Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a su majestad Rowling, yo sólo me divierto un poco con ellos.


III – EL NUMERO 4 DE PINEWOOD CLOSE, DUNKINFIELD

17

—Por favor, señora secretaria, sea tan amable de decirnos el veredicto. ¿Cómo es declarado el acusado ante los cargos por Terrorismo?

—De los cargos por Terrorismo, se declara al acusado: Inocente.

—¿Cómo es declarado el acusado ante los cargos de Traición y Conspiración contra el Gobierno?

—De los cargos de Traición y Conspiración contra el Gobierno, se declara al acusado: Inocente.

—¿Cómo es declarado el acusado ante los cargos de Uso de Palabras Vetadas para la Propagación del Odio y la Sevicia?

—De los cargos de Uso de Palabras Vetadas para la Propagación del Odio y la Sevicia, se declara al acusado: Inocente.

Un murmullo generalizado llenó el salón del Wizengamot y sólo hasta ese momento Hermione se permitió respirar de nuevo. Harry estaba sentado a su derecha muy erguido y con los brazos cruzados. Ron, al otro lado, hacía saltar sus rodillas en un tic nervioso que no terminó con el veredicto de inocencia.

Los susurros se volvieron más bulliciosos después que los miembros del tribunal se colocaran de pie y salieran como una marea purpura por la puerta de atrás. Hermione miró a Draco de reojo mientras un Auror llegaba a soltarle las amarras de la silla del acusado.

—¡Mortífago! —. Se oyó que alguien gritó mientras los asistentes al juicio también salían de la sala. El ambiente entre la prensa que no dejaba de tomar fotos en el pasillo y los demás oyentes era de decepción absoluta.

Los flashes no dejaron de iluminar el semblante frío de Draco y Narcissa Malfoy hasta que estuvieron en el ascensor en el Atrio listos para salir del Ministerio. Harry, Ron y Hermione, por su parte, huyeron con rapidez de la pluma ávida de Rita Skeeter y evitaron irse a sus respectivos puestos de trabajo, así que terminaron escondidos en el Departamento de Mantenimiento Mágico en la oficina de Reg Cattermole.

—Debo ir a revisar que pasa con la calefacción de la Dirección de Red Flú. Quedan en su casa… u oficina—dijo Reg mirando incómodo a los 3 amigos que no se habían dirigido la palabra desde que llegaron a ocultarse de los periodistas.

—Gracias, señor Cattermole —murmuró Hermione. Él la miró paternalmente y se ahorró el decirle que podía llamarle sólo Reg a secas. Una vez que cerró la puerta Ron suspiró.

Harry se paseó de aquí a allá y se mordía la lengua para no comenzar a hablar, a discutir, a recriminar. Sin embargo, sus esfuerzos fueron en vano.

—¿Lo sabías? —preguntó a Hermione que se sobresaltó y lo miró con la culpabilidad pintada en el rostro—. Dime, Hermione. ¿Lo sabías y aun así me dejaste firmar esa cosa?

Sus palabras sonaron más como una amenaza la segunda vez. Ella asintió y desvió su rostro hacia el otro lado.

—Mafalda me lo comentó cuando me entregó el Consentimiento de Interrogatorio Voluntario para Testigos anoche antes del juicio. Yo… —. Hermione quería que todo acabara. No entendía por qué siempre al final todo tenía que complicarse de forma tan innecesaria. Tomó aire con lentitud para evitar que se le cortara la voz. Estaba harta de llorar—. Olvidé lo que había pasado… —. Harry la miró incrédulo, casi que dolido. Ella se corrigió en seguida—. Bueno, no lo olvidé, sólo pensé que no vendría a colación, que no tendría relevancia para el juicio. Creí que no sería importante…

—Tus prioridades han cambiado en los últimos tiempos—. Fue la ácida respuesta de Harry.

Ron quería interrumpirlos y jugar el papel de mediador que tras la guerra le había tocado asumir. Quería comentar que no había sido la gran cosa, que se calmaran y lo olvidaran todo; pero sabía que esta vez no sería tan fácil.

Harry y Hermione habían decidido que él sería el único que testificara a favor de Malfoy, habían supuesto que su palabra bastaría para convencer al tribunal, después de todo había sido suficiente para que Elphias Doge le otorgara la libertad condicional hasta el juicio. Sin embargo, se equivocaron.

Durante el interrogatorio muchos jueces se mostraron escépticos y más de uno insinuó que Harry podría tener intereses personales en encubrir a Draco Malfoy. Al parecer ninguno comprendía que hacían los dos juntos en una propiedad bien conocida por pertenecer a una familia con ideales más bien cuestionables.

El punto más álgido de la discusión llego cuando Kingsley para animar al orden y recobrar la calma en el juicio, sugirió usar el pensadero para ver realmente lo que había sucedido. Hermione suspiró aliviada al oír aquello pues bien era cierto que no tenían nada que ocultar. Harry por otro lado, se negó, y sus detractores sugirieron que quien nada debe, nada teme. ¿Tenía algo que ocultar El Niño que Vivió? ¿Por qué había entonces firmado el consentimiento de Extracción de Recuerdos? ¿Creía acaso que tendría un tratamiento especial?

Draco Malfoy miraba desde el banquillo de los acusados, como aquel parecía más un juicio para Potter que para él mismo. Harry no había leído el consentimiento, Hermione se lo había dado, sólo ese hecho le bastaba para firmar sin dudarlo. No quería que nadie supiera lo que había sucedido en Grimmauld Place, no quería destapar frente a nadie y, mucho menos, frente a un juzgado lleno de curiosos y periodistas, sus más profundos temores. Al ver la sonrisa victoriosa de un par de los jueces, Harry entendió en aquel momento que él mismo se había colocado la soga en el cuello y accedió a regañadientes.

Ron recordó el sepulcral silencio que reinó en la sala a ver la escena del Boggart. La boca abierta de todos y los gritos ahogados de terror al ver la reencarnación de Ya-Sabes-Quién en el cuerpo de Harry Potter. Un presagio oscuro y siniestro acerca del futuro de quien consideraban su salvador. Hermione entendió entonces la reticencia de Harry y apenas fue lo suficientemente valiente para dirigirle una mirada de reojo. Él apretaba con fuerza sus puños, conteniendo la furia y sintiéndose desnudo frente a toda esa gente que veía con descaro sus más profundos miedos como si se tratara de una pieza de entretenimiento.

Sería el colmo que no hubiese bastado. El malentendido fue aclarado y Draco Malfoy fue encontrado inocente, sí, pero a qué costo. Y la pregunta que no dejaba de aparecer en la cabeza de Harry era precisamente, por qué fue él quien tuvo que pagarlo.

—Entiendo que estés molesto—dijo Ron al fin en medio de un suspiro y Hermione le agradeció en silencio su intervención—. Hablarán de ello, sí, te malinterpretarán y te juzgarán pero lo olvidarán pronto, como siempre….

Harry estaba frustrado pero no había caso en discutir más con sus amigos. Ellos, como siempre había sucedido, no podían entenderlo del todo. La presión, las expectativas, los señalamientos. Estaba harto de todo y de todos, pero luego le decían que era él quien tenía complejo de víctima. Respiró profundo y se dirigió a la puerta.

—¿A dónde vas? —. Se atrevió a preguntar Hermione ignorando la coraza de frialdad con la que Harry se había investido.

—A preparar mi entrevista con Rita Skeeter, seguro que quiere saber los detalles de cómo decidí volverme el próximo gran mago oscuro del siglo XXI —soltó Harry con ironía antes de desaparecer tras un portazo.


Draco no sabía si debía sentirse alegre o desdichado. Harry Potter no sólo le había vuelto a salvar el trasero, sino que también se había inmolado frente a la opinión pública en el proceso. El recuerdo del Boggart era escalofriante y su piel se puso de gallina de sólo pensarlo. Con los ojos cerrados trató de sacar de su mente las imágenes de su madre muerta en el suelo mientras Bellatrix danzaba a su alrededor.

Un crack sonoro lo devolvió a la realidad y descubrió a Walton frente a él con una reverencia profunda.

—Amo Draco, el señor Nott y la señorita Granger se encuentran en el salón del té. La ama Narcissa ya se ha unido a ellos.

Con un suspiro se puso de pie despacio, dejó su habitación y se encaminó hasta el primer piso. Su madre estaba sentada en un sillón y frente suyo Theodore sostenía la edición vespertina de El Profeta. Casi que le sorprendió ver su foto huyendo del Atrio del Ministerio bajo el titular de su veredicto de libertad en una pequeña esquina siendo opacada por la primera plana de los recién descubiertos demonios del Salvador del mundo mágico.

Se permitió una pequeña sonrisa de medio lado. Casi que se sentía mal por Potter. Casi.

—¿Debajo de qué piedras ocultaste a tu amigo para que no lo encuentre la prensa, Granger? —dijo con ironía tomando asiento junto a Narcissa.

—¿Es en serio? —respondió Hermione exasperada y continuó poniendo énfasis innecesario en cada sílaba—. Buenas tardes, Malfoy.

Como toda respuesta él sólo sonrió más amplio y se alzó de hombros. Theodore levantó las cejas ligeramente.

—Ahora que todos tus líos legales están resueltos, debemos empezar a planear cual será nuestro siguiente paso para solucionar todo este embrollo.

Narcissa asintió al escuchar a Theodore y miró directo a Hermione.

—Quizás la señorita Granger ya ha pensado en algo —. Hermione, que no había dejado de pasearse por el salón, se detuvo un instante. Sí, ella había pensado en muchas cosas y cada una de las soluciones que se le habían ocurrido eran más difíciles e improbables que las anteriores. Pero también sabía que por algún lugar tendrían que empezar. Suspiró desganada y preguntó a Narcissa algo cuya respuesta era más que obvia. Se sintió tonta incluso antes de comenzar a hablar.

—¿De casualidad mantiene contacto con algunas de las personas que fueron excluidas de la familia? —. El gesto de Narcissa apenas cambió, quizás Hermione no lo notó, pero Draco vio como en el contorno de sus labios se perdía una sonrisa burlona.

—No.

Hermione volvió a suspirar y dejó caer sus brazos en señal de derrota.

—Bueno, debíamos descartar lo obvio —dijo antes de iniciar su paseo por el salón—. Supongo que debemos hablar con Andrómeda entonces. Sería todo más fácil si Harry viniera con nosotros…

Hermione sabía que si querían salir del callejón sin salida en el que se encontraban, Andrómeda Tonks era su mejor opción. Sin embargo, la mujer tenía un temperamento fuerte y era endemoniadamente testaruda. Ya una vez Harry había intentado abordar el tema con de su antigua familia con ella mientras estaban estancados con las reparaciones de Grimmauld Place y había respondido con un no rotundo. Hermione dudaba que ella, que no había soportado siquiera escuchar la antigua dirección de sus tíos, quisiera entablar una conversación sobre el destino todos y cada uno de los miembros del árbol genealógico de la familia Black.

Su vida entera era ahora el pequeño Teddy y por ello, Harry era el más cercano a Andrómeda. Harry, quién ahora no quería ver ni saber nada de Hermione. Suspiró por tercera vez.

—Andrómeda… —. Narcissa pronunció lento el nombre de su hermana. Como si estuviera aprendiendo una palabra nueva. Sus ojos azules brillaron un segundo al dirigir su vista a Draco y se preguntó con desespero qué haría falta hacer para salvar a su hijo.

—Pues le podemos hacer una corta visita —sugirió Theodore sin rodeos. Hermione se mordió el labio inferior pues no tenía nada que refutar, salvo que lo más seguro era que los echarían a patadas.

Draco había escuchado por primera vez de Andrómeda Tonks por Bellatrix. De alguna forma, su tía estaba obsesionada con su hermana y la afrenta que ésta había cometido. Todo empeoró aún más cuando se supo que su nieto era mitad mago y mitad hombre lobo. Un engendro, según palabras del propio Señor Tenebroso.

Nada de eso, sin embargo, había despertado su curiosidad por su familia materna. Aquel era un tema del que sus padres nunca hablaban. Era simplemente como si no existieran. Durante su infancia asumió que, al igual que los Malfoy estaban todos muertos, luego se enteró que era aún peor, los que quedaban estaban encerrados de por vida en Azkabán.

—Puedes preguntar a Andrómeda por el tío Alphie. Si comienzan por ahí quizás tengan suerte.

¿El tío Alphie? Draco miró a su madre con los ojos bien abiertos pero ella seguía con el gesto imperturbable. Hermione se giró a verla, esta vez un poco ofendida.

—Acaba de decirnos que no mantiene contacto con ninguno de sus familiares —le reclamó Hermione poniendo ambas manos sobre sus caderas. Narcissa casi que sonrió burlona antes de responder.

—No lo hago —fue toda su respuesta. Miró altiva a Hermione y bufó suavemente antes de continuar—. El tío Alphard me envió una postal cuando Draco nació para felicitarme. En ella mencionó que Andrómeda me enviaba sus buenos deseos, lo cual yo sé, no era más que un patético intento de que retomáramos el contacto—. Narcissa suspiró quedo, en su interior bullía algo cálido y casi olvidado, un sentimiento de cariño que creía desaparecido—. Alphard Black siempre nos quiso mucho a sus sobrinos.

Draco y Theo contemplaron en silencio aquella confesión pero Hermione interrumpió el momento con una pregunta salida de lugar:

—¿Aún conserva esa postal? Seguro tenía una dirección.

—Por supuesto que no —. Fue la tajante respuesta de Narcissa con un bufido—. La incineré de inmediato para evitarme problemas.

Problemas con su familia, con su esposo mortífago, con su hermana fanática. Problemas que al final eran irrelevantes antes la realidad de la guerra y con un recién nacido a quien proteger.

—Al menos tenemos algo con lo que empezar —dijo Draco para dar por terminada la conversación—. Gracias, Madre.

Narcissa se puso de pie y al instante apareció Walton a su lado con una pequeña maleta. El elfo chasqueó los dedos y el fuego comenzó a arder en la chimenea. Draco se acercó a su madre, que se puso en puntillas para darle un beso corto en cada mejilla.

La mujer se despidió de Theo con un asentimiento de cabeza y a Hermione le dirigió un vistazo que ella no fue capaz de descifrar. Caminó hasta los polvos Flú y luego de tomar un puñado les dijo:

—No creo que un reencuentro después de más de 30 años sea lo más apropiado, así que optaré por no acompañarlos —. Luego susurró sólo para Draco—. Por favor, cuídate mucho. Investigaré como detener el avance de la maldición, sólo responde siempre mis cartas, por favor.

Y tras ese último ruego a su hijo desapareció en medio de llamaradas verdes.


Hermione ató la carta a la pata de la lechuza gris que ululaba en la ventana de su estudio y dejó que volara en medio de la noche. Aun después de haber esperado todo el día, Harry no la había contactado. Ron tampoco tenía noticias de él, no había llegado a su apartamento y, al parecer, no tenía intenciones de hacerlo.

Hacía pocos minutos Liam le había notificado que no se había dado de baja del trabajo ni pedido una licencia, así que, en teoría, habría de aparecer al día siguiente. Harry nunca dejaría de ser impredecible. Resignada, fue hasta la cocina y puso a hervir agua para tomar un té. Un café a las 11 de la noche sólo empeoraría su ya terrible insomnio.

Estaba sentada en la silla de su comedor esperando el pitido de la tetera y pensando en la ausencia de Malfoy, cuando por arte de magia él y Walton se materializaron con un plop frente a ella.

Su primera reacción fue apuntarlos con su varita, tan rápido que incluso el elfo se demoró en conjurar algún contrahechizo de defensa. Tras dos segundos tensos soltó enfadada:

—Puedes tocar la puerta, anunciarte por Flú… ¿Por qué diablos te apareces sin mi permiso en la sala de mi apartamento? —. El sorprendente poder de los elfos domésticos sería siempre una ventaja para sus amos. Pocas guardas podían contenerlos.

—¿Quién es la que no saluda ahora? —dijo Draco burlón antes de dejarse caer en el sillón—. Al ver que no me notificaste cual era el plan para mañana, decidí que lo mejor sería venir hasta aquí.

Hermione puso los ojos en blanco y trató de ir hasta la cocina para terminar de preparar el té, pero Walton ya se le había adelantado y hacía aparecer el servicio sobre la mesa. Eso la desesperó aún más.

Draco avanzó hasta ella y tomó una de las tazas para sí. Se sentó frente a Hermione que le miró seria antes de comprender que se encontraban solos por primera vez desde la víspera de navidad. Él pareció pensar lo mismo y permaneció en silencio. Aquellos días le habían servido para pensar y aclarar sus pensamientos. Todo lo que había sucedido no era más que una equivocación. Ellos dos ahí sentados tomando té en aquel pequeño piso en Londres eran un error. Suspiró.

Aún así, nada lo había detenido para dejar su casa vacía e irla a buscar. Incluso se permitió dudar un segundo antes de darle la orden a Walton de aparecerse en el número 59 de Endell Street. Llegó a pensar que podría buscar a Theodore y pedirle consejo acerca de la irracionalidad de sus acciones, de su urgente necesidad de tenerla cerca. Sabía sin embargo ya de memoria las respuestas que escucharía y las débiles promesas de que la magia de sangre que unía sus corazones con el tiempo se debilitaría.

En fin, nada lo detuvo.

—Gracias —musitó Draco después de dar un sorbo al te caliente. Hermione alzó la vista de su taza y se encontró con sus ojos grises que la miraban casi que derrotados—. Si bien es un hecho que me maldijeron, enfermé, me apresaron y juzgaron únicamente por tu culpa, también lo es que hiciste lo que fue necesario para sacarme de todo el lío. Así que… gracias.

Hermione bajó la guardia, bebió también un poco de té y dejó que la taza le calentara las manos. Se alzó de hombros y sonrió relajada por primera vez en días.

—No fue nada, aunque supongo que Harry no piensa lo mismo. Cuando lo encontremos puedes agradecerle personalmente.

Draco alzó una ceja y evitó decir que no iba a agradecerle nada a Potter.

—¿Sigue escondido? —. Ella asintió con la cabeza y el silencio volvió a instalarse en medio de ellos. Walton había desaparecido a Merlín sabía donde y los carbones rojizos en la chimenea aun despedía un calor agradable.

Hermione pensó que quizás Harry había olvidado que todo lo que hacían era para salvar el legado de Sirius. Haría bien en recordárselo una próxima vez. Dirigió su vista al perfil de Malfoy que tomaba de su taza concentrado en el fuego. Al detallar sus facciones delgadas y posar un momento más del necesario sus ojos sobre sus labios, se preguntó internamente, cuando había cambiado todo y qué tanto era efecto de los ungüentos y qué tanto de su propio corazón.

Pensó que estaba imaginando cosas al ver la mano de Draco acercarse hasta su rostro y posarse con suavidad sobre su mejilla. Se permitió cerrar los ojos y sonreír quedo porque una caricia le venía bien después de tantos problemas. Todo estaba mal y eso era sólo una señal de que habría de ponerse peor, así que disfrutó un segundo, sólo uno, del roce de sus dedos.

Él quería evitar pensar en ella, visitarla y sobre todo tocarla. Pero el retumbe de sus latidos parecía tomar el control de todo su cuerpo. La atmósfera era de una calma total, lleno de una comodidad que ellos dos de algún modo habían logrado crear siempre que se encontraban juntos. Pasó su pulgar por sus labios pintados por una sonrisa leve y fue entonces cuando dejó su taza sobre el platillo y se inclinó hacia adelante.

Con su otra mano posó uno de sus mechones de pelo alborotado tras su oreja y ella abrió los ojos y le miró de frente. Eran un error, sin duda, y al parecer uno que seguirían cometiendo sin pararse a pensar cada vez. Draco bajo su mano hasta su hombro y fue él ahora quien cerro los ojos para permitir besarla esa noche, como había querido hacerlo cada noche desde que lo apresaron.

Hermione, sin embargo, se irguió de repente al escuchar una voz de contestadora automática que anunció:

—Solicitud de entrada via Flú. Harry Potter.

Draco, como no, puso los ojos en blanco, retiró sus manos de Hermione y tomó de nuevo su taza sintiéndose malhumorado y aliviado al mismo tiempo. Ella autorizó la entrada con un movimiento de su varita y si Harry se sorprendió de ver a Draco junto a ella, lo disimuló bastante bien.

Hermione se puso de pie de inmediato, sin saber que decir, pero Harry avanzó en el piso, tomó una silla y se cruzó de brazos. Les dirigió una mirada desganada a los dos y al fin habló:

—¿Puedo yo también tener una taza de té? —. Draco chasqueó los dedos y Walton hizo lo propio. Harry ignoró como Malfoy no sólo se creía el dueño de todo el lugar, sino que también se comportaba como tal. Esta vez su mirada fue de reprobación. Suspiró y al final sacó un pergamino de su bolsillo—. Estaba con Andrómeda cuando recibió tu "extraña" solicitud para encontrarte con ella—. Hermione puso los ojos en blanco al comprender donde había estado ocultándose su escurridizo amigo todo el día y lo obvio que, de alguna manera, aquello resultaba. Se alzó de hombros.

—¿Qué querías que hiciera? Seguías sin aparecer y tenemos que ponernos manos a la obra. Por algún lugar tenemos que comenzar y ella es la única que nos puede dar una pista… —. Harry se contuvo una vez más y dijo antes de tomar un sorbo:

—Mañana a las 3 en su casa —. Miró a Draco y luego a Hermione por encima de sus gafas y terminó—. Supongo que ya Malfoy se va. ¿Me puedo quedar aquí esta noche?

—Me temó que no —respondió Draco con veneno y una mirada gélida—. Me quedaré aquí esta noche… como todas las noches.

Antes de que Harry pudiera responder nada a la provocación, Hermione se puso de pie con los brazos en jarras. ¿Desde cuándo ese par de idiotas pensaba que podían disponer de ella y su casa de aquella manera? Estaba indignada y, cuando menos, decepcionada de la llegada de Harry.

Seguía sin entender lo que le pasaba con Malfoy más allá de la innegable atracción que obnubilaba sus sentidos cuando él se atrevía a tocarla. Grimmauld Place, los Black, sus maldiciones, Andrómeda y sus secretos la traían en ese instante sin cuidado.

—Pueden quedarse los dos aquí si quieren. Tienen suficiente espacio en el sofá. Buenas noches—. Y sin más se perdió a rumbo a su dormitorio donde se encerró con llave, dejando a los dos jóvenes boquiabiertos, con sendas tazas de té en la mano y a punto de librarse en duelo para definir quien dormiría en el sofá y quien en el suelo.


NdA: Para ustedes 3.830 palabras llenas de amor y agradecimiento. Como siempre les digo, esta es mi historia favorita hasta ahora y tendrá un final. Eso se los prometo.

Gracias a todos/todas las que me han dejado un mensaje, gracias por sus reviews, responderé todos los que lleguen. Es un honor saber que después de tanto tiempo siguen esperando las actualizaciones.

Besos y saludos

Ldny


Disclaimer 2: Escribo en un teclado alemán, he leído esto 3 veces pero pido disculpas si encuentran algun error de tipeo o aun peor, si alguna frase no esta gramaticalmente bien formulada. Estoy oxidada.