La serie de Once Upon a Time y sus personajes aquí mencionados no me pertenecen.

Muchas gracias a todo aquel que se ha animado a leer esta serie de capítulos donde no hay más que nuestro amado #EvilCharming dándose hard. Gracias por los likes, follows, estrellitas, kudos y muy especialmente a quienes se han animado a dejar comentarios jeje.

Y bueno, hasta el capítulo pasado era el punto en el que la pequeña historia estaba planeada, pero luego llegó HeraHH y me dejó un prompt por ahí para esta serie.

Mi querida HeraHH, muchas gracias por el prompt y espero disfrutes el resultado del mismo.

También espero sea del agrado de quien lo lea y que sepan perdonar cualquier error.

No se les olviden las advertencias…


La tarde comenzaba a caer en Storybrooke. El sheriff llegaba a la alcaldía antes de la hora oficial de la asamblea que se celebraría a las seis en punto. No muy temprano, pero tampoco muy tarde. David consideraba que era la hora perfecta y por eso se había adelantado un par de minutos.

Su bella novia, la alcaldesa de Storybrooke, habría pronto de presentarse en el salón de la alcaldía para dar inicio a dicha asamblea como era su deber

- Hola, Ashley - saludó a la secretaria de Regina guiñándole un ojo.

La rubia princesa levantó la mano para saludarle y soltó un pequeño suspiro al verlo pasar. No tenía casi alguno anunciarlo, a la reina jamás le molestaba que él llegara de imprevisto. Siempre lo recibía. Sin excusas, ni pretextos.

Así que, el hecho de que la alcaldesa se estaba preparando para la asamblea, no era impedimento para dejarle pasar sin anunciarle, aunque le hubiera dicho explícitamente que no quería interrupciones.

Se mordió el labio inferior dudando por un momento después de esa reflexión, pero fue demasiado tarde, la puerta de la oficina se abrió y cerró tras el apuesto sheriff

- Estoy muy ocupada, Ella. ¿Qué sucede? - preguntó Regina con la vista clavada en los papeles que tenía sobre el escritorio.

En realidad todo estaba listo ya, pero estaba repasando que las cosas estuvieran en orden de acuerdo a la agenda que había planeado minuciosamente para ese día

- ¿Estás muy ocupada para mí también? - preguntó David con una enamorada sonrisa en los labios y pudo ver la hermosa expresión de sorpresa con la que su bella novia le volteó a ver.

Era inexplicable lo sumamente orgulloso que el príncipe estaba de la reina, no sólo porque esa mujer tan bella, magnífica y poderosa estuviera con él, sino que, le fascinaba lo responsable que era, lo mucho que amaba su trabajo y lo bien que lo hacía.

Además, nunca, bajo ninguna circunstancia, descuidaba a Henry quien era ya un adolescente y estaba en una etapa un poquito difícil.

Y qué decir de su faceta como novia. David no tenía ni una sola queja, era increíble, maravillosa, simplemente la mejor…

Se consideraba el hombre más afortunado por tener la dicha de amar a esa mujer en particular y también, de ser testigo de lo mucho que ella podía amar, de ese amor tan bello, puro y profundo que tenía dentro.

En verdad le asombraba lo capaz que era la reina de amar sin restricciones después de todo ese horrible pasado lleno de oscuridad, traiciones, desamor y dolor.

Tenía sin duda alguna, el corazón más resiliente que jamás había existido. Regina era una mujer realmente asombrosa en todos los aspectos de la cual, David estaba muy, muy orgulloso

- Mi amor - le sonrió alegre. Lo vio caminar hacia ella rodeando el escritorio por lo que giró la silla, alzó los brazos para tomarle el apuesto rostro con las manos y lo acercó a ella para besarlo - Nunca estoy muy ocupada para ti - le sonrió de nuevo acariciándole las mejillas con los pulgares y le dio otro beso largo, soltando también un suspiro en medio del mismo.

Después lo dejó y se volvió hacia su escritorio

- ¿Cómo vas? - preguntó David con genuino interés

- Ya tengo todo listo - dijo muy orgullosa de sí misma mientras cerraba la carpeta que la acompañaría en la asamblea

- La gente ya está empezando a llegar - dio un paso hacia la ventana que abrió y efectivamente, había más personas arribando al lugar de las que vio cuando él llegó

- Faltan diez minutos - se puso de pie y se acomodó el elegante y entallado vestido gris que llevaba.

Diez minutos. No necesitaba más…

- Te ves hermosa - caminó hasta ella poniéndosele enfrente y la tomó por las caderas pegándola a él mientras se mordía el labio inferior sugestivo

- Gracias - le sonrió de la misma forma poniéndole las manos en el amplio pecho y le miró hacia arriba, coqueta y provocativa

- Pero te falta algo muy importante, Majestad - le dijo alzando una ceja y le encantó la forma en la que Regina frunció tantito el ceño en clara señal de no entender.

La giró sin previo aviso haciéndola soltar una pequeña exclamación de sorpresa. La aferró de la cadera con la mano izquierda para sostenerla y la derecha la uso para indicarle que se inclinara sobre el escritorio.

Le acarició la espalda viendo fascinado como ella lo hacía a pesar de no saber qué sucedería

- ¿Qué pretendes? - preguntó un tanto confundida y molesta porque ya casi era hora de la asamblea, no podían ponerse a follar en ese momento - David… - trató de llamarle cuando le sintió subir su vestido - Me encantaría hacerlo, pero no hay tiempo - le recordó, aunque si se tratara de elegir, prefería quedarse ahí teniendo el sexo más maravilloso que había tenido en toda su vida y del cual el príncipe era el proveedor

- Sólo te estoy ayudando a estar lista para tu asamblea - le dijo mientras le bajaba la sexy ropa interior un poco, lo suficiente para dejar el divino trasero al descubierto

- ¿Me vas a dejar en las ganas? - rio un tantito nerviosa ante el pensamiento porque no se imaginaba dando la asamblea así - Si esa es tu idea te advierto que no me iré de aquí sin mi orgasmo - habló muy segura de sí misma, pero de pronto, abrió sus ojos grandes - ¡David! - volteó a verle espantada

- Shhh, relájate - pidió mientras empujaba gentilmente el lubricado juguete en la entrada posterior de Regina quien mantenía la hermosa boca entreabierta - No puedes dirigir esa asamblea sin tu corona puesta, reinita - habló con algo de excitación en la voz y ella gimió alto cuando la parte más ancha pasó el apretado anillo de músculos, después se estremeció de pies a cabeza cuando terminó de empujar el plug anal hasta que sólo la base que llevaba la hermosa amatista siberiana, quedó visible - Ahora sí, estás lista, Majestad - tomó la ropa interior y la subió

- No, David… - habló algo mortificada y se irguió mientras él le bajaba el vestido poniéndolo en su lugar - No voy a poder - susurró mientras aferraba la orilla del escritorio con las dos manos y apretaba los muslos porque no podía evitar contraerse sobre el pesado y frío metal que tenía dentro en esa parte de su anatomía que le traía un placer inexplicable

- Claro que podrás - le dijo envolviéndola por la estrecha cintura con el brazo izquierdo mientras con el derecho alcanzó la carpeta.

Jaló a la reina hacia él haciéndola erguirse. Le dio la carpeta que ella tomó de inmediato y aferró entre delicadas manos apretándola contra el pecho mientras jadeaba pesado.

Besó el precioso cuello con erotismo mientras le acariciaba el trasero con la mano derecha

- Es hora - le habló ronco al oído y le dio una pequeña nalgada haciéndola dar un saltito involuntario y la soltó

- Esto no se va a quedar así, David Nolan - advirtió volteándole a ver con el ceño fruncido

- Ten por seguro que no, señorita Mills - le sonrió con perversión.

Caminaron hasta la puerta que llevaba directo al salón de la asamblea

- Te amo - le susurró con amor besándole la mejilla derecha

- También yo a ti, pero en este momento, no eres mi persona favorita - volteó al frente indignada mientras la puerta se abría y salió de ahí.

David se mordió el labio inferior encantado y se dio la vuelta para salir por la puerta principal de la oficina, dirigiéndose al salón de la asamblea por la entrada oficial.


Regina tomó aire profundamente y se sentó en el escritorio.

Prefirió ignorar que el lugar estaba lleno y que ella era el centro de atención mientras llevaba un maldito juguete anal puesto.

El problema no era la temperatura del metal, de hecho ya se había calentado, el verdadero problema es que el más mínimo movimiento la estimulaba, no podía pensar siquiera en llegarse a contraer sobre "su corona" porque estaba segura que iba a gemir.

Y lo peor, oh, Dios, lo peor de todo, es que el maldito sheriff pervertido estaba hasta atrás del lugar, de brazos cruzados y mirándola sugestivamente.

Sintió sus mejillas arder furiosamente y se contrajo, no lo pudo evitar. Saber que sólo ella y él sabían lo que en realidad estaba sucediendo a pesar de la cantidad de personas presentes, le parecía muy excitante.

Esa sensación de estar haciendo algo prohibido y correr el riesgo de ser descubierto… Su intimidad comenzó a palpitar con intensidad haciendo que fuera más urgente la necesidad de contraerse.

Iba a ser una verdadera tortura aguantar una hora así.

Respiró hondo un par de veces y decidió comenzar. Habló de los aspectos generales de la reunión y después, fue abordando punto por punto con la mayor calma que le era posible dadas las circunstancias. Y todo parecía ir bien, o al menos de la mejor manera tomando en cuenta que en su entrada posterior tenía metido un plug anal mientras hablaba, hasta que alguien decidió opinar.

Ay, no…

Una cosa era hablar y tratar de ignorar a los presentes y otra muy diferente tener que responder preguntas, es decir, entablar una conversación con alguien mientras David veía muy interesado desde el fondo haciéndole saber una vez más que sabía lo que estaba pasando con ella.

Con un demonio…

- ¿Señorita Mills? - la llamó Archie que al parecer había tocado un punto muy importante respecto a las leyes de los animales en la ciudad con la pregunta que había hecho y que Regina, no escuchó por estar pensando en lo que el sheriff pervertido le hizo antes de comenzar la asamblea.

Le lanzó una breve mirada fulminante al príncipe quien le sonrió socarrón y después, volteó a ver al psicólogo que se había puesto de pie

- Una disculpa - sonrió fingidamente, no porque el grillo le cayera mal, sino que ¡no se estaba divirtiendo en lo absoluto! Se relamió los labios - No escuché bien su pregunta - se aclaró la garganta y se irguió lo mejor que pudo provocando que el bendito juguete la estimulara, pero apretó los labios y un poquito los ojos impidiéndose a sí misma soltar un gemido

- Comentaba que es importante establecer que, bajo ninguna circunstancia, debe ser tolerable el maltrato animal - volvió a externar su petición

- ¿De qué hablas, hermano? - Leroy irrumpió en la plática - Todos los animalitos del bosque tienen preferencia en esta ciudad - alzó las manos en un ademán de parecerle imposible lo que escuchaba

- Pongo no opina lo mismo - masculló Archie y el sonido del mazo los hizo voltear a ambos hacia la alcaldesa

- Señor Hopper. Me interesa mucho saber de dónde viene esta inquietud suya y revisar más a detalle la situación. Lo espero a usted y a Pongo mañana en mi oficina - ofreció y el psicólogo asintió agradecido tomando asiento de nuevo.

La reina retomó su discurso, pero sin darse cuenta, iba a un ritmo un poco más apresurado del normal, aunque no lo estaba haciendo nada mal, pero provocó que alguien le pidiera repetir algunos puntos.

Emma se acercó a David y se cruzó de brazos parándose enseguida de él, adoptando la misma pose sin darse cuenta. Después de todo eran padre e hija, y eran muy parecidos

- Pareciera que quiere terminar lo antes posible - rio divertida mirando a la novia de su padre y madre de su hijo

- Lo está haciendo bien - sonrió de medio lado porque a decir verdad estaba aguantando mucho más de lo que pensó, aunque no pasaba desapercibido para él que su hermosa reina estaba sufriendo en verdad.

Tenía las mejillas adorablemente encendidas y el ceño ligeramente fruncido, como si se estuviera tratando de concentrar en no perder la cordura, y no se le escapaba que de vez en cuando se mordía el labio inferior, se quedaba callada mucho más de lo habitual y apretaba poquito las hojas que tenía en las manos.

El mazo resonó con fuerza por todo el salón de imprevisto y Regina sintió su cuerpo entero vibrar por las asfixiantes sensaciones que hicieron la situación se volviera insoportable

- Son muchos puntos a tratar y sé que aún queda tiempo, pero no me es posible abordarlos como me gustaría. Así que doy por cancelada la asamblea de hoy hasta nuevo aviso - se puso de pie recogiendo sus papeles y salió de ahí apresurada, ignorando los murmullos de todos los presentes

- Bueno, supongo ya nos podemos ir - dijo la sheriff mirando a su padre quien asintió divertido

- Yo iré a dar el último vistazo a la estación. Ya vete al apartamento con Henry - le dio un beso paternal en la frente

- Sí - volteó al lugar buscando a Snow quién ya se acercaba a ellos

- ¿No les parece bien lo que hizo? - preguntó la princesa con una sonrisa en los labios - Es muy razonable que quiera solucionar todo de la mejor manera. Iré a preguntarle si me puede recibir mañana también. Tengo un par de propuestas para la escuela - dijo entusiasmada

- Me parece que no es el mejor momento. Seguramente se sintió saturada. Yo le preguntaré y te haré saber - ofreció el sheriff de inmediato. Estaba seguro que Regina no iba querer ver a nadie más que a él

- P-pero… - trató de debatir la princesa. Sin embargo, las manos de su hija sobre sus hombros se lo impidieron

- Deja que David le pregunte, Henry nos está esperando para cenar - comenzó a guiarla hacia la salida - Te veo mañana - se despidió de su padre

- Adiós - alcanzó a decir la princesa.

En cuanto las perdió de vista, el sheriff salió también del lugar pero con dirección hacia la oficina de su bella novia.

Abrió la puerta y al entrar, una bola de fuego le pasó por enseguida estrellándose en la pared tras él

- ¡Hey! - se quejó por el susto

- ¡Te odio! - le dijo furiosa y esta vez sí que gimió apretando ojos y piernas por el maldito juguete

- No es verdad - sonrió encantado por la reacción de la reina quien literalmente, era una hermosa bolita de fuego de momento. Una que él, se iba a encargar de apaciguar.

Se acercó hasta ella, que se había cruzado de brazos y miraba hacia otro lado mostrándose completamente indignada.

Se paró a un lado de la bella figura de su espectacular novia y se le pegó para hablarle sugestivo

- ¿Todavía tienes tu corona puesta? - preguntó pegado su nariz al negro cabello y aspirando el delicado aroma de Regina

- Sabes que sí - respondió renegando consigo misma por ser tan débil ante él porque debió haberse sacado el maldito juguete en cuanto salió de la asamblea, o mejor aún, antes de iniciarla.

Pero, no. ¡Por supuesto que no!

Decidió seguirle el juego al maldito sheriff pervertido y aún estaba dispuesta a ello, por eso se quedó ahí, aguardando por él con el plug anal puesto

- Muy bien - murmuró y acto seguido, sacó sus esposas de sheriff

- ¡¿Qué haces?! - preguntó Regina alarmada, tratando de girarse, pero David ya le había sujetado una mano y no se lo permitió

- Estás arrestada, señorita Mills - la volteó de frente a él en cuanto terminó de ponerle las esposas asegurándole las delicadas manos detrás de la espalda

- ¿De qué se me acusa, sheriff? - preguntó alzando una ceja con altivez. No le iba a dar el gusto de mostrarse ansiosa ni más excitada que él por la situación

- No concluyó con su asamblea, le arrojó una bola de fuego al sheriff y le dijo que lo odia cuando ambos sabemos que eso no es verdad - la tomó del rostro con la mano derecha y la besó con dulzura y delicadeza

- Sabes que te amo - jadeó bajito cuando se separaron - Pero fue tu culpa - le acusó haciendo un adorable puchero

- Lo sé - le sonrió con ternura mientras le acomodaba un mechón de cabello tras la oreja - Pero de igual forma, no puedo dejar pasar esas faltas. No tiene más opción que acompañarme a la comisaría, Majestad - la besó de nuevo - A no ser que tenga alguna objeción - le acarició la mejilla esperando por una respuesta que le indicara si quería eso o no

- Como alcaldesa de Storybrooke espero que siempre haga bien su trabajo, sheriff. Sin excusas - argumentó alzando una de sus perfectas y perfiladas cejas - Por eso considero, debe ponerme bajo arresto como lo indica la ley - le habló sugestiva y le miró ansiosa, muriendo de anticipación por lo que fuera que estuviera pensando. No tenía idea, pero sí certeza de que esa pequeña aventura sería maravillosa.

Fue compensada por un ardiente beso que le robó el aliento.


No se quiso arriesgar a que alguien les viera, así que, muy voluntariamente la reina usó magia para trasladarles hasta la estación, la cual, David le aseguró mil veces estaría sola.

Aparecieron en medio del lugar entre los escritorios y frente al par de celdas donde una estaba casualmente abierta, como esperando por ellos

- Camina, reinita - la tomó del brazo izquierdo y la hizo avanzar hasta el interior de la pequeña prisión donde no había nada más que la habitual cama.

No le pasó desapercibido que al menos, las sábanas y la almohada estaban limpias.

La dejó en medio del lugar y cerró la puerta con llave. Regina se dio la vuelta y fue entonces cuando notó que llevaba en la mano el bastón de policía que nunca usaba y muy pocas veces portaba.

Se volvió hacia ella y, sin apartar la penetrante mirada azul se dirigió a la cama, se quitó la chaqueta que puso a un lado y tomó la almohada. Luego fue hasta la alcaldesa y la dejó caer en medio de ambos

- Lo tenías planeado - le miró de forma acusatoria y no lo pudo creer cuando él sonrió de medio lado socarrón confirmando sus palabras

- Ambos sabemos que no podrías terminar la asamblea estando coronada y aún así, decidiste seguir - le respondió con tono retador

- Sí, pero… - trató de debatir

- No discutas, sólo disfruta - le besó la mejilla dulcemente interrumpiéndola, se separó poquito de ella y entonces la miró adoptando un porte autoritario - De rodillas, Majestad - ordenó alzando una ceja detonado que no estaba a discusión lo que solicitaba.

Las piernas de la reina temblaron ligeramente ante la voz del sheriff y se resistió, claro que lo hizo, era como un pequeño conflicto interno que tenía consigo misma cuando jugaban de esa forma, pero siempre terminaba cediendo porque sabía bien que David cuidaría de ella en todo momento, que no estaba buscando humillarla ni degradarla, que la única intención era darle una maravillosa sesión de placer.

Se dejó caer de rodillas sobre la mullida almohada, muerta de anticipación y deseo por lo que el príncipe tenía planeado hacer.

Y es que no le era fácil admitirlo, pero amaba como nada cederle el control en la cama a su príncipe encantador y pervertido.

Pudo ver cómo el sheriff se desabrochaba los pantalones y se sacaba el exquisito miembro que ya comenzaba a endurecerse. Ese maravilloso y ardiente mástil que tanto adoraba Regina.

Una firme mano la tomó del mentón y la hizo levantar el rostro.

Inhaló profundo cuando se encontró con la mirada del hombre que amaba, azul, dominante y ligeramente oscurecida. Se removió acomodándose mejor sobre la almohada y gimió poquito ante la estimulación que le proporcionó el juguete

- Voy a poner mi miembro aquí - le acarició los labios con el pulgar y ella los entreabrió sin apartar la mirada chocolate de la de él. Atenta y expectante - Tú lo tomarás y me dejarás follarte la preciosa boca hasta que me venga - sentenció.

Acto seguido, tomó su miembro que estaba a nada de terminar de endurecerse y colocó la cabeza dentro de la dulce boca de la alcaldesa de Storybrooke.

La lengua de Regina le acarició de inmediato y, sin dejar de mirarle, ella sola se movió hacia adelante tomando una buena porción de su miembro para luego retirarse y repetir la acción sin esperar, provocando con ello que David estuviera ahora sí, muy duro y erguido

- Mmhh, estás ansiosa - ronroneó mientras le acariciaba el sedoso cabello negro provocando que la reina entrecerrara los ojos y la dejó moverse a su gusto.

Mantuvo el ritmo, buscando siempre tomarlo un poquito más cada vez que se lo metía en la boca, hasta que tuvo que sacarlo por completo porque el aire le hizo falta.

Jadeó pesado un par de veces y tragó la saliva acumulada. La gentil mano del sheriff la tomó de la nuca y la acercó de nuevo haciendo que el miembro volviera a estar en su boca.

Esta vez, él también movió poquito las caderas, sincronizando sus movimientos con los de ella, llevando la grande erección un poco más profundo de lo que la reina la estuvo manejando.

Le permitió separarse para tomar aire de nuevo, esta vez con un poquito más de desespero y fue Regina quien no quiso perder tiempo y lo volvió a tomar

- Oh, mi hermosa reinita - la elogió porque le estaba chupando el miembro de una forma deliciosa y estaba comenzando a sentirse cerca.

Escucharlo la hizo mojarse más y apretar repetidas veces alrededor del plug anal provocando que gimiera y él gruñera.

Las vibraciones de la garganta de su bella novia se sentían maravillosas en todo su miembro y sintió un deseo incontenible por empezar a follarla así.

La sostuvo firmemente, cerrando su puño en el negro cabello y empezó a empujarse dentro de la ardiente boca que se abrió recibiéndole sin ninguna objeción.

Regina era experta haciendo garganta profunda y eso le permitía deslizar toda su grande erección dentro y fuera sin problema, sin que ella se estuviera ahogando o que la estuviera forzando. Alcanzaba con ello la estrecha garganta que se apretaba a su alrededor cuando estaba justo ahí, en lo más profundo de la dulce boca de su ardiente novia.

Por su parte, la reina estaba concentrada en controlar su respiración para no ahogarse mientras relajaba todo lo que podía su ya adolorida mandíbula para permitirle el libre movimiento.

Cerró los ojos disfrutando de la sensación de sentir el grueso miembro bajando por su garganta una y otra vez.

De pronto se vio libre, jadeó rápido en búsqueda de aliento y en menos de dos segundos ya tenía el miembro de su novio enterrado hasta el fondo de la garganta otra vez. Regina tragó literalmente así, alrededor del grueso intruso haciendo a David jadear ronco y guturalmente por la estimulación, luego se retiró por completo dejándola tomar una bocanada de aire y se volvió a meter de un solo movimiento, para luego repetir la acción un par de veces.

Lo sacó una vez más y Regina no perdió tiempo para tomar todo el aire necesario. Volteó a verlo encontrándose con el apuesto rostro lleno de excitación y besó la punta del mojado miembro que con un movimiento algo desesperado de cadera por parte del príncipe, volvió a estar dentro de su boca.

Regina alzó la mirada viéndole de nuevo desde su vulnerable posición, esperando a que la follara literalmente por la boca como le dijo que lo haría.

No tardó nada en comenzar y la hizo apretar los ojos porque al parecer tenía mucha urgencia por venirse y la estaba penetrando rápido. Lo escuchaba gruñir, jadear y sisear y ella moría por tocarlo, pero no podía porque sus manos estaban esposadas tras su espalda.

Así que no era mucho lo que podía hacer más que acariciarle con la lengua, chuparle y dejarle ir y venir hasta su garganta, follarle la boca como si se tratara de su intimidad.

Lo sintió palpitar con más intensidad y supo que estaba por venirse así que se preparó para que lo hiciera hasta lo más profundo como tanto les gustaba a ambos.

No se equivocó, David enredó la mano en el negro cabello sujetándola firmemente impidiéndole el movimiento está vez.

Se la metió un par de veces hasta la garganta, con estocadas erráticas y gruñidos desesperados que anunciaban el inminente orgasmo. Entonces, se empujó dentro de su boca hasta que su nariz quedó enterrada en el vello púbico de la entrepierna de su novio y ahí, se comenzó a venir

- Oh, oh… ¡Ohhhh! - gimió altísimo haciendo evidente su placer cuando alcanzó el glorioso clímax. Comenzó a eyacular con fuerza y después gruñó roncamente porque Regina empezó a tragar divinamente haciendo todo más erótico y alucinante.

Amaba desde el fondo de su ser darle placer con su boca, escucharlo perder el control y enloquecer gracias a lo que ella le hacía y le traía un placer inexplicable tragarse la ardiente semilla que él depositaba en el fondo de su garganta, aunque en realidad, no tenía mucha opción. Llegaba tan profundo que no le quedaba más que tragar.

Oh, Dios, era tan excitante que su cuerpo reaccionó mojando su ropa interior.

Agarró una gran bocanada de aire cuando por fin él la soltó y tosió apenas un poquito, pero igual se apretó nuevamente sobre "su corona" y gimió esta vez necesitada porque su intimidad palpitaba de ardiente deseo y no era precisamente que pudiera tocarse por sí misma.

Oh, maldito sheriff pervertido... Le maldijo mentalmente entendiendo el por qué la había esposado.

La porra de policía en su mentón obligándole a levantar la cabeza y por ende la mirada, la sacaron de sus pensamientos y conclusiones

- Lo hizo muy bien, Majestad - le sonrió de medio lado con mejillas sonrosadas y habló agitado por la reciente actividad. La tomó de un brazo ayudándola a ponerse de pie

- ¿Ya cumplí mi sentencia? - preguntó Regina mientras se dirigían a la reja de la celda y por un segundo pensó que abriría la puerta y saldrían de ahí.

David colocó el bastón negro en su cinturón para tener las manos libres y luego metió una en el bolsillo de su pantalón para tomar la pequeña llave

- No - respondió mientras abría las esposas liberando la delicada mano izquierda.

Se pegó a ella por detrás apresándola entre su cuerpo y la reja. Después le tomó ambas manos con las suyas y las alzó para esposarla de nuevo, esta vez a los barrotes de la celda

- Todavía no comienzo bien contigo - le jadeó al oído mientras guardaba la llave de nuevo.

Tomó la tela gris del vestido y la subió hasta dejarla enrollada en la estrecha cintura, seguro de que esas perfectas caderas no permitirían que la tela cayera de esa posición

- Alguien puede venir - Regina habló lo más firme que pudo a pesar de que se sentía un tanto mortificada porque estaba muy expuesta en ese momento.

Esposada a las rejas de la celda de la comisaría, excitada, con el vestido arriba, su ropa interior a la vista y el sheriff tras ella

- Nadie lo hará, confía en mí - aseguró llevando una mano hasta la caliente intimidad de la reina quien se estremeció apretando las piernas cuando la tocó y echó un poquito la cabeza hacia atrás - Aunque, ¿sabes? - preguntó con fingida inocencia al tiempo que ponía la mano libre en la estrecha cintura - Nada me gustaría más que vieran lo mucho que te gusta dejarme tomar el control en la intimidad - le habló con sensualidad mientras subía la mano izquierda poco a poco hasta alcanzar el seno de Regina y la otra, la subió un poco para luego meterla por debajo de las bragas de encaje negro hasta tocar el húmedo sexo - Joder - gimió y luego se relamió los labios - Te mojaste con solo chupármela - gruñó muerto de excitación sintiendo los pantalones mucho más ajustados - ¿Te gusta tener mi miembro en la boca, Regina? - preguntó al tiempo que comenzaba a trazar círculos en el pequeño botón de placer y cerró los ojos encantado por el hermoso gemidito ahogado que ella dejó escapar.

Se estremeció de pies a cabeza con el maravilloso toque de esos dedos en su clítoris, también por la forma en la que le estaba hablando y lo que le decía.

El muy pervertido sabía bien lo mucho que le gustaba.

Cerró los ojos decidida a olvidar y sólo sentir, sentir esos dedos dándole el placer que estuvo deseando desde que le puso el juguete sobre el cual se apretaba en ese justo momento.

No pudo evitar comenzar a ondular sus caderas acompañando el ritmo del movimiento de los dedos del príncipe quien ahora, metía la mano izquierda entre su ropa para acariciarle el pezón derecho volviendo todo mucho más excitante.

Y no pasó mucho tiempo para que sus piernas temblaran ligeramente por la insistente estimulación

- ¿Vas a venirte así? ¿Eh? - le preguntó pegando su entrepierna contra el precioso trasero y comenzó a moverse como si la estuviera penetrando. Sonrió cuando ella le siguió moviéndose junto con él, sintiéndola estremecerse de pronto haciéndole saber que estaba cerca - Dime - le jadeó su petición al oído y apretó el endurecido pezón entre sus dedos

- Sí - la maldita palabra abandonó su boca sin que pudiera evitarlo.

Le habría encantado decirle que no, para contradecirlo y no darle el gusto al muy pervertido de hacer lo que él quería, pero no pudo porque por Dios que sí, estaba a punto de venirse así.

Cerró los ojos con fuerza, apretó los dientes y se agarró con las manos de los barrotes a los que estaba esposada mientras su cuerpo era atacado por los deliciosos espasmos de un orgasmo que la hizo cerrar sus piernas temblantes.

David agarró la ropa interior de la reina con ambas manos y la bajó de un tirón. Exhaló entrecortadamente al ver una pequeña mancha de humedad en la delicada prenda negra a los pies de la hermosa alcaldesa de Storybrooke.

Se dejó caer de rodillas, besó detrás del muslo derecho y comenzó a subir sin despegar los labios de la suave y exquisita piel hasta llegar al trasero de infarto de su ardiente novia

- Levanta el pie - pidió para sacarle la ropa interior que quedó sobre las negras zapatillas que decidió dejar puestas. Se deleitó besando las preciosas nalgas que tanto amaba tocar, besar, apretar, morder y sobre todo azotar. Sonrió cuando ella sacó un poquito el trasero e hizo resonar las esposas contra las barras.

Regina siseó al sentir una mordida en la nalga izquierda por la dolorosa pero excitante sensación

- Ábrelas un poco para mí - pidió con voz suave mientras le acariciaba las piernas y vio con satisfacción como ella lo hacía.

La tomó de las caderas y la jaló otro poco hacia atrás haciendo que sacara más el trasero, le puso ambas manos en las nalgas y se las abrió exponiendo en su totalidad la hermosa gema morada que adornaba esa parte de la bella anatomía de la alcaldesa.

Acercó su rostro y aspiró el delicioso aroma que, cada vez que penetraba sus sentidos, hacía que la boca se le hiciera agua. Tragó la saliva acumulada y besó una, dos, tres veces el precioso sexo haciéndola estremecer.

Regina jadeó bajito, cerró los ojos y alzó el rostro cuando la boca del príncipe hizo contacto con su palpitante intimidad

- Ahhh - el sheriff la lamió ahora y se contrajo sobre el plug anal

- Exquisita - gimió ronco al saborearla en su boca.

Cerró los ojos y se concentró en estimularle con la lengua, metiéndola y sacándola de la estrecha entrada. Ella abrió un poquito más las piernas, seguramente para darle mejor acceso, señal inequívoca que estaba pidiéndole más silenciosamente porque era tan orgullosa y altanera, que a veces se resistía a pedirle ó a suplicarle.

Aprovechó para lamerle el clítoris directamente.

Regina sentía sus piernas temblar junto con los pezones duros mientras esa ávida lengua se introducía repetidas veces en su intimidad y le lamía el clítoris con insistencia, y le era imposible no apretarse alrededor del maldito juguete que aumentaba mucho más las sensaciones al darle estimulación justamente ahí

- Mmmhh - cerró las piernas y se estremeció de pies a cabeza con ojos apretados cuando una ola de placer le recorrió el cuerpo entero. Lo escuchó reír bajito y lo maldijo mentalmente

- Siempre tan sensible - suspiró acariciándole las tersas nalgas. Después, comenzó a ponerse de pie mientras tomaba el bastón negro de policía de su propio cinturón donde lo había colocado - Vamos a ver si te puedes venir así - lo metió entre las piernas de la alcaldesa quien las separó de nuevo tensándose ligeramente.

Comenzó a moverlo de adelante hacia atrás, frotándolo a todo lo largo de la húmeda intimidad de la reina quien retomó los preciosos jadeos y gemidos que dejaba escapar.

Veía con satisfacción y ardor como el bastón se iba mojando con cada ir y venir

- ¡Ahhh! - seguía gimiendo sintiéndose arder por dentro y había una insana necesidad en su vientre bajo por venirse que se estaba volviendo insoportable

- Eso es, señorita Mills. Dame ese orgasmo - la alentó mientras usaba su mano libre para presionar la amatista siberiana entre medio de las preciosas nalgas

- Oh, Dios - gimió muy, muy agudo, tratando de liberar sus manos para detenerle, pero sólo hizo sonar las esposas contra los barrotes.

Sollozó mientras se venía. Un orgasmo intenso que la hizo temblar al tiempo que se tensaba, era como una extraña, aguda y fuerte vibración en todo su cuerpo que parecía no tener fin

- ¡Ah! - dio un pequeño gritito cuando David le azotó suavemente las nalgas con el mojado bastón de policía.

Y de pronto, tuvo la mano del príncipe en su intimidad, pulgar presionando el juguete anal y los demás dedos acariciándole el sensible sexo.

Se estremeció de nuevo, alzando su trasero y arqueando la espalda ligeramente mientras volvía a sollozar por el placer porque aún no bajaba por completo del orgasmo. Se contrajo de pronto bajando el trasero, pero volvía a subirlo repitiendo la acción un par de veces por la sobreestimulación

- Mmmh, muy bien - le volvió a acariciar todo el sexo con la mano mientras con el pulgar, empujaba el plug moviéndolo - Ya sabes qué hacer si quieres parar - susurró con ardor preparándose para lo que haría

- Ajá - respondió Regina buscando normalizar su respiración después de ese abrasante y erótico orgasmo - ¡Ah! - apretó los ojos cuando una nalgada bien dada cayó en su nalga derecha y el sonido de las esposas no se hizo esperar

- Dios… Cómo amo este trasero de infarto tuyo - le soltó otra arrancándole un gemido doloroso esta vez - Esto es por no haber sido capaz de terminar tu asamblea, Majestad - le dejó caer otra y esta vez, ella gimió entrecortadamente.

Entonces comenzó a repartir nalgadas entre ambos montículos carnosos que poco a poco se iban tornando de un delicado color rosado.

Regina se estremecía con cada una de ellas y por más que lo intentaba, le era imposible acallar todos los sonidos que salían involuntariamente de su boca debido a las nalgadas y el escozor que iba en aumento

- ¡Ahhh! - una nalgada particularmente fuerte la hizo levantar una de sus piernas

- Bájala, belleza - solicitó demandante, viéndola respirar agitada y parecer meditarlo un poco, pero al final lo hizo.

Le soltó otra fuerte nalgada, esta vez entre ambas nalgas y la alcaldesa se retorció aferrando los barrotes entre sus manos con fuerza, presa del dolor y el placer que sabía muy bien esa erótica actividad le traía.

No quiso ser tan cruel y llevó su mano hasta la húmeda intimidad que acarició ganándose un precioso y largo gemido

- No sabes lo mucho que me excita encontrarte mojada cuando te nalgueo - siseó sintiéndose acalorado y su miembro pulsar con fuerza.

Volvió a su labor de nalguear a su bella novia que era ya incapaz de reprimir los gemidos dolorosos y ahogados que soltaba con cada una de ellas.

Se detuvo cuando la escuchó sollozar y no porque ella lo pidiera o pensara que la había lastimado, sino porque consideró que ya era suficiente, sin mencionar, que ya tenía una muy buena erección que comenzaba a reclamar por atención.

Empezó a sobarle las sonrojadas nalgas y la reina se estremeció con la acción gimiendo adolorida.

Le tocó el sexo una vez más con la única intención de darle un poco de placer como recompensa por haberse dejado nalguear.

Regina volvió a agitarse por la estimulación, pero luego, empezó a mover específicamente las caderas, buscando con ello restregar su húmedo y caliente sexo contra los dedos de David a su propio ritmo.

El príncipe sonrió de medio lado divertido y socarrón al verla, porque le encantaba lo mucho que la reina disfrutaba de lo que él le hacía.

David la tomó por la mandíbula, giró un poco el bello rostro para besarla apasionadamente y sólo hasta que sintió que el aire comenzaba a faltarle a ella fue que liberó la dulce boca

- ¿Eso fue todo, sheriff pervertido? - sonrió un poquito burlesca a pesar de que habló sin aliento y que su respiración era acelerada. Cerró los ojos y se relamió los labios sintiendo la punzante y placentera sensación en las nalgas que le recordaban que el príncipe acababa de nalguearla

- Oh, no - sonrió socarrón de medio lado y pegó los labios al oído derecho de la reina - Te voy a follar hasta que ya no puedas más, Regina - prometió atrapando con los dientes el lóbulo de la oreja y lo mordisqueó tantito - Voy a proceder a inspeccionar las partes más íntimas de su cuerpo, señorita Mills - dijo mientras colocaba una mano sobre el caliente trasero que acarició casi imperceptiblemente. La escuchó sisear porque con seguridad las nalgas le ardían. Sus dedos tocaron la gema y se mordió el labio inferior gustoso sabiendo que su reinita seguía coronada. Internó su mano volviendo a llegar al húmedo sexo

- ¿Qué piensa que va a encontrar ahí, sheriff? - preguntó Regina tratando de entrar en el juego aunque la voz se le escuchó afectada porque la estaba tocando ahí, ahí donde tanto le necesitaba

- Silencio, reinita. Aquí las preguntas las hago yo - le dejó caer una pequeña nalgada que la hizo dar un gemidito adolorido - Pero ya que tienes tanta curiosidad, te voy a decir - habló mientras acariciaba cada vez con más intensidad - Espero encontrar todos los orgasmos que tengas - posicionó sus dedos justo en la estrecha, húmeda y maravillosa entrada haciéndola tensarse - Porque son míos - dijo posesivo y metió ambos dedos de un solo empujón sintiendo el plug anal a través de la delgada pared que había dentro

- ¡Mmhg! - gimió Regina apretando los dientes y después se estremeció cuando empezaron a entrar y salir de ella, moviendo el juguete junto con ellos.

Cerró los ojos y entreabrió la boca disfrutando de la estimulación que iba incrementado la sensación de ganas ardientes por venirse que se acumulaba en su vientre bajo como una bola de fuego.

La sentía humedecerse más conforme la penetraba, sus dedos podían deslizarse con mucha más facilidad y estaba amando los preciosos sonidos que salían de la bella boca.

Cuando las ardientes y suaves paredes comenzaron a estrecharse alrededor de sus dedos, los retiró sin previo aviso

- ¡No! - se quejó Regina y retorció las manos en un intento inútil por liberarse y poderse dar el placer que le estaba siendo negado. Se quejó desesperada por un momento por no poder hacerlo - ¡Oh!, mmmhh, sí - soltó una pequeña exclamación de sorpresa y después gimió gustosa porque los fabulosos dedos la volvieron a penetrar, pero esta vez se estaba empeñando en estimular ese punto especial dentro de ella y literalmente estaba delirando de placer porque los movimientos provocaban que "su corona" hiciera un magnífico trabajo ahí donde no se suponía debía haber placer.

Pero por Dios que lo había y era maravilloso, más que nada porque era David quien lo estaba provocando y además, era quien la había hecho descubrir los verdaderos placeres del sexo anal.

Se relamió los labios y siguió jadeando mientras sentía que el calor en su vientre bajo se volvía insoportable, había mucha tensión y necesitaba liberarse.

Apretó los dientes y se volvió a aferrar de las rejas cuando comenzó a venirse

- ¡Joder! - exclamó David encantado al ver que ese orgasmo de su reina venía en forma líquida. Sacó los dedos y los frotó en el pequeño e hinchado botón de placer - Eso, reinita - la elogió cuando ella lloriqueó y obtuvo más esencia líquida.

Una hermosa sonrió se dibujó en el bello rostro de Regina mientras jadeaba en búsqueda de aliento y sintiendo el cuerpo relajado después de ese maravilloso orgasmo.

El problema ahora, es que sentía que no podía estar de pie ni que tenía suficiente fuerza en las manos para sostenerse.

El príncipe usó sus dedos mojados para acariciar por debajo de la base del plug anal, lubricando con ello el anillo de músculos que se apretaba con fuerza a la parte delgada del juguete y en lo único que podía pensar en ese momento, era en lo delicioso, placentero y casi insoportable que era estar dentro de ella por ahí.

Líquido preseminal brotó de su desatendida erección con el sólo pensamiento de estar enterrado en la entrada posterior de la reina.

Agarró su duro miembro y se pegó a ella buscando la estrecha entrada. Colocó la cabeza y después la aferró de las caderas comenzando a entrar.

Gimió desde el fondo de su garganta al irse adentrando, sintiéndose envuelto en esas suaves paredes que se ensanchaban para él. Todo estaba más ajustado por la corona de la reina que podía sentir contra su grueso miembro, y al terminar de introducirse fue ella quien soltó un alto y largo gemido.

No perdió tiempo ni quiso dárselo, empezó a moverse con ímpetu, poseyendo a la hermosa y arrestada alcaldesa de Storybrooke que ahora gritaba de placer echando su cabeza hacia atrás esposada a los barrotes de la celda en la comisaría

- Oh, Dios… oh, Dios, oh Dios - gemía repitiendo esa frase, con ojos agolpados de lágrimas por el intenso placer de sentirlo entrar y salir de ella a ese frenético ritmo, golpeteando con insistencia su punto G y el endemoniado juguete haciendo todo más ajustado y ardiente ahí dentro. David también jadeaba pronunciadamente, la aferraba fieramente por las caderas encajándole los dedos en la piel, y de pronto sus paredes se estrecharon con fuerza sobre el miembro para luego comenzar a convulsionar alrededor de la gruesa circunferencia - Mmmhh, ¡ahhhh! - gimió al alcanzar el clímax

- Sí, vente… - siseó ardorosamente al sentirla apretarse a su alrededor y no dejó de moverse, siguió entrando y saliendo de ella, ayudándola a obtener el mayor placer posible.

Salió de ella y al hacerlo se dio cuenta que la hermosa reina temblaba casi imperceptiblemente, y que las piernas parecían estar a punto de ceder.

Sacó la pequeña llave y se dispuso a soltarla de ahí. No quería arriesgarse a lastimar verdaderamente las muñecas de la alcaldesa.

Regina se vio envuelta por los fuertes y amorosos brazos del príncipe justo a tiempo, porque de verdad pensó que estaba a punto de desfallecer.

La levantó y la recostó en la cama. Gimió adolorida por el escozor de las nalgas al tener contacto con las suaves y limpias sábanas de la pequeña cama.

Respiró profundo algunas veces buscando normalizar su respiración y de pronto sintió que David le tomaba las manos moviéndolas hacia arriba. Alzó la cabeza volteando hacia ese lugar y escuchó el "click" que indicaba estaba nuevamente esposada.

Tiró un poco y se dio cuenta que se encontraba esposada a otras esposas que rodeaban una de las barras de la celda. Y por un momento se preguntó de dónde había sacado esas otras esposas…

Maldito sheriff pervertido, lo tenía todo muy bien planeado.

Gruñó bajito mientras ella trataba de alzarse y él se subía a la cama. La tomó por las caderas y la giró dejándola boca abajo. Observó brevemente que las muñecas de Regina no se estaban lastimando con la forma en la que ahora le había esposado.

La reina buscó reincorporarse sobre sus rodillas mientras el príncipe le permitía hacerlo, pero justo cuando iba a erguirse, una firme y gentil mano en su espalda le indicó que se inclinara más, hasta que su mejilla estuvo contra la cama quedando en una de las posiciones que más le gustaban a David cuando jugaban así.

Con su trasero arriba y cabeza abajo, exponiendo todo de ella para él…

Cerró los ojos y por un momento pensó en pedirle que se detuviera como era el acuerdo que tenían. Se sentía muy agitada, algo agotada y estaba segura que el príncipe no tendría piedad, que en verdad la follaría hasta que ella no pudiera más, pero las ganas y la ansiedad por seguir, no se lo permitieron

- No me gusta tener que hacer ésto, Majestad, porque de verdad creo que jamás deberías quitarte tu corona, pero necesito ver qué tienes para mí por aquí - tomó la base del juguete y comenzó a tirar gentilmente.

Regina se estremeció y cerró las manos en puños ante la sensación de que estuviera retirando el plug anal, su entrada se resistía a dejarlo ir aferrándose con fuerza a "su corona". Gimió bajito por el doloroso placer que le causó la parte ancha al salir y suspiró largamente cuando el juguete abandonó su cuerpo por completo.

Sin embargo, su entrada posterior se contrajo un par de veces sobre la nada como reclamando al quedar vacía, una sensación que pasó a segundo plano cuando algo frío se posicionó en su sexo.

Volteó a verlo desde su vulnerable posición y pudo ver a su amado príncipe con la mirada clavada en su intimidad.

Siseó dolorosamente cuando él puso una mano sobre su nalga izquierda porque había algo de ardor placentero por las nalgadas.

Él pareció darse cuenta porque movió la mano a su cadera y se inclinó para dejar un dulce beso en el punto donde la tocó mientras acariciaba dulcemente con sus dedos

- Quiero más, belleza - habló ronco contra la suave e irritada piel de la nalga que besó mientras comenzaba a empujar la punta debidamente lubricada del bastón de policía en la intimidad de la reina.

No era más grueso que su miembro, aunque tampoco mucho más delgado. Era algo que Regina definitivamente sentiría y no podría ignorar

- J-joder - jadeó la alcaldesa casi sin aliento al sentir la dura y fría arma del sheriff entrar en ella de forma gentil y muy controlada, señal inequívoca que el príncipe estaba siendo sumamente cuidadoso y que no quería lastimarla.

Y oh, cómo lo amaba por eso…

El sheriff sonrió de medio lado al escucharla maldecir

- Abajo - puso una mano en la espalda baja de Regina y presionó un poco, obligándola a bajar y elevar más el hermoso y sonrojado trasero junto con los pies.

Hizo una pequeña pausa cuando consideró que era suficiente la parte del bastón que había metido en ella y entonces lo retiró con cuidado, sólo para volverlo a introducir.

Emprendió un ritmo firme de penetración que hizo a Regina agitar un poco los pies y apretar las manos en la orilla del delgado colchón porque la manera en la que ahora estaba esposada a la reja, le permitirá moverlas con mayor libertad.

La escuchó gemir y lloriquear bajito mientras se la follaba un poco más rápido con el bastón de policía que le fue otorgado cuando le dieron la insignia y que desde luego había limpiado debidamente antes de ese fogoso encuentro que había planeado minuciosamente.

Y es que sabía muy bien que Regina sería incapaz de dar la asamblea con "su corona" puesta.

Todas y cada una de las veces que la reina iba coronada a trabajar cancelaba su agenda sin excepción. Lo sabía muy bien porque Ashley se lo decía sin que él tuviera que preguntar siquiera. No era común que la alcaldesa hiciera eso y le llamaba tanto la atención a la secretaria que terminaba contándole

- Vamos, Majestad. Vente otra vez - la alentó cuando la vio temblar ligeramente, agitar las preciosas caderas y jalar las manos haciendo sonar las delgadas cadenas mientras soltaba pequeños gemidos ahogados.

Y es que no podía sentirla porque no la estaba penetrando con su miembro o dedos, pero conocía tan bien el hermoso cuerpo de la reina que sabía estaba por llegar

- David - le llamó con voz estrangulada al escucharlo y comenzó a venirse una vez más. Bajó y subió involuntariamente la cadera aumentando la estimulación durante su orgasmo porque el príncipe no retiró el bastón, lo mantuvo dentro y quieto mientras se venía para que pudiera obtener el mayor placer posible.

No podía describir el intenso placer que sentía al estar haciendo todo eso con Regina, verla temblar, escucharla jadear, las nalgas enrojecidas y viniéndose al ser follada por el bastón de policía provocaron que David se sintiera sofocado y muy necesitado de ella.

Retiró el negro artefacto lo más cuidadoso que le fue posible dado su estado de excitación, se posicionó detrás de la reina, la tomó de las perfectas caderas y se introdujo en ella hasta el final de una sola y certera estocada.

Regina lloriqueó al sentirse atravesada por el grueso y ardiente miembro que golpeó muy precisamente su punto G por la posición en la que estaba. De inmediato comenzó a ser penetrada esta vez por el duro, ardiente y palpitante mástil de su novio que provocaba se agolparan lágrimas en sus ojos y que los dedos de los pies se le retorcieran por el increíble placer.

La estaba penetrando con rápidas y firmes estocadas. La hizo venir de nueva cuenta, hermosas piernas temblando incontrolablemente y ella apenas pudiendo emitir algunos gemidos agudos y débiles.

Le acarició la espalda metiendo las manos por debajo de la tela del vestido gris mientras le permitía disfrutar del orgasmo con su miembro bien dentro y de verdad que estaba haciendo un esfuerzo descomunal para no venirse.

Quería hacerlo, pero todavía sentía que podía aguantar un poco más…

- Mmghh - gimió la alcaldesa apretando los ojos cuando uno de los grandes dedos se introdujo en ella por su entrada posterior. Fue penetrada un par de veces y después lo sacó - Oh, David - jadeó necesitada para él y ni siquiera sabía bien por qué lo hacía si ya se había perdido la cuenta de sus orgasmos y no se sentía capaz de aguantar más.

Abrió la boca y frunció el ceño cuando sintió el frío lubricante caer en su entrada posterior. Ella estaba muy ardiente y el contraste de temperaturas era perfectamente perceptible.

Regina estaba segura que iba a salir de su sexo para introducirse por su trasero, pero se equivocó.

Abrió los ojos grandes y contuvo el aliento cuando el bastón comenzó a entrar en ella por ahí mientras él seguía bien metido en su intimidad

- Estoy seguro que te va a encantar - dijo con ardor en la voz, sintiendo él mismo la presión por la doble penetración y se detuvo cuando lo metió lo suficiente - Esto es por haberme arrojado una bola de juego - le soltó una nalgada haciéndola lloriquear sintiéndola y viéndola contraerse alrededor de su miembro y el grosor del bastón.

La sujetó firmemente de la cadera izquierda y comenzó a poseerla de esa forma.

Los gritos de placer no se hicieron esperar, fueron una reacción inmediata a su desenfrenada manera de penetrar a su ardiente novia mientras sostenía el bastón bien dentro del precioso trasero que pronto tomaría.

Regina buscó desesperada los barrotes de la reja para aferrarse mientras aguantaba las fuertes y por demás deliciosas embestidas. Lloriqueó desesperada al sentir que un nuevo orgasmo comenzaba a construirse de forma rápida y abrasante.

Y no quiso pensar en que tendría otro orgasmo tan pronto y que quizá no sería capaz de soportar, prefirió sentir, no contenerse y dejar que el sheriff pervertido la lanzara hasta el punto de no retorno

- Sí, reinita, así… - gimió gustoso y siseó al ver que el precioso sexo de la reina expulsaba flujo líquido mojando un poco su miembro y la cama

- M-me vengo - gimió desde el fondo de su garganta cuando el orgasmo la azotó con tanta fuerza que la mente se le nubló por varios segundos en los que no supo de sí misma.

Soltó un largo quejido placentero sintiendo el cuerpo tembloroso y débil, y de pronto, David sacó el bastón, se retiró de su interior y la recostó de espaldas procurando desenredar las esposas.

Se acomodó entre las piernas abiertas de la hermosa reina, las cuales llevó contra ella empujándolas por detrás de las rodillas.

Luego se inclinó abalanzándose sobre ella, le apresó el bello rostro con la mano derecha abarcándole la bien definida mandíbula y besó demandante la jadeante boca que apenas fue capaz de responderle.

Regina luchó por aliento cuando se vio libre del feroz y hambriento beso, y entonces, se arqueó lo mejor que pudo dado que estaba apresada por su propio cuerpo, porque el príncipe le estaba enterrando la lengua en el sexo y se retorció también algo desesperada porque estaba sobreestimulada y ya no estaba segura si la sensación era del todo placentera

- N-no - gimió débilmente cuando los labios de David comenzaron a chuparle el clítoris con fuerza, sentía como si se lo quisiera arrancar - Por favor - pidió en un agudo lloriqueo porque las piernas le comenzaron a temblar de nuevo.

El sheriff siguió, torturando el pequeño botón de placer, lo hacía con la confianza de que Regina, al no estar diciendo específicamente aquella palabra que sabía lo haría parar, realmente no estaba pidiéndole que dejara de hacer lo que le hacía.

Degustó a su antojo toda la evidencia de los orgasmos de Regina que sabía estaban mezclados con su propio líquido preseminal.

Y no paró hasta que la tuvo sollozando y temblando sin control

- Oh, Dios - gimió Regina cuando él comenzó a penetrarla por su entrada posterior sin esperar a que su cuerpo dejara de estremecerse.

Se mordió el labio inferior y frunció el ceño mientras él avanzaba introduciéndose en ella en esa parte de su anatomía que, a pesar de no haber sido diseñada para recibir, estaba permitiendo el paso del duro mástil sin mucha resistencia.

Y oh Dios, lo sentía enorme, muy dentro, ardiente y pulsante. Tembló de puro, exquisito y casi insoportable placer que le provocaba ser penetrada por detrás

- Joder, cómo adoro tu estrechez - gruñó guturalmente por la exquisita sensación de estrangulamiento que sentía sobre su pulsante miembro y miraba fascinado cómo el precioso sexo de la reina se agitaba por los temblores postorgasmicos que aún sufría.

La aferró de la estrechísima cintura con ambas manos y comenzó a follársela por detrás, moviéndose con prisa, pero a un ritmo considerable y controlado.

Él no iba a tardar mucho en venirse. Se había quedado cerca y esa divina estrechez lo podía llevar al clímax muy rápido, pero quería culminar su hazaña dándole un orgasmo anal a su bella novia

- Quiero que te vengas con mi miembro bien enterrado en tu estrecho agujero - gruñó al decir esas palabras que prácticamente abandonaron su boca sin razonarlas del todo bien.

Aumentó la intensidad de sus penetraciones y ahora la estaba tomando a un ritmo rápido y casi desenfrenado que la tenían gritando y lloriqueando abiertamente y con abandono.

El sexo anal siempre resultaba doloroso y placentero a la vez para Regina. Era una mezcla extraña y exótica que le encantaba, y que la hacía ponerse muy caliente y excitada.

Sentía los desatendidos pezones muy erectos bajo la tela del brassier, las nalgas le punzaban, el sexo le palpitaba con fuerza y ahí estaban esas ganas de dejarse ir en su vientre bajo.

David se empujó hacia el frente hasta alcanzar con sus manos los barrotes de la celda obligado a la reina a levantar su trasero. Se aferró con fuerza de las frías barras y, usándolas de balance, comenzó a moverse de nuevo, a un ritmo castigador que la tuvo delirando de placer al instante.

La vio aferrarse de la reja como él e inmediatamente después, empezó a contraerse alrededor del pulsante miembro y una vez más, líquido abandonó su intimidad y el príncipe gruñó encantado comenzando a ser errático en el ritmo de sus embestidas.

Y la reina sentía que ya no podía más. Estaba segura que ese orgasmo anal acabaría con ella. Que sería tan intenso que no podría pararse de esa cama porque ya estaba agotada después de venirse tantas veces.

Las lágrimas de placer resbalaron por la comisura de sus cerrados ojos y fue ahí cuando su cuerpo se tensó, apretando con fuerza a David en su interior quien no dejó de moverse a pesar de la fuerza con que ella se cerraba sobre él.

El príncipe se soltó de las barras y volvió a tomarla de la cintura haciendo que Regina bajara un poco el trasero

- Sí, vente… Vente, belleza. Muéstrame lo mucho que me amas y vente para mí - jadeó sin aliento y el precioso cuerpo comenzó a convulsionar literalmente bajo él mientras ella abría la boca en una "O" perfecta y sin sonido alguno de por medio.

La aferró con tanta fuerza de la estrecha cintura que estaba seguro le dejaría marcas. Se empujó hasta lo más profundo que le era posible y ahí se comenzó a descargar mientras gritaba de placer.

Se inclinó sobre ella sintiéndose desfallecido y la abrazó enterrando el rostro en el perfumado cuello, gimiéndole en el odio al tiempo que se seguía empujando dentro del estrecho pasaje mientras se seguía derramando. Un sollozo estrangulado fue el único sonido que emitió la alcaldesa mientras David terminaba lo más dentro que podía llegar en ella.

Regina estaba sumamente agitada y apenas era consciente de lo que sucedía. Estaba prácticamente desfallecida sobre la cama, temblando ligeramente a merced del príncipe encantador.

Pasaron un par de segundos hasta que el sheriff consideró era suficiente. Se irguió y sonrió de medio lado al verla completamente agotada, satisfecho de haber hecho tan buen trabajo como prometió.

Se retiró con cuidado de ella y al momento de salir, reemplazó su miembro con algo más

- David… - le llamó débilmente, pero ni siquiera fue capaz de moverse o abrir los ojos. Su pecho bajaba y subía con fuerza por la intensa actividad. Sentía sus mejillas arder, sus nalgas punzar y su clítoris palpitar por lo sobreestimulado que estaba

- Te estoy coronando, Majestad - susurró con cariño al terminar de meter el juguete. La vio contraerse alrededor del metal y estremecerse de cuerpo completo

- Pervertido - murmuró adormilada y lo escuchó soltar una pequeña pero divertida risa.

Le quitó las esposas para luego sobarle las muñecas y besárselas con cariño. Después le bajó el vestido gris poniéndola un poquito de lado y deleitándose una vez más con las preciosas nalgas sonrojadas.

Se levantó de la cama, metió su miembro en los pantalones y se dispuso a recoger todo lo que había mal puesto. La ropa interior de la reina la metió en uno de sus bolsillos, la almohada la dejó en la cama, tomó su bastón de policía y después abrió la celda para llevarlo hasta el cajón de su escritorio el cual cerró con llave.

Regresó y con todo el cuidado y amor del mundo, le puso su chaqueta a una poco cooperativa reina. Cuando terminó, la levantó en brazos y Regina no protestó ante el movimiento, sólo se acurrucó contra él soltando un largo suspiro.

Estaba tan agotada que lo único que quería en ese momento era dormir así, entre los brazos de su maldito sheriff pervertido que acababa de follarla literalmente hasta el cansancio como se lo prometió.

David depositó un beso en la sudorosa frente de Regina que ya respiraba más apaciblemente y estaba muy próxima a quedarse dormida.

Empezó a caminar saliendo de la celda y se dirigió a la puerta principal, retirándose de la comisaría con su bella y coronada reinita en brazos.