La serie de Once Upon a Time y sus personajes aquí mencionados no me pertenecen.

Muchas gracias por leer, por los likes, follows, kudos, estrellitas y muy especialmente a quienes me han dejado algún comentario en el fic.

Esta es la tercera parte del porny prompt y más que gustarles, espero que lo disfruten jeje. También espero que puedan perdonar cualquier error.

P.D. para quienes leen Bonding: pronto habrá actualización, no crean que el fic se me ha olvidado.


Tal como lo prometió, David estuvo muy puntual en la alcaldía a la hora que Regina le indicó y no le sorprendió que la princesa Ella ya no estuviera en el lugar.

Abrió la puerta de la oficina y se encontró con su amada reina muy lista para irse de ahí.

Por su parte, la alcaldesa agradeció con el alma el que hubiera llegado tan puntual, aunque no se lo demostró

- Sácame de aquí, encantador - ordenó mirándole desafiante mientras apretaba las piernas que le temblaban ligeramente al volver a sentir el endemoniado juguete que la había mantenido frustrada y caliente durante todas esas interminables horas en las que estuvo esperando, no porque su día laboral terminara, sino por él.

El responsable de esa horrible excitación que amenazaba con consumirla ante el más mínimo movimiento ahora

- Como usted ordene, Majestad - tomó la perilla de la puerta para abrirla por completo al tiempo que se inclinaba haciendo una reverencia esperando a que ella pasara.

Regina tomó aire profundamente e hizo gala de todo el auto control que le quedaba para poder salir caminando de ahí con ese elegante y sensual andar que tanto la caracterizaba.

Y mientras lo hacía, escuchaba a David cerrar la puerta y después, comenzar a caminar tras ella mientras el juguete la estimulaba con cada paso.

El maldito sheriff pervertido no la alcanzó. No, claro que no.

La dejó caminar delante de él hasta la camioneta, muy seguramente disfrutando de verla por detrás, sabiendo bien que, debajo de la negra falda, no llevaba nada más que "la corona" que le puso por la mañana y que se negó a quitarle a mediodía.

Cerró los ojos y se mordió brevemente el labio inferior cuando estuvo frente al automóvil.

David le abrió la puerta de inmediato, sabiendo que Regina debía estar un tanto desesperada dadas las obvias circunstancias y no quería hacerla esperar más porque si era sincero, él mismo moría de anticipación ya, con su miembro duro y apretado dentro de los pantalones.

La alcaldesa subió y no pudo evitar contraerse sobre el plug anal. Sin embargo, apretó los labios impidiéndose a sí misma gemir delante de él porque estaba segura que era algo que el príncipe estaba esperando y se negaba a darle esa satisfacción al muy pervertido.

Él cerró la puerta, le dio la vuelta a la camioneta, se subió al volante y encendió el automóvil sin esperar nada más.

La respiración de Regina era un poquito agitada y no pasó desapercibida para el sheriff.

Una sonrisa socarrona se asomó en el apuesto rostro. Y es que David la venía viendo de reojo, cómo las sonrosadas mejillas se le encendían cada vez más, cómo fruncía levemente el ceño y se mordía el labio inferior, cómo se removía de pronto en el asiento tratando de contenerse.

Se sentía tan bien saberse responsable del estado en el que se encontraba la poderosísima y alguna vez temible reina del bosque encantado.

Afortunadamente para Regina, Storybrooke era una ciudad pequeña y la alcaldía no estaba muy lejos de la Mansión por lo que, a los pocos minutos de trayecto, llegaron a la casa que, desde hacía algunos meses, era ahora el hogar de ambos.

David se adentró hasta la cochera del terreno y se detuvo justo frente a las puertas del garaje.

Entonces, todo sucedió muy rápido.

Al tiempo que apagaba el motor sintió una oleada de magia que dejó su erecto miembro al descubierto y de pronto, la maravillosa boca de su amada reina le envolvió y succiono sin esperar

- O-oh, oh, Dios - jadeó casi sin aliento, sus ojos se cerraron de golpe y echó su cabeza hacia atrás con una mueca de ardoroso placer en el apuesto rostro.

Se agarró de la puerta con la mano izquierda mientras la derecha aferraba la negra falda de Regina quien se había colocado en cuatro sobre el largo asiento para llevar a cabo la labor de darle placer con esa preciosa y exquisita boca que le enloquecía por completo cuando hacía eso.

Por su parte la alcaldesa se esmeraba en chupar el enorme miembro de su amado y pervertido príncipe. Tenía la mano derecha alrededor de la base y parte de los testículos mientras que, con los labios, envolvía la gruesa circunferencia y le acariciaba con la lengua mientras subía y bajaba la cabeza a ritmo acelerado, como si le urgiera llevarlo al orgasmo de esa forma.

Amaba darle placer así, saberse responsable de la respiración agitada, de los jadeos y gemidos reprimidos, de la tensión en el musculoso y varonil cuerpo, del ligero temblor de esas bien trabajadas piernas.

Gimió desde el fondo de su garganta cuando David le levantó la falda dejando su intimidad y trasero descubiertos, y los maravillosos dedos, tocaron su húmeda y palpitante intimidad

- Estás mojada - siseó con dientes apretados sintiéndose muy cerca de llegar y era tanta la excitación y el calor del arrebatado momento que no pensaba en nada que no fuera hacerlo dentro de la boca de la reina que, hasta el momento, no lo había tomado hasta el fondo de la garganta.

Acarició el caliente sexo un par de veces y después, subió hasta encontrarse con el juguete. Pasó sus dedos por debajo de la base, asegurándose de acariciar el apretado anillo de músculos que se aferraba con fuerza alrededor del metal que estaba ardiente por la temperatura corporal de la reina.

Al hacerlo, ella se estremeció por completo y se hizo un poco hacia atrás como buscando más fricción. Una petición, que fue complacida y que la hizo gemir constantemente por las caricias proporcionadas.

Sacó el miembro de su boca para besar la punta y luego envolverla con delicadeza entre sus labios para chupar poquito, como tentativamente, sabiendo bien que haría sufrir al sheriff pervertido con ello y cuando lo escuchó soltar un gemido casi suplicante, volvió a deslizar sus labios por la gruesa longitud dejándole adentrarse en su boca.

Y no fue hasta que David, en su desesperación, llevó la mano derecha hasta el negro cabello de la alcaldesa y le aferró un poco de ahí e intentó guiarla hacia abajo, que Regina se detuvo.

Se alzó y besó la jadeante boca del príncipe que le recibió con un hambriento y necesitado beso

- No puedes dejarme así - jadeó sobre la boca de Regina quien esbozó una hermosa y engreída sonrisa que terminó por robarle el aliento.

La reina se movió subiéndose a horcajadas sobre él, pero se mantuvo apoyada en sus rodillas evitando que su centro caliente hiciera contacto con la masculinidad del príncipe

- Obsérvame - le retó alzando una de sus cejas y vio los azules ojos abrirse al máximo por la incredulidad.

No pudo evitar soltar una pequeña risa al tiempo que los fuertes brazos la envolvían por la cintura y le jalaban contra él.

Pero antes de que el sheriff consiguiera penetrarla, invocó su magia desapareciendo del regazo de su amado para aparecer caminando hacia la puerta de la Mansión con su falda debidamente puesta

- Con un demonio - maldijo David al verla.

Metió su hinchado y húmedo miembro dentro de los pantalones sin molestarse en abrocharlos, bajó de la camioneta y literalmente, corrió tras ella.

Cuando entró, Regina ya subía los escalones de la entrada, abrigo y bolso debidamente colgados en el perchero enseguida de la puerta. Cerró de golpe y la alcanzó antes de que pusiera un pie en la escalera.

La tomó de la mano derecha y la jaló con firmeza para voltearla hacia él cuidando de no lastimarla ni sacudirla con fuerza.

La alcaldesa sonreía con satisfacción porque de verdad le estaba divirtiendo el haberlo provocado por haberlo dejado muy cerca del orgasmo.

Era lo menos que se merecía después de haberla tenido todo el día con el plug anal.

David se agachó un poco, pasando su brazo izquierdo por debajo del trasero de la reina y, antes de que ella pudiera reaccionar, se la echó al hombro

- ¡No! - exclamó la alcaldesa al verse en esa posición - ¡Ah! Mmhh - gimió ahogado cuando le fue propiciada una certera y dolorosa nalgada que la hizo contraerse sobre el juguete

- Suficiente de juegos, Regina - comenzó a subir sin esperar nada más. Desesperado por follársela como tanto estuvo planeado y deseando hacerlo desde que la dejó en la alcaldía a medio día.

La reina era, sin lugar a dudas, la mayor de sus tentaciones. No dejaba de pensarla ni de noche ni de día. La deseaba como el aire y la amaba como a nadie ni nada en el mundo.

Llegó hasta la habitación con ella removiéndose un poco sobre su hombro y estaba seguro que lo hacía era buscar algo de estimulación.

Y sonrió. Claro que lo hizo. Satisfecho de tenerla deseosa, necesitada y caliente. Así como lo había dejado a él.

Le dio otro par de nalgadas que hicieron que el cuerpo divino, perfecto y pequeño, a comparación del suyo, se estremeciera con cada una de ellas

- David… - dijo el nombre del príncipe quedito y casi con súplica porque ese tormento en el que la tenía terminara.

Tenía los ojos cerrados y la chamarra de él aferrada en las manos.

Lo necesitaba, y mucho. Lo quería bien dentro de su sexo y de su trasero, follándola sin descanso hasta que no pudiera más.

Por fin la bajó y en el momento que sus pies tocaron el suelo, Regina se abalanzó sobre el sheriff pervertido para besarlo con fogosidad e intensidad haciéndole saber lo excitada que estaba.

David acariciaba el cuerpo de la reina mientras la besaba con ardiente deseo y su desatendido miembro daba tirones dentro de sus pantalones.

Encontró con sus manos el cierre de la falda y lo abrió para luego deslizarla hacia abajo dejando a la hermosa alcaldesa desnuda de la cintura para abajo mientras ella se deshacía de sus zapatillas.

Sintió una oleada de magia y quedó completamente desnudo, señal inequívoca de que Regina quería que comenzaran a follar pronto.

Así era siempre que la urgencia en ella era demasiada. Usaba su magia para desnudarlo, pero nunca lo hacía consigo misma.

Sabía lo mucho que a David le gustaba desnudarla por sí mismo y ella se lo permitía sin excepciones ni objeción.

La hizo girar de pronto y tomó la blusa blanca de botones que llevaba, y mientras le besaba detrás de la oreja y empujaba su pelvis contra el trasero de la reina para hacerla sentir su miembro, usó fuerza para abrirle la prenda de un tirón haciendo volar un par de botones

- Te gusta saber que puedes hacer conmigo lo que quieres, ¿cierto? - le preguntó con dientes apretados justo en el oído

- Sí - respondió Regina con ojos cerrados y piernas temblantes al sentir ahí el tibio aliento del sheriff

- Sí - repitió con una sincera, divertida y amplia sonrisa por la respuesta. Le sacó la blusa y después se deshizo del sostén dejándola completamente desnuda - Así que dime, Majestad - tomó los preciosos senos, uno con cada mano, y comenzó a masajearlos - ¿me vas a permitir hacerte todo lo que quiera? - preguntó con ardor y deseo en la voz mientras acariciaba los endurecidos y lindos pezones que tanto amaba tener en su boca.

Quería que Regina le diera una respuesta a esa pregunta en específico. Necesitaba saber que estaba dispuesta a seguir adelante con ello.

La reina soltó un suspiro entrecortado y asintió aún con los ojos cerrados, disfrutando de las atenciones del príncipe

- Sabes que sí. Siempre - respondió con entrega y recibió un largo y amoroso beso en la mejilla mientras esas grandes manos bajaban con tiernas caricias hasta llegar a su trasero

- Al centro de la cama, entonces. Con la cabeza abajo y este hermoso trasero arriba - le apretó ambas nalgas con ganas haciéndola tensarse por un momento.

No demoró en hacer lo que el sheriff pervertido pidió.

Era una extraña fascinación que David tenía por verla en esa posición que exponía todo de ella para él y a Regina le encantaba complacerlo por lo mismo.

La imagen de la reina era sumamente erótica y el príncipe se sentía capaz de quedarse la vida entera contemplándola en esa posición usando únicamente el plug anal. Estaba seguro que podía venirse con sólo verla.

Tomó aire profundamente y se subió con porte dominante a la cama, aunque la alcaldesa no podía verle.

Se colocó justo detrás de ella

- Te ves tan hermosa así, portando sólo tu corona, reinita - siseó con ardor - Te hace ver majestuosa e irreal - habló con fascinación y se inclinó para besar el inicio de las nalgas de la reina - La más bella de todas - susurró con cariño mientras llevaba los dedos hasta la caliente intimidad.

Le acarició un poco y la escuchó contener el aliento. Después, estuvo seguro que dijo algo, pero sólo alcanzó a percibir un murmullo

- ¿Qué? - preguntó sin parar de acariciarla

- P-por favor… - habló con un hilo de voz y se estaba conteniendo de empujarse contra esos dedos que sólo se paseaban por sus pliegues sin intentar adentrarse - Ohhh - gimió con alivio cuando la penetró con uno.

Lo metió y sacó un par de veces empujando el juguete con el movimiento

- Más - pidió y el príncipe extrajo el dedo para luego meter dos de un sólo empujón haciéndola contraerse por la impresión

- Vamos, Majestad. Fóllate tú sola con mis dedos. Demuéstrame lo mucho que quieres ésto - demandó y gotas de líquido preseminal brotaron de la punta de su dura erección al verla alzarse en las manos y comenzar a moverse de adelante hacia atrás, penetrándose a sí misma con sus dedos como lo pidió.

Los jadeos pesados y pequeños gemidos no se hicieron esperar

- ¡Mmgh! - gimió alto cuando le dio una fuerte nalgada que causó un poco de escozor

- Eso es - le alentó y curvó los dedos para que ella sola se estimulara el punto G con cada ir y venir.

La nalgueo varias veces disfrutando de ver la suave piel de las preciosas nalgas tornarse de un delicado y tentador color rosado.

Conforme hacía eso, la reina empezó a tomar sus dedos con más rapidez, fuerza y profundidad, ondulado las perfectas caderas con cadencia mientras gemía cada vez más alto hasta que las suaves y ardientes paredes se comenzaron a apretar intermitentemente a su alrededor.

Y entonces, el hermoso cuerpo se contrajo y tensó temblando casi imperceptiblemente mientras alcanzaba la cúspide del placer

- Oh, belleza - se relamió los labios y tragó la saliva que se acumuló en su boca.

Regina le seguía apretando con fuerza y se estaba muriendo por beber toda la deliciosa evidencia de ese orgasmo.

Sacó sus dedos en cuando la sintió relajarse un poco y se abalanzó sobre el mojado e hinchado sexo

- ¡Oh, Dios! - gimió Regina con sorpresa cayendo sobre la cama mientras las grandes manos mantenían sus nalgas abiertas para él facilitándole el acceso.

David la estaba devorando, lamiendo y chupándole el sexo con ganas, y cuando atacó su sensible clítoris, la reina se agitó con fuerza y lloriqueo.

Dejó la preciosa intimidad y subió besando cada parte de la bella anatomía mientras tomaba posición sobre ella.

Alcanzó una almohada y se la acercó a las caderas. La alcaldesa las alzó permitiéndole colocarla debajo de ella

- Ahora sí, Majestad - habló con algo de desespero porque se había hecho esperar mucho a sí mismo y ya no podía más.

Tomó su hinchado y necesitado miembro con la mano derecha y lo colocó en la estrecha entrada de Regina.

Comenzó a empujar con firmeza, aunque lo hacía con calma cuidando de no incomodarla y sonrió encantado porque el sexo de la reina lo recibió armoniosamente.

Ambos gimieron alto cuando estuvieron unidos por completo, sobretodo porque los dos podían sentir lo ajustado que estaba todo gracias a la posición y el plug anal.

David colocó sus manos en las caderas de Regina y comenzó a entrar y salir de ella

- Sí, sí - siseó gustosa porque oh, en esa posición, con sus piernas juntas y el trasero un poco elevado, la penetración era mucho más profunda y era exquisito sentir tan dentro el miembro del príncipe.

Aceleró un poco el ritmo, aunque su intención no era venirse dentro de la intimidad de su amada reina, pero sí quería hacerla venir otra vez.

Aunque no estaba muy seguro de lograrlo.

Tenía la vista clavada en la amatista siberiana que resaltaba entre medio de las hermosas nalgas que parecían rebotar cada vez que se empujaba dentro.

Resopló lleno de deseo al escucharla gemir más alto y agudo, sabiendo que estaba haciendo un buen trabajo y que dentro de poco Regina se estaría viniendo

- ¡Dame más fuerte, David! - demandó al tiempo que alzaba un poco más su trasero - ¡Ah! - gimió cuando recibió una buena nalgada y acto seguido, el príncipe comenzó a follarla como lo pidió - Oh, Dios. Me voy a venir - sollozó de puro placer con lágrimas asomándose por sus largas pestañas

- Sí, hazlo. Vente, belleza - una delicada mano se posó sobre su muslo derecho y él la aferró por la muñeca, sintiendo las suaves y estrechas paredes apretarse con fuerza sobre su miembro aumentando el placer.

Regina llegó al orgasmo y gritó fuerte contra las suaves colchas mientras se retorcía debajo de su sheriff y sentía líquido abandonar su intimidad, mojando con seguridad la cama y a él

- Mi hermosa reina - le elogió y salió de inmediato de ella para evitar venirse.

Y mientras la escuchaba gemir y jadear audiblemente por los remanentes del orgasmo, tomó el plug anal y comenzó a tirar de él para sacarlo

- Mmnnh - se quejó un poco por la estimulación porque en ese momento, cualquier toque era demasiado para su sensible cuerpo

- Sólo voy a quitarte tu corona para poderte tomar por aquí - le dijo tirando con firmeza, pero gentilmente, y para su sorpresa y tranquilidad, el lubricante apareció sobre la cama a su alcance.

Se mordió el labio inferior con gusto sintiendo su miembro pulsar al imaginarse dentro de ella por ahí, por la prohibida y estrechísima entrada de la alcaldesa en la que gozaba como nada hundirse hasta la empuñadura.

La escuchó soltar un gemidito y la vio contraerse un par de veces cuando logró sacarle el caliente juguete e inmediatamente lo sustituyó con su pulgar aprovechando la dilatación del apretado orificio.

Regina se contrajo con fuerza sobre el dedo y gimió desde el fondo de su garganta, pero después, se empujó buscando tomarle más dentro de ella por su entrada posterior.

La estimulación anal la enloquecía de ardor y pasión. Amaba que David la tocara ahí, era sumamente excitante y erótico sentir ese tipo de placer "prohibido"

- ¿Me quieres aquí, Regina? - preguntó mientras tomaba el lubricante con su mano libre y la vio asentir apresurada.

Sacó el pulgar y la alcaldesa se quejó de inmediato al sentir la sensación de vacío en esa parte de su anatomía que había estado ocupada durante todo el día.

Soltó una exhalación entrecortada al sentir el frío lubricante sobre su orificio que estaba ardiente de deseo y anticipación por él

- Pídemelo - demandó poniendo la punta de su erección, debidamente lubricada, contra la dilatada y preparada entrada

- Fóllame por detrás - concedió con un tono de voz dulce, sensual y provocativo que llevaba un toque de súplica que sabía lo iba a enardecer.

Como era de esperarse, el ardiente y pulsante miembro comenzó a penetrarla al instante, ensanchándola hasta su límite, de una forma en la que el plug anal no lo había hecho. David se sentía enorme por su trasero y la posición incrementaba la sensación haciéndola sentir literalmente llena.

Y no podía esperar porque empezara a follarla por ahí. Deseaba sentirlo deslizándose dentro y fuera de su trasero.

El príncipe se apoyó con una mano sobre el colchón a un lado del divino cuerpo y la otra, la puso sobre la nalga izquierda de la reina para sostenerse sobre ella.

Una vez que estuvo dentro del estrechísimo pasaje se empezó a mover sin esperar más con la confianza de que, el haber llevado el juguete todo el día, la había preparado para ese momento.

Entraba y salía de la entrada posterior de Regina, haciéndola suya por detrás una vez más.

Ya eran incontables las veces en que la reina se había entregado a él de esa forma. Sólo sabía que, desde la primera vez que la tomó por detrás, se convirtió en el hombre más afortunado del mundo por poderla tener así.

La alcaldesa se alzó en sus antebrazos. Giró un poco hacia su lado izquierdo y alzó el rostro para poder ver a su apuesto príncipe.

Oscurecidos ojos azules se encontraron con los chocolate y llenos de excitación. La reina tenía la boca entreabierta y soltaba jadeos cada vez que se introducía en ella.

De pronto, le sonrió coqueta a su sheriff

- Me encanta cuando me follas el trasero - le dijo buscando provocarlo más, como si de verdad hiciera falta. Sabía que David debía estarse muriendo por venirse y amaba que se esmerara en hacerla llegar varias veces antes de hacerlo él

- Vas a ser mi muerte - siseó con dientes apretados y ceño fruncido.

Se inclinó para besarla y cambió un poco el ritmo de sus penetraciones, pero no dejó de moverse. Llevó la mano izquierda hasta el bello rostro y le sostuvo de la mandíbula firme, pero procurando ser delicado.

Ahora jadeaba contra la oreja de la reina

- Te gusta follarte a tu alcaldesa por detrás, ¿verdad, sheriff pervertido? - preguntó y lo sintió apretar un poco el agarre que tenía sobre ella haciéndola sentir más el rigor con el que la poseía

- S-sí - gruñó sintiéndose incapaz de contenerse ya.

Soltó el agarre, se apoyó con las rodillas sobre el colchón, apresó ambas manos de Regina contra el mismo y empezó a follarla con fuertes estocadas, a un ritmo castigador e intenso.

La reina dejó escapar lloriqueos y gemidos agudos por el cambio tan repentino y a los pocos segundos, su orgasmo comenzó a construirse.

Los orgasmos anales eran distintos de los que alcanzaba con la estimulación en su intimidad. Solían ser más intensos y en verdad era complicado explicar lo bien que se sentía.

Lo mejor de todo, es que David era un experto en darle orgasmos anales

- Quiero que me llenes por ahí - jadeó ahogadamente su petición sintiéndose cada vez más cerca.

De pronto, tuvo la boca del sheriff sobre su sudorosa sien derecha

- ¿Vas a venirte? - le preguntó con una mueca de doloroso placer en el apuesto rostro porque ya no podía más, necesitaba llegar

- N-no te detengas - pidió sintiendo los fuertes embates que el príncipe le daba - Estoy muy cerca - sollozó con ardoroso placer y apretó la colcha con sus manos cuando él se irguió de nuevo y retomó el ritmo de sus estocadas.

Podía sentir su intimidad contrayéndose sobre la nada, su clítoris palpitar con intensidad y oh, las lágrimas de placer comenzaron a correr por su bello rostro mientras su cuerpo comenzaba a retorcerse por el placer.

Hasta que por fin, Regina empezó a venirse soltando alaridos y apretando con excesiva fuerza el miembro en su interior. Lo escuchó gemir y gruñir

- Joder - masculló con intensidad y empezó a derramarse por fin, gimiendo ronco, disfrutando de sentirla contraerse sobre su pulsante miembro y Dios, era dolorosamente placentero.

El precioso, pequeño y divino cuerpo bajo él se retorcía y temblaba entero. Soltó el agarre que tenía sobre las delicadas muñecas y metió sus brazos por debajo de ella para alzarla un poco, pegando la esbelta espalda a su sudoroso pecho.

Comenzó a repartirle besos en la nuca, cuello y hombro derecho sin dejarse de empujar contra ella, ayudándola a bajar del intenso orgasmo anal que acababa de darle y que parecía no tener fin

- Te amo tanto - susurró jadeante y con amor con el rostro enterrado en los perfumados cabellos de la reina.

Cuando todo cesó, se retiró con cuidado dejándose caer sobre la cama sintiéndose totalmente satisfecho y de inmediato, Regina se acomodó sobre su pecho, pero no sé recostó.

Le besó en los labios con amor y dulzura, de una forma especial en la que no había besado a nadie más que a él

- También te amo - le sonrió al verlo esbozar una involuntaria sonrisa y cerró los ojos suspirando llena de amor cuando una de las varoniles manos le acariciaron el rostro

- ¿Disfrutó su corona, Majestad? - preguntó y le fascinó ver que las sonrosadas mejillas se encendieron un poquito más

- Mucho - respondió besándole la barbilla - Pero fuiste muy cruel de hacerme esperar con ella todo el día para follarme por detrás - le reclamó

- No más que tú. Dejándome con las ganas de venirme en la camioneta - colocó su mano detrás de la cabeza de la reina - Por lo menos yo fui a follarte a tu oficina a mediodía - la empujó un poco hacia él y alzó el rostro para besarle la garganta

- Pero no me tomaste por detrás - renegó entrecerrados los ojos por los candentes besos - Te deseaba tanto por ahí - jadeó y se relamió los labios.

De pronto se vio de espaldas al colchón con el hombre de su vida sobre ella

- La corona se te veía hermosa y te sentó de maravilla haberla llevado todo el día - dejó un tierno besito en su nariz mientras le acariciaba el vientre con la mano derecha - Eso fue para que no se te olvide nunca que podrás ser la alcaldesa de Storybrooke, pero en realidad, eres la Reina - bajó tentativamente hacia la dulce intimidad y la sintió tensarse por un momento pero se relajó al instante

- Contigo nunca se me olvida que lo soy - alzó las manos para abrazarle por el cuello - Me haces sentir siempre tan única y especial - se mordió brevemente el labio inferior la decirlo.

Y literalmente, suspiró embelesada al verlo sonreír. El sheriff se inclinó y dejó un beso largo en su frente

- Es que lo eres, belleza. Eres la mujer más maravillosa del mundo y me siento sumamente honrado, dichoso y afortunado de poder estar a tu lado - ella le sonrió con amor y se volvieron a besar mientras las piernas de Regina envolvían el varonil cuerpo.

El sheriff se inclinó para tomar el lindo pezón izquierdo con su boca y lo chupó con ganas haciéndola gemir. Después, lo apresó con los dientes y lo mordisqueó un poco buscando aumentar las sensaciones y luego, tiró un poquito del mismo

- Sí - habló con ardor mientras se arqueaba ligeramente. El sheriff dejó su pezón izquierdo sólo para tomar el derecho y darle el mismo trato haciéndola retorcerse por el placer.

Y de pronto, el sonido del celular de Regina irrumpió en la candente atmósfera.

Lo había llevado con magia hasta el buró enseguida de su lugar en la cama cuando llegaron ahí. Trató de alcanzarlo, pero David la apresó por la cintura mientras repartía besos por su torso, estómago y vientre para acomodarla de nuevo, impidiéndole moverse de debajo de él

- Me estoy poniendo duro otro vez - anunció acariciando con sus dientes la suave piel de la reina quien decidió ignorar el llamado del móvil.

El príncipe descendió hasta la dulce intimidad y aspiró con fuerza el olor de la hermosa alcaldesa sintiendo su boca llenarse de saliva ante la anticipación de probarla y degustar el último orgasmo.

Acarició con la nariz el precioso sexo, depositó un besito ahí y la escuchó exhalar pronunciadamente para luego acomodar mejor y más abiertas las piernas, indicándole con ello que quería eso.

Y justo cuando su boca iba a hacer contacto con la intimidad de la alcaldesa, el celular sonó de nuevo.

Regina resopló con fastidio e invocó el aparato hasta su mano, pero él se lo arrebató respondiendo por ella

- ¿Sí? - preguntó

- David - la voz de la princesa se escuchó al otro lado - Soy Snow - aclaró porque estaba llamando desde el celular de Emma - ¿Está Regina? - preguntó

- Está ocupada - respondió sin dejar de mirar con intensidad a la reina quien le miraba con incredulidad y ligero enojo, pero antes de que pudiera regañarlo o protestar, él introdujo dos de sus dedos de un sólo empujón y la vio llevarse ambas manos a la preciosa boca para acallar el largo y alto gemido que se ganó con ello

- Sólo será un minuto. Necesito consultar algo con ella - dijo la maestra

- Es Snow - le dio el móvil a la reina quien alargó una temblorosa mano

- ¿Qué ocurre? - preguntó y oh, Dios… ¡no!, el maldito sheriff pervertido comenzó a penetrarla con los dedos y su cuerpo entero vibró

- Henry está congestionado y Emma no encuentra las indicaciones que le diste - Regina trató de quitar al príncipe, luchando por ponerse de lado, pero falló miserablemente. Recibió una pequeña nalgada como llamada de atención y no pudo evitar que un pequeño gemido se le escapara - Sabe que es alérgico a algo, pero no recuerda a qué medicamento en específico - él le abrió más las piernas - Te estoy llamando porque ella se niega a hacerlo. Está empeñada en encontrar la hoja donde lo anotaste - se escuchó ligeramente afligida.

David sacó sus dedos y los posicionó contra la entrada posterior de la reina

- Mmghh - apretó los ojos cuando la penetró con ellos

- ¿Estás bien? - preguntó la princesa extrañada

- Sí - la respuesta fue un tanto ahogada porque ahora empezó a lamerle el sexo - Es alérgico a la fenilefrina, denle algún antihistamínico que tenga-¡ah-nnn!- apretó los dientes esta vez y su respiración se aceleró porque ahora la estaba follando con los dedos y la lengua por sus dos orificios

- Regina… ¿Estás segura que estás bien? - preguntó frunciendo el ceño

- Ajá - respondió como pudo. Las piernas le temblaban y el vientre se le contraía - Sólo denle eso a Henry y estará bien - abrió la boca grande pero ningún sonido salió de ella cuando el sheriff lamió su clítoris. Se sentía a punto de estallar y ya no pudo más - Por favor - fue una pequeña súplica para ambos.

Para Snow, para que ya la dejara en paz y fuera a atender a su hijo, y para David, para que la llevara al orgasmo de una vez por todas.

Sin embargo, la forma en que lo dijo, le dio por fin lucidez a la princesa de lo que realmente ocurría al otro lado del teléfono

- ¡Oh, por Dios! - exclamó escandalizada y colgó de inmediato

- ¡Ahhhh! - apretó los ojos, soltó el celular y se arqueó por completo cuando David le concedió lo que pidió.

Se prendió de su clítoris literalmente y movió sus dedos con más rapidez

- Mmhhh, ¡AHHHH! - gritó alto mientras se venía y su cuerpo se agitaba casi con violencia provocado que los dedos del príncipe salieran de ella

- Hey - la tomó por la cintura con ambas manos mientras ella se seguía retorciendo presa del potente orgasmo y la observó fascinado.

Hasta que Regina se derrumbó sobre la cama, luchando por aliento, pero con una hermosísima sonrisa adornando su bello rostro

- ¡Eres el mejor! - gritó llevando las manos hasta su negro cabello y se lo aferró un poquito sintiendo besos y pequeños mordisqueos en la cadera izquierda. Se negaba a mortificarse por lo que Snow escuchó. Quién le mandaba haber llamado justo a esa hora. No estaba dispuesta a que eso arruinara el momento con su sheriff pervertido - David - le llamó y aguardó hasta que los hermosos ojos azules le miraron atentos y expectantes - Hazme el amor otra vez - pidió alargando sus manos hacia él.

Y esta vez, el príncipe no la hizo esperar.