En el capítulo anterior.

-Yo quería enseñar mi ropa a tu lado, tardé mucho en escogerla ¿Sabes?-Reclamó.

-L-Lo lamento, era la única forma-Se disculpó el peliblanco.

-Sé que es incómodo, pero espero que todavía podamos disfrutar nuestra cita, Freya-Comentó, mientras le sonreía.

El corazón de Freya pegó un salto, haciendo que olvidara la incomodidad.

-M-Más te vale que tengamos una cita maravillosa, la cual haga que valga la pena ocultar mi belleza-Opinó, desviando la mirada.

-A mis ojos, eres hermosa con o sin esa capa, Freya-Le respondió, tomándola de la mano y dando inicio a la velada de ambos enamorados.

En el capítulo actual.

Tanto Bell como Freya caminaban tranquilamente por las calles de Orario, viendo todo lo que los rodeaba, así como las tiendas y puestos abiertos a esa hora del día.

Freya, actuaba un tanto maravillada por aquello, aunque claro, son cosas que ella ya conocía por sus pequeños vistazos desde la Torre de Babel y cuando actuaba como "Ella", no obstante, debía seguirle el juego a su amado conejo blanco ya que la coartada que dio fue la de alguien que nunca había explorado Orario en carne propia, o no sin ser escoltada, claro está. Pero había que admitir que el hacerlo sin tener que esconderse tras la fachada de camarera de cabello color plateado era cuando menos agradable.

-Bell ¿A dónde iremos? Todo este secretismo me hace sentir muy curiosa-Preguntó Freya, mirándolo directamente pero el chico no giró su rostro a su dirección, solamente sonrió y habló.

-Tengo pensado al menos 2 lugares, espero que podamos visitarlos sin complicaciones. Si todo sale bien, esa capa debería hacer su trabajo y evitar que seas objeto de la atención de todos, confiemos en Hermes-Sama por el momento-Respondió, haciendo alusión al propietario de la prenda que la diosa vestía en ese momento, la cual cumplía la función antes mencionada.

-Ya veo, pero eso no contesta a mi pregunta, al menos dime el primer lugar al que iremos-Pidió la diosa, haciendo un pequeño puchero.

-Te llevaré a comer al lugar con la mejor comida en todo Orario, o esa es mi impresión-Contestó Bell. En esta ocasión sí lo dijo directamente a ella, provocando que sus miradas chocaran tras esto.

Bell se sonrojó ligeramente y apartó la cara casi tan rápido como lo que le tomó girarla en primer lugar.

Esto dibujó una sonrisa en Freya.

-Fufufufu ¿Qué sucede? ¿Por qué el cambio tan repentino en tu actitud?-Lanzó aquella interrogante con un tono de voz insinuante y burlesco, casi igual como lo hacia cierta camarera de "La señora de la abundancia", la cual disfrutaba molestar al pobre conejo.

-L-Lo lamento-Se disculpó, agachando la cabeza y rascándose la nuca.

Freya mantenía una expresión que desprendía unas grandes ganas de continuar fastidiándolo con ese tema.

Ella en verdad es alguien con la cual no se debe mostrar aperturas.

-E-Es que... aún si al verte en Babel te dije que te veías hermosa, ahora, bajo la luz del sol, puedo decir que esa palabra palidece si la comparamos con la realidad... eres simplemente... una belleza fuera de este mundo-Agregó, sintiendo sus latidos en aumento y la vergüenza en un estado creciente con el pasar de sus palabras.

-¿Uh?-Preguntó Freya, con los ojos completamente abiertos. Estaba claro que había escuchado lo que Bell dijo, lo que sucedía no daba crédito a aquello, en resumen, no se lo esperaba, ella quería molestarlo un poco más pero después de eso era imposible.

La diosa intentó decir algo, sin embargo, las palabras no salían.

-¡M-Mira! ¡Llegamos! ¡Vamos!-Avisó, Bell, tomándola de la mano y aumentando su trote, cosa que Freya hizo de igual forma.

-¡E-Espera!-Intentó detenerlo sin éxito alguno.

La calidez de la piel de su amado uniéndose a la suya provocó que cualquier queja por correr se disipara en tan solo unos segundos.

Guardó silencio y con el rubor de sus mejillas, sonrió.

Estaba tan encantada con esto que no se percató del lugar al que se dirigían.

En "La señora de la abundancia".

"T-Tiene que ser una broma... de todos los lugares, justamente estamos aquí..." pensó Freya al hallarse enfrente de la puerta de aquel establecimiento. Se le notaba casi pálida.

-¿Sucede algo malo, Freya?-Preguntó Bell, quien la había soltado hace unos segundos, causando así que la diosa volviera al mundo real y no al que en su mente se estaba construyendo.

-N-No es nada, es solo que... Ammm... La dueña del lugar estaba en mi familia ¡Eso!, estoy un poco nerviosa de ver a Mia después de unos años-Respondió, ocultando el verdadero motivo, era claro que no revelaría el hecho de que trabaja allá casi todos los días.

-¿Uh? Cierto, lo olvidé, Mama Mia era capitana de tu familia...-Susurró el peliblanco, tomando su barbilla y pensando.

-S-Sí-Afirmó la diosa.

-Ya veo, entonces, si te es incómodo o no te sientes a gusto, podemos ir a otro lugar, aunque no conozco muchos restaurantes en Orario...-Comentó el joven, sintiendo como su nulo conocimiento de la ciudad le jugaba en contra.

Se frustró un poco al no hallar una respuesta, tanto así que se susurraba a sí mismo unas cosas que no llegaban al oído de su acompañante.

Freya notó el esfuerzo que este infundía en pensar sobre un sitio en el que los dos pudieran disfrutar su cita y que a ella le gustara.

Eso conmovió el corazón de la diosa.

"En verdad se está esforzando... se ve... tan adorable..." pensó con cierta felicidad.

-Bell, no hay problema, mientras esté contigo, me sentiré segura, además, creo que no puedo seguir posponiendo mi visita con Mia, la saludaré por los viejos tiempos-Respondió, sujetando el costado derecho del suéter que Bell traía puesto.

El chico la miró fijamente.

-¿Estás segura?-Insistió para confirmar que no se estaba obligando.

-Muy segura, entremos, me muero de hambre-Reafirmó su respuesta, posando su delicada y blanca mano en la superficie de la puerta de madera y empujándola hacia adelante.

Bell la siguió desde atrás, sosteniendo la puerta en su lugar una vez que ella la cruzó.

"E-En verdad es una hermosa diosa... debes estar muy orgulloso en este preciso instante ¿No es así abuelo?" fue lo único que cruzó por la mente del joven, el cual estaba hipnotizado por la belleza de su pareja en esta travesía llamada "cita". No literalmente claro.

Al estar adentro, cierta camarera de cabello color verde y orejas de elfo los percibió, se trataba de Ryuu Lion, amiga de Bell.

-¿Cranel-San?-Preguntó al percatarse de la identidad del chico conejo, tampoco era difícil viendo que era el único con esas inconfundibles características físicas.

-B-Buenas tardes, Ryuu-Saludó el peliblanco.

-Buenas tardes-De igual manera, Freya, quien tapó su rostro, saludó.

Esto tomó por sorpresa a la elfo, quien no creía que aquella extraña estuviera acompañando a Bell.

-Buenas tardes-Devolvió el gesto con un tono frío y un expresión tan Águeda como atenta.

Bell sintió el aura amenazante aumentando sin freno alguno, debía hacer algo para frenarlo.

-¡S-Sería mesa para 2, Ryuu! T-Tenemos mucha hambre a-así, lamento la desesperación pero... ¿P-Podrías llevarnos a nuestra mesa?-Declaró con temblor en voz y piernas. Interrumpiendo el análisis de la camarera.

-De acuerdo, síganme-Dijo con un tono demasiado serio, aún para ella.

"Ryuu... por favor, no interrumpas mi cita" pensó Freya, rogando que eso no pasara ya que no deseaba tener que encantarla para tener paz, al fin y al cabo, no por nada la considera su amiga.

Mientras caminaban detrás de la elfo, con Bell cubriendo a su acompañante, cierta mujer saludó.

-¡Al fin vuelves niño! Ya se te extrañaba-Declaró Mama Mia, dueña del lugar, al ver a uno de sus clientes frecuentes.

-H-Hola Mama Mia, lo lamento, desde que ganamos el juego de guerra y el cambio de sede, mas otros problemas, casi no he tenido tiempo para venir, quisiera disculparme con Syr pero no la veo aquí ¿Dónde está?-Informó Bell, lanzando esa pregunta al final de su explicación.

-Entiendo, entiendo, aún así ¡ESPERO QUE GASTES MUCHO DINERO HOY EN COMPENSACIÓN!-Gritó la enana a manera de amenaza, sosteniendo su cadera con ambos brazos e inflando su pecho.

-Y respecto a Syr, esa niña ha estado faltando desde hace unos dos días, siempre que tiene oportunidad nos mete en problemas por su irresponsabilidad, justo ahora que el número de clientes ha aumentado, podrá ser torpe pero esas manos extras en verdad nos vendrían bien-Agregó, con la vena de su frente saltada por el enojo de la falta de compromiso de la camarera.

En la frente de Freya una gota de sudor se deslizó, sabía que en cualquier momento, cuando volviera como la susodicha "Syr", recibiría un fuerte regaño, podrá ser la diosa de la dueña, pero adoptando esa forma, Mia estaba a cargo.

"Me matará si me ve... mejor doy media vuelta y me voy..." pensó antes de ser jalada por Bell.

-Vamos, llegamos a nuestra mesa-Giró el rostro su amado, dando aviso y jalando la silla para que se sentara.

"Ya veo... son más grandes mis ganas de estar con él que el miedo por la muerte inminente que sufriré a manos de Mia, maldito amor" se dijo a sí misma, sin pensar dos veces en sentarse.

-Aquí tienen su mesa-Avisó Ryuu, alejándose sin expresar otra cosa más.

"N-Nunca había visto a Ryuu comportarse así conmigo... ¿A qué se debe?" Ladeó la cabeza.

De pronto, la elfo hizo contacto visual con él.

"¡IGHHHHHH! ¡SIENTO QUE PUEDE LEER MIS PENSAMIENTOS! ¡ES ATERRADORA!" Rompió la tensión al ignorarla, no obstante, cierto terror quedó impregnado en el fondo de su ser.

-Bell ¿Te sientes bien?-Preguntó Freya, preocupada por él.

-S-Sí, es que siento una intención asesina hacia mi pero nada más-Respondió lo más natural posible.

-N-No creo que eso sea algo que deberías tomar a la ligera-Opinó la diosa.

-Créeme, después de estos casi 6 meses en Orario, te sorprendería la cantidad de veces que he percibido esa intención, podría decir que me he acostumbrado-Comentó el peliblanco, desviando la mirada.

-Bien... en fin cambiemos de tema ¿Qué pedirás de comer?-Agregó, rompiendo la incomodidad y actuando tranquilo, no deseaba que el ambiente arruinara su cita con la bella dama.

-No lo sé, quisiera pedir primero una pieza de pan y después ordeno el plato fuerte ¿Tú qué harás?-Fue lo dicho por Freya.

-Sinceramente, lo que yo quiera no importa, Mama Mia asentará platos y platos de comida hasta que esté apunto de reven...-Explicaba Bell hasta que un fuerte golpe en su mesa se hizo presente, haciéndola vibrar.

*¡PUM!*

-¡Servida la comida!-Dijo con un tono animado, asentando un par de grandes platos llenos de espaguetis, carne, ensalada y algunos panes.

-G-Gracias, Mama Mia-Agradeció el peliblanco, lanzándole una mirada a Freya, casi como diciéndole "¿Ves? Te lo dije".

-De nada, por cierto, Ryuu me dijo que quería hablar contigo un momento en la parte de atrás, si a la señorita que te acompaña no le molesta, claro está-Informó la enana, apuntando a sus espaldas, desde ahí, parte del rostro de la elfo se asomaba con una expresión muy poco amigable.

"Este es mi fin..." concluyó el joven.

Como si de un perrito suplicando se tratara, dirigió su rostro al de Freya, esperando su respuesta.

Ella asintió, aceptando que vaya, no sin antes reírse de la expresión que él estaba haciendo.

-Y-Ya voy... puedes comer sin mi, no tardo... eso espero-Comentó el peliblanco, tragando saliva y caminando a su destino o al lugar de su muerte, todo dependería del humor de la detective y de lo rápido que explique la situación.

"¡¿POR QUÉ A MI?! ¡¿ES PORQUE SOY SEXY?! ¡NO PUEDO EVITAR SER SEXY! ¡ME SALE SOLO!" se preguntó de manera cómica, intentando aligerar la carga pesada del estado de ánimo con un chiste fuera de lugar, el cual no podía salir de sus pensamientos si deseaba vivir un día más.

Y de esa forma, Freya quedó sola en la mesa.

Mia se mantenía de pie a un costado de la misma.

Rápidamente, se agachó hasta el oído de la diosa.

-Cuando regreses a trabajar, te haré pasar un infierno ¿Entendiste, "Syr"?-Le susurró, volviendo a la cocina después.

"Estoy muerta..." opinó con los ojos vacíos y sin esperanza, casi como los que Bell tenía en este momento desde otra parte del restaurante/bar.

"En fin, comeré, disfrutaré mi cita apenas vuelva mi amado Odr, no seas tan cruel con él, Ryuu" pidió desde el fondo de su ser, tomando una pieza de pan y comenzando a comerla.

Del lado de Bell y Ryuu.

El peliblanco yacía en pocision de dogeza, con la elfo viéndolo desde abajo, como una basura o insecto sin valor alguno.

-Lo lamento...-Se disculpó el joven nuevamente.

-Estás saliendo con otra mujer cuando tienes a Syr, no es algo que se pueda arreglar con un "Lo lamento", Cranel-San-Le dijo la camarera sin quitar su expresión de asco.

-Además ¿Por qué está cubierta? ¿No quieres que la veamos? En verdad eres escoria, Cranel-San-Bell volvió a ser insultado.

-¡No se trata de eso! E-Es difícil de explicar, p-prometo que lo haré y le compensaré a Syr todo esto, lo único que pido es que confíes en mi, por favor-Pidió el chico, sin despegar del suelo sus piernas, manos ni cabeza.

Ryuu lo consideró por unos momentos antes de dictar su veredicto.

-De acuerdo, espero que se lo compense a Syr multiplicado por un millón de veces, ahora, continué con lo que estaba haciendo antes de que cambie de opinión-Ella no presintió ningún indicio de mentira, siendo más que suficiente razón para aceptar la sugerencia.

Bell agradeció, se puso de pie y regresó al restaurante.

-Syr, te conseguí una cita-Celebró la elfo, orgullosa de su logro.

De vuelta a la cita.

Al estar juntos de nuevo, pudieron comer a sus anchas, cada vez que terminaban con algo, Mia asentaba más comida, esa fue la constante, tanto así que ni él ni ella soportaban comer un gramo de comida extra.

Pasaban los minutos y estaban más que satisfechos, casi como si sintieran ganas de vomitar, claramente Mia comenzó con su castigo desde ahora, aunque siendo dirigido a ambos, en especial a la cartera de Bell.

-Siento que si me muevo, reventaré-Dijo el peliblanco, esforzándose por sobrevivir a la dura batalla de comida a la que se enfrentó.

-No era mentira, la comida es deliciosa, pero las porciones son monstruosas-Respondió Freya.

"Conque así se siente, creo que no lo molestaré con comida otra vez, no hay mejor forma de comprender el dolor ajeno que poniéndose en los zapatos del otro" se dijo a sí misma.

Esperaron un poco más hasta que por fin pudieron hablar sin sentir que todo saldría de nuevo.

La plática fue algo trivial, sobre cosas típicas.

"¿Cómo estuvo tu día?".

"¿Qué hiciste antes de que saliéramos?".

"¿Te está gustando la cita?".

Cosas por ese estilo.

Aunque claro, cuando tocaron el tema de lo que hicieron el día de ayer, cierta incomodidad se presentó en los dos, ya que Bell no deseaba contar el encuentro que tuvo con Aiz Wallenstein y Freya, aunque estuviera feliz por saber que aquella chica de Loki ya no fuera la dueña del corazón de su conejito, todavía recordaba lo de la "Almohada de regazo", provocando su enojo y celos.

-¿Pasa algo? De pronto hiciste un puchero-Preguntó Bell al ver el gesto de la diosa.

Freya se dio cuenta de que lo hizo sin querer.

-No es nada, a-algo que cruzó por mi mente me incomodó, es todo, cambiemos de tema-Pidió la diosa, negando con sus manos.

-Bell... ¿Tú amas a alguien ahora? Sé que puede ser difícil superar los sentimientos anteriores en un abrir y cerrar de ojos pero... ¿Sientes algo por otra persona?-Preguntó Freya, con mucha ilusión.

-¿Eh?-Preguntó Bell con las mejillas sonrojadas y una cara que revelaba total incredulidad.

La mente de Bell dejó de funcionar por una fracción de segundo.

-¡¿QUE SI AMO A ALGUIEN?!-Gritó con la razón rompiéndose.

Esto despertó la atención de los presentes, incluidas las camareras Anya, Chloe, Lunoire y sobre todo Ryuu, quien estaba atenta a la respuesta que daría el chico.

-¡NO SE METAN EN LO QUE NO LES IMPORTA! ¡SIGAN EN LO SUYO!-Regañó Mia y más pronto que tarde todos le hicieron caso.

"¡GRACIAS MAMA MIA!" llorando internamente, Bell puso a la enana en un pedestal por la gran ayuda que recibió.

-No hagas mucho escándalo, lamento la pregunta, no tienes por qué responder-Dijo a Freya en voz baja, intentando calmar a Bell.

"Sus reacciones son adorables, sin embargo, esta vez fue exagerada... en verdad quería saber la respuesta" se dijo a sí misma, haciendo un puchero nuevamente.

-L-La persona a la que amo, preguntas...-Dijo Bell, recapitulando.

"No puedo decirle que la amo a ella y a Tiona... no es el momento... no es el lugar y mucho menos tengo un plan todavía para evitar romperle el corazón a una de ellas..." comentó en su interior.

Se sintió acorralado, no obstante, no deseaba dejar sin respuesta a Freya.

-Y-Yo... creo que... Ammm... amo a...-Con la diosa prestándole total atención y sus palabras saliendo cada vez con más dificultad, Bell estaba apunto de sucumbir a la presión.

*pum*

-¿Eh?-Ladeó la cabeza Freya.

-Aquí tienen su cuenta, están causando mucho alboroto, lárguense-Dijo la enana, dueña del lugar, interrumpiendo la respuesta.

La forma en la que lo dijo, hizo que salieran rápidamente y dejaran el dinero.

"Otra vez no pude obtener la respuesta... no pude conseguir que dijera que me ama" se lamentó la diosa.

Mama Mia había salvado al manojo de nervios llamado Bell Cranel de la comprometedora situación en la que una pregunta lo había metido.

"Niño, estás metiéndote en un mar de problemas, espero que todo salga bien" pensó la enana, negando con la cabeza y volviendo a su puesto.

Fuera de "La señora de la abundancia".

Ambos estaban en silencio, sin decir nada, no sabían como romper la barrera de hielo que se creó de un momento para otro entre ellos.

Bell, por su parte, seguía pensando en la pregunta que Freya le hizo.

La diosa, en cambio, se sentía culpable por provocar todo esto, también muerta de duda al no obtener lo que deseaba.

Por esa misma culpa, tomando aire y confianza, tomó la responsabilidad.

-Perdón si te incomodó la pregunta, no debe ser fácil superar tan rápido tus sentimientos ¿Cierto?-Dijo comprensivamente.

Bell suspiró.

-No se trata de eso, es que no sabría qué respuesta dar ahora mismo, solo estoy seguro de algo, estoy sintiendo de nuevo amor, o algo muy parecido a él, perdóname por decirlo hasta ahora, hubiera sido más fácil y menos incómodo decirlo cuando lo querías saber-El peliblanco igual se disculpó.

"Está sintiendo amor... eso significa que... tal vez yo... tal vez él... me ame..." la alegría regresó al cuerpo de Freya, quien no pudo evitar sonreír.

-En fin, hagamos borrón y cuenta nueva, no dejemos que un tropiezo arruine nuestra cita-Sugirió Bell, sonriéndole y tomándola de la mano otra vez.

-Vayamos al último lugar que quería visitar contigo, por suerte, la noche está apunto de caer-Agregó.

Freya, feliz por tener a Bell sujetándola otra vez, le respondió.

-¡Sí! ¡Vamos!-

Ambos caminaron a su último destino, con las energías renovadas y disfrutando la compañía del otro, ¿Cómo no hacerlo? La persona que amaban estaba al lado de ellos y en el caso de Freya, se sentía protegida, segura y una calidez iba creciendo en su pecho a la par de su felicidad. Bell, mientras tanto, sentía lo mismo que cuando estuvo con Tiona, una inmensa tranquilidad y ganas de nunca alejarse de la diosa que agarraba con su mano.

"Comparar lo que siento por ambas... es exactamente lo mismo... no hay ninguna diferencia... yo... ¿Las amo a ambas?" se dijo a sí mismo, recordando el consejo que Welf le dio hace un par de días respecto a sus dudas respecto al amor compartido que tenía hacía ambas mujeres.

Sin embargo... dentro de su ser, sentía que algo faltaba... una incomodidad impropia del momento.

Algo faltaba... o tal vez... ¿Alguien?.

No obstante, no había tiempo para concentrarse en eso, tenía que disfrutar la compañía de Freya y hacer que ella, igual disfrutara del momento.

Dos enamorados llegando a su penúltima para.

Unos minutos después.

La puesta de sol comenzaba, las calles de Orario prendían sus luces con el objetivo de recibir a oscuridad venidera provocada por la noche pronta a llegar.

Bell y Freya continuaban caminando.

"¿Cuándo llegaremos?" Se preguntaba la diosa, ya que el tiempo pasaba sin algún indicio de estar cerca de su destino.

Algo a agregar es que no reconocía las calles que él tomaba, mucho menos el lugar al que la era llevada.

"No me digas que... ¡¿Iremos a un hotel del amor?!" esa idea fuera de lugar se hizo presente en las posibilidades que creaba en su mente.

"N-No creo... es demasiado inocente, si llegamos a ese punto, estoy más que segura que yo deberé tomar la iniciativa" negó más pronto que tarde esa opción.

"O tal vez... ¡YA NO PODÍA CONTENERSE Y SACARÁ A RELUCIR TODOS SUS DESEOS PROHIBIDOS! Aunque... si fuera así, no me negaría..." continuó con sus ideas hasta que...

-Llegamos, Freya-Informó Bell.

Freya salió de su transe y, llena de ilusión por ver su fantasía ser cumplida, miró el lugar.

Grande fue su decepción al obtener su tan ansiada respuesta.

-¿U-Un callejón?-Preguntó.

-Solo espera y verás, si me disculpas...-Dijo y de pronto...

-¿Eh? ¿Q-Qué haces?-Preguntó la Diosa al sentir sus pies despegarse del suelo.

Bell la había cargado en brazos como si de una princesa se tratara.

-Lo que te quiero enseñar, es más arriba-Declaró, dando un gran salto.

Freya, con sus brazos envueltos en el cuello de Bell, se sostuvo fuerte al sentir el viento pasar por su cuerpo, haciendo revolotear la capa negra que la protegía.

Un pequeño golpe sonó y el aire golpeando cesó.

-Llegamos, justo a tiempo-Informó el peliblanco, sin soltarla.

Se sentó a un borde del piso, con los pies en el aire y Freya sentada en su regazo.

Ella, encantada por al determinación que rebosaba de su amado, ignoró lo que él le quería mostrar.

-Mira... el atardecer-Apuntó a adelante suyo.

Ella hizo caso.

Al hacerlo, se topó con una vista simplemente maravillosa.

Un hermoso atardecer, el sol mostrando la última parte de su circunferencia mientras la luna se asomaba poco a poco.

Una vista... simple pero... encantadora.

Maravillada por la vista, sin poder hablar, Bell rompió el hielo.

-Nunca me cansaré de ver el atardecer aquí... me relaja y hace feliz saber que he vivido un día más esforzándome por cumplir mi sueño... llegué con solo eso, un sueño y poco a poco lo estoy cumpliendo, la caída del sol y el llegar de la noche solo hacen que recuerde que estoy a un día menos de lograr lo que me propuse desde niño... por eso amo tanto este lugar... no únicamente esta parte claro está, si no... todo Orario... la ciudad de los héroes... en la que me convertiré en uno...-Comunicó Bell, con el reflejo de los últimos rayos del sol golpeando en sus ojos color carmesí.

Freya dejó de lado el atardecer para centrar su atención en algo aún más hermoso... Bell.

Su rostro... sus ojos... su sonrisa llena de vida que alegra cualquier corazón... ese brillo blanco que se hacía cada vez más fuerte y grande... ¿Cómo no amarlo? ¿Cómo no amar a aquel chico tan puro?.

-Sí... en verdad es una vista maravillosa...-Opinó, aunque claro, hablaban de escenarios y cosas diferentes.

Pegó su rostro al pecho de Bell y lo abrazó con un poco más de fuerza.

El peliblanco, hipnotizado por el momento, no sintió vergüenza ni nada parecido.

Solo se dejó llevar por el flujo de las cosas lentamente.

-En serio eres mi Odr...-Susurró la diosa.

-¿Uh? ¿Dijiste algo?-Bell bajó su mirada hacia ella.

-Nada...-Contestó, sonriendo traviesamente y pegando aún más su rostro al cuerpo varonil de su amado.

En la Torre de Babel, momentos después.

La cita había llegado a su fin, ellos lo sabían, tras su pequeña visita, regresaron al hogar de Freya, apunto de despedirse.

Con la puerta de la habitación abierta, uno en cada lado de la misma.

-Muchas gracias por la cita Bell, en serio me divertí mucho-Dijo Freya, sonriéndole dulce y puramente.

-Prometí hacerlo y lo cumplí, me hace feliz saber que logré hacerte feliz en esta ocasión por lo menos-Contestó el chico, sonriéndole de igual forma.

La diosa quedó sin habla y quieta, esa maldita sonrisa que alborotaba su corazón se hacía presente otra vez.

-Me retiro, Freya, espero con ansias poder salir contigo nuevamente, prometo planear algo más para que nos divirtamos juntos-Finalizó Bell, dando media vuelta, apunto de caminar al elevador.

"No puedo dejar pasar este momento..." dijo Freya, agarrando coraje.

Justo cuando el peliblanco entró al elevador, una voz lo llamó.

-¡Bell!-

Él hizo caso a Freya, quien lo había nombrado.

Al girar, sucedió lo que no esperaba...

*Mua*

Un beso fue dado...

Freya sostenía con ambas manos los dos costados del rostro del peliblanco.

Los labios de ambos se pegaron en dulce y tierno beso.

Bell, quien abrió los ojos de sobremanera, casi pasmado, se quedó estático.

Unos segundos pasaron y por fin se separaron.

Freya rápidamente presionó el botón del elevador para que este se cerrara.

-Bell, esta cita, este día, solo hizo que estuviera más segura de mis sentimientos, yo... ¡Yo te amo!-Declaró mientras las puertas se cerraban.

Y...

*pum*

Las puertas se cerraron.

En el elevador, Bell permanecía como antes.

Al bajar todos los pisos y por fin llegar al primero, por fin expresó algo.

-O... O... ¡O-OTRA VEZ Y DE LA MISMA MANERA!-Gritó con euforia, mientras salía corriendo a gran velocidad con la cara roja en su totalidad y sosteniendo su corazón que latía a mil por hora.

Freya, mientras tanto, se acostó en su cama, abrazó aquel peluche que extrañamente se parecía a su amado y sonrió con gran felicidad y júbilo.

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En Folkvangr, específicamente en la habitación de cierta chica de cabello plateado.

Helun estaba acostada en su cama, mirando al techo y sintiendo una felicidad desbordante nacer en su corazón, ella lo supo, su Diosa había tenido una velada maravillosa con el chico de su interés.

Cierta tristeza y celos se hicieron presentes en ella, ya que también amaba a Bell.

-No hay tiempo para sentirme derrotada...-Susurró.

"Es mi turno de intentar enamorarlo... Freya-Sama aprueba que lo haga... Aún si es el hombre al que ama, ella está de acuerdo en compartirlo con alguien como yo... No desaprovecharé mi oportunidad..." se dijo a sí misma, confiando en el plan que ella y su diosa habían ideado para que tuviera su momento con Bell.

-Freya-Sama, no, todos los dioses, por favor... permítanme lograr que se enamore de mi... por favor... por favor...-Dijo la peliplateada, rogando tan anhelado deseo con sus ojos cerrados.

"Con que es así como se siente el amor..." Finalizó, con ambas manos en su pecho, esperanzada de que todo saliera bien y cerrando sus ojos con emoción, sin poder esperar a que la mañana llegara.

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