Percy Jackson y los Dioses del Olimpo, pertenece a Rick Riordan.
Atenea tomó el libro. —El tercer capítulo se titula: "Mi profesora de matemática se vuelve polvo"
En ese momento, varias luces surgieron, y los dioses se pusieron en guardia. Un numeroso grupo de personas, apareció. Zeus les apuntó, con su Rayo Maestro. — ¿Quiénes son ustedes?
Una joven de cabello rubio neutral, que lentamente, se iba degradando, hasta ser casi blanco; y ojos azul oscuro, dio un paso al frente. Llevaba una camiseta anaranjada, típica del campamento mestizo y un pantalón negro. —Penélope Jackson, hija biológica de Anfitrite y Sally Jackson. Hija por ritual de sangre de lord Poseidón. Hija adoptiva/campeona de lady Hera; hija adoptiva de lady Afrodita.
Una chica de cabello negro corto y ojos azules, vestida con una chaqueta plateada, una camiseta blanca y un pantalón plateado, dio un paso al frente. —Thalía Grace, hija de Zeus y actual comandante de las Cazadoras de lady Artemisa.
Una chica de cabello rubio y corto, de ojos castaños, tonificada, habló. —Clarisse Larue, hija de Ares.
Otra chica rubia, pero de cabello largo, con ojos grises, se presentó. —Annabeth Chase, hija de Atenea.
Un chico de cabello negro, ojos negros y piel aceitunada, se presentó. —Nico Di Ángelo... Hijo de Hades. —Se sonrojó. —Tío Zeus... Bianca y yo... nacimos en 1924, fuimos llevados al Hotel Casino Loto por nuestro padre, para protegernos.
Zeus miró como su sobrino, parecía tenerle miedo. —Comencemos la lectura, por favor. —Atenea se aclaró la garganta y reinició el libro.
—El tercer capítulo se titula: "Mi profesora de matemática se vuelve polvo".
Mira, yo no quería ser una mestiza.
—Nadie quiere, jefa alga —dijo Thalía sonriente y despreocupada.
Si estás leyendo esto, porque piensas que puedes ser uno, mi consejo es:
— ¿Penny dando consejos? —preguntó un sonriente Nico. — ¿Qué sigue, ella y Lady Artemisa de pareja?
—Sí. Al parecer, seremos pareja —dijo repentinamente Artemisa, dejándolos a todos en silencio. Ella enseñó entonces, su hilo rojo del amor, pero no era un hilo, era un grillete de color rojo, en su muñeca y una larga cadena roja, que guiaban hasta la castaña de ojos azules.
Cierra este libro ahora mismo. Cree cualquier mentira que tu madre o padre te hayan dicho acerca de tu nacimiento y trata de llevar una vida normal.
Ser un mestizo, es peligroso.
Todos los mestizos asintieron.
Los monstruos te persiguen y se disfrazan como humanos.
Si eres un niño normal, espero que te estés tomando esto, como ficción. Como la típica ficción de adolescentes, tipo Crónicas de Narnia, Harry Potter o Cazadores de Sombras.
Mi nombre es Penny Jackson. Bueno Penélope, y ve llamando a algún hijo de Apolo porque lo necesitaras. Tengo doce años. Hace unos meses, fui estudiante de la Academia Yancy, una escuela privada para niños problemáticos de Nueva York.
¿Soy una niña problemática?
—Todos ustedes, supuestos héroes, son problemáticos para mi campamento, Peggy Johnson —bufó un enfadado Dionisio.
La verdad, que es que, a mi alrededor, suelen pasar cosas raras: En una escuela, hice que un cañón se disparara y destruí el vehículo de un maestro pederasta.
— ¡Increíble! —dijeron los Stroll.
Y antes de esto en mi cuarta escuela primaria, cuando dimos un tour entre bastidores del mundo marítimo del tiburón, yo toque la palanca incorrecta en el pasillo y nuestra clase se dio un baño imprevisto. Y antes de eso... bien, te haces una idea.
— ¡Increíble! —dijo un sonriente Apolo, Hermes reía.
Este viaje, estaba determinado a que fuera bien. Todo el camino a la ciudad me puse con Nancy Bobfit, la friki, pelirroja cleptómana, que golpeaba a mi mejor amigo Grover en la parte de atrás de la cabeza con pedazos de emparedados de mantequilla y crema de cacahuete.
Todos gruñeron ante esto.
Grover era un blanco fácil. Era flaco. Lloraba cuando se frustraba. Debió haber repetido varios cursos, porque era el único niño de sexto grado con acné y con principio de un poco de barba en el mentón. Por encima de todo eso, estaba lisiado. Él tenía una nota excusándole de PE del resto de su vida porque tenía algún tipo de enfermedad muscular en las piernas.
—Gracias por la descripción Penny… —gruñó Grover con sarcasmo, sonrojándose furiosamente.
Caminaba curiosamente, como si le doliera, pero no te dejes engañar. Deberías haberlo visto correr cuando había enchilada en la cafetería.
El director me había amenazado de suspender del colegio si hacía algo malo o vergonzoso, o medianamente entretenido tenía lugar durante el viaje.
—Es Penny, todo saldrá horriblemente mal —dijo Grover preocupado.
—Cuando algo le sale mal al inicio, sabes que algo increíble y positivo, tendrá lugar al final —dijo Clarisse sonriente.
—Gracias por creer en mí, mi bella Amazona —dijo Penny sonriente, haciendo que Clarisse, se sonrojara.
El Sr. Brunner nos conduce en la visita al museo. Puso su silla de ruedas al frente, guiándonos a través de las enormes galerías, de estatuas de mármol grandes y vitrinas llenas de cosas viejas y de cerámica de color naranja. En mi mente apareció la idea de que estas cosas habían sobrevivido dos mil o tres mil años.
— "Mucho más Penny… Mucho más…" —Susurro Quirón.
Nos reunimos alrededor de una estatua de trece metros de altura de piedra con una gran esfinge en la parte superior y empezaron a contar como era una lápida, una estela, para una chica de nuestra edad. Nos contó acerca de la forma de tallar los lados. Estaba tratando de escuchar lo que decía porque me interesaba de alguna forma, pero todo el mundo a mi alrededor estaba hablando y cada vez que les decía que se callaran, el profesor acompañante, la Sra. Dods, me miró mal.
La Sra. Dodds era profesora de matemáticas, que siempre llevaba una chaqueta de cuero negro, incluso a su edad, a sus cincuenta años. Parecía lo suficiente como para montar en una Harley.
Nico y Hazel abrieron los ojos como platos cuando se dieron cuenta quien era la señora Dodds, miraron a su padre y este asintió a su pregunta no formulada, asintieron entre ellos y volvieron a escuchar.
Había llegado a Yancy a la mitad del año, cuando nuestro profesor de matemáticas tuvo un ataque de nervios.
— "¿Cuánto apuestas a que Penny tuvo algo que ver?" —susurró Leo a Reyna.
—Acepto… No creo que sea su culpa —Dijo Reyna muy segura.
Desde el primer día, la Sra Dodds se enamoró de Nancy Bobofit ya mí me detesto como si fuera el engendro del demonio. Me señalo con su dedo torcido y me, "Ahora, cariño," dijo realmente dulce, y sabía que iba a caerme una detención después de clases durante un mes. Una vez, después de que me hiciera borrar las respuestas del libro de matemáticas hasta la medianoche, le dije a Grover que no creía que la Sra. Dodds fuera humana.
Me miro muy serio y me dijo: "Tienes toda la razón".
.
El Sr. Brunner dejo de hablar de arte funerario griego.
Por último, Nancy Bobofit río por el hombre desnudo con la estela y me di la vuelta y le dije, — ¿Quieres una igual? —Lo que salió más fuerte de lo que quería. Todo el grupo se echó a reír. El Sr. Brunner detuvo su historia.
—Señorita Jackson —dijo. — ¿Algo que decir?
Me sonrojé y le dije. —No, señor.
El Sr. Brunner señalo una de las imágenes de la estela. — ¿Tal vez podrías decirnos lo que representa la imagen?
— ¿A que no lo sabe? —Nico le dijo a Annabeth, con una sonrisa torcida.
Annabeth lo miro con el ceño fruncido. — ¿A qué si lo hace?
— ¿Qué apuestas? —Contraataco Luke, sin perder su sonrisa.
— ¿No sé qué quieres? —Pregunto sin mirarlo. Solo suspiró, gruñendo por tener que aguantarlo. Ya sabía lo que haría Luke, pero él claramente, lo desconocía. Lo trajeron del pasado.
—Un beso… hermosa… —apostó Luke sonriente.
—Pero si yo gano, te alejas de mí.
Atenea continúa con la lectura.
Miré la talla y sentí una oleada de alivio, porque en realidad lo reconocía. —Es Cronos comiéndose a sus hijos, ¿no?
—Te dije que lo sabría… —Se jacto Annabeth sonriente.
Luke la miro confundido... Anna rio…
—Soy la novia de Penny, Luke y soy muy feliz con ella… por eso por favor mantente alejado de mi… —Le aclaro firmemente. —Traidor —pensó con ira.
Luke se fue al otro extremo lejos de Annabeth, por ahora se alejaba pero ya iba a ver la forma de demostrarles a todos, que él era... Era... Ahora se lo preguntaba: ¿Por qué lo trataban tan fríamente?
¿Cómo iba Luke a saber, que él era el único traído del pasado, mientras que los demás, ya sabían lo que se desataría?
—Sí, —dijo el Sr. Brunner, obviamente no conforme. —Y lo hizo porque...
—Bueno... —sacudí mi cerebro para recordar. —Cronos era el rey de los dioses y...
— ¿Dioses? —Cuestiono Zeus furioso, mirando con furia al entrenador de héroes.
—Ella será corregida señor… —Se apresuró a aclarar Quirón.
— ¿Dioses? —pregunto el Sr. Brunner, levantando una ceja.
—Titanes —me corregí, sonrojada. —Y.… no se fiaba de sus hijos, que eran los dioses. Así que, umm Cronos se los comió, ¿verdad? Pero su mujer escondió a Zeus bebé y le dio a Cronos una piedra para comer en su lugar. Y más tarde cuando Zeus creció, engaño a su padre, Cronos, al darle de beber algo que... Qué le hizo vomitar a sus hermanos, quienes, al ser dioses, no murieron, sino que los vomitó, como adultos.
— ¡Eeew! —Dijo una de las chicas detrás de mí.
—Y por eso fue la gran lucha entre los dioses y los titanes —continuó el Sr. Brunner. —Y los dioses ganaron.
— ¿10 años de gloriosa guerra y los resume así? —Cuestionaron Ares y Clarisse.
Se oyeron algunas risitas en el grupo. Detrás de mi Nancy Bobofit le murmuro a un amigo. — ¿Cómo vamos a usar esto en la vida real? —todos la escuchamos, claramente. — ¿Quién nos va a preguntar en una entrevista de trabajo: "¿Porque Cronos se comió a sus hijos?"
—Señorita Jackson —dijo Brunner, lo miré y me sonrojé. —Para contestar a la excelente pregunta de la señorita Bobofit de ¿porque es importante en la vida real?
—Atrapada —murmuro Grover.
El Sr. Brunner era el único que escuchaba. Tenía las orejas como radares. Pensé en su pregunta y me encogí de hombros. —No sé, señor. —Luego pensé en algo y sonreí tímidamente —Es cultura general: saber sobre las culturas que marcaron la historia de la humanidad... ¿Tal vez para ser profesor de Literatura, o al obtener un título de mitología comparada?
Brunner rio y asintió… —Tiene razón señorita Jackson. Bueno la mitad bien, la Señorita Jackson tenía razón: Zeus efectivamente le dio una mezcla de mostaza y vino a su padre lo que le hizo vomitar a los otros cinco hijos, que por supuesto, siendo dioses inmortales, habían estado viviendo y creciendo sin digerir completamente en el estómago del Titán. Los dioses vencieron a su padre, cortándolo en pedazos con su propia guadaña y esparciendo los restos en el tártaro, la parte más oscura del inframundo. Después de esta nota, es momento de almorzar. Sra. Dodds, ¿podríamos salir?
—Solo Quirón puede pensar en comida, después de algo así… —Dijeron los campistas, de buen humor.
La clase se movió, los niños se aguantaban el estómago, los chicos empujándose unos a otros y actuando como burros. Grover y yo estábamos a punto de seguir a la Sra. Dodds, cuando el señor Brunner dijo. —Señorita Jackson. —Yo sabía que venía. Le dije a Grover que siguiera adelante. Entonces me volví hacia el Sr. Brunner.
—¿Señor? —El Sr. Brunner tenía la mirada que no te dejaba ir, gracias a sus intensos ojos marrones que podrían haber tenido mil años de antigüedad y haberlo visto todo.
—No todo, pero si la mayoría… —dijo el entrenador de héroes.
—Tú debes saber la respuesta a mi pregunta —me dijo el Sr. Brunner.
— ¿Acerca de los titanes? —pregunté yo.
—Acerca de la vida real. —Aclaró. —Y como tus estudios son aplicables.
—Vaya.
—Respuesta universal de mamá… —Comento una voz juvenil.
— ¡Salgan ahora mismo, quien quiera que sean! —ordenó Zeus, empuñando su Rayo Maestro.
Desde varios lugares, aparecieron un grupo de niños, de unos diez años, quienes no hablaron, e hicieron una seña, para que la lectura continuara.
El Sr. Brunner esperaba que yo fuera tan buena como todos los demás, a pesar de que tengo dislexia y el Trastorno por Déficit de Atención y nunca había pasado por encima de una C en mi vida. No, él no esperaba que fuera igual de buena, el esperaba que yo fuera la mejor. Y yo no podía aprender todos los nombres y los hechos y mucho menos con una ortografía perfecta. Murmure algo acerca de esforzarme más, mientras que el Sr. Brunner echaba una larga y triste mirada a la estela, como si hubiera estado en el funeral de esa niña.
—Lo estuve… —Mencionó Quirón, con un gesto de tristeza.
Me dijo que me fuera a comer. La clase estaba reunida en la escalinata del museo, donde se podía observar el tráfico de gente a lo largo de la quinta avenida. En el cielo, una gran tormenta se estaba formando, con nubes más negras de lo que nunca había visto en la ciudad. Me imagine que tal vez fuera por el calentamiento global o algo, porque el tiempo en toda la Navidad, había sido extraño. Habíamos tenido grandes tormentas de nieve, inundaciones, incendios forestales por rayos.
— ¿Por qué pelean ahora? Preguntaron unas enfadadas Hera y Anfitrite. Zeus y Poseidón tuvieron la decencia, de parecer avergonzados.
Algunos de los chicos les tiraban a las palomas, trozos de galletas. Nancy Bobofit estaba tratando de robar algo del bolso de una señora, y por supuesto la Sra. Dodds no vio nada.
Grover y yo nos sentamos en el borde de la fuente, lejos de los demás. Pensamos que tal vez así hacíamos eso, la gente no sabría que éramos de esa escuela - la escuela para los casos problemáticos que no pudimos estar en otro lugar. — ¿Te ha castigado? —pregunto Grover.
—No —dije, mientras echaba la cabeza hacía atrás y me peinaba el cabello rubio, con las manos. Apreté los dientes, debido a que mi sostén deportivo, me quedaba un poco pequeño, y era como si una boa constrictora, me estuviera apretando el pecho. —Brunner jamás me castigaría. Lo sabes. Aunque me gustaría, que se olvidara de mí a veces... quiero decir: No soy tan lista, como él desea que fuera.
Grover no dijo nada durante un tiempo. Luego cuando pensé que iba a soltarme un comentario filosófico profundo para hacerme sentir mejor, dijo. — ¿Me das tu manzana?
Todos rieron ante esto. El sátiro se sonrojó.
Yo no tenía mucho apetito, así que se la di. Observando la quinta avenida y pensé en el apartamento de mi madre, en la parte alta de la ciudad. No la había visto desde navidad. Yo quería coger un taxi y volver a casa. Que me abrazara y se alegrara de verme, pero sería decepcionante también. Ella me mandaría de vuelta a Yancy, grabándome que tenía que esforzarme más, incluso si esta era mi sexta escuela en seis años y que probablemente iba a ser expulsado de nuevo. Yo no podía estar ahí de pie mirándome ella con esa cara triste.
El Sr. Brunner puso su silla de ruedas en la parte baja de la rampa para minusválidos. Comía apio, mientras leía una novela de bolsillo. Una sombrilla roja sobresalía de la parte posterior de la silla, haciendo que pareciera una mesa de café motorizada.
Estaba a punto de desenvolver mi sándwich, cuando Nancy Bobofit apareció delante de mí con sus feas amigas, supongo que se había cansado de robar a los turistas y dejo caer su almuerzo a medio comer sobre el regazo de Grover, pero yo atrapé la bandeja, y a la comida, no le pasó nada. Ella me hizo una mueca de enfado con los dientes torcidos. Sus pecas eran de color naranja, como si alguien se pintara la cara con Cheetos líquido.
—Eww a esa niña, ni yo la podría ayudar… —Dijo Afrodita asqueada.
Penny la miró seriamente. —No es el tipo de persona, a quien podrías llegar a querer ayudar. Créeme.
Traté de mantener la calma. El consejero de la escuela me dijo un millón de veces, cuenta hasta diez, controla tu temperamento. Pero yo estaba tan loca con la mente en blanco. Una ola rugió en mis oídos. No recuerdo tocarla, pero lo siguiente que supe es que Nancy estaba sentada de culo en la fuente, gritando. — ¡Penny me empujo!
— ¿Poseidón? —Cuestionaron a Hades y Zeus, sonrientes.
Poseidón se encogió de hombros. Nadie dijo nada, y a sus hermanos, no les molestó, en lo más mínimo.
La Sra. Dodds, se materializo junto a nosotros.
— ¿Se materializó? —Cuestionaron Thalía y Atenea, con una ceja levantada. Penny se puso nerviosa, Hades escuchaba atentamente, con curiosidad.
Algunos de los niños murmuraban:
— ¿Has visto...?
—... El agua...
—... como la agarro...
No sabía de qué estaban hablando. Todo lo que sabía era que estaba en problemas de nuevo.
Tan pronto como la Sra. Dodds estuvo segura de que la pobre Nancy estaba bien, prometiéndole conseguirle una camiseta nueva en la tienda de regalos del museo, etc., etc., la Sra. Dodds se volvió contra mí. Hubo un incendio triunfal en sus ojos, como si hubiera hecho algo que había estado esperando todo el semestre.
—Ahora, cariño —comenzó ella.
—Ya lo sé, —pude murmurar, —Un mes borrando libros.
—Jamás trates de adivinar tu castigo… te pondrán un castigo y luego, el que acabas de decirles a los maestros… —Exclamo Hermes.
Eso no fue correcto decirlo.
— ¿Lo ven? —Hermes y Apolo, asintieron.
—Ven conmigo —dijo la Sra. Dodds.
— ¡Espere! —grito Grover, alcanzándonos. —Fui yo quien la empujo. —Me quede mirándolo, atónita. No podía creer que estaba tratando de cubrirme, Grover le temía muchísimo.
La Sra. Dodds le dio una mirada que mata. Con tanta fuerza que la barbilla de él temblaba. —No lo creo, Sr. Underwood —dijo ella.
—Pero...
—Usted-quédese-aquí. —Grover me miró de forma desesperada.
—Está bien, Grov —le dije, con una sonrisa en los labios. —Gracias por intentarlo.
—Cariño, —dijo la Sra. Dodds. —Ahora. —Y sonrió Nancy Bobofit. Le di mi mirada de Nos-veremos-mas-tarde.
Entonces me volví para hacerle frente a la señora Dodds, pero ella no estaba allí. Estaba de pie en la entrada del museo, en la parte superior de la escalera, gesticulando impaciente para que fuera. ¿Cómo había llegado allí tan rápido?
— ¡MONSTRUO! —Gritaron todos los que aún no sabían cuál era.
Tengo momentos bastante frecuentes, donde pierdo la noción de la realidad. Cuando mi cerebro se queda dormido o algo y la siguiente cosa que se es que me he perdido algo, como si una pieza de un puzle cayera del universo y me deja mirando un lugar en blanco detrás de ella. El consejero de la escuela me dijo que era parte de la ADHD, mi cerebro malinterpretaba las cosas.
—No estés tan segura… —Murmuro Artemisa, algo preocupada por la chica.
Yo no estaba tan segura.
Artemisa se sonrojo por la coincidencia.
Fui detrás de la Sra. Dodds. A mitad de los escalones, mire a Grover. Estaba pálida, mirando del Sr. Brunner a mí, como si quisiera que el Sr. Brunner notara lo que estaba pasando, pero el Sr. Brunner estaba absorto en su novela. Bueno, pensé. Me va a hacer comprar una camisa nueva para Nancy en la tienda de regalos.
Pero al parecer, ese no era el plan.
Todos miraron con curiosidad. ¿Mataría a la chica?, ¿la chica podría defenderse?, ¿era solo matarla, o el monstruo buscaba algo?
La seguí por el museo. Cuando finalmente la alcance, estuvimos de vuelta en la sala Grecorromana. Excepto por nosotros, la galería estaba vacía.
La Sra. Dodds estaba de pie con los brazos cruzados delante de un bajorrelieve de mármol del dios Hades. Ella, estaba haciendo un ruido extraño con la garganta, como gruñendo. Incluso sin el ruido ya estaba nerviosa. Es raro estar a solas con una profesora, especialmente la Sra. Dodds. Algo sobre la forma en que miraba el friso, como si quisiera pulverizarlo... —Nos estas dando problemas cariño. —dijo.
Hice lo seguro. Le dije: —Si señora —Ella tiro de las mangas de su chaqueta de cuero.
— ¿De verdad crees que puedes salirte con la tuya verdad? —La mirada en sus ojos iba más allá de la locura. Era malvada.
—Ella es maestra —pensé con nerviosismo. —No es que vaya a hacerme daño. —Le dije en voz alta. —Yo... yo, me esfuerzo más, señora... —Un trueno sacudió el edificio.
—Nosotros no somos tontos, Penélope Jackson —Dijo la Sra. Dodds. —Era solo cuestión de tiempo que te descubrirías. Confiesa y sufrirás menos dolor. —No sabía de qué hablaba. Todo lo que podía pensar era que los maestros habían encontrado el alijo ilegal de dulces que había estado en mi dormitorio. O tal vez se habían dado cuenta de que mi ensayo sobre Tom Sawyer era de Internet y no por haber leído el libro y me iban a quitar mi nota. O peor, me iban a hacer leer el libro.
Poseidón, Hades, Artemisa, Apolo, Hermes y Hestia, no pudieron evitar reírse.
Entonces, sucedió la cosa más extraña. Sus ojos brillaron como brasas de barbacoa. Sus dedos se estiraron convirtiéndose en garras. Su chaqueta se fundió en grandes alas de cuero. Ella no era humana. Era una bruja arrugada con alas de murciélago y garras, y una boca llena de colmillos amarillos, apunto de comerme.
— ¡¿UNA FURIA HADES?! —rugió Poseidón furioso. Hades no contestó. La niña ya le estaba cayendo muy bien, y aun ni la conocía.
Luego las cosas se pusieron aún más extrañas.
— ¿Cuánto más extraño, piensan que se pondrán? —Gimió Hera… no quería que le pasara a la niña.
El Sr. Brunner que había estado frente al museo un minuto antes en su silla de ruedas, estaba en la entrada de la galería con una pluma en la mano. — ¡Eh, Penny! —gritó, tirando la pluma al aire...
La Sra. Dodds, se abalanzo sobre mí. Con un grito, la esquive y sentí las garras rozando el aire junto a mi oído. Cogí el bolígrafo en el aire, pero cuando llego a mi mano, ya no era una pluma. Era una espada.
La Sra. Dodds se volvió hacia mí con una mirada asesina en sus ojos. Mis rodillas parecían de gelatina. Me temblaban las manos tanto que casi dejo caer la espada.
—Débil… —Murmuró Ares, hasta que una lanza le rozó la mejilla, abriéndole una herida. Todos, vieron que había sido Clarisse.
—Es de mi novia, de quién estás hablando, padre —gruñó la chica, enfadada.
— ¡Muere, cariño! —Y voló directamente hacia mí. Absoluto terror corrió por mi cuerpo. Hice lo único que llego de forma natural: blandí la espada.
— ¿Eso es natural? —Cuestiono Piper, alzando una ceja.
—No había nacido un guerrero natural en años… —Murmuro Artemisa sonriente, de brazos cruzados y tremendamente orgullosa.
—Y una guerrera natural en milenios… —Reconoció Artemisa también sonriendo.
— "Mamá ya la admira…" —Murmuro Orión a su hermana, quien le sonrió a su gemelo.
La hoja de metal toco su hombro y paso limpiamente, a través de su cuerpo como si fuera de agua.
¡Siseo!
La Sra. Dodds fue un castillo de arena en un momento. Ella estalló en polvo amarillo, se vaporizo en el terreno, sin dejar nada, pero con olor a azufre y un grito de muerte y un enfriamiento en el aire, como si esos dos ojos brillantes siguieran mirándome.
— ¿Por qué Alecto estuvo allí? —se preguntaba Hades, extrañado.
Estaba sola.
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—Así, termina el capítulo. —Avisó Apolo.
—Entonces, ¿Quiénes son ustedes? —volvió a preguntar Zeus, a los jóvenes.
Dos de ellos, dieron pasos al frente. Una chica de cabello largo y rojo, de ojos azul profundo. Llevaba las ropas, del Campamento Mestizo. —Soy Luna Jackson, hija biológica de Penélope y Artemisa Jackson.
—Soy Orión Jackson, hermano gemelo de Luna —dijo un chico de cabellos rubios y ojos plateados.
— ¡¿UN HIJO?! —chilló la diosa de la caza y la luna, mirando al niño, con incredulidad. Ambos jóvenes, bajaron la mirada, los otros, la miraron fijamente con enfado.
Una chica de cabello rubio y ojos del mismo color, dio un paso al frente. —Soy Ariel Jackson-La Rue, hija de Penélope Jackson y Clarisse La Rue.
—Cuando mi otra madre aparezca en la novela, diré quién es ella, abuelo Zeus —dijo la tercera chica. Zeus asintió.
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Para asombro de más de uno, Artemisa bajó de su trono y abrazó a sus hijos, especialmente a Orión, quien parecía calmarse y devolverle el abrazo a su madre.
Ariel fue abrazada por su madre, mientras le sonreía, y a su vez, la hija de Clarisse, abrazaba a su otra hermana, quien no había dado a conocer su identidad.
