7
La adolescencia es una incómoda, pero una etapa inevitable de la vida.
Hogwarts se imponía en el paisaje, fuerte, impresionante, resistente a todo: adolescentes rebeldes, estallidos de guerras y hasta el paso del tiempo. Desde la distancia, el castillo parecía flotar sobre el Lago Negro, como algo intocable, único, perteneciente a otro mundo en el cual reinaba con gracia. En cierta forma, Hogwarts parecía ser el fin de un mundo y el inicio de otro. Lejos de las reglas del Ministerio, de la codicia de los muggles, de los padres obsesivos y en sí, de cualquier rastro de civilización, ajeno a todo lo exterior. La humanidad desapareció, Voldemort revivió, muchos alumnos murieron, pero Hogwarts estaba igual que siempre, como si solo hubiera atravesado otro verano.
Pansy estaba volando en una escoba con Granger sujetándose a su cintura como si quisiera obligarla a vomitar sus órganos. Obviamente sabía que ella no era una gran fanática del quidditch y las escobas, las clases de vuelo fueron probablemente lo único en lo que no destacó durante su época escolar, pero nunca imaginó que más que ser mala, Granger tenía una aversión a las alturas. Por suerte Pansy era una voladora decente.
Las restricciones anti-apariciones de Hogwarts eran una molestia, por eso habían estado volando desde Hogsmeade. No era un viaje muy largo, pero era mejor hacerlo en escoba que a pie.
—Aterrizaremos pronto —dijo Pansy, mirando la silueta del castillo a lo lejos. Sentía que tenía que decir algo, ya que lo único que escuchaban hace rato era el ruido del viento romper contra sus oídos.
La única respuesta que recibió fue Granger aplastándose más en su espalda. Siendo honesta consigo misma, se sintió bien. Era nueva esta sensación, de sentirse... útil. E incluso fuerte. Granger se acurrucaba contra ella como si fuera capaz de protegerla del viento y hasta una caída. Sentía un poco de orgullo burbujear en su estómago, causando que alzara la barbilla hacia al frente y acelerara en la escoba con confianza.
Estaban siguiendo su plan, Pansy literalmente estaba guiando el camino y Granger estaba confiando de forma ciega en ella. Y no exageraba, en serio estaba ciega. La última vez que revisó, Granger tenía sus ojos cerrados y arrugaba la nariz con desagrado, odiando la experiencia. Para su sorpresa, la escuchó decir en un momento algo sobre que «ella podía con esto, que después de un dragón, ella podía con todo». Parecía un mantra a sí misma, el cual no funcionaba del todo, a juzgar por la fuerza con la que se aferraba a su ropa como si le fuera a salvar la vida. En este punto Pansy ya ni siquiera quería saber en qué más se metieron Potter, Weasley y Granger. Desde Sirius Black que quería fingir que no sabía nada de nada.
Cuando llegaron a Hogwarts se sorprendieron al notar que todo estaba como nuevo. El puente estaba intacto, las escaleras limpias, las paredes sin siquiera grietas...
—Todo esto es tan poco intuitivo —se quejó Granger, una vez se recompuso del viaje y pudo pararse erguida—. ¿Solo caminamos y esperamos a que pase algo? Odio improvisar...
—¿Cuál año crees que sea? —Ante la ceja arqueada de Granger, explicó—: Es que la Batalla de Hogwarts no sucedió... ¿Todavía?
Ubicarse temporalmente era un dolor de cabeza.
—¿Importa? —preguntó Granger aburrida, y luego avanzó hacia la gran puerta de la entrada.
—Mil nueve... —pensó, mirando la fachada con los brazos cruzados—. Noventa y cinco.
—Parkinson, muévete —la llamaron.
Enseguida, olvidando su pequeña adivinanza, corrió hacia la entrada. Granger la estaba esperando, impaciente. Cuando la vio, dio un asentimiento en reconocimiento y siguió caminando. Pansy miró alrededor, casi como cuando llegó por primera vez al castillo con once años. Todo lucía bien, las velas estaban encendidas como si...
Sin perder tiempo, buscó una ventana con la mirada. Cuando la vio, golpeó a Granger en el brazo y señaló:
—Es de noche.
Granger bufó y masculló:
—Por supuesto que es de noche. Era la tarde mientras viajábamos en la escoba y ahora es plena noche. Por supuesto.
—Al menos... —Granger la interrumpió, levantando un dedo para indicar que se calle.
—¿Escuchaste eso? —susurró.
Risas. Se escuchaban risas a lo lejos. Pansy miró a Granger, sin creerlo. ¿Encontraron gente?
—Espera —dijo Granger—. ¿Por qué las dos podemos escucharlo?
—¿Un recuerdo compartido? —adivinó Pansy.
—Quizá —murmuró, comenzando a caminar hacia el sonido.
Pansy jadeó de sorpresa al ver a varios alumnos parados en el pasillo, vestidos con túnicas y vestidos de gala.
—Una fiesta —reconoció Granger.
—Del noventa y cuatro —agregó Pansy.
—¿Cómo sabes?
—Recuerdo el vestido que Daphne usó...
Allí estaba ella, viva. Pansy se sentía conmocionada. Daphne se veía deslumbrante. Realmente estaba allí, frente a Pansy, como si nada hubiera pasado, a salvo en el tiempo. Usaba un vestido plateado y ajustado con lentejuelas. McGonagall la había mirado con desaprobación incluso, porque rozaba los límites de las reglas sobre la vestimenta inapropiada, gracias al gran y pronunciado corte en su espalda. No tenía escote, pero el vestido se las arreglaba para dejar poco a la imaginación, ya que se podía ver que no usaba sostén. A Daphne no le importó, ella estaba feliz con su elegante vestido de diseñador que había comprado en Italia durante las vacaciones. La tela se apretaba en su piel, marcando curvas y las partes afiladas de sus huesos de la cadera y sus hombros. La parte superior era muy similar a una camiseta de manga larga y cuello alto, y luego la parte inferior, era poco más que del largo de una minifalda. Daphne esa noche era de plata, una serpiente con escamas brillantes, pues las lentejuelas y su piel se difuminaban como una sola, y como extra, estaba decorada con anillos y collares con piedras preciosas transparentes como agua cristalina. Sutil pero imponente, así era la Daphne que Pansy recordaba.
Junto a Daphne estaba ella, la versión menor de sí misma, con cabello todavía corto hasta los hombros y usando un vestido rosa. No pegaba nada con Daphne, lado a lado. Donde ella era juvenil con volados y colores chillones y usando la joyería de oro más extravagante que tenía para sobresalir de los demás, Daphne era elegante, con cabello rubio largo y ultra lacio, con un flequillo medio abierto que le daba un aire relajado. Daphne aparentaba ser mayor de lo que era y Pansy menor de lo que era.
Granger no estaba mucho mejor que ella, mirando a Potter y Weasley con nostalgia. Pansy iba a hablarle, pero se distrajo al notar a Granger, la de 1994, bajando por las escaleras con un hermoso vestido. Vestido azul claro, con el cabello peinado en un elegante moño. Bajaba las escaleras con Viktor Krum y se robó todas las miradas. No por él, sino porque se veía...
Pansy se cruzó de brazos. «Hermosa», eso quería decir. Si algo abrumó a Pansy esa noche de navidad, fue que sintió que las mujeres a su alrededor eran demasiado hermosas. La irritó, saber que ellas tenían la atención de todos los chicos. Daphne recibía elogios por doquier, Fleur Delacour era admirada por todos como si fuera una estrella caída del cielo, Cho Chang era como una princesa y... hasta Granger estaba robando corazones sin necesidad de Cupido. Algunos comentarios se filtraban en su cabeza «sé más femenina», «tu sonrisa no es natural», «tienes suerte de que existan el maquillaje y las pociones». Casi sentía la presencia de su madre en su espalda, sujetándola de los hombros, apretando con cariño y aliento. «Un día me harás sentir orgullosa, cariño». Pansy, la de 1994, se había aferrado al brazo de Draco como si fuera un trofeo, diciendo sin palabras «Mírenme, tengo a Draco Malfoy». Sin embargo, a nadie le importó. También se quiso acercar a Daphne, pero ella se distrajo con un tipo de Dumstrang cuando su pareja real, Blaise, se había ido a saludar a unos amigos. A Blaise no parecía importarle, teniendo en cuenta cómo se distrajo mirando las faldas de las chicas francesas.
Todos empezaron a entrar al Gran Comedor, menos los campeones y sus respectivas parejas de baile.
—Vamos —dijo Granger.
—¿Iremos a la fiesta? Ni siquiera tenemos vestidos, llamaremos la atención.
—¿No eres muy graciosa? —preguntó con mofa—. Si nuestros recuerdos son traumas, supongo que debemos entrar. Seguro que mi cabeza solo me quiere recodar la humillación que me causó el estúpido de Ronald.
Atravesaron las puertas. El Gran Comedor se recubrió de escarcha plateada para la ocasión y se decoró con guirnaldas de hiedra y muérdago. Las mesas alargadas de las casas fueron sustituidas por mesas redondas y más pequeñas, iluminadas por farolillos.
—¿Entonces nadie nos ve? —preguntó Pansy, mientras movía la mano frente a los ojos de una chica bajita, sin conseguir reacción.
—Supongo que es similar a un pensadero.
—Esas cosas son raras, la mayoría de los magos temen usarlos. Solo los tienen los más poderosos y los más chiflados.
—No solo sirve para recordar y revisar, sino para despejar la mente —comentó Granger, moviéndose entre los alumnos para llegar al otro extremo del comedor—. Enfrentarte a ti mismo nunca es placentero. La mayoría viven toda su vida sin siquiera pensar dos veces sus acciones pasadas. Es más fácil vivir en ignorancia, eres más feliz si no tienes la oportunidad de arrepentirte de lo que hiciste en primer lugar.
—¿Tú usaste uno?
—Harry —respondió.
Por supuesto que siempre era Potter...
—Pero estudié sobre ellos —continuó Granger—. No creo que esto sea exactamente como un pensadero, ya que podemos interactuar con el espacio. —Granger le quitó el sombrero a un niño y lo arrojó al otro lado de la habitación para demostrar su punto. Curiosamente, el chico siguió bailando como si nada hubiera pasado—. Aun así, no podemos reescribir lo sucedido como si usáramos un giratiempo.
Pansy jadeó de repente, dándose cuenta.
—Tuvimos suerte de que fuera así. Vimos a nuestros «yo» pasados, pudimos haber muerto.
—Yo sí pensé en eso. Lancé mi billetera hacia una pared cuando vi a tu versión del pasado, pero no reaccionó al ruido. Nadie lo hizo. Luego intenté llamar su atención parándome en el pasillo y haciendo gestos, pero no me vio tampoco. Nadie en realidad. Así que fui por mi billetera y luego volví a tu lado.
—¿En serio?
—Sí. Tú estabas mirando a Daphne. No quise molestarte, supuse que necesitabas un momento. Y teniendo en cuenta que no escuchaste la billetera, diría que hice lo correcto.
—Uh... Gracias —susurró sin estar segura de si debía hacerlo, fue como un reflejo.
Granger se detuvo frente a la mesa con refrigerios y agarró uno de los postres. Pansy miró a las bebidas y tomó una.
—Estaremos en el infierno, pero al menos podemos comer dulces —dijo Granger.
Pansy se rio.
—¿Entonces vamos a ver cómo Weasley te rompió el corazón?
Granger bufó.
—Él fue tan inmaduro... —se lamentó.
—¿Todavía te gusta?
—Supongo.
Pansy hizo un poco de ruido al sorber su bebida, tomada por sorpresa. Por la mueca de desagrado de Granger, se justificó:
—Nunca pensé llegar tan lejos como para que lo admitieras.
—Se podría decir que ahora eres mi única amiga en el mundo —dijo con sarcasmo, mientras buscaba también una bebida para sí misma. Bebió un poco y suspiró—. Demasiado dulce. Y preferiría que fuera con alcohol.
Pansy, con inseguridad, dejó el vaso en la mesa y extendió la mano y tocó la mejilla de Granger con la punta de sus dedos. Se sentía caliente y suave al tacto.
—Diría que eres real, pero nada aquí lo es... —murmuró Pansy entrecerrando los ojos con sospecha.
—Yo no tengo dudas de que eres real, gran cabeza hueca —se quejó, alejándose para que dejara de irrumpir su espacio personal—. Que sea buena estudiante y siga las reglas no significa que sea una aburrida.
—Realmente quieres ahogar tus penas en alcohol —dijo Pansy con conmoción. Intentó tocar su mejilla de nuevo, pero la otra le dio un manotazo para detenerla.
—Soy mayor de edad, en una fiesta, luego de haber estado un año entero peleando por mi vida... ¿Es tan extraño?
Pansy soltó una risita.
—Tranquila, no me arranques la cabeza. —Granger la fulminó con la mirada por su comentario—. Si quieres alcohol, es fácil. Donde esté Daphne hay una botella.
—Pero en 1994 ustedes eran menores de edad...
—¿Se supone que esa es una razón para que no bebiéramos? —preguntó Pansy con media sonrisa—. Creo que Daphne incluso se bajó una botella de cerveza en la sala común antes del baile, hubo una fiesta previa en Slytherin, para calentar, sino un baile de gala sería un bodrio...
Con una rápida repasada al lugar, Pansy encontró a Daphne y fue hacia ella. Casualmente estaba cerca de Granger. Se sentía extraño, todo esto se veía real pero sabía que era un recuerdo. Por momentos solo se sentía feliz de verla bailando y por otros la atravesaba el escalofrío de saber que estaba muerta. No quería pensar en eso, y al menos, con la música (de fondo había una actuación del grupo musical Las Brujas de Macbeth) y las risas de la juventud era fácil ignorarlo y solo vivir el momento.
Daphne estaba enredada en el cuello de un chico enorme, de hombros anchos y rasgos duros. A un metro había un muchacho de Hufflepuff con una sonrisa tontorrona y las mejillas rojas como si hubiera estado todo el día bajo el sol. Estaba apoyado en una pared junto a una planta en una maceta. Pansy sumó dos más dos y metió la mano entre las hojas. Triunfante, buscó a Granger con la mirada y levantó la botella al aire y la movió como si ondeara una bandera. Sonrió socarronamente cuando comenzó a acercarse a Granger; la cual aparentaba estar poco impresionada, pero tenía una sonrisa apretada que se esforzaba por contener y contradecía su mensaje.
—¿Por qué McGonagall no notó esto? —preguntó Granger cuando se acercó.
—¿Dejó sus lentes en su habitación? —bromeó Pansy—. O tiene un lado oculto divertido y nos permitió ser jóvenes borrachos.
—¿Tanto bebiste esa noche? —dijo con una risita.
—Tomé solo un vaso en realidad. —Pansy frunció el ceño, pensando—. O dos. En lugar de disfrutar, creo que solo estaba amargada. Era Daphne quien venía con un vaso de tanto en tanto, me abrazaba para mantener el equilibrio y decía «bebe, para que sonríaz mázzz».
—¿Tanto le patinaban las eses? —preguntó Granger divertida.
—Quizá solo le estoy dando más mala fama de la que se merece...
—Qué buena amiga.
—La mejor del universo —se pavoneó mientras abría la botella y le servía un trago a Granger, usando el vaso medio lleno de jugo que ya tenía.
Granger arrugó la nariz ante el primer trago.
—Whisky de fuego —reconoció, girando con suavidad el vaso para que se mezclara más el alcohol con la bebida.
Cuando Pansy iba a responder, notó que otro chico se acercó a la planta y sacó una botella.
—¿Cuántas botellas hay ahí? —preguntó Granger, con las cejas alzadas.
—¿No más de dos? Aunque debe haber otras escondidas por el comedor.
Curiosa, se acercó a la planta y volvió a meter la mano. Una botella de cerveza. La sujetó con el codo y volvió a sacar otra botella de allí, otro Whisky. Lo hizo una tercera vez y consiguió más alcohol...
—Eso no es físicamente posible —comentó Granger, bebiendo otro sorbo. Puso sus ojos en blanco cuando el chico de Hufflepuff, el de sonrisa tonta, se agachó hacia la planta y también sacó una botella—. Probablemente todas las que tú saques no afectaran el recuerdo. Ellos tienen límites pero tú no.
—¿Crees que podemos llevarnos esta planta a la vida real? —preguntó Pansy con una sonrisa.
—La vida nunca es tan generosa —respondió con su tono sabiondo.
—¡Pansy! —chilló Daphne. La aludida casi dejó caer las botellas que sujetaba de la sorpresa, aunque en realidad, no se referían a ella, sino a su otra versión—. Solo besa a Draco de una vez. Me a-bu-rro.
Granger soltó una risita. Pansy solo pudo enrojecer por el recuerdo frente a ellas. Había olvidado este momento de la noche. Se escuchó a sí misma decir:
—No quiero.
—Vamos Pans, solo debes mirarlo a los ojos y lo tienes —dijo Daphne, guiñando un ojo.
—Yo no soy como tú.
—Si te soltaras, podrías ganar. —Daphne chasqueó la lengua, dándola por imposible y alejándose para encontrar otra víctima.
—En serio estabas amargada esa noche —señaló Granger, la real.
Pansy solo gimió, comenzando a arrastrar a Granger lejos de su versión más joven.
—¿Entonces sí te gustaba Malfoy?
—¡No! —exclamó Pansy indignada.
—Pensé que éramos amigas ahora —bromeó, con una sonrisa malvada.
—Divertida —masculló—. Al igual que tú, Daphne estaba convencida de que Draco y yo seríamos perfectos juntos. Mi mamá también lo pensaba, hasta quinto año.
—¿Te presionaban para que él te gustara? —preguntó Granger con un tono sorprendido.
—¿Qué? No, yo no...
—¿Siquiera te gustaba algo de él? —preguntó entonces, parecía haberse dado cuenta de algo, pero Pansy no tenía idea de qué era, solo sabía que algo en la mirada de Granger había cambiado, volviéndose más analítica.
—Claro que sí, éramos amigos —dijo Pansy.
—Dime algo de su personalidad que te gustara.
—¿Perdona?
—¿No se te ocurre nada?
—Claro que sí —respondió indignada.
—Estoy esperando.
—Es realmente guapo.
Granger enarcó su ceja.
—Sí, una muy buena característica de su personalidad... ser guapo. —Pansy sintió su rostro enrojecer—. ¿Y puedo saber qué te gustaba de su físico? ¿Qué era rubio?
—Bueno... su cabello es bonito, no puedes negarlo.
—¿Si no te gusta por qué importa más su físico que su personalidad?
—¿A dónde quieres llegar con todo esto? —se molestó.
—Creo... que no te conoces bien a ti misma —dijo, llevándose su bebida a la boca.
—¿Y tú qué sabes?
—Te enojas porque no sabes qué responderme —señaló con calma—. Lo único que digo, es que recuerdo que días atrás me dijiste que admirabas a Draco Malfoy. ¿Pero es realmente así o algo que te dices a ti misma? Porque siempre te escucho hablar de Daphne. Cuando nos encontramos con ellos, con los recuerdos de Harry, Daphne, Malfoy, Ron y todos... él no te importó ni una vez. ¿Y tu versión de 1994? —Granger señaló con la cabeza, a la Pansy más joven que estaba parada junto a Draco. Él hablaba con sus amigos del equipo de quidditch, mientras ella miraba de soslayo a Daphne apoyada felizmente en la espalda de Blaise—. Creo que hasta la planta con alcohol le llamaba más la atención a tu yo adolescente. Incluso me sorprende saber que me miraste más a mí que a Malfoy.
Pansy estaba enojada, no estaba segura de por qué, pero lo estaba. Las palabras de Granger la irritaban. Mentiras, puras mentiras, y se creía tan lista...
—Iré por alguna gaseosa —dijo de golpe, sorprendiendo a Granger cuando soltó las botellas, dejando que se estrellaran y rompieran en el suelo.
—Parkinson... —jadeó, impactada, llevándose una mano al pecho por el pequeño susto.
No la escuchó más, solo se fue. Caminó con prisa hasta la mesa de bocadillos, incluso empujó a una chica para llegar más rápido. Mantenía las manos apretadas, intentando mitigar la rabia. ¿Por qué le molestaba tanto? No le gustaba Malfoy, por supuesto que no lo iba a mirar... ¿Por qué le molestaba tanto que Granger señalara lo obvio?
Para su sorpresa, su versión menor también estaba en la mesa de bocadillos. Estaba mirando los postres como si la hubieran insultado. Pansy supuso que en ese momento, con el alcohol comenzando a asentarse en su sistema, y sin haber comido nada antes y durante la fiesta, su versión adolescente estaba comenzando a caer en la tentación. No lo haría, por supuesto, ella debía seguir una dieta. No comía dulces desde los doce años y sabía que no rompería su rutina esa noche. O bueno, no comía azúcar casi nunca, en especial si estaba usando un vestido que se ajustaba en su estómago.
Daphne apareció de nuevo, apoyándose un poco en la mesa mientras se abanicaba su propio rostro.
—Acompáñame a la sala común —dijo, sonriendo.
—¿Para? —preguntó Pansy.
Daphne se abalanzó hacia adelante, riendo bajito en el oído de Pansy.
—Pastillas. También algunas muggles, son muy creativos con sus plantas.
Pansy suspiró, recordaba perfectamente qué pasó en la sala común esa noche... era como una memoria prohibida, algo de lo que no hablaba con Daphne.
Por supuesto las adolescentes salieron de la fiesta y Pansy las siguió. Muy en el fondo, quería volver a recordarlo, aun si estaba mal. Era solo un recuerdo y lo seguiría siendo cuando terminara. ¿Así que por qué no? Además, alejarse de Granger sonaba bien.
Daphne era pura alegría. Ahora, se preguntaba si quizá antes de ir a las mazmorras, ya se había drogado con algo. Si estaba con Blaise era probable.
El corazón de Pansy se sintió ligero. Daphne sonreía como si fuera la mejor y última noche de su vida, la sangre coloreaba sus mejillas, su piel estaba un poco sudorosa y sus ojos azules chispeaban excitados, con las pupilas ligeramente más dilatadas de lo normal. Se sintió feliz por ella, por ver a Daphne más viva que cualquier persona que se le cruzara por la cabeza.
Al llegar a las mazmorras, Daphne se aferraba a Pansy mientras intentaba usar correctamente los escalones. Estaba claramente mareada, pero reía y escondía su rostro en el cuello de Pansy mientras le abrazaba la cintura, así que no era un problema.
La sala común estaba muy oscura, el fuego era color verde, para iluminar de manera tenue por ser madrugada. Además, la luna aportaba un blanquecino verdoso y azulado con sombras ondulantes que reflejaban el agua tras las ventanas. El lugar lucía frío y calmado, pero hacía calor por el fuego y los ruidos de las chicas chocando los muebles y riendo lo hacían un lugar alegre.
—Quizá si tomas un poco también, te diviertas más —comentó Daphne.
—Me estoy divirtiendo.
—¡Deberías estar dando tu primer beso en el jardín!
—¿Por qué es tan importante?
—Niña —gimió, negando con la cabeza.
—Todavía no se dio el momento —murmuró con vergüenza.
—El momento no llega, no es un puto cuento —dijo, mientras abría el dormitorio de chicas—. Se busca.
—Pero...
—Solo dile a Draco —la calló, girando sobre sus talones para señalarla con el dedo de manera amenazante— que quieres ir a tomar aire. Obviamente, no quieres eso, pero toda chica lista miente para conseguir lo que quiere —explicó, mientras volvía a alejarse para abrir un baúl para buscar una bolsa oculta en el fondo—. Tú te acercas, rozas tu pierna con la de él accidentalmente queriendo, y a no ser que el estúpido no tenga pelotas, va a abrazarte o tomarte la mano o algo. ¡Y listo! Mueve tus lindas pestañas y él va a buscar tus labios como una polilla descerebrada que vio la luz.
—No lo sé...
—¿Por qué estás tan insegura? —rezongó—. Se junta con Crabbe y Goyle y su mamá todavía elige su ropa interior. Él es fácil.
—Tu vestido —murmuró Pansy, ya que Daphne estaba siendo descuidada y se le estaba subiendo.
Con torpeza Daphne lo bajó. Era tan ajustado que de todas formas volvía a subir un poco.
—Intentas distraerme —la acusó, comenzando a sonreír—. Seguro le haces lo mismo al pobre Draco. ¡Oh, mira, una mariposa! ¡Adiós!
—¿Por qué te importa si lo beso o no?
—Porque eres mi mejor amiga —dijo, mientras cerraba el baúl de una patada—. ¿Y no sería genial si en un futuro Draco y tú se casan y heredas su fortuna? ¿Me llevarías a pasear por el mundo con su dinero, verdad Pans? —preguntó con dulzura, batiendo sus pestañas.
—No me molestaría usar su dinero para divertirnos juntas —dijo con media sonrisa.
—¿No eres adorable? —medio afirmó con una sonrisa completa mientras se acercaba y la abrazaba por el cuello—. Por algo eres mi persona favorita en el mundo. —Para enfatizar, apoyó su frente en la de Pansy.
—Estás borracha —murmuró, riendo nerviosamente por el contacto visual tan cercano.
De repente, Daphne dejó de sonreír y miró hacia abajo, a los labios de Pansy. Llevó su mano a su mandíbula y la delineó, hasta posar su pulgar sobre su labio inferior y presionar, obligándola a abrir un poco la boca. Pansy tragó saliva y entonces Daphne se inclinó hacia adelante, tomándola sin pedir permiso. Daphne la besó de lleno, sin superficialidades. Pansy sintió que rozaba sus dientes con su lengua para comenzar a explorar y presionaba con fuerza su mandíbula, obligando a que se afloje. Pansy jadeó en medio del beso, abrumada, pero no dudó en cerrar los ojos y dejarse tocar.
Pansy, incluso en el presente, recordaba cómo se sintió, muy caliente, ardía a alcohol y a se sentía violento y bruto. Daphne acariciaba su lengua y mordía sus labios como si fuera su derecho, como si fuera una paleta de caramelo sin opción a nada más que ser consumida. Daphne solo arremetió, hacia adelante, hasta que Pansy quedó sentada sobre el baúl cerrado de alguien más. Tenía a Daphne encima, sujetándola por la nuca para alzar su cabeza mientras usaba su mano libre para cortar cualquier escape, apoyándola en la pared y usando la extensión del brazo como barrera. No es que Pansy hubiera querido irse, pero se sentía encerrada. Solo existía Daphne, abrazándola sin hacerlo, rodeándola como si fuera lo único en el mundo. Y también estaba la oscuridad con un poquito de luz de luna para suavizar, aunque no servía de mucho cuando Pansy estaba usando la fría pared de vidrio como un respaldo y algunos metales del baúl se clavaban en sus muslos no cubiertos por el vestido. Pansy sintió un escalofrío por el insistente empuje de Daphne en su boca y la consumió la necesidad de estar más cerca. Chupó su labio, saboreando su labial y luego abrió su boca con descaro, permitiendo que Daphne la usara a su antojo y respirara alcohol en su boca. Levantó una mano hacia el hombro de Daphne, atrayéndola a su rostro, haciendo que se agache más, y con la otra mano acarició su cintura. La llevó hacia la parte de atrás, comenzando a sentir la extensión de piel desnuda de la espalda de Daphne con su palma y rascando con sus dedos su piel caliente... y todo se enfrió.
—No lo hagas raro —dijo con media sonrisa, comenzando a reír mientras la alejaba con un empujón descuidado—. No se supone que debías disfrutarlo tanto, maldición. Ni siquiera sabía que tenías eso en ti.
Pansy estaba con los ojos bien abiertos, congelada.
—No me digas que te excitaste con esto... —dijo Daphne, dando un paso atrás mientras se cubría la boca para no reír de nuevo.
—¿Cómo? ¡Claro que no!
—Lo que digas —murmuró sin creerle—. Entiendo que estoy un poco caliente.
—No me gustó —insistió Pansy, avergonzada.
—Dah, lo sé, obvio que no eres una lesbiana. Solo me meto contigo.
—Tú fuiste quien me besó —siguió ofuscada Pansy, cruzando los brazos sobre su pecho.
—Y ya sabes qué esperar de un beso —explicó, encogiéndose de hombros—. De nada.
—No quería practicar —se enojó más Pansy.
—Ya, se nota —rio, dando unos pasos hacia el frente de nuevo e inclinándose hasta estar a la altura de Pansy, que todavía estaba sentada en el baúl—. Solo besa a Draco de una vez. ¿Quieres? Si te cuesta, solo imagina su lacio cabello rubio tan largo como el mío, sus labios más carnosos y...
—¡Ya! —la calló, levantándose de un salto—. Deja de burlarte. No es divertido.
Daphne se descostillaba de la risa, encorvada y sujetando su propio estómago.
Pansy, que miraba la escena de su primer beso, se removió incómoda. Recordaba, pero también vio, como su versión joven tenía los ojos cristalinos y le daba la espalda a su mejor amiga. Dio un paso atrás. Sabía que Daphne no volvería a hablar de esa noche, como si no hubiera pasado. Quizá realmente no la recordaba, era posible ya que estaba borracha y drogada. Se dio media vuelta y aceleró hacia la salida. No quería recordar a esta Daphne. Ella quería la del pasillo, que reía y se veía tan hermosa y viva...
Se estrelló contra Granger.
—¿Qué? —gimió Pansy, parpadeando con confusión—. ¿De dónde saliste?
Granger soltó una sonrisa incómoda y desvió la mirada.
—Vi que saliste del Gran Comedor y te seguí... —Granger cuadró mejor sus hombros y carraspeó—. Pensé que quizá encontraste algo útil. Además, nunca nos separamos así que...
—¿Lo viste?
—Bueno... —murmuró incómoda.
—Claro que lo viste —se lamentó Pansy, cubriéndose los ojos con la mano.
—No quise meterme en algo privado...
—Al menos tuviste la intención —masculló—. La próxima vez quizá recuerdas hacerlo y no solo lo quieras.
—Lo siento —dijo Granger.
Pansy la ignoró y salió del lugar. Podía escucharla caminar tras ella. Pansy no quería verla. Se sentía tan avergonzada. ¿Granger lo había visto todo? ¿Absolutamente todo?
—Solo vayamos a dormir —dijo, cuando notó que Granger la había alcanzado y caminaba a su lado.
—¿No es muy temprano? —Granger sacó un reloj del bolsillo—. El tiempo fluctúa diferente, pero creo que mi reloj se mantiene, y son solo las seis de la tarde.
—Quiero dormir.
Granger la miró en silencio, parecía estar concentrada en su ceño fruncido y el rojo en sus mejillas. Pansy esperaba que Granger asumiera que era rabia y no vergüenza, aunque probablemente en realidad era una mezcla de ambas.
—Bueno. Vamos a la torre de Gryffindor.
Pansy no discutió, estuvo feliz de ver a Granger tomar la delantera para guiar.
Para sorpresa de ambas, se encontraron a Potter a mitad de camino. Subieron las escaleras movedizas con él. Granger parecía tener curiosidad por ver a dónde se dirigía.
—Si yo no estoy aquí para ver a Harry y tú tampoco... ¿Por qué podemos verlo?
—¿Por congruencia temporal? —bufó Pansy—. Qué sé yo, tenemos un maldito árbol de alcohol infinito, Potter escabulléndose por escaleras en la madrugada es lo más normal que vimos hasta ahora.
—¡Luces de colores! —exclamó Harry, llamando la atención de las chicas.
Habían llegado a la sala común de Gryffindor y él había abierto la puerta con la contraseña. Siguieron a Potter, atravesando la puerta tras él y se encontraron con una escena pintoresca: Granger y Weasley discutían a gritos. Estaban a tres metros de distancia, pero la tensión era palpable. Sus rostros estaban rojos, como flamas de una chimenea.
—¡Bueno, si no te gusta, ya sabes cuáles la solución, ¿no?! —chilló Hermione con rabia; su cara estaba tensa y su cabello comenzaba a alborotarse, con mechones rebeldes sobresaliendo hacia arriba y haciéndola lucir como una loca.
—¿Ah, sí? —devolvió Weasley—. ¿Cuál es?
—¡La próxima vez que haya un baile, pídeme que sea tu pareja antes que ningún otro, y no como tu último recurso!
Ron Weasley parecía haber quedado en blanco, solo boqueaba como un estúpido, sin articular palabras. Granger lo abandonó, dándole la espalda y subiendo las escaleras hacia los dormitorios a la velocidad de un rayo.
Cuando Pansy quiso volver a ver a Weasley, ya no pudo. Él y Potter desaparecieron lentamente como neblina. El recuerdo había terminado.
—¿Estamos a mano? —preguntó Granger, que estaba mirando al suelo con las mejillas rojas. No tanto como su versión más joven, eso sí.
—Sabes que lo mío fue mil veces peor —suspiró Pansy. Haber presenciado una discusión le bajó un poco los humos—. Debes sentirte bastante bien, tener la razón como siempre debe sentarte bien.
Granger lució confundida por unos segundos, hasta que algo en su cabeza cuadró.
—Te gustaba Daphne.
Pansy se encogió con incomodidad. En realidad, no estaba segura de si le gustaba Daphne, quizá en algún punto, pero ella era su mejor amiga, solo eso. La quería mucho y en un momento confundió un poquito las cosas, pero lo superó...
—¿Te forzabas a que te gustara Draco porque eres lesbiana?
Pansy se enderezó y gruñó:
—No soy...
—¿Bisexual? —se corrigió Granger, dando un paso atrás porque notó que había mordido un tema sensible.
—No soy... eso —dijo con asco.
—Está bien... —murmuró Granger con mucha lentitud—. Como tú digas. Si tu dices que no, entonces no.
—¿Pero? —preguntó con fastidio, conociendo ya esa cara que ponía Granger cuando tenía una teoría.
—Nada, nada —dijo enseguida, comenzando a caminar por el cuarto para escapar.
—No huyas —se indignó.
—¿Quieres dormir aquí? —la ignoró—. Podemos traer cojines y mantas, ir por bocadillos a la cocina... Los sillones de Gryffindor son como una nube, te lo prometo.
Antes de que pudiera negarse, Granger, al igual que su versión de 1994, salió corriendo hacia las escaleras con la velocidad de un rayo.
TESTAMENTO DE AUTOR
Entonces... ¡Voy a iniciar mi testamento diciéndoles que me enfermé! Llegué a casi 40 de fiebre en un momento. Una locura. Este podría haber sido literalmente mi testamento.(? No me enfermaba desde 2016 prácticamente, ¿y con más de 37,5? Todavía más años, desde niña. Al menos ya me curé. Creo. Hoy llevo todo el día sin fiebre. Un alivio porque estuve como 6 días así, mi cerebro era papilla. Estoy aprovechando este momento de lucidez para escribir porque me aburría mucho acostada y sin poder leer ni pensar sin que me doliera todo.
¿Saben qué es lo gracioso? No me contagié de mi mamá, sino de mi hermano (supongo) que se enfermó varias semanas atrás y presentó los mismos síntomas que yo. Ya les digo, en mi casa explotó algún tipo de plaga, no hay otra explicación. La pasamos fatal todos. Mi mamá todavía sigue luchando, pobre. xD
Mi papá también unas semanas antes que mi hermano había estado con fiebre. Sospecho que él inició todo.
En fin... espero que no me vuelva a subir la fiebre. ¡Y también espero que les guste el capítulo! Con suerte voy a poder escribir más a partir de ahora, pero no prometo nada, tengo unos exámenes a fin de mes. :'(
¡Pero después vienen las vacaciones de invierno, yeiii! Son buenas noticias para ustedes, es casi imposible que no los mime con varios capítulos de algo cada semana una vez termine mis exámenes.
