BEHIND THE PINKS
SINOPSIS:
Blackpink es uno de los grupos de música más importante de todos los tiempos. Ante los ojos del público, Blackpink es sinónimo de perfección, talento, fama y mucho más. Pero detrás del espectáculo, las cámaras y los premios, solo hay cuatro chicas normales que se esforzaron para cumplir sus sueños e intentan vivir sus vidas plenamente. Jisoo, Jennie, Rosé y Lisa, también conocidas como «las pinks» por sus fans, son más que integrantes de un grupo exitoso, son más que cantantes famosas que las personas admiran.
Detrás de cada importante momento de Blackpink, suceden cosas en la vida de las pinks, algunas felices, otras tristes, otras tan normales como las de cualquier otra persona en el mundo. Este libro titulado Behind The Pinks, recopila todo el detrás de escena de las cuatro artistas.
Relación Jenlisa. No AU.
1
TRAINEE
JENNIE
Jennie Kim no esperaba que ser trainee* de k-pop fuera algo sencillo, su mamá fue la primera en advertirle sobre eso, pero era algo que realmente deseaba hacer. ¿Por qué? Porque... la música era su vida. No estaba segura de cuándo comenzó ese interés, un día simplemente sintió curiosidad por los instrumentos, las notas, la estructura de una canción. Su interés por la música no fue algo con lo que nació, sino algo progresivo, un interés que se refinó con el tiempo. Su amor por la música creció al trabajar en ello.
Ella era coreana, pero durante cinco años de su infancia vivió en Nueva Zelanda. Fue algo solitario. En un principio no lo notó, en Corea Jennie estaba acostumbrada al silencio al no tener hermanos o primos. Tenía amigos en el colegio, pero ella era un poco tímida, así que casi todo el tiempo lo pasaba en casa con su mamá o su niñera que la cuidaba mientras su mamá trabajaba. Su niñera todos los días se encargaba de cocinar y acompañarla, revisando que haga sus tareas para la escuela y que nada malo le sucediera. Era una compañía silenciosa y aburrida, siempre leyendo alguna revista mientras observaba de reojo a Jennie.
Sin grandes ataduras, dejar Corea para vivir en Nueva Zelanda no debió haberse sentido tan diferente o difícil, pero lo fue. En Corea su mamá trabajaba, pero siempre volvía a casa. En Nueva Zelanda no fue así, su mamá no volvía. Ella vivía sola con sus amigos del colegio en unos dormitorios compartidos. Cuando su mamá le preguntó si le gustaría mudarse a Nueva Zelanda, no pensó realmente en esto, en la manera en que su mamá desaparecería.
Vivió con buenos amigos: amables y que la ayudaban con el idioma inglés, pero aun así se sintió sola. El silencio comenzó a volverse un problema, uno que sus amigos no podían llenar. Quizá le resulte raro a muchos, una idea sin pies ni cabeza, pero es que aun si en su primer hogar estaba mayormente sola, se sentía acompañada allí. La presencia de su mamá en los cuartos contiguos siempre la acogió. Todos los días escuchaba el ruido tintineante característico de sus llaves y el «clic» cuando la puerta se cerraba detrás de ella, o el olor familiar de la casa, la elección de los muebles y el orden que tenían. Incluso la manera en que Jennie podía moverse por los cuartos, acariciando con los dedos los marcos de las puertas al atravesarlas, escuchando un chirrido ocasional de sus pies descalzos al arrastrarlos por el suelo recién lustrado; todo eso se sentía a hogar, una compañía silenciosa, pero presente. En Nueva Zelanda todo era extraño: no había ruidos rutinarios, sino aleatorios, un montón de vidas, de personas, todo mezclado, demasiado alborotado para sentirse como un hogar. Tampoco podía encontrar eso que buscaba en su propia habitación, aun cuando no movía sus muebles y dejaba muchos de sus objetos personales a la vista (como fotografías de su mamá y ella).
Posiblemente por eso, en algún punto entre los doce años, comenzó a llenar el vacío con música. Fue una compañía reconfortante. Encontró artistas favoritos con los cuales sentirse cercana, aun si era platónico. Obtuvo una estructura en su vida con patrones, rutina y ritmos repetidos. La música se volvió un lugar donde sus emociones se sentían contenidas. Aun si sus amigos cambiaban, si había un par de semanas en las que veía a su mamá con regularidad y luego solo hablaba por teléfono con ella durante otra larga temporada, la música estaba allí, siempre estaba allí, dándole esa estabilidad que necesitaba.
El día en que su mamá le preguntó si quería mudarse con ella, esta vez a Estados Unidos, se encontró dividida. ¿Realmente su mamá iba a estar ahí o llenarían otra vez el espacio los lugares extraños y los amigos, como en Nueva Zelanda? ¿Un nuevo colegio y una nueva casa, todo de cero? Pero lo más importante para ella fue: ¿Cómo encajaba la música en esos planes? Así fue como decidió volver a Corea, como un impulso. Hizo una audición en YG Entertainment y la pasó, volviéndose trainee de la empresa. Allí podría comenzar a pulir sus habilidades musicales hasta conseguir firmar un contrato con la disquera.
Jennie tuvo que tomar demasiadas decisiones a temprana edad, desde grandes elecciones hasta pequeños detalles del día a día, porque sino nadie más lo haría por ella. Con catorce años, consideraba que tenía ya muchas cosas claras sobre la vida, y en especial sobre su vida. No irse con su mamá no fue tan atemorizante para ella como era para la mayoría de los trainees, porque ya había aprendido cómo vivir sola en Nueva Zelanda. Ir a vivir a los dormitorios de YG Entertainment fue una buena elección, porque si iba a crear un nuevo hogar de cero otra vez... Jennie solo quería que fuera junto a la música.
. . .
Ahora, Jennie vivía en un vecindario de Seúl común y corriente, en la sede de YG Entertainment, cerca del río Han. Durante los primeros meses, estuvo al cuidado de sus tíos, pero al poco tiempo pudo mudarse a los dormitorios de la empresa, ya que se adaptó bien al entrenamiento.
Claro que a medida que pasaron los meses en YG Entertainment, Jennie comenzó a replantearse sus elecciones. Es decir, amaba la música, pero quizá su mamá tenía un poco de razón cuando al principio intentó desalentarla y le pidió que lo pensara bien... porque era difícil, muy difícil. La música era una zona de confort para Jennie, pero YG no. Esto era una empresa, no una familia. No vivía ya en un hogar, ni en agradables dormitorios de estudiantes, ahora vivía bajo una eterna competencia para conseguir debutar y trabajar de la música, y los rivales eran duros.
La razón por la que audicionó en YG Entertainment fue porque le gustaban las canciones que producían, los artistas que tenían. ¿Cuál coreano no había escuchado hablar de los grupos de k-pop Big Bang o 2NE1? Ellos eran geniales, los admiraba. Quizá vivir en el extranjero había cambiado algo en ella, ya que no se sentía tan atraída por la mayoría de la música coreana que era tan... suave, y prefería más lo occidental. La rebeldía y tono oscuro de YG, que destacaba en la industria musical coreana como una oveja negra, era todo lo que Jennie ansiaba. No fue la única empresa en la que intentó entrar, ella no era tan arrogante, pero tuvo la suerte de ser aceptada en YG, justo donde quería. Lastimosamente... la imagen rebelde era solo eso, una imagen. YG Entertainment era como cualquier negocio, estaba fríamente calculado y tenía montones de reglas que sus empleados tenían que seguir a rajatabla. Literalmente en una de las paredes, había un cartel con las reglas para los trainees, para que nunca las olvidaran. Jennie las leía todos los días antes de tomar el ascensor para ir a los salones de práctica; específicamente, a las salas del sótano.
REGLAS PARA TRAINEES:
1. No fumar ni beber alcohol.
2. No tener citas.
3. No tatuarse ni hacerse otro tipo de modificación corporal.
4. Siempre cumplir los horarios estipulados.
(Cualquier incumplimiento de estas 4 reglas es motivo válido para que un coordinador realice la expulsión de cualquier trainee de la empresa).
Saber que no podía hacer nada de eso, irritaba a Jennie. Era como psicología inversa, ese cartel pedía a gritos que los adolescentes lo desobedezcan.
¿Por qué no beber alcohol? Todos lo hacían. Mientras fuera de forma responsable, claro. La mayoría de los adultos seguro estarían de acuerdo con esa regla, en especial para trainees que solo tenían quince años. Pero... Jennie ya lo había hecho antes y no era la gran cosa. Sí, ella tenía quince en estos momentos. ¡Pero no era la gran cosa, en serio! ¿Qué daño hacía un vaso? Ella ya había bebido varias veces en su último año en Nueva Zelanda. Que su madre nunca estuviera cerca era a veces una ventaja, ya que había podido ir a fiestas y sus amigos mayores le habían comprado a ella y sus amigas algunas cervezas. Jennie nunca tomó más que un vaso porque una vez vio que una de sus amigas había terminado vomitando en los zapatos de un desconocido por beber tanto.
No tener citas en realidad no le importaba a Jennie. En las fiestas en Nueva Zelanda había jugado a «la botellita» y había besado a tres chicos y una chica. No era la gran cosa. Jennie podía vivir sin novios y sin besos. La cerveza fue mejor, en su opinión. Aunque a otras trainees que todavía no habían dado su primer beso esta regla parecía molestarlas particularmente, por eso Jennie se divertía diciendo que se perdían de mucho al no haber besado a nadie todavía. Y era útil, porque así las mayores la veían como una igual. Muchas veces le decían cosas como «que era muy madura para su edad» y «que se notaba que era más relajada, como los extranjeros».
Sobre la parte de no tatuajes y modificaciones corporales (que Jennie había aprendido, después de dos meses en la empresa, que aludía a la cirugía plástica y piercings en la cara), tenía que quejarse. ¡Los tatuajes eran tan geniales! Ella no quería hacerse uno ahora, no quería matar a su madre de un infarto, pero de adulta... quizá...
Por último, sobre cumplir los horarios... eso sí que no se sentía como una regla. Jennie Puntualidad Kim nunca llegaba tarde a ningún lugar. Y menos que menos llegaba tarde a sus clases, que eran lo que más ansiaba del día.
—¿Escuchaste las noticias? —preguntó Nabi cuando Jennie entró a la sala de prácticas.
Nabi era una de las trainees más chismosa de todas, tenía la edad de Jennie aunque parecía mucho más pequeña por su voz aguda.
—¿Sobre qué? —se interesó Jennie, mientras se sentaba con Nabi y otras tres trainees más.
—La semana que viene se va a unir una nueva.
—De Tailandia —completó Jin-joo. Ella era una chica un poco criticona—. ¿Pueden creer que sea solo una? ¿Tan malos eran todos los candidatos?
—O quizá ella es extremadamente buena... —sugirió Eun-hye. Ella era nada más que amable con todos.
—¡Pero fue una audición enorme, de cuatro mil personas! —exclamó Jin-joo.
—Bueno, debe ser buena si ganó una competencia tan grande —dijo Jennie, sorprendida. Su audición para YG había sido más pequeña, de 800 personas y habían seleccionado a 10 de esos 800.
—¿Se creerá mejor que nosotras? —preguntó Jin-joo.
—No lo sé, pero dudo que sea mejor que nosotras. Tenemos ya casi un año entrenando —dijo Jennie.
—Cierto, tenemos más experiencia. Imposible que sea mejor que nosotras. —Nabi estaba de acuerdo con Jennie, la nueva no la asustaba.
Cuando Nabi se levantó, para ir a hablarle sobre esto a otras trainees que estaban sentadas en los bancos, Jennie comenzó a prepararse para la clase. Se arregló el cabello, atándolo con una coleta para poder bailar. No pensó mucho más en la chica nueva durante el resto de la semana, las clases eran más importantes.
. . .
«El día de la chica nueva», bautizado así por Jin-joo, finalmente llegó. Jennie estaba sentada en los bancos pegados a las paredes, atando los cordones de sus zapatillas mientras miraba de reojo hacia la puerta. Tenía demasiada curiosidad ahora, ya que en cualquier momento conocerían a la misteriosa chica tailandesa. Ya sabía su edad y nombre, la coordinadora a cargo de ellas había perdido la paciencia con Nabi y sus insistentes preguntas. La nueva se llamaba Pranpriya Manoban y tenía 14 años, sería la más pequeña de todas las trainees. La mayoría aquí tenían 15 y 17, aunque había una que tenía 18. Jennie se preguntaba cuál sería su apariencia, su personalidad, pero sobre todo, cómo sería su talento. ¿Gran cantante? ¿Quizá era solo hermosa? A veces elegían trainees solo por su visual, a Ra-woom la habían elegido por eso. Un trabajador de YG le había visto en la calle y le recomendó audicionar porque tenía «cara de idol», y ella le hizo caso. Durante los primeros meses esa chica cantaba como un gallo, pero era bonita. Ahora... había mejorado un poco. Ya no era un gallo, pero tampoco sonaba del todo humano.
Jennie contuvo el aliento inconscientemente cuando la puerta se abrió, pero solo entró una de las coordinadoras. ¡Vaya decepción!
—Chicas, por favor —pidió.
Todas se callaron y se acercaron a la coordinadora.
—La profesora de baile está por llegar, pero antes quiero presentarles a alguien nuevo. Por favor denle una cálida bienvenida a Lalisa e intégrenla al grupo. ¿Está bien?
Jennie frunció el ceño. ¿Y Pranpriya qué? Los chismes de Nabi nunca estaban mal. La coordinadora abrió la puerta otra vez y habló en inglés: «Lalisa, entra por favor». Se notó su acento coreano en sus palabras. ¿Lalisa hablaba inglés también, como Jennie? Nadie aquí hablaba inglés, más allá de algunos empleados. Por eso es que Jennie, que era fluida en inglés, solía rapear en los exámenes mensuales en lugar de cantar (aun cuando nunca había rapeado antes de entrar a la empresa). Por suerte, el rap fue algo que se le dio bien y que comenzaba a disfrutar.
Una niña largirucha entró al salón y todas las cabezas voltearon hacia ella con curiosidad. Se veía un poco extravagante por su ropa y su peinado, tenía el cabello negro y corto. Era un poco gracioso, parecía un niño, pero se veía adorable por eso. Jennie empatizó con ella cuando la vio encogerse por la atención. Pobre chica, estaba aterrada. La coordinadora de nuevo, con un inglés roto, le pidió a Lalisa que se presentara. Jennie le prestó atención, al igual que todas las demás trainees.
—Uh... —dudó Lalisa con una sonrisa nerviosa—. My name is Lalisa Manoban, nice to meet you. Eh... I am from thailand. And... Uh... I hope we can be friends? (Uh... / Mi nombre es Lalisa Manoban, un placer conocerlas. Eh... Soy de Tailandia. Y... Uh... ¿Espero que podamos ser amigas?)
Jennie sonrió. Al igual que la coordinadora, Lalisa tenía un acento marcado. Su nombre lo había dicho con el acento de su idioma natal, supuso Jennie, ya que la pronunciación no sonó nada similar al inglés o coreano. Lalisa se removió incómoda y miró de reojo a la coordinadora. Nadie decía nada. Jennie entonces se dio cuenta:
—Hi. —Levantó también una de sus manos, para saludar.
Lalisa soltó una gran sonrisa.
—Como habrán notado, Lalisa no habla coreano —explicó la coordinadora a las trainees—. Pero no se preocupen, háblenle en coreano.
Jennie ladeó la cabeza confundida y alzó la mano para preguntar:
—¿No deberíamos hablarle en inglés?
—No, ella tiene que aprender el idioma tan rápido como sea posible.
—Pero no nos vamos a entender...
—Yo no la entendí ni en inglés. ¿Cómo vamos a trabajar juntas? —preguntó Ra-woom con preocupación.
La pobre Lalisa miraba el intercambio completamente perdida, era obvia su inseguridad por no entender nada de lo que hablaban frente a ella.
—Ustedes no tienen que preocuparse. Lalisa se adaptará. —La coordinadora miró a Jennie—. Es necesario que aprenda coreano tan pronto como sea posible. Nada de inglé
—¿Interrumpo? —preguntó una mujer adulta cuando entró, tomando a todos por sorpresa.
Era la profesora de baile de las trainees, se llamaba Kim Hee Jung.
—Ella es Lalisa Manoban —explicó la coordinadora a la profesora.
—Sí, la tailandesa, me acuerdo.
La coordinadora le indicó con una palmada en la espalda a Lalisa que se uniera al resto de las chicas y luego salió del salón.
—Bien, vamos a seguir practicando el baile de ayer. Repitan la coreografía conmigo y luego lo intentarán de nuevo solas.
Una vez terminó de hablar, la profesora encendió el reproductor de música. Las trainees se acomodaron en una fila, una al lado de la otra, para todas poder ver a la profesora a través del gran espejo de la sala de práctica. Jennie notó que Lalisa se quedaba incómodamente a un lado, al final de la fila, intentando descifrar sobre la marcha lo que sucedía.
—Uno, dos, tres... —marcó la profesora, al mismo tiempo que bailaba.
Todas la imitaron, algunas más perdidas que otras. Una vez terminó, la profesora se sentó al frente, apoyando la espalda en el espejo y ordenó que hagan el baile de nuevo, esta vez sin ella. Todas obedecieron y repitieron, siendo analizadas por la profesora. Aunque a mitad del baile, casi todas se distrajeron por culpa de Lalisa, que estaba bailando perfectamente la coreografía. Ninguna chica se lo creía, incluso la profesora pareció sorprendida.
—Bastante bien, Lalisa. Te saltaste algunos pasos, pero solo lo viste una vez, así que... —dijo Hee Jung y luego miró al resto de las trainees con rabia—. ¿Por qué la nueva ya se aprendió el baile y ustedes no? ¿Qué día van a comenzar a tomar en serio sus clases? —La profesora chistó, se levantó y dijo—: De nuevo, repitan conmigo. Uno, dos...
La clase transcurrió bastante normal: Hee Jung se enojaba, las retaba y repetían la misma coreografía una y otra y otra vez. En YG el baile era la característica más floja de sus trainees porque lo que más les importaba en las audiciones eran las voces, las presencia escénica... Lalisa era una trainee rara de ver, la única que lo hacía bien para los estándares de Hee Jung. Pero como ella no hablaba coreano, probablemente no entendió los casi halagos que le dio la profesora (nunca eran halagos completos, así de exigente era).
—No puedo creer que sea mejor que nosotras —dijo Nabi, mirando disimuladamente a Lalisa, que estaba excluida, bebiendo agua en uno de los bancos del salón.
—A nadie le gustan los presumidos —se quejó .
—¿No están exagerando? Ella no estaba presumiendo, solo... —Eun-hye miró a Lalisa con pena—. ¿No deberíamos hablarle?
—No nos entiende —refunfuñó Jin-joo.
—Estás siendo dramática. —Jennie puso sus ojos en blanco para enfatizar.
—Ella es menor que nosotras. Ni siquiera hizo una reverencia al presentarse —siguió Jin-joo.
—Va a ser nuestra compañera de grupo, no puedes excluirla por no actuar como una coreana cuando no lo es —retrucó Jennie.
—Seguro solo estaba nerviosa y lo olvidó. Necesitamos tener química con nuestros compañeros para poder debutar como un grupo... —Eun-hye, la voz de la razón.
Jennie asintió totalmente de acuerdo con ella. Era tonto juzgar a alguien sin conocerlo. Además... Lalisa era un monstruo del baile. ¿Por qué odiarla cuando podían admirarla? Jennie todavía tenía mucho que aprender sobre baile, pero aun así reconocía la gran diferencia de nivel entre Lalisa y todas las demás trainees. Nunca lo hubiera imaginado por su aspecto tan normal y... poco serio. Jennie en serio no quería criticar, pero sus pantalones eran raros. No es que le quedaran feos, pero destacaban demasiado. En muchos sentidos, por ropa, por talento, Lalisa Manoban era especial. Y Jennie gravitaba inevitablemente hacia ella por eso. ¡Además parecía una profesional del baile! Si alguien impresionaba aunque se aun poco a Kim Hee Jung, no era por nada.
Jennie tenía muchas dudas. ¿Cómo hacía esa chica para aprender tan rápido una coreografía? ¿Era una genio? ¿Memoria fotográfica? ¿Hacía cuánto tiempo que bailaba? ¿Será de personalidad amable? ¿Si le preguntaba, Lalisa aceptaría enseñarle trucos para bailar mejor? Jennie sin duda quería tener a Lalisa cerca. Quizá era apresurado pensarlo cuando todavía no había pasado ni un día, pero Jennie veía potencial de debut en Lalisa. Y en este pequeño mundo tras las paredes de YG Entertainment, tan competitivo, había que elegir bien a tus compañeros para sobrevivir. Si Lalisa se desempeñaba bien durante el resto de la semana, probablemente le preguntaría si quería ser compañera de ella para la evaluación mensual. Bueno, a quién engañaba Jennie... al final del día le preguntaría si quería que hicieran equipo. Ella necesitaba a ese monstruo del baile para las evaluaciones con el CEO, él siempre la destruía en cuanto evaluaba su ejecución en las coreografías. Además, Lalisa no hablaba coreano. Si Jennie no le hablaba y le ofrecía unirse, nadie más lo haría. No podía abandonarla a su suerte, menos con trainees como Jin-joo rondando cerca. Por suerte existía Eun-hye, ella apoyaría su decisión y la ayudaría a persuadir al resto.
Cuando Jennie entró por primera vez a YG Entertainment se había emocionado al ver cómo todos eran tan profesionales y dedicados, tan talentosos y con tanto conocimiento sobre música. «Wow, todos aquí realmente saben lo que están haciendo» pensaba cada vez que veía algo nuevo, conteniéndose para no saltar y aplaudir. Jennie se sintió en las nubes, aprendiendo sobre todo, queriendo llegar a la altura de «los mejores». Y ahora, ante Jennie, había otro gran talento y se estaba sintiendo tan emocionada como durante sus primeros días como trainee. Un nuevo desafío, un nuevo aprendizaje. Esa pequeña llama en su interior volvió a encenderse con fuerza, gracias a Lalisa.
—No puedo tener química con alguien que no habla mi idioma. ¿Por qué ingresó a una empresa coreana sin estudiar primero coreano?
Jin-joo estaba empecinada con enojarse con Lalisa. Los coreanos se tomaban muy en serio la idea de que los más jóvenes debían aprender y respetar a sus mayores. Que Lalisa fuera mejor que todas y que encima subestimara el idioma, era una patada en el ego de cualquiera. Jennie había tenido algunos problemas por eso mismo, ya que su actitud de Nueva Zelanda era «demasiado», según algunas chicas. Jin-joo la odió durante los primeros dos meses por eso, hasta que Jennie la comenzó a ayudar a pronunciar palabras en inglés para hacer covers. Lalisa superaría esta aspereza también. Si quería trabajar como idol en Corea, estar en un grupo con integrantes coreanos... tendría que hacerlo.
Algunos estudiantes comenzaron a salir del salón para prepararse para sus siguientes clases, de japonés. Lalisa miraba a todos de nuevo, seguro otra vez estaba intentando descifrar el ambiente. Estaba mirando un papel que sujetaba con nerviosismo, seguro la coordinadora le había anotado los horarios allí. Jennie sospechaba que Lalisa era consciente de que Jin-joo hablaba sobre ella. No era necesario que supiera coreano para que se diera cuenta. Es decir, Jin-joo y Nabi no intentaban disimular que la estaban mirando y señalando...
Jennie suspiró y se alejó de las demás, acercándose a Lalisa, que estaba concentrada en su papel. Se paró junto a ella y carraspeó, para que la notara.
—Hi —la saludó Jennie con una sonrisa y se sentó junto a ella para felicitarla—: You were sooooo cool before! (Hola. /¡Estuviste taaan genial antes!)
—Speak English? (¿Hablas inglés?)
Lalisa parecía que estaba por llorar del alivio. Jennie sintió una punzada de simpatía tirar de su corazón. En ese preciso momento supo que no podía dejar que ella siguiera incomunicada. Era demasiado cruel, al diablo los profesores. Jennie sufrió lo mismo que Lalisa cuando fue más joven, en Nueva Zelanda, pero nadie allí la forzó a hablar inglés y la abandonó a su suerte. Sus compañeros y profesores hablaron lento para ella y hasta le prestaban sus cuadernos cuando se perdía, jugaron con ella aun si no podían entenderse en lo absoluto... Lalisa necesitaba aunque sea una mano amiga.
—Obviously. —Se rio Jennie—. But don't tell the teachers I did it. (Obviamente. / Pero no le digas a los profesores que lo hice).
Lalisa abrió sus ojos con preocupación. Jennie no lo había pensado antes, pero sus ojos eran muy expresivos, quizá por lo grandes que eran. Sin duda eso era algo que la delataba como extranjera.
—I don't want to get you in trouble... (No quiero meterte en problemas...)
«¿Sabe que tenemos prohibido hablarle en inglés?» razonó Jennie. Sujetó el hombro de Lalisa para calmarla.
—Tell me whenever you need something. Okay? I will help you secretly, don't worry. (Dime cuando necesites algo. ¿Está bien? Te ayudaré en secreto, no te preocupes).
Lalisa asintió con una sonrisa tímida y le agradeció. Jennie miró el papel que Lalisa sujetaba, notando que de momento ella tenía clases de coreano en lugar de japonés, por lo que estarían en salones separados. Se levantó, señalando la puerta con el pulgar. Pensó que sería buena idea guiarla, hasta que aprendiera cómo era el edificio.
—Let's go to the next class, I'll explain everything you need to know about YG. (Vamos a la siguiente clase, te explicaré todo lo que necesitas saber sobre YG).
—I am not fluent in English —advirtió Lalisa, preocupada, mientras se levantaba. (No soy fluida en inglés).
—I will speak slowly —resolvió Jennie, moviendo su mano libre para restar importancia al asunto. (Hablaré lento).
Mientras caminaban por los pasillos, yendo hacia el ascensor, Lalisa se acariciaba sus propias manos con nerviosismo y escuchaba a Jennie hablar sobre los diferentes profesores, sobre los horarios, sobre los exámenes mensuales...
—Thank you —dijo Lalisa, cuando finalmente tuvo la oportunidad de hablar ya que Jennie se había callado mientras apretaba el botón para ir el piso tres—. For helping me. (Gracias. / Por ayudarme).
—That's what friends are for! (¡Para eso son los amigos!)
Jennie se sintió feliz. Le gustaba ayudar a los demás y llevarse bien con todos. Ver a Lalisa comenzar a sonreír de manera relajada era bueno, era una prueba de que estaba haciendo lo correcto.
—We are friends —repitió Lalisa con esa gran sonrisa que ya estaba siendo tan característica de ella. Pero pronto, su entrecejo se frunció—. I dont know your name. (Somos amigas. / No sé tu nombre.)
Jennie rio, no pudo evitarlo.
—So cute... I am Jennie. Jennie Kim. (Tan linda... Soy Jennie. Jennie Kim).
—¡Jennie Kim! —la llamó la coordinadora, haciendo que la aludida diera un respingo. Justo cuando salieron del ascensor tuvieron la mala suerte de encontrarse con una de las personas que no debía escucharlas hablar—. Coreano.
Lalisa parecía aterrada. Jennie también lo estaba, pero sabía que esa coordinadora tenía un corazón blando, así que no estaba muy preocupada. Solo debía asegurarse de sonreír dulcemente y...
—¡Lo olvidé! —se disculpó, haciendo una reverencia—. Hablaré en coreano, lo prometo. —Jennie sujetó la mano de Lalisa, para indicarle que camine con ella. La coordinadora tenía una ceja alzada, obviamente escéptica, mientras escuchaba a Jennie hablar en coreano—. Como te decía, tenemos clases de idiomas, de baile, de canto, de...
Cuando se alejaron lo suficiente de la coordinadora, Jennie soltó un suspiro de alivio y enredó su brazo sobre el hombro de Lalisa.
—About your dance... —dijo Jennie, ahora más cerca de su oído para que fuera más difícil que la atraparan hablando en inglés—. At what age did you start dancing? (Sobre tu baile... /¿A qué edad comenzaste a bailar?)
—Five (Cinco).
—Woah... You are the best dancer I have ever seen Lalisa —la halagó. (Woah. Eres la mejor bailarina que vi en mi vida Lalisa).
Lalisa se sonrojó y negó con la cabeza. Pero Jennie insistió, porque en serio pensaba que Lalisa era genial. Ninguna trainee hasta ahora fue así, como ella, con movimientos tan «wow». Antes de dejarla en su clase de coreano y correr hacia el lado opuesto, a la clase de japonés, a Jennie se le ocurrió algo:
—Hey, do you mind if I say Lisa? You can call me Jen if you want. (Oye, ¿te importa si te digo Lisa? Puedes llamarme Jen si quieres).
Se despidieron, pero se volvieron a encontrar ese día en el comedor. Jennie habló un montón con Lisa. Ella tenía demasiadas preguntas y esperaba poder aprender mucho con su nueva amiga. Sin duda durante las próximas evaluaciones mensuales conseguiría una A con su ayuda. O bueno, lo haría si dejara de distraerse preguntando sobre Tailandia, las comidas que le gustaban, sus cantantes favoritos... ¡No era culpa de Jennie que a Lisa también le gustara Rihanna!
JISOO
Kim Jisoo se consideraba alguien simple, que no se complicaba mucho a sí misma. Era fiel a sus pensamientos y no le importaba lo que los demás opinaran sobre ella por eso. Aunque podía admitir que habría sido inteligente de su parte mentir un poco sobre sus gustos cuando el CEO de YG Entertainment durante entrevista le preguntó cuál era su grupo favorito de k-pop. Ella era inteligente, tuvo que haberse dado cuenta antes que no era buena idea decirle a su futuro jefe que no le gustaban sus grupos y que prefería los de otras empresas. Pero esa pregunta la había tomado por sorpresa y le gustaba creer que la honestidad era siempre el mejor camino. ¡Y lo fue! Obvio que ella tuvo razón al final. Aun cuando prácticamente insultó al CEO en la cara, consiguió ser trainee de la empresa para ser una idol, lo cual... nunca estuvo en sus planes de vida, así que no estaba segura sobre cómo sentirse.
Cuando era niña Jisoo quería ser artista, una pintora, aunque no sabía dibujar. Luego quiso ser escritora porque le gustaba leer. Un día, terminó siendo parte del club de teatro de su escuela, porque uno de sus amigos quería unirse pero le daba vergüenza hacerlo solo. Sus elecciones en la vida se sentían aleatorias y accidentales. Quizá por eso, aun cuando audicionó en YG Entertainment para ser actriz, terminó entrando a la empresa para ser una idol. Ella ni siquiera lo había intentado tan en serio. Cantó una canción porque era uno de los requisitos de audición, y por suerte ella no cantaba mal gracias a algunas clases que tomó en un momento de su vida por su mamá, a su familia le gustaba cantar. ¿Cómo había terminado siendo una candidata a idol? No tenía idea, pero se sentía tonto desperdiciar la oportunidad, por eso aceptó unirse. En el peor de los casos, su padre, que tenía contactos en la industria del entretenimiento, podría ayudarla a ser actriz en el futuro. O simplemente iría a estudiar a una universidad como una persona normal, lo decidiría más adelante.
Jisoo no tardó mucho en descifrar a sus compañeras, solo necesitó un día. No sabía todo sobre todas, pero ya había podido apodar a las que destacaron. Durante la primera clase, de baile, pudo encontrar el apodo perfecto para Jin-joo: Gastona. Jisoo había visto muchas veces la película La Bella y la Bestia porque era una gran fanática de Disney. Jin-joo le recordaba mucho a uno de sus personajes, Gastón, porque era arrogante como él, bordeando lo maleducada, gritona y... talentosa, pero presumida por ello. También la había visto mirarse los músculos de los abdominales en los espejos durante la clase. ¡Vaya personaje era esa chica!
En las clases de idiomas, japonés específicamente, reconoció a Nabi. Ella era... una mariposa social. Su nombre era muy adecuado, ya que significaba literalmente mariposa. Esa chica había cambiado de asientos como tres veces en menos de dos horas para hablar y chismear. Jisoo la nombró mentalmente como Cotorra, porque vuela de rama en rama y repite todo lo que escucha una y otra vez, como disco rayado.
Jisoo se sintió mal por Eun-hye. Era pequeña y adorable, como un hámster. No es que las demás trainees fueran malas, pero ella era demasiado amable. No tenía ese instinto de caza que tenían las demás. Su personalidad le jugaba en contra para poder debutar. Era la última en elegir una canción, cedía los mejores asientos a otras personas, si alguien le pedía ayuda ella lo haría, aun si se atrasaba y le iba mal por eso... ¡Ella necesitaba exigir más para sí misma, ser un poquito más egoísta! Pobre e indefenso hámster, a este paso no iba a sobrevivir mucho más. Bueno, ningún hámster vivía mucho, siempre morían en manos de algún niño.
Ra-woom era objetivamente hermosa, fue fácil apodarla Afrodita. Y ya, esa era toda la explicación. En serio no había más que decir, por eso a Jisoo le llamó tanto la atención esa chica. ¿Por qué todavía estaba aquí? No cantaba mal, pero sus palabras sonaban planas y poco naturales. Hacía los movimientos correctos al bailar, pero sus extremidades se veían flácidas y débiles. ¡Pero oye, era bonita! Y tenía dos novios, Nabi se lo dijo a Jisoo. Uno era mayor, ingeniero graduado de la universidad, Jisoo lo bautizó Hefesto. Y el otro era un tipo musculoso con una motocicleta, por lo que tuvo que ser Ares. Jisoo tenía curiosidad sobre cómo se resolvería todo. ¿Cuándo Hefesto encontraría a Afrodita engañándolo? Ojalá los coordinadores no pillaran a Ra-woom antes del desenlace de la historia. Jisoo apostó con Nabi que Afrodita se quedaría con Ares al final...
Nabi no pareció entender sus referencias a la mitología griega, pero aceptó la apuesta. Jisoo no podía creerlo. ¿A nadie en YG además de ella le gustaba la mitología? ¿Qué tenían, diez años? La mitología era genial. Les haría bien a todos leer un poco para variar.
La favorita de Jisoo fue Lisa, esa chica era única en su especie. En cuanto habilidades, su baile era una locura. ¡Podía hacer piruetas! Por sus brazos delgados, como dos ramitas, nunca lo hubiera imaginado. No diría que era la mejor cantante, pero no porque su voz fuera mala, en general era estable, sino porque... ¡No hablaba coreano! ¡Era una extranjera, de Tailandia! Eso sí era interesante. Jisoo nunca conoció a un extranjero. Ella era una coreana que nunca se alejó demasiado de Seúl ni siquiera para vacaciones.
Lisa, de momento, era número 4 en su cabeza. No, no porque pareciera una reclusa y tuviera un cartel con un número o algo así. ¡Jisoo no era tan malvada! Consideraba a Lisa un 4 porque podías notar desde millas de distancia que resaltaba, como un pez intentando nadar en el desierto. Se podía sentir que ella no pertenecía a este lugar, tanto por extranjera como porque había cierta aspereza entre ella y las demás trainees. En Corea el 4 era un número de la mala suerte, por eso nadie elegía ese número, nadie quiere el número de la mala suerte. Bueno, nadie a excepción de Jisoo. El 4, el 44, el 444 y así, infinitamente, eran los números favoritos de Jisoo. Lo decidió desde pequeña, porque se sintió mal porque ningún otro niño quería al número 4. ¿Marginar al número solo por su mala fama? No, Jisoo no lo aceptó. Mientras más personas estuvieran en contra de algo, Jisoo más quería darle una oportunidad y ver por sí misma cuál era la verdad. Su papá la llamaba justiciera por eso. Su mamá le decía que solo le gustaba complicarse la existencia a sí misma.
La última que destacó fue Jennie. A Jisoo no le agradaba Jennie, quizá por eso no se esforzó en su apodo. La llamó Jennifer, porque era un nombre bastante común en las porristas de las películas estadounidenses. ¿Jennie siquiera era un nombre coreano? Tenía ese aire, de estereotípica chica estadounidense popular con la que no era buena idea meterse. Tenía una mirada afilada, desafiante, vestía con mucho negro y todas la admiraban. ¡Hasta número 4 lo hacía! Jisoo desconfiaba, pero no encontró nada de momento que demostrara que tenía razón.
Además de aprender sobre sus nuevas compañeras, Jisoo no había hecho mucho más ese primer día. Bueno, tuvo muchas clases de canto para intentar alcanzar el nivel de las demás trainees, y ahora le dolía la garganta, pero ella no quería pensar más en eso.
. . .
A Jisoo le causaba gracia que hicieran que las trainees femeninas y los trainees masculinos de la empresa no pudieran almorzar ni cenar juntos. ¿Esa era la mejor arma que tenían contra las hormonas adolescentes? ¿Seriamente? ¡En cuanto los coordinadores se enteraran que Ra-woon tenía dos novios, ja! Ese día iba a ser interesante. Jisoo todavía no había visto a ningún trainee (masculino o femenino) ser expulsado. Cosa que, según le contaron, era raro. La mayoría de los meses alguien desaprobaba y era expulsado de la empresa.
Jisoo estaba haciendo la fila para pedir su almuerzo. Frente a ella estaba número 4, que hablaba con un coreano más inentendible que el de un niño de 3 años.
—Pasto de patatas.
Jisoo aguantó la risa. Aunque fue difícil por la cara de confusión de la cocinera mientras le servía un poco de ensalada de lechuga y tomate a Lisa en su plato.
—Gasas... —Por el tono triste de Lisa, cualquier rastro de diversión en Jisoo desapareció.
Antes de que Lisa se alejara de la fila, Jisoo la sujetó de la ropa, haciendo que se quede quieta.
—Ella pidió la ensalada de patatas. Es lo que estaba mirando. ¿Tengo razón?
Lisa la estaba viendo como si tuviera cinco ojos en la cara. Jisoo apuntó al «kamdi-cha», que era una ensalada de patatas muy saludable y, en su opinión, deliciosa.
—¿Eso?
Los ojos de Lisa brillaron en reconocimiento y comenzó a asentir con efusividad. La cocinera se disculpó y cambió el plato, esta vez sirviendo el acompañamiento que realmente quería Lisa. Jisoo apostaba que la señora solo quería sacarse a Lisa de encima de una vez, para no tener que lidiar con la barrera del idioma, por eso le había servido cualquier cosa sin intentar entenderla.
—Gasas —dijo Lisa, mientras caminaban hacia las mesas, luego de haber obtenido ambas sus comidas.
—Gracias. Gra-cias —corrigió Jisoo—. Gasas es lo que se pone en las heridas. —Lisa no pareció entender del todo—. Gasas es doctor, vendas, herido. Gracias es thank you. —Jisoo esperaba que su inglés hubiera sido entendible.
—¡Oh! —Se emocionó Lisa—. ¡Gracias!
Jisoo asintió y levantó sus pulgares en signo de aprobación. Lisa comenzó a decir «gracias» una y otra vez por lo bajo, para practicar la pronunciación. Cuando se sentaron, Jisoo señaló el plato de Lisa y le enseñó:
—Ensalada. Pasto es green, verde, planta. Pasto, no. Ensalada, sí. Ensalada de patatas. En-sa-la-da.
—Ensalada —repitió Lisa.
—¡Perfecto! Wow, soy una gran profesora.
Comió todo el almuerzo junto a Lisa, fue silencioso, pero estuvo bien, era divertido escucharla murmurar «ensalada no pasto, gracias no gasas» mientras apuntaba cosas con una cuchara. Quizá almorzaría con ella a partir de ahora. Aunque a Jisoo no le gustó sentirse observada. Jennifer la estuvo taladrando con la mirada durante toda esa hora en el comedor. Notó esto de reojo, pero se aseguró de no devolverle la atención que quería.
. . .
Ser trainee no estaba mal, aunque Jisoo estaba todavía luchando para acostumbrarse a vivir en los dormitorios. Durante su primer mes de trainee, ella había vivido en su casa con sus padres y hermanos y solo iba a la empresa a entrenar. Ahora que tuvo que hacer el cambio y volverse una trainee oficial, extrañaba tener un cuarto solo para ella y no tener que tomar turnos con sus compañeros para ducharse.
Hoy fue una de las veces que perdió la paciencia porque Nabi había decidido construir una casa en el baño en lugar de simplemente ducharse. ¿Por qué algunas de sus compañeras tardaban tanto? Estuvieron bailando durante horas, Jisoo quería poder limpiarse el sudor de una vez. Por eso terminó saliendo de los dormitorios para buscar unos baños públicos.
Grande fue su sorpresa cuando se encontró con Jennie en el lugar que eligió. Ambas habían tenido la misma idea. Jisoo pensó en fingir que no la vio, pero Jennie la atrapó mirándola y la saludó. Demasiado tarde para fingir.
—Unnie*, qué sorpresa, no esperaba encontrarte aquí.
Oh genial, ahora debía socializar. ¿Por qué era tan problemático tomar un baño? No estaba de humor, le dolían músculos que ni siquiera sabía que existían antes de unirse a la empresa.
—¿Estabas por entrar?
—Sí —contestó Jennie. Lucía un poco nerviosa, como si no supiera qué hacer, hasta que terminó apuntando con torpeza al lugar donde guardaban su ropa antes de entrar a los baños—. Voy a... eso...
Jisoo asintió distraídamente y le dio la espalda, yendo a su propio lugar para poder desnudarse. Jisoo entró primero a los baños y fue a lavarse. Jennie entró unos minutos después, pero no se acercó. Jisoo se alegró de poder enjabonarse en paz, ella no quería hablar mientras se limpiaba entre los dedos de sus pies. Pero cantó victoria demasiado pronto, ya que cuando se sumergió en el agua caliente de las bañeras y soltó un gemido del gusto por sentir a sus músculos cansados relajarse, Jennie apareció a su lado.
—Estoy feliz de que nos hayamos encontrado, unnie.
Jisoo forzó su sonrisa. Todas sus conversaciones con Jennie hasta ahora habían sido así. «Cantas tan bien unnie», le decía Jennie, una obvia mentira para ser amable, porque Jennie era a la que rara vez corregían los profesores de canto. «Por favor, comparte tu experiencia conmigo unnie», pedía amablemente, como si Jisoo no estuviera en una continua crisis existencial porque un mes atrás ella iba a ser una actriz y ahora estaba haciendo malabares para aprender a bailar. La estresaba que Jennie hiciera tan obvio que quería que Jisoo la considerara amable y educada. Buenas notas y se lleva bien con todos... falso, todo era demasiado correcto para ser real. Jisoo odiaba las cortesías sin sentido o que le mintieran para hacerla sentir mejor. Pero no podía culpar a Jennie, ella no era más que otra trainee jugando sus cartas para ganar la competencia y poder debutar. Lo entendía y la respetaba por eso, además de temerle y causarle repelús por lo mismo.
Eun-hye y Jennie eran parecidas, y al mismo tiempo polos opuestos. Ambas no eran más que amables, dispuestas a ayudar a sus compañeras porque eran un equipo, un grupo que debutaría algún día. Pero mientras Eun-hye lo hacía porque no sabía decir que no y porque tenía miedo de decir algo malo sobre cualquiera, aun cuando lo merecieran, Jennie lo hacía por su propio bien, porque no le convenía tener enemigos, porque quería evitar y solucionar los problemas.
No era casualidad que, aun si no lo dijeran explícitamente, Jennie fuera la líder entre las treinees. Se le venían muchas frases a la mente a Jisoo para describir la actitud de la chica, tales como: «Para liderar a la gente, camina tras ellos». Jennie era menor y no había que ser un genio para saber que a los mayores nunca les gustaba que alguien menor fuera mejor que ellos. Ah, pero cuando el menor decía que todo era gracias a sus unnies y oppas* y les acariciaba el ego... Ahí todos estaban felices. ¿No? Jisoo había visto este tipo de situación una cantidad innumerable de veces en el colegio. Y en especial, se lo hacían a ella, porque tenía un rostro muy bonito y su padre trabajaba con gente famosa. Sabía que Jennie no estaba intentando nada tan rastrero y que solo quería que Jisoo no arremetiera contra ella en el futuro. Pero no podía evitar enojarse cuando la gente endulzaba las cosas para ella. En especial cuando sabía que no lo estaba haciendo bien en clases. Era como si le metieran el dedo en la herida.
Quizá durante sus primeros meses de trainee Jennie había aprendido a las malas que las unnies eran un peligro. Lo sospechaba porque Lisa estaba pasando por eso ahora, las demás trainees todavía no podían soportar que Lisa sacara notas casi perfectas cuando era la más pequeña de todas y ni siquiera podía decir «gracias» en coreano correctamente. «Gasas» pff, Jisoo casi se ríe sola, como una lunática, al recordar las palabras de Lisa.
—Me sorprendiste en la clase de baile, tú...
—Por favor, soy terrible —la calló Jisoo.
—No, claro que no...
Jisoo bufó. No otra vez, no quería que...
—Ro-waan unnie es terrible. Tú lo hiciste realmente bien. Me sorprende porque nunca bailaste en tu vida y estás aprendiendo increíblemente rápido. Yo tomé clases de baile durante seis meses antes de ingresar a YG y no fui mucho mejor que tú.
Eso sonó... sincero. Jisoo no esperaba eso. Quizá, si hubiera intercambiado antes más de dos frases con Jennie, lo habría notado.
—¿Realmente criticaste a Ro-waan? —rio Jisoo.
—Admito que no me cae muy bien desde... bueno...
—¿Sus dos novios?
—¿Lo sabes? —se sorprendió Jennie.
—La verdadera pregunta es cómo los coordinadores no lo saben todavía.
Ambas se rieron al mismo tiempo.
—Me pregunto por qué unnie sigue en YG. A veces creo que solo está intentando impresionar a sus amigos —dijo Jennie.
—¿Crees que la expulsarán?
—En las evaluaciones del mes pasado no le fue bien. A no ser que haga un gran cambio, no creo que dure más de dos meses aquí.
—Tengo miedo por esas evaluaciones. Me viste en mi primera, me fue mal. No sé si tengo madera para ser idol.
—¿Por qué? ¡Eres tan bonita unnie, claro que puedes ser idol!
—Honestamente quería ser actriz. ¿Sabías que los actores necesitan saber bailar? Yo no.
Jennie soltó una risita.
—Hablo en serio, después de cada clase de baile, siento que crujen todas mis articulaciones, hasta las de mis dedos.
—Sospechaba que ingresaste a YG solo por tu visual.
Bueno, vaya, Jennifer era honesta. Jisoo podía admitir cuando se equivocaba.
—¿Me estás diciendo que no tengo talento?
Jennie la miró alarmada, pero cuando vio que Jisoo estaba sonriendo burlonamente, ella golpeó su hombro y se quejó:
—¡Unnie, no seas mala conmigo!
—¡No lo negaste! —exclamó Jisoo, un poquito ofendida—. Para que sepas, soy una actriz decente. Siempre conseguí el protagónico en las obras escolares. Incluso en los musicales.
—¡Lo siento! —rio Jennie—. Pero llegaste sin saber bailar y... cantabas normal, sin desafinar demasiado, pero ni siquiera sabías hacer un falsete, ni sabías qué era un vibrato... Me dio curiosidad saber qué habrías hecho en tu audición para pasar, y entonces sospeché que quizá ser tan hermosa como Ro-waan unnie te ayudó un poquito.
Mucha gente afirmaba eso, que era realmente hermosa. Cuando conocía a alguien nuevo, en algún momento le decían: «¡Tienes cara de actriz de un drama, tan bonita!» Jisoo no lo entendía, ella ni siquiera intentaba maquillarse. De hecho, no sabía hacerlo. ¿Debería aprender eso para ser trainee? Hasta Lisa, que algunos días se vestía como un chico, se maquillaba.
—Meh, está bien. Como te dije, quería ser actriz.
Jisoo se hundió más en el agua. Seguro sería fácil desaparecer en ella y ahogarse. No más músculos adoloridos ni pequeños trainees pidiendo consejos a su unnie. No más escuchar a sus padres decir «hija, ¿estás realmente segura de lo que quieres? En un par de años serían los exámenes para entrar a la universidad, esto podría distraerte» o «podrías obtener tu título universitario y luego intentar ser actriz». Cerró sus ojos, disfrutando el calor. Su padre le había dicho en un principio que intentara audicionar en YG si le gustaba tanto actuar. ¿Por qué le daban mensajes contradictorios?
—¿Y por qué aceptaste ser una trainee? —preguntó Jennie.
—La verdad, no lo sé.
—Debe haber una razón unnie.
—¿Cuál es la tuya? ¿Por qué quieres ser una idol de k-pop?
—Porque de grande quiero ser cantante.
Jisoo abrazó sus propias piernas. Jennie había dicho tan fácilmente lo que quería ser de adulta. Jisoo también había afirmado muchas cosas: «quiero ser pintora» o «quiero ser escritora». Pero nunca sonó como Jennie, nunca lo dijo con ese brillo ilusionado en los ojos.
—¿Qué es lo genial de ser cantante? ¿Por qué no ser abogada o chef?
—Porque mi corazón late como loco cuando pienso en ser como mis ídolos. ¿No te sucede igual? ¿No te gustaría ser Rihanna?
Jisoo alzó sus cejas.
—¿Seguimos hablando de k-pop?
—Eso es solo un género. Música es música. Cantantes son cantantes. No importa si haces pop, rock o música clásica, todos deberíamos aspirar a ser Rihanna.
—Bueno... —Jisoo rio—. Es cierto, me gustaría ser Rihanna.
Jennie esbozó una sonrisa... adorable. ¿A dónde fue Jennifer, la porrista fría y popular?
—Realmente quiero debutar —confesó Jennie.
—Seguro tendrás un montón de fans. Tienes cara de popular.
Jennie se sonrojó y negó usando sus manos.
—No digas eso unnie —se quejó.
—Hablo en serio. No sé nada de rap, pero suenas genial. Todavía no eres Rihanna, pero llegarás eventualmente. Cantas, bailas, rapeas... hasta un ciego podría ver que vas a debutar.
—Ojalá —suspiró Jennie—. ¿Lo imaginas? ¿Alguna vez estuviste en un escenario?
—Bueno, al actuar y cantar en el colegio... y casi todos en el público eran padres. Pero me gustaba, siempre me divertía mucho haciendo eso. Por eso pensé en actuar de manera profesional.
—Todos escuchándote, gritando... La música fuerte, más que en cualquier fiesta. ¿Te imaginas la adrenalina? ¿Lo amada que debes ser en ese momento bajo los reflectores? Ese pequeño momento para brillar más que nada en el mundo, solo la música y tú.
»Incluso en las evaluaciones, esas veces en las que doy todo de mí y al final me aplauden... se siente tan bien. Quiero eso, quiero tan mal estar en un escenario ya mismo.
Si alguien estaba sediento por atención, ese alguien era Jennie. Podía escucharlo en las ansias de su voz, en su mirada nublada por sueños. Ella tenía una meta clara a la cual llegar. La música, el público... algo cobraba vida en ella cuando hablaba de eso. ¿Era felicidad? ¿La ilusión de un sueño? ¿Su amor por la música? Jisoo también quería eso. Algo que moviera cada fibra de su interior, tal como Jennie en este momento.
Nadie conocía mejor a Jisoo que su mamá, era cierto que le gustaba complicarse la existencia. No podía elegir un número fácil como el 1 o el 7, tenía que ser el 4, porque traía mala suerte, porque era el que menos personas elegían. Jisoo quería pintar porque en los museos había pinturas, porque a su papá le encantaba colgar cuadros caros en las paredes de su casa, porque era arte, y el arte era único e invaluable, aclamado por todos. También quería escribir por eso mismo, y porque los adolescentes no leían, porque escribían con errores de ortografía y no les importaba, entonces a ella sí se fijaba en eso. Actuar era otro tipo de arte, donde podías ser y hacerlo todo. Eso se sentía correcto. ¿Por qué ser solo Kim Jisoo? Podía ser más que eso.
Cuando te aplauden, es cuando sabes que eres especial. Felicitan al mejor, admiran al más asombroso. ¿Profesor, doctor, ingeniero...? Era respetado, era como elegir el número 1 como tu número favorito. Era lógico querer el 1, porque es ser el primero. Pero Jisoo, ya desde niña, eligió el 4 para su vida.
Sí, Jisoo también quería ser una idol, porque era difícil, porque era raro, porque no muchos se atreverían a hacerlo... y porque quería escuchar cuántas personas aplaudirían por ella en un escenario. Quería lograrlo, demostrar que era más que una cara bonita ideal para ser una actriz de un drama. Y luego sería también escritora, pintora, actriz... porque le gustaba complicarse la existencia.
ROSÉ
Rosie estaba por orinarse en sus pantalones mientras esperaba a que se abrieran las puertas del ascensor. Metafóricamente, claro. Ella se esforzaría para que sea solo eso, una metáfora y no una vergonzosa realidad. Ella no podía orinarse en su primer día como trainee de k-pop.
Unos minutos atrás, mientras caminaba con sus padres por la calle, ella había estado emocionada y solo un poco nerviosa por unirse a YG Entertainment, hasta que sus padres le sonrieron con cariño y le dijeron «bueno, adiós, vas a vivir en los dormitorios de la empresa y nosotros nos vamos a casa, ¡nos vemos en un par de meses!». El mundo se le vino abajo y el estrés la carcomió por completo. Quiso escapar de Corea, a pie de ser necesario, estaba dispuesta a nadar por todo el océano pacífico para regresar a su hogar con su familia, en Australia. Pero... ella no podía hacer eso. Le prometió a su papá que lo intentaría. Además, no podía simplemente irse por tener miedo, cuando su familia había gastado tanto dinero para que ella pudiera ir a Corea para hacer realidad su sueño de ser cantante.
«Estoy bien, completamente bien. Estoy bien. Bien, bien. Bienbienbien. Estoy bien» canturreó en su cabeza para mantener la calma, mientras movía su pierna con nerviosismo. Entró al ascensor, donde había una chica de cabello negro que parecía de su edad o incluso un poco mayor, era delgada y tenía una camiseta holgada y larga. Rosie tenía el cabello algo corto, por sobre sus hombros, y esa chica lo tenía casi igual. Sus rasgos eran delicados: rostro pequeño y pestañas largas, que contrastaban con sus ojos y nariz grandes y sus labios abultados. Usaba un maquillaje fuerte, su delineado negro era grueso y destacaba. Parecía tener una personalidad intensa. De hecho, ella lucía como una persona que no tenía miedo a gritar que estaba aquí.
¿Rosie debería maquillarse? Los cantantes se maquillaban. ¿Los trainees también? «Oh Dios me está mirando» chilló internamente, «¿Por qué no me maquillé? Si le hubiera pedido a mi hermana... ¡MI HERMANA! ¡Ella es la que me maquilla! ¿Cómo voy a hacerlo yo sola? Estoy acabada, no tuve que irme de casa. Ni siquiera quería ser cantante».
—¿Tienes una guitarra?
«Entonces el maquillaje no fue el problema. Es bueno saberlo» se dio cuenta, aliviada, olvidando su crisis. La chica solo estaba mirando la funda de su guitarra, que llevaba colgada en su hombro.
—Sí. ¿Tú sabes tocar?
—No. Pero se ve genial. Really cool.
—¡Gracias!
—Soy Lisa. Soy una trainee de YG.
—Chaeyoung. Aunque todos mis amigos me llaman Rosie. Soy nueva aquí, vine de Australia para ser trainee también. Por eso mi nombre, es en inglés...
—Woh. Lo sabía. ¡Los rumores eran ciertos! Sabía que tenías un aire de australiana.
Rosie se rio. Quizá YG Entertainment no sería tan malo. Las personas aquí parecían amables.
. . .
¡YG Entertainment era lo peor que le había pasado! Y no, no era una opinión apresurada. Dos horas eran más que suficientes para estar completamente segura sobre eso.
Rosie tenía el rostro, cuello y orejas rojas. En serio, podía verlo en los espejos gigantes del salón. La primer clase que tuvo como trainee fue de baile. Decir que lo estaba haciendo mal, era ser amable consigo misma. La profesora le había mostrado muchas veces la coreografía, pero ella apenas conseguía recordar los primeros tres pasos. Lo peor, es que realizaba esos tres pasos de manera horrible. Seguro una abuela con problemas en la espalda y rodillas podría mover más fluidamente su cuerpo que ella.
—Bueno, terminamos por hoy, pero sigan practicando en su tiempo libre. ¿Está bien? —dijo la profesora, mirando a Rosie a los ojos.
—¡Sí! —exclamaron todas las trainees en coro.
Rosie se sentía humillada. Ella era cantante, no bailarina. Nunca había intentado bailar en sus quince años de vida, le resultaba vergonzoso. A diferencia de ella, todas aquí eran muy talentosas. Casi deseaba haberse orinado en los pantalones en su primer día, en lugar de haber realizado la sesión de baile más patética que alguna vez haya presenciado YG Entertainment, el mundo y el universo entero.
—Chaeyoung, ¿verdad? —saludó una de las trainees, que ya había ordenado sus cosas en su bolso y se acercó a ella.
La coordinadora la había hecho presentarse al grupo antes de iniciar la primera clase, así que todos aquí ya sabían quién era, su edad y de dónde venía. O bueno, sabían su nombre coreano. Al tener doble nacionalidad, Rosie había tenido problemas con su nombre. Había sido nombrada Chaeyoung de nacimiento, pero por vivir en Australia adoptó el nombre Roseanne a muy temprana edad, ya que había sido un dolor de cabeza para sus profesores y amigos pronunciar su nombre coreano. Técnicamente, ella era Chaeyoung, pero hoy en día hasta sus padres le decían Rosie en lugar de Chaeyoung. Ella misma se percibía como Rosie. Pero ahora que estaba en Corea, volvió a tener el mismo problema, pero a la inversa, a los coreanos les costaría decirle Roseanne. Los de la empresa, e incluso sus padres, le habían dicho que sería más cómodo para todos si usaba un nombre coreano, ya que así sería más cómodo al hablar y para los temas burocráticos.
—Sí. Hola.
—Soy Jennie. Jennie Kim.
—Chaeyoung Park —volvió a decir y cuando cayó en cuenta de la redundancia, levantó sus manos y las movió alterada, intentando corregirse—. Pero ya sabes eso, dah.
Jennie se rio. Rosie no estaba segura si fue de manera despectiva o comprensiva. Jennie le recordaba un poco a esas compañeras en su colegio que eran demasiado «maduras» y que la hacían sentir infantil por preferir dibujar en sus cuadernos y ser fan de muchos cantantes. Jennie actuaba y hablaba de una manera que se sentía madura, como alguien más adulta y no una adolescente incómoda. Y su aspecto completaba esa imagen. Tenía rasgos asertivos y afilados, sus ojos similares al de un felino. Su cabello era largo y lacio, castaño oscuro. Cada poro de su cuerpo gritaba feminidad, pero también, proyectaba una presencia que intimidaba, aun cuando era más baja que Rosie. Vestía negro, mucho negro. Sus uñas estaban pintadas de negros, sus ojos eran casi negros y tenían un fino delineado negro, y su ropa de ejercicio era negra... ¡Hasta los cordones de sus zapatillas eran de color negro!
—Chaeyoung Park, anotado.
Rosie no estaba segura de que decir, así que solo atinó a sonreír. Por suerte, Jennie era más elocuente:
—¿Necesitas ayuda para practicar?
—Pero ahora tenemos clases de japonés...
—Me refiero después —dijo Jennie—. Casi siempre volvemos al sótano luego de todas las clases y practicamos las coreografías, o trabajamos en las canciones que debemos hacer para las evaluaciones mensuales. Si necesitamos practicar canto, también podemos pedirle a los profesores para tener unas clases extras en las mañanas.
—Pero... tenemos clases de 12 a.m. a 12 p.m.
Jennie enarcó una de sus cejas.
—¿Y no piensas practicar más que eso? ¿Cuándo te prepararás para los exámenes?
—...tienes razón —murmuró Rosie.
—Sé que suena abrumador, pero no es tan malo una vez que te acostumbras. Solo lo haces y ya.
—Son muchas horas. Nunca pensé que sería tan pesado, es un poco abrumador.
—No te preocupes. Nos tienes a nosotras para ayudarte, podrás hacerlo.
Bueno... Quizá YG Entertainment era malo, pero las personas aquí en serio parecían amables, o bueno, los trainees, porque la profesora de baile no le había dado la mejor impresión.
. . .
La hora del almuerzo finalmente llegó. Rosie, con su bandeja con comida en la mano, volvió a sentirse como en el colegio en Australia cuando faltaban a clases sus dos únicos amigos. Estaba parada incómodamente entre las mesas, intentando decidir qué hacer, con quién juntarse. ¿Debería ir y saludar a las chicas? ¿Debería sentarse sola? Quería hacer contacto visual con alguien. Por favor, quien sea.
—Chica nueva.
Rosie dio un respingo y miró a su izquierda. Nabi, una chica que conoció en su primera clase de japonés, se había acercado a ella y le había hablado.
—Ven, ven —dijo, arrastrando a Rosie a la mesa con todas.
Allí estaba Jennie, a su lado estaba la chica del ascensor Lisa y otras trainees con las que no había conversado demasiado todavía: Eunbi, Miyeon, Euna, Hanna, Yuna, Suni y Jinny. En otra mesa, estaban sentadas otras trainees, eran un total de 21 en la empresa en estos momentos.
—¿Jisoo todavía no está aquí? —preguntó Euna.
—Tuvo que salir esta mañana.
—¡Se perdió a la chica nueva! —dijo Nabi.
—Va a volver para la clase de krump —señaló Suni—. Algo me dice que podrá ver exactamente lo mismo que nosotras esta mañana.
Y Rosie se puso roja. Krump era un estilo de baile callejero, que sonaba más complicado que las clases de baile normales, que eran solo nombradas como clases de baile porque se trataba de las coreografías clásicas de k-pop. No sabía si Suni quiso ser mala o solo bromear, romper el hielo con lo que dijo, pero de solo pensar en la palabra baile Rosie quería ocultarse debajo de la mesa hasta desaparecer.
—Tan linda —dijo Eunbi al verla sonrojada.
—Quédate conmigo en la clase de krump, te ayudaré con los movimientos básicos —dijo Jennie.
—Mi héroe —se alegró Rosie, y todas las chicas se rieron.
—¿Entonces qué sucedió con Jisoo? ¿Qué se fue a hacer? —preguntó Euna a Nabi.
—¿No fue al dentista? —preguntó Jinny.
Rosie tenía curiosidad por Jisoo, ya que parecía que las chicas le tenían aprecio. Todas conversaban bastante, menos Lisa, que solo reía y asentía con la cabeza mientras comía su almuerzo.
—¿Qué miras? —preguntó Jennie, que notó que a diferencia de las demás, se había distanciado de la plática.
—Nada, nada.
Jennie enarcó su ceja, y Rosie se sintió culpable.
—Solo estaba pensando que Lisa es bastante silenciosa... —susurró, sin querer que las demás en la mesa escucharan.
Jennie se rio.
—Sí, suele dar esa primera impresión —respondió, también en un tono bajo—. Pero es muy ruidosa cuando toma confianza.
—¿En serio?
Rosie habría apostado cien mil wones sobre que Lisa era una introvertida, porque ella no hablaba mucho en clase y cuando lo hacía, generalmente eran frases cortas y dichas sin mucha confianza.
—Lisa-ya —llamó Jennie—. Chaeyoung no dirá nada malo si te equivocas hablando en coreano.
—No estoy preocupada por eso —se excusó.
—Ajá...
—¿No hablas coreano con fluidez Lisa? —preguntó Rosie.
Ella había notado que tenía rasgos extranjeros, su cara no parecía coreana en lo absoluto, pero no quería asumir que no era coreana. Quizá los padres de Lisa eran extranjeros, pero ella no. Rosie odiaba cuando en Australia la gente le decía «china». Ella no era china, tampoco coreana, aun si sus padres insistían en lo contrario. Rosie era tan australiana como cualquier otra persona en su país.
—Soy tailandesa.
El coreano de Rosie no era perfecto. Tenía un poco de acento con algunas palabras, ya que aprendió a hablarlo en casa con sus padres cuando era niña, pero la mayor parte del tiempo hablaba inglés, por el colegio, por sus amigos... Aun si el coreano fue su primer idioma, ella era más fluida en inglés.
—¿Aprendiste coreano para venir aquí? —preguntó Rosie.
—Aprendió sobre la marcha —se metió Jennie—. Progresó mucho en el idioma.
—Jisoo unnie me ayudó —dijo Lisa.
—Ella entendía el coreano de Lisa mejor que nadie. Cuando Jisoo llegó a la empresa, Lisa aprendió en pasos agigantados —agregó Jennie.
—¿Las demás no ayudaban?
—Bueno... —Jennie soltó una risita nerviosa—. Casi siempre le hablaba a Lisa en inglés, así que no fui de mucha ayuda...
—Sí me ayudaste —la corrigió Lisa—. Y si te preguntaba algo sobre el coreano, me lo decías...
—Pero en inglés. La coordinadora una vez me castigó quitándome una salida de mis días libres por no hablarle en coreano... —le contó a Rosie.
—¿Qué? ¿En serio?
Sonaba a un castigo brutal, no sabía que era posible que le quitaran días libres a los trainees. Al mes, solo tenían dos días libres. Quitar uno sonaba inhumano de hacer. La coordinadora ya le había contado los detalles a Rosie el día anterior, ya que había llegado a la empresa para terminar todos los detalles burocráticos pendientes. Le explicaron que cada mes, por dos semanas, todos los días tenían que hacer 12 horas de clases, luego se ganaban un día totalmente libre, y retomaban, haciendo lo mismo por otras dos semanas hasta el siguiente día libre. Había excepciones, veces en las que tenían una semana libre completa, pero estaban justificados, por ser fechas festivas, por ejemplo.
—Fue el mes más lento de toda mi vida —se quejó Jennie.
—Y a partir de ahí me obligué a hablarle a todos, incluida Jennie, en coreano —dijo Lisa.
—Y luego llegó Jisoo, que se volvió como un diccionario humano de idioma Lalisa —bromeó.
—Mi coreano no es realmente bueno... no sé palabras complicadas ya que casi todo el tiempo hablo en inglés —dijo Rosie.
—Yo viví en Nueva Zelanda un tiempo, también hablo inglés fluido. Contigo, ahora somos dos que pueden hacerlo. Va a ser útil para las evaluaciones. Lisa también es bastante buena. Las demás todavía tienen problemas con el idioma, algunas son mejores en japonés.
—Chaeyoung, yo puedo ayudarte con tu coreano, te presto las notas de mis clases —bromeó Lisa con una sonrisa pícara.
—Oh my god —se quejó Jennie con media sonrisa—, arruinarás el coreano de Chaeyoung.
Lisa le dio un golpe a Jennie en el brazo, lo hizo con la palma y fue suave, juguetón.
—Parecen buenas amigas —señaló Rosie.
—Son mejores amigas —dijo Nabi, metiéndose en la conversación—. A veces se ponen a hablar en inglés y nos excluyen a todas. —En broma, le sacó la lengua a Lisa y Jennie.
—¡N...No las excluimos! —se ofendió Lisa.
—Sí lo hacen —murmuró Jinny.
—Mejor coman —las regañó Jennie, sonriendo—, o todas se desmayarán a mitad de la clase de Krump.
Rosie miró su plato y su estómago rugió. No se lo debían decir dos veces, agarró sus palillos y se llevó a la boca un gran bocado de arroz.
. . .
Rosie tragó saliva con nerviosismo y entró a la sala de prácticas para enfrentar la temida clase de Krump. Mientras se ataba el cabello (con cierta dificultad ya que no era muy largo), la puerta se abrió y una chica nueva entró.
—¡Jisoonnie! —exclamó Lisa, que saltó y corrió a buscarla para abrazarla.
¿Rosie escuchó bien? ¿Jisoo unnie? ¿Jisoo-nnie?
—Solo me fui unas horas. ¡Unas horas!
—¡Y te extrañé taaaanto!
Todas las trainees, que habían estado observando el drama, se rieron y comenzaron a gritar también «¡Jisoonie, te extrañamos!», incluso las que eran mayores que Jisoo.
Cuando todas se calmaron y volvieron a prepararse para la clase, ella intento espiar a Jisoo de reojo, para ver cómo era. Y esa chica era hermosa, mucho. Su rostro lucía maduro. A diferencia de la mayoría de las trainees, sus mejillas eran delgadas, su rostro no era para nada aniñado. Tenía una piel muy blanca, por lo que sus labios y ojos resaltaban. Su cabello era oscuro, no tanto como Lisa pero más que Jennie. ¡En serio, qué bonita que era! Su nariz, sus cejas... todo era perfecto, simétrico, ni muy grande ni muy chico. Rosie nunca había visto a una persona tan hermosa, estaba segura. No es que las demás trainees no fueran lindas, pero Jisoo resaltaba, nadie podía negarlo.
En cuanto a su personalidad, no sabía qué pensar. Se veía divertida, tenía un aire relajado y una sonrisa amigable mientras conversaba con unas trainees con las que Rosie todavía no había tenido la oportunidad de hablar. Su ropa ayudaba a ese aire calmado y simple, tenía un buzo con capucha rojo holgado, unos pantalones y zapatillas de deporte color negro, con detalles en blanco, y tenía una coleta de caballo hecha con prisa y sin peine.
—¿Chaeyoung?
—¿Ah? —Rosie parpadeó, dejando de mirar a Jisoo. Jennie le había hablado.
—Hay que hacer los estiramientos.
—Oh, sí.
Cuando la clase comenzó, Rosie quiso morir. ¿Cómo era posible que el baile solo se volviera peor y peor? Esto era más difícil, los movimientos requerían de más fuerza. Y obviamente, Rosie parecía un plato de espaguetis, moviendo sus brazos como si fueran fideos flácidos. Ella no tenía idea de cómo controlar su cuerpo como las demás. Gracias a Dios, Jennie estaba aquí para corregirla. Rosie no estaba segura de si era mejor o peor, porque todavía sentía mucha vergüenza, pero al menos ahora alguien sí la estaba deteniendo cuando algo lucía muy horrible.
Tal como había descubierto en la primera clase, Lisa era una bailarina impresionante. Verla bailar era atrapante, parecía otra persona cuando la música comenzaba. Ni siquiera Jennie y Nabi, que eran las trainees con más años en la empresa, bailaban como ella. ¡Era como una diosa del baile! Se sentía intimidada por eso, y no quería que nadie, pero en especial Lisa, la viera bailar. Rosie no necesitaba que la mejor bailarina viera todos sus errores, seguro se le reiría en la cara. Ojalá poder bailar como ella. Pero no, Rosie lamentablemente era un espagueti torpe.
Miró con curiosidad al resto cuando Jennie la dejó sola para que lo intentara un rato por su cuenta. Y... se distrajo, por culpa de Jisoo, que estaba bailando. Ella tenía una mirada concentrada en el espejo; era intensa, igual a sus movimientos. Bailaba con fuerza, estabilidad, golpeaba con entusiasmo cada bit. No era perfecto. Si la comparaba con Lisa, Jennie o Nabi, algunos movimientos se veían descuidados e incómodos, pero por alguna razón, los errores parecían sumar en lugar de restar, porque le daban personalidad. Jisoo respiraba agitadamente, los cabellos sueltos en su frente se pegaban a su piel por el sudor. Ya no vestía el buzo rojo, ahora solo tenía una camiseta blanca de mangas cortas que se pegaba a su piel. Rosie tragó saliva.
—¿No deberías bailar en lugar de mirar a Jisoo? —dijo Jinny.
Rosie se sonrojó y balbuceó:
—Ella baila genial, me distraje.
—Si practicas tú también lo harás.
Suspiró, pero le dio la razón a Jinny. Debía practicar o no duraría ni un mísero mes como trainee de YG Entertainment.
. . .
Durante todo el día solo había estado humillándose. No sabía nada de japonés, ella solo había estudiado un poco de francés en el colegio, por lo que no entendía nada en la clase y los demás tenían que ayudarla. Tampoco sabía bailar, nada de nada, era «esa» adolescente que ni siquiera había ido a fiestas con amigos. Pero ahora... ¡Este era su gran momento! Rosie acomodó la correa del estuche de su guitarra en su hombro y sonrió con confianza, yendo al ascensor para encontrarse con demás chicas.
Rosie fue la única en pasar su audición en Australia por el cover que hizo de «I Won't Give Up». Ella sabía que era una buena cantante. Creció en un vecindario rural en lugar de una metrópoli, por lo que la mayoría de los días solo se quedaba en casa con sus padres y su hermana, tocando el piano o la guitarra y cantando. Su papá notó en su niñez su amor por la música y siempre la alentó. Ella generalmente no lo pensaba mucho, la música era su pasatiempo y viviendo donde lo hacía, la idea de ser un cantante famoso no podía ser más que una simple fantasía, aun cuando se mudó a Melbourne se sentía imposible. Hasta que un día su papá se enteró que una empresa de k-pop estaba haciendo una audición en Australia. Fue mera casualidad. Si sus padres no hubieran estado interesados en las noticias sobre Corea, nunca se habría enterado, jamás habría intentado audicionar para YG Entertainment. Seguiría en Australia de no ser por su papá y su fe en su talento para cantar.
Cuando entró al salón, algunas trainees miraron con curiosidad su guitarra, pero no se puso nerviosa por la atención. Ella estaba acostumbrada a cantar en público, lo hacía con amigos en el parque y también en la iglesia. Ella había participado del coro, ya que ella y su familia eran cristianos e iban a la iglesia todas las semanas. Rosie incluso había tomado a clases de religión, de esas clases eran la mayoría de sus amigos.
Casi todas las trainees en esta clase cantaron canciones coreanas de k-pop, menos Lisa y Jennie que se decidieron por canciones en inglés, de artistas estadounidenses: Lisa una de Selena Gomez, Jennie eligió una de The Weeknd. Jisoo estaba cantando en esos momentos una canción de IU. Rosie no sabía mucho de artistas del k-pop, tendía a escuchar artistas occidentales, pero sí conocía a IU, sus padres la amaban.
Cuando fue el turno de Rosie, todas estaban expectantes, con mucha curiosidad. Rosie fue al centro del salón con su guitarra y una silla y decidió cantar lo mismo que intentó en su audición, pues no había podido preparar nada nuevo para su primer día. Se sentó, cerró sus ojos y comenzó a tocar las cuerdas, recodando sin problemas las notas, ella tocó tantas veces esta canción...
When I look into your eyes (Cuando miro en tus ojos)
It's like watching the night sky (es como mirar el cielo nocturno)
Or a beautiful sunrise (o un precioso amanecer,)
Well there's so much they hold ( hay tanto que sostienen)
And just like them old stars ( y justo como ellas, las viejas estrellas)
I see that you've come so far (veo que has llegado tan lejos)
To be right where you are (para estar justo donde estas)
How old is your soul? (¿Qué edad tiene tu alma?)
Rosie había cantado toda su vida, la música era muy especial para ella. Era su lugar seguro, como una caricia a su alma. La música representaba todo lo que ella era. ¿Cuántas veces había cantado a la luz de la luna, con estrellas como su único público?
Había muchas cosas sobre las que se sentía insegura. En estos momentos, mil preocupaciones la afligían. ¿Y si no aprendía a bailar? ¿Y si no podía conseguir el nivel de las demás trainees? ¿Y si no aprobaba su evaluación mensual? ¿Y sus padres? ¿Cómo podía saber su padre que esto era algo que ella debía hacer, algo que tenía que intentar lograr? ¿Y si fue un error dejar la seguridad de su cuarto para cantar en otro país? ¿Y si bajo el cielo de Corea ella no brillaba tanto como en las madrugadas en su habitación?
Tanto, tantas cosas la asustaban. Nunca había estado tan lejos de casa. No estaba en su mente la posibilidad de abandonar la escuela para intentar ser cantante...
Pero ahora que estaba aquí...
Ahora que estaba cantando...
I won't give up on us -no I'm not giving up- (No me daré por vencido sobre nosotros -No me doy-)
God knows I'm tough enough -I am tough- (Sabe Dios que soy suficientemente fuerte -Soy fuerte-)
We've got a lot to learn -we're alive, we are loved- (tenemos mucho que aprender -estamos vivos, somos queridos-)
God knows we're worth it -and we're worth it- (Sabe Dios que merecemos la pena -y merecemos la pena-)
Rosie se aferró a eso, a la música. Su papá confiaba en ella, y ella confiaba en su música.
I won't give up on us (No me daré por vencido sobre nosotros)
Even if the skies get rough (incluso si el cielo se pone tormentosos)
I'm giving you all my love (te daré todo mi amor)
I'm still looking up (todavía estoy mirando hacia arriba).
Dios, ella amaba tanto cantar.
Comenzaron los aplausos. Al fin pudo demostrar que merecía un lugar aquí.
Rosie abrió los ojos. Sonrió. Dios, en serio amaba cantar.
. . .
Después de su primera vez en la vida teniendo doce horas de clase seguidas, Rosie estiró sus brazos perezosamente sobre su cabeza. ¡Finalmente libre! Y quizá fue por la novedad de todo, por ser el primer día, pero no se sentía particularmente cansada.
Jennie fue realmente amable con ella y se había quedado a su lado, enseñándole más sobre el baile. Otras trainees también estaban todavía en el sótano de la empresa, practicando, aunque era más distendido que en las horas de clases.
Lisa estaba con Jinny en esos momentos. Jisoo estaba con una chica que Rosie no recordaba cómo se llamaba, fueron demasiados nombres nuevos en un día.
—¿Cuánto tiempo se tarda en aprender a bailar de manera um... no horrible? —preguntó Rosie.
Jennie se rio.
—Deberías preguntarle a Jisoo, ella tampoco había bailado antes de ser trainee.
—Todavía no hablé con ella. ¡No puedo solo ir decirle hola!
Jennie levantó su ceja con diversión. Se inclinó hacia ella, la tomó de la mano y tiró, caminando hacia las otras chicas sin soltarla, haciendo que la siga. Rosie se movió con vacilación, pero no intentó detenerla.
—¿Por qué hoy no me estás prestando atención? —se quejó Jennie, una vez llegaron a Jisoo y esa otra chica.
—Demasiado pegajosa... —la molestó Jisoo.
Rosie miró el intercambio, sintiéndose fuera de lugar. Jisoo y Jennie estaban en una intensa batalla de insultos, y ninguna cedia. La otra chica, con la que Jisoo hablaba, pareció sentirse igual que ella, ya que se alejó para hablar con otras trainees. Rosie no se atrevió a hacer lo mismo. Cuando Jisoo la miró por primera vez, reconociendo su presencia, Rosie atinó a hacer una sonrisa temblorosa. Con suerte, su gesto sería considerado lindo en lugar perturbador. Su sonrisa fue antinatural, perfecta para una primera mala impresión...
Jennie le dio un codazo en el brazo, por lo que reaccionó:
—Hola.
—La australiana de la que todos hablan, Chaeyoung. —Jisoo sonrió.
—Tú solías ser una bailarina bastante mediocre unnie, así que deberías ayudar a los nuevos —dijo Jennie, con una sonrisa burlona.
—Luego no lloriquees cuando no te deje meterte a mi cama...
—¡Unnie, eso es malvado!
Rosie no pudo evitar sentirse sola. Todas aquí habían pasado meses juntas, y ella era la nueva, intentando hacerse un pequeño espacio en el lugar.
—Por cierto, cantas genial Chaeyoung —la felicitó Jisoo, ignorando a Jennie.
—No, por favor... Pude hacerlo mejor...
—Fue genial —dijo Jisoo.
—Muy genial —estuvo de acuerdo Jennie—. Y sabes tocar la guitarra.
—Casi nadie aquí sabe tocar instrumentos —comentó Jisoo—. La mayoría solo canta y baila, algunos también rapean.
—Soy algunos —dijo Jennie.
—Nabi y Suni saben tocar el piano.
—¿Tienen pianos aquí? —preguntó Rosie emocionada—. También sé tocarlo...
—Vaya, eres una músico en todo sentido de la palabra. —Jisoo silbó.
—Tenemos teclados, no pianos.
—Jinny se fue —dijo Lisa, apareciendo junto a ellas—. Está cansada.
—Casi todas se fueron ya —dijo Jennie.
Rosie miró a su alrededor, además de ellas, solo había dos chicas sentadas en un banco conversando y mirando algo en un teléfono. El tiempo había pasado volando.
—¿Terminamos por hoy? —preguntó Jisoo.
—Creo que fue suficiente por hoy... —contestó Jennie, y luego miró a Lisa y Jisoo a los ojos—. ¿Quizá mañana las tres podamos ayudar a Chaeyoung con el baile?
Las aludidas asintieron y fueron a buscar sus cosas. Rosie iba a hacer lo mismo, pero Jennie sujetó su muñeca y dijo con suficiencia:
—Te lo dije, tan fácil como ir y decirle hola.
Rosie sonrió y negó con la cabeza.
—Tenías razón...
—Bien, ahora vámonos. Creo que hoy quiero comer algún bocadillo.
Cuando Rosie colgó su guitarra en su hombro, Lisa se acercó a ella con una sonrisa.
—¡Deberías tocar algo para nosotros! —le dijo.
—Oh... —Rosie había sido tomada por sorpresa—. Claro, sí, puedo hacerlo si quieren...
—¡Unnies! —Chilló Lisa. Resultó que Jennie tenía razón, ella era ruidosa, sintió como si le hubier—. ¡Chaeyoung va a tocar algo para nosotras!
—¿En serio? —se alegró Jisoo.
—Agarremos algunos bocadillos de la máquina expendedora —dijo Jennie, que estaba apoyada en el marco de la puerta, esperando a las demás para salir—. Podemos tomar unos refrescos, comer algo y escuchar a Chaeyoung tocar.
—No soy tan buena —dijo Rosie, porque se sentía avergonzada por la atención.
Había tocado la guitarra algunas veces con sus amigos, pero estas chicas eran trainees con mucha más experiencia que ella. Ella confiaba en su canto, pero no consideraba que su manera de tocar instrumentos fuera demasiado genial.
—Y yo soy el CEO de YG Entertainment —se mofó Jisoo.
—Quizá en un par de años... —bromeó Jennie.
—Quizá en un par de años el CEO se caiga por las escaleras ya que no gasta dinero para comprar luces que iluminen bien los escalones... —continuó Jisoo.
—¿Caerá por accidente o porque lo empujaste? —preguntó Lisa.
—Si respondo eso, serías cómplice.
Jennie y Rosie se rieron.
—¿Qué es cómpice? —preguntó Lisa, que no había entendido el final del chiste.
—Cómplice —corrigió Jisoo—. Y significa que te irás a la cárcel con tu querida unnie.
—O en otras palabras, es el que ayuda a un criminal, asesino, ladrón... —dijo Jennie.
—Cómplice —repitió Lisa por lo bajo.
Rosie tenía una sonrisa enorme en la cara, estas chicas eran muy divertidas.
—¡Chaeyoung, vamos, toca algo para nosotros! —exclamó esta vez Jennie, por lo que terminó cediendo a los pedidos.
Cuando llegaron a los dormitorios, se acomodaron en la cocina, alrededor de la mesa. Estaban solo ellas, las demás trainees se habían ido a la cama. Mientras Rosie tocaba las primeras canciones, Jisoo, Jennie y Lisa atacaron los bocadillos, pero a medida que pasó el tiempo, comenzaron a cantar con ella. Para las dos de la madrugada, Rosie y Jennie se turnaban para cantar y Jisoo y Lisa armonizaban. Jisoo era genial armonizando. Cuando los bocadillos se terminaron, Lisa y Jisoo se animaron a cantar también. En un momento, las cosas se descontrolaron, y terminaron sentadas sobre la mesa, fingiendo que era un escenario. Para cuando fueron las cuatro de la madrugada solo estaban charlando, bromeando, intentando decidir si deberían escabullirse para ir por más comida chatarra a la máquina expendedora, y antes de darse cuenta todas estaban cantando otra vez. Se quedaron despiertas hasta el amanecer, y durmieron un poco durante la mañana para no morir en las prácticas que iniciaban a las 12.
Esa noche fue la primera vez que Rosie tuvo amigos con los cuales cantar así. Nunca había tenido la oportunidad de compartir con otros su gran pasión por la música. Se sintió feliz. Esa madrugada se volvió uno de los mejores recuerdos de su vida.
LISA
Hazlo, solo hazlo.
Pranpriya había aprendido desde muy pequeña a bailar y cantar, incluso tomó clases de actuación. Esto era gracias a su mamá que la alentó cuando notó que tenía interés en la música, porque la vio jugar mientras cantaba y bailaba.
Si le preguntaran a Pranpriya por qué hacía las cosas, ella no tendría una gran respuesta. Ella lo hacía porque quería, porque se sentía bien, algo natural. Así como se divertía en el patio de su casa, jugando con un micrófono desconectado, lo hacía en sus clases de baile. Así como daba todo de sí frente al espejo, lo hacía frente al público. Ella simplemente lo hacía.
El lado competitivo de su personalidad podría haber tenido algo que ver en cómo todo resultó. Cuando en sus clases de baile aprendía la coreografía, no le bastaba, no se detenía, no quería equivocarse. Sabía que podía mejorar los pasos, y quería asegurarse de que siempre golpearía bien el bit de la canción. Si los demás podían, ella también. Era borroso en su memoria cómo pasó de bailar tontamente, sin pensar, a pulir cada detalle. Mejorar no se sintió como una obligación, sino una consecuencia de sus decisiones y su curiosidad infantil: «¿Y si hago el movimiento así?»; «¿Se verá más cool si lo hago de esta forma?». Un día no sabía cómo posicionarse correctamente en un grupo de baile sin chocar a alguien, y al otro, estaba parada en un escenario, compitiendo contra otros niños. Pranpriya no pensó desde el inicio «quiero ser la mejor», solo se estaba divirtiendo. Hasta que ganó su primer premio y una nueva posibilidad apareció en su mente: practica más, descubre qué tan lejos puedes correr.
Su familia estaba feliz siempre que ganaba. Sus profesores estaban orgullosos cuando regresaba a clases con un premio. Los adultos del público le aplaudían. Se sintió un poco adicta a esa sensación de satisfacción después de cada actuación. Su profesor de baile fue quien le había comentado a su mamá sobre las competencias al ver el potencial en Pranpriya. Y su mamá, que era ella misma una adepta a las artes, había estado más que feliz de llevarla a las competencias, a hacer sus vestuarios a mano y a estar con ella, acompañándola en sus prácticas y alentándola antes de subir al escenario. Pranpriya ganó varias competencias, en una de ellas incluso consiguió como premio salir en la portada de una revista infantil. Y antes de darse cuenta, los cazatalentos estaban hablando con ella, diciéndole que debería ir a la televisión (cosa que, de hecho, hizo).
En sus breves momentos de fama, se sintió envalentonada. Los demás niños de su colegio la consideraban asombrosa, los adultos le daban ilusiones sobre qué tan lejos podría llegar si se esforzaba. Ella ya había llegado a la televisión, por lo que se veía posible, fácil. También tenía un pequeño grupo de baile de hip-hop con los que solía actuar. Entonces se le metió en la cabeza esa loca idea: «Quiero ir a Corea. Quiero ser una idol de k-pop».
En Tailandia no había una gran industria musical. Estados Unidos dominaba el mercado occidental, pero el oriental era dominado por Corea. El k-pop estaba en auge, era un género relativamente nuevo que había penetrado con fuerza en los países asiáticos como Tailandia. Por ende, Pranpriya se había empapado en el género. Siendo ella una bailarina, se había vuelto fan del género, que tenía muy divertidas coreografías. Ella amaba el hip-hop y el pop estadounidense, Britney Spears, Michael Jackson, y tantos más artistas. Pero su obsesión por el k-pop iba un poquito más allá. Una vez fue a un festival de música donde varios artistas de k-pop se presentaron. ¡Fueron tan geniales! Pranpriya hablaba todo el tiempo de sus grupos favoritos con sus amigos y tenía montones de fotos de ellos en su casillero. Super Junior, Big Bang, 2NE1, Girls' Generation y muchos otros... los admiraba. Estados Unidos se sentía lejano, pero el k-pop se sentía más cercano, como un «nosotros también podemos hacerlo». Por eso, cuando su profesora de baile le dijo que YG Entertainment iba a hacer una audición en Tailandia para encontrar nuevos talentos, ella dijo: sí, tengo que intentarlo.
La competencia fue enorme, el sueño de muchos niños tailandeses era la posibilidad de ser un artista de k-pop igual que sus idols favoritos. Fueron varios días de pruebas y tardaron mucho en decidir al ganador. Pranpriya sufrió la espera durante meses, deseando desesperadamente saber si había pasado la prueba o no. Comenzó a deprimirse por el silencio. Pensó que quizá este sería el final, el tope donde ella dejaría de correr y avanzar. Cuando le contó sus preocupaciones a su madre, ella le ofreció acompañarla a visitar una adivina.
Esa no era la primera vez que lo hacía. Ante grandes dudas sobre el futuro, el consejo de un adivino solía ser una gran idea, ya que él te ayudaría a no desviarte del camino deseado. Hasta ahora, siempre había visitado a la adivina por su mamá. Ella hacía las preguntas importantes mientras Pranpriya presenciaba con curiosidad y a veces, al final de la sesión, le hacía preguntas sin importancia a la adivina para divertirse.
—Pranpriya Manoban —le dijo la adivina—, lo que más necesitas ahora es suerte.
—¿Cómo puedo conseguirla? —preguntó.
La adivina tomó las manos de Pranpriya entre las suyas. Acarició las líneas de la palma, revisando los caminos de su vida, sin mirar, solo con sus dedos. Murmuraba «um» y «oh» cada tanto. Cuando abrió los ojos, la miró con convicción, inclinándose hacia adelante. Pranpriya se enderezó, tomada por sorpresa, pero no se alejó.
—Tienes que mostrar al mundo la esencia de tu espíritu. Si eres quien realmente eres, serás grande, Lalisa.
Los cambios de nombre no eran algo raro en Tailandia. Su mamá ni siquiera se inmutó, pues sabía que la adivina que visitaba la familia era sabia, nunca se había equivocado. Se cambió el nombre, como le indicó la adivina, de Pranpriya a Lalisa. En cuanto lo hizo, sucedió: la llamaron desde YG Entertainment porque había pasado la audición.
. . .
En unos días Lisa tendría que realizar la evaluación mensual. Ya había hecho varias, por lo que debería sentirse relajada, pero a medida que avanzaba, aumentaba la dificultad. Los que evaluaban lo veían todo. Era como si pudieran sentir cuándo un trainee se había esforzado menos de lo usual. Los retaban continuamente a superarse a sí mismos, los empujaban a elegir el camino difícil y los presionaban para que lo superaran sí o sí. Era agotador.
Las primeras evaluaciones fueron las peores. Conseguía su A por el baile, pero luchaba con el canto, por la técnica y el idioma. Por supuesto que los profesores le decían que cantara canciones de k-pop para que mejorara su pronunciación. Y para colmo, ella no era una gran cantante. Su rango era limitado, alcanzar las notas no era particularmente sencillo, en especial para los agudos. Ella sabía cantar, había tomado clases desde pequeña, pero estaba lejos del nivel que la empresa esperaba de ella, pues siempre había practicado más baile que canto. La falta de comunicación lo hacía todo peor. Los profesores tenían limitaciones a la hora de indicarle correcciones. Por suerte le daban una devolución escrita en inglés al finalizar las clases, una pequeña piedad para que pudiera avanzar, pero no saber coreano era una traba constante. No podía aprender rápido, no podía mejorar a tiempo para los exámenes... y solo le quedaba dar lo mejor de sí, aun si no cantaba nada impresionante y sus palabras en coreano sonaban como balbuceos de un niño pequeño.
Fue humillante. Fue una batalla mental. Lisa nunca se había enfrentado a algo así. Claro que la habían corregido en el pasado, la corrigieron muchas veces. Pero la imposibilidad de cambiar era lo que la frustraba y la avergonzaba. Ella era una aprendiz rápida, pero no se había enfrentado antes a algo tan difícil, que se sintiera tan imposible. Se sentía sombría a medida que pasaban los meses por la impotencia. Ahora no podía correr, tenía que caminar... con piedras atadas a sus tobillos.
Lisa estaba con la cabeza gacha, respirando pesadamente. Sintió algo helado tocarle la parte de atrás del cuello y dio un salto sobre el asiento. Levantó la cabeza, con los ojos bien abiertos, y vio a Jennie sonriendo mientras sostenía dos botellas de agua fría y sacudía una de ellas frente a su rostro.
—Are you okay? (¿Estás bien?)
Dio un asentimiento en respuesta. Jennie se sentó a su lado. Habían terminado su clase de Krump. Lisa se había sentado en uno de los bancos de las paredes para limpiarse el sudor con una toalla. Varias trainees habían hecho lo mismo, mientras que otras, como Jennie, habían salido a buscar agua. Estaba comenzando a hacer calor en Seúl.
Jennie extendió la botella hacia ella. Lisa susurró gracias en coreano y la abrió, bebiendo grandes tragos. Estaba cansada. Había estado bailando con más energía de lo normal. Anoche no había dormido bien, y tampoco lo hizo la noche anterior...
—You are angry —señalo Jennie. (Estás enojada).
Bajó la botella, prestándole atención. Había bebido la mitad casi sin respirar.
—I'm not —dijo Lisa.
Jennie levantó la mano, señalándola con el índice. Esbozó una sonrisa y acercó el dedo hasta su rostro para tocar entre sus cejas. Lisa relajó sus músculos. Había estado frunciendo el ceño sin darse cuenta. Bajó la mirada, a sus propias manos, y Jennie aprovechó para beber de su propia botella. Ellas a veces hacían eso, solo se quedaban cerca. Lisa se sentía mejor cuando estaba cerca de Jennie, era como si pudiera bajar la guardia, tomar un pequeño respiro. Con Jennie había calma. Algo que tampoco fuera raro, no era como si pudieran hablar mucho. Aun si Lisa sabía inglés, no era un gran nivel, era solo lo que le habían enseñado en la escuela, y el coreano todavía era un dolor de cabeza, todavía se comunicaba con lo básico y debía pronunciar muy lento las palabras. Generalmente solo se quedaba en un costado cuando se sentaba con las demás trainees, escuchando palabras sueltas que conseguía entender. Se sentía sola y se aburría, muchas veces solo se quedaba mirando su teléfono, enviando mensajes a sus amigos en Tailandia, aun cuando sabía que era contraproducente ya que debería practicar coreano, no seguir comunicándose en tailandés.
Lisa miró a Jennie. Su piel todavía brillaba un poco por el ejercicio, pero no se veía cansada. A veces se preguntaba por qué Jennie seguía hablándole en inglés, dejando que estuviera cerca, buscándola... Las trainees normalmente se incomodaban intentando integrarla, porque no podían hablarle bien y se sentían mal si ella estaba allí, solo parada. Algunas otras simplemente la odiaban. Jin-joo la intimidaba un poco a veces. No se lo había contado a nadie, pero Jin-joo hacía pequeñas cosas para fastidiarla: cerraba el elevador antes de que pudiera entrar, pasaba por delante de ella en la fila del comedor porque ella era mayor y Lisa debía ceder su lugar para su unnie, e incluso llegó a empujarla con el hombro en los pasillos, las escaleras...
Pero lo peor, lo que la hacía rabiar, era cuando la escuchaba decir «solo sabe bailar, no tiene madera de idol, solo de bailarín de respaldo». Lisa sabía que Jennie no estaba al tanto de eso, ya que Jin-joo decía esas cosas con cualquiera, solo cuando estaba con personas como Ra-woom por ejemplo. Ella sabía que lo que hacía estaba mal y no quería arriesgarse a que alguna trainee la delatara con la coordinadora.
—We are good? —preguntó Jennie. (¿Nosotras estamos bien?)
Lisa a veces evitaba a Jennie, cuando no le gustaban sus amigos, como Jin-joo o Ra-woom. La mayoría de los días almorzaba en otra mesa, con otras trainees, aun si no le hablaban, cosa que Jennie no entendía. Unas veces había llegado a ignorar las señas que le hacía para que se sentara con ella. Generalmente solo se acercaba a Jennie cuando estaba sola. Y no siempre, porque... a Lisa también le incomodaba solo estar y no poder hablar. Jennie estaba bien con eso, hablaba y hablaba y estaba contenta con las respuestas cortas en inglés de Lisa. Pero ella lo odiaba, sentía que no tenía voz, que no existía.
Jennie tenía razón, estaba enojada, pero consigo misma. No podía hablar, sacaba C en canto, hasta Jin-joo era mejor que ella. No podía bromear, ni ser una compañía agradable. No le gustaba esto, no le gustaba Lisa de Corea.
Lisa se inclinó hacia un lado, apoyando su cabeza en el hombro de Jennie. Miró la botella que había dejado sobre sus piernas y se puso a quitarle la etiqueta para entretenerse. Comenzó a relajarse... y se durmió.
Cuando despertó, se levantó tambaleante. Le dolía el cuello por la extraña posición. Jennie estaba ahí, a su lado. Su botella de agua estaba vacía y estaba usando su teléfono, escuchando música y tecleando, escribiendo algo.
—Morning —dijo Jennie. (Buenos días).
Lisa se refregó los ojos y miró hacia uno de los relojes del salón. No había ninguna trainee más aquí, había pasado una hora desde que terminó la clase de Krump. Miró a Jennie, preguntándose por qué se quedó, por qué no la movió o la despertó. Estaba usando la pared para apoyar la espalda, tenía las piernas cruzadas y no se había inmutado por el movimiento de Lisa. Se estiró, movió sus hombros, intentando descontracturarse un poco. Curiosamente, fue una siesta reparadora. Se sentía mucho mejor. Fue tan simple: solo estar en calma. El hombro de Jennie era cómodo, y el perfume de su ropa era suave y agradable, y el olor de su cabello también. Olía a verano. Había un rastro del sudor por las prácticas, pero no era fuerte y el perfume lo cubría bien. Jennie estaba calmada, y Lisa lo adoptó, se permitió ceder. Le gustaba estar con Jennie, ella hacía que todo en YG fuera más sencillo. La sala de prácticas se volvió amigable.
— I like your smile. (Me gusta tu sonrisa).
Lisa estaba sonriendo. No se había dado cuenta de eso, pero Jennie sí, porque la había estado viendo de reojo. Fue una sonrisa pequeña, pero estaba ahí y ella la notó. Lisa sonrió más, mostrando los dientes esta vez. Jennie se quitó uno de los auriculares y se lo pasó a Lisa, que se lo puso en el oído y escuchó la música que sonaba en el teléfono. Esta vez Jennie se inclinó hacia ella. Estaban hombro con hombro, escuchando la música sin hablar. No tenían más clases ese día. Por la hora, las demás trainees debían estar cenando, pero Lisa no sentía hambre y Jennie lo sabía, y se quedó con ella.
La iluminación en el lugar era mala, no había ventanas y la madera del banco se sentía caliente, pero Lisa se quedó, junto a Jennie.
. . .
Lisa estaba sentada junto a Jisoo y todas las demás trainees en los bancos del salón de baile, viendo a Jennie rapear. Estaban siendo evaluadas. El CEO, los profesores, incluso algunos artistas de la empresa estaban allí, viendo a las trainees. Había un camarógrafo grabando la actuación de Jennie en esos momentos. Todas las evaluaciones eran grabadas, llevaban un cuidado registro de cada trainee. Antes de la evaluación, solían mirar en detalle lo que hicieron el mes anterior, para ser más precisos con las correcciones.
Jennie era la trainee más prometedora de la empresa. Con 15 años, movía las manos con la confianza de un rapero experimentado, escupía las barras como si no fuera la niña amable que todos conocían. Vestía una camisa roja gastada, abotonada hasta el cuello, jeans negros, zapatillas Converse y un gorro beanie bordó. Ella rebozaba confianza, era tan genial...
—Vamos Jendeukie —murmuró Jisoo.
Lisa sonrió. Su coreano había mejorado, en especial su escucha. Entendía mejor de lo que hablaba. Todavía luchaba, pero poco a poco iba conquistando el idioma. «Jendeukie» no era una palabra coreana real, era un apodo creado por Jisoo (ella era una genio para los apodos). Garrapata en coreano era «Jindeukie», entonces Jisoo cambió el «Jin» por el «Jen». La razón fue simple: porque Jennie era una pegajosa adorable detrás de todo el color negro. Ella siempre iba a la cama de los demás, pero en especial de Jisoo, para meterse bajo sus sábanas y abrazarla. Jennie se pegaba a los demás como una garrapata.
Lisa aplaudió tan fuerte como pudo cuando Jennie terminó de actuar. Jisoo fue igual. Las tres se habían hecho muy cercanas. Jisoo se divertía mucho hablando con Jennie, y cuidaba de Lisa como si fuera su hermanita pequeña o su cachorrito (cada tanto, para alentarla, le daba palmaditas en la cabeza mientras le decía «¡Buen trabajo!»).
—Bien... —murmuró el CEO—. ¿Qué piensan? —Miró alrededor, al jurado junto a él.
—Me gusta su flujo. Juega bien con él, se siente instintivo.
—Tiene buenas expresiones.
—Debería intentar mover un poco más otras partes de su cuerpo, tiende a depender de sus manos.
—Jennie —dijo el CEO—. También sería interesante que te atrevas a moverte más en el espacio y no solo quedarte en el centro. Mira todo lo que tienes, aprovéchalo, sin miedo, necesitas aprender a controlar el espacio.
Asintió a las palabras en reconocimiento. Lisa se sintió feliz. Muchas veces sucedía que los comentarios no eran tan positivos. Un rato antes, en baile, habían sido duros con Jennie.
El CEO movió su mano, despidiéndola.
—Lo haré. Gracias —dijo, haciendo una reverencia.
Jennie se sentó junto a Jisoo y la siguiente en ser evaluada fue Jin-joo, que se levantó y fue al frente. Jennie y Jisoo aprovecharon para mirar cosas en su teléfono en ese momento. Situaciones... intensas, en las que Lisa no quería pensar, habían sucedido, y sus unnies ya no tenían interés alguno en Jin-joo. Pero Lisa sí lo tenía, por eso miró su actuación, cada detalle, absorbiendo cada cosa que hizo bien, pero en especial, cada cosa que hizo mal. En la evaluación anterior, había aprendido que Jin-jo proyectaba mal su presencia, la exageraba, no hacía suya la canción, solo la forzaba a que se adaptara a ella. Sí, era una gran cantante, una gran bailarina, pero...
—Siempre es lo mismo —dijo el CEO—. Te digo que hagas algo nuevo, pero no lo haces. Cambias la canción, pero da igual, porque cantes lo que cantes es lo mismo. Es aburrido, me aburro contigo.
Jin-joo tragó saliva y desvió la mirada. Ahí estaba, una de esas trabas que surgían en el viaje. Correr y saltar el pozo, o caer en él.
—Quiero que mis artistas sean únicos. Tú no destacas. Tu técnica mejora y mejora, pero tú eres aburrida de mirar. Llevo varios meses diciéndote que quiero que me impresiones, y no lo haces en lo absoluto.
El CEO despidió a Jin-joo, devolviéndola a los asientos. Lisa se levantó, tomando una gran bocanada de aire. Era su turno de ser evaluada, y esta vez, había decidido hacer algo nuevo. Jennie le había ayudado con la técnica, Jisoo corrigió su pronunciación lo mejor posible. Lisa repitió, repitió y repitió. Se paró al frente, alzó la cabeza y ajustó su gorra con visera.
«Buenas expresiones».
La música comenzó. Perdió cualquier tensión en el cuerpo. Vació su mente hasta que solo quedaron un par de ideas: diviértete, relájate. Dejó caer los hombros, sin miedo.
«Mueve todo tu cuerpo».
Comenzó a caminar, como león enjaulado, adaptándose al lugar. Acomodó su gorra sin preocuparse por cuándo iniciaría la canción, paseó sus ojos por el salón, reconociendo a la gente que había en él, el espacio disponible...
«Controla el espacio».
Hacer el lugar suyo, marcar su territorio. Lisa avanzó hacia el CEO, ignorando la sorpresa de los jueces. Ella miró al CEO a los ojos.
«Haz algo nuevo».
Por primera vez, Lisa rapeó. Fue un rap lento en coreano.
«Entreténlos».
Jugó. Prestó atención a las reacciones y respondió a ellas. Sonrió y el CEO lo hizo también, contagiado por su entusiasmo. Retrocedió, se pavoneó, caminando de punta a punta, frente a las demás trainees. El público respondió, vitoreó y ella se alimentó de eso, como si estuviera jugando con sus amigos y no estuviera en un examen. No lo forzó, se sintió así, porque se sentía eufórica, porque al fin, después de tantos meses de silencio, podía expresarse.
Correr y saltar el pozo, o caer en él. Lisa volvió hacia el CEO.
«Sé único».
Sé Lalisa.
Su nombre de nacimiento era Pranpriya Manoban, pero ella corrió y llegó más lejos que eso. Ella ahora era Lalisa. Su nombre hoy era otro, y significaba «la que es bendecida».
Todos aplaudieron cuando terminó su actuación. El CEO estaba sonriendo mientras hablaba:
—Rapera... ¿Eh? No me esperaba eso. Encima lo hace en coreano, qué descarada... —Rio—. Buen trabajo, Lalisa, sigue así.
Lalisa era la adorada, la que recibe elogios.
Jin-joo fue eliminada ese mes. Al final, ella fue la que no tuvo madera para ser idol.
Pranpriya era soñadora, pero no Lalisa. «No les digas a los demás lo que quieres hacer, muéstraselos», ese era el tipo de persona que era Lalisa; probablemente porque, aunque le importara divertirse más que nada, en fondo tenía una personalidad un poco competitiva.
¡Un, dos, tres... corte!
NOTAS DE DIRECTOR- digo, NOTAS DE AUTOR:
¡Hola, hola! Ojalá les haya gustado el primer capítulo. Como siempre, recomiendo leer esta historia en Wattpad o AO3, ya que es más cómodo y hay un par de imágenes que decoran la lectura.
Quiero decirles que no se alteren si ven que pasan varias semanas y no hay actualización de este fanfic. Los capítulos en general (creo) van a ser largos, por lo que es imposible que haga actualizaciones frecuentes. Solo este capítulo tiene 17 000 palabras, que son como 25 hojas en Word con letra tamaño 11. Tengo vida fuera de internet, y también, las muñecas y ojos humanos tienen límites, así que no puedo estar encadenada al teclado de mi computadora quemándome la retina y buscando agarrarme una tendinitis. Que tarde no significa que esto esté abandonado.
Y no solo es por la cantidad de horas que se tarda en escribir todo esto, sino que también es porque me gusta pensar lo que escribo, darle algunas revisiones... escribo con amor, sé que sin importar cuánto corrija igual tengo errores (gramaticales o de tipeo), pero me esfuerzo por limpiar mis escritos y trabajar en los detalles (que no haya incongruencias ni información faltante/de más). Quiero y me gusta hacer las cosas con la mejor calidad posible, y eso lleva tiempo.
Encima no escribo solo esto, también hago fics de Harry Potter...
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Si les gusta pansmione (Pansy y Hermione), por favor, pasen a leer "Limbo" y "Muda de Piel".
También tengo otra historia, "Vida Normal", que aunque usé personajes de Harry Potter ahí, es totalmente AU, solo usé los nombres y aspecto físico, después ni las personalidades son muy parecidas a la obra original. Pueden leerlo como una historia original mía y no se van a dar cuenta que es de Harry Potter.
Además yo hice los dibujos de las portadas de todos mis fics (sí de este también), y considero que me quedaron bonitas, por lo que también merecen atención.(?
-Fin de espacio publicitario-.
Antes de despedirme quiero decirles a los que vinieron acá buscando jenlisa que no se impacienten, va a llegar, en este capítulo ya planté unas semillas y en el capítulo 2 van a comenzar a crecer.(? Esta historia no es un romance lento, no van a tener que esperar hasta el capítulo 20 para que algo pase. Sospecho que incluso va a suceder antes de lo que muchos esperarán.
Muestren apoyo al trabajo si les gustó, por favor, aunque sea un "me gusta". :)
Y cierren la pestaña y váyanse sin molestarme si no les gustó. xd En serio, no sé por qué hay gente que tiene que venir a comentar algo negativo, quejarse de alguna cosita tonta, cuando están leyendo mi trabajo GRATIS.
En fin... ¡Gracias por leer! ¡Nos vemos en la próxima actualización!
PD: No saben lo mucho que me está costando escribir Rosie en lugar de Rosé. Roseanne, Chaeyoung, Rosie, Rosé... ¿Por qué tenías que tener tantos nombres Rosie? xD
PIE DE PÁGINA:
[Cuando sea necesario haré este pequeño "pie de página" para explicar y dar contexto a las cosas que pueden resultar raras para alguien que no suele mirar cosas sobre k-pop o que no sabe sobre las diferencias culturales, industria musical, etc].
Trainee:
Para debutar (firmar un contrato discográfico), las empresas de entretenimiento coreano suelen realizar una preparación para los candidatos. Las personas que quieran debutar bajo un sello deben realizar una audición mostrando sus habilidades, realizar entrevistas y luego firmar un contrato para ser trainee. Hacer esto no garantiza el debut, pero es un paso obligatorio para trabajar como idol en empresas tanto pequeñas como grandes. Solo si "sobreviven" a este entrenamiento, la empresa les ofrecerá un contrato de trabajo.
Los trainees de k-pop se van a formar durante años mediante las facilidades ofrecidas por la empresa, como las clases de canto y baile o idiomas. La empresa decide cuándo un artista está preparado para debutar de forma oficial en un grupo, o si quiere romper el contrario y sacarlo de su empresa porque no se adapta a lo que buscan. Así, poco a poco se va formando la agrupación que debutará unida, y a veces se deciden por hacer algunos trainees solistas. Este proceso puede durar 1 año, 5 años o incluso 10 años. La cantidad de horas, la elección del orden de las clases y reglas a cumplir es a decisión de la empresa. En general, la mayoría de los trainees menores de edad para graduarse en la educación básica secundaria hacen clases online o de manera presencial (haciéndose arreglos con los directivos del establecimiento).
*Muchas veces los "gastos" para entrenar son cobrados a los trainees, es una deuda que acumulan y aumenta con los años y deben pagarla durante sus primeros años de carrera. PERO en el caso de YG Entertainment, todos los gastos (comida, profesores, dormitorios, etc) están cubiertos, por lo que sus artistas cuando debutan lo hacen sin deuda alguna. Y si son eliminados, tampoco deberán pagar nada, la empresa se hace responsable. Esto se debe a que YG es una empresa grande que puede cubrir los gastos.
**Algunas reglas actualmente cambiaron, pero en 2010 (donde inicia esta historia) este tipo de control (y abuso de poder, honestamente) por parte de las empresas estaba vigente.
Unnie:
Unnie es un honorífico que se suele usar para evitar decir el nombre de la persona, marcando quién es LA mayor. Significa hermana mayor, pero puede usarse para amigas mayores, incluso si solo son 1 año más grandes. Esta palabra es femenina y solo la usan las mujeres, un hombre no puede decirle unnie a una chica mayor a él (ellos usarían la palabra noona).
En Corea las jerarquías son importantes y hay un gran respeto por el mayor. Muchas veces los menores van a buscar la "aprobación" o "consejo" del mayor, ya que sería maleducado no hacerlo. Por eso cuando conocen a alguien mayor, los menores dirán cosas como "cuida de mí por favor", como muestra de sumisión y buena actitud. No lo malinterpreten, unnie no significa algo así como "sos mi jefa", por eso su traducción es "hermana mayor". Hay respeto al decirla, pero también cariño, Es una forma de ser amable, de mostrarse abierta a otra persona.
Oppa:
Es básicamente lo mismo que lo anterior. Significa "hermano mayor". Esto solo lo dice una mujer joven a un hombre mayor que ellas. Pero una mujer no usará tanto la palabra oppa como la palabra unnie. Mientras que unnie se emplea prácticamente cuando se conocen y se preguntan sus edades, las mujeres dirán oppa a un hombre cuando ya hay más confianza. Si no hay confianza, podría incomodar al hombre, incluso hacerlo enojar. Es una palabra para sus hermanos mayores (literalmente), novio o amigos cercanos.
Sí, novio. Supongo y voy a asumir que en parejas sáficas (mujer/mujer), la menor podría usar unnie para la mayor y tendría la misma connotación que oppa en una relación heterosexual, pero nunca estuve totalmente segura de esto porque en general la información sobre la comunidad LGBT en Corea es poca y más en español.
