En el capítulo anterior.
-Bell... se feliz...-Dijo ella, soltando el agarre y alejándose a trote lento.
A lo lejos la veía, como se iba.
-Esto es lo mejor... me alegra que lo haya tomado de buena manera...-Se dijo a sí mismo, mirando su mano.
En la actualidad.
Bell caminaba hacia una dirección desconocida, con la cabeza agachada, sus manos dentro de sus bolsillos y sin hacer caso a los saludos de los aventureros y civiles con los que se cruzaba, en pocas palabras, estaba perdido en su propio mundo, pensando únicamente en el encuentro que tuvo en las murallas hace tan solo unos minutos.
El joven, al ser alguien que normalmente empatiza con los demás, a tal grado de identificar los sentimientos más profundos de sus personas allegadas, notó la falsedad en las palabras de Aiz, la princesa de la espada.
Notó su tristeza.
Su dolor.
Lo difícil que era para ella desearle lo mejor aun cuando lo quería q su lado.
Pero él no podía ni quería mentirle.
No quería darle falsas esperanzas, estaba decidido a seguir lo que su corazón desee, así eso signifique romper el corazón de la mujer que una vez amó.
-Sé que dejar las cosas claras desde el principio es lo más idóneo, no quiero que sus sentimientos nacientes hacia mí aumenten para después desilusionarla...-Susurró, levantando la mirada sin frenar su avance.
-Si tan solo nuestros sentimientos hubieran coincidido desde un principio... tal vez no habríamos tenido que llegar a esto...-Declaró, suspirando pesadamente.
-Sin embargo... si eso hubiese pasado, no habría conocido a Freya y Tiona... tal vez estaba en mi destino no ser correspondido-Agregó con una ligera risa, burlándose de su propia desgracia de manera irónica.
-La vida labora de maneras misteriosas y lo único que podemos hacer es seguir viviendo, continuando el camino que crearon tus decisiones a lo largo del tiempo-Finalizó con un tono melancólico.
-Debo ir con Hermes-Sama, le prometí a Freya que encontraría una manera de que ella pueda salir sin ser objeto de deseo de todo el que se cruce a su lado-Dijo el joven peliblanco, recordando su promesa y el objetivo que se había planteado al salir del hogar de la diosa nombrada anteriormente.
Gracias a ello, aceleró su velocidad y se encaminó a la sede del Dios Hermes, quien era un amigo de la familia Hestia, específicamente de Bell.
Torre de Babel.
Una habitación con muebles tirados, copas de vino en el suelo con dicho líquido derramado en la alfombra que cubría el lugar, esa era la vista general del cuarto si entrabas, con el ligero detalle o más bien dicho, con la presencia de cierta diosa sentada en ese mismo suelo, sus rodillas pegadas a su rostro, como si no deseara ser vista por nadie, tal vez eso se debía a que... estaba llorando.
Sí, llorando, ni más ni menos que la diosa con la familia más poderosa de todo Orario en la actualidad, quien es conocida y tratada como una reina, la famosa... Freya.
De ser vista por alguien que no comprendía el motivo de esa vista tan deplorable o impropia de una diosa con los títulos y características mencionadas anteriormente, pensaría que es solo una niña con la ilusión rota, pasando por un dolor incomparable, sufriendo por algún tema de amor... ¿Y saben qué? No estaría equivocado en lo absoluto.
-¿Dónde estás Helun? Entre más tardas en llegar, mi mente divaga y me imagino lo peor, sobre todo por ese dolor en el corazón que sentí reflejado gracias a ti...-Se preguntó ella, recordando cuando una punzada golpeó en su pecho, tal parecía que el dolor de su asistente fue sentido por ella también.
-Dijiste que te quedarías conmigo... lo prometiste...-Susurró con la voz entre cortada y con lágrimas bajando por su rostro.
-Y simplemente te vas con esa chica de la familia Loki...-Agregó, con un tono amenazador, su aura aumentaba, como si liberara su poder de diosa.
-No lo puedo permitir-Declaró, aumentando la presión en el ambiente, hasta que...
-F-Freya-Sama, he vuelto-Dijo una voz desde la puerta de entrada a su habitación.
Esto provocó un deceso en su ira, regresando las cosas a la normalidad.
-¿H-Helun?-La nombró la diosa, levantándose del rincón donde yacía sentada y corriendo en su dirección.
-Freya-Sama yo...-Trató de hablar pero fue tomada de los hombros.
-¡¿Qué sucedió? ¿Por qué sentí ese dolor en mi pecho?! ¡¿Qué hicieron ambos en esa reunión?! ¡¿Fue una cita?! ¡Cuéntamelo todo!-Preguntó Freya con inquietud, agitando con fuerza a su dependiente desde sus hombros, haciendo que esta se mareara.
-F-Freya-Sama, m-me lastima-Informó ella, haciendo un gesto de dolor por lo fuerte del agarre.
La diosa se dio cuenta de lo que estaba haciendo y frenó.
-L-Lo lamento, no quise lastimarte, lo que pasa es que no quiero pasar ni un segundo más sin saber lo que sucedió, por favor cuéntamelo-Se disculpó Freya, pidiendo de manera educada la informa, como si de una niña recién regañada se tratara.
Esa era la primera vez en tanto tiempo que Helun veía a su diosa actuar de esa manera, también la primera vez en que ella se disculpaba por algo que hizo mal, normalmente bromeaba y actuaba tierna para evitar reclamaciones de los miembros de la familia, específicamente Ottar, quien se encargaba de aconsejarla. La única persona que había visto que la regañara era Mia Grand, la cual actualmente es un miembro inactivo de la familia.
Al ser soltada, la peliplateada se tomó los hombros con las palmas de sus manos, sobando ligeramente el lugar adolorido.
Freya se había sentado en su silla, la levantó a una velocidad inhumana y la posó enfrente de quien narraría lo sucedido.
-Freya-Sama, Bell y la princesa de la espada tuvieron una cita-Esa fue la introducción.
Ante esto, la diosa frunció el ceño y el ambiente nuevamente se sintió pesado, esa misma presión fue percibida por Helun, quien trató de continuar, ni dejar a medias la historia.
-¡P-Pero eso no es todo!-Agregó, despertando la confusión de la oyente.
-¿N-No es todo? ¿A qué te refieres Helun?-Preguntó Freya, con su mirada atenta a la chica, las lágrimas habían dejado de caer.
-El dolor en mi... en nuestro corazón fue causado por celos... ellos tuvieron una cita, comieron juntos, hablaron sobre como estuvieron en los últimos días, parecían muy felices, es por eso que yo... me sentí triste...-Declaró Helun, mientras resistía las ganas de ponerse a llorar al recordar aquello.
-Helun... ¿Tú también lo amas?-Fue el cuestionamiento de su Diosa.
Sus mejillas se sonrojaron enormemente ante ello, de nada servía mentirle, ambas sabían perfectamente la respuesta pero Freya quería confirmarlo.
-Y-Yo igual lo amo, aún si no he pasado el mismo tiempo que usted con él, sé que estos sentimientos no son solo suyos... también son míos... yo amo a Bell Cranel...-Confesó la peliplateada con tristeza y su cabeza agachada, apretando sus puños de impotencia.
-Y-Yo me siento culpable, porque no puedo amar al mismo hombre que usted... no puedo cometer esa falta de respeto, mi diosa-Agregó, con sus piernas temblorosas, queriendo tirarse en el suelo.
-Helun...-Freya sintió empatía por ella, condescendencia.
-¡P-Pero eso no importa ahora! Tengo que contarle lo sucedido con la princesa de la espada, lamento haber interrumpido la historia con mis problemas, espero que pueda perdonarme, Freya-Sama-Se disculpó Helun, secando lo húmedo de sus mejillas y pómulos con la manga de su ropa.
-Entiendo, te escucho, continúa-Contestó la diosa de manera seria, el ver de esa forma a su hija provocó que se calmara, cayó en cuenta de que no era la única sufriendo.
-De acuerdo, después de ese pequeño interludio, comenzaron a... entrenar-Comentó Helun, agregándolo a lo antes mencionado.
-¿E-Entrenar?-Se cuestionó Freya, nunca había sabido de una cita en la que la pareja "Entrenara", o no en el sentido literal de la palabra, claro.
-Sí, entrenar, ella y él luchaban en las murallas, creo que eso era algo común en ellos hasta antes de lo sucedido hace un tiempo con la ruptura del corazón de Bell-Opinó la asistente de la Diosa, aunque se le notaba un tanto incómoda con ello.
-Luego comprendí por qué quería que entrenaran-Agregó.
-¿Había un motivo en específico? Yo pensé que la princesa de la espada simplemente no sabía lo que era una cita-Dijo Freya, mofándose un poco de ese innegable hecho.
-E-Ella quiso entrenar para noquearlo y hacerlo dormir en su regazo-Respondió Helun, desviando su mirada con sus mejillas sonrojadas.
La risa de Freya cesó, sintió como si un balde de agua fría le cayera encima.
Una vena se saltó de su fino rostro, específicamente en la porción lateral derecha de su frente.
-¿Q-Qué ella hizo qué?-Preguntó con sus ojos cerrados y una falsa sonrisa dibujada en sus labios.
-L-Le dio una almohada de regazo cuando lo noqueó, tomó su c-cabeza y la colocó en sus muslos, mientras él dormía, ella lo a-acariciaba, jugaba con su cabello-Informó Helun, recreando la escena en su mente.
"Demonios, quisiera hacerlo yo también" pensaron ambas al unísono, lamentándose por no haber sido las encargadas de hacerlo.
-Ya veo... habla a Ottar, dile que prepare las tropas, habrá juego de guerra-Dijo la diosa con un tono de voz de ultratumba y unos ojos que habían perdido su brillo.
-¡E-Espere Freya-Sama! ¡Eso no es todo! ¡No cometa una locura!-Imploró la peliplateada, intentando evitar que su impulsiva diosa haga una tontería por seguir sus inestables sentimientos.
-No me contradigas Helun, ella se lo ha ganado, debemos acabar con todo lo que se interponga entre mi conejito y yo-Respondió Freya con la misma cara de antes.
-¡Es que no es todo lo que sucedió!-Grito Helun, siendo es la primera vez que le gritaba a su respetada diosa.
Ese grito funcionó como una alarma, provocando que Freya despertara de su sed de sangre.
-¿No es todo? ¿Hay más? No deseo oír nada más, me queda claro que Bell me mintió...-Expresó, susurrando esto último con tristeza.
-No le mintió, Freya-Sama, él la rechazó, diciéndole que ahora ama a alguien más y que no podía corresponder a su tardío amor-Informó la joven.
Tras decir esas palabras, una inyección de alegría que entraba poco a poco en el cuerpo de Freya fue haciendo efecto.
-¿É-Él dijo eso? ¿La rechazó?-Preguntó con un tono de voz adorable, no podía creer lo que escuchaba.
-Sí, al despertar se alejó de ella, le preguntó el motivo de la cita y al no recibir respuesta confesó que amaba a alguien más, que el tiempo de ambos ya había pasado y su corazón le pertenecía a otra persona, claramente no lo dijo con esas palabras pero fue lo que dio a entender-Comentó Helun, ya más tranquila, al igual que su diosa.
-E-Entonces, d-dijo que ama a alguien más... ¿S-Seré yo?-Se preguntó, poniéndose de pie y tintando sus mejillas de un color rojo muy intenso, mismo color que los ojos de su amado.
-Es lo más seguro, Freya-Sama-Respondió la peliplateada, regalándole una sonrisa.
Un aire de esperanza y felicidad desbordante golpeó en el cuerpo y corazón de Freya, queriendo gritar por lo emocionada que la ponía enterarse de lo sucedido.
Claramente no lo haría, aunque Helun sabía perfectamente que lo quería, no por nada comparten sentimientos.
-Tengo que prepararme para mi cita con él, sé que es mañana, sin embargo, quiero causarle una buena impresión-Se dijo a sí misma, recogiendo todo su desorden causado por el momento de debilidad que sufrió antes de tan maravillosa noticia.
-Me es grato saber que se siente mejor, Freya-Sama, deseo que sea feliz, si no hay problema, me retiro-Avisó Helun, despidiéndose y dando media vuelta.
-Helun-La nombraron.
-¿Sucede algo, Freya-Sama?-Preguntó.
-Si él se enamora también de ti, no me importaría compartirlo-Expresó Freya, sonriéndole a la asistente.
Los ojos de Helun se abrieron de sobremanera ante ello y asintió.
Un poco de esperanza de ser amada había llegado a su cuerpo, a su corazón.
En la habitación, estando en su soledad luego de que Helun se había ido, tomó una caja de tamaño considerable del suelo y la abrió, ahí tomó lo que parecía ser un peluche de su amado y lo abrazó.
-En verdad eres mi amado Odr, Bell Cranel-
-F-Freya-Sama, sigo aquí ¿Sabe?-Helun llamó la atención.
-¿Eh?-Fue lo único que dijo la diosa al verse sorprendida en una escena tan vergonzosa.
Sede de la familia Hermes.
-Asfi ¿Cómo están las cosas para nuestro próximo viaje? ¿Tienes todo preparado?-Preguntó el dios a la capitana de su familia.
-Por millonésima vez Hermes-Sama, el carruaje está listo, no entiendo por qué desea salir con tanta prisa y sin previo aviso, mucho menos comprendo como el gremio le dio el permiso para hacerlo, viendo que no se trata de un tema de trabajo-Respondió la mujer de cabello color azul cielo, acomodando sus gafas y cerrando sus ojos en señal de cansancio por la insistencia de su dios.
-Lo sabrás después pequeña Asfi, digamos que deseo visitar a un viejo amigo para ponernos al día sobre algunas cosas que no pueden ser comunicadas por cartas-Contestó Hermes, sembrando la duda en su hija.
La conversación seguía entre el dios y sus demás dependientes hasta que...
*Toc* *Toc* *Toc*
Alguien tocó a su puerta.
-Que raro, no esperaba ninguna visita, mucho menos a esta hora-Dijo Hermes un tanto sorprendido por el hecho de recibir a alguien.
Se acercó a la entrada de su hogar y abrió la misma para ver quien era el visitante inesperado.
-B-Buenas noches, Hermes-Sama, lamento venir tan tarde-Saludó Bell cortésmente
-¿Oh? ¡Bell! ¡Que sorpresa verte aquí! Ven pasa-Dijo el dios, ofreciéndole entrar a su sede.
-Muchas gracias Hermes-Sama, sé que no avisé que vendría pero le prometo no quitarle mucho tiempo-Informaba el peliblanco mientras era envuelto por el brazo derecho del hombre cabello color naranja, el cual lo metía a sus aposentos.
-No hay problema, siempre eres bienvenido pequeño Bell-Contestó Hermes alegremente.
-Así que el chico está aquí-Dijo una voz con un tono seductor desde otra habitación.
-¡¿Aisha?!-Nombró él al reconocer a la persona de la cual esa voz había provenido.
-¿Por qué te sorprendes? Recuerdo haberles dicho que me uní a Hermes-Declaró la amazona, acercándose peligrosamente al joven.
-Ya Aisha, deja de molestarlo, de seguro vino por un asunto de suma importancia ¿No es así Bell?-Expresó Asfi, tranquilizando los instintos de su ahora compañera de familia.
-Le quitas lo divertido a la vida, Asfi, estoy muy segura de que tarde o temprano él demostrará que su actitud de niño bueno es una fachada para ocultar todo su potencial sexual-Comentó Aisha, relamiéndose los labios y mirando con deseo al muchacho, quien se sonrojó en demasía por ese comentario.
"No hables, todo lo que digas puede y será usado en tu contra" se aconsejó a sí mismo, agachando su mirada, ignorando toda insinuación proveniente de esa mujer.
-En fin, ven conmigo Bell, a mi despacho, estoy seguro de que no vendrías por voluntad propia, tengo un poco de tiempo libre, así que no hay problema en recibirte-Le dijo Hermes al peliblanco, llevándolo al lugar antes mencionado.
-Muchas gracias, Hermes-Sama-Agradeció.
En el despacho del Dios, unos minutos después.
-Déjame ver si entiendo, quieres saber si por casualidad Asfi ha creado un artefacto capaz de reducir el aura de un Dios pero no tienes pensado decirme la razón por la cual la necesitas-Retroalimentó el hombre de cabellos color naranja.
-S-Sí, en resumidas cuentas se trata de eso-Contestó Bell, desviando la mirada un tanto apenado y con miedo de que este le insistiera.
Hermes estuvo sosteniendo su barbilla, pensativo.
De pronto, una sonrisa se dibujó en su rostro, esto no le dio buena espina a Bell.
-Es por una diosa ¿Cierto? Seguiste mi consejo ¿No es verdad?-Le preguntó seguidamente, con una mirada que proyectaba... ¿Orgullo?.
-¡No es cierto!-Gritó el peliblanco, olvidando el pequeño detalle de que no se le puede mentir a un Dios.
-¡Estás mintiendo! ¡Así que al fin te haz decidido por tener un harem! ¡Me siento muy orgulloso de ti! ¡¿Cuándo demonios creciste tanto?!-Gritó con éxtasis mientras abrazaba a quien consideraba como su sobrino.
Bell permaneció en silencio, dejándose llevar por el flujo de las cosas, ya había sido descubierto, no tenía sentido negarlo.
-Y dime ¿Qué diosa es la afortunada?-Dijo con curiosidad.
El chico pensó si decirle el nombre o solo ignorar la pregunta, sin embargo, eso sería muy grosero viendo que él estaba dispuesto a ayudarlo, lo mínimo que podía hacer era ser sincero.
-F..ya-Sama-Contestó entre dientes.
-¿Eh? No lo escuché ¿Podrías repetirlo?-Insistió Hermes.
-¡Es Freya-Sama!-Declaró a los cuatro vientos.
-¿Eh?-Fue lo único que alcanzó a decir el dios al oír la respuesta.
Su rostro pasó de confiado a exaltado.
-¿F-Freya? ¿La diosa de la belleza con la familia más fuerte de Orario? ¿De esa Freya hablamos?-Interrogó Hermes, deseando haber oído mal.
-P-Pues no creo que haya otra diosa llamada Freya en Orario-Respondió Bell ante las repetidas interrogantes del Dios.
-Zeus... debes estar orgulloso de tu nieto... no obstante, debo asegurarme de algo-Susurró de forma casi imperceptible para quien estaba enfrente suyo.
-Bell, tengo una pregunta que hacerte-Dijo con un tono serio, contrario al ambiente y actitud tomadas con anterioridad.
-¿Qué sucede Hermes-Sama?-Interrogó el peliblanco, incómodo por el cambio tan repentino.
-¿No has notado un brillo en los ojos de Freya cuando habla contigo?-Lanzo la pregunta.
-¿Un brillo? Creo que no ¿Por qué?-Respondió el chico.
"Saber si está bajo su encanto o no es difícil preguntándole directamente, no obstante, no tendría sentido que lo hiciera ahora que él está confundido respecto a sus sentimientos... ¿Qué planeas hacer?" pensó Hermes, sin lograr descifrar las intenciones de esa diosa tan difícil de leer.
-Bien, entiendo, no te preocupes, son cosas mías, tengo lo que necesitas, ven conmigo-Dijo poniéndose de pie y yendo a un armario.
Bell lo siguió desde detrás suyo.
Él lo abrió y comenzó a revisar, y mover, varias chamarras y ropas hasta que tomó algo desde el fondo.
-Aquí tienes, no es igual al casco de Hades, este solo oculta el aura de Dios, no obstante, cualquiera puede verte, así que asegúrate de que Freya se esconda bien en esto ¿Entendido?-Hermes le entregó una caja negra.
Al abrirla, una tela oscura de gran tamaño era lo que había en su interior.
-¡Muchas gracias Hermes-Sama!-Bell agradeció, inclinándose ante su amigo.
-No es nada, cuídala por mi mientras regreso de mi viaje, sirve para que ambos puedan caminar juntos por algún ciudad, entiendo lo cansado que puede sentirse Freya por ser el centro de atención a donde vaya-Respondió el hombre.
-Sí... es por eso que quiero hacer esto por ella...-Concordó el peliblanco.
-Mucha suerte en tu cita ¡Ve por ella tigre!-Le subió los ánimos, dándole la confianza necesaria.
Y fue así como el encuentro entre Dios y humano salió beneficioso para este último.
"Ahhhh ¿Cómo tomarás esto, Zeus? Tu nieto prácticamente sale con la diosa más hermosa de toda la tierra y el cielo, al igual que con una bella amazona" dijo al cielo el dios en su mente.
A la mañana siguiente.
Todo estaba listo para la cita, Bell caminaba hacia la cima de la Torre de Babel, en esta ocasión, para su sorpresa, no fue escoltado por Helun.
"Hummm, quería verla, se siente extraño no hablar con ella mientras subo por el elevador" opinó internamente, recordando la actitud que está chica adoptaba.
"Sin duda alguna, es una chica linda, no entiendo como no es famosa en Orario, es igual de hermosa que Tiona y Freya" fue el pensar del chico.
"Hablando de Tiona, no la he visto, me dijo que ella y su familia estaría ocupada ayudando a la familia Ganesha con la seguridad de la ciudad gracias a la destrucción del distrito del placer y la relación que la familia Ishtar tenía con Evilus" recordó el peliblanco.
-Cuando se desocupe la invitaré a salir también, dicen que hay un restaurante muy bueno en Rivira, quiero llevarla allá, también explorar el calabozo, a ambos nos gusta luchar y estoy seguro de que es una buena idea-Susurró, feliz de saber que frecuente a dos... no, tres mujeres hermosas.
"Mi abuelo estaría saltando eufóricamente si supiera que al fin tengo la intención de tener un h-harem".
Tras el diálogo interno más largo que el joven había tenido en mucho tiempo, por fin llegó a su encuentro.
-He llegado, Freya-Avisó, para que esta volteara a verlo.
-¡Al fin llegas Bell!-Dijo alegremente, corriendo a abrazarlo.
-¡¿F-Freya?!-La nombró con todo su rostro rojo como jitomate, no se acostumbraba a las muestras de afecto.
Cuando ella se despegó, Bell la vio en todo su esplendor.
Ella tenía puesta una blusa color blanco que estaba muy pegada a su cuerpo y que cubría toda la parte delantera del mismo al igual que una porción de sus piernas, específicamente sus muslos, también traía con unos pequeños shorts y lo que se asemejaba a una bufanda color mostaza
-¿Qué tal me veo?-Preguntó Freya al sentir la mirada de su amado.
-Eres s-simplemente perfecta... no hay duda alguna de que eres una diosa de la belleza...-Respondió Bell, el paso de sus palabras se veía truncado por su misma vergüenza y admiración.
-Me alegra que te guste, Bell-Declaró la diosa, sonriéndole y tomando su mejilla con la palma de su mano.
-Dudó que exista alguien a quien no-Opinó el peliblanco.
-¡Oh! Es cierto, Hermes-Sama tenía algo para disminuir su aura, cierre los ojos por favor-Recordó el joven, sacando de una caja la tela antes mencionada.
-¿Ah? D-De acuerdo-Ella hizo caso, deseaba ser sorprendida.
Y en un veloz movimiento, sintió como algo cubría su cuerpo completo.
-¿Eh?-Fue lo único que salió de sus labios.
-¿Qué es esto?...-Preguntó, después de quitarse lo que era semejante a un gorro.
-Esto ocultará tu aura, sin embargo, tu belleza puede seguir llamando la atención, así que tendrás que ocultarte un poco-Declaró Bell, volviendo a ponerle el gorro.
Esto no le gustó a Freya, quien se sentía incómoda.
-Yo quería enseñar mi ropa a tu lado, tardé mucho en escogerla ¿Sabes?-Reclamó.
-L-Lo lamento, era la única forma-Se disculpó el peliblanco.
-Sé que es incómodo, pero espero que todavía podamos disfrutar nuestra cita, Freya-Comentó, mientras le sonreía.
El corazón de Freya pegó un salto, haciendo que olvidara la incomodidad.
-M-Más te vale que tengamos una cita maravillosa, la cual haga que valga la pena ocultar mi belleza-Opinó, desviando la mirada.
-A mis ojos, eres hermosa con o sin esa capa, Freya-Le respondió, tomándola de la mano y dando inicio a la velada de ambos enamorados.
