Capitulo 20: Mira que hay locos sueltos

Nos costó varias jornadas de viaje para llegar al pie de las Montañas de la Espalda Helada, la cordillera más elevada de Ferelden.

Solo en la base de la montaña ya soplaba un viento invernal que hacía que el frio te calara los huesos. Nos abrigamos tan bien como pudimos con los medios que contábamos lo último que queríamos era sufrir una gangrena por causa del frio. Las noches eran lo peor, conservar el poco calor corporal que teníamos parecía casi imposible, dormíamos con la ropa puesta y tan cerca del fuego del campamento como fuera posible.

La ascensión hasta el pueblo de Heaven nos llevo dos días, era un camino abrupto y lleno de derrumbamientos, quien fuera que hubiera dejado ahí las cenizas de Andraste se aseguro que el camino para encontrarlas fuera la mar de difícil. Supongo que yo también lo hubiera hecho si quisiera protegerlas y un sitio así era fácilmente defendible.

Al final encontramos el maldito pueblo, no parecía que tuviera nada especial, excepto que el aire flotaba una sensación de angustia y mentira, como si todo fuera fachado y lo que ocultaran fuera tremendamente atroz.

-En este pueblo hay algo raro – les dije a mis compañeros – Leiliana y Zev quiero que os ocultéis entre las sombras y que investiguéis el pueblo.

Los demás nos dirigimos al guarda que había en la entrada del pueblo solo de vernos ya puso mala cara, esto no iba a salir bien.

-Perdone ¿podría decirme si el hermano Genitivi está en el pueblo? – le pregunte al guarda.

-Aquí no hay nadie con ese nombre – me respondió – el único hermano es nuestro reverendo y en este momento está en la Capilla.

-¿Reverendo? – Pregunto Alistair – el sacerdoticio está reservado solo a las mujeres.

-Aquí siempre ha sido así – respondió el – nuestras costumbres son antiguas. Si os tengo que pedir que os marchéis no nos gustan los forasteros.

-¿Sería posible conseguir algo de comida para la vuelta? – pregunte.

-Sí pero tan punto acabéis de comerciar volved por donde habéis venido – nos dijo señalando el colmado.

El guarda nos señalo por donde podíamos llegar hacia la tienda para comprar la suficiente para la vuelta, o al menos eso creía él.

Leiliana y Zev no tardaron en unirse a nosotros.

-Hemos encontrado a varios caballeros de Risco Rojo muertos – dijo Leiliana.

-Y un altar ensangrentado, sea lo que sea que oculte este pueblo es ruin y despreciable – añadió Zev.

-Como mínimo sabemos que estamos en el sitio correcto – les dije yo – el guarda dijo que el sacerdote estaba en la capilla vamos hacer una visita de cortesía.

Continuamos ascendiendo hasta que nos topamos con la capilla la cual no era distinta a la de los otros pueblos. Pero tan punto entramos las cosas cambiaron.

Interrumpimos en servicio y a la gente del pueblo no pareció gustarles ya que sus miradas de desprecio no pasaban desapercibidas.

-Parece que tenemos forasteros – dijo el sacerdote a su rebaño – las gentes del valle siempre son maleducadas como podéis ver.

-Hemos venido a buscar al Hermano Genitivi – dijo Alistair.

-Y hemos visto a lo que le habéis hecho a los caballeros de Risco Rojo- añadí.

-¡Hermanos y hermanas cobrémonos la sangre de estos intrusos para proteger a nuestra amada Andraste! – grito él.

La pelea fue algo bastante fácil si tenemos en cuenta que la gran mayoría de atacantes eran simples aldeanos que peleaban con los puños. Lo más difícil fue su líder el cual poseía el arte de la magia pero con las habilidades de Alistair poco costo deshacernos también de él.

-¿Bien ahora qué? – pregunto Zev.

-Buscar cualquier cosa que nos indique donde puede estar el hermano – dije yo.

-Si todavía está vivo – respondió Sten.

Recogimos todo lo que nos pudiera ser necesario pero no encontramos ninguna señal de donde se podría encontrar el hermano. Ante la resignación me apoye en un pared lateral para intentar descansar pero no fue posible, la pared cedió ante mi peso y caí de culo al suelo.

Era una entrada secreta a una cámara en la cual estaba amordazado y malherido el hermano.

- ¡Hermano Genitivi! – dije con alegría al quitarle la mordaza.

-Veo que tú no eres uno de mis captores – dijo él.

-Así es buen hombre, hemos venido ayudarte – dijo Wynne.

Wynne empezó a curarle las heridas pero por desgracia su pierna estaba destrozada y necesitaría tiempo para reponerse del todo.

-Necesitamos las cenizas de Andraste para curar a Arl Eamon, ¿sabes donde las podemos encontrar? – le pregunte.

-Si es donde están pero necesitamos un medallón que llevaba el hermano para poder acceder al edificio – me respondió el.

-¿Este medallón? – dijo Zev sacándoselo del bolsillo.

-Ese mismo – respondió el hermano.

-¿Seguro que queréis venir? – pregunto Leiliana.

El hermano solo asintió con la cabeza.

Nos condujo por las sendas de la montaña hasta llegar a un edificio excavado literalmente en la montaña, cuando llegamos hasta su pesada puerta de roble, el hermano saco el medallón y empezó a manipularlo hasta que se convirtió un una llave.

Si el edificio por fuera ya era majestuoso por dentro, aunque se podían apreciar los estragos del tiempo, todavía lo era más. Un edificio consagrado para la amada del Hacedor aquella que cambió la visión de Thedas.

El hermano se quedo en la entrada era demasiado peligroso como para que nos acompañara más aun en su estado.

Los enemigos nos acechaban por doquier pero apenas eran campesinos armados con horcas, daba pena tenerles que arrebatar la vida pero ellos se interponían entre las cenizas y mi persona. Las necesitaba para salvar a Ferelden y pedía perdón al mis mismo Hacedor por segarles la vida.

El templo nos llevo a unos túneles infestados de dracos y estos ya eran unos enemigos mucho más peligrosos ya que su aliento de fuego podía abrasarte la piel en cuestión de segundos. Gracias al Hacedor Wynne atendía nuestras quemaduras tan rápido como le era posible.

No tardamos en encontrarnos en nuestro camino otro obstáculo, en este caso era el jefe de los adoradores de Andraste, ellos creían que Andraste había vuelto a la vida materializada en forma de dragón. Aunque yo no era muy devota, creo en el Hacedor, pero la Capilla es otra cosa, no creía que Andraste fuera a volver ni mucho menos.

Nos deshicimos de él como todos los demás no sin lamentar alguna que otra herida el tipo era realmente duro. Pero era el último obstáculo para salir de ese endemoniando laberinto que parecía no tener fin.

Pero el camino que conducía al valle perdido donde se encontraban las cenizas de Andraste nos guardaba algún que otro secreto más….