Percy Jackson y los Dioses del Olimpo, pertenece a Rick Riordan.

Atenea tomó el libro. —El cuarto capítulo se titula: "Un encuentro, que quizás no tendría por qué ocurrir" ... —Se miraron entre todos, deseosos de que alguien explicara los títulos.

Yo estaba acostumbrada a esas ocasionales experiencias extrañas.

Pero usualmente terminaban rápido. Esta alucinación veinticuatro/siete era más de lo que podía manejar. Por el resto del año escolar, todo el campus parecía estar jugando una especie de broma conmigo. Los estudiantes actuaban como si estuvieran total y completamente convencidos de que la Sra. Kerr –una mujer rubia alegre a la que nunca había visto en mi vida, hasta que se subió en el autobús al final de la excursión –había sido nuestra maestra de pre-Algebra desde Navidad.

—Es raro —soltó Apolo. —La Niebla, debería incluso de confundir a los Mestizos.

De vez en cuando yo soltaba una referencia de la Sra. Dodds a alguien, solo para hacerlos tropezar, pero ellos se quedaban mirándome, como si yo estuviera loca.

—Si Jefa Alga no estuviera loca, hubiéramos muerto, en la mitad de las misiones. —Dijo una feliz y satisfecha Clarisse, con su novia.

Consiguiendo así que yo casi les creyera, que la Sra. Dodds nunca había existido.

Casi.

Pero Grover no podía engañarme. Cuando le mencioné el nombre Dodds a él, dudó, luego dijo que ella no existía. Pero supe que estaba mintiendo.

Todos rieron ante esto. Haciendo sonrojar a actual Señor de lo Salvaje.

Algo estaba sucediendo. Algo había sucedido en el museo.

No tuve mucho tiempo para pensar en ello durante el día, pero en las noches, visiones de la Sra. Dodds con garras y alas de cuero me despertaban sudando frío.

El clima extraño continuó, lo que no ayudó con mi humor. Una noche, una tormenta estalló las ventanas de mi dormitorio. Pocos días después el tornado más grande de todos los tiempos aterrizó en el Valle de Hudson, a solo cincuenta millas de la Academia Yancy. Uno de los acontecimientos de la actualidad que estudiamos en Ciencias Sociales fue el número inusual de pequeños aviones que había caído en el Atlántico repentinamente este año.

— ¿Por qué están discutiendo ahora, los niños? —preguntaron unas enfadadas Hera y Anfitrite a sus respectivos esposos, quienes agacharon la mirada, mostrándose avergonzados, haciendo reír a los nietos del dios del mar.

Empecé a sentirme irritable y de mal humor la mayoría del tiempo.

Mis calificaciones bajaron de D a F. Me metí en más peleas con Nancy Bobofit y sus amigos. Me sacaron del salón en casi cada clase.

Finalmente, cuando nuestro Profesor de Castellano, el Sr. Nicoll, me preguntó por millonésima vez porque yo era tan perezoso para estudiar para las pruebas de deletreo, estallé. Lo llamé viejo borrachín. No estaba ni siquiera seguro de lo que eso significaba, pero sonaba bien.

Todos rieron en el salón del trono.

El director le envió a mi mamá una carta la siguiente semana, haciéndolo oficial: Yo no sería invitado a volver el siguiente año a la Academia Yancy. Sin importar, que yo fuera hija de la famosa autora de novelas juveniles Sally Elizabeth Jackson.

Todos entristecieron un poco, al saber que la hija de Anfitrite, Poseidón y Sally, no volvería a su escuela mortal.

Quería estar con mi mamá en nuestro pequeño departamento en el extremo este de la ciudad, incluso si tenía que ir a una escuela pública y soportar a mi obstinado padrastro y sus estúpidos compañeros de póker.

Todos, gruñeron al escuchar esa descripción.

Y aun así... había cosas que extrañaría de Yancy. La vista de los bosques desde la ventana de mi dormitorio, el río Hudson en la distancia, el olor de los árboles de pino. Extrañaría a Grover, que había sido un buen amigo, incluso siendo un poco extraña. Me preocupaba como sobreviviría el siguiente año sin mí.

Extrañaría la clase de latín también –el torneo loco del Sr. Brunner y su fe en que yo podía hacer las cosas bien.

—Algo me dice, que se verán las caras muy pronto —dijo Hera, sonriéndole a Penny, quien le sonrió a la diosa.

Mientras los exámenes se acercaban, latín era el único para el que estudiaba. No había olvidado que el Sr. Brunner me dijo que este tema era de vida o muerte para mí. No estaba seguro porque, pero había empezado a creerle.

Los dioses, a los que Penny comenzaba a caerles bien, miraron al centauro, quien solo tragó saliva, nerviosamente.

La noche antes de mi final, me sentí tan frustrado que lancé la Guía de Cambridge de la Mitología Griega a través de mi dormitorio. Las palabras habían empezado a saltar fuera de la página. No había forma que yo fuera a recordar la diferencia entre Quiron y Quaron, o Polydictes y Polydeuces. ¿Y conjugar esos verbos en latín o griego? Olvídalo.

Atravesé el cuarto, sintiendo como si hormigas se pasearan dentro de mi camisa.

Más de una diosa, hizo una mueca ante esa descripción.

Recordé la expresión seria del Sr. Brunner, sus ojos con la sabiduría de miles de años. «Aceptaré solo lo mejor de ti Penny Jackson»

—Y tu forma de alentarla a estudiar y aprender sobre nosotros, es presionándola, en algo que sabes no le saldrá bien, debido a su dislexia —se quejó Hera, haciendo que el centauro tragara saliva. —Muy bien hecho Quirón. Muy bien hecho.

Tomé un respiro profundo. Recogí el libro de mitología.

Nunca le había pedido ayuda a un profesor antes.

Quizás si hablaba con el Sr. Brunner, él podría darme algunos consejos. Al menos podría disculparme por la gran F que estaba a punto de sacar en su examen. No quería dejar la academia Yancy, con él pensando que yo no lo había intentado.

Bajé las escaleras hacia las oficinas de la facultad. La mayoría estaban oscuras y vacías, pero la puerta del Sr. Brunner estaba entreabierta, la luz desde su ventana se extendía por el suelo del pasillo.

Estaba a tres pasos de la manija de la puerta cuando oí voces dentro de la oficina. El Sr. Brunner preguntaba algo. Una voz que era definitivamente la de Grover decía — (...) preocupado por Penny, señor.

Me congelé.

Usualmente no ando espiando, pero te reto a no escuchar si pudieras oír a tu mejor amigo hablándole de ti a un adulto.

Hades, Poseidón, Anfitrite, Hera y Apolo, apoyaron con una mirada, la idea del espionaje.

Me acerqué un poco más.

...solo este verano, —estaba diciendo Grover. —Quiero decir: ¡Una amabilidad en la escuela! Ahora que estamos seguros, y ellos también...

Solo empeoraríamos las cosas presionándola, —dijo el Sr. Brunner, quien sonaba un poco preocupado. —Necesitamos que la chica madure más.

Pero ella quizás no tenga tiempo. El solsticio de verano es el límite...

Tendrá que resolverse sin ella, Grover. Déjala disfrutar su ignorancia mientras todavía puede. —Rogó el señor Brunner.

Señor, ella vio a la benévola...

—Exacto, ella vio a una de las Benévolas —interrumpió Clarisse. —Alejarla, solo lo haría peor.

—Pero traerla, solo conseguiría, que tu acomplejamiento por tu copa y la suya, así como por su enorme belleza, se dispararan —bromeó Annabeth, causando que Clarisse se sonrojara.

Su imaginación, —insistió el Sr. Brunner. —La niebla de los estudiantes y el personal será suficiente para convencerlo de eso.

Señor, yo... yo no puedo fallar en mi deber otra vez. —La voz de Grover estaba ahogada por la emoción. —Usted sabe lo que eso significaría.

Tú no has fallado, Grover, —dijo el Sr. Brunner amablemente, —Debí darme cuenta de lo que era. Ahora solo preocupémonos de mantener a Penny viva hasta el próximo otoño...

—Es verdad, Grover —dijo Annabeth, con una dolorosa sonrisa en sus labios. —No fallaste.

—Lo hiciste muy bien, amigo —dijo Thalía sonriente. —Ellos están a salvo, y es gracias a ti.

El libro de mitología se cayó de mi mano y golpeó el suelo con un ruido sordo. El Sr. Brunner calló.

Mi corazón martilleaba, recogí el libro y me eché hacia atrás en el pasillo.

Una sombra se deslizó a través del cristal iluminado de la puerta de la oficina del Sr. Brunner, la sombra de algo mucho más alto que mi profesor en silla de ruedas, sosteniendo algo que lucía sospechosamente como un arco y tensaba la cuerda, sujetando un arco.

Abrí la puerta más cercana y me deslicé hacia adentro. Unos pocos segundos después oí un golpeteo lento clop-clop-clop, como bloques huecos de madera, luego un sonido como un animal resoplando justo fuera de mi puerta. Una gran y oscura sombra se detuvo frente al cristal y luego continuó.

Una gota de sudor corrió por mi cuello.

— ¿No la atrapó? —preguntaron todos, entre asombrados y sonrientes. Asombrados de que Penny hubiera logrado esquivar a Quirón y, que hubiera escuchado, todo aquello.

En algún lugar del pasillo, el Sr. Brunner habló. —Nada, —murmuró él. —Mis nervios no han estado bien desde el solsticio de invierno. Vuelve al dormitorio, —le dijo el Sr. Brunner. —Tendrás un largo día de exámenes mañana. —Las luces se apagaron en la oficina del Sr. Brunner.

Esperé en la oscuridad por lo que parecieron horas.

Finalmente, salí al pasillo y me encaminé hacia mi cuarto. Grover estaba tendido en su cama, estudiando sus notas para el examen de latín como si hubiera estado ahí toda la noche. Me miró y una sonrisa apareció en su rostro. — ¡Hey!, ¿estarás lista para este examen?

Eso espero yo —murmuré por lo bajo, mientras colocaba mi libro en mi cama, e intentaba hacer memoria, de lo que había logrado aprender del libro, mientras trataba de despejarme, de lo que escuché del Sr. Brunner y Grover.

—No funcionará, linda —dijo Atenea. —Cuando estás pensando en otro asunto, es difícil que logres centrarte.

No entendía lo que había oído abajo. Quería creer que lo había imaginado todo.

Pero algo si estaba claro: Grover y el Sr. Brunner estaban hablando de mí a mis espaldas.

Ellos pensaban que yo estaba en alguna clase de peligro.

La siguiente tarde, cuando salía de mi examen de tres horas de latín, en mis ojos nadaban todos los nombres de los griegos y romanos, que había escrito. El Sr. Brunner me llamó. Por un momento, me preocupó que hubiera averiguado mi espionaje el día anterior, pero ese no parecía ser el problema. —Penny, —dijo él. —No te desanimes por dejar Yancy. Es... Posiblemente, lo mejor.

Artemisa bufó. —Muy bien, Quirón. Decirle a una niña que ha sido expulsada de tantos colegios, y ha tenido tantos problemas, que el lugar dónde tiene a su único amigo y al único maestro que le ha apreciado; seguramente no es lo mejor, para ella. —Quirón, bajó la mirada.

Su tono era amable, pero las palabras me avergonzaron. Aunque hablaba en voz baja lo otros chicos terminando el examen pudieron oír. Nancy Bobofit me sonrió, haciendo un gesto sarcástico con sus labios. Murmuré un: —Okey, señor.

Quiero decir... —el Sr. Brunner movió su silla hacia atrás y hacia adelante como si no estuviera seguro de que decir. —Este no es el lugar adecuado para ti. Era solo una cuestión de tiempo. — Mis ojos picaron. Aquí estaba mi profesor favorito, en frente de la clase, diciéndome que no pude manejarlo. Después de decirme todo el año que creía en mí, ahora me decía que estaba destinado a ser expulsado.

Todos miraron con enfado a Quirón, por no saberse expresar y por su falta de tacto, con una niña, que, en ese momento de su vida, desconocía que era una Mestiza. El centauro se sonrojó, y se juró mejorar su tacto y su elección de palabras.

Nancy Bobofit, y su pandilla de chicas malas, me lanzaban besitos.

—Esa mocosa, me está colmando la paciencia —gruñó Artemisa. Solo Afrodita, lograba entender esto. ¿Quién diría que una Mestiza, sería el alma gemela de una Diosa? Especialmente, una Mestiza relacionada, con el dios del mar.

En él último día de plazo, metí mi ropa en mi maleta.

Los otros chicos, bromeaban alrededor, hablando de sus planes para las vacaciones. Uno de ellos iba a un viaje de excursión a Suiza. Otra iba a cruzar el Caribe por un mes. Ellos eran delincuentes juveniles, como yo, pero eran delincuentes juveniles ricos. Sus padres eran ejecutivos, o embajadores o celebridades. Yo era un don nadie, de una familia de don nadie.

Ellos me preguntaron lo que haría este verano y les dije que volvería a la ciudad.

Lo que no les dije fue que tendría que obtener un trabajo de verano sacando perros a pasear o vendiendo subscripciones a revistas, y gastando mi tiempo libre preocupándome acerca de a qué escuela iría en otoño.

Todos se sintieron mal, por la hija de Poseidón, y el rey de los mares, mojó de la cabeza a las patas, al Centauro.

Ellos volvieron a su conversación como si yo nunca hubiera existido. La única persona a la que temía decir adiós era Grover, pero resultó que no tenía que hacerlo. Él había reservado un billete a Manhattan en el mismo Greyhound que yo, así que ahí estábamos, juntos otra vez, en dirección a la ciudad. Durante todo el viaje de autobús, Grover seguía mirando nerviosamente por el pasillo, observando los otros pasajeros. Se me ocurrió que él siempre actuaba nervioso e inquieto cuando salíamos de Yancy, como si esperara que algo pasara. Antes, siempre asumí que él estaba preocupado de que se burlaran de él, Pero ahora no había nadie para burlarse en el Greyhound. Finalmente, no pude soportarlo más. Dije: — ¿Buscando Benévolas?

Los semidioses rieron. Clarisse miró a su novia, sonriente. —Vas a matar al pobre Grover, de un ataque al corazón.

—Se lo merecía —contestó ella, de forma indiferente, moviendo la mano, como diciendo que no era importante...

Grover casi salta de su silla. — ¿Que...? ¿Qué quieres decir? —Confesé sobre escucharlos a él y al Sr. Brunner la noche antes del examen. Los ojos de Grover temblaban. — ¿Que tanto escuchaste?

Oh... no mucho. ¿El plazo del solsticio de verano? —pregunté confundida. — ¿Por qué hablaban a mis espaldas? —Me crucé de piernas y apoyé mis brazos tras mi cabeza, dándole una mirada afilada y una sonrisa a mi amigo. Solo para aumentar sus nervios.

Grover miró mal, a la chica. Ella solo imitó a su contraparte del libro.

Él hizo una mueca. —Mira Percy... Estaba preocupado por ti, ¿ves? Quiero decir, alucinaciones de profesores de matemáticas demonios...

— "Grover..." —susurré, para asustarlo... Y tuve éxito.

Apolo y Hermes rieron y aplaudieron.

Todos sonrieron y redoblaron su interés, queriendo saber, si el Sátiro dejaría caer información.

Grover miró a la hija del Tirano del Mar, con el ceño fruncido... pero la sonrisa depredadora de la chica, algo que parecía normal en Neptuno, le ganó, al hacerlo palidecer.

Y.… y.… le estaba diciendo al Sr. Brunner que quizás estabas estresado o algo, porque no había ninguna Sra. Dodds, y...

Me acerqué a su oído y le susurré. — "Cuando alguien miente, desvía la mirada, porque está ideando la mentira. El corazón aumenta a trecientas ocho pulsaciones, por minuto; lo primero que suda es el cuello, luego la nuca y luego la frente... las pupilas se dilatan" —Me aparté de mi amigo, y justamente, todo lo que acababa de describir, lo estaba padeciendo, por no hablar de los ojos muy abiertos. —Y sinceramente... —agarré mi mochila. —No me interesa, el ser amiga de un mentiroso, y alumna de otro. —Me puse de pie y bajé del autobús en la próxima parada, sabiendo que tendría que caminar un par de cuadras, hasta el apartamento de mi madre, pero no me interesaba.

Grover y Quirón, bajaron la mirada, sintiéndose muy afectados, por las palabras de la castaña.

En el camino, vi a unas ancianas que tejían unos calcetines tan grandes, que podrían haber pasado por pasamontañas. Y a la anciana del medio, cortar el hilo. Algo pasó con esa visión, porque un mal presentimiento me llegó.

—Las Moiras —gimieron todos los presentes.

En lugar de caminar, esperé el próximo taxi, tomé mi chaqueta, y subí.—Este... ciento cuatro y la primera —le dije al conductor. Iría al apartamento de mi madre y del Oloroso Grabe, mi padrastro. El nombre de mi madre es Sally Jackson y es la mejor persona del mundo, lo que prueba mi teoría de que las mejores personas tienen la peor suerte.

Mis abuelos murieron al estrellarse su avión, cuando ella tenía cinco años, y fue criada por su tío a quien no le importaba mucho. Ella era una novelista galardonada, así que paso la preparatoria trabajando para ahorrar dinero para la universidad con un buen programa de escritura y creatividad, y en un momento, logró su sueño. Después su tío enfermó de cáncer y ella tuvo que abandonar la escuela en su último año para cuidarlo. Después de que él muriera, ella conocería a quien dice que es mi madre: una mujer llamada Annelie y a su esposo Peyton, me contó, que ambos eran grandes conocedores de "los misterios del mar" (palabras textuales de mi madre), papá Peyton, era un biólogo marino (todo bien, hasta allí), y mamá Annelie (de quien dice ella, que realmente se enamoró), era "una arqueóloga subacuática".

—Muy buena excusa, Poseidón —dijo Atenea sonriente y satisfecha, con el supuesto trabajo mortal de su tío. Todos asintieron.

Ellos nos mandaban grandes cantidades de dinero, para nuestra subsistencia, por lo cual estábamos muy bien económicamente, mi madre ya estaba sacando su tercer best-seller y yo me podía permitir, el cambiar de escuelas, tan a menudo.

Ese día, cuando abrí la puerta del apartamento de mi madre, me quedé en shock, por algunos instantes, al ver a mi madre, quien tenía su cabello castaño suelto, vestida con una camiseta blanca y un pantalón sudadera negro, recostada en el sofá de la sala, mientras besaba con desesperación y verdadera pasión, a una preciosa mujer de cabello negro, quien llevaba un vestido azul de fiesta, a pesar de que era de día.

En un sillón a un lado, un hombre de cabello rubio y ojos azules, vestido de pescador: llevaba una camiseta Hawaiana y un pantalón corto; veía el partido de Futbol Americano. El hombre, fue el primero en notarme y me sonrió. —Chicas, detengan su película porno; tenemos visitas de menores de edad. —El hombre rio y yo no pude evitar, hacer lo mismo. Mi madre y la otra mujer, dejaron de besarse. Al levantarse, se golpearon en la cabeza, haciéndome reír. El hombre lanzó una carcajada feliz. —Perdónalas. Tú, debes de ser Penélope, ¿verdad?

Sí... lo soy... y usted es...

Penny, perdón... perdón por esto... —dijo mi madre sonrojada, levantándose y limpiando torpemente su maquillaje.

Soy Peyton Fisher tu... padre... —dijo el hombre, avergonzado. —Yo... Annelie y yo...

Deberíamos de haber venido, hace ya muchos años, cariño —dijo Annelie, tremendamente sonrojada y yo, podía imaginar el porqué. Se fueron de nuestras vidas, cuando yo ni siquiera podía hablar y sin tener muchos recuerdos. Y un día de la nada, casi 13 años después, ellos volvían a aparecer.

—Estúpidas leyes —gruñó Hefesto. Todos los dioses asintieron, sintiéndose repentinamente, como muy malos padres. Y comenzando a pensar en formas, para cambiar todo esto.

13 años —repitió mamá Annelie, mirándome avergonzada, con una mano en su mejilla, y otra en mi hombro, comenzando a llorar. —Es... Fueron... tantos años, que me... que nos perdimos de tu vida, Penélope. Yo... —Le di un abrazo. Sentí un abrazó que me estrujó un poco, haciéndome reír. Luego, abracé a papá Peyton, mientras sentía palmadas en la cabeza.

Annelie y yo... bueno... vinimos para... —papá Peyton, no parecía saber exactamente, qué decir. —Unas vacaciones y.… bueno... —Quería decir "vacaciones familiares", yo lo sabía. Pero tenía sentido, que evitara esa palabra.

Todos miraron a Poseidón, pero él no dijo nada.

Aun así, todos pensaban exactamente lo mismo: Si es que acaso, la apariencia del otro... "Señor de los Mares", no lo dotaba acaso de un aura divina menos poderosa. O si enmascaraba completamente su aura divina y la de Anfitrite, para que ella pudiera estar allí, sin alertar al Consejo Olímpico.

Salimos de la casa, casi que de inmediato. Yo supe, que mis madres y "mi padre" Peyton, ya tenían mis cosas en una mochila. — ¿A dónde vamos? —pregunté curiosa.

A Montauk —dijo mamá Sally sonriente, para luego besar a mamá Annelie y a papá Peyton, ambos, en los labios. —Conocí a estos dos, no muy lejos de allí. En una biblioteca, que ya no existe, mientras que intentaba aprender griego.

Yo le enseñé —me dijo un orgulloso Peyton. —Ella quería aprender, tanto como le fuera posible, sobre los antiguos poderes... es decir: mitos. Los antiguos mitos grecorromanos. Y yo me ofrecí, a enseñarle sobre estos, mientras que ella, iba escribiendo su primera novela.

Todos, sonrieron ante eso. Sin lugar a dudas, Sally y su hija Penny Jackson, serian personas muy importantes, para el Olimpo.

Parecían tener un aura de calma y paz. Incluso las creyeron capaces, de calmar a sus bélicas versiones romanas.

—La tía Sally, los tenía en sus meñiques, ¿eh, tío P? —dijo un sonriente Nico, haciendo sonrojar a Poseidón.

—Por supuesto que no, muchacho —dijo Poseidón sonrojado. —Nada ni nadie, puede domar o contener al mar.

—Excepto Sally y yo, por supuesto —dijo Anfitrite sonriente. —Sí, verán: Lo atamos a la cama, en la noche de... de concepción de Penny y...

— ¡Anfitrite! —gritó Poseidón, queriendo claramente decirle "No digas más".

—Y ni siquiera transformándose en Neptuno, pudo mi esposo escapar —continuó la diosa sonriente, besándolo en la barbilla e ignorándolo de paso. — ¿Por qué creen que Penny, tiene el cabello rubio?

Todos lanzaron una carcajada.

Al acercarnos a Montauk, mamá Sally rejuveneció, y sus ojos pasaron a ser azul mar: Una extraña mezcla, entre azul claro y azul oscuro. Papá Peyton, me revolvió el cabello y me sonrió. —Tienes los mismos ojos, que Sally, pero mi cabello rubio, cariño. Tus ojos, también son entre azul claro y oscuro.

O como suele decir Peyton: Ojos del océano —dijo Mamá Annelie sonriente, guiñándome un ojo.

Todos sonrieron, ante aquella descripción. No por nada, Penny era apodada en el campamento "La Princesa Mestiza" o "Princesa del Mar"