Capítulo 38: Risco Rojo sitiado de nuevo.

La gente de Denerim nos despidió con gran entusiasmo pero en mi interior sabía perfectamente que detrás de toda aquella euforia se escondía el miedo, el miedo a la muerte y a la perdida. No había habido Ruina en la cual no cayeran varios reinos bajo su sombra.

-Freyja – me dijo Riohdan sacándome de mi ensoñación – cuando lleguemos a Risco Rojo tengo que hablar con Alistair y contigo tengo la sensación que aunque habéis aprendido por vuestra cuenta lo que significa ser un Guardia Gris creo que Duncan no tuvo tiempo de explicar muchas de las razones por las cuales somos verdaderamente lo que somos.

Asentí con la cabeza pero aquella pequeña arruga de preocupación en la cara Riohdan me dejo con un mal sabor de boca ¿Qué no sabíamos Alistair y yo? ¿Qué no nos había contado Duncan que fuera tan importante?

La marcha del ejército era lenta y pesada pues los caballos eran escasos en Ferelden y las legiones que se unían a nosotros iban a pie.

Tardamos una semana en llegar a Risco Rojo y cual fue nuestra sorpresa cuando encontramos la pequeña aldea en llamas.

-¡Los engendros tenebrosos han llegado! – dijo Thomas.

-¿Cuándo? – pregunte.

-Ayer por la noche –sollozo el hombre – toda la gente está resguardada en el castillo pero no se cuánto aguantaran, tenéis que hacer algo.

Nos miramos unos a otros si Risco Rojo caía en ese mismo instante sería un duro golpe para la moral de nuestras tropas, la gran suerte es que el Archidemonio todavía no se había mostrado, aunque yo notaba en mi interior que no tardaríamos en vernos las caras mutuamente.

Así que nos dispusimos a limpiar la aldea de engendros tenebrosos para que nuestras tropas pudieran descansar antes de emprender la gran marcha hacia el grueso de la horda.

La batalla fue relativamente fácil, nuestras anteriores escaramuzas nos habían permitido conocer perfectamente al enemigo, su forma de actuar, de atacar y nuestra propio conocimiento de nuestros relativos compañeros hacia que atacáramos instintivamente protegiéndonos cuando hacía falta atacando al líder más fuerte al unísono sin mediar palabra solo con una mirada las intenciones quedaban claras.

Cuando el pueblo estuvo libre fue el momento de despejar el patio del castillo, vinieron varios grupos seguidos para atacar la plaza fuerte pero los hicimos añicos uno tras otro hasta que la reino una calma relativa en ese lugar.

Entremos en el castillo donde Arl Eamon ya nos estaba esperando.

-Han llegado unos exploradores elfos – dijo Arl Eamon.

-Soy Neith Mahariel porto nuevas de custodia Lanaya. Una vez existió una alianza entre elfos y hombres. En el pasado luchábamos y moríamos juntos. Venimos a hacer honor a esa Alianza – dijo Neith casi sin aliento se veía pálida y podía sentir la corrupción en ella.

-Neith ¿qué te ha pasado? puedo notar la corrupción en ti – le dije a la elfa.

-Mi compañero Tamlen y yo encontramos un espejo en unas ruinas, el desapareció y yo quede muy grave mi custodia me sano, pero me dijo que la corrupción del espejo había pasado a mi cuerpo y que aunque ahora parecía sana morirá por ella dentro de no mucho tiempo, por eso me ofrecí a luchar contra los engendros tenebrosos si tengo que morir me llevare unos cuantos de ellos por delante

-Riohdan…- dije con un susurro.

-Se lo que quieres decir pero ser un Guarda Gris no es por caridad – me respondió el.

- Que haya sobrevivido tanto tiempo es signo de que es fuerte y tú mismo dijiste que necesitábamos tantos guardias grises como hiciera falta –

-Tienes razón hermana, el mero hecho que haya sobrevivido tanto tiempo a la corrupción hace que sea merecedora de entrar en nuestra orden – dijo el – pero escúchame jovencita la iniciación están peligrosa como la propia corrupción.

-Igualmente estoy muerta – le respondió ella con cara desafiante – y no le tengo miedo a morir.

-Bien empezare los preparativos, mientras tanto entrega tu mensaje Neith Mahariel –

Nos contó que el Archidemonio había sido visto por los espías elfos que los custodios habían enviado a cada rincón de Ferelden, un enrome dragón capitaneaba la horda y esta iba directamente a Denerim.

-Tenemos que hacer algo – dijo Alistair – debemos partir ya.

-No, nuestras tropas deben reabastecerse o cuando lleguemos a Denerim, tendremos un ejército muerto de hambre y desmoralizado - le dije a Alistair.

-¿Cómo te atreves a contradecir al Rey? – dijo Isolda.

Le lance una mirada envenenada a esa mujer y cerro la boca en el acto.

-Freyja tiene razón – dijo Bann Teagan – un ejército des provisionado no nos servirá de nada además tenemos que enviar mensajeros a nuestros Aliados para que cambien su rumbo.

-Enviar mensajeros a caballo a todos nuestros aliados, decidles que partiremos a Denerim al amanecer que ellos se dirijan ahí – dijo Arl Eamon.

-Tenéis todos razón me pudo el desánimo de creer que podemos perder la capital – dijo Alistair.

Varios mensajeros salieron del castillo raudos y veloces ellos eran nuestra esperanza que los ejércitos se reunieran con nosotros en Denerim.

Mientras tanto Riohdan había preparado el ritual de iniciación, el mismo que pase yo hacía más de un año.

Alistair pronuncio las mismas palabras y todos repetimos el juramento de los Guardias Grises.

-Desde este momento Neith Mahariel eres una Guarda Gris – le dijo Riohdan mientras le entregaba el cáliz de la iniciación con la misma sangre de engendro tenebroso que habíamos bebido cada uno de nosotros para convertirnos en lo que éramos hoy en día.

Yo solo podía rezar al Hacedor y pedir clemencia a sus dioses para que pasara esta ardua prueba.

Neith cayó fulminada al suelo pero viva, se despertaría en varias horas y para bien o para mal nos seguirá en el aciago destino que se cernía sobre nosotros.