengo historias pansmione, cissamione y jenlisa.
