Nota del autor: como ya hize con el anterior capítulo subo una revisión.


Me desperté en una cama, mi mente estaba confusa ¿Dondé estaba?¿Y por que no estaba muerta en la Torre de Ishal?

-Ha por fin has vuelto en si, madre se pondrá contenta de tu recuperación – dijo una voz que me resultaba extrañamente familiar.

-¿Morrigan? – pregunte extrañada.

- Veo que aun recuerdas mi nombre, si soy yo, levántate a poco a poco tus heridas casi están cicatrizadas pero no está de más tener cuidado –

- ¿Como salimos de la torre? lo único que recuerdo es que Alistair encendió la almenara y los engendros tenebrosos nos aplastaron-

-Madre os saco de la torre- me aclaro.

-¿Qué tu madre nos saco de la torre?- pregunte extrañada.

-Si se convirtió en una gran ave y os saco a ti y a tu amigo el llorica de la torre y a tu chucho-

-¿Mi amigo el llorica? ¿Te refieres a Alistair?-

- Si, no ha dejado de quejarse des de que recobro el conocimiento-

-¿Que ha pasado con el ejercito? ¿Y el Rey?-

-Aplastados y los pocos supervivientes ya se han ido- me aclaro Morrigan – si ya estas mejor madre quería verte.

-Muchas gracias Morrigan ¿pero donde tengo mis cosas?-

-Eh….de nada…pero yo no tengo poderes de curación todo ha sido obra de mi madre, ahora te traigo tus pertenencias -

Morrigan me trajo la armadura de escamas y me ayudo a colocármela, cogí mis armas y mí petate y salí de la choza. Fuera estaban la madre de Morrigan y Alistair.

-Ves joven Guardia Gris, tu compañera está bien- dijo la Madre de Morrigan.

-Gracias al Hacedor estas viva, sino hubiera sido por la Madre de Morrigan…-dijo Alistair preocupado.

-Muchacho no hables como si yo no estuviera aquí-

-Lo siento pero ni siquiera sabemos tu nombre- se disculpo Alistiar

-Tengo muchos nombres jovencito, Asha'bellanar es uno de ellos, pero puedes llamarme Flemeth- nos dijo – pero lo más importante ahora es ¿que vais hacer? Vuestro Rey fue traicionado, ignoro el por que pero el corazón de los hombres se corrompe con facilidad.

-Flemeth ¿como la de la leyenda? – pregunté – ¿Flemeth de Pináculo?

Flemeth me miro con curiosidad.

-Y los demás Guardias Grises murieron con el- dijo Alistair con un tono de melancolía.

-¡Tenemos que hacer algo! Sino Ferelden sucumbirá ante la Ruina y morirá mucha gente, no nos podemos quedar de bazos cruzados-

-Pero solo somos dos y los Guardias Grises han necesitado la ayuda de varios reinos y un ejército la derrotar a la Ruina- me dijo Alistair.

-A alguien podremos recurrir digo yo-

-Arl Eamon no estaba en Ostagar, es el tío de Cailan, podríamos ir a pedirle ayuda a él- me respondió Alistair.

-¿Y los tratados que recuperamos? –

-¡Es verdad! Los magos, los elfos y los enanos están obligados a ayudarnos en tiempos de Ruina-

-Magos, elfos, enanos y ese tal Arl Eamon yo diría que es un ejército, ¿pero estáis preparados para enfrentaros al destino?- pregunto Flemeth.

-Tanto como lo estaremos alguna vez, muchas gracias Flemeth sin ti no habríamos sobrevivido-

-No me tienes que dar las gracias yo no he hecho nada, pero antes de que partáis quiero pedirte un favor….- me dijo Flemeth.

-¿Madre los invitados ya se van? Oh…que pena- dijo sarcásticamente Morrigan.

-Y tu iras con ellos- afirmo Flemeth.

-¿Cómo?- replico Morrigan extrañada.

-La última vez que mire tenias orejas- dijo Flemeth entre carcajadas.

-Bien pero no es lo que yo quería madre- le dijo ella.

-Lo sé pero la Ruina puede acabar con todos incluso conmigo y ellos necesitan toda la ayuda que puedan menester- dijo- ten en cuenta Freyja que te envió lo más preciado de mí contigo.

-Ella no sufrirá ningún daño te lo prometo-

-¿Estas segura? – pregunto Alistar.

-Necesitamos aliados-

-Está bien los Guardias Grises siempre han sacado aliados de donde han podido- me dijo Alistair.

-Jovencito te voy a dar un consejo y grávatelo en tu mente por que el día de mañana te servirá, no temas a la sangre de tu padre pues con ella tendrás la libertad que te mereces- le dijo crípticamente Flemeth a Alistair.

-Dejad que prepare mis cosas para partir- dijo Morrigan a lo que yo asentí con la cabeza.

- Y tu jovencita – dirigiéndose a mí – tu futuro esta incierto rodeado de niebla mas no pierdas la nobleza de tu corazón ella te guiara en la oscuridad que se cierne sobre nuestro mundo.

-Bien ya lo tengo todo, madre cuida de la casa no me gustaría verla reducida a ceniza cuando vuelva- dijo Morrigan.

-No seas condescendiente niña- le replico.

-No era eso a lo que me refería-

-Ya lo sé…pásatelo bien-

-¿Bueno y como salimos de aquí? –

-Yo os guiare podríamos llegar al anochecer a Lothering y a la mañana siguiente volver a emprender el viaje –

-De acuerdo guíanos- le dije.

Nos despedimos de Flemeth y Morrigan nos guio por la espesura. Dimos un gran rodeo para evitar la horda de engendros tenebrosos.

Alistair no dijo ni una palabra se limitaba a mirar al horizonte en dirección de Ostagar cada vez que hacíamos un descanso.

Morrigan era un poco condescendiente en todo lo que decía, pero bajo esa coraza hecha con sarcasmo creo que había una persona que había sido educada para odiar a la sociedad.

Hacia el atardecer llegamos al camino real la cual cosa hizo que nuestra marcha fuera más liviana.

En ese instante me acorde de Fergus, con todo el ajetreo me había olvidado de mi hermano, Hacedor como podía ser tan despistada, mi hermano ¿donde estaría mi hermano? no estaba en la batalla ¿se habría salvado? Esas preguntas me carcomieron la mente durante mucho tiempo.

Al anochecer llegamos a Lothering tal y como nos había prometido Morrigan.

En la salida del camino real nos topamos unos bandidos.

-Mirar chicos mas refugiados, y parece que la guapa es su líder- dijo uno de ellos.

-No parecen refugiados van bien equipados- dijo otro.

-Alto esto es un peaje y tenéis que pagarlo si queréis entrar en la ciudad- dijo el que asumí que era el líder.

-No voy a pagar para entrar en la ciudad – replique.

-Enseñémosles modales a estos mal nacidos- dijo Morrigan.

-Pues creo que te vas a tener que dar media vuelta, aquí no entra nadie sin pagar- me dijo el jefe.

-Mírame atentamente, mequetrefe, ¿de verdad quieres meterte con una guardia gris?- le dije.

-Guardias Grises como los que traicionaron al Rey- dijo uno en voz baja pero no presente demasiada atención a su comentario en ese momento.

-Eh creo que no os dejaremos pasar gratis- dijo el jefe.

-Yo tengo otra idea mejor, porque no me dais lo que habéis recaudado y os largáis de aquí ahora mismo- le dije.

El jefe miro a sus compañeros y me miro a mí con cara de miedo, en ese instante dejo una bolsa de monedas en el suelo y salió corriendo, los demás le siguieron.

-¡Dar gracias de hacerlo con vida!- les grito Morrigan

Me miro a mí con cara extrañada.

-Tienes un buen poder de persuasión, si fueras maga diría que eras una maga de sangre- me dijo.

-El miedo es un buen instrumento para librarte de esos matones con las demás personas es mejor utilizar tácticas más sutiles pero igual de efectivas – le dije sonriendo.

Recogí la bolsa y nos dispusimos a entrar en Lothering.

-Lothering bonita estampa- dijo Alistair.

-Hombre por fin te has dignado hablar, supongo que llorar encima de tu hombro era bastante difícil- le dijo Morrigan.

-Alistair has estado bastante callado- le dije.

-Estaba pensando- me respondió.

-Ahora sabemos por que has tardado tanto- le dijo sarcásticamente Morrigan.

-Aquí es donde descubrimos que nunca has tenido un amigo- le respondió Alistair.

-Dejad de pelearos- les regañe- ¿en que pensabas Alistair?

-En lo que debíamos hacer, ¿has leído los tratados?- me pregunto.

Asentí con la cabeza.

-¿Por dónde crees que deberíamos comenzar?-me pregunto.

-A ver si me aclaro, tu eres el Guardia Gris con mas antigüedad ¿no deberías dirigir tu?- pregunto Morrigan.

-No me gusta dirigir y creo que ella sería una buena líder ha tenido gente bajo su mando, en el ejercito de su padre- le respondió Alistair.

-¿Ejercito de su padre?- pregunto Morrigan.

-Mi padre era Teyrn Cousland, lo que me recuerda mi hermano no estaba en Ostagar estaba en la espesura tengo que encontrarlo- les dije.

-Eso es imposible la espesura está llena de engendros tenebrosos si ha sobrevivido a la horda habrá huido hacia aquí- me respondió Morrigan.

-Tiene razón aunque no me guste reconocerlo…la Ruina es lo más importante- dijo Alistair.

Yo baje la cabeza y asentí, note como las lagrimas asomaban y no quería que me vieran llorar así que me di la vuelta.

-Pues venga sigamos- les dije mientras me dirigía a la ciudad.

Al entrar un templario nos advirtió que la aldea estaba llena de refugiados y que seguramente no seriamos bien recibidos, le pregunte donde podíamos tomar un plato caliente y descansar un instante para seguir así que me indico donde estaba la posada.

Entramos en la posada y al entrar nos barraron el paso unos hombres.

-Mirar chicos llevamos preguntando por una mujer igual que ella todo el día y ahora se nos presenta en bandeja- dijo uno de los hombres.

-¿Me buscabais?- pregunte extrañada.

-Son hombres de Loghain, mira su heráldica- me dijo Alistair.

-Los Guardias Grises traicionasteis al Rey…- empezó a decir ese hombre.

-Tranquilos no hagamos correr la sangre- dijo una muchacha vestida con la túnica de la capilla.

-Hazle caso no tengo ganas de marcharme con tu sangre- le dije al hombre.

A lo cual él respondió desenvainando su espada y atacándome.

La muchacha desvió el golpe del hombre con una daga la cual cosa aproveche para desenvainar mi espada y asestar un corte a la altura de la rodilla aprovechando un punto flaco de su armadura.

Morrigan empezó a dar bastonazos a los bribones que iban con ese insolente, tubo la consideración de no usar hechizos en un pueblo lleno de templarios.

Alistair por su parte noqueo algunos con su escudo, entonces el líder se rindió.

-Me…me rindo- dijo con voz temblorosa.

-Bien se han rendido no hay motivo para continuar esta carnicería- me dijo la muchacha.

-Quiero que le llevéis un mensaje a Loghain de mi parte, decidle que los Guardias Grises sabemos lo que realmente hizo y va pagar por ello, ahora largo- les dije a esos hombres.

Salieron corriendo de la posada igual que un perro con la cola entre las piernas.

-No te tendrías que meter en los asuntos ajenos podrías salir malherida- le dije a la muchacha.

-Gracias por la advertencia pero como has podido observar se me defender por mi misma – me replico la muchacha- por cierto mi nombre es Leilana, esos hombres han dicho que eras una Guardia Gris ¿es verdad?

Asentí con la cabeza.

-Entonces el Hacedor me ha pedido que vaya contigo y te ayude- me dijo.

-¿Cómo?- pregunte.

-Se que suena raro, pero debo ir contigo- me dijo.

-Hermana Leilana creo que necesitare algo más que oraciones para luchar contra la Ruina- le dije.

-No siempre fui un miembro de la Capilla, poseo habilidades de ladrón y se luchar como has podido comprobar- me dijo.

Istari se acerco a ella y la olisqueo, entonces se giro hacia mí y empezó a mover la cola, no sé cómo se lo hacía pero tenía un don para averiguar si una persona era digna de confianza.

-Está bien no desaprovechare la ayuda que se me ofrece- le dije- eres más que bienvenida.

-Creo que el golpe que te dieron en la cabeza fue más fuerte que lo que madre creía- dijo Morrigan.

-Esto…Freyja ¿no crees que ya tenemos suficientes locos entre nosotros?- me pregunto Alistair.

-Tu y yo los primeros ¿no? Por que se tiene que estar loco para intentar unir Ferelden contra la Ruina y enfrentarse a Loghain los dos solos- le dije.

-No voy a negar que tienes razón- me respondió.

En la taberna compramos provisiones para el viaje y cuatro cosas que nos hacían falta.

Al salir del pueblo vimos un gigante grisáceo enjaulado hablando en un idioma que no conocía.

-Es un Quinari, mato a dos familias por eso la Capilla lo ha encerrado- me dijo Leilana.

-Los Quinari son excelentes guerreros- le dije- ¿crees que la reverenda madre lo soltaría bajo mi custodia?

-Puede- me respondió.

Me acerque a ese hombre.

-Shok ebasit hissra. Meraad astaarit, meraad itwasit, aban aqun. Maraas shokra. Anaan esaam Qun- recito -Déjame mujer dentro de poco moriré.

-¿Por qué estas encerrado?- le pregunte.

-Por tener una mente débil- me respondió.

-Podría liberarte- le dije.

-¿Por que ibas hacer tal cosa? – me pregunto.

-Necesito ayuda contra la Ruina- le dije.

-¿Tu eres una Guardia Gris?- me pregunto.

-Si- le respondí.

-Entonces todo lo que dicen no es cierto- respondió.

-Volveré y te sacare de ahí- le dije.

Entonces nos dirigimos a la Capilla.

La capilla estaba abarrotada de refugiados que huyan de la Ruina, Leilana nos condujo hasta la reverenda Madre.

-Hermana Leilana creía que os habíais ido- dijo la reverenda.

-No tardare mucho en hacerlo, Reverenda Madre mi compañera quiere pediros que liberéis al Quinari bajo su custodia- dijo Leilana.

-Entonces todos seriamos culpables de los crímenes que podría cometer- nos reprocho la Reverenda Madre.

-Reverenda Madre soy Freyja de los Guardias Grises, necesito ayuda contra la Ruina y los Quinari son valerosos guerreros, si viene conmigo yo me hare cargo de él – le dije.

-¿Estas segura?- me pregunto.

-Si totalmente- respondí con seguridad.

-Entonces toma la llave y llévatelo tan lejos como sea posible, ahora te imploro nos dejes en paz tenemos que tener cura de los refugiados- nos dijo.

Hicimos una reverencia y salimos de la instancia, al salir Alistair se topo con un caballero.

-¿Ser Donall?- pregunto.

-Si…Alistair….gracias al Hacedor estas vivo nos dijeron que todos los Guardias Grises habían caído en Ostagar- dijo el caballero.

-No, no lo hicimos todos, mi compañera y yo sobrevivimos ¿puedo preguntaros que hacéis tan lejos de Risco Rojo? – pregunto Alistair.

-Estoy buscando la urna que contiene las cenizas de Andraste Arl Eamon ha caído enfermo, lo hemos probado todo y la Arlesa Isolda nos envió a los caballeros en su busca- nos dijo- pero yo aquí estoy esperando un amigo mío pero se está retrasando.

-¿Un amigo vuestro? – Pregunte- siento inmiscuirme pero en el Camino Real había un cuerpo de un caballero.

-Puede que sea él, ahora iré a comprobarlo- me dijo angustiado.

-No os rebajos mas tiempo Ser Donall- dijo Alistair.

Entonces se dio la vuelta hacia mí.

-Tenemos que ir a Risco Rojo y ver que está pasando nunca conseguiremos el apoyo de la Gran Asamblea si Arl Eamon no está junto a nosotros- dijo Alistair.

-Estoy de acuerdo contigo, vamos- le respondí.

Salimos todos de la capilla y nos dirigimos a la jaula donde estaba el Quinari, la abrí y lo libere de su cautiverio.

-Te ayudare a luchar contra la Ruina y así me ganara mi redención- dijo el Quinari.

Comenzamos a andar hacia el camino Real, la verdad es que éramos un grupo de lo más peculiar, dos Guardias Grises supervivientes a la batalla de Ostagar, una maga apostata, una hermana que creía que había sido mandada por el mismísimo Hacedor para ayudarme, un Quinari y un perro.

Entonces oímos gritos pidiendo ayuda y todos corrimos hacia ellas. Eran dos enanos atacados por un grupo de engendros tenebrosos.

Leilana le dio su espada al Quinari y este partió de un solo golpe a un Hurlock, Alistair noqueo a un Genlock y Leilana lo abatió con sus flechas, Istari cargo contra un grupo de Hurlocks derribándolos a su paso los cuales fueron congelados por Morrigan y destrozados con un golpe de mi espada, fue una lucha rápida y con pocas complicaciones.

-Gracias por haber aparecido cuando lo hicisteis- dijo el enano- me llamo Bodhan y este es mi hijo Sandal, saluda muchacho.

-Hola- dijo Sandal tímidamente.

-Me alegro haberos ayudado, pero por desgracia tenemos que continuar nuestro viaje- les dije a los dos enanos.

Ellos nos hicieron una reverencia y empezaron a recoger sus cosas.

-Freyja casi ha oscurecido del todo no sería mala idea descansar- me dijo Alistair.

-Estoy de acuerdo, acampemos al lado del arrollo, ¿Morrigan sería mucho pedir que nos encendieras una hoguera? –pregunte.

Ella no dijo nada se limito a ordenar al Quinari que fuera a buscar leña y mientras tanto los demás montábamos unas tiendas de campaña.

Leilana me ayudo a quitarme la armadura mientras los demás se reunían junto al fuego que había encendido Morrigan gracias a uno de sus hechizos.

-Leilana si luchas con las ropas de la capilla lo más normal es que salgas herida, ten sé que no es mucho pero cuando encontremos un mercader ya miraremos de que consigas una mejor- le dije dándole un peto de cuero y un pantalones.

-Gracias eres muy amable- me dijo.

-Eh….perdona – dije dirigiéndome al Quinari- no te he preguntado tu nombre.

-Me llamo Sten- me dijo con tono grave.

-Encantada de conocerte Sten aunque me gustaría que hubiera sido en circunstancias menos adversas- le dije.

-Estas mostrando una cortesía que no había visto en vuestra tierra, me resulta extraño- me dijo.

Yo si que me sentía extraña por su comentario.

Todos comimos más o menos en silencio, excepto algún pequeño comentario. Cuando terminamos me acerque al arroyo, que fuera un soldado no quería decir que me gustara oler como tal, así que lave mis ropas y me puse una camisa que me llegaba a la altura de las pantorrillas.

Entonces vi a Alistair que se había alejado del grupo y estaba sentado bajo un árbol mirando las estrellas con cara triste, así que decidí acercarme a él.

-Alistair ¿te molesto? – le pregunte.

El levanto la mirada del suelo y se puso colorado al ver mis piernas descubiertas.

-No...No…no me molestas- tartamudeo.

Me senté a su lado.

-¿Como estas? ¿Quieres hablar de Duncan?-

-No no quiero hablar de ello tu no le concias tan bien como yo- me dijo con tono seco.

-Pero eso no quiere decir que no lamente su muerte-

-Eh...Lo siento mucho no era mi intención ser maleducado, no es mi fuerte hablar con la gente y menos con chicas guapas-

-Caray primero no quieres hablar conmigo y luego me dices que soy guapa la verdad no sé como tomármelo-

-Así soy yo un desastre- me dijo levantando las manos en señal de burla.

-Yo no lo creo – le respondí – ¿entonces que seguro que no quieres hablar?

-Duncan me advirtió que podría pasar pero claro es muy duro mirar atrás y pensar y si yo hubiera estado ahí-

-Eso nunca lo sabremos, aunque te comprendo perfectamente, yo miro atrás y pienso y ¿si hubiera luchado mas por salvar a mi familia? Pero luego me doy cuenta que seguramente yo también hubiera muerto con ellos – era la primera vez que le decía esto a alguien – Duncan fue un buen hombre digamos que el salvo mi vida.

-Esa historia me suena, fue el primero en preocuparse en ver que yo no era feliz en la capilla-

-Es verdad que hacia un muchacho como tú en la capilla….no te ofendas pero no pareces una persona muy religiosa-

-Tranquila no me ofendes, Arl Eamon me envió a la capilla su mujer no quería que él me criara-

-¿Te crio Arl Eamon? – pregunte con sorpresa.

-Arl Eamon, no…no quería decir que me crio una manada de perros- dijo avergonzado.

-Eso no es lo que has dicho-

-Está bien….digamos que Arl Eamon me acogió cuando mi madre murió, yo soy hijo de un Guardia Gris y una doncella de su castillo-

-Ah ¿y que tiene de malo criar a un huérfano? –

-La Sra. Isolda creía que yo era hijo de él y por eso me envió lejos. En la capilla es donde aprendí todas las tácticas de Templario pero nunca hice mis votos, Duncan me recluto antes de hacerlos, así que me salvo de una vida en la que yo no encajaba en absoluto-

-Deberíamos irnos a dormir mañana al amanecer saldremos hacia Risco Rojo, descubriremos lo que le pasa a Arl Eamon te lo prometo- le dije levantándome del suelo – Alistair…puede que no signifique mucho pero me alegro que estés conmigo no podría hacer esto sin ti.

Note incluso entre la penumbra como se sonrojaba ante mis palabras. Me fui a mi improvisada tienda de campaña y me tape esperando que el sueño viniera a por mí.

Cuando el sueño se apodero de mí, vi en sueños la horda de engendros tenebrosos que venía hacia mí y el Archidemonio rugiendo y mirándome directamente a los ojos susurrando en mi mente palabras que no alcanzaba a entender.

Entonces oí una voz que me llamaba gritaba mi nombre.

-Freyja, Freyja despierta….despierta…tranquila es solo una pesadilla- me decía Alistair mientras me zarandeaba suavemente de los hombros para intentarme despertar.

-Por el halito del Hacedor, parecía tan real- dije todavía medio dormida.

-Era real, lo siento tenía que habértelo explicado pero se me paso por alto, lo siento, los Guardias Grises somos capaces de entrar en la mente colectiva de los engendros tenebrosos eso es lo que has hecho en sueños- me dijo preocupado.

-Caray un rato de estos tendré que sentarme contigo para hablar sobre lo que significa ser Guardia Gris-

-Cuando quieras estoy a tu disposición-

-Alistair, no es por nada pero la postura que tienes encima mía no es que….tu ya me entiendes….-

-Uix…lo…lo siento yo ya me voy te dejo dormir tranquila…eh….adiós- me dijo mientras salía dando tumbos de mi tienda de campaña.

Me volví a enrollar la manta al cuerpo esperando que el calor me llevara a sueños más tranquilos