Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a su majestad Rowling, yo sólo me divierto un poco con ellos.
II - EL NÚMERO 59 DE ENDELL STREET
16
Narcissa Malfoy lucía fuera de lugar. Hermione no estaba segura si era por su atuendo, su pose o una magistral combinación de ambas, pero se veía como si un juego de té de porcelana fina se utilizara en la barra de un pub para servir Fish'n Chips.
Había llegado por Red Flú un par de segundos atrás y ahora los observaba a los 3, Harry, Draco y a ella, cuidándose de no delatar su extrema preocupación. O al menos, eso creyó Hermione.
Narcissa avanzó dos pasos dentro de la pequeña sala de estar del número 59 de Endell Street y sin dar explicaciones rodeó con sus brazos a su hijo y lo besó en ambas mejillas soltando un casi imperceptible suspiro de alivio.
—Madre… ¿Qué haces? —murmuró Draco visiblemente incómodo pero sin apartarla de él. Hermione se alejó despacio de ambos y el salón se iluminó de nuevo con llamas verdes para dar paso a Theodore Nott que le sonrió a Hermione a modo de saludo y apenas le dirigió un vistazo a Harry, quien estaba más que complacido de no ser el centro de atención, para variar.
Hermione podía afirmar, sin lugar a dudas, que aquella era la peor víspera de Navidad de su vida, y eso era mucho decir si se tomaba en cuenta que durante una casi fue asesinada por Nagini en Godric's Hollow. Al igual que aquella vez, Ron no estaba con ellos.
El sonido de los cubiertos sobre los platos era lo único que se escuchaba una vez que todos se sentaron a la mesa. Draco y Narcissa no se habían hablado gran cosa y los demás sabían que todos los reclamos llegarían cuando se encontraran a solas.
Harry observaba sin interés su comida y apenas la saboreaba, a pesar que estaba deliciosa. Ese elfo que había cocinado, y que suponía era un sirviente de Malfoy, era un excelente chef. Suspiró sin darse cuenta y apenas echó un vistazo a los otros comensales.
Su mirada se cruzó con la Theodore Nott en aquel momento y supo que estaban pensando lo mismo: Jamás, ni en sus mas locos sueños o crueles pesadillas, imaginaron estar juntos tomando una cena de Navidad con los Malfoy y Hermione.
Apartó su cabello rebelde de su rostro y recibió de buena gana otra guarnición de papas al horno que le dio el elfo. Habían pasado tantas cosas que olvidó que no había comido nada en todo el día hasta aquel momento.
Elphias Doge había llegado al poco tiempo de que Hermione saliera de la sala de interrogatorios con Malfoy, y fue tan poco que no pudo confrontarla por lo que tuvo que presenciar, aun cuando ella no lo supiera. Aun así, llegó a la conclusión que había sido lo mejor, pues a pesar que quería decirle mil cosas a su mejor amiga no habría tenido idea de por dónde empezar. Arthur Weasley y el anciano consejero del Wizengamot escucharon su historia con paciencia y un poco de incredulidad, sin embargo, ambos coincidieron en que todo había sido un desafortunado malentendido.
Malfoy igual tendría que comparecer en un juicio dentro de 3 días pero había logrado escabullirse por segunda vez de Azkabán y Harry dudaba que no fuera capaz de hacerlo una tercera, por lo que su situación judicial no le preocupaba tanto como el hecho de que había estado seduciendo a su mejor amiga.
—Supongo que ahora que llegamos al postre, tendrán la delicadeza de explicarme qué es lo que ha pasado —. La voz de Narcissa Malfoy los sacó a todos de sus ensoñaciones. Ya era demasiado extraño que todos estuvieran reunidos en aquel apartamento muggle mientras un pequeño árbol de navidad de plástico brillaba en una esquina con pequeñas luces de colores encantadas, que Hermione estaba segura habían sido obra de Walton.
Hermione se aclaró la garganta, sentía que ella tenía que empezar a dar explicaciones pero Theodore la interrumpió antes que pudiera decir nada.
—Señora Malfoy, creo que antes tenemos que agradecer a Hermione por su hospitalidad y la deliciosa cena que acabamos de tener —. La mujer dejó que una sonrisa que trató de ser cortés se dibujara en su cara, pero a todas luces la impaciencia de una madre que sabe que unos chiquillos la están tomando por tonta, invadió sus facciones.
Walton se apresuró a servir la botella de champaña que Theodore hizo aparecer y Draco puso los ojos en blanco porque él conocía a su madre y si le seguían dando largas al asunto, las cosas se iban a poner desagradables para todos.
—Estuve hoy en los calabozos del Ministerio. Preso —. Harry tosió mientras la champaña se le iba por la nariz, Theodore lo miró furibundo, Hermione dejó caer sus cubiertos y Narcissa Malfoy, estoica, sólo frunció el ceño y dejó su copa sobre la mesa—. Pero estoy bien. No fue nada grave.
—Gracias al señor Potter y a la señorita Granger, me imagino —. Draco conocía ese tono de voz y no presagiaba nada bueno. Miró a los ojos a su madre y quiso repetirle que de verdad, no había sido nada grave, sin embargo además de sus labios apretados y su nariz arrugada en un gesto de preocupación, Draco distinguió con claridad pequeñas arrugas alrededor de sus ojos azules y brillantes, que ante su indiferencia, estuvo seguro, se llenarían de lágrimas.
Ahí estaba, la mujer que más lo amaba en este mundo, fingiendo ser fuerte cuando en realidad quería abrazarlo y nunca más dejarlo ir. Porque su corazón de madre le había estado alertando todo este tiempo que su pequeño estaba en problemas y que no tenía forma de saber lo que estaba pasando.
Habían sido días largos para Narcissa en Malfoy Manor luego de la muerte de su esposo. Dejó que Draco tomara distancia y que viviera a su manera el duelo pero sabía que si no hacía algo lo perdería también. Theodore la había ayudado más de lo que podía agradecer y pensó, cuando le informó que Draco comenzaría a trabajar con Harry Potter y Hermione Granger en un proyecto contra una maldición, que finalmente podría distraerse en el algo y comenzar a limpiar su nombre mancillado por la guerra perdida.
Sin embargo, Theodore omitió un detalle, uno que la habría hecho salir corriendo a impedir que Draco se embarcara en tamaña aventura sin sentido: No le dijo, sino hasta esa tarde cuando la fue a buscar para que por fin se reencontrara con su hijo, que las reparaciones, que eran en la casa de la familia Black, no habían salido del todo bien, pero que ya todo estaba bajo control.
Bajo control.
Theodore, como todo Slytherin, era hábil escogiendo las palabras para manipular la situación a su favor. Sin permitirse perder mucho tiempo, se dirigió por Red Flú a la dirección que él le dio y se enfrentó de bruces con una realidad que no esperó, pues si bien no pudo evitar alegrarse, no sólo de verlo sino de verlo bien, más saludable y no tan delgado; su rostro, el de Granger y el de Potter delataba que algo andaba mal y aún más sospechoso era que tuvieran que encontrarse en esa estrecha vivienda muggle, donde no quería imaginar que su hijo había estado viviendo desde su repentina desaparición.
No sólo debía luchar contra su propio dolor y adaptarse a su nueva soledad de viuda, sino también contra miedos que creía sepultados concernientes a su desparecida familia paterna. El sólo sospechar lo que Draco habría estado haciendo en la casa de su tía Walburga la llenaba de temor, magia que había nacido en tiempos ancestrales reposaba dormida y furiosa en aquel lugar. Si Theodore se lo hubiera dicho, jamás habría permitido que su hijo entrara a la casa de los Black.
Draco lucía bien, sí, pero no sabía por cuánto tiempo más. Narcissa dirigió un vistazo a Hermione Granger y eso la preocupó aun más. Sus labios habían perdido cualquier color y miraba a su hijo como si fuera a desaparecer en cualquier momento.
—Yo solo hice lo correcto —dijo Harry logrando que Draco pusiera los ojos en blanco.
—Gracias, Potter. Necesitábamos recordar lo noble y justo que eres —respondió Draco arrastrando las palabras y sin mirar a su madre. Ahora sentía que no podría mentir mirándole los ojos.
—Me temo que no aceptaré más excusas. Draco Malfoy, te exijo que me des una explicación de inmediato —. La sentencia había sido dura y directa, tan pesada como la del tribunal supremo de los magos. Él llenó sus pulmones de aire indeciso de por donde comenzar pero no fue necesario que dijera nada.
Theo tomó la palabra, mirando alrededor relajado y después de tomar un sorbo de champaña.
—Señora Malfoy, creo que lo importante es que puede comprobar que Draco se encuentra en perfectas condiciones y que…
—Theodore, mi hijo no necesita abogados… —interrumpió Narcissa antes de bufar y mirar con rudeza a Draco—. Bueno, al menos en este momento.
Harry trató de ocultar una carcajada suave fingiendo un ataque de tos con lo que se ganó una mirada ruda por parte de los dos Slytherin.
—Madre…
Narcissa Malfoy escuchó con calma y sin hacer una sola pausa la historia que Draco le refirió, donde entre otras cosas, omitió que la maldición que sufrió se curó con las fibras del corazón de Granger, que comenzaba a sentir algo por ella y que no planeaba volver a la mansión, al menos no en el corto plazo.
Hermione le dirigió una mirada nerviosa, habían pasado demasiadas cosas en un solo día y por la expresión en la cara de Narcissa, la noche estaba lejos de acabar.
—Eso no es bueno… —. Fue lo único que respondió Narcissa mientras le daba vueltas a su anillo de matrimonio con nerviosismo. Draco alzó una ceja, su madre pocas veces demostraba en público su debilidad y supo entonces que, fuera lo que fuera a lo que se estaba refiriendo, en verdad, no era bueno.
La señora Malfoy le dirigió un vistazo a Harry, que ya estaba extrañado de que por algún motivo fortuito la conversación no hubiera cambiado su rumbo hacia él. Suspiró, tal vez Percy tenía razón y se había convertido en un maldito narcisista.
—¿A qué se refiere? —preguntó Hermione apretando sus puños bajo el mantel. Narcissa continuó sin mirarla y sin apartar sus ojos de Harry.
—Me temo, señor Potter, que Grimmauld Place no podrá pertenecerte —. Draco miró a Hermione y se alzó de hombros mientras que ella dio un respingo al escuchar esas palabras. Theo seguía bebiendo su champaña tranquilo y Harry frunció el ceño.
—Malfoy es ahora su legítimo dueño. Puede simplemente hacer un transpaso legal y mágico correctamente, cosa que mi padrino por obvias razones no pudo completar… —. Narcissa analizó un segundo más del necesario su semblante amargo al mencionar a su primo fallecido y caído en desgracia. La mujer sonrió quedamente y lo miró como quien mira a un niño pequeño, a quien le intentas explicar algo que no entiende.
—La Casa de los Black, es eso: de los Black. Ese maleficio que cayó sobre mi hijo es sólo el resultado de una ceremonia de herencia mal realizada —. Se detuvo para lanzar una mirada ácida a Hermione—. La casa pasa de heredero varón a heredero varón para continuar el legado y el apellido de la familia. Me temo que eso es una misión que tú no puedes o quieres completar.
Harry bufó y se cruzó de brazos.
—¿Y qué pasa si insisto? —dijo desafiante pero sin mirarla. Narcissa le respondió ahora sin sonreír.
—Me temo que no tendrás la misma suerte que Draco y tras intentar llevar acabo la ceremonia de herencia, el Legado de los Black te rechazará y acabarás muriendo por la maldición.
—¿El Legado de los Black? —preguntó Hermione confundida antes que Harry pudiera objetar con furia—. ¿La suerte de Draco? Draco es el legítimo heredero de los Black, el libro era muy claro, decía que…
—Me temo, señorita Granger, que en los libros no está siempre toda la verdad. La magia de sangre es antigua y peligrosa. Eso también debieron enseñárselos en la escuela. Si te hubieras tomado la molestia de preguntar a la última Black cómo resolver esto, quizás todos nos hubiéramos podido ahorrar muchos malos ratos.
Hermione se sonrojó pero de la impotencia. Aparentemente todos disfrutaban en resaltar todos los errores que había cometido.
—Eso es cierto pero Draco es, de hecho, el legítimo heredero —comentó Theodore casual —. ¿Por qué no podría continuar con el legado de la familia?
Narcissa dejó entrever un semblante cansado, como si hablar de su familia fuera un tema que realmente preferiría no tocar.
—Draco se salvó porque a diferencia del señor Potter, tiene sangre Black en sus venas, suficiente para ser un legítimo heredero —. Ella se giró y miró los ojos grises de su hijo llena de tristeza—. Pero él no puede cumplir con el Legado de los Black… Mi Draco, tú eres un Malfoy. Puede que la destrucción de la casa haya cesado, pero no tienes su apellido, tus hijos deberán ser llamados Black en el árbol genealógico o una maldición caerá sobre ti y sobre ellos… El Legado es grande y oscuro, no es algo que se pueda evitar… ¿Qué haremos ahora, mi pequeño?
Por primera vez en toda la noche, Narcissa Malfoy sonó sin esperanza. Draco buscó la mirada de Hermione, cuya cabeza funcionaba a toda velocidad. Toda esa información nueva era algo con lo que no contaba.
—Es decir que aunque yo renuncie voluntariamente a mis derechos sobre Grimmauld Place… —comenzó Harry.
—No es como si tuvieras otra opción —aclaró Draco con un bufido. Harry lo miró con rabia y continuó:
—A pesar de ello, ¿Debemos buscar otra salida porque esto de la maldición aún no termina?
Narcissa asintió quedo y continuó mirando a su hijo como si fuera a desaparecer en cualquier momento.
—No entiendo cuál es el punto de todo esto —intervino Theodore hastiado—. Draco es igual el último Black. ¿Qué sentido tiene matar a los propios miembros de su familia con maldiciones ocultas? Este asunto del Legado no tiene la menor lógica, una familia no puede asegurar un heredero varón siempre…
—¿Lógica? —respondió Harry burlón—. Los Black se distinguen por cualquier cosa menos por su sentido común, su pasatiempo era desheredar a sus familiares…
Fue entonces cuando el cerebro de Hermione hizo click.
—¡Eso es! —exclamó y todos la miraron alarmados, sin embargo ella habló directo a Narcissa —. A pesar de que no puede cumplir con el Legado, ¿Draco es aún la cabeza de la familia, cierto? —. La mujer asintió—. ¿Es el jefe de la familia quien toma la decisión de expulsar a alguien de la casa? —. Narcissa asintió nuevamente sin entender. Hermione sonrió convencida de tener la solución —. ¿Es entonces posible para él también volver a aceptar a alguien dentro?
Narcissa abrió los ojos como platos y dio de nuevo vueltas a su anillo. No se le había ocurrido, no sabía la respuesta, de seguro era algo que nunca había sucedido antes.
—No lo sé.
—Entonces lo probaremos —afirmó ella decidida, mirando a Harry, Theodore y Draco, uno por uno—. Buscaremos las huellas de los repudiados y les restauraremos su nombre, ha de haber alguno que quiera ser el heredero de la Noble Casa de los Black.
Todos la miraron sin palabra. Sonaba como un plan casi imposible pero no tenían alternativa. Narcissa la evaluó un momento y se abstuvo de dar un concepto sobre Hermione Granger. Esa joven era simplemente un enigma para ella.
—Eso suena muy bien, pero hay que estar muy loco para aceptar tamaña oferta —. Comentó Draco mirando a los ojos azules de su madre que suspiró casi que imperceptible.
—O muy desesperado —respondió Harry bebiendo su champaña de un trago.
—O ambos —terminó Theo sin apartar la mirada de Hermione.
El fuego de la chimenea se extinguía y Walton hacía desaparecer los platos de la mesa. Hermione miraba las cenizas consumirse después del incómodo momento en el que Draco le dijo a su madre que se tardaría un poco más.
Se giró a mirarlo y su silueta un poco encorvada observaba fijo el lugar en el que las llamas verdes acababan de esfumarse. Draco suspiró y se volteó a encararla. Ella sintió de inmediato como su corazón comenzó a latir a la par de él al tiempo qu acortaba el espacio entre ellos.
—Debo ir a casa —explicó él aunque Hermione no lo había preguntado. Ella se alzó de hombros y metió sus manos en los bolsillos, recordando de repente el tacto de sus labios tibios.
Ambos se voltearon de repente al sentir el tintineo de la porcelana del juego de té sobre la mesa, obra de Walton, por supuesto.
Hermione se sirvió un poco y se dejó caer sobre una silla mientras tomaba un pequeño sorbo y se quemaba la lengua. Draco se acercó despacio y quedo frente a ella, alargó su mano hasta su rostro y Hermione le miró con una expresión en blanco que no delataba nada de su interior.
Sus dedos se removieron en medio de un mechón de su cabello castaño y lo giraron mientras ella hablaba:
—Es Navidad —dijo Hermione simplemente—. Es un tiempo para la familia.
Y no se le quebró ni un poco la voz al decir aquellas palabras.
Draco sonrió de medio lado y dejó su cabello detrás de su oreja. Hermione reaccionó al contacto con un respingo y otro sorbo de té hirviendo.
—¿Sabes que tu plan de restaurar a los Black desheredados apesta? —comentó tras retroceder y poner los ojos en blanco. Hermione asintió y se colocó de pie, en un intento vano de quedar a su altura.
—Cuando se te ocurra algo mejor para salvar tu pellejo, te ayudaré gustosa —. Él puso los ojos en blanco y se inclinó hasta que sus alientos se mezclaron. Hermione podía sentir sus latidos acelerarse y el ambiente completo de su sala de estar calentarse.
—Sólo dije que apesta, no que no te ayudaré a llevarlo a cabo. Ahora no necesito una excusa para quedarme cerca… —. Dejó escapar esas últimas palabras como quien no quiere la cosa. Cómo quien espera una reacción. Pero Hermione permaneció estoica.
—Por lo pronto nos concentraremos en que el Wizengamot no te dé una condena de por vida en Azkabán —respondió ella reprimiendo las ganas de decirle que sólo por ese día, permaneciera a su lado, sólo ese día que tanto daño le hacía. Pero no dijo nada—. Feliz navidad, Malfoy.
—Feliz navidad, Granger —respondió Draco ya de frente a la chimenea y con los polvos Flú empuñados en su mano derecha—. Ah, casi lo olvido…
Y al decir eso, sacó del bolsillo de su abrigo un paquete rectangular y alargado que con magia había sido encogido. En ese momento, por primera vez, Draco pudo ver una emoción de total sobrecogimiento en su rostro. Hermione recibió el paquete con manos temblorosas y rasgó el papel lento.
—Gracias… —musitó ella confundida al ver el contenido y avergonzada por no haberle comprado nada. Le miró a sus ojos claros mientras el fuego se tornaba verde esmeralda y él le decía antes de desparecer:
—No es nada, Navidad es para compartirlo en familia, como tú dices. Y pensé que quizás necesitarías un par…
Hermione lo vio desaparecer y se dirigió en silencio en su cuarto, dejando el té, ahora frío, sobre la mesa. Se extrañó al sentarse sobre la cama, que no había sido suya los últimos meses y sin desvestirse se metió bajo las cobijas, junto con el paquete de marcos vacíos de fotografías que había recibido como regalo.
Mientras una suave nevada comenzaba y dejándose arrullar por su aroma impregnado en las sábanas, comenzó a quedarse dormida sin entender por qué, de todas las cosas posibles, él se había decidido por aquellos portarretratos.
Su mente viajó a Sidney y antes de pensarlo, con los ojos llenos de lágrimas, simplemente se rindió frente a su primer sueño profundo en semanas.
Hola. Aparecí después de una larga ausencia. 9 meses para se exactos. Para las que tienen dudas, este el el último capítulo del arco "El número 59 de Endell Street". Ahora comienza uno nuevo, la búsqueda. =D He planeado cuatro y no creo que el plan cambie. El final está ya en mi cabeza.
Entre otras cosas, aprobé mi examen de alemán, tengo novio, me partí el brazo, me operaron y la próxima semana comienzo la universidad.
Decirles cuando actualizaré es una mentira. Prometerles que terminaré esta historia porque me encanta, es una realidad.
Gracias por sus reviews cariñosos, los leo todos porque me llegan al móvil y son, en parte, la razón por la que actualizo.
Responderé mañana todos los que pueda y como siempre, no dejen de escribirlos. Son siempre motivantes.
Con cariño,
Ldny
