La serie de Once Upon a Time y sus personajes aquí mencionados no me pertenecen.
Mil gracias a todos por leer, por sus likes, estrellitas, kudos y muy especialmente por los reviews.
Espero este segundo capítulo les guste...
Regina se levantó de la cama y apretó las piernas al hacerlo
- Oh, Dios - soltó un largo gemido de placer porque el plug anal la estimuló con el movimiento.
Caminó hasta el espejo de cuerpo completo y se dio la vuelta, tomó su nalga derecha y la abrió un poco para poder admirar el juguete… O al menos lo que se podía ver del mismo.
Y no, David no había mentido. Era la gema más hermosa que jamás había visto y le fascinaba que fuera morada, como lo había dicho él, el color con el que se distinguía a la realeza.
El que resaltaba lo que era, una reina con esa peculiar y erótica corona que el sheriff pervertido acababa de colocar en la parte más íntima de su anatomía.
Una corona que obviamente, nadie más que él podría verla usar, pero que ella estaría sintiendo durante todo el tiempo que al príncipe se le antojara.
Soltó un largo suspiro y se encaminó al vestidor gruñendo bajito porque encima de todo, David no se había dignado a darle placer y la había dejado excitada, pero al menos tenía la satisfacción y seguridad, que él había quedado igual que ella.
Eso sólo aseguraba una cosa, que ese día sería MUY intenso.
Y no se equivocó.
Varias horas después, estaba sentada en su escritorio tratando de concentrarse sin éxito alguno.
Había cancelado toda la agenda del día porque no sabía a qué maldita hora David se iba a dignar a aparecer y el sólo imaginarse recibiendo gente con el plug anal muy dentro en su trasero, recordándole a cada segundo al maldito sheriff pervertido e imaginando todo lo que tenía pensado hacerle, hacía que las mejillas se le encendieran furiosamente y que su intimidad palpitara de puro y ardiente deseo por él.
Miró el reloj una vez más… Mediodía.
Afortunadamente, el príncipe se encargó de asegurarse que por nada del mundo Emma fuera a cambiar los planes de hacerse cargo de Henry para ese día.
Regina contrajo su intimidad y cerró los ojos por el placer que le provocaba sentir el plug anal. Se relamió los labios y después se mordió el labio inferior al tiempo que aferraba con las manos la orilla del escritorio.
Empezó a mecer sus caderas buscando un poco de estimulación. Sus labios se entreabrieron dejando escapar pequeñas exhalaciones que se tornaban pesadas conforme pasaban los segundos, amenazando con convertirse en jadeos y gemidos.
Y justo cuando su respiración comenzó a acelerarse y la intención de llevar una mano hasta su sexo le cruzó por la mente, escuchó la llegada de David.
- Ya puedes irte - le dijo a la princesa Ella quien era ahora la secretaria de Regina
- Gracias - le sonrió y tomó rápidamente su bolso
- Hazme un favor - detuvo a la rubia quien le miró cuestionante y atenta - Cierra la alcaldía. Quiero tener una comida privada con Regina - alzó la bolsa que llevaba con comida para llevar de Granny's
- Claro que sí - accedió emocionada porque su jefa tuviera un rato con el apuesto príncipe que tenía la dicha de tener. No que su esposo, el príncipe Thomas, no fuera guapo, pero David, era sin lugar a dudas, mucho más atractivo.
Algo que no llamó su atención hasta que el sheriff comenzó a salir con la reina
- Gracias - movió ligeramente su cabeza en gesto de agradecimiento y espero a ver que Ella estaba por salir.
Fue hasta entonces que abrió la puerta de la oficina de la alcaldesa quien estaba parada en medio del lugar
- Hola, reina hermosa - le saludó David con una sonrisa engreída e insinuante mientras empujaba la puerta para que se cerrara
- Si no viniste a follarme, entonces vete - dijo Regina con ansiedad en la voz.
Estaba que ardía por dentro y estaba segura que, en cualquier momento, terminaría rogándole porque la tocara, pero no quería darle el gusto al príncipe pervertido. No después de tenerla sufriendo durante todo el bendito día
- Vine para que comamos juntos - dijo mientras caminaba hasta el escritorio y dejaba la bolsa con comida ahí
- David… - se relamió los labios y se acomodó un mechón de cabello tras la oreja derecha.
El príncipe volteó hacia ella y su miembro se terminó de endurecer por completo al verla.
Estaba bellísima, con una expresión de desespero en el bello rostro, mejillas ligeramente encendidas, labios entreabiertos y la conocía tan bien, que estaba seguro que estaba a nada de suplicarle por placer.
Se acercó un poco a la reina quien no dudó en abalanzarse sobre él para besarle con todo ese fuego que le estaba quemando por dentro. Las grandes y varoniles manos le tomaron por las caderas
- Estoy hirviendo - jadeó sobre los labios del príncipe y le besó de nuevo con pasión.
David comenzó a moverse lentamente haciéndola retroceder, llevándola poco a poco hasta el sillón de la acogedora sala de la oficina.
La hizo girar abruptamente hasta quedar de espaldas a él y de frente a lo largo del sillón.
Comenzó a respirar pesadamente y sintió que las piernas le temblaban cuando el tibio aliento del príncipe se sintió en su oreja
- Inclinada, Majestad - masculló con dominio acariciándole la cadera.
La vio tensarse ligeramente, pero casi de inmediato, comenzó a colocarse como indicó sobre el mullido brazo del sillón.
David inhaló profundo, llevó las manos hasta la entallada falda negra que llevaba y comenzó a subirla hasta dejarla alrededor de la estrecha cintura, dejando el precioso trasero de infarto a la vista, cubierto solo por una peculiar tela negra transparente que dejaba ver la amatista siberiana asomándose por entremedio de esas perfectas nalgas que tanto amaba besar, apretar, morder y azotar.
Sonrió de medio lado sabiendo bien que la reina lo había hecho a propósito. Tomó la ropa interior con la mano derecha
- ¿Estás disfrutando tu corona, reinita? - preguntó mientras tiraba hacia arriba haciendo que la tela se metiera y presionara entre los rosados pliegues y moviera un poco el juguete anal cambiando el ángulo de estimulación.
De inmediato la alcaldesa se aferró de la orilla del sillón y se estremeció por completo, pero se negó a emitir sonido alguno
- Mmmhh - gimió el príncipe con la boca cerrada - Ya veo que sí - dijo admirando la humedad que se alcanzaba a apreciar en la preciosa intimidad de Regina - ¿Pero sabes una cosa? - preguntó soltando la tela e inclinándose sobre ella, cuidando de no aplastarla
-Cómo me dejes así, te juro que voy a incendiarte con una bola de fuego - le amenazó con el ceño fruncido, mirándole desde esa vulnerable posición
- Me ha dado un hambre tremenda, Majestad - dijo besándole la sonrojada mejilla con cariño y se levantó soltándole una certera nalgada
- ¡Ah! - gimió alto por la sorpresa e involuntariamente, alzó un poquito más su trasero, como pidiéndole por más en silencio - ¡Oh! - apretó las manos en puños y cerró los ojos cuando fue complacida con otra nalgada placentera y dolorosa
- Ven conmigo - la invitó jalándola de ambos brazos para alzarla y que estuviera de pie de nuevo.
Comenzaron a caminar hasta la larga y elegante mesa, pero mientras lo hacían, Regina volteó a ver la comida en el escritorio y después regresó su mirada confundida hacia David quien movió la silla principal, tomó a su novia por la estrecha cintura y la subió a la mesa dejándola ahí sentada.
Regina gimió ante el movimiento por la estimulación que le dio el juguete en su entrada posterior.
Apoyó las manos sobre la marmoleada superficie y atrapó los tersos labios de la hermosa mujer que era poseedora de su corazón. Las delicadas manos le tomaron del rostro intensificado el apasionado beso y entonces, el príncipe se separó de ella para tomarla de una de las piernas y quitarle la zapatilla para luego hacer lo mismo con la otra dejándola descalza.
Procuró estar entre medio de esas divinas piernas que amaba tener alrededor de su cuerpo o sobre sus hombros, después volvió a besarla apresándola por la estrecha cintura con ambas manos
- Te deseo - jadeó la reina acariciándole el cuello y sintiendo esa deliciosa y ardiente sensación recorrerle todo el cuerpo cuando se apretó alrededor de la parte delgada del plug anal y fue consciente del grosor dentro de su cuerpo
- ¿Qué tanto, reinita? - preguntó con la voz ronca y llena de deseo. Los bellos ojos chocolate le miraron coquetos
- Tanto como tú me deseas a mí - respondió y estampó sus labios con los de él al tiempo que trataba de llevar una mano hasta la entrepierna del príncipe
- Ah, ah - negó apartándose poquito de ella y tomándole la mano para detenerla - Dije que tengo hambre - alzó una ceja a modo de advertencia
- ¿Es en serio, encantador? - preguntó denotando su molestia, pero es que no podía, ni quería entender por qué el maldito sheriff pervertido estaba demorando tanto en actuar.
Tenía esperando por él desde que le alcanzó mientras tomaba su baño matutino. Cuando entró, le tocó y le provocó hasta convencerla de esperarle en medio de la cama, con la cabeza abajo y el trasero en alto, dispuesta a permitirle hacerle lo que quisiera.
Después, el muy pervertido se tomó su tiempo para meterle ese maldito plug anal que, cada vez que lo sentía, le recordaba a él y ya no podía más, ya no aguantaba.
Lo necesitaba…
- Muy en serio - siseó por entre dientes apretados y se abalanzó sobre ella haciéndola hacerse hacia atrás, aunque la sostuvo firmemente de la cintura para que no cayera sobre la mesa, y poderla depositar con cuidado ahí.
Se movió rápido y antes de que ella pudiera reaccionar, David le tomó de las piernas, se las alzó y colocó el rostro justo frente al precioso sexo de su amada reina.
Inhaló profundo aspirando el delicado y delicioso aroma de Regina y la escuchó suspirar entrecortadamente.
La respiración de la alcaldesa se estaba acelerando, el vientre se le contraía y el corazón le palpitaba al mismo ritmo que lo hacía su propia intimidad al sentir el tibio aliento de David justo ahí… Donde tanto le deseaba y necesitaba.
Se relamió los labios sintiendo cómo el príncipe tomaba su ropa interior y se la sacaba por las piernas.
Se arqueó poquito y se mordió el labio inferior negándose a soltar un "por favor". Sin embargo, suspiró audiblemente cuando él besó sus muslos pronunciadamente.
Primero uno, después del otro, torturándola lentamente, aumentando su desespero. Frunció tantito su ceño sintiéndose incapaz de aguantar más y de pronto, abrió los ojos y la boca de golpe, y el gemido se le quedó en la garganta cuando el sheriff comenzó a devorarla literalmente.
La aferró con firmeza de la estrecha cintura porque el divino cuerpo se retorció cuando colocó su boca en la dulce intimidad que degustaba con ímpetu y entusiasmo.
Y es que la reina sabía exquisita, deliciosa, era un verdadero manjar, el mejor que había tenido la dicha de probar y se sentía tan afortunado de que fuera sólo suyo.
Así como lo era ella. Suya y de nadie más… Y llevaba todo el día deseándola, ni un sólo segundo dejó de pensar en su amada reina con esa preciosa corona que le obsequió.
Fue tanto el ardor en su cuerpo de saber que Regina estaba trabajando con un plug anal que él le había puesto, que tuvo que darse placer a sí mismo en el baño de la estación
- M-más - la escuchó gemir estranguladamente y sonrió socarrón.
Desenterró su lengua de la estrecha entrada y la escuchó quejarse, pero sólo tomó asiento y la jaló un poco hacia él dejándola justamente en la orilla de la mesa
- ¿Qué demonios estás haciendo? - preguntó Regina mientras se alzaba en los antebrazos muy dispuesta a reclamarle por haberse detenido y decidida a exigirle que continuara, pero definitivamente no esperaba verlo sentado y mirándole de esa forma tan… pervertida
- Comiendo - fue la simple respuesta que le dio y una sonrisa triunfante se dibujó en su rostro al verla abrir la boca con sorpresa e incredulidad al entender a lo que se refería - Es que sabes exquisita, Majestad - acercó su boca hasta el palpitante y húmedo sexo a su entera disposición, y dejó un besito en el endurecido clítoris haciéndola temblar poquito - Eres lo más delicioso que he probado en toda mi vida y amo comerte - y entonces, le lamió todo el sexo, de abajo hacia arriba.
La escuchó gemir con ardor y dejarse caer sobre la mesa de nuevo. Soltó un largo suspiro y comenzó a bajar repartiendo pequeños besos en la preciosa y excitante intimidad de la alcaldesa de Storybrooke.
El precioso cuerpo se estremecía con cada beso y caricia que le proporcionaba.
Se detuvo hasta que se encontró con la base del plug anal. Sacó su lengua y la paseó por todo alrededor del apretado anillo de músculos que se ajustaba alrededor de la parte delgada del juguete
- Oh, David - la reina gimió agudamente sintiendo que el fuego que le quemaba por dentro la consumía al sentir la hábil lengua en esa parte de su anatomía y sí, claro que se contrajo apretándose con fuerza sobre el plug anal y apretó los labios soltando una pequeña queja placentera por la sensación que se repitió, una y otra vez haciéndola temblar y jadear pesado por el intenso placer.
El sheriff seguía lamiendo la entrada prohibida de la reina y mientras lo hacía, llevó las manos hacia sus pantalones para liberar su adolorido e hinchado miembro que demandaba literalmente por atención. Lo tomó con su mano derecha y se estimuló un poco, sólo lo suficiente para mitigar un poco la presión, pero por nada del mundo pensaba llevarse al orgasmo así
- Mmghh - gimió Regina porque el príncipe le dio una pequeña nalgada. Después dejó de tocarla y decidió aguardar por él.
Se acomodó mejor, recogiendo un poco las piernas hacia su propio pecho y las abrió más. Contuvo momentáneamente el aliento al sentir el frío lubricante en su entrada posterior y comenzó a llenarse de anticipación y desesperación porque el momento en que David la poseyera llegara
-Si pudieras ver lo hermosa que te ves así, Regina - tomó la base del juguete y tiró tentativamente haciéndola tensarse - Shhh - susurró con cariño para tranquilizarla, pero siguió haciendo fuerza hasta que el apretadísimo anillo cedió y dejó salir el plug.
Regina soltó un gemido doloroso pero placentero a la vez, y el príncipe volvió a empujar el juguete haciendo que la alcaldesa se retorciera un poco cuando lo volvió a tomar, entonces él siseó con ardor repitiendo el movimiento.
La folló con el plug anal varias veces, disfrutando de ver cómo la preciosa entrada posterior de Regina se abría y apretaba alrededor del juguete, cómo ella jadeaba, como se retorcía sobre la mesa y comenzaba a perder la cordura. Lo sabía porque ahora agitaba las perfectas caderas al compás del ritmo con que la penetraba con el juguete.
La boca se le hizo agua literalmente cuando empezó a ver la esencia de la reina salirle del sexo, tal y como sucedía siempre que recibía estimulación anal.
Se inclinó enterrado el rostro en la intimidad de Regina y bebió de ella. Besó el precioso, ardiente y rosado sexo, enterró su lengua y la sintió agitarse con fuerza.
La reina comenzó a gemir y jadear audiblemente, sintiendo cómo poco a poco la abrasante sensación en su vientre se iba intensificado anunciando la llegada del tan ansiado orgasmo.
De pronto, cerró las piernas por reflejo y abrió la boca y los ojos grandes cuando David se prendió de su clítoris. Comenzó a respirar entrecortadamente y los ojos se le llenaron de lágrimas porque el placer era demasiado.
Llevó una mano hasta los rubios cabellos y le aferró con fuerza mientras alzaba la otro buscando algo a qué aferrarse y no dudo en jalar lo que encontró.
Era el elegante tazón blanco lleno de manzanas rojas, las cuales quedaron esparcidas por toda la mesa y el suelo cuando Regina lo tiró
- Oh, por Dios… ¡Ohhh! - comenzó a lloriquear y ahora aferró a David del cabello con ambas manos y no pudo evitar sostenerle con fuerza para restregar su intimidad en el rostro de su novio que se quedó quieto dejándola hacer, pero sin dejar de mover el plug anal aumentando la sensación - ¡AHHHH! - gritó y se alzó casi sentándose por el potente orgasmo que la hizo comenzar a temblar sin control alguno después.
El sheriff se liberó del agarre al que era sometido por voluntad y alcanzó a envolver a Regina entre sus brazos antes de que cayera estrepitosamente sobre la mesa.
La sostuvo con firmeza, le acarició la cabeza y la espalda, besó repetidas veces el perfumado cabello sintiéndola temblar entre sus brazos, las delicadas manos aferrándose a su camisa con fuerza, soltando preciosos gemidos y lloriqueos de placer.
Y Dios, no, ya no podía aguantar más y esperaba que la reina estuviera lista para recibirle.
Buscó el bello rostro y la besó con urgencia. Afortunadamente ella no tardó en responder y lo hizo con intensidad.
Las varoniles manos le abrieron la blusa de un tirón, pero poco le importó, lo único que quería en ese momento, era a él
- Dentro - susurró con necesidad, pero el ardor en su voz era distinguible. Le aferró por el cuello de la camisa - Quiero tu grande y grueso miembro hasta lo más profundo de mí - le habló provocativa y por encima de los jadeantes labios.
Eso fue todo lo que necesitó. Llevó la mano derecha hasta su sensible miembro para tomarlo y colocó la húmeda punta contra la pequeña entrada a la dulce intimidad de la reina
- Voy a hacerte mía con tu corona puesta - habló con los dientes apretados y comenzó a empujar.
Vio como los ojos de Regina se cerraban y la hermosa boca se abría mientras ella apoyaba las manos detrás de su propio cuerpo para luego echar la cabeza hacia atrás y alzar las piernas porque la presión era exquisita.
La reina era estrecha por naturaleza, y el plug anal la hacía sentir más apretada, todo se sentía más ajustado y debía admitir que era delicioso. Podía sentir la forma del juguete a través de la delgada pared ahí dentro y era muy placentero.
Y quería que lo fuera para ella también, por eso se estaba adentrando con calma y lentitud, permitiéndole amoldarse a la forma de su miembro poco a poco, deteniéndose sólo hasta que estuvo enterrado en el precioso y húmedo sexo.
La alcaldesa se dejó caer sobre la fría superficie de nuevo
- ¿Estás bien? - le preguntó mirándole muy atento y la vio asentir con rapidez, con los hermosos ojos apretados y el ceño fruncido
- S-sólo nece… ¡Oh! - las palabras se convirtieron en un gemido cuando los maravillosos dedos comenzaron a acariciarle el sensible clítoris
- Todo el tiempo que necesites, belleza - le dijo con amor mientras sostenía una pierna de la reina y le masajeaba el pequeño botón de placer buscando distraerla de la incomodidad que pudiera estar sintiendo y que logrará relajarse.
Estuvieron así por unos momentos hasta que Regina sintió que podía ser penetrada sin problema
- Fólla a tu reina, encantador - demandó y de inmediato, se vio aferrada por los muslos y jalada hacia él.
Comenzó a entrar y salir de la alcaldesa a un ritmo firme pero constante y ambos gemían cada vez que lo hacía por el plug anal.
Y sólo hasta que sintió que podía moverse con facilidad fue que aumentó la fuerza y rapidez de sus estocadas.
Llevó una de las manos hasta el seno derecho de la reina y bajó la copa del brasier para poderlo acariciar, y para poder estimular el lindo y endurecido pezón. Una delicada mano se posó sobre su antebrazo izquierdo.
Regina estaba gimiendo por entre dientes apretados
- Me vengo - habló con la voz estrangulada, pero es que el placer era demasiado intenso. Había esperado mucho por él durante ese día y no estaba dispuesta a contenerse bajo ninguna circunstancia
- Sí - respondió David encantado - Vente todas las veces que quieras, belleza - subió las piernas de la reina a sus hombros y la penetró con más ímpetu haciéndola llegar casi de inmediato - ¡Carajo! - gimió gravemente al ver que el orgasmo de Regina llegó de forma líquida - Me vuelves loco cuando haces eso - siseó entre dientes mientras la sentía apretarse con fuerza a su miembro haciéndole sentir el juguete anal y Dios… Era lo más maravilloso del mundo, verla y sentirla venirse, temblar y retorcerse, disfrutar y gozar del orgasmo.
Espero a que Regina se relajara un poco para poder extraer su miembro sin causarle incomodidad.
Su intención era darle golpecitos en el precioso sexo para que saliera más esencia líquida de la reina, pero no pudo hacerlo porque ella, se sentó, le miró retadora y con un pie, le empujó indicándole que se sentara en la silla.
Algo a lo que David no puso objeción y en un instante, la tuvo a horcajadas sobre él, besándole el cuello y estimulándole el miembro
- Preciosa reina - le tomó de las nalgas, se las acarició y apretó para luego soltarle un par de nalgadas que la hicieron gemir al principio, pero a la cuarta nalgada, le mordió el cuello haciéndole sisear por la dolorosa sensación
- Quiero hacerte mío, sheriff pervertido - colocó la cabeza del miembro del príncipe en su entrada y descendió con prisa, soltando un pequeño jadeo ahogado porque el maldito plug anal seguía haciendo de las suyas en su entrada posterior.
Se alzó un poco, apoyándose con las manos en el respaldo de la cómoda silla para poder mirar al dueño de su corazón un poquito hacia abajo
- Ya soy tuyo, Majestad - le dijo con entrega y entonces, la sonrisa más hermosa y deslumbrante se dibujó en el bello rostro de su amada, una que le fascinó y que se convirtió en una contorsionada mueca de placer cuando él presionó la amatista siberiana.
La alcaldesa le miró a los oscurecidos ojos azules y estrechó poquito los suyos cuando vio la sonrisa traviesas de miedo lado en los labios de su amado.
Entonces, comenzó a moverse con fuerza sobre él, clavándose una y otra vez sobre el turgente y pulsante miembro
- Oh, por Dios - jadeó el príncipe sintiéndose incapaz de detenerla o retomar el control. Regina lo estaba cabalgando con maestría, pasión y majestuosidad y no quería que terminara nunca.
La abrazó por la estrecha cintura sintiéndose al borde del orgasmo porque esas exquisitas paredes internas se apretaban de pronto con fuerza a su alrededor amenazando con enloquecerle
- Oh. Oh… Ohhh - gimió David explotando muy dentro de Regina y sonrió encantado al escucharla gritar su nombre y sentirla temblar entre sus brazos hasta que cayó desfallecida sobre su pecho - Eres perfecta - la aferró con fuerza contra él y le besó la sudorosa frente
- Sabía que te gustaría - respondió muy orgullosa de sí misma - ¡Ah! - gimió porque el príncipe le soltó una fuerte nalgada y se apretó sobre el miembro y el juguete
-Sólo por eso, no te voy a regresar la ropa interior y seguirás con tu corona puesta - volvió a presionar el plug anal y la besó con pasión
- David… - trató de debatir porque era una verdadera tortura llevar ese juguete recordándole a él con cada movimiento y sin poderlo tener ahí con ella para satisfacerla
- Vendré por ti cuando salgas de trabajar - prometió besándole el cuello mientras su miembro abandonaba la cálida intimidad de la reina. La escuchó soltar un largo gemidito como de reniego - Ahora sí, vamos a comer, Majestad - masculló dándole otra pronunciada nalgada que la hizo lloriquear bajito por el placer.
