Capítulo 41: Yo me encargo del Archidemonio.
-Hacedor – dijo Wynne – pobre hombre.
-No tenemos tiempo que perder el Archidemonio está en la azotea del Fuerte – les dije a mis compañeros.
El Fuerte Drakon el único lugar de Denerim que prefería no recorrer en ningún momento.
-Leí, Zev ¿recordáis como recorrerlo? – les pregunte a mis amigos.
-Si mi bella Guarda – respondió Zev.
Todos mis compañeros se internaron conmigo en el laberintico Fuerte. A cada paso que dábamos veíamos más y más aliados caídos en combate, era una carnicería y no soportaba ver como sus cuerpos se amontonaban junto a los de los engendros tenebrosos.
Avanzamos lo más rápidos que pudimos matando a todo engendro tenebroso que se ponía por delante, al fin no sin mucho sacrificio llegamos a la cima y la imagen que se nos mostraba no era muy adelantadora.
Una criatura tan grande como el dragón celestial que habíamos vencido en refugio pero mancillado por la corrupción, la notaba acariciando mi piel como una corriente.
El cuerno de los Guardas Grises resonó una vez mal en tiempos de necesidad y lo que quedaba de nuestras fuerzas amigas se amontonaron con nosotros en la cima del Fuerte.
Con cada estocada, cada flecha y cada conjuro nos acercábamos mas y más a nuestro enemigo y entonces vi, vi el momento que había estado temiendo Alistair se acercaba al Archidemonio espada en mano.
-¡Wynne ahora!- grite a mi compañera.
Wynne empezó a conjurar y un glifo de parálisis apareció en los pies de Alistair. Este quedo paralizado sin poder mover ni un musculo tan solo sus ojos reflejaban la angustia pues en cuanto su cuerpo dejo de moverse por propia voluntad entendió cual había sido des del principio mi plan.
-Adiós Alistair mi amor, mi amigo mi Rey, espero que algún día me perdones – le dije antes de darle un último beso en los labios.
Me gire hacia la enorme bestia que rugía ante cada impacto de las lanzas que las balistas lanzaban contra ella y sin tan siquiera pensármelo corrí hacia ella. Esquive todos los enemigos que se me pusieron por delante.
El Archidemonio ni me vio llegar, cuando mi espada rajo su abdomen solo pudo gritar de dolor y de rabia, entonces bajo su cabeza hacia mí y me miro a los ojos y en mi mente oí.
-Pequeña Guarda Gris todavía estas a tiempo, huelo mucha fuerza en ti tu sangre es poderosa, puedes reinar a mi lado, yo puedo darte cuanto anhelas solo tienes que unirte a mi en la corrupción y juntos gobernaremos el mundo, nadie des de los tiempos de los antiguos adoradores de Tevinter me había atraído de esa manera. –
-¡Eso nunca!- grite mientras le clavaba mi espada en la sien.
Entonces la vi un alma con una luz cegadora viniendo hacia mí, note su inmenso poder entrando en mí y en ese instante supe que era el fin ya no volvería a ver el mundo que un día me vio nacer…
