Capitulo 43: ¿Ya no queda nada de lo nuestro?

Habían pasado ya más de seis semanas des de que di muerte al Archidemonio, Denerim poco a poco volvía a ser la de antes y por los informes que le daban a Alistair lo mismo empezaba hacer el resto de Ferelden.

Gracias a los cuidados de Wynne yo iba recuperando fuerzas día a día, la energía que me traspaso cuando di muerte al Archidemonio me dejo muy débil, aunque para mi fortuna el ritual oscuro dio sus frutos porque realmente estaba viva e iba estarlo tanto tiempo como mi cuerpo aguantara la corrupción.

Oghren desapareció durante un tiempo después de la gran batalla aunque sospechaba que estaba sumergido en algún barril de cerveza, cosa que confirmo el mismo cuando regreso para despedirse y contarme que iba en busca de Felsi.

Sten regreso a su tierra, no sin antes despedirse de mí todavía recuerdo sus palabras: Kaddaan, espero no encontrarte en el campo de batalla no me gustaría tener que enfrentarme a ti.

Shale dijo que quería ir a Tevinter para intentar volver a su forma humana y Wynne dijo que iría con ella cuando se asegurara que yo no necesitaba más sus cuidados.

Zevran y Leiliana se quedaron a mi lado y era bueno saber que podría contar con ellos al menos algún tiempo más.

Por lo que se refiere a Morrigan, ella cumplió su promesa de desaparecer después de la gran batalla.

Des de que nos instalamos en palacio casi no veía Alistair, solo alguna noche que dejaban que se retirara pronto y aprovechábamos para estar juntos.

Un día que Wynne me dejo levantarme de la cama para pasear me acerque al estudio de Alistair, era casi hora de comer y le pedí a uno de los guardias si se podía encargar que nos trajeran algo de comer. El soldado obedeció sin rechistar y en menos de cinco minutos tenía una bandeja con un montón de queso, pan, fruta y algo de vino.

-Dame ya lo llevare yo – le dije a la criada.

-Mi señora el protocolo…- se quejó.

-Tranquila no se lo diré a nadie – le dije mientras cogía la bandeja de sus manos – ábreme la puerta por favor.

La doncella llamo a la puerta y cuando Alistair dijo que podía entrar me la abrió.

-Freyja, ¿Qué haces levantada? – me pregunto mientras se levantaba del escritorio, tenía una mirada de preocupación en sus ojos.

-Wynne me ha dejado levantar medio día y he pensado que sería bueno darte una sorpresa – le dije.

La criada cerró la puerta tras de mí.

-Deja, dame la bandeja no quiero que te esfuerzos – me dijo mientras me quitaba la comida de las manos.

Alistair dejo la bandeja en una mesilla auxiliar delante del sofá.

-Alistair he podido con Archidemonio podre con una bandeja – le rechiste.

-No quiero que te canses, ¿Por qué eres siempre tan cabezota? –

-Herencia familiar…, no te enfades conmigo – le dije mientras rodeaba su cuerpo con mis brazos- te echo de menos, siempre están tan ocupado que casi no nos vemos.

El me devolvió el abrazo pero estaba un poco rígido, nervioso.

-Ven vamos a comer algo – me dijo mientras me tendía la mano y me ayudaba a llegar al sofá.

Durante la comida pareció relajarse un poco era bueno volver a verlo sonreír, sabía que el gobierno era duro para él. Cuando terminamos me levante y me dirigí a su escritorio.

-Así que des de aquí gobiernas Ferelden – dije mientras me sentaba en el sillón.

-Al menos lo intento –

-Mmm sexy….- dije yo con voz lasciva, habían pasado muchas semanas des de la última vez que hicimos el amor.

-¿Sexy? – pregunto nerviosamente el mientras se acercaba a mí.

-Mucho-

Alistair se apoyó en el escritorio y yo me empezó a desabrochar lentamente el cordón de mi túnica dejando al descubierto una parte de mi pecho.

Alistair trago saliva.

-Sabes una cosa – le dije mientras subía una mano por su muslo mientras con la otra me levantaba la túnica para que viera mis piernas.

-No… ¿Qué? –

-Nunca he hecho el amor con un Rey – le dije mientras me levantaba y subía mi mano hasta su entrepierna, donde podía notar palpitante miembro a través de la fina tela de los pantalones – podíamos ponerle remedio.

Acerque mis labios a los suyos sin apartar mi vista de él, mientras mi mano acariciaba su eje por encima del pantalón. Alistair se estremeció al notar la fricción contra su miembro.

-Fre...Freyja ¿Aquí? – me pregunto vacilante.

-¿Por qué no? Nadie va entrar si tú no das la orden –

Empecé a besarle el cuello y a reseguir la línea de la mandíbula con mi lengua.

-Te he echado tanto de menos – le susurré al oído antes de morderle el lóbulo de la oreja.

Notaba la humedad de mi sexo creer por momentos por la expectación de volverlo a notar dentro de mí.

Empecé a desabrocharle los cordones del pantalón en sus ojos había hambre, anhelo y lujuria pero aunque el había protestado con anterioridad no hizo nada para detenerme. Cuando sus pantalones quedaron sueltos los tire hacía de sus caderas. El gimió cuando roce su masculinidad al bajarle la ropa interior.

Alistair me miraba con cara extrañado y parecía que quería decir algo al respeto.

-Shhh, relájate – le dije mientras lo hacía sentar en la silla y yo me arrodillaba ante él.

Me hice un sitio entre sus muslos mientras cogía su dureza y empezaba a acariciarla suavemente.

-Freyja ¿Qué estás haciendo? – me pregunto ante la obviedad.

-¿A ti que te parece que estoy haciendo? – le dije mientras me acercaba a su sexo y lo recorría con mi lengua.

-Oh Hacedor…-suspiro cuando noto su miembro entrar en la calidez de mi boca.

Alistair se tensaba cada vez que mi lengua rozaba su punta. Envolví la base de su excitación con mi mano y empezó a moverla rítmicamente junto con mi boca.

El poso una de sus manos en mi cabello liberando mi melena de la sujeción del pasador y empezó a acariciarme el cuero cabelludo al mismo rimo que se movía mi boca sobre él.

Sabía perfectamente que estaba empezando a llegar al punto de no retorno por la respiración entre cortada que tenía y la tensión de sus muslos al mi alrededor así que afloje el ritmo y la libere de mi boca.

-Por el halito del Hacedor, eres una mujer perversa – me dijo.

-Puede…pero soy toda tuya mi Rey – le dije con una sonrisa maliciosa.

Alistair me levanto y me hizo sentarme en el escritorio.

Su boca se apodero de la mía y nuestras lenguas bailaban juntas mientras sus manos recorrían mi cuerpo. Mientras no dejaba de besarme deshacía los cordones de mi túnica liberando mi pecho en su totalidad.

Me beso la línea de la mandíbula hasta llegar a mi oreja.

-No tienes ni idea de lo caliente que me has puesto – me susurró mientras me besaba el cuello e iba bajando por mi pecho, sus dientes se apoderaron de uno de mis pezones y empezó a succionarlo y lamerlo.

-Hacedor...- gemí cuando note su otra mano pellizcarme suavemente mi otro pezón.

Mi cuerpo se tensaba ante sus besos y mordiscos, con la mano que tenía libre me subió la túnica hasta la altura de mis caderas y me quito la ropa interior.

Volvió a besarme la boca antes de posar una mano en mi sexo.

-Freyja – me dijo al notar la ausencia de vello.

-Ya te dije una vez que me rasuraba – le dije entrecortada mente ante la sensación de sus dedos en mi sexo.

Me sonrió con esa sonrisa torcida tan característica suya de cuando llevaba algo en la cabeza.

-Chica mala – susurró mientras se sentaba en la silla y la acercaba al escritorio.

Hizo que apoyara mis pies en los brazos de la silla y empezó a jugar con mi clítoris, primero con un dedo y luego con dos. Su tacto hacia que espasmos de placer recorrieran todo mi cuerpo.

Entonces se acercó todavía más y empezó a lamer mi punto más sensible y a introducir un par de dedos en mí, parecía mentira que los dos hubiéramos perdido la virginidad juntos al ver como respondían nuestros cuerpos con el contacto mutuo.

Me estaba volviendo loca y me tuve que morder la mano para no aullar de placer cada vez que me rozaba con su lengua.

Entonces levanto su mirada.

-¿Qué deseáis de mi Lady Cousland? – me dijo lascivamente.

-Oh, Alistair te he echado tanto de menos, quiero notarte dentro de mí – le suplique mientras retiraba sus dedos.

-Creo que no lo habéis pedido bien mi señora-

-¿Seria su Majestad tan amable de follarme? – le respondí mientras me lamia los labios.

-Eso está mejor - dijo incorporándose y agarrando la redondez de mis glúteos.

Me penetro lentamente saboreando la sensación de volver estar dentro de mí.

-Estas tan húmeda…-gimió cuando su eje entro totalmente en mí.

-Solo tú eres la causa que este así – le susurré al oído mientras me aferraba a sus hombros.

Envolví las caderas de Alistair entre mis piernas y el empezó a balancearse lentamente dentro de mí, nuestra respiración era entrecortada y nuestros labios no querían separarse.

Habían pasado tantas semanas des de la última vez que estuvimos así, des de que me sentí de nuevo completa.

Con cada embestida de sus caderas notaba una ola de placer recorriéndome la columna vertebral hasta llegar a mi celebro.

-¿Era esto lo que querías? – me pregunto casi sin aliento.

-Oh, sí si, por favor no pares – le dije aferrándome todavía más a él notando que estaba a punto de llegar mi clímax.

Ya no pude aguantarlo más y me solté de él tumbándome totalmente en el escritorio temblando de placer mientras él seguía bombeando dentro de mí, note como argumentaba mas el ritmo prolongando mi orgasmo hasta que note como vaciaba semilla en mi interior.

Cuando su clímax lo envolvió Alistair se derrumbó encima de mi apoyando su frente en mi clavícula, yo empecé a acariciarle la espalda y a besarle el cuello, cuando recobro un poco el aliento también empezó a besarme.

-Te quiero – me susurró.

-Y yo a ti –

Se levantó de encima de mí y se arregló la ropa. Yo me puse la ropa interior y me arregle el vestido justo cuando uno de los guardias llamo a la puerta.

Alistair dio la orden de que podía entrar cuando se cercioro que los dos estábamos presentables.

El guardia le dio un mensaje y volvió a salir. Alistair lo leyó con detenimiento.

-Parece que han llegado más soldados supervivientes de la guerra civil, Arl Eamon quiere que vaya al hospital dice que será bueno para la moral – me comento.

-Me parece buena idea, mi padre siempre decía que si los hombres de tu ejercito te veían cercano lucharían por ti con todo su corazón y es verdad muchos buenos hombres murieron para defender a mi padre de los hombres de Howe – dije con melancolía.

-Tienes razón, ¿quieres que te acompañe a tu habitación antes de irme?-

-Te importa si recupero un poco el aliento antes de irme, no creía que me agotara tanto – le respondí.

-Por supuesto que no me importa tomate tú tiempo, le diré a uno de los guardias que te acompañe cuando estés dispuesta – me dijo mientras me besaba en la frente.

-Alistair – le dije antes de que saliera por la puerta – te quiero.

Me dedico una de sus sonrisas y me articulo yo también antes de salir por la puerta y cerrarla tras de sí.

Apoye mis brazos encima del escritorio intentado relajarme para recuperar la cadencia de respiración y vi un documento con el sello de mi familia, sabía que estaba mal leerlo pero aun así la tentación pudo conmigo.

Majestad nos honra mucho vuestra propuesta, pero no creemos que sea adecuado para la reputación de nuestra hija que la declaréis vuestra prometida al mismo tiempo que anunciáis la anulación del matrimonio con Anora.

Tenéis que entender que Freyja es muy joven todavía y hemos mirado de apartarla de las intrigas de palacio tanto como hemos podido para asegurarle una educación sin la intoxicación de las habladurías de la corte.

Este gesto nuestro podría ser interpretado por los nobles que apoyan a Anora como señal de que Freyja ha sido apartada de la corte para su majestad pudiera verla en secreto cuando estaba de viaje por el reino.

Lo más prudente seria en mi humilde opinión que declaráis la anualidad matrimonial, esperarais un par de meses y organizarais una fiesta en palacio, con esa excusa podríamos introducir a Freyja en la corte. Y al cabo de otro par de meses declarar vuestra intención ante la gran asamblea de prometeros con ella.

Apelo a vuestro buen juicio Majestad.

Atentamente Bryce Cousland.

Casi no podía creer lo que estaba leyendo y lo peor aún Alistair lo había leído y sabe el Hacedor lo que habría pensado.

Pero seguí leyendo tenía que saber el por qué te de todo esto.

Querido sobrino:

No creo que la unión de la Casa Theirin y los Cousland sea una buena idea.

Teyrn Cousland ya goza de gran poder al fin y al cabo es la segunda familia más poderosa de Ferelden, una unión así podía causar un desequilibrio de poder entre los dos Teyrns y se visto como una manipulación.

También tengo que informaros que la nobleza no ve bien los esfuerzos de Teyrn Cousland para abrir las rutas comerciales con Orlais. Algunos creen que nos hace débiles y es una idea en tener en mente.

Se perfectamente que la pequeña Cousland es una joven muy hermosa y capaz pero quien sabe si su familia no la ha apartado de la corte para instruirla en artes para gobernar des de la alcoba real.

Tenéis que tener todo esto en mente antes de tomar una decisión ya sabéis que yo estoy aquí si necesitáis mi consejo.

Otra cosa más Duncan de los Guardias Grises estuvo aquí hace unos días y me notifico que iban a reclutar a Alistair para unirse a su orden, sé que conocéis la existencia de vuestro medio hermano des de hace mucho y solo quería que lo supierais.

Atentamente Eamon.

Ese viejo manipulador que sabe el de mi familia, cuando él se casó con una Orlesiana pensé para mí misma

Me envió a la torre de Ishal para proteger a la que quería que fuera su prometida y para proteger a su hermano, ese hombre no era tonto se hacia el tonto.

-Oh Cailan que insensato fuiste – susurré para mí misma.

Estaba cansada por toda la información que había leído en un momento, salí del despacho y le pedí al guardia que me ayudara a llegar a mis aposentos, en medio del camino me encontré a Leiliana y a Zev y ellos me acompañaron.

Cuando estuvimos en mis aposentos y se cercioraron que no había nadie más que pudiera oírnos les conté todo lo que había pasado con Arl Eamon cuando Alistair era niño y las cartas que había leído.

Casi no podían creerlo, les pedí que registraran el Palacio minuciosamente, sobretodo las habitaciones que habían pertenecido a Maric y Cailan que todavía estaban intactas por orden de Alistair. Y también que interceptaran todo el correo de Arl Eamon y lo leyeran no me fiaba de ese hombre.

Des de nuestro apasionado encuentro en el despacho casi no había visto a Alistair ero sabía que algo no iba bien él no estaba tan locuaz como siempre y aunque intentaba disimularlo con una sonrisa él no podía engañarme, lo conocía demasiado bien.

Al principio pensé que era estrés por todo el peso que tenía que soportar, no era fácil gobernar un país y yo intentaba darle todos los buenos consejos que había recibido de mi padre. Pero a medida que se acercaba la coronación estaba más distante casi no me tocaba y por supuesto había dejado de compartir la cama conmigo.

-Wynne ¿crees que he hecho algo que no debía? – le pregunte durante una de nuestras sesiones de curación.

-¿Crees que has hecho algo mal? ¿En qué sentido? – me pregunto ella.

-Alistair –le respondí yo.

-No creo que debas temer por eso seguramente debe estar muy asustado por sus nuevas responsabilidades, ya sabes que tenía mucha aversión a proclamarse Rey y supongo que debe haber ido a peor ahora que se acerca la coronación- me dijo – seguramente luego se le pasara.

-Mi señora – interrumpió una de las doncellas de palacio – han llegado más supervivientes.

-Oh, es bueno oír eso – dijo Wynne.

-Uno de ellos lleva el estandarte de los Cousland gravado en el pecho de la armadura – añadió la doncella casi sin aire.

Antes de que hubiera acabado la frase me levente ante la mirada atónita de Wynne y salí corriendo hacia donde se suponía que estaban los supervivientes.

Por el camino me cruce con Alistair y Arl Eamon que salían del despacho real.

-Freyja ¿Dónde vas? – pregunto Alistair al verme pasar corriendo.

Pero no me moleste ni siquiera en contestarle, el hombre que llevaba el estandarte de mi familia podría saber cuál fue el destino de mi hermano.

El vestido me molestaba al correr así que me lo arremangue para poder correr con más facilidad, oía los comentarios groseros que hacían las damas nobles que me cruzaba a mi paso pero poco me importaba, solo tenía que llegar al hospital.

-Donde… ¿dónde está el hombre que lleva el estandarte de los Cousland? – pregunte casi sin aliento a uno de los sanadores del hospital.

-Ahí, mi señora – me dijo señalándome uno de los biombos.

Me acerque poco a poco, me dolía el pecho del esfuerzo de respirar con la cotilla del vestido tan ceñida. Entonces lo vi, era Fergus, mi hermano estaba vivo.

-¡Fergus!- grite antes de caer de rodillas junto al catre en el cual estaba tumbado.

En mi mente una mezcla de tristeza y felicidad que hizo que se me derramaran las lágrimas, aferrándome a mi hermano como cuando era pequeña.

-Por el Hacedor, Fergus despierta, despierta – repetía sin cesar entre sollozos.

Oí como los sanadores y médicos de mi alrededor empezaban a susurrar que el Rey estaba en el recinto, pero a mí no me importaba nada más que mi hermano en ese momento.

-Freyja, ¿Dónde estás? – pregunto alguien al entrar en la sala.

-Majestad Lady Cousland está ahí – le dijo un hombre.

Ni siquiera me levante al oír que alguien se había detenido detrás de mí.

-Por el halito del Hacedor, si es Fergus Cousland – dijo una voz que enseguida identifique como la de Arl Eamon.

Alguien se arrodillo junto a mí y me envolvió en sus brazos, era Alistair.

-Shhh, Freyja tranquila todo está bien – me susurraba al oído.

-No, no está bien mi hermano es aquí tumbando inerte, por favor Fergus quédate conmigo –le suplicaba a mi hermano.

-Arl Eamon, aseguraos que llevan inmediatamente a Fergus al Palacio y que venga Wynne para atenderlo – ordeno Alistair.

-Si majestad – le respondió el Arl.

Enseguida varios hombres vinieron y pusieron a mi hermano en una camilla y se lo llevaron del hospital para llevarlo hacia Palacio.

Alistair me cogió en volandas mientras yo no paraba de llorar y seguimos a los hombres que cargaban con el cuerpo de mi hermano.

No recuerdo cómo llegamos a Palacio ni cuánto tiempo estuve llorando en los brazos de Alistair hasta que ya no tuve más lágrimas de derramar.

-Hola – me dijo Alistair mientras me quitaba una lágrima solitaria que surcaba mi mejilla con su pulgar.

-Lo siento ¿Cuánto tiempo he estado así? – pregunte avergonzada.

-Un rato, me tenías preocupado – me susurró al oído.

-Lo siento no era mi intención – le dije.

-Tranquila ¿ahora estas mejor? –

-Sí, ¿Dónde está Fergus? –

-Esta en una de las habitaciones al final del pasillo, lo han lavado y Wynne está curando sus heridas, dicen que tiene buen pronóstico y que seguramente despertara en breve –

-Voy a verlo – le dije.

El asintió con la cabeza y dejo que me levantara de su regazo.

Me fui directa a la habitación que se suponía que debía estar mi hermano y al entrar me lo encontré con los ojos abiertos.

-Ah…Lady Cousland su hermano acaba de recobrar la conciencia, todavía está un poco aturdido pero con reposo y una buena dieta se recuperara enseguida – me dijo el médico - Wynne se ha ido a descansar estaba exhausta después de sanarlo.

-Gracias muy amable, ¿podría quedarme a solas con él? – pregunte vacilante.

-Por supuesto que sí – dijo mientras salía de la habitación y cerraba la puerta tras de sí.

-Oh Fergus me alegro tanto que estés bien – le dije mientras me sentaba a su lado y le cogía la mano.

-Mi dulce hermanita pequeña – me dijo acariciándome la mano - ¿puedes decirme dónde estamos?

-En Denerim, para ser más exactos en el Palacio – le conté.

-He oído rumores mientras nos trasladaban hacia aquí ¿Qué puedes contarme sobre eso? – me pregunto.

-Te lo contare todo, pero primero es tu salud – le dije – debes comer algo.

Llame a una de las sirvientas de palacio y le pedí que trajera un caldo consistente para mi hermano, ella obedeció y enseguida me trajo lo que le había pedido.

Mientras le daba de comer, Alistair entro en la habitación acompañado de Arl Eamon.

- Alistair claramente estaba incomodo delante de la presencia de mi hermano y casi no dijo nada, al poco rato abandonaron la habitación y me volvieron a dejar asolas con él.

A medida que pasaban los días Fergus iba recuperando la fuerza y la vitalidad y yo le iba contando lo que había sucedido des de que se marchó de Pináculo. Casi no podía creerme pero él sabía que yo no le mentiría y menos en algo tan transcendental. Enviamos misivas par que empezaran a reconstruir Pináculo, por suerte parece que Howe no quería perder del todo el bastión y el mismo había empezado a hacer reformas. Lo que más nos costó fue volver a encontrar las pertenencias de mi familia que habían sido vendidas por ese maldito traidor.

-Así que somos los últimos – dijo.

-Me temo que si – le respondí.

-Espero que se lo hicieras pagar a Howe – dijo con rabia.

-No mostré clemencia, le enseñe el significado de la palabra justicia – le dije con amargura recordando el momento que levante la espada contra él.

-Bien eso está bien y ese tal Alistair ¿Qué tal? –

-Es un buen hombre y está decidido hacer lo mejor para Ferelden, aunque él no tenía ni idea de cómo llevar un país está aprendiendo y creo que de momento lo está haciendo muy bien – le respondí.

-Hermana se sincera conmigo ¿Qué ha sucedido entre vosotros? – me pregunto.

-Fergus yo…- dije vacilante.

-Freyja sabes que no voy a juzgarte, tu siempre has sabido lo que querías des de muy pequeña – me dijo mientras me daba un abrazo.

-Fergus yo le quiero, nunca había sentido nada parecido en mi vida – le dije sonrojándome hasta la raíz del pelo.

-Bien eso está bien, si ha sido capaz de robarte el corazón es digno de mi alabanza, empezaba a pensar que eras de hielo – me dijo dándome un codazo amistoso – y ¿habéis consumado?

-Fergus Cousland eres lo peor – le dije indignada.

-Teyrn Fergus Cousland para ser exactos, pero no has respondido a mi pregunta –

-Sí, Hacedor no sabes cuánto te odio-

-Ya sabes lo que decía madre, si eres capaz de hacerlo eres capaz de hablar de ello querida hermanita – me dijo – me gustaría hablar con él, ¿es posible?

-Creo que dentro de un rato tiene libre, podemos acercamos al estudio si quieres hablar con él –

Fergus se levantó y me tendió la mano para ayudarme y nos dirigimos al estudio de Alistair.

Íbamos a llamar a la puerta cuando oímos una discusión que se suponía que no debíamos oír.

-Alistair tienes que meterte eso en la cabeza, tú mismo has dicho que tener un hijo después de la unión a los Guardias Grises es casi imposible – dijo Eamon – además su linaje esta casi extinguido los Cousland por mucho que lo deseen ya no son uno de los pilares de la nación.

Note como Fergus se tensaba a mi lado por las palabras que había oído del Arl.

-No puedes casarte con ella, ME OLLES ALISTAIR, Ferelden necesita un heredero – grito el Arl.

-Arl Eamon yo la quiero más que nada en el mundo – dijo Alistair casi con voz inaudible.

-Mantenla como tu amante si quieres pero no voy a consentir ese matrimonio por nada en el mundo- dijo el Arl rotundamente.

-Me lo tengo que pensar -

No podía creer lo que estaba oyendo. Entonces Fergus irrumpió sin pensárselo dos veces en el estudio de Alistair.

-Fergus Cousland es que el tiempo en cautiverio ha menguado tu educación, es el estudio del Rey – dijo Arl Eamon.

-Para ti Teyrn Cousland, no se te olvide eso Arl Eamon, todavía hay clases en este país y por mucho que creas que el linaje de mi familia esta extinguido te voy a demostrar que no – dijo Fergus con rabia.

-Por favor caballeros calmaos – dijo Alistair intentando que los dos hombres bajaran su tono – podemos hablar esto tranquilamente.

En ese instante entre yo en el despacho cerrando la puerta tras de mí.

-Freyja has oído… ¿has oído la conversación?- pregunto Alistair vacilante.

-Solo la parte en que Arl Eamon desprestigiaba el nombre de mi familia y cuando sugería que me quedara aquí como tu puta, solo eso – dije conteniendo mi rabia.

-Mi hermana es una Cousland su Majestad, nuestra línea de sangre se remonta tanto como los Theirin, es el Héroe de Ferelden, la mujer que capitaneo un ejército contra el Archidemonio y la misma que hundió su espada en él. – Dijo mi hermano con los ojos llenos de rabia mirando Alistair – la misma mujer con la que habéis compartido cama no quiero pensar en el número de veces, la misma que os ha puesto en el trono. Pero aun así no es suficientemente buena para vos.

-Yo…yo…- vacilaba Alistair al ver la reacción de mi hermano.

-Decís que la amáis y un cuerno, cuando uno ama a alguien no le importa nada mas, sois un maldito cobarde, Cailan era muchas cosas pero él sabía luchar por lo que realmente quería – dijo Fergus.

-Fergus os sugiero que os calméis podemos acusaros de traición a la Corona – dijo Arl Eamon.

-¿Podemos? ¿A caso sois el gobernante en la sombra? – Pregunto Fergus – porque si alguien quiere tacharme de traidor como mínimo que sea el Rey.

-Fergus cálmate por favor – le suplique a mi hermano cogiéndole del brazo.

-Freyja lo siento para un Guardia Gris es muy difícil engendrar un hijo para dos es casi imposible – me dijo sin mirarme – yo no quería esto y lo sabes, pero ya no hay vuelta atrás.

-Sabes Alistair, Loghain tenía razón en algo, serás un Rey pelele, pero no seré yo quien mueva tus hilos – le dije con amargura, mirando a Arl Eamon – tranquilo no seré un obstáculo para tu magnifico reinado. Referente a vos Arl Eamon ahora mismo me arrepiento de haberme jugado mi vida por salvaros a vos y a vuestra familia.

Salí de la habitación esperando que Fergus me siguiera, no quería estar en esa estancia ni un momento más.

-Pináculo os jurara lealtad por que sois el Rey, no porque merezcáis serlo – dijo Fergus.

-Teyrn Cousland recordar que tenéis que estar presente en la coronación – dijo Arl Eamon antes que mi hermano saliera por la puerta.

-Por supuesto que estoy al tanto, ya jure fidelidad no hace muchos años atrás a mi Rey y a uno de mis mejores amigos – dijo mientras cerraba la puerta

Cuando cerró la puerta tras de sí me susurro al oído.

-No les des el gusto de que te vean llorar, es lo que quieren – me dijo mientras me cogía del brazo y me llevaba a toda velocidad hasta mi alcoba.

Tan punto cerró la puerta tras de mi empecé a llorar y parecía que me estaba asfixiando notaba como si ni una brizna de aire entrara en mis pulmones, nunca había sentido tanto miedo como en aquel maldito instante. Prefería volverme a enfrentar al Archidemonio, que pasar un segundo más en aquel estudio

-Freyja tranquila, voy a buscar ayuda – dijo Fergus mientras salía de la habitación.

Al cabo de lo que me pareció una eternidad Fergus volvió acompañado de Wynne, Leiliana y Zevran.

-Está teniendo un ataque de pánico – dijo Wynne arrodillándose a mi lado.

-No puedo…no puedo respirar – les susurré tocándome el corsé.

-¡Zev déjame tu daga! – grito Leiliana.

Este no se lo pensó dos veces y se la entrego. Leiliana corto literalmente mi vestido dejando que mis pulmones se expandieran, luego Wynne empezó a conjurar un hechizo para tranquilizarme y poco a poco empecé a respirar mejor. Hubo momentos en que perdía la conciencia por todo el dolor que sentía en mi interior,

-¿Fergus qué ha pasado?- pregunto Wynne.

-El Rey la ha repudiado, bueno no ha sido Alistair él ha sido tan cobarde que no ha podido negarse a los deseos de Arl Eamon- explicaba Fergus a mis compañeros.

-No…no puedo creerlo – dijo Leiliana – Alistair nunca haría una cosa así.

-Créeme lo ha hecho, yo estaba delante. Han usado la excusa del heredero, la misma carta que jugó Eamon con Cailan – dijo Fergus.

-Por el Hacedor y pensar que le dije a Freyja que no quería que le hiciera daño a Alistair y al final ha sido todo lo contrario – dijo Wynne con un tono de melancolía en su voz.

-¡Voy a matarlos a los dos! – dijo Zev.

-¡No! – Grite incorporándome – no, no le mates Zev por favor.

Leiliana se sentó a mi lado y me abrazo.

-Shhh, tranquila él no lo hará – me dijo mientras me secaba las lágrimas.

-Fergus, me…me quiero ir de aquí – le suplique a mi hermano.

-Por supuesto que sí, hare los preparativos para que puedas volver a casa cuanto antes- dijo mientras salía de la habitación.

-Fergus, Leiliana y yo también iremos con ella – dijo Zev a lo que mi hermano asintió.

-Me parece bien, mirare que podáis salir mañana por la mañana – respondió.

Cuando mis compañeros se aseguraron de que estaba tranquila me dejaron un rato asolas para que pudiera asearme y prepararme para la partida al alba. Esa noche no baje a cenar con los demás con la excusa de que estaba indispuesta.

Pero cuando menos me lo esperaba Alistair irrumpió en la habitación.

-¿Qué hacéis aquí? – pregunte.

-Quería verte – me respondió.

-A no ser que no queríais conservar la cabeza encima del cuello os sugiero que os vayáis, Majestad – dije dando un especial énfasis en la palabra Majestad.

-Por favor Freyja déjame explicarme – me suplico.

-Lady Cousland si no os importa –

-Déjame explicarme te lo suplico – me dijo él.

-Empezad a hablar entonces, os prometo escuchar nada mas – dije mientras me sentaba en una de las sillas.

-Freyja no quería que esto acabara así te lo prometo, he intentado por todos los medios convencer a Arl Eamon pero tiene razón, Ferelden necesita un heredero y los dos juntos no se lo podemos proporcionar – empezó a explicarme – tu quisiste sacrificar tu vida por salvar nuestro país yo he sacrificado nuestra vida juntos.

-Eres patético, Wynne me pidió un día que no te hiciera daño pero realmente ha sido al revés, ¿acaso me has utilizado? – le pregunte con amargor.

-No…no hagas eso –

-¿Hacer qué? Majestad-

-Comportante como si no te hubiera querido, como si no continuara queriéndote – me dijo él.

-Si hay mucho amor en el aire – dije sarcásticamente – si no os importa me gustaría acabar de empaquetar mis cosas.

-Leiliana me ha dicho que os vais ¿Por qué? – pregunto.

-Todavía tenéis la desfachatez de preguntar el por qué – dije indignada – ahora mismo lo que más me gustaría es que el ritual no hubiera funcionado y estuviera muerta, así no sentiría este dolor en el pecho que me está matando. Y vos tendríais un problema menos.

-¡No! – grito mientras me cogía la cara con las dos manos – no te atrevas a desear tu muerte.

Tenía sus labios tan cerca que notaba su calor irradiando de ellos, me moría de ganas de reclamar su boca y que todo aquello fuera una pesadilla pero algo en el fondo de mi ser me golpeo antes de que pudiera caer para siempre.

-Quitadme las manos de encima y por favor marchaos – dije apartándolo de mi - no tengo ningún deseo de estar en vuestra presencia

-¿Eso es realmente lo que deseas? – pregunto resignado.

-No es lo que deseo, es lo que me veo forzada a hacer, no quiero que piensen que soy tu puta – dije con amargor- ¿realmente crees que hubiera cedido?

-Tú nunca serias eso – respondió el con los ojos húmedos – nunca lo hubiera consentido.

-¿Entonces que hacéis aquí Majestad intentar aliviar la carga del remordimiento? – Le dije cogiéndolo de la pechera - ¿Qué piensas que no sé lo que dicen de mi tus consejeros? Dicen que me acerque a ti para conseguir la corona, que fui tu puta durante más de un año para ganar con la cama lo que mi padre no había conseguido diplomáticamente…

-¿Qué intentas decir? – me pregunto sorprendido.

-Ya sabes de lo que esto hablando, vi las cartas Majestad, leí la correspondencia entre Cailan y mi padre y las de Arl Eamon – le dije mientras le soltaba y me daba la vuelta – yo nunca he querido el poder, ni tan solo he deseado gobernar en mi propia casa. Solo…solo quería alguien que me quisiera por quien soy no por lo que soy…

Alistair no dijo nada mas, pareció que quería añadir algo a nuestra conversación pero seguramente pensó que estropearía mas las cosa solo salió de la habitación y cerró la puerta tras de sí.