Nota del autor: volvemos con las revisones!
Capitulo 3: Camino a Risco Rojo.
Me levante cansada me había pasado la noche lidiando con las pesadillas sobre los engendros tenebrosos. Después de desayunar desmontamos el campamento y nos pusimos en marcha hacia Risco Rojo, pues nos quedaban jornadas de viaje.
-Leilana, siento importunare pero esa visión tuya…-
-Sabia en algún momento me formularías la pregunta, tuve un sueño fue como una revelación, soñé con la Ruina estaba en medio de la desolación y el pánico y entonces un rayo de luz lo ilumino todo y ya no tuve más miedo, es difícil de explicar, pero cuando me desperté supe que tenía que hacer algo, no me podía quedar de brazos cruzados, ya sé que la Capilla dice que las Ruinas son el castigo del Hacedor pero no puedo ver morir a tanta gente inocente sin hacer algo.
-Te entiendo, supongo que yo tampoco podría quedarme a un lado –
-Por eso eres una Guardia Gris- me respondió.
-No me convertí por gusto, mi familia fue masacrada y fue el precio de mi salvación- dije con voz sombría.
-Oh…lo siento no pretendía traerte malos recuerdos a la memoria –
-Tranquila, siento haberte preguntado por la visión- le dije en todo de disculpa.
Seguimos avanzando por el camino imperial a nuestro paso nos encontrábamos gente que huía hacia el norte, intentando dejar la Ruina. Familias enteras que habían dejado atrás todas sus pertenencias para poder salvar la vida.
Yo no podía dejar de pensar en Fergus, habría sobrevivido, ¿Cómo había podido abandonarlo al igual que hice con mis padres? Esas preguntas golpeaban mi mente al igual que martillos y mi semblante era cada vez más sombrío.
-Freyja… ¿todavía piensas en tu hermano?- me pregunto Alistair.
-Si, no puedo evitarlo me siento como si lo hubiera fallado-
-Seguro que está bien, por cierto ¿has consultado los tratados?-
-Si, pone que todos están obligados a prestarnos ayuda en caso de Ruina, pero no habiéndose mostrado el Archidemonio y con las acusaciones de Loghain sobre nosotros no se si nos tomaran muy enserio-
-Esperemos que no le den mucho crédito a sus habladurías- me respondió.
Alistair y yo repasábamos los tratados cada vez que nos parábamos a descansar.
-Tu mujer, dices que eres una Guardia Gris, pero de momento no estoy impresionado- me dijo Sten.
-No estoy aquí para impresionarte Sten, antes de enfrentarnos al Archidemonio tenemos que reunir un ejército-
Sten no me respondió se limito a seguir andando.
-¿Cómo consientes que te hable de esa manera? yo lo hubiera fulminado con un rayo – me dijo Morrigan, visiblemente molesta por el comentario hacia mi persona.
-No me tientes- le respondí entre risas.
-Puede que no seas del todo necia- me dijo.
En ese momento empezó a caer una lluvia torrencial y nos resguardamos debajo de una de las arcadas del Camino Imperial.
-Parece que no tiene intención de parar será mejor que descansemos aquí, enfermos no le servimos a nadie- les dije a mis compañeros.
Improvisamos una pequeña hoguera para resguardarnos del frio. Casi todos aprovecharon para comer y dormir había sido una larga jornada de caminata.
-Alistair ¿me responderías algunas preguntas sobre los Guardias Grises?- le dije sentándome a su lado y ofreciéndole un poco de queso.
-Si, claro pregunta lo que quieras-
- ¿Todos los Guardias Grises de Ferelden estaban en Ostagar?-
-Si, éramos muy pocos en Ferelden y ahora todavía menos-
-¿Teníamos algún tipo de cuartel general?-
-Nuestra base estaba en Denerim pero seguro que Loghain tendrá guardias apostados ahí por si volvemos-
-Buff…cada vez pinta mejor- le dije en todo burlón.
-Eso suena casi peor que… "que más puede pasar"- me dijo riéndose.
-¿En que te cambia ser un Guardia Gris?-
-A parte de las pesadillas y sentir a los engendros tenebrosos, pues el apetito, yo había noches que me despertaba a media noche del hambre que tenia-
-¿Así?-
-No me mientas estas comiendo mas estos días, el otro día pensé que suerte que haces tanto ejercicio sino…- me dijo en tono burleta- no me pegues por favor me salen muchos cardenales….y...bien…yo no se como decir esto.
-Oh...oh ahora viene lo malo ¿no?-
- Morimos jóvenes, tenemos más o menos 30 años de vida a partir de la Iniciación, lo siento- me respondió.
-Oh….30 años- dije melancólica.
-Tendría que habértelo contado antes, pero no es una agradable, si los otros y Duncan hubieran estado aquí….ellos eran más comprensivos para contar las malas noticias –
-Tranquilo no pasa nada no es culpa tuya, mañana por la mañana volveremos a emprender la marcha, creo que no estamos ya muy lejos-
-A media jornada de viaje, hemos ido más rápido de lo que me pensaba- me respondió – ahora será mejor que descansemos.
Me enrosque al manta alrededor del cuerpo intentando guardar todo el calor posible para poder dormir, los demás compañeros dormitaban no muy lejos unos de los otros para no alejarse mucho de la hoguera que quemaba en el centro de aquel improvisado refugio.
Esa noche las pesadillas sobre los engendros tenebrosos fueron benevolentes conmigo y me dejaron dormir.
El sol empezaba a despuntar a través de las colinas cuando me desperté, los demás todavía dormían, me levante y metí la manta en mi zurrón y salir al exterior del refugio. Esa noche había dormido con la armadura puesta y notaba todo mi cuerpo entumecido así que me retire un poco de mis compañeros y me la quite y empezó a estirar mis músculos.
-Freyja- dijo Leilana- buenos días.
-Buenos días- le respondi sonriendo.
-¿Que estás haciendo?- me pregunto.
-Pues estirando, esta noche he dormido con la armadura acuestas y estoy entumecida- le explique.
-Ha ya sé que eso-
Mis compañeros se comenzaron a despertar y Leilana iba repartiendo la comida que teníamos entre todos, mientras tanto yo me peine la melena y me la recogí en una cola de caballo.
Me senté con mis compañeros a desayunar casi nadie hablaba, lo encontraba sumamente raro estaba acostumbrada a desayunar entre el bullicio de las conversaciones de mi familia y de los caballeros de más alto rango de mi padre.
-Sten….- me atreví a decir- ¿puedo preguntar por qué estás aquí?
-Me envió mi Arishok – me respondió.
-Siento mi incultura ¿pero que es un Arishok?- pregunte.
-Es el brazo militar de los Quinari, con eso te basta- me corto secamente.
-Ehhh….bueno, siento si mi pregunta te ha ofendido-
-No me has ofendido si así hubiera sido ahora mismo estarías muerta-
Seguramente me quedo la boca tan abierta que me llegaba al suelo después de su comentario.
-Tranquila no le dejaría hacerlo- me susurro Alistair.
-Ah ¿no? – pregunte extrañada.
-Ehh…claro…claro que no…..yo solo no podría hacer esto solo- me dijo tartamudeando.
-Oh…yo que pensaba que empezabas a apreciarme- le respondí mientras me ponía en pie.
-Ejem….creo que será mejor que nos pongamos en camino….- dijo incorporándose rojo como un tomate.
Reanudamos nuestra marcha hacia Risco Rojo.
-Si ese proyecto de templario te molesta estaré encantada de darle su merecido- me dijo Morrigan, a lo cual solo pude responder con una carcajada.
-Tranquila no creo que sea necesario pero está bien saber que me cubrirás las espaldas al menos con él.
Morrigan se sonrojo y acelero el paso.
-Creo que es una incomprendida- le dije a Leilana que me afirmo con la cabeza.
Al medio día llegamos al pueblo de Risco Rojo, nos disponíamos a cruzar el puente cuando nos detuvo un hombre.
-Hola disculpad pero ¿habéis venido ayudarnos? – pregunto el hombre.
-No, lo siento pero no se a que te refieres-
- ¿Es que no sabéis lo que ocurre aquí? – nos pregunto desesperado.
-Si te refieres a que Arl Eamon está enfermo si- le respondí.
-No, no me refiero a eso, estamos siendo atacados cada noche des de hace cuatro días por esqueletos y cadáveres-
-¿Cadáveres?- pregunte extrañada.
-Alguien está convocando a los muertos mágicamente- nos dijo Morrigan.
-Perdone, pero esta Bann Teagan el hermano del Arl- pregunto Alistair.
-Si- respondió el hombre.
-¿Nos podrías llevar ante él?-
-Si ahora mismo-
El hombre nos guio a través del sendero y al fin llegamos al pueblo, donde nos encontramos que habían montado una milicia local que estaba siendo entrenada.
-¿Hay alguna posada?- pregunto Morrigan al ver que nos dirigíamos a la Capilla.
-Si, ahí arriba- dijo el hombre señalando una pequeña casa que había encima de la colina-
-Dejemos estos asuntos a los Guardias Grises – dijo Morrigan al resto del grupo – venirnos a buscar cuando acabéis de hablar con ese hombre.
Leilana y Sten asintieron con la cabeza y los tres se fueron a la posada.
Yo no creía que entrar con Istari en la Capilla fuera una buena idea, así que lo deje fuera.
-Istari, quédate aquí fuera y pórtate bien – el perro empezó a menear la cola mirando a los niños que jugaban alrededor de la Capilla – si puedes ir a jugar con ellos pero recuerda que no son juguetes se un buen perro y haz que me sienta orgullosa de ti.
Entramos en la Capilla y cruzamos la nave hasta llegar al ábside donde se encontraba un hombre de unos 30 años, por su armadura que era de buena calidad se notaba que no era un simple pueblerino así que supuse que será Bann Teagan.
-Mi señor, Bann Teagan- dijo en tono de disculpa el hombre.
-Ahora no tengo tiempo Thomas estoy muy ocupado- dijo Bann Teagan.
-Bann Teagan seguramente no os acordareis de mi, la última vez que nos vimos yo era más joven y estaba cubierto de barro- dijo Alistair.
-Cubierto de barro…. ¿Alistair?- pregunto asombrado- nos dijeron que todos los Guardias Grises habían muerto en Ostagar.
-No, no todos morimos ahí-
-Lo siento mi señora, me alegro mucho que al menos dos de vosotros hayas sobrevivido a la traición de Loghain ¿puedo preguntaros vuestro nombre?
-Freyja Cousland – dije sin pensar – eh…quiero decir Freyja de los Guardias Grises.
-Lady Cousland…siento mucho lo de vuestra familia –
-Gracias sois muy amables, ¿que es lo que está ocurriendo, porque no podemos entrar en el castillo? –
-Por desgracia el pueblo está siendo atacado cada noche por unas alimañas sobrenaturales, no me atrevo a dejar esta gente desprotegida –
-¿En que podemos ayudaros? – pregunte sin pensármelo, los ojos de Alistair se abrieron como platos y esbozo una pequeña sonrisa de aprobación.
-Esta no es vuestra guerra mi hermosa señora –
-Es igual, soy la hija de un Teyrn mi honor y mi preocupación por el bienestar de esta gente es lo que me impulsa a prestaros mi espada- tan punto salieron de mi boca estas palabras sonaron extremadamente nobles como cuando ayudaba a mi padre en los juicios de paz y tregua.
-Realmente sois la hija de Bryce, lo he visto a él en vuestra mirada mientras me decíais eso, estoy seguro que vuestro padre hubiera estado tremendamente orgulloso de vos, acepto vuestra ayuda de buen grado – me dijo Bann Teagan.
-¿Que necesitáis que hagamos? – dijo Alistair.
-Creo que Murdock y Ser Perth necesitan ayuda, hablad con ellos para saber más detalles –
Alistair y yo asentimos con la cabeza y salimos de la Capilla.
-Alistair, por que no hablas tu con ser Perth y yo con Murdock así iremos más rápido y tendremos tiempo de descansar un poco que te parece- le comente.
-Me parece bien, nos vemos en la posada- me dijo Alistair mientras salía en busca de ser Perth.
Me detuve un momento ante la puerta de la Capilla intentando localizar a Murdock cuando una muchacha se me acerco.
-Perdonad el atrevimiento mi señora- me dijo con miedo.
-Tranquila no te asustes de mi, habla con tranquilidad- le dije con una sonrisa.
La muchacha pareció relajarse ante mi comentario.
-He oído que le decíais a Lord Teagan que erais una Guardia Gris, el caso es que mi hermano pequeño a desaparecido y no lo encuentro por ningún lado-
-¿Cómo te llamas? –
-Kaityn mi señora- me respondió.
-Encantada, yo soy Freyja, ¿como se llama tu hermano? ¿Y donde vivís? Puede que se haya escondido ahí-
-Mi hermano se llama Bevin y vivimos en esa casa de ahí, pero antes he ido y no estaba-
-De todas formas iré a mirar, tranquila lo encontrare, vuelve a la Capilla- le dije poniéndole una mano en el hombro para infundirle esperanza.
Cuando me dirigía a la casa de Kaityn oí como un lugareño hablaba con un hombre y lo llamaba Murdock, así que me acerque a él.
-¿Sois Murdock? Soy Freyja de los Guardias Grises, Bann Teagan me ha dicho que necesitas ayuda-
-No sabía que aceptaban mujeres- me dijo en tono descortés.
-Por que todo hombre duda de que por que soy mujer no puedo ser una Guardia Gris, ni siquiera me has visto en combate para poder menospreciarme de la manera que lo has hecho más aun cuando es alguien que se presta voluntariamente a ayudaros- le dije en todo de reprimenda.
-Lo siento mi señora, llevo varios días sin dormir y eso ha afectado a mi educación- me dijo disculpándose.
-Tranquilo, ¿Qué necesitáis que haga?- pregunte.
-Podrías hablar con el herrero, se ha encerrado dentro de la herrería y nuestras armas están hechas añicos-
-Dalo por hecho volveré en un penique te- le dije a Murdock.
Me fui a la herrería y intente abrirla pero la puerta estaba cerrada a cal y canto, así que llame a la muerta.
-¿Si?- pregunto alguien des del interior.
-¿Eres Owen el herrero?-
-¿Quién eres?-
-Owen preferiría no tener que hablar a través de una puerta ¿podrías abrirla?-
No recibí respuesta solo unos pasos que se acercaban y el sonido de una cerradura abriéndose. Abrí la puerta y entre en la herrería, los fuegos estaban casi apagados y el olor a alcohol y sudor se entrelazaban en una mezcla que en pocos minutos me dejo la nariz sin sentido del olfato.
-Hola Owen soy Freyja una Guardia Gris, he venido de parte de Murdock necesita que repares las armas de los milicianos sino no podrán luchar como es debido-
-No, no cuando mi hija está en el castillo, esas bestias salen cada noche del castillo y ¡nadie hace nada! – me dijo Owen.
-Yo encontrare a vuestra hija y la pondré a salvo, cuando entremos en el castillo pero para eso primero necesitamos hacernos fuertes en el pueblo, sino resistimos aquí como pretendemos entrar en el castillo-
-Creo que tenéis razón, me siento avergonzado, tenía que haber creído a Valena cuando dijo que estaban sucediendo cosas extrañas en el castillo- me dijo Owen.
-¿Que os conto vuestra hija?-
-Solo que el hijo de la Arlesa estaba muy raro y se empezaron a oír voces en el castillo, estaba muy asustada pero no le hice caso-
-Tranquilo confiad en mi yo la encontrare, ahora por favor podríais poneros en faena, necesitamos vuestra ayuda- le dije al herrero.
El asintió con la cabeza mientras, empezaba a avivar el fuego.
-Decidle a Murdock que me envié esas armas- me dijo mientras salía de la herrería.
Me acerque a Murdock que estaba dando órdenes para colocar las barricadas para impedir el paso a lo que fuera que atacara.
-Veo que Owen se ha puesto manos a la obra- me dijo al verme acercarme a él.
-Si, me ha dicho que ya podéis enviarles las armas-
-Muchas gracias mi señora siento haber sido tan brusco con vos antes- me dijo Murdock volviéndose a disculpar.
-No tenéis por que disculparos, ahora si me perdonáis tengo que buscar a Bevin su hermana está muy preocupada- le dije mientras me dirigía hacia las casas.
Llegue a la que creía que era la casa de Kaityn, pero estaba cerrada, así que de una patada revente el cerrojo y entre. Pero no era su casa sino que dentro había un enano con dos matones escondido.
-Mira tú que bien, me han destrozado la puerta de la casa – dijo el enano.
-¿Qué hacéis aquí, no deberíais estar ayudando fuera?-
-No tengo esa intención estaré mas seguro aquí dentro-
-Pues yo creo que no, ya podéis mover vuestro trasero inmundo y ayudar a los habitantes del pueblo sino queréis perder la cabeza ahora mismo- les dije desenvainando mi espada.
No sé si fue la determinación en mis ojos o mis dotes de persuasión pero los tres hombres salieron por la puerta.
Yo hice lo mismo y probé con la casa de al lado, en cuanto entre oí un ruido como de puertas cerrándose y al entrar en una habitación vi que el guardarropa se movía.
-Sal de ahí dentro no voy hacerte daño- dije con tono suave.
-Vete esta es mi casa- dijo una voz de infante dentro del armario.
-¿Eres Bevin? Tu hermana me ha enviado a buscarte está muy preocupada por ti-
-No quiero volver a la Capilla todo el mundo tiene miedo y yo quiero ser valiente- me dijo sin salir del armario.
-No es una actitud muy valiente por tu parte esconderte dentro del armario, va sal-
El muchachito salió del armario a trompicones y se notaba que había llorado.
-No he estado escondido todo el rato, he venido a buscar la espada de mi abuelo, pero es demasiado pesada y no puedo usarla-
-Podrías dejármela a mi yo podría ayudar al pueblo con ella-
-¿Tu la usarías por mi?- pregunto el muchachito.
-Si, pero solo si vuelves con tu hermana-
El niño esbozo una sonrisa y me dio la llave de un cofre que me dijo que contenía la espada y salió corriendo hacia la Capilla.
Cogí la espada y salí de la casa. Murdock volvió a pararme para darme las gracias por haber hecho que Dwyn, así se llamaba enano, saliera a luchar con ellos, luego me indico donde estaba la posada y me dijo que descansara hasta el anochecer que era cuando eran atacados.
Así lo hice cuando llegue a la posada Alistair se acerco a mi parecía que quería hablar en privado.
-Freyja…yo...no- empezó a tartamudear.
-Escúpelo ya Alistair, estoy deseosa de sentarme un rato-
-El caso es que todos están compartiendo habitación y…vamos que solo hay una para nosotros dos…..¡pero con camas separadas!- me dijo sonrojándose.
-Alistair tranquilo no voy a violarte- le dije guiñándole un ojo, mientras me acercaba a la mesa donde estaba sentada Leilana.
-No sé como lo haces pero tienes un talento para ponerlo colorado- me dijo ella.
-Me encanta hacerlo es tan inocente- le dije entre carcajadas.
El posadero se acerco a mí y mi trajo algo de comida y bebida. Hacía días que no comía un buen plato caliente y fue de agradecer.
Leilana y yo estuvimos hablando un rato, me comento que se notaba mucho que yo era hija de alguien importante por la educación que había recibido. Le conté que mi madre me había hecho dar clases de baile, conversación y de varios instrumentos además de aprender hablar en Antivano, Tervinteriano y Orlesiano.
-Je ne peux pas croire que vous parlez Orlesia- me dijo
- Je ne peux pas croire que je remarque votre accent, mais ne pratique pas beaucoup et je me sens mal que je parle- le respondí.
-Ne parlez pas très bien- me elogio ella.
-Aunque prefiero comunicarme en mi lengua si no te sabe mal- le dije – me vendría bien un sueñecito antes de la batalla y me muero por dormir en una cama.
-No violes a Alistair- me dijo entre risas – pero seguro que no hacerlo es un crimen en algún país, la verdad es que es muy apuesto.
Hice caso omiso al comentario de Leilana y le pregunte al posadero cual era mi habitación.
Subí al segundo piso y al entrar vi Alistair totalmente dormido en su cama, se había despojado de su armadura y dormía solamente en calzones, la verdad es que aquel muchacho era realmente apuesto.
Yo hice lo mismo me quite la armadura era una cosa de agradecer y me puse mi camisa de lino, la cama estaba helada pero poco a poco se fue calentando y el sueño finalmente vino a por mí.
No soñé con los engendros tenebrosos, tuve un buen sueño tanto que me hubiera quedado en él para toda la eternidad, soñé que todavía estaba en Pináculo.
-Freyja cariño ¿estas preparada?- me pregunto mi padre des del otro lado de la puerta.
-Si pasa papa- le respondí.
En ese instante me mire en el espejo y me vi a mi misma vestida con un vestido de los que solía llevar cuando mis padres daban una fiesta en el castillo.
Era de terciopelo azul marino de escote cuadrado y mangas vaporosas, ceñido a la cintura con un ceñidor de raso del mismo tono azul del vestido. Llevaba mi melena perfectamente peinada y semirecogida en la nunca.
-Hija esta preciosa esa noche- me dijo mi padre tendiéndome la mano.
-Carai con mi hermanita, nunca pensé que te vería como una princesa en vez de cómo una niña en trenzas que no hacia más que entrenar con los guardias y dejarme moratones en todo el cuerpo- dijo Fergus en tono burleta apoyado en el apiste de la puerta
-Déjala Fergus, vamos hija tu madre está abajo con Oriana y Oren atendiendo a los invitados y se va a poner hecha una furia si tardamos en bajar- me dijo mi padre mientras me cogía la mano y la colocaba en su brazo para ayudarme a bajar las escaleras.
Fergus bajo antes que nosotros y fue con su mujer que hablaba entretenidamente con unos invitados a la fiesta del solsticio de invierno.
-Señoras y señores Lord Bryce y su hija pequeña Freyja- dijo el criado al vernos bajar los las escaleras del castillo.
En ese instante todos los invitados se dieron la vuelta para mirarme, Hacedor como había permitido que me pasara aquello no me sentía cómoda en las reuniones sociales, la mayoría de la gente se acercaba a mi solo porque era la hija del Teyrn y no por que quisieran conversar realmente conmigo.
-Majestad me alegro que al final hayas podido venir- dijo mi padre al Rey.
Yo nunca lo había visto en persona normalmente era Fergus quien acompañaba a mi padre a Denerim, era realmente tan apuesto como comentaban todas las damas que lo habían conocido.
-Hola Bryce, fantástica fiesta- le respondió el Rey tendiéndole la mano a mi padre.
-Esta es mi hija Majestad- dijo mi padre introduciéndome en la conversación.
-Majestad es todo un honor para mí conoceros- le dije haciendo una reverencia.
-Bryce seguramente tu hija habrá cometido más de un crimen hoy- me dijo mirándome a los ojos.
-Perdonad Majestad pero creo que no os entiendo- le dijo mi padre extrañado.
-Seguramente le habrá robado el corazón a más de un caballero- dijo el Rey entre carcajadas.
-Perdonad Majestad pero no creo que yo haya hecho tal cosa- le dije sonrojándome.
-Hermosa y modesta, teníais un tesoro escondido en casa y me lo presentáis cuando estoy casado…..- dijo el Rey lo cual hizo que me sonrojara todavía más.
-Yo…yo…padre creo que necesito un poco de aire fresco- dije a trompicones.
-Esperad buscare a alguien que os acompañe a dar un paseo- dijo el Rey mientras hacia una señal a dos hombres para que se acercaran.
Uno era de la edad de mi padre, con el cabello negro pero con algunas canas, barba y un semblante serio pero al mismo tiempo paternal. El otro era un muchacho de mi edad rubio con los ojos del color de la miel.
-Duncan sería posible que Alistair acompañara a esta bella señorita a dar un paseo mientras nosotros hablamos con su padre- le dijo el Rey al hombre más mayor.
-Por su puesto Majestad, Alistair tendrías la bondad….- le pregunto Duncan al muchacho.
Este solo hizo una reverencia y me tendió el brazo. Hubiera preferido salir corriendo de ahí pero tenía que guardar la compostura por mis padres así que cogí su brazo y los dos salimos al jardín.
-Esto no es lo mío….- dije tan punto nos quedamos solos.
-La entiendo perfectamente – me dijo el muchacho, mirándome directamente a los ojos mientras notaba que me sonrojaba por momentos, que tenía ese muchacho que hacía que el corazón se me acelerara tan solo mirarlo- por cierto me llamo Alistair encantado…
Entonces una voz me saco de mi ensoñación.
-Freyja levanta- me decía esa voz.
Entonces abrí los ojos y era Alistair que se estaba poniendo los pantalones y todavía tenía el torso totalmente descubierto, Hacedor que torso que tenia bien formado y musculado. Alistair se sonrojo al ver que lo miraba atentamente.
-Freyja… ¿ocurre algo? has repetido mi nombre varias veces mientras dormías-
-Solo tenía un sueño muy raro- le dije haciéndome un ovillo con las mantas.
-Si quieres puedes contármelo – me dijo mientras se ponía la camisa y se sentaba a mi lado – todavía faltan un par de horas para que anochezca.
-La verdad es que me da vergüenza- le dije cubriéndome la cara con las manos.
-¿Vergüenza tu? – me pregunto extrañado – si eres doña confianza.
-Tengo confianza en mí misma en muchas cosas…en otras estoy totalmente perdida-
-Venga habla seguro que te sentirás mejor, no soy bueno dando consejos ni hablando pero se escuchar- me dijo dándome un codazo amistoso.
-Estaba en Pináculo y toda mi familia estaba viva….-
-Ya veo, a veces me olvido que hace poco que los perdiste – me dijo cariñosamente.
-Eso no es lo raro, lo raro es que era la fiesta del solsticio y Cailan, Duncan y tu estabais ahí….- le dije sonrojándome todavía más.
-¿Qué se supone que hacíamos ahí? Duncan había nacido en Pináculo, pero creo que el Rey nunca estuvo ahí, yo te aseguro que tampoco-
-Ya me lo imagino, no sé qué hacíais ahí pero sé que estabais y Cailan me hizo poner nerviosa y quería salir pitando de ese baile, cuando Cailan te pidió que me acompañaras a dar un paseo y notaba como se me faltara el aire y el corazón me rebotaba en los oídos- dije mirando al techo- no sé porque ni que significa o si tiene algún significado pero ahí es donde me he despertado.
-Realmente es extraño Cailan no me hubiera pedido a mi algo parecido seguramente te hubiera sacado el, era todo un Don Juan o al menos eso se rumorea en Denerim, se dice que tenia más de una amante-
-¿Y la Reina?-
Alistair solo levanto los hombros como diciendo que no tenía ni idea. Luego se levanto y empezó a colocarse su armadura.
-Ven déjame que te ayude – le dije mientras me levantaba de la cama.
Le ayude a colocarse la armadura de escamas, eso me recordó cuando ayudaba a mi padre a ponerse su armadura de placas o cuando Fergus me enseño a ponerme correctamente la mía.
-Esta armadura está hecha añicos –
-La tuya tampoco está mucho mejor-
La verdad es que ambas armaduras habían pasado por muchas cosas des de que nos aventuramos por primera vez a la espesura de Korcari.
-Tendremos que remediarlo-
Me sentía cómoda con él, con el podía ser yo misma sin tener que aparentar nada. Cogí la bolsa del dinero y empezó a contar las monedas.
-¿Crees que tendremos para todos?-
-Hay 30 soberanos algo podremos hacer para equiparnos mejor-
-¿Freyja y esa espada de ahí? –
-Ah me la ha dejado un muchachito del pueblo, quiere que la usemos en su nombre para proteger a su hermana de los monstruos, se ve que su abuelo fue un cazador de dragones se llama la hoja verde, cogerla tu….tu espada no está en muy buenas condiciones-
-¿Y tú? –
-Yo tengo la espada de mi familia la tenemos des de tiempos de la primera Ruina y con ella pienso cortarle la cabeza a Howe- le dije cogiendo la empuñadura con fuerza, tanto que empezó a sangrarme la mano.
Alistair me cogió la espada de la mano y me la examino.
-Yo te ayudare en eso – me dijo mientras me vendaba la herida que me había hecho.
-No tienes por qué hacerlo, esa no es tu lucha-
-Eres mi amiga, la única que he tenido si es importante para ti entonces también lo es para mí, si fuera al revés tu también me ayudarías-
Alistair cada día me sorprendía mas bajo esa fachada de bufón había un hombre cariñoso y noble.
-Alistair….-
-¿Qué? –
-Ya puedes soltarme la mano, ya esta vendada – le dije sonriéndole.
-Eh…ha si claro, perdona – me dijo soltándome la mano – ven que te ayudare a ponerte la armadura.
-Primero tendría que vestirme ¿no crees? – le dije maliciosamente – a no ser que no quieras que lo haga.
-¡Freyja!- grito – Hacedor siempre sabes sacarme los colores.
-¡Es broma hombre! – dije entre carcajadas, ¿pero realmente lo decía en broma?
Me puse los pantalones y una camisa de algodón, Alistair me ayudo a colocarme la cota de maya cerrándome los pasadores para que quedara bien ceñida y pudiera moverme con menos dificultad.
Me calce las botas y cogí todas mis armas, esa noche seria una noche dura.
