En el capítulo anterior.
-Bell...-Un llamado rompió la burbuja donde el chico se encontraba,
-¿Uh?-Alcanzó a decir, volteando hacia donde alguien lo había nombrado.
Fue ahí donde vio de quien se trataba.
-¿Aiz?-
Volviendo al capítulo actual.
-¿Aiz?-Alcanzó a decir Bell al ver la figura de aquella chica de cabellos dorados e inexpresiva, aunque había un detalle un tanto inusual en ella... el sonrojo en sus mejillas y una mirada que delataba nerviosismo, el mismo que fue notado por el joven.
-B-Bell... Hola-Saludó Aiz mientras se acercaba al chico.
-¿Qué sucede señorita Aiz? ¿Necesita algo?-Preguntó Bell lo más calmado posible, no era mentira decir que verla aún causaba cierta incomodidad en su cuerpo, motivo por el cual ya no la veía con tanta frecuencia.
-N-No exactamente, no es que necesite algo de ti n-ni nada parecido-Respondió ella, mirando a un lado y tocando sus dedos índices.
Esto despertó la sorpresa del peliblanco, más viendo que literalmente ella lo estaba buscando, porque no parecía ser un saludo normal.
-¿Entonces a qué se debe que me estuviera buscando señorita Aiz?-Volvió a lanzar una pregunta el joven intrigado por las verdaderas intenciones de quien se encontraba enfrente suyo.
Aiz intentaba hablar, sin embargo, las palabras no salían.
-Y-Yo... quisiera...-Con un esfuerzo sobrehumano logró soltar esas dos palabras, no obstante, aún no terminaba su oración.
"Esto se está volviendo muy incómodo, es como si no se diera cuenta de lo qué pasa a nuestro alrededor" pensó Bell al sentir las miradas intensas en la dirección de ambos, expectantes a lo que sucedería a continuación.
"Lo dije una vez y lo volveré a decir, parece que nadie de Orario sabe lo que es disimular ni la privacidad, estoy tan nervioso que quisiera salir corriendo pero la gran cantidad de malentendidos más la mala impresión que le dejaré a Aiz me impiden hacerlo, no la odio, eso quedó en el pasado aunque me cuesta verla a la cara después de... eso" dijo en su mente el joven conejo, sintiendo una ligera presión en su pecho trae el breve recuerdo de lo sucedido en las murallas hace ya unos ayeres.
"Solo... tranquilízate y déjate llevar por el flujo de las cosas..." finalizó su diálogo interno con uno de los consejos que una vez su abuelo usó.
-B-Bell... yo quisiera invitarte a una cita ahora...-Esas fueron las palabras que salieron con tanta dificultad de los labios de la princesa de la espada.
-Y... adiós a mi tranquilidad...-Susurró Bell convirtiéndose en un tomate de un momento a otro tras aquella propuesta.
-¿Uh?-Preguntó Aiz al alcanzar a escuchar lo que dijo el joven.
-N-No es nada...-Respondió, tratando de retomar la compostura perdida hace unos segundos.
-E-Entonces... ¿C-Cuál es tu respuesta, Bell?-Insistió ella, queriendo saber la decisión que Bell tomaría.
Las miradas a los alrededores se intensificaron con mayor fiereza, entre ellas se mezclaban varias cantidades de emociones, celos principalmente, sin embargo, dos miradas en específico reflejaban otros sentimientos, entre ellos tristeza y enojo.
Bell tuvo que ignorar el ambiente pesado que se había creado de la nada para poder dar su respuesta a la expectante princesa de la espada.
-Y-Yo... ammm n-no sé...-Las palabras simplemente parecían no poder salir de su cuerpo, de su boca.
La expresión esperanzada de Aiz poco a poco iba perdiendo brillo con el paso de las palabras de Bell, las cuales apuntaban a rechazar la propuesta directamente.
"N-No sé qué hacer, además ¿Por qué quiere salir conmigo? No tiene sentido, ella misma dijo que no tenía esa clase de sentimientos por mi, no concuerdan sus palabras con sus actos" Su debate interno comenzaba, tratando de buscar una razón por la cual aceptarla o rechazarla.
-¿N-No puedes?-Preguntó ella un tanto decaída.
-No se trata de poder o no, es que...-El peliblanco intentaba excusarse y la intimidación de las personas a su alrededor lo hacían flaquear.
-Y-Yo...-
-C-Creo que...-
Suspiró con temor y con su aire saliendo difícilmente.
-Acepto...-Dijo sin ganas, rindiéndose ante la presión.
La respuesta hizo que los ojos de Aiz comenzaran a relucir como si estrellas nacieran de los mismos.
Levantó su rostro y dijo...
-¡Ven, acompáñame!-Con alegría desbordante y una sonrisa que nunca había visto en todo el tiempo que había pasado con ella en anteriores ocasiones.
-¡E-Espera!-Trataba de detenerla, ya que corrió a gran velocidad, con la intención de que él fuera detrás suyo.
-¡Maldición!-Finalizó, haciendo justamente lo que la rubia quería.
"No tengo opción, si quiero saber el fondo de esto, debo seguirle el juego, no quiero que haya ningún malentendido entre nosotros nuevamente, espero que anda malo suceda" pensó, perdiéndose a la distancia.
Perspectiva de Riveria.
La alta elfo de la familia Loki miraba a la lejanía a su "hija", la cual estaba intentando invitar a Bell a una cita.
Desde hace varios días, o mejor dicho, desde que Tiona salió con Bell y esta le confesó sus sentimientos, Aiz ha querido invitar al joven para lograr retomar lo perdido.
Aiz no la había pasado bien desde que sus intenciones más egoístas salieron a la luz por error, causando así que, la persona en cuestión, a la cual ella consideraba realmente cercana e importante, se distanciara de ella, dejando un hueco muy profundo dentro de su alma, dentro de su corazón.
Sin embargo... nada de ese dolor, el cual estuvo dispuesto a aceptar por alcanzar su meta, se comparó al dolor sentido cuando se enteró que cierta chica amazona de su misma familia comenzó a enamorarse de Bell y lo peor era como se estaban relacionando ambos, de una forma en la que nunca pudo hacerlo con él.
En resumen, el tiempo siguió pasando y Aiz continuaba con miedo de hacer un movimiento después de su disculpa antes del juego de guerra, cabe recalcar que, a pesar de haber sido disculpada y así las cosas volvían a estar en buenos términos, la realidad es que nada era igual, no tenían la misma interacción que antes, cada vez se distanciaban aún más y como si fuera inversamente proporcional a ello, la cercanía entre Tiona y Bell era mayor con el paso de los días, haciendo que Aiz sintiera algo nuevo... celos y no solo celos, tristeza e impotencia al ver como era dejada atrás.
Tras una gran explosión de emociones, por fin decidió mover su pieza en el tablero, no dudaría más.
Y eso es lo que nos trajo aquí.
-B-Bell... yo quisiera invitarte a una cita ahora...-Esas fueron las palabras que salieron con tanta dificultad de los labios de la princesa de la espada.
"Sí lo dijo, aún cuando pensaba que no lo haría, es realmente sorprendente, en verdad quiere esforzarse para recuperar a Bell, pero... ¿Es recíproco el sentimiento?" Pensó la alta elfo, observando con detenimiento la situación y esperando a que la respuesta fuera dada.
Pasaban los segundos, se convirtieron en minutos y Bell no daba su respuesta.
"Debo detener esto, se ve acorralado, casi obligado a responder, esto no debe ser así" Se dijo a sí misma, intentando avanzar pero una mano la detuvo.
-No lo hagas, Riveria, si vas a actuar como su madre, debe hacerse responsable de sus decisiones-Le dijo su Diosa, sin soltarla.
-¿Loki? ¿Desde cuando...?-Iba a preguntar cuánto tiempo llevaba ahí y como se enteró de lo que ocurría pero la diosa pelirroja la Interrumpió.
-No le mientas a una mentirosa, así de simple, he de admitir que si ese niño hace sufrir a mi Aiz tendré ganas de hacerle pasar un infierno, no obstante, él no está obligado a corresponderle y debo tomar en cuenta ello, respetar su decisión-Dijo Loki, con un rostro serio aunque lleno de tranquilidad y calma.
-Acepto...-
Tanto Loki como Riveria escucharon la respuesta, aunque lograron percibir que no era el verdadero sentir del peliblanco.
-Le ganó el ambiente, pensé que sería más fiel a sus sentimientos y la rechazaría, en fin, a ver como se desenvuelve todo esto, vamos a seguirlos Riveria-Comentó la diosa, yendo al lado contrario de donde ambos chicos se dirigieron para rodearlos.
-Espera Loki, tenemos que darles privacidad, no podemos interferir ni interrumpirlos-Riveria trató de detener a su diosa pero sus esfuerzos fueron inútiles.
-Ibas a seguirlos, no puedes mentirme, así que deja de actuar como la madura y sería elfo, apresurémonos-Finalizó Loki, dejando sin habla a su hija.
-De acuerdo-Fue la respuesta dada, haciendo caso a su diosa.
Y de esa forma dos espectadoras estarían presentes en la cita.
Por parte de Freya, desde lo alto de Babel.
Freya, a pesar de estar feliz hasta hace unos segundos, su estado de ánimo era de una ira y celos desbordantes en este mismo instante.
¿El motivo?.
Simple... mientras veía desde su gran mirador al causante de sus suspiros de amor, se topó con una escena indeseada.
Él... estaba con Aiz.
Eso no era todo, miraba el movimiento de los labios de ambos y lo que platicaron únicamente la hizo enfurecer más.
-Freya-Sama... ¿Se encuentra bien?-Preguntó Helun, al compartir los sentimientos de su diosa pudo percibir el enojo que nacía dentro suyo.
-Helun... síguelos, quiero saber todo detalle de primera mano de lo que harán esos dos-Ordenó Freya, con la voz quebradiza, apretando su puño derecho con fuerza pero sin perder la máscara de su rostro que demostraba una gran seriedad.
-De acuerdo, Freya-Sama, yo me encargaré-Dijo la chica, alejándose rápidamente para no perderlos.
Sola en su habitación, sentada en su trono, sin quitar ni un segundo sus ojos de Bell, ella soltó unas pequeñas lágrimas.
-Mentiroso...-
-Eres un mentiroso...-
-Dijiste que te quedarías conmigo...-
-Y te vas con esa maldita niña de Loki...-
-No te lo puedo perdonar...-
-Justo unos instantes después de que me pediste salir contigo...-
Todo esto era dicho por ella, tapándose el rostro con las palmas de sus manos y limpiando las lágrimas de sus mejillas y pómulos.
Sin embargo, notó algo una vez que sus manos dejaron de cubrir sus ojos.
-Él... Parece p-preocupado... ¿P-Por qué? ¿N-No debería estar feliz porque está saliendo con su amada princesa de la espada?-Se preguntó a sí misma, viendo la indecisión y la mezcla de sentimientos que se producía dentro del peliblanco.
-A menos que...-Se dijo, llegando a una pequeña hipótesis de esto.
Su llanto cesó.
-Tranqulizate Freya, no nos apresuremos, él no haría eso, mi conejito no haría eso... debe haber una razón, Helun, estaré esperando por ti para saber lo que sucedió-Finalizó esperanzada con que lo que se estaba imaginando no fuera real.
-Mi Odr no me haría eso...-Dijo, posando ambas manos en su pecho.
Volviendo a la cita.
Ambos corrían, Bell trataba de alcanzarla, no tenía idea alguna de a donde se dirigían o qué es lo que harían en su "cita".
Hasta que de pronto, Aiz saltó a lo alto de las murallas de Orario, lugar que ambos conocían perfectamente.
Él la siguió, haciendo lo mismo.
Pum
Sus pies tocaron el suelo, la rubia caminó unos metros más y volteó por primera vez desde que la persecución había dado inicio.
-E-Es aquí...-Dijo la princesa de la espada, dando un paso a un lado y revelando lo que tenía preparado.
En el suelo había una manta de color amarillo y blanco, encima de ella, una cesta con lo que parecía ser comida y unos platos. A un costado de la comida, habían un par de dagas y una funda de espada, la cual pertenecía a la de Aiz.
-¿Te gusta?-Preguntó la chica un tanto sonrojada.
-¿Piensas hacer que comamos primero y luego matarme?-Respondió Bell la pregunta con otra más.
-¿Uh? ¿Matarte?-Cuestionó Aiz, sin entender a lo que su acompañante se refería.
-Es que, no creo que dagas y una funda de espada esa algo que traerías a una cita, o al menos eso pienso-Contestó el peliblanco, un tanto a la defensiva.
-¿Eh? ¡N-No es para eso! E-Es que yo nunca he tenido una cita y... es lo único que se me ocurrió...-Respondió ella actuando como una niñita apenada.
-Q-Quisiera volver a entrenar contigo como antes...-Agregó.
Bell, al ver esto, únicamente camino hacia ella.
Se sentó en la manta y preguntó con un tono de voz alegre.
-¿Qué comeremos antes de entrenar?-
Esto inyectó un tanto de felicidad en ella, quien hizo lo mismo.
-Traje varios sabores de Jagamarukun, hay con Crema de Azuki y los normales-Dijo Aiz, sacando las croquetas de papa mientras las sostenía con una servilleta.
Ella le entregó uno a Bell y tomó uno para ella misma.
-Veo que en verdad amas los Jagamarukun-Opinó el chico riéndose ligeramente antes de darle una mordida a su comida.
Aiz asintió en repetidas ocasiones ya que su boca estaba ocupada como para decir que sí.
De la misma canasta, sacó unos vasos y una pequeña jarra con jugo de piña, sirviendo el líquido en los mismos y dándole uno a Bell.
-¿Cómo supiste que es mi favorito?-Preguntó el peliblanco, tomando un sorbo.
-Siempre he visto que lo pides... no entiendo por qué, prefiero el jugo de moras, pero cada quien sus gustos-Respondió ella, bebiendo un poco de su jugo.
-Ya veo...-Fue lo único que dijo Bell ante ello.
Y la cita continuó así hasta que la comida se terminó.
Perspectiva de Helun.
Ella miraba detalle a detalle lo que sucedía, sin apartar un segundo la mirada, en su mente Garfias ideas se hacían y ninguna estaba cerca de ser la correcta.
Muchos escenarios, muchas posibilidades, varios sentimientos encontrados, no era difícil saber lo que ella estaba sufriendo en ese momento.
-Mi corazón me duele al verla con ella... se supone que él tiene a Freya-Sama, se supone que estos sentimientos perteneces a mi diosa, entonces...-Se decía ella misma, al mismo tiempo que sentía una punzada en su pecho, en su corazón, por lo cual posó su mano derecha en ese lugar.
-Entonces... ¿Por qué me duele tanto?-Susurró esto último, con un dolor considerable y un rostro que combinada el enojo con la tristeza.
-No quiero seguir viendo esto, pero sé que si dejo de verlo algo puede suceder, debo ser fuerte... debo... enterrar estos sentimientos...-Continuaba su monólogo interno, mientras su respiración empezaba a ser irregular hasta el punto de dificultarse.
-No puedo... no puedo amar al mismo hombre que Freya-Sama...-Finalizó.
Salió de su mundo cuando la princesa de la espada, al igual que Bell, se pusieron de pie y cada uno tomó una de las armas.
Adoptaron una posición de combate y así dio inicio a su "entrenamiento".
Perspectiva de Riveria y Loki.
-Así que... ¿Una cita en las murallas mientras luchan? ¿No se te ocurrió enseñarle un poco sobre las citas?-Preguntó Loki, con una cara un tanto decepcionada.
-¿Qué querías que hiciera? Ella quiso esto, además, no es como si yo tuviera experiencia en citas ¿Recuerdas?-Respondió Riveria, obviando la situación.
-Ya sé, ya sé, pero entre todos los libros que haz leído ¿No había alguno sobre citas? ¿La perfecta Riveria no se interesa en el romance?-Loki siguió interrogando a su hija.
-Estamos aquí para ver lo que sucede con Aiz, no para hablar de mi, así que haz silencio o descubrirán que ella estamos observando-Opinó con cierto enojo la alta elfo.
-Ya, ya, hasta ahora va todo normal, esperemos que no pase nada malo-Fue el último comentario de Loki antes de guardar silencio.
Nuevamente en el entrenamiento.
*¡Clang!*
*¡Clink!*
*Paw*
El sonido de metal y golpes resonaban a las cercanías de las murallas ¿La causa? Simple, la princesa de la espada de la familia Loki luchaba con el pequeño novato de la familia Hestia.
Este último sostenía ambas dagas que fueron prestadas por Aiz, bloqueaba los ataques y contraatacaba con la mayor velocidad que le fuera posible, no obstante, su fuerza como nivel 6 hacía casi imposible que los golpes del joven peliblanco dieran en el blanco, mientras que ella reducía su fuerza para no dañarlo.
Aún si estaban en un enfrentamiento, Aiz lucía... feliz... su sonrisa no desaparecía en ningún momento, ella realmente extrañaba eso, no pelear claro está, si no pasar el tiempo con quien consideraba una persona especial e importante en su vida.
-Haz mejorado...-Comentó Aiz, dándole un cumplido a quien era su contrincante.
*¡Clang!*
-He estado entrenando mucho y me he visto envuelto en diferentes situaciones que amerizaban aumentar mi fuerza, me alegra saber que dieron frutos-Contestó, bloqueando el estoque con una de las dagas y lanzando un corte con la segunda.
*¡Slash!*
El viento fue lo único en ser cortado.
Bell tras eso dejó una pequeña apertura, la cual fue aprovechada por Aiz.
*¡PUM!*
Una fuerte patada fue dada en la cara de Bell, mandándolo a la lona.
"Ahh... definitivamente no extrañaba esto" se dijo a sí mismo antes de que su vista se nublara.
En ese instante, la causante de eso, tomó la cabeza del chico y la puso en su regazo.
Acariciaba los cabellos blancos con gracia y tranquilidad, mirándolo al rostro dormido/noqueado, una tranquilidad inmensa llenaba su ser.
-No quiero alejarme de ti... Bell-Susurró ella.
A la lejanía, desde dos puntos distintos, se tenían diferentes perspectivas.
Helun, ella estaba al borde del llanto, sus piernas no soportaron el temblor y cayó sentada al suelo.
Riveria miraba con una sonrisa un tanto preocupada a ambos, se alegraba de ver feliz a Aiz, no obstante, el noquear a Bell no le parecía algo idóneo, pero lo dejó pasar.
Loki era la única que se mantenía serena y en silencio.
Tras unos segundos, Bell se despertó, por primera vez lo hacía en poco tiempo.
Al abrir sus ojos, vio el rostro de Aiz junto al suyo.
Esto hizo que se avergonzara y se alejara de ella unos cuantos centímetros, con clara pena en su semblante.
-¡¿P-Por qué estaba tu cara tan pegada a la mía?!-Preguntó el peliblanco mientras su rostro completamente rojo era observado por las presentes.
-Y-Yo... Ammm...-Trató de justificarse la princesa de la espada aunque no encontraba qué decir.
El chico se puso de pie al igual que su acompañante.
-Señorita Aiz... hay algo que deseo preguntarle desde el inicio de nuestra "cita"-Confesó Bell con un tono serio, su cabello cubría sus ojos.
El ambiente de quietud y calma se quebró tras eso.
-¿Bell? ¿Qué sucede?-Preguntó Aiz, acercándose a él y extendiendo su mano para alcanzarlo.
-¿Por qué me invitó a esta cita señorita Aiz?-Fue la duda que tenía el joven aventurero.
El semblante de la pelidorada fue cambiado por uno que dejaba conocer una gran intranquilidad.
-Y-Yo... quise salir contigo porque...-Reunía valor para dar su respuesta, por algún motivo no sabía el motivo por el que lo hizo.
"Esto es malo" pensó Riveria.
Helun volvió a ponerse de pie ante lo que estaba por pasar.
-Señorita Aiz... no sé si dejé claro lo que sentía la última vez que nos vimos en este lugar, así que lo repetiré...-
-Yo... yo la amaba...-
El verbo en pasado hizo que un fuerte dolor se sintiera en el corazón de la expectante y silenciada Aiz.
-Desde que al conocí... mi deseo fue estar con usted...-
-Día y noche me esforzaba para ser lo suficientemente fuerte para poder caminar a su lado como su igual...-
-Mi anhelo era usted... señorita Aiz...-
-En el momento que me tracé como meta ser igual de fuerte, fue cuando mi crecimiento se aceleró...-
-No estoy seguro de a qué se haya debido, sin embargo...-
-Todo comenzó ahí...-
-Todo comenzó con usted...-
-Pero conocerla más a fondo hizo que mis sentimientos se hicieran cada vez más fuertes...-
-Y sin darme cuenta... comencé a amar todo de ti...-
-Tu sonrisa ligera y casi imperceptible...-
-El olor a frutas de tu cabello dorado, el cual penetraba en mi nariz cuando me hacías almohadas de regazo-
-Tu gran amor por los jagamarukun, tanto así que juro haberte visto comer 20 una vez...-
-Cada pequeño detalle... lo amé...-
Las lágrimas caían de los ojos de Bell, quien tenía una pequeña sonrisa al recordar esos momentos.
-Sin embargo... comprendí que el único enamorado... era yo...-
-No la odio por hacer lo que hizo, sabía que la posibilidad existía...-
-Yo mismo me mentí... yo fui quien tuvo la esperanza de que usted pudiera estar sintiendo el mismo amor hacia mi como el que yo siento hacia usted...-
-Aunque fue mentira... fue una linda mentira...-
Tomó un poco de aire antes de continuar, la princesa de la espada había bajado el brazo y sostenía su pecho con ambas palmas de sus manos.
-Solamente un sueño... del que tarde o temprano debía ser despertado...-
-Y así fue...-
-Tras ese día...-
-Todas las noches despertaba por las pesadillas en las que se recreaba la escena una y mil veces-
-Cada una de ellas me hacía preguntarme si en verdad me merecía esto...-
-Hasta que comprendí que no puedo amar a alguien sin antes amarme a mi mismo...-
-Mi felicidad no puede depender de una persona más que de mi mismo...-
Tomó una última pausa y lanzó nuevamente su pregunta.
-¿Por qué me invitó a esta cita señorita Aiz?-
La princesa de la espada miraba al suelo sin mediar palabra alguna, hasta que supo que no tenía otra opción que decir algo.
-Yo... yo no quiero que te alejes de mi...-Respondió mientras lágrimas se deslizaban por pómulos y mejillas.
-Entonces... no me invitaste porque me quisieras... lo hiciste porque pensaste que nunca me perderías y gracias a eso hiciste un esfuerzo para retomarme...-Opinó él.
Tomó un poco de aire y levantó su mirada en dirección a la chica a la que iban las palabras.
-Yo... como le dije, no tengo planeada abandonarla, quiero seguir siendo su amigo...-Agregó.
Aiz levantó su rostro.
-¡E-Entonces tú...!-Iba a decir algo aunque fue interrumpida.
-Pero solo su amigo...-Finalizó Bell esa oración.
El silencio se hizo presente en mayor medida.
-Estoy empezando a enamorarme nuevamente... y no quiero hacerle ilusiones señorita Aiz...-Dijo el chico para romper el ambiente, deseaba ser sincero con ella.
La rubia frunció el ceño ante ello, aún si no sabía lo que era el amor, era consciente de que aquel sentimiento no era dirigido a su persona, es más, sabía perfectamente quien era la que despertó nuevamente el amor dentro de Bell.
-Mi corazón está en dudas... ni siquiera yo sé lo que haré con esto que siento... solo una cosa es segura... no retrocederé... iré hasta las últimas consecuencias para saber la resolución de mi sentir...-Continuó, mientras que en su mente dos figuras cruzaban, esperen... ¿Tres?.
Esto tomó desapercibido a Bell, sin embargo, debía ser ignorado por el momento.
-Así que... señorita Aiz... lo único que puedo ofrecerle en este instante, es mi amistad, es libre de aceptarla o rechazarla, no obstante, no creo volver a sentir amor por usted, lo lamento enormemente-Se disculpó Bell, extendiendo su mano e inclinándose.
La princesa de la espada se mantuvo en silencio, sin considerar tomar la mano del peliblanco, recordando lo que vivió con él.
Sus cesiones de entrenamiento.
El día en Rivira.
Su plática en la media noche en Rivira.
El día en que lo conoció...
Pocos momentos, claro está, pero habían llenado su alma y apaciguado esa llama oscura dentro e su ser.
"Yo... ¿Yo lo amo?" Se preguntó.
Todas sus sonrisas.
Su tranquilidad.
Una pequeña felicidad presente cada vez que estaba con él.
"Yo... yo lo perdí... solo me queda esto..." pensó.
"Ya perdí su amor... no quiero perder su amistad también..." se dijo a sí misma, al parecer, su resolución... su resignación... fue alcanzada.
Tomó la mano del chico y dijo lo siguiente.
-No quiero perderte... así sea como amigos...-
Una sonrisa pura se dibujó en su rostro, sorprendiendo a propios y extraños.
-Aiz...-El chico la nombró con sorpresa por la actitud que ella tomó.
-Bell... se feliz...-Dijo ella, soltando el agarre y alejándose a trote lento.
A lo lejos la veía, como se iba.
-Esto es lo mejor... me alegra que lo haya tomado de buena manera...-Se dijo a sí mismo, mirando su mano.
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En algún lugar de Orario.
Aiz se encontraba sentada en las ruinas de donde antes se encontraba la sede de la familia Hestia.
Una mirada tranquila hacia la nada, lanzando algunas rocas para distraerse.
-¿Aiz?-Preguntó una voz detrás suyo.
-¿Riveria?-Dijo la chica al ver de quien se trataba.
-¿Te encuentras bien?-Lanzó la pregunta la alta elfo, preocupada por ella.
-¿Por qué no lo estaría? Sé que vieron mi cita con Bell, creo que saben que estoy feliz por poder seguir siendo amiga suya, sí, las cosas no volverán a ser como eran antes pero al menos se mantendrá al lado mío y...-Se justificaba Aiz, hablando rápidamente, algo que nunca había presenciado Riveria, aunque... fue interrumpida.
-Aiz... ambas sabemos que no estás siendo sincera...-Dijo la elfo.
Tal parece que fue el punto de quiebre.
-Yo... yo lo amo... Riveria, yo lo amo... pero lo entendí demasiado tarde...-Respondió con la voz quebradiza y lágrimas naciendo.
-Aiz...-Nombró Riveria mientras se acercaba.
-Yo amo a Bell Cranel...-Dijo.
-¿Uh? ¿Qué es esto...?-Se preguntó al sentir como pequeñas gotas de agua caían al suelo.
-¿Son lágrimas?-Hizo nuevamente una pregunta para sí misma.
-Sí, son lágrimas-Contestó su "madre", ya junto a ella.
-Lágrimas...-Susurró.
De pronto, muchas gotas comenzaron a caer al suelo en repetidas ocasiones.
*snif*
*snif*
*snif*
Sollozaba la princesa de la espada, Riveria no pudo soportar verla así y la abrazó.
El llanto seguía sin cesar, al contrario, aumentaba con el paso de los segundos.
Quien fungía como su madre solo podía abrazarla y acariciarle su cabello, tratando de tranquilizarla.
-Riveria... duele... duele...-Le decía.
-Déjalo salir...-
Tras ese último consejo... se quebró completamente.
Gritos ahogados por el rostro enterrado en la ropa de Riveria eran oídos.
Ella se quedaría ahí el tiempo que fuera necesario, así fueran días, no se alejaría de Aiz, no la abandonaría, su hija la necesitaba.
Mientras tanto, Loki, quien escuchaba la conversación entre ambas, únicamente dijo algo al aire.
-Debemos aprender a vivir con nuestros errores y responsabilizarnos de nuestras decisiones, así sean buenas o malas...-
-Ojalá ese dolor dentro de ti sane pronto, Aiz-
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