Aclaraciones: Este capítulo va estar dividido en dos partes. Esta historia está creada en base a mi inspiración y locas ideas, los personajes de KoF no son de mi propiedad, a excepción de algunos que son personajes secundarios creados por su servidora.
A lo largo del long fic:
"Letra cursiva y entre comillas son pensamientos"
~…Flash Black…~
(…Sueños…)
[…Visiones…]
[Capítulo anterior: XXI. Mitsuki Yagami: La otra cara de la luna]
—Te extrañé mucho, hermano.
—Tranquila, Mitsuki ya estoy en casa —dijo, estando un poco adolorido por todo lo que pasó en el torneo.
XXII. Recuérdame: Los fragmentos de ti
Parte I
~I~
Su cuerpo pesado estaba siendo acompañado gracias a la ayuda de su hermana menor, quien lo guiaba hacia una habitación de la planta alta y manteniendo sus pasos de una manera equilibrada para no tambalearse; una vez entrando a su cuarto, su cuerpo herido descansaba en la cómoda cama, tenía una respiración entre cortada porque su cuerpo seguía estando todo adolorido: hasta él, sabe que tuvo suerte para llegar a la casa de su abuela. Trataba de descansar, porque su hermana lo dejó por unos momentos para ir a buscar el botiquín de primeros auxilios.
Aun con los ojos cerrados, este sonreía de lado por saber que tenía un ser querido a su lado y por alguien que se preocupa por su bienestar, aparte de recordar a su difunta madre. Su respiración fue tomando un ritmo más regular hasta quedarse profundamente dormido, su vestimenta seguía algo rasgada y rota, donde sobresaltaba sus heridas superficiales y quizás algo profundas hasta dejar cicatrices.
(…)
Él se levanta de su cama, mira su reflejo en el espejo de la habitación y su vestimenta no se encontraba rasgada por la dura batalla que tuvo contra Goenitz, aunque una vez que observó todo su alrededor se dio cuenta de que no era la casa de su abuela, sino el cuarto donde se hospedaba temporalmente cuando participó en el torneo. Sus compañeras no se encontraban en el lugar pero le pareció raro, la única ventana que daba hacia el balcón por simple curiosidad salió; corriendo las cortinas y con la hermosa vista nocturna de la ciudad, con el cielo estrellado y acompañando a la luna creciente cóncava.
Toda esa hermosa vista que admiraba en silencio lo hacía parecer tan real miró su lado derecho, una mujer de cabello azul estaba a observando también el paisaje de la ciudad con la iluminación de las calles, la misma lo mira de reojo y le sonríe de lado por lo que este desvía su vista repentinamente. Un poco sonrojado porque alguien le sonríe. Aunque con un aspecto dubitativo vuelve a verla pero en silencio, no sabía a quién contemplaba exactamente; a la vista que tenía como fondo o a la joven militar que estaba ahí quieta viendo desde el banco de su habitación.
De pronto escuchó unas risas juguetonas dentro de su habitación y no tardó en adentrarse, se percató de verse a sí mismo riendo de forma tan juguetona: algo que había olvidado o más bien, reprimir ese alegre recuerdo, donde conoció a su única amiga a la par. Sin embargo, había una niña que perseguía a su otro yo de pequeño, corriendo jugando entre ellos, porque solamente se entendían en aquel momento; ambos se sentían excluidos de otros niños, o los trataban como seres sobrenaturales uno por sus poderes y otro por el color de sus cabellos. En especial, esa niña de cabello azul…
"Igual a… ¿¡Esa mujer!? ¿Será posible?"
—No, no creo…Esa niña desapareció hace mucho tiempo. Debe ser coincidencia, aunque no lo cree. Aunque esa tal…Keiko se parece un poco a la otra chica, no. Los golpes que recibí me hicieron imaginarlo —se dijo, y él seguía confundido porque recordó a la amiga de su hermana.
Se apresuró en salir por el balcón para encontrarse con ella, otra vez. No sabía cómo dirigirle la palabra pero esa joven seguía ahí, haciendo contacto visual entre orbes azules y orbes carmesí, recordó cuando se la cruzó de esta manera; esa mujer le sigue pareciendo…Bella, de alguna manera captó un poco su atención, solo por su fuerza quizás o la valentía que tuvo en atreverse en interferir en su camino.
Sonríe de forma descarada pero no voy a permitir que interfiera de nuevo.
…
Drásticamente su escena cambia, la misteriosa soldado se encontraba apoyada debajo de su cuerpo y él se tentó en besarla de manera fogosa, sus manos la retenían a la par de ambos lados de ese cuerpo femenino, apoyados en la cama y la veía tan atractiva para su gusto. Sonrió de lado, la tenía a su merced, a su disposición como… "¿Quería?"
Se detiene por unos minutos y la analiza desde su altura, la muchacha lo miraba con un brillo especial en esos orbes azul cielo. "¿Desde cuándo la deseaba? ¿En qué momento, le interesaba esa mujer?" se dijo en sus pensamientos, estaba confundido porque nunca se imaginó sobre la trampa que le haría sus propios sueños.
— Aun la recuerdo…
(…)
Se levanta bruscamente, sudado y nervioso. Por suerte, su propia hermana todavía no estaba presente para ver cómo se hallaba en este momento; pasaba sus manos por su rostro hasta tocar su flequillo, aun no caía en la idea de poder desear a una mujer que apenas estaba conociendo. Básicamente, que solo la ha visto en el mismo torneo y que se la cruzó muy pocas veces. Esa misteriosa mujer podía sacarle algunas dudas o tal vez, solo estaba delirando y para comprobarlo se tocaba la frente pero ni siquiera era eso…Algo tenía que ver con ella, no sabe por qué pero algún día lo entenderá.
—Hermano, te despertaste ¿Cómo te sientes? —escuchó esa voz familiar y femenina, sus ojos se dirigían hacia la entrada a su habitación.
—Arg…Dolorido, inquieto y molesto —contestó, haciendo un pequeño esfuerzo para sentarse en la cama y que su espalda se apoya en la cabecera de madera.
Mitsuki se acercaba con una pequeña caja que la abre una vez, que se sienta al lado de su hermano. Saca dos frascos, uno de iodo y el otro de alcohol, y por último el algodón; con cuidado procede a mojar el algodón con el alcohol y en otro, hace lo mismo pero con el iodo, empieza a colocarlo sobre las heridas superficiales y otras que quizás tenían algo de profundidad. Podía ver cómo el cuerpo de su hermano se tensaba y como a su vez maldecía en voz baja. Ella suspira pero continúa sanando esas heridas, saca del botiquín unas vendas y prosigue con enrollar partes de su antebrazo izquierdo y en su mano derecha, también en parte del abdomen.
—Listo, hermano —le avisó, sonriendo de lado.
Él comprendió reaccionando de la misma manera: —Gracias, hermana.
—De nada, me preocupaste mucho en ese torneo ¿Qué pasó, exactamente?
El pelirrojo desvía la mirada por unos segundos, para meditar sobre su respuesta, no quería preocupar más de lo habitual a Mitsuki. Tampoco quiere involucrarse mucho con el tema de sus antepasados.
—Te lo puedo explicar después, pero hoy debo presentarme en dar un concierto —respondió, evadiendo la otra pregunta. Trata de levantarse, aunque le insisten en que haga reposo.
—Hermano, trata de descansar un poco. Entiendo que tienes un show pero puedes cancelarlo o no sé…
Iori niega con la cabeza, no iban a llegar a un buen acuerdo. Quería ir a despejar su mente con su propia música y presentándose ahí en un pequeño show en el bar.
—Está bien, pero me gustaría que uses alguna ropa que te diseñe.
―Mientras que vas a buscar mi ropa, ¿Podrías pasarme la guitarra? ―le sugería, señalando su instrumento.
La pelirroja sonríe de lado, se levanta de su lugar para agarrar la guitarra acústica que había sido colocada en un rincón de la habitación. Vuelve a caminar hacia él para entregarle su instrumento, apenas asiente con la cabeza para retirarse e ir a buscar su nuevo diseño. Abre la puerta blanca, sin antes observar todo el entorno de aquella habitación; paredes color celeste con algunos detalles de líneas rectas de azul oscuro, sábanas y alfombras de color rojo carmesí, cortinas del mismo color. El diseño de la cama era tradicional pero de mueble pintado de blanco.
―Ahora vuelvo, hermano.
Ella cierra la puerta detrás de sí, no iba a tardar mucho ya que su habitación estaba al lado de la suya. Sin dudas entendió que su hermano en parte se pondría a componer o quizás tratar de practicar un poco antes de su show y eso le sorprendía al pensar respecto al primogénito del Clan Yagami. Porque sabía que él mismo se sobre exigía, sin importarle su propia salud.
―Mi hermano debería descansar ―murmuró por lo bajo, suspira mientras buscaba alguna camisa negra para combinar con la gabardina o chaqueta rojiza.
~II~
~…~
― ¡Bienvenidos!―dijeron unísono la pareja Kusanagi.
Recibían a los recién llegados, como los Ikari Warriors observaban todo su entorno, también reconociendo un ambiente tan hogareño, tan cálido y familiar. Que el comandante fue el primero en captar ese detalle, que en el fondo creyó que se había olvidado por completo.
Kazou, Hana y Taiyo observaban la cálida escena del encuentro entre hermanas gemelas, algunos notaron como los collares brillaban. El resto de los Ikaris Warrios; Ralf estaba anonadado por el parentesco que tenían aquellas dos mujeres, era como ver un reflejo de la otra. Para Clark Still fue prácticamente lo mismo aunque reconoció a esa joven, porque la había visto en la misión para controlar a Rugal Berstein y en el caso de Heidern, sonrió de lado, quizás sea la primera vez que sus mercenarios podían verlo sonreír después de mucho tiempo, porque ahora sabía que su ahijada tenía una familia, tenía una identidad para no sentirse sola. Se quedaban contemplando la inesperada escena familiar, ese reencuentro que ni siquiera ellos sabían de esa historia de Leona Heidern.
—Tengo mucho que contarte, hermana —le habló, Keiko tomándola de las manos.
El soldado aún seguía emocionada, tanto así que sus orbes azul cielo empezaron a cristalizarse, no tenía palabras para describir lo importante que es para ella, saber que tiene una familia, una hermana.
—Hermana, no llores o me vas a contagiar —le avisaba tratando de no mirarla a los ojos.
Ella se seca las lágrimas con la palma de su mano y sonríe de lado. Siente cómo entrelazar sus dedos con Keiko para ser arrastrada hacia adentro de la casa, y todo para conocer esa sensación hogareña y familiar como imaginaba que sería.
—Por favor, pasen. Mi esposa preparó comida para todos —invitaba Kazou, señalando la entrada principal de su casa de tres pisos.
—Muchas gracias, señor Kusanagi —agradeció Heidern caminando al lado del sujeto.
Sus mercenarios lo siguieron en silencio y solo por procesar toda la cantidad de contenido visual. Una vez que ingresan a la casa, notaron que la decoración parecía ser algo tradicional por los colores que destacaban entre el marrón oscuro por la pintura de las paredes por fuera, amarillo por las paredes dentro de la casa, bordo las cortinas con algunas líneas negras y el blanco quizás entre otras pinceladas en otras habitaciones combinando con otro color, como el azul y el gris. Aunque en cada recorrido ellos miraban por los cuadros que se mantenían colgados en las paredes se podía ver varias fotos familiares: en una de ellas cuando los dueños de la casa eran más jóvenes al lado de otras personas que quizás eran amistades de estas familias. Leona parecía extrañada por tratar de reconocer a un señor de cabello azul marino que sonreía ampliamente estando al lado de una castaña de ojos verde esmeralda, siendo que pueda reconocer a su padre solamente por esa similitud en el color de su cabello, el tema sería su madre.
—Sabes, cuando era niña, siempre miraba esa foto y se me hacía familiar esas personas —habló, Keiko quedando al lado de su hermana
Ella lo miraba en silencio, por unos segundos vio a Taiyo quien tenía un parecido a la mujer que acompañaba al señor: — ¿C-Conoces a esa mujer? —le preguntó
—Hermana, ella es nuestra madre…—contestó, al instante y con una sonrisa.
Había una mesa amplia para ocho personas de las cuales tenía cada uno cubiertos, hasta palillos y platos correspondientes para que se sirvan la comida, disponen cinco cuencos (chawan) y platos separados antes de la comida. Justo al lado del comensal están el cuenco de arroz a la izquierda y el cuenco de sopa a la derecha. Tras estos hay cinco platos planos conteniendo las tres guarniciones, dos al fondo a la izquierda (en el que podría servirse pescado y carne hervido), otros dos al fondo a la derecha (en el que podría servirse pescado y carne a la plancha), y otro en el centro de la bandeja (en el que podrían servirse verduras hervidas). También se ofrecen vegetales en vinagre, para ser comidos al final de la comida, pero no se cuentan como parte de los tres platos de acompañamiento. Todos se sentaron en sus respectivos lugares, dispuestos a comer la gran comida de bienvenida.
Parte del equipo Ikari se sentaba del lado derecho, mientras que las familias del lado izquierdo y en cada punta estaban el comandante y el dueño de la casa. Podría decir que el ambiente se tensó un poco, solo por el silencio.
—Quiero decir algo, mañana a la noche habrá un festival que se llama Tanabata —comentó, Hana. Con una pequeña sonrisa en sus labios y mirando disimuladamente a las gemelas.
Clark sentía vergüenza ajena por su compañero que parecía adorar y gustar con tanta hambre, la comida que estaba servida. La militar apenas probaba bocados, comía con tal neutralidad que su gemela la miraba con una sonrisa de lado, solo por notar ese aspecto reservado y tranquilo.
Leona miró curiosa a su padre.
—Comandante Heidern, ¿Le interesa ir? —preguntó, el señor Kusanagi.
—Estoy de servicio, no puedo tener vacaciones —contestó, dando un bocado a su platillo.
Ralf miraba discretamente a Keiko, cuando recibía su atención para sonreírle al invitado, este se sonroja y retoma su comida, no habla mucho por dos razones: la primera distracción, era Keiko y la segunda, la deliciosa comida que probaba agarrando cada platillo que estaba sobre la mesa. El teniente frunció el ceño ante tal comportamiento repentino de su compañero.
Taiyo se había dado cuenta de cómo ese sujeto miraba a su hermana, le causaba gracia pero no quería reírse en un momento inapropiado. Solo que tenía el presentimiento que ese coronel podría gustar de su hermana.
El coronel hace un ruido con su plato junto con sus palillos, como que toda la atención fue dirigida hacia él: —Gracias por la comida, me gusta la idea del festival. Comandante, podríamos estar de servicio igual…Solo para proteger ante todo lo que pueda suceder.
Clark se lleva sus manos hacia su rostro, como lamentando el comentario de su carnal. Ni siquiera pensó lo que puede opinar el comandante o él, o Leona respecto en quedarse unos días más. Él estaba por decir algo para oponer su salida o posponer para otro momento.
—Por mí, está bien —comentó, la militar. Quien agarraba una servilleta y se limpia su boca con delicadeza, mostrando una postura calmada y educada.
—Me alegra escuchar eso, hermana —dijo, Keiko sonriendo alegremente —, con la tía Hana podemos ir a averiguar kimonos.
—Va ser una gran salida familiar y entre mujeres —habló, la tía de las gemelas.
Una vez que terminaron de comer, era el momento de regresar al departamento donde se hospedaban temporalmente, aunque para Heidern fue complicado tomar una decisión determinada respecto para que su ahijada se quedara a vivir con su verdadera familia. Sin embargo, tiene poco tiempo para seguir pensando ya que por ahora, no cree de algo más pueda suceder.
Este mira como su ahijada se despedía pero siendo abrazada por su hermana y por el resto de la familia: —Leona…No es necesario, hoy te quedas a dormir con la familia Kusanagi. No te estoy obligando pero algo me dice que te quieres quedar.
La joven queda asombrada y ve discretamente a su familia.
El teniente le pasa un bolso a Leona, que recientemente lo baja del vehículo. Ese bolso verde-gris tenía toda la ropa de la militar, dando a entender que para eso ella había empacado toda su ropa.
—Comandante… ¿Es una orden?
—Esta vez, no.
Ella sonríe por lo bajo, deja su bolso a un lado y abraza al comandante con una postura tímida, algo que nunca se animaba hacer delante de tanta gente. Cuando era niña, esos detalles no era algo complicado para su gusto ya que al crecer tomó una actitud reservada y poco emocional. El tema es que sentía la necesidad de darle un abrazo a su padre adoptivo; Heidern le acariciaba el cabello y sonríe por lo bajo, por sentir el afecto de su ahijada. Se separan, para hacer un saludo militar, por lo que las actitudes colgadas de los mercenarios por el momento entre padre e hija, los hacen reaccionar rápido para tomar esa postura respetuosa.
— ¡Nos vemos, Leona… Mañana volveremos para acompañarlos! —exclamó el castaño ya subido en el vehiculo y del lado del conductor.
—Sí, gracias comandante…Digo padre.
— ¡Nos vemos mañana, Sr. Heidern, muchas gracias por la visita!
Toda la familia Kusanagi volvió a ingresar a la casa, tanto Hana como Keiko acompañaron a Leona para mostrar la habitación compartida que tendría con su hermana; le avisaban que la cama sería la que se encuentra del lado izquierdo, mientras que la suya sería el lado derecho. Cuando su tía le dio privacidad, la militar dudaba en cuestionar algo más sobre sus orígenes, quizás su gemela podría ayudarla a recuperar su memoria. Deja su bolso debajo de su cama para después, poder sentar en el colchón; trata de mantener una postura fría hacia ella.
— ¿Sucede algo, hermana? —preguntó, la gemela que frunció el ceño.
—M-Me gustaría preguntarte algo…—respondió, mirándola fijamente.
—Dime, te escucho, Leona.
— ¿Taiyo tiene hermanos? ¿En algún momento nos conocimos, o sea tú y yo? ¿Quién es una Kusanagi?
La joven de orbes esmeralda, suspira y se queda pensando para armar su respuesta, respecto a tantas preguntas que tiró al aire su gemela. Se levanta de su cama y camina hacia el ropero para sacar una caja, junto a un par de fotos. Leona se sienta en el suelo para quedar a su lado, claramente sería una historia un poco larga que contar o de cierta información donde ambas tendrán que buscar por su cuenta.
—La tía, Hana. Me entregó algunas fotografías, no muchas. Supongo que conoces a Leopold Goenitz.
Ella recuerda la voz de su tía, quien le contaba la historia con las fotografías, obviamente. Su tío había contado partes pero Hana completaba el resto de la imagen mental con las fotografías.
Leona se congela, en el momento de sostener una fotografía suya junto a otros niños.
—Lo conozco —masculló, entre dientes con tan solo recordar el rostro del sujeto. Casi arrugaba la fotografía, estando molesta.
—Somos hijas de Taisei Gaidel y de Kusanagi Hinata. Te voy a contar tal cual me contaron nuestros tíos, cuando me dijeron parte de la verdad.
~Ambas conocimos a nuestros padres cuando éramos niñas, también te conocí a ti, hermana, la decisión de separarnos era porque nuestro padre tenía un mal presentimiento y era por su amigo y hermano, Goenitz... Es decir, nuestro tío. Padre tenía esa sensación de que ese sujeto estaba haciendo algo malo y con el tiempo, supieron que estuvo matando y causando "accidentes" al resto de los Hakkesshu que abandonaron a Orochi, para llevar a los hijos e involucrarse en romper el sello de su Dios.
Por eso, nuestro padre decidió separarnos al nacer, por el miedo de que ese sujeto tras raptarnos, asesine tanto a mamá y a papá. Y que si eso sucediera de verdad, una podrá detener a la otra. Me alegra saber que ninguna de las dos debe detener a la otra, porque no terminamos en el otro grupo. Nuestro apellido es Taisei, pertenecemos a un Clan extinguido y que solo mantenía un equilibrio dentro de los tres clanes, igual que el rol del Clan Yata; supuestamente existe una estrecha relación amistosa entre Clan Taisei y Kusanagi y que por ende, compartimos esa sangre de parte de nuestra madre materna...
Taiyo tiene hermanos, el mayor se llama Yoshio tiene veinticuatro años y el otro hermano, se llama Naoki tiene veintidós, no hay mucha diferencia de edades…Y todos son del Clan Kusanagi…~
—Ahora hermana, dime una cosa… ¿Recuerdas algo de Leopold?
Leona se queda en un estado pensativo, trataba de hacer un esfuerzo por recordar. En ese momento, un brillo opaco aparecía en su collar pero ninguna lo notó; ella miraba todo su entorno, estaba afuera, en una aldea. Podía ver varias personas de diferentes edades tirados en el suelo, hasta ver a una niña de cabello azul, que miraba sus manos. Cuando se acercó...
—No, trato de recordar pero lo único que recuerdo es que vivía en una aldea —contestó, la militar se sentía incómoda.
—Hermana…—la abraza con fuerza, porque quizás algo habrá visto que le generó un pequeño trauma en sus recuerdos y que por algo, no lo tiene bien claro —Sé que te he dicho mucha información pero buscabas respuestas y yo te las di.
—Gracias…Keiko.
~III~
En esa misma noche, del otro lado de la ciudad. Yashiro golpea abruptamente la pared, dejando un gran hueco en él y viendo como algunos ladrillos o pedazos rocosos caían del otro lado. No le dolía su mano por el golpe, aunque sentía el peso en su espalda por el cuerpo atractivo de su compañera, quien apoyaba ambas manos sobre sus hombros para calmarlo. Como si le estuviera hablando a su oído, no solo para consolarlo a él, sino que ya le había hablado al niño que se encontraba sentado en una caja sosteniendo la guitarra de su amigo.
—Cariño, tranquilo…Ya vamos a tener nuestra oportunidad de nuevo.
— ¡Ese malnacido de Yagami Iori! ¡Nos quitó nuestra presentación! —exclamó, el muchacho de orbes carmesí.
Quedó frustrado, decepcionado, molesto hasta tenía otra razón para guardarle rencor a ese rival, para cuando sea arriba del escenario. Entonces…Se le ocurrió una gran idea en pleno pensamiento caliente, sonrió por lo bajo.
—Pero las cosas no van a quedar así, ya vas a ver…Yagami.
Chris miraba el cartel del bar nocturno, Jazz & Rock. Se sentía disgustado por no poder cantar y tocar su batería en esa ocasión, que la banda sea bien recibida por el público pero al parecer el grupo de Yagami no canceló su show y el grupo CYS iba a reemplazarlo por esta noche. Sin embargo, la situación se dio vuelta a último momento y justo casi cuando ellos estaban por salir a tocar arriba del pequeño escenario pero el dueño los echa antes de su presentación. Vio que su compañera se distanciaba del grupo entrar nuevamente al lugar, para analizar por simple curiosidad al sujeto que les robó el escenario.
Analizando el ritmo de su canción, el tocado del bajo que causaba una ligera sensación piel de gallina, al igual que como acompañaba el resto de los instrumentos, como la guitarra eléctrica, y la batería, ella prestaba atención por lo que iba escuchar del cantante decir lo siguiente:
«Aunque te odio, también te amo demasiado por eso.
Sin decir nada solamente abrázame fuertemente
Si me mostraras lo que hay en tu corazón
Podría entender más de ti
De este sueño que se desvanece
Las palabras hirientes que salen de mi boca hacen que me odie»
La nueva vestimenta de Iori tenía que ver con el conjunto de su camisa negra, al igual que sus jeans y zapatos, lo que destacaba era una larga gabardina rojiza que pasaba su cintura. Tenía sus ojos cerrados, solo escuchaba el ritmo de su propia guitarra eléctrica y la voz del cantante que le hacía viajar dentro de su imaginación. Por suerte, no sentía dolor físico después de las heridas que sufrió en el torneo. Cuando el momento de abrir sus ojos para ver a su público; sus orbes carmesí captaron la atención de una muchacha de cabello azulado, que al parecer lo observaba con determinación, se encontraba sentada cerca del escenario pero en una mesa central del lugar. Estaba sola, sin sus compañeros de nuevo. Al parecer, se dio cuenta que le gustaba su música o eso quería creer…Se sonroja, cuando ve la sonrisa tímida de la militar.
— ¡Hey! Iori, Iori… —creyó haber escuchado su voz femenina.
Pestañea dos veces y vuelve a la realidad, aunque en sus pensamientos la nombra "Leona…" Sus compañeros le susurraban que venía su solo pero él ya lo hacía de forma automática, o quizás se guió para demostrar su talento. Todavía la seguía recordando y por alguna razón debe ser, más bien, su mente quería provocar a que sueñe ambientando a la realidad. No quiere darle mucha importancia al asunto.
Ese comportamiento le pareció curioso para la pelirroja, Shermie quien lo seguía analizando detrás del escenario, aunque no quería darle tanta importancia pero vio hacia las mesas a una joven de cabello rojizo y que veía con admiración al Yagami.
Por otro lado, Shermie se muerde su labio inferior con tan solo volver a poner su atención al guitarrista, quizás piensa en jugar con él después de todo para tratar de insinuarse apropósito, o quien sabe adelantar el objetivo de su amor, Nanakase Yashiro.
—Así que, ese el gran Yagami Iori, del Clan Yagami, ex Yasakani.
.
.
Continuará…
N/A: Sobre los hermanos-primos de Keiko y Taiyo, capaz cuando suba en el remake de algunos capítulos (no de todos) van a aparecer pero muy de vez en cuando.
Naoki: Rectitud, Árbol.
Yoshio: Justicia, Masculino.
Me disculpo muchísimo por tardar en actualizar y espero que les guste este capuitulo. Les agradezco de corazón en seguir esta idea e historia mía
David Porras, Kryzay, Alx7necsky, Kath-2H.D, Yasakani, Javii Shirayuki Nightmare, VikaDan, Saga, Nadia, Kya Kusanagi, Iorien, Chiche, Guest, "7", Alessannd Leto, Fabiola. H.J xXFaronXx, Lady… manu.
xXFaronXx: a decir verdad, en los últimos comentarios que dejaste… Si a veces hago un pequeño resumen del capítulo anterior pero cada vez se hacen más concisos. También pienso que algunos se pierden en mis historias, solo eso. Muchas gracias por apoyar la historia, después de una larga ausencia. Tuve un pequeño problema para continuar, solo en esta ocasión no lo hice tan largo el capítulo y lo dividí en dos partes. Esta vez, no pienso tardar en publicar la otra mitad.
Espero que les haya gustado
¡Saludos y cuídense!
Atte. J.H ©
