Capítulo 26: Ayudando a Harromont, ¿es lo realmente justo?
Wynn y Zevran no tardaron mucho en unirse a nosotros en las puertas que separaban los barrios bajos del barrio plebeyo, las desigualdades se hacían notar todavía más aquí en el reino enano que en el mundo superior.
El Escorial tal y como lo llamaban los enanos era un pozo de inmundicia, casas medio derruidas, gente viviendo en la calle, daba escalofríos pensar lo que debía ser vivir ahí de esa manera.
Todos nos miraban con recelo, cosa normal debo añadir, aunque nuestras ropas no eran nada del otro mundo y estaban cosidas y remendadas por todo los lados, eran mucho mejores de lo que ellos llegarían a poderse permitir en su vida, además estaban nuestras armas y armaduras que eran de buena calidad.
Al final encontramos una enana que accedió hablar con nosotros sobre Jarvia y su cartel. Nos contó que necesitábamos una llave para acceder a su guardia y el sitio donde podíamos encontrarla. Le di cinco monedas de cobre y le prometí cinco más cuando encontrara la llave. La mujer no mintió y aunque tuvimos una pequeña escaramuza con los propietarios de dicha llave, al final los deje marchar con la condición de que no estuvieran en la base en el momento que yo entrara sino terminaría el trabajo.
Tal y como prometí le di cinco monedas más a la mujer y entramos en el tugurio del cartel.
Leiliana y Zev tenían los ojos bien abiertos buscando trampas y mecanismos ocultos que delataran nuestra presencia o todavía peor, que pudieran herirnos.
No tardamos mucho en encontrarnos un grupo de enanos tatuados de arriba abajo con cara amenazadora.
-Contraseña – exigió el que parecía el líder.
-¿Qué tal muere rata? – le dije mientras le atacaba.
No eran rival para nosotros y nos deshicimos rápidamente de ellos.
El lugar era enorme lleno de trampas y matones que nos entorpecían el paso, para nuestra suerte cada uno de ellos llevaba una pequeña fortuna de la cual nos apoderábamos tan punto su corazón había dejado de latir.
Al final de todo, en la última sala que nos quedaba por registrar ahí estaba Jarvia.
-Ríndete y te perdonare la vida – le dije.
-Has matado a todo mi cartel, voy a hacértelo pagar – me respondió – muchachos matarlos a todos la rubia dejarla con vida tengo planes para ella.
-Si la tocas te matare – dijeron Alistair y Zev al mismo tiempo.
Estábamos en una sala muy poco iluminada. Jarvia de pronto desapareció.
-¡¿Dónde coño esta?! -grito Zev
En ese instante sus esbirros se dispusieron a atacarnos.
-Wynne! ¡Necesitamos poder ver más!
-Necesitare algo de tiempo -respondió
-¡Dadle cobertura! ¡Los demás conmigo!
Leiliana se puso al lado de Wynne mientras ella preparaba su conjuro. Alistair, Zev y yo nos pusimos manos a la obra. Los esbirros eran poca cosa así que no nos causaban muchos problemas. Lo que me preocupaba era que estábamos desamparados en esa oscuridad y no solo por un ataque sorpresa de Jarvia si no porque podíamos caer en una trampa.
En ese instante al fin Wynne acabo su conjuro. Un destello de luz ilumino toda la habitación. De estar a oscuras pasamos a tener una leve iluminación que si no fuera por la situación podría ser incluso agradable.
-¡Cuidado! -grito Leiliana
Un enano asesino apareció delante nuestro. Un tiro certero hizo que se clavara una flecha en su garganta.
-¡Hay que tener cuidado! -grito Zev- ¡pero a esto también se jugar yo!
En ese instante Zev desapareció. Parecía que estuviéramos solos. El único ruido que se escuchaba eran las dagas de Zev hundiéndose en carne. Justo en ese instante apareció Jarvia.
-¡A por ella!- grité
Alistair y yo nos lanzamos al ataque a por nuestra enemiga. La lucha era muy cruel y dura pero conseguíamos aguantar sus ataques y ella los nuestros. En ese instante volvió a desaparecer.
-¿Otra vez? ¡Ha vuelto a desaparecer! -dijo Alistair
De nuevo aparecieron los enanos. Las flechas de Leiliana eran muy efectivas para ayudarnos a acabar con ellos. De nuevo volvió a aparecer Jarvia.
-¡Allí esta! ¡Vamos!-
Leiliana le lanzo una flecha pero esta volvió a desaparecer.
-¡Si no la tenemos controlada es imposible que acabemos con ella! -dije- Y donde coño esta Zev?!
Justo en ese momento apareció Jarvia de nuevo. En su cara se dibujaba una sonrisa. Entonces por detrás de él apareció Zev y le clavo su daga en el cogote
-¡A ver si desapareces ahora!
Jarvia cayó de rodillas al suelo. Entonces una flecha de Leiliana se clavó en su pecho. Alistair corrió y le corto la cabeza
Cuando todo hubo terminado y todos los guardias estaban muertos al igual que Jarvia registramos el lugar. Zev y Leiliana desactivaron todas las trampas y Wynne curo nuestras heridas.
Era hora de salir de ese maldito agujero, por suerte encontramos una salida escondida que nos llevó a la trastienda de un comerciante del barrio plebeyo, que se asustó mucho al vernos salir de ahí.
-Tenemos que informar a Harromont- dije a mis compañeros – esperarnos en el cuartel Alistair y yo iremos cuando hayamos terminado.
La gente del barrio del diamante nos miraba sin ningún disimulo, claro estábamos cubiertos de sangre para variar.
Le contamos lo sucedido a Harromont.
-Le di la oportunidad de rendirse, no acepto – le dije.
-Fue mucho más leal a su causa que muchos de los nobles que se sientan en el conclave, siento que no aceptara- dijo el con pesar.
-¿Ahora qué? – pregunte sospechando que todavía me deparaban alguna tarea antes de entregarme el ejercito que tanto anhelaba.
- Siento volver a pedirte otro favor, pero necesitamos un Paragón – me confeso él.
-¿Por qué? – pregunte cruzándome los brazos sobre el pecho en señal de enfado.
-Ella en este caso es la única que pude deshacer el empate, es un representante vivo de nuestros ancestros, el conclave aceptara su palabra – me explico.
-¿Entonces donde esta? – pregunte.
-Se adentró en los caminos de las profundidades con toda su casa hace casi dos años, te he señalado en un mapa el último lugar conocido donde ella estuvo – me dijo dándome un mapa.
-¿Por qué se fue? –
-Buscaba el yunque del vacío es todo lo que se –
-¿Puede que esté muerta lo sabéis verdad? – le dije para que no se hiciera ilusiones sobre encontrarla con vida, era bien sabido que entrar en los caminos de las profundidades era una sentencia de muerte casi segura.
-Lo sé pero aun así tenemos que intentarlo – me respondió el.
-Bien, dejarnos unos días para prepararnos y abastecernos de todo lo que necesitaremos para esta expedición-
-El mercader Droff os abastecerá sin ningún coste –
-Gracias –
Alistair y yo nos fuimos a la casa que tenían los Guardas Grises en el barrio, Alistair me conto que era la última casa para los Guardas que habían recibido su llamada.
La casa era sobria pero acogedora, en cada habitación había una bañera que se llenaba con agua termal caliente, lo que nos vendría muy bien para revitalizar nuestro cuerpo cansado.
-En un par de días entraremos en los caminos de las profundidades descansar, comed bien per que no será un viaje de placer – les dije a mis compañeros.
-Por suerte durante las Ruinas los caminos son más seguros que en otras ocasiones, pero no solo nos encontraremos engendros tenebrosos sino que habrá alimañas de todo tipo – les dijo Alistair.
Comimos tranquilamente y luego nos fuimos a nuestras habitaciones. Wynne y Morrigan colocaron barreras mágicas en todos los puntos de entrada. Porque aunque teóricamente estábamos en territorio amigo nos podíamos fiar de nadie.
Al llegar a la habitación, Alistair lleno la bañera y se despojó de toda ropa al igual que hice yo. Su cuerpo tenía nuevas cicatrices al igual que el mío, pero aun así era hermoso y bien tonificado.
Hicimos el amor en la bañera más veces de las que puedo llegar a recordar, como si necesitáramos perdonarnos todo lo que había ocurrido en casa de Arl Eamon sin pronunciar palabras. Luego dormimos abrazados toda la noche.
Fuero varios días de preparativos hasta que estuvimos seguros que llevábamos lo necesario para poder sobrevivir.
A la entrada de los caminos encontramos un enano llamado Oghren el cual decía que era el marido de Branca la Paragón que íbamos a buscar. Le hicimos un hueco en nuestro ya variopinto grupo, pues era reconocido por todo Thedas que la casta de los Guerreros de Orzammar era de las mejores.
Y así nos adentramos en la eterna oscuridad de los pasadizos de las profundidades, esperando que nuestra presencia no fuera detectada…
