Capítulo 46: Una visita del Rey esto no va a traer nada bueno.
Después de la marcha de Bann Teagan después del embarazoso incidente de la pedida de mano, Fergus vino a verme con cara de preocupación.
-¿Qué ocurre hermano? –
-El Rey viene a visitarnos – dijo con tono sombrío.
-¿Qué quiere? –
-Por lo que se deduce en esa carta, Duncan era de por aquí y quiere levantarle un monumento –
-Si me acuerdo de eso, me lo conto en nuestros viajes. Duncan nació en Pináculo pero en su adolescencia se fue a Orlais –
-Me importa una mierda – dijo Fergus enojado – si se cree que lo voy a recibir con pompa y platillo después de cómo te trato es que no me conoce.
-Fergus enfríate la cabeza y piensa un poco – le recrimine – tienes que recibirlo con la solemnidad que va con su cargo aunque quieras clavarle un tenedor en el ojo ¿quieres darle más motivos a Arl Eamon para quitarte tus tierras y tu título?
-No la verdad es que no-
-Que venga le recibes y enseñas lo que quiera ver y luego que se vaya a la corte. Solo lo tendrás que ver durante las asambleas –
-Es que me pone de mal humor saber que estaréis en el mismo techo, si padre estuviera aquí…-
-Si padre no estuviera aquí yo no sería Guardia Gris y no hubiera pasado todo este lio –
-En fin vamos a preparar la función…-
Un par de semanas después Alistair llego juntamente con 30 caballeros y para mi gran alivio había dejado a Arl Eamon en Denerim con una presencia molesta en Pináculo ya era más que suficiente.
Fergus y yo nos pusimos nuestras mejores galas tal y como habíamos hecho antaño para recibir al Rey Maric pero para nuestra desgracia los tiempos habían cambiado y esa recepción no se parecía nada a las que celebraban mis padres.
-Majestad – dijo Fergus apretando la mandíbula mientras se inclinaba ante Alistair.
Yo hice lo propio sin mirarle a la cara.
-Me alegro de veros Teyrn Cousland, Lady Cousland – dijo tendiéndome la mano para ayudarme a incorporarme. Simplemente ignore ese gesto de cortesía y me levante yo sola pero con los ojos clavados en un punto muy lejano detrás de el para no tener que fijarme directamente en su persona.
Todavía era demasiado doloroso e intensos los sentimientos para poder actuar con naturalidad así que recordé lo que me dijo mi madre. La cortesía es la armadura de las damas.
-Majestad es un honor teneros en nuestras tierras, por favor pasar el maestre Ludwing os acompañara a vuestros aposentos, seguro que estáis agotado del viaje –
-Si bueno ha sido largo pero…pero yo esperaba-
-Majestad no preferiríais quitaros el polvo del camino – dijo Fergus para cortar la conversación – ya habrá tiempo para conversar Pináculo no se va a ir a ningún lado.
Alistar siguió al maestre no muy convencido de como debía actuar.
-Maldito bastardo – se quejó Fergus con un suspiro.
-¡Fergus! Compórtate – lo advertí.
-Si mama – me dio dándome un beso en la coronilla.
-Voy a terminar de preparar el salón – dije mientras entraba en el castillo.
Estaba en el gran salón ultimando los últimos detalles cuando una mano callosa toco mi hombro. Estaba tan concentrada en lo que estaba haciendo que no me di cuenta que era Alistair.
-¿Necesitáis algo majestad?- pregunte amablemente.
-Vamos Freyja no es necesario tanto protocolo –
-No es protocolo majestad, es simple amabilidad norteña – dije entrecerrando los ojos.
-Todavía estas molesta y lo entiendo –
-No, estáis equivocado majestad, no siento nada excepto respecto a su real persona, pero si me disculpáis no es adecuado para una dama de mi posición estar a solas con un hombre –
-¡Freyja! – alzo la voz – por el amor del Hacedor odio esa cortesía fingida, enfádate chilla, pégame pero haz algo.
-Lo siento majestad pero debo retirarme – le dije sin dar opción a replica, salí de la estancia tan rápido como el vestido me permitió dejando a Alistair solo con sus pensamientos.
Estuve paseando por los jardines de mi hogar sin prestar atención al transcurso del tiempo. Solo podía repetirme en mi cabeza una y otra vez la misma pregunta ¿Cuándo se había desmoronado del todo mi vida? No me di cuenta hasta un tiempo después que me estaban observando por suerte esta vez eran mis amigos.
-He visto a Alistair – dijo Leiliana.
-Si al maldito hijo de perra se le ve bien – le respondió Zev.
-Si –
-Tu hermano nos ha enviado a buscarte dice que la cena se enfría y no tiene ganas de estar a solas con el rey – me dijo Zev.
Mis amigos me acompañaron de vuelta al gran salón pero sin ninguna prisa, pues el invitado de honor era persona non grata en Pináculo.
Alistair se levantó de la silla en cuanto entramos en el salón y me tendió un sitio a su lado, pero yo me senté al lado de mi hermano como correspondía a la Dama de Pináculo.
-¿Así que queréis levantar una estatua al honor de Duncan? – pregunto mi hermano con desdén.
Yo le toque sutilmente la mano, un gesto que había aprendido de mi madre que lo utilizaba muy a menudo para frenar la cólera de mi padre.
-Sí, él fue Comandante de los Guardias Grises sin él no estaríamos aquí –
-¿Y cuánto tiempo va a durar la expedición? – volvió a preguntar Fergus con todo cada vez más alzado.
-Una semana como mucho –
-Una semana, una semana… ¿y os parece bien abusar de mi hospitalidad después de como tratasteis a mi hermana? –
-Eso es un asunto que nos concierte solo a Freyja y a mí –
-¡Se volvió un asunto mío en cuanto Arl Eamon sugirió que os la quedaseis como una vulgar puta!-
-Fergus…déjalo no vale la pena – le dije a mi hermano – Pináculo no se merece que te declaren rebelde y te maten.
-Yo no haría nada de eso – se quejó Alistair.
-El hombre que conocí durante la Ruina no lo habría hecho…el Rey que tengo ante mí creo que es capaz de cualquier cosa –
-¿Tanto he cambiado para ti? – me pregunto.
-Cambiaste en cuanto Arl Eamon despertó quieras verlo o no – le espete – me dijiste que no querías que nadie te manipulara, que querías ser más fuerte e independiente, pero has fracasado en el intento. Arl Eamon intento manipular a Maric y a Cailan y no lo consiguió pero a ti ya te ha clavado las garras.
-Yo…yo no lo veo así, ese hombre me crio –
-Bann Teagan estuvo aquí ¿lo sabéis? – Le pregunto mi hermano – quería casarse con Freyja para que así ella pudiera ejercer un notable peso en la gran asamblea para que no llevarais el país a la ruina con las intrigas palaciegas de Eamon.
-Eso no puede ser verdad –
-Cuando volváis a la Capital os sugiero que paséis por sus tierras y se lo preguntéis. Ahora si me disculpáis se me ha quitado el apetito – dijo Fergus levantándose de la mesa.
-Alistair, mañana te llevare al pueblo natal de Duncan, después de eso te iras y no quiero saber nada mas de ti – le espete.
-Entiendo –
-¡No entiendes una mierda! – Chillo Zev que hasta aquel momento había permanecido callado – Ella te quería y tú la querías a ella, eras mejor persona cuando estabas a su lado. Pero la dejaste por la fe ciega que procesas en un hombre que solo ve en ti la posibilidad de gobernar un país sin ensuciarse las manos.
-Tu que sabrás de mí, cuervo – le dijo Alistair con tono glacial – mi padre me abandono, mi madre también solo Eamon estuvo ahí.
-Perdona que interrumpa Alistair – dijo Leiliana – Eamon se deshizo de ti en cuanto tuvo oportunidad, cuando creía que ya no le serias útil para sus fines.
-Yo sé bien lo que es que todo el mundo te abandone y que todo el mundo abuse de ti – le espeto el elfo – solo esa mujer que está sentada delante de ti, me dio una oportunidad de hacer algo más en mi vida, solo ella confió en mi incluso cuando yo mismo dudaba y si le vuelves hacer daño no estarás a salvo ni en tu tumba.
-Alistair deberías retirarte – le dije – mañana partiremos temprano.
A la mañana siguiente, Alistair y yo partimos hacia donde él creía que había nacido Duncan.
-Tu hermano es muy protector contigo – me dijo al cabo de un rato.
-Si –
-Freyja sé que me porte mal, sé que estas disgustada pero por favor dime algo más que monosílabos –
¿Qué quieres que te diga Alistair? ¿Qué me siento defraudada? ¿Utilizada? – Le pregunte – ni siquiera pensaste en venir hablar conmigo antes. Simplemente aceptaste lo que Arl Eamon te dijo sin cuestionar nada y ¿todavía me he de sentir agradecida por conservar la vida? Sé que Morrigan y tu…
-¿Quién te lo ha dicho? – pregunto sorprendido –
-¡Déjame terminar! ¡Tú querías que te hablara! – Le espete – Sé que te acóstate con Morrigan y el ritual oscuro tuvo éxito porque si no estaría aquí pero eso no te da derecho a estar ofendido conmigo por el simple hecho de quererte fuera de mi vida.
-Yo solo quería salvarte, cuando Morrigan vino a mí con la oferta no pude rechazarla –
-Te podrías haber ahorrado el favor –
-Freyja no digas esas cosas por favor, eres muy impórtate para mi aunque no lo creas –
-Me importa un bledo lo que es importante para ti, ahora eres el Rey preocúpate de tus súbditos y déjame a mí al margen, espero irme pronto de Ferelden le he dicho a Fergus que me busque un marido en otro reino, quiero alejarme de ti –
-Mi ¿marido?-
-Lo has ido bien –
-Dijiste que no te casarías con nadie que no te quisiera por lo que eres –
-Es mejor eso que ser la puta de un Rey – le dije – ahí está el pueblo donde nació Duncan marca el lugar donde quieras que pongan la estatua y cuando esté terminada lo harán.
-Espera Freyja – me dijo cogiéndome de la muñeca – sé que me odias pero yo no quise nada de esto, te quería a ti, nunca hubiera permitido que se te tratara descortésmente en mi presencia.
-Suéltame, sigue creyendo lo que te diga Eamon y llevaras a Ferelden a la ruina, ahora volvamos a Pináculo y espero no tardes mucho en volver a Denerim –
Cuando la estatua de Duncan estuvo puesta en su lugar al cabo de una semana, Alistair regreso a Palacio, Fergus y yo lo despedimos cortésmente pero el Rey sabía bien que no era bien recibido en nuestro hogar pues el nada podía cambiar lo que había pasado en ese despacho de Denerim hacia tres meses atrás.
