3
La vida tiene un límite de tiempo, aprovecha antes de que se acabe
A Pansy le dolían los pies. Y para empeorarlo, el sueño comenzaba a alcanzarla. Pero por eso, al menos ahora estaba casi segura de que no se murió ni estaba teniendo una pesadilla. Solo alguien vivo podría bostezar y añorar una cama blanda.
Después de la cena ligera ambas abandonaron el castillo. No intentaron encontrar la varita perdida de Pansy, la tarea era demasiado difícil con tanta oscuridad. Encender cada vela del castillo les habría tomado horas, así que Granger antes de salir le juró que la protegería. Se mantuvieron cerca, atravesando el sendero que usaban los estudiantes los fines de semana para llegar a Hogsmeade, el cual rodeaba el bosque prohibido. Normalmente usarían los carruajes tirados por Thestrals, pero como las criaturas mágicas también habían desaparecido les tocaba caminar. El viaje se sintió eterno. El camino era muy oscuro, la luz de la varita de Granger no permitía que vieran demasiado. Lumos apenas iluminaba un par de metros por delante de ellas. Si no fuera por la luz de la luna, estarían avanzando completamente a ciegas, confiando en que tendrían suerte de no toparse con nada.
—Maldito sea Hogwarts y sus reglas anti-aparición —se quejó Pansy.
Se abrazó a sí misma, el viento la hizo estremecer. Tenían suerte de que fuera una noche de primavera. En invierno atravesar este camino cubierto de nieve habría sido una tortura.
—Una vez en Hogsmeade podemos aparecernos donde queramos —dijo Granger—. Podríamos ir a Ollivanders y así conseguirte una maldita varita para que dejes de pisarme los pies.
—Lo siento.
Pansy se movió dos pasos hacia el costado, alejándose de Granger. Por culpa del silbido del viento y algunas hojas secas que pisaban al caminar, Pansy se ponía nerviosa y se pegaba a Granger más de lo necesario sin darse cuenta.
—¿Por qué nunca supe que eras tan cobarde?
—Yo no... Tú también tienes miedo, no finjas.
—No por cosas tontas.
Pansy acomodó las correas de su bolso. Ella no se asustaba por «cosas tontas», sino por sonidos extraños, sombras desconocidas y bosques prohibidos con centauros violentos. ¡Todo el mundo se asustaba por cosas así!
—¿No eran ustedes los que se reían de Neville? —agregó Granger.
—Draco lo hacía.
—Tú te unías también. ¿Él no se reía también de ti por ser miedosa? Porque no hacerlo sería bastante hipócrita de su parte.
—No. Quizá te sorprenda, pero Draco y yo nunca atravesamos caminos oscuros juntos como para que lo averiguara.
Granger giró la cabeza para verla, enarcando su ceja con escepticismo.
—Hablo en serio. Nunca fuimos muy cercanos, ni siquiera sabe cuándo es mi cumpleaños.
Granger no respondió enseguida, parecía todavía estar analizando si Pansy estaba mintiendo o no.
—Pensaba que eran novios —retomó.
—Meh. Lo máximo que Draco y yo fuimos, fue pareja para el baile de navidad.
—Casi todos en Hogwarts estábamos convencidos de que querías casarte con él después de graduarte.
Pansy enrojeció.
—Claro que no quería casarme con él, es absurdo.
—¿Ni siquiera en los primeros años?
—Yo no... Solo... Era admiración —balbuceó.
—Si tú lo dices...
—¿Perdona? ¿Y tus rumores con Potter y Weasley qué?
—¿Qué? —se quejó con indignación—. ¿Qué rumores? ¿Los de esa idiota de Skeeter?
—Jugando con los sentimientos de ambos... y al final los abandonaste por Viktor Krum.
—Ridículo.
—Por favor, en el baile de navidad Weasley fue coronado como Miss Obviedad. Él estaba tan celoso, todos lo notamos y su pareja del baile lo confirmó.
—No es cierto.
—Taaaan celoso —repitió, enfatizando.
—Piensa lo que quieras —masculló.
—Oye, tú iniciaste esto —se defendió.
—Y ahora lo estoy terminando.
Pansy suspiró y volvió a centrarse en el camino, específicamente en el suelo, ya que no quería ver las sombras raras que proyectaban los árboles. Pero era difícil mantener la calma por culpa del silencio antinatural que las rodeaba. No se escuchaba siquiera el ulular de algún búho. Era obvio, en el silencio y la absoluta soledad, que algo malo estaba sucediendo. Aun si actuaban como si fuera una noche normal, las cosas no eran como siempre. Pansy reconoció que si no estuviera con Granger, estaría muerta de miedo en este momento, mil veces más de lo que ya lo estaba. Hablar sobre cosas triviales con ella hacía que todo esto se sintiera menos extraño. Por eso, superada por el inquietante silencio, retomó la charla:
—¿Entonces Weasley y tú no eran novios?
Granger le lanzó una mirada de advertencia.
—Por favor. Caminar en silencio es horrible. Y estoy empezando a tener sueño. ¿No podemos conversar?
—Por supuesto que voy a hablar sobre amor con la persona que se burló de mí y mis amigos durante años.
—Bueno... ¿Prometo no usar nada de lo que digamos aquí en tu contra?
—Oh vaya, qué alivio, gracias —se mofó Granger.
—Una vez salgamos de esta extraña situación, no nos volveremos a ver —señaló, intentando convencerla.
—¿No vas a terminar tus estudios?
—¿Tú vas a hacerlo? —se sorprendió Pansy.
—Por supuesto. Me importa mi educación.
—No sé si podría alguna vez volver a ese castillo.
Granger no replicó, incluso, pareció dudar, considerando sus palabras. Quizá ella tampoco quería volver al castillo.
—No sé qué voy a hacer, ni qué haré con los estudios —murmuró Pansy.
Granger no participaba de la conversación, pero no le importó. Se sentía como hablar consigo misma frente al espejo del baño. Estaban solas en el mundo, se sentía privado.
—Yo... yo solo quiero ir ver a mi madre. —La voz de Pansy se quebró un poco. Carraspeó—. Suena tan tonto cuando lo digo. Todo esto es tan tonto. Estamos aquí, perdidas, quizá moriremos hoy o mañana... y yo estoy pensando en volver a ver a mi madre, como si fuera lo más normal del mundo.
—Yo también quiero volver a ver a mis padres.
—Tú pareces estar tan bien con todo esto...
—¿Otra vez con eso? Tú también lo estás, hasta haces chistes de tanto en tanto.
La culpa volvió a golpearla. Apareció de la nada, así como desapareció antes sin más. Todo se sentía volátil: los sentimientos, la gente, los sucesos. Por momentos todo se sentía bien y por otros terrible. Y todo se mezclaba. Hoy, cuando el sol estaba en lo alto, hubo una guerra. Y ahora, frente a la luna, había paz absoluta.
Miró a Granger, que mantenía un semblante serio y estaba atenta al frente. El agarre de su varita era firme, toda la postura de su cuerpo lo era. Granger lucía como alguien fuerte, por lo que no podía evitar sentirse segura a su lado. No tenía razones para confiar en ella, pero lo hacía. En medio del caos y el miedo, las cosas se sentían más simples. Granger no se veía ante sus ojos como Hermione Granger, la estudiante de Gryffindor, la mejor de todo su año, ni como la mejor amiga de Harry Potter, el elegido, y curiosamente, tampoco como la sangre sucia por la que debería sentir rechazo. Ella, ahora, se resumía en un aliado. Tan simple como eso, sin nombres ni etiquetas, eran solo dos chicas perdidas intentando salvarse.
—Cuando recuerdo... todo, me siento enferma —dijo Pansy con un tono bajo. Era raro hablarle a Granger sobre esto, pero en medio de la oscuridad, con tanta calma, con Granger literalmente protegiéndola mientras avanzaban por el sendero, se sintió cómodo. Y de todos modos, Pansy era el tipo de persona que hablaba hasta por los codos, por lo que pocos de sus pensamientos se quedaban mucho tiempo como un secreto en su cabeza—. Estoy intentando centrarme en cualquier otra cosa, en cómo salir de aquí, en qué hacer después para salvarnos o pensar en no lo sé, dónde estará mi varita. Estoy hablando contigo, como si nunca nos hubiéramos odiado, porque estoy... aterrada. ¿Pero cómo no voy a pensar en eso? Maldita sea, siempre que se extiende el silencio, yo... —Pansy sacudió la cabeza, sus palabras comenzaron a sonar ahogadas—: ¿Cómo puedo ponerme a hablar sobre si Weasley y tú son novios, como si no estuviéramos en peligro? ¿Como si mi mejor amiga no se hubiera abierto el cráneo en medio de los pasillos de mi escuela un par de horas atrás?
Unas lágrimas cayeron por las mejillas de Pansy. Se cubrió los ojos con sus manos, le ardían de llorar tantas veces ese día.
—Lamento que hayas visto eso, ojalá Daphne estuviera viva.
Pansy soltó una risa acuosa.
—No, no lo lamentas.
—Los Slytherin hicieron cosas horribles, pero por favor, yo tampoco quería que murieran mis compañeros de clases, ni siquiera los que acosaban a otros merecían eso.
—Ella era una mortífaga —confesó.
Granger dejó de caminar, tomada por sorpresa.
—Cuando la encontré, tenía la marca. —Pansy miró a Granger a los ojos—. Bien podrías haberla matado tú o cualquiera de tus amigos.
—¿Perdona? —Granger estaba incrédula por la acusación, tanto que dio un paso atrás—. ¿Me estás culpando de...?
—¿Por qué? —la interrumpió. Se sentía tan triste.
—Si ella era una mortífaga no podías esperar que...
—¿Por qué tenía que ser ella una mortífaga? —preguntó con la voz rota—. Nosotras nunca habríamos hecho algo así. Lo sé, lo sé... sé que no éramos bondadosas de corazones desinteresados como todos ustedes. Sé que estábamos lejos de ser buenas personas, que nos reíamos de los demás... ¡Pero no éramos asesinas ni queríamos nada de...! ¡De esto! Incluso cuando nos hacían practicar maldiciones imperdonables en clases, no podíamos. Aun cuando levanté la varita e intenté usar crucio cuando los profesores nos lo ordenaron, no pude, nada sucedió. Y me sentí aliviada, me sentí tan aliviada de haber sacado una mala calificación por no poder hacerlo. ¡Y Daphne fue igual! No éramos mortífagas. No teníamos nada que ver con esto. Quizá no éramos buenas como ustedes, pero tampoco éramos malas. No queríamos que atacaran a los sangre sucia así, no queríamos que mataran a nadie.
»Le hice caso a mi madre, escuché siempre sus palabras. Estudié mucho como cualquier otro alumno y cuidé de mis amigos. ¿Así que qué pasó, Granger? ¿Qué pasó? —Pansy sentía un doloroso vacío. Se abrazó a sí misma, apretando su pecho. ¿Por qué Daphne era una mortífaga y la mataron por eso? No lo entiendo. ¿Por qué no escapó conmigo? ¿Por qué me hizo volver por ella? Me mintió y se fue para siempre. Está muerta y no lo entiendo. ¡Y no entiendo esto! ¿Dónde están todos? ¿Qué rayos es esto, este lugar?
Granger desvió la mirada. Fue una de esas raras veces en las que en serio parecía no saber qué responder.
—¿Será qué...? —murmuró con la voz rota, sin saber cómo continuar. Pansy temía preguntar lo que ambas estaban evitando decir en voz alta—. ¿Y si los demás también murieron? ¿Desaparecieron realmente o ya están muertos? ¿O si nosotras estamos muertas?
—Si pensamos de manera tan negativa...
—¿De verdad vamos a volver a ver a nuestros padres? —La barbilla de Pansy tembló—. ¿Realmente puedo aferrarme a eso para seguir? Ellos no desaparecieron para siempre, ¿verdad? ¿Vamos a estar bien?
Granger otra vez no respondió. Ella solo miró el suelo, mientras Pansy sollozaba. Se mantuvieron quietas allí, un rato, hasta que el llanto se apaciguó.
—Sigamos. Hay que seguir —dijo Granger con su voz un poco ronca.
Ambas retomaron la caminata, no tenían más opción que seguir. No hablaron más, pero Pansy hipaba cada tanto. Era como si quisiera seguir llorando, pero ya no tuviera fuerzas para hacerlo. Granger comenzó a arrastrar más los pies, sin preocuparse por levantar polvo, haciendo más fuerte el crujir de las hojas. En un momento, Pansy la miró de reojo y descubrió que sus ojos también estaban cristalinos.
. . .
Al llegar al pueblo de Hogsmeade cualquier esperanza en sus corazones se desplomó. No había nadie allí. Ninguna luz estaba encendida y aunque golpearon las puertas de las casas y negocios, nadie respondió.
—¿De verdad estamos solas? —preguntó Granger mientras acariciaba su frente, parecía que le dolía la cabeza.
—Bueno... parece que tenías razón —dijo Pansy.
—Todo esto es tan ridículo —se quejó, comenzando a caminar en círculos—. ¿Por qué tiene que pasar eso? ¿Qué se supone que vamos a hacer?
—¿Dormir?
Granger la miró como si quisiera patearle el trasero.
—Ese era tu plan —balbuceó Pansy, dando un paso atrás.
—Sé cuál era mi plan —masculló.
Para horror de Pansy, se escuchó un pop y Granger desapareció. ¿Realmente la había abandonado? Ese sonido... ¡Había usado la aparición ella sola y la había dejado atrás en Hogsmeade! Claramente Granger no sabía su plan, porque este no era el plan del que hablaron. Miró a su alrededor, asustada. Estaba en la completa oscuridad, sola. Casi comenzó a llorar otra vez de puro pánico, pero entonces se escuchó otro pop y Granger apareció.
—Nadie, no hay nadie. Ni en mi barrio ni en Londres —rezongó, volviendo a caminar en círculos, incluso comenzó a murmurar para sí misma.
—Granger —suspiró Pansy con alivio, dando dos grandes zancadas para poder estar tan cerca de ella como fuera posible. Nunca estuvo tan feliz de ver a alguien en su vida.
—La gente simplemente desapareció. Magos y muggles. No había nadie en las calles ni negocios. Ni siquiera estaban las luces prendidas. Estamos solas.
Pansy no supo qué decir. ¿Qué se supone que se hacía ante una situación así?
—Solo... —Exhaló pesadamente—. Vayamos a dormir, no hay nada más que podamos hacer —decidió Granger.
Apuntó su varita hacia adelante para iluminar mejor y se dirigió a Las Tres Escobas, con Pansy pisándole los talones. Usaron una bombarda para abrir la puerta y por suerte encontraron las llaves de las habitaciones detrás de la barra, colgadas en un pequeño gancho. Subieron las escaleras hasta las habitaciones que rentaban en la posada. Granger abrió las dos primeras puertas que tenían pintado en la madera los números 1 y 2.
—¿En cuál dormimos? —preguntó Pansy.
—Esa es la tuya. —Señaló la puerta número 2 y le tendió las llaves—. Si no te gusta puedes revisar las demás.
—Un momento —dijo, mientras Granger abría la otra puerta, la número 1—. ¿Se supone que vamos a... —Granger no esperó a que terminara de hablar, solo entró a su propio cuarto y le cerró la puerta en la cara— ...dormir separadas?
Pansy miró la madera de la puerta unos segundos, estupefacta, y luego hacia los lados del pasillo. No veía nada ahora que Granger no estaba aquí para usar lumos. Pansy golpeó la puerta con sus nudillos fuerte y repetidamente, cada vez más rápido hasta que Granger volvió a abrir la puerta. Ya estaba vistiendo su pijama, era alguien muy eficiente.
—Ni siquiera tengo velas —se quejó.
Granger soltó un resoplido y se adentró en su habitación, esta vez sin cerrar. Pansy sonrió, relajándose, y entró en el cuarto también. Estaba por dejar su bolso en el suelo, pero unas velas aparecieron frente a su cara. Granger las sacudió para que se apurara y las tomara.
—Gracias —murmuró—. Pero si tenemos tu varita...
—Ve a tu habitación —la echó.
Sin duda, Granger estaba irritada por la nueva información que descubrió. Pansy miró sus manos. Las velas estaban ya encendidas, un poco de cera comenzaba a caer de ellas. ¿Granger había hecho magia no verbal para prender el fuego?
—¿Es necesario que me vaya? Ya estamos las dos aquí...—trató de disuadirla.
—Muévete —dijo, empujando su hombro.
Antes de darse cuenta, Pansy estuvo de nuevo parada en medio del frío pasillo y Granger le volvió a cerrar la puerta en la cara. Un poco de cera cayó en el dedo de Pansy, causando que sisee del dolor.
—Maldita sea Granger —lloriqueó.
Entró a su nuevo cuarto rápidamente, estar sola en medio del pasillo la inquietaba. Dejó las llaves y las velas en la mesita junto a la cama y revisó el lugar. Se veía igual al de Granger, solo que la cama en su habitación estaba junto a la ventana, mientras que la de Granger tenía su cama del lado de la puerta. Las Tres Escobas era un bar y posada baratos, era obvio porque ni siquiera había un armario para guardar sus cosas en esa habitación. Se cambió la ropa por su pijama y buscó en su cartera su cepillo de dientes y pasta dental. Había un pequeño baño sin ducha, no mucho más grande que un cuarto de escobas, pero sirvió para su propósito. Una vez terminó, se acostó en la cama. Miró el cuarto, incómoda, y se levantó para buscar en su bolso su peluche. Era un tigre, un regalo que su madre le dio cuando tenía ocho años. Se volvió a meter a la cama, ahora abrazando el peluche. Intentó relajarse, pero... había un árbol seco que se veía desde la ventana que creaba una forma extraña con sus ramas.
Le dio la espalda, acomodándose en posición fetal, pero antes de cerrar los ojos notó que había una pequeña rejilla de ventilación en lo alto de una de las paredes, por la que parecía que había entrado agua algunas veces y se había manchado la pared. Las marcas oscuras de humedad por donde había chorreado el agua parecían... Pansy cerró los ojos con fuerza. No quería pensar en eso. La sangre que había chorreado... No. No quería pensar en ese pasillo manchado de rojo.
Pansy odiaba los lugares nuevos porque le costaba adaptarse a ellos. En su primer año en Hogwarts le había sucedido algo similar a esto. Había estado asustada, porque era la primera vez que dormía fuera de su casa. Pero por suerte estaba Daphne, ellas eran amigas desde bebés, porque sus madres eran amigas y las hacían jugar juntas. Así que, en su primera noche, cuando todas sus compañeras de cuarto se durmieron, Pansy se escabulló a la cama de Daphne. Ambas se abrazaron y se durmieron juntas. Luego de unos meses de esa rutina, Pansy pudo comenzar a dormir en su propia cama. Aunque cada tanto volvía a dormir con Daphne porque era agradable, la almohada olía bien y los abrazos eran cálidos. Ninguna de sus compañeras se enteró de ese hábito suyo, ya que desde muy pequeña era una madrugadora natural y salía de la cama antes que nadie.
Pero ahora Daphne no estaba para ayudarla. Nadie más que Granger estaba aquí. Pansy se sentó en el colchón. Se le estrujó el estómago de puro nervio. ¿Qué se supone que iban a hacer ahora?
—Leche tibia —se le ocurrió—. Solo necesito relajarme, despejar la mente...
Salió del cuarto llevando una de las velas consigo, y también su peluche, ya que no se atrevía a dejar de abrazarlo (o asfixiarlo más bien, estaba apretándolo demasiado fuerte). Bajó las escaleras con cuidado de no hacerlas crujir. Se metió a la cocina y revisó la heladera, donde encontró un gran galón de leche. Encendió las hornallas con ayuda de la pequeña flama de su vela y agarró una gran olla que encontró en un estante para calentar la leche. Agarró una de las tazas que usaban en el lugar para servir las cervezas de mantequilla y se sentó a esperar en uno de los banquillos. Tamborileaba con sus dedos en la madera de la mesada para distraerse. No quería mirar atrás, a las grandes ventanas por las que entraba un poco de luz lunar. Se centró en el pequeño fuego y el ruido de sus dedos. Pansy no estaba segura de cuánto debería dejarla cocinándose, los elfos domésticos solían hacer estas cosas por ella.
El fuerte sonido de un portazo la sobresaltó. Se giró, escondiéndose tras su peluche. No había nada, pero todo estaba tan oscuro que quizá...
Otro golpe. Pansy se encogió en el asiento. Tomó una gran inspiración y se levantó del banquillo. Camino lento, de puntillas, escondiendo su rostro tras el peluche y espió fuera de la cocina. De nuevo sonó el fuerte sonido de la madera al estrellarse. Pero un sonido nuevo se sumó, el de la madera del piso crujiendo. A Pansy casi se le sale el corazón por la garganta mientras retrocedía nuevamente a la cocina, intentando no hacer ruido. Se escucharon unos crujidos extraños, parecía que alguien estaba moviendo un mueble, por lo que se apresuró por escapar y chocó por accidente con su cadera uno de los banquillos que antes estaba usando, haciendo que cayera. Pansy se encogió de hombros y en voz baja comenzó a rogar repetidamente «que no sean mortífagos». Cuando una luz blanca la cegó, cerró los ojos y esperó lo peor.
—Tengo... tantas preguntas.
Pansy abrió uno de sus ojos, reconociendo la voz. Granger estaba allí, con la varita en la mano y una manta sobre ella, cubriendo sus hombros. Tenía el ceño fruncido y los brazos cruzados.
—¿Fantasmas? —preguntó Pansy con un hilo de voz.
Granger puso sus ojos en blanco y explicó:
—Exploté la puerta de la entrada con bombarda, ¿recuerdas? El viento estaba haciendo que se abra y se cierre. Me acostumbré a estar alerta y despertarme por pequeños sonidos, así que esos golpes estaban molestándome, pero ya lo arreglé, trabé la puerta con una mesa. —Granger frunció el ceño, recordando—. Espera. ¿Qué habías dicho? ¿Fantasmas?
—Yo... fue lo primero que pensé cuando vi una luz blanca —murmuró.
—Tus amigos y tú le deben grandes disculpas a Neville —dijo, acercándose a Pansy.
—No eres graciosa. Insisto: no tengo varita para defenderme.
—¿Entonces cuando tengas una de nuevo no irás a esconderte tras los muebles de las cocinas?
—Exacto —dijo con confianza, sintiendo sus mejillas calientes.
—Bien. Recordaré tus palabras.
—Genial, deberías —dijo, porque no sabía qué responder, pero aun así quería tener la última palabra. Su ego magullado necesitaba sanar un poco.
—Entonces... ¿Por qué bajaste si no tenías tu varita para pelear con... fantasmas?
—¿Una hora de sueño y ya de tan buen humor?
—Lo siento, aunque estoy cansada y estresada, solo puedo pensar en lo gracioso que es verte escondida en una cocina abrazando un peluche para niños.
Ahora todo el rostro de Pansy se sentía caliente. Se apresuró a esconder el peluche tras su espalda.
—¿De verdad tienes un peluche? ¿No estás grande? —cuestionó Granger.
—No... —balbuceó, retrocediendo, hasta que su espalda chocó con la mesada.
—Déjame verlo.
—Mejor vayamos a dormir.
—Por favor. —Granger se acercó más, comenzando a sonreír—. ¿Tienes un peluche de león?
Pansy estaba roja hasta las orejas.
—¡No! ¡Claro que no!
—¡Era un león! —carcajeó.
—¡Qué no! —se indignó, y le mostró el peluche, señalándolo con desesperación—. Tigre. ¿No ves las rayas? Ti-gre.
—No lo sé, en la oscuridad...—se burló.
—¡Es un tigre! —chilló ofendida, sacudiendo el peluche y poniéndolo a centímetros de su nariz, para que lo viera bien.
Granger comenzó a reír, incluso se cubrió el rostro con sus manos.
—Esto es ridículo —dijo entre carcajadas.
—No... ¡No te burles! —pidió Pansy.
—Lo... pff... lo siento —habló entre risas.
Pansy se enojó. Abrazó su peluche contra su pecho y se alejó de Granger. Se sentía tan humillada. ¿Justo ella tenía que burlarse de sus cosas?
—¡Lo siento! —insistió, agarrándola del codo para que no se fuera—. No me quiero reír... pero esto fue tan... me tomó por sorpresa.
—¿Tan..? —Pansy solo se sentía más y más humillada.
—Bueno... Pensé que fue un poco lindo.
—No lo es.
—Pansy Parkinson y adorable realmente pueden ir juntos —Granger volvió a reír.
—Ya —se hartó.
—Ni en un millón de años te hubiera imaginado a ti así. Es ridículo.
—¿Podrías dejar de burlarte?
—No me burlo, es lindo. —La sonrisa de Granger al hablar fue presumida.
—Lo estás haciendo. Y no es lindo.
Granger la ignoró, apoyándose también contra la mesada.
—Me resulta difícil tratarte como siempre cuando te asustas por todo y abrazas peluches de leones.
—Tigre —la corrigió, enojada.
Estaba diciendo mal el animal a propósito, solo para molestarla, era obvio, y Pansy odiaba que hiciera eso. Granger se acomodó mejor la manta que cubría su espalda, parecía querer hablar de algo. Pansy no estaba segura de qué hacer mientras esperaba, así que solo miró su perfil, como si así pudiera descubrir qué estaba pensando. Granger la atrapó observándola, por lo que apartó la mirada avergonzada.
—Hay un refrán que dice «peor es estar sin amigos que rodeado de enemigos».
Pansy no tenía idea de dónde había salido esa idea. ¿Qué rayos se respondía a un refrán?
—¿Eh? —dijo cuando el silencio se prolongó demasiado.
Granger puso sus ojos en blanco.
—Todo lo que pasó entre nosotras en el pasado se siente lejano y poco importante —dijo Granger—. Cuando te veo llorar o asustarte, me olvido que no me agradas. ¿Tiene sentido?
—Lo tiene. —Pansy se enderezó, incómoda al recordar sus pensamientos sobre Granger cuando estaban caminando por el sendero.
«Si mis padres me vieran, feliz de estar con una sangre sucia» se lamentó interiormente, pero Pansy intentaba no pensar en esas cosas. Su madre no aprobaría lo que estaba haciendo, por lo que era mejor hacerlo y no razonarlo. Podía explicar esto como que el fin justificaba los medios. No estaba haciendo nada malo, solo estaba sobreviviendo.
Granger se rascó el cuello, estaba incómoda también.
—¿Subimos? —Señaló las escaleras con la cabeza—. Deberíamos intentar dormir más. Podemos trabajar en un plan en la mañana.
—Sí, tienes razón, pero debo ir por mi leche tibia primero.
—¿Leche tibia? —se extrañó Granger.
—Supongo que ya estará. ¿Cuánto se debe calentar? ¿Lo sabes?
Granger miró hacia la cocina.
—¿Leche tibia? ¿Eso hacías aquí? ¿Bajaste por leche tibia?
—No podía dormir...
—En serio es tan difícil para mí asociar que eres la misma Pansy Parkinson que me hizo la vida imposible...
—Iba a ofrecerte un vaso, pero creo que ya no lo haré.
—¿Sabes que ya está hirviendo, verdad?
—¿Significa que ya está lista?
—Oh por todos los cielos —Granger se llevó la mano a la frente con exasperación y se acercó a la olla—. ¿Para cuántas personas preparaste? La llenaste hasta el borde.
—La botella era pesada...
—Espera... ¿Hay leche en el suelo?
—Era pesado —insistió, aunque esta vez lo dijo más bajo.
—¿Usar un trapo para limpiar también era pesado?
—¡No quería dejarlo así! Pero de milagro encontré las tazas, ¿cómo voy a saber dónde guarda Rosmerta los trapeadores?
Granger apagó el fuego y susurró dos hechizos: Accio y Wingardium Leviosa. El primero para obtener otra taza y el segundo para elevar la olla y poder servir la leche caliente. Granger lanzó un Scourgify para limpiar el suelo y luego agarró ambas bebidas y salió de la cocina. Se sentó en una de las mesas con sillones en el salón principal de la taberna. Cuando el negocio abría, esa era la mesa que siempre ocupaba el primer cliente que llegaba, ya que era el asiento más cómodo. Pansy agarró la vela que había abandonado en la mesada y fue hacia la mesa. Granger la miró, esperando a que se sentara, y una vez lo hizo, tomó un sorbo de la bebida.
—Podrías haberle agregado canela y miel —comentó Granger, mientras movía la vela para que quedara exactamente en el centro de la mesa.
—Tomaré notas para la próxima vez —dijo Pansy con sarcasmo. Bebió un sorbo también, y casi dejó caer la taza al quemarse—. ¡Está hirviendo!
—Te asustas fácilmente, lloras todo el tiempo, abrazas peluches para dormir y la leche caliente es demasiado caliente para ti —enumeró—. ¿Cómo puedo tomarte en serio?
Se encogió en el asiento, avergonzada. Intentó beber la leche otra vez, pero esta vez lo hizo más despacio, tocándola primero con los labios para acostumbrarse al calor. Granger soltó una risita desdeñosa, pero no comentó sobre su manera de beber.
—Estoy segura que todos están bien —murmuró Granger, después de haber tomado ya la mitad de su bebida—. Harry, Ron, mi familia... Y tus seres queridos también.
—¿Por qué lo dices?
—Voldemort...
—¡Quién-tú-sabes!
—Quién-tú-sabes —se corrigió— no habría hecho esto. No le habría servido de nada. ¡Hasta él desapareció! No creo que esto sea obra de una magia maligna.
—¿Quizá por accidente?
—Si fuera solo Hogwarts, por ejemplo. ¿Pero Hogsmeade también? ¿Londres? ¿Por qué todavía no vino ningún auror de alguna parte de Inglaterra a revisar qué sucedió en Hogwarts? Todos se enteraron sobre la batalla, la gente habla. La mayoría de los estudiantes escaparon del castillo, para cuando nosotras nos encontramos en el Gran Comedor seguro que ellos ya estaban con sus familias. Todo el país debía estar al tanto de la situación. Pero no hay nadie. Y no solo humanos. ¿Y los cuadros? ¿Y los fantasmas? ¿Y los animales?
»Vold... Quién-tú-sabes —se corrigió a sí misma— es poderoso. ¿Pero no es esto demasiado aleatorio? ¿Qué clase de magia hace algo así? ¿Por qué a un mago como él le ocurriría esto por accidente?
—De nuevo dirás que yo hice esto...
—Es lo más lógico.
—Pues no tengo idea de cómo deshacerlo.
—Investigaremos, los archivos sobre magia accidental. Debe existir un caso similar a este.
—¿Pero por qué piensas que todos están bien? Lo haya hecho quien-tú-sabes o yo, no quita que todos... ¿Cómo le decimos a esto? ¿Dejaron de existir? ¿Se evaporaron? ¿Explotaron?
—Definitivamente no explotaron.
—Genial, se evaporaron, un pronóstico mucho mejor.
—¿Notaste algo en el cielo?
—Uh... ¿No?
—El tiempo cambió.
Pansy intentó pensar en el cielo. ¿Qué había cambiado? El sol se escondió por el horizonte y salió la luna, ni una nube gris, hacía tanto frío como siempre...
—Piensa bien. ¿Qué ropa estabas usando en Hogwarts?
—¿Ropa? —Pansy frunció el ceño—. Granger, solo di lo que sabes. Mi cerebro está hecho papilla, ni si quiera sé cómo puedes seguir analizando cosas a esta hora.
—La batalla inició en la madrugada del 3 de mayo. Tú te levantaste en la madrugada con tu pijama. Saliste del castillo cuando estaba amaneciendo y volviste ya en la mañana. No estoy segura de la hora, pero debieron ser las diez de la mañana cuanto mucho cuando todos desaparecieron, probablemente más temprano.
Pansy ladeó la cabeza. ¿Por qué importaba la hora del día? Ni siquiera sabía qué hora de la noche era en estos momentos... Pansy jadeó.
—¿Por qué oscureció tan pronto? —entendió finalmente.
No podía creer que no lo hubiera notado antes. Estaba tan abrumada con tantas cosas que no había sido consciente del gran salto en el tiempo.
—¡Exacto! Era la mañana, poco después del amanecer, pero cuando todos desaparecieron, se volvió la tarde, casi el atardecer, y para cuando llegamos a Hogsmeade era ya de noche.
—¿Avanzamos en el tiempo?
—Bueno, no lo sé. Pero ya sabemos que no solo todos desaparecieron, sino que el tiempo fue afectado.
—No se puede hacer avanzar ni retroceder en el tiempo sin un giratiempo. Me halaga que pienses que mi magia es tan poderosa, pero no lo es.
—Pistas son pistas.
—Todavía no entiendo por qué todas estas pistas te hacen pensar que podremos hacer que todos vuelvan a aparecer.
—Porque quizá nosotras fuimos las que desaparecieron. Mi teoría es que ellos están bien, quizá la guerra para ellos siguió transcurriendo normalmente, pero nosotras... desaparecimos.
—Suena como un cuento.
—Una vez usé un giratiempo.
—¿Eso no es ilegal?
—No con el permiso del Ministerio de Magia, cosa que obtuve. Pero eso no es lo que importa sobre el giratiempo, sino que sé bien cómo funcionan. Cuando lo usaba, tenía que sujetarlo para retroceder en el tiempo y solo me afectaba a mí. Cuando lo usé con Harry ambos tuvimos que sujetarlo para ambos poder retroceder y solo nos afectó a nosotros. Yo te sujeté a ti cuando todos desaparecieron...
—¿Tengo cara de giratiempo?
—A lo que me refiero —dijo con exasperación—, es que nadie, ni Voldemort, sería tan poderoso como para desaparecer a todos. Pero es posible que tú nos hayas desaparecido solo a nosotras dos. ¿A otra línea del tiempo quizá? No lo sé. Pero realmente creo que todos están bien. Lo que tenemos que hacer ahora no es aparecer a los demás, sino que debemos encontrar la salida de... este lugar, tiempo paralelo o sea lo que sea esto.
—No sé si tu descubrimiento me hace sentir mejor...
—Ellos no murieron. Y claramente, nosotras tampoco. En nuestra situación son grandiosas noticias.
—Por Merlín... ¿Pensaste todo esto en unos minutos?
—En realidad lo pensé en la habitación, antes de dormir, había un reloj en un cajón y noté la incongruencia de tiempo.
Pansy bebió un par de sorbos de su bebida y comentó:
—Nunca pensé que me alegraría tanto que seas una sabelotodo.
—Saldremos de esto. Solo hay que mantenernos positivas.
Pansy se sumió en sus pensamientos, bebiendo todo lo que quedaba de su leche tibia.
—¿Tanto te asusta este lugar?
—¿De nuevo vas a burlarte?
—No es eso. Lo digo porque viniste a buscar leche tibia. ¿Qué es lo que te da miedo? No hay nadie, no van a aparecer mortífagos...
—Te vas a reír.
—Prometo que no.
Pansy enarcó una de sus cejas.
—Bien, quizá me ría, pero prometo no burlarte sobre eso.
Pansy suspiró.
—¿Es porque no tienes varita para defenderte? —intentó adivinar.
—No...
—Vamos, dime.
Pansy agachó la cabeza y murmuró:
—Me da miedo la oscuridad.
—¿Qué?
—Que me da...
—No, no —la interrumpió—. Te escuché. Es solo que... ¿Qué edad tienes? ¿Dieciocho?
Pansy enrojeció.
—Ya sé que es tonto, no tienes que señalarlo con el dedo.
—Pero... ¿Por qué? —se extrañó.
Pansy apoyó su cabeza en la mesa y se cubrió con sus brazos, soltando un gemido avergonzado.
—Está bien, está bien. Lo siento. Solo me sorprendió —se disculpó Granger.
—No hablemos sobre esto. Nunca.
—Bien —cedió.
—Solo... volvamos a dormir.
—Claro, solo déjame limpiar las tazas y...
—¿Vas a limpiar? —preguntó sin creérselo. Al ver que Granger se levantó y fue a la cocina, agregó—: ¿Pensé que ya había quedado claro que no había nadie aquí? Ni siquiera cucarachas.
—No significa que tengamos que ser sucias —se quejó mientras metía la olla, que todavía tenía leche, de nuevo en la heladera para que no se echara a perder.
Pansy negó con la cabeza, sin creer lo que escuchaba, pero se levantó para ayudarla, prefiriendo eso a hablar de sus miedos.
TESTAMENTO DE AUTOR
¡Hola lectores mortales! ¿Están emocionados por esta historia? Yo sí, mucho, tanto que morí y ahora publico y me comunico con ustedes desde el más allá. Buuuuh.
Estuve pensando un buen rato si escribir «testamento de autor» en lugar de «notas de autor» se podría considerar un spoiler de la trama. Pero por favor, el fanfic se llama «Limbo», se sitúa en el último libro de Harry Potter, «las reliquias de la MUERTE», y todo el concepto de la portada, la tipografía para el título del capítulo es bien oscuro. Ni un adolescente es tan fatalista como el inicio de esta historia. Así que como no es tan difícil pillar que el tema principal de «Limbo» es la muerte, da igual que sea descarada y haga temática de testamento para mis despedidas al final de los capítulos.
Nunca hacer una despedida normal, obvio JAJAJA.
En teoría, me dije a mí misma que no iba a publicar este capítulo hasta la semana que viene porque tenía dos exámenes y no debería distraerme, PERO HOY ME DIERON LA NOTICIA DE QUE UNO DE LOS EXÁMENES SE RETRASÓ UNA SEMANA y para festejar mi suerte dije "bueno, publico ahora". En resumen: quería procrastinar. Cuando hay exámenes sí se me da por ser una autora que actualiza mucho, quién lo diría...
OH por si alguien no lo vio: publiqué un fic de Blackpink. Aun si no conocen ese fandom, si les gusta mi forma de escribir, quizá disfruten de esa historia. Creo que va a tener un "aire" a Muda de Piel, en cuanto a humor. Además, el primer capítulo de ese fic de Blackpink es de la extensión de 3 capítulos de Limbo. Este capítulo que publiqué acá tiene 5500 palabras aprox, pero el primer cap de Blackpink es de 17000. ¡Van a poder entretenerse un rato!
No prometo que la próxima semana haya capítulo de Limbo, porque igual sigo teniendo que estudiar JAJAJ. Pero quizá actualizo un poco de Muda de Piel.
Que por cierto, sobre Muda de Piel: estoy haciéndole correcciones para que sea una lectura más agradable (fue mi primer fic y está lleno de errores). Pero, yo les recomiendo que estén atentos porque es casi 99% seguro que vaya a agregar cosas extra a la historia. ¡Quizá incluso capítulo totalmente nuevo!
Ahora sí, me despido. Gracias por leer. No se olviden de comentar. Esa clase de interacciones ayudan a los autores a crecer.
