Las Crónicas del Campamento Mestizo, fue escrito por Rick Riordan.

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Apolo tomó el libro. —El séptimo capítulo se llama: "Me asignan una misión".

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El sueño terminó, solo para iniciar en otro. Un sueño entrelazado.

Vi las estatuas de los Olímpicos: Tío Zeus, quien sujetaba un rayo de bronce, tía Hera (¿debería llamarla, "mamá Hera"?), Papá, quien sujetaba un tridente de bronce, Ares, en una mano tenía una espada y en la otra una pistola, Hermes, tenía un bastón de curación en una mano y unos Adidas alados, Hefesto tenía un martillo y una tenaza, Afrodita una bufanda rosada con mucho brillo, Atenea un casco de bronce, Apolo con un arco de oro, Artemisa con un arco de bronce y un cuchillo y... ¿el tío Hades?, él tenía un casco

Entonces, una sombra pasó en frente, y arrebató el rayo al tío Zeus, y el casco al tío Hades.

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Ambos dioses se pusieron pálidos, de que les pudieran robar sus símbolos de poder.

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Seguía intentando, despejar mi mente. Separar el sueño de la realidad. Escuché, como llamaban a mi puerta. —Adelante. —Escuché el trote de Grover, me giré para mirarlo, mientras suspiraba cansada, y alcanzaba una moña, en la cual recogí, fuertemente mi cabello. —Hola.

Penny, el señor D, quiere verte —me informó, a modo de saludo.

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Grover se sonrojó, ante las miradas de todos, por no haber contestado al saludo de Penny.

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Bien, estoy en camino —le dije, pero no me moví. Él tampoco lo hizo. —Grover... —le dije lentamente, mirándolo sin parpadear, poniéndolo nervioso. —Estoy únicamente, una camiseta y bragas.

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Todos comenzaron a reírse de Grover, quien se sonrojó, mientras deseaba ser una tortuga, para esconderse en sí mismo.

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() él se sonrojó y salió, cerrando la puerta. Suspiré, y agarré mi sostén y una camiseta. Cuando estuve arreglada, salí. — ¿Por qué quiere verme? —pregunté, mientras nos encaminábamos, a paso lento, hacía la Casa Grande.

Él quiere matar...es decir, será mejor que te lo cuente él. —Fue todo lo que pude conseguir, por parte de Grover, haciéndome suspirar. Por encima de Long Island Sound, el cielo parecía una sopa a punto de hervir. Una cortina de lluvia venía en nuestra dirección. La pregunté a Grover si necesitaríamos un paraguas.

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Algunos rieron, porque en el Campamento, nunca llovía.

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Aunque seguía confusa, y sentía como los recuerdos, aun no se terminaban de acomodar en mi mente, señalé la tormenta. — ¿Qué demonios es eso, entonces? — Alzó la vista hacia el cielo algo inquieto. —Va a pasar por nuestro lado. El mal tiempo siempre lo hace.

Me di cuenta de que tenía razón. En la semana que había estado aquí, nunca había estado cubierto. Las pocas nubes de lluvia que había visto habían bordeado las afueras del valle. Pero esta tormenta... esta era enorme.

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—Esa es una de las mejores razones, para ser un Mestizo —dijo Thalía, y todos la miraron. —Jamás lloverá, en el Campamento.

Clarisse, no pudo evitar reírse. —Solo espera.

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En el hoyo de vóley, los chicos de la cabaña de Apolo estaban jugando a un partido matinal contra los sátiros. Los gemelos de Dionisio, estaban caminando por el campo de fresas, haciendo crecer las plantas. Todo el mundo estaba con sus cosas habituales, pero parecían tensos. Mantuvieron sus ojos en la tormenta.

Grover y yo caminamos hasta el porche delantero de la Gran Casa.

Dionisos se sentó en la mesa de póker con su camiseta hawaiana de rayas de tigre y con su Cola de Dieta, tal y como estaba en mi primer día. Quirón se sentó en la mesa en su silla de ruedas Falsa. Estaban jugando contra adversarios invisibles, pues dos manos de cartas, flotaban en el aire. —Bueno, bueno. —Dijo el Sr. D sin alzar la vista. —Nuestra pequeña celebridad.

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Poseidón y Hera, gruñeron.

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(…) Acércate. —dijo el Sr. D. —Y no esperes que me doblegue ante ti, mortal, solo porque el viejo Barba Percebe sea tu padre. —Una red de rayos destellaron a través de las nubes. El trueno hizo temblar las ventanas de la casa, y una ola golpeó en la costa. —Bla, bla, bla. —dijo Dionisio. Quirón fingió interés en sus cartas. Grover se encogió por la barandilla, y sus cascos volvieron a hacer ruido entre sus idas y venidas. —Si estuviera en mis manos. Haría que tus moléculas estallaran en llamas. Barreríamos las cenizas y se acabarían tantos problemas. Pero Quirón parece pensar que eso iría en contra de mi cometido en este maldito campamento: el manteneros a vosotros, mocosos, seguros de daños.

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El rey del mar y la reina del Olimpo, le gruñeron a Dionisio.

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La combustión espontánea es una forma de dañar, Sr. D. —Intercedió Quirón.

Tonterías. —dijo Dionisio. —La chica no sentiría nada. No obstante, he acordado contenerme. Estoy pensando en convertirte en delfín en lugar de eso, enviándote así de vuelta con tu padre. —Una poderosa ola, se estrelló, contra el peñasco, enseñando lo que pensaban papá y mamá, respecto a las palabras del señor D.

Sr. D. —advirtió Quirón.

Oh, está bien. —Cedió Dionisio enfadado. —Hay una opción más. Pero es una locura mortal. —Se levantó, y las cartas del jugador invisible cayeron en la mesa. —Me voy al Olimpo por una reunión de emergencia. Si la chica sigue aquí cuando vuelva, la convertiré en un delfín mular atlántico. ¿Entendido? Y Penélope Jackson, si eres lo bastante lista: verás que es una decisión mucho más razonable que lo que Quirón siente que debes hacer. — Dionisio levantó una carta del juego, la giró, y la transformó en un rectángulo de plástico. ¿Una tarjeta de crédito? No. Un pase de seguridad. Chasqueó los dedos. El aire pareció plegarse y rodearlo. Él se convirtió en un holograma, y a continuación, en viento, después, se marchó, dejando solo el aroma de uvas frescas tras de él.

Quirón me sonrió, pero parecía cansado y algo tenso. —Cuéntame, Penny, ¿Qué te hizo del perro del infierno? —Solo escuchar el nombre me hizo estremecer. Quirón posiblemente quería que dijera: "¡Caray, no es nada! Como perros del infierno para desayunar". Pero no me sentía como una mentirosa.

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Poseidón y Hera, asintieron.

Nico le sonrió a su prima. —Y ahora, tienes un perro de mascota. —Penny se rio.

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Me asustó. —dije. —Si no fuera por Clary, estaría muerta, pues me quedé congelada, gracias a ella, pude reaccionar y colocarle la cuchilla a mi lanza. —Entonces, noté como la llamé, causándome un sonrojo.

Amor adolescente —dijo Quirón sonriente.

¡Digo: Clarisse! —corregí estúpidamente.

Encontraras cosas peores, Penny. —Señaló Quirón. —Mucho peores, antes que acabes.

Acabar... ¿con qué? —pregunté confundida, mientras recordaba mi sueño.

Tu misión, por supuesto. —Me dijo, como si fuera obvio. — ¿La aceptas?

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—¡Pero si ni siquiera, le has dicho cuál es su misión! —se quejaron Hera, Hefesto, Ares, Sally y Poseidón. El Centauro se encogió.

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Esto, señor. —Dije con cuidado, —Aún no me ha contado de que se trata.

Quirón hizo una mueca. —Bueno, esa es la parte difícil, los detalles...

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—Claro —Penny se cruzó de brazos, y miró enfadada, a su maestro —porque recorrer casi medio país, en presencia de tantos monstruos y, solo a veces, topándonos con algunos de ellos, es lo más fácil, ¿verdad, Quirón? —El centauro, se sonrojó. Hera, Sally, Hefesto, Ares y Poseidón, asintieron, dándole la razón a la rubia.

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Un trueno retumbó en todo el valle. La lluvia había alcanzado ya la orilla de la playa. Por lo que podía ver, el cielo y el mar estaban hirviendo juntos. Fruncí el entrecejo. —Papá Poseidón y el tío Z... —dije, mirando hacia el cielo, antes de volver la mirada hacía Quirón. —Ellos están luchando... he escuchado de muchos campistas, que algo que fue robado, ¿no es así?

Quirón y Grover intercambiaron miradas perturbadas. Seguramente, por descubrir, que casi todo el campamento, sabía algunos hechos. Quirón ahora, se veía perturbado, y se inclinó hacia delante en su silla de ruedas. — ¿Cuánto saben los otros campistas, de eso? —preguntó, mirándome intensamente.

¡Lo sabía! —dijo Grover sonriente, con los ojos brillantes.

Mi maestro Centauro, lo miró con enfado. — ¡Calla, sátiro! —ordenó Quirón.

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— ¡Quirón! —le regañaron Deméter y Hestia, haciendo que el centauro se encogiera.

—Perdón, Grover —dijo el centauro. Todos rieron, sin poderlo evitar. Era gracioso, y estrafalario, ver al jefe (Quirón), pedirle disculpas al empleado adolescente (Grover).

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¡Pero es su misión! —Los ojos de Grover brillaron de emoción, mirándome. — ¡Debe serlo!

Solo el Oráculo puede determinarlo. —Quirón acarició su barba erizada. —No obstante, Penny: estas en lo cierto. Tu padre y Zeus están teniendo su peor disputa en siglos. Se están peleando por algo valioso que fue robado. Para ser precisos: por un rayo.

Cuando dijo esas palabras, imaginé muchas cosas. Negué ligeramente, con la cabeza. — ¿Cómo robas... una lanza de electricidad pura? Es literalmente, un elemento. Si no eres el tío Z, o... o Susanoo o Thor... —No lo comprendía. —no veo, como puedes robar...

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—Es algo físico, sobrina —dijo Zeus, enseñándole la lanza de metal sólido. Todos, miraron asombrados el arma del dios, mientras lo veían volver a guardarla.

—Comenzaré a trabajar, en nuevos sistemas de seguridad, para nuestras armas y el salón de trono, lord Zeus —aseguró Hefesto. El rey de los dioses, se veía satisfecho, ante esas palabras.

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Quirón parecía satisfecho, de que me lo tomara en serio. —Y no estoy hablando de un zigzag cubierto de papel de aluminio que verías en una obra de segunda. —Verle esa sonrisa en los labios, me hizo sonrojar y sonreír un poco. —Estoy hablando de un cilindro de dos pies de largo de bronce celestial de alta calidad, coronados ambos extremos con explosivos a medida de dioses. —Asentí apenas. —El rayo maestro de Zeus. —continuó diciendo Quirón. —El símbolo de su poder, de donde es patrón de todos los otros rayos. La primera arma hecha por los Cíclopes para la Guerra contra los Titanes, el rayo que escarpó en la cima del Monte Etna y que arrojó a Cronos de su trono; el rayo maestro, el cual amontona suficiente poder como para hacer que las bombas de hidrógenos mortales parezcan fuegos artificiales.

Mis ojos se abrieron, con incredulidad. — ¿Y está desaparecido?

Robado. —Señaló Quirón.

"¿Por quién?" —Susurré, queriendo la respuesta.

Por quién, no —corrigió Quirón. Una vez eres profesor, lo serás por siempre. —Por ti.

¡Pero si soy solo una niña! —Protesté, poniéndome de pie.

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Zeus sintió la mirada de su esposa y su hermano, mirándolo fijamente, haciéndolo tragar saliva. —Perdón, Penélope —masculló el dios.

—Tranquilo, tío —dije rápidamente. —Entiendo.

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Al menos —Quirón alzó una mano. —Eso es lo que Zeus cree. Durante el solsticio de invierno, en el último concilio de los dioses, Zeus y Poseidón tuvieron una discusión. Las tonterías de siempre: —dejó de lado el tema de la discusión, con su mano derecha, mientras sonreía, hablando de cualquier cosa, intransigente. — 'A la Madre Rea siempre le he gustado más,' 'Las catástrofes del aire son más espectaculares que las del mar,' etc. Después, Zeus se dio cuenta de que su rayo maestro no estaba, lo habían tomado de la sala del trono en sus mismas narices. Inmediatamente culpó a Poseidón. Eso sí, un dios no puede usurpar el símbolo de poder divino de otro directamente, eso está prohibido por la más antigua de las leyes divinas. Pero Zeus cree que tu padre uso a un héroe humano para cogerlo.

¡Pero yo no...! —intenté protestar.

Paciencia y escucha, niña. —dijo Quirón calmado. —Zeus tiene buenas razones para sospechar: La forja de los Cíclopes se encuentra bajo el océano, lo que da a Poseidón algo de influencia sobre los fabricantes del rayo de su hermano. —Enumeró. —Zeus cree que Poseidón ha cogido el rayo, y que ahora en secreto los Cíclopes lo tienen para construir un arsenal de copias ilegales, lo que puede ser usado para derrocar a Zeus de su trono. Lo único de lo que Zeus no estaba seguro era qué héroe usaría Poseidón para robar el rayo. Y ahora Poseidón te ha reclamado abiertamente como su hija. Además de ser reclamada como hija adoptiva de Anfitrite y de su esposa, que sabe lo odia, por tener Semidioses. Tú estabas en New York durante las vacaciones de invierno. Fácilmente te podrías haber colado en el Olimpo. Zeus cree que ha encontrado a su ladrona.

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—Sí y no —dijeron Zeus y Poseidón, divertidos.

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¡Pero yo nunca he estado en el Olimpo! —protesté. — ¡El tío Zeus está loco!

Quirón y Grover alzaron la vista con nerviosismo hacia el cielo. Las nubes no parecían que fueran a pasar por nuestro lado, como había prometido Grover. Estas parecían estar acercándose a nuestro valle, sellándonos como una tapa de ataúd.

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—Tu mente es muy lúgubre, sobrina —dijo Hades, mirándola. —Y lo estoy diciendo yo.

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Esto... ¿Percy...? —dijo Grover, mirando hacia el cielo. —Nos usamos la palabra con L para describir al Señor del Cielo.

Tal vez paranoico. —sugirió Quirón. —Por otra parte, Poseidón ha intentado derrocar a Zeus antes. Creo que esa era la pregunta treinta y ocho en tu examen final... —Él me miró como si de verdad esperara que me acordara de la pregunta treinta y ocho.

¿Cómo puede alguien acusarme de robar un arma divina? Ni siquiera pude robar una porción de pizza de la fiesta de póquer de Gabe sin que me pillaran. —Quirón estaba esperando por una respuesta. — ¿Algo de una red dorada? —aventuré, vi su sonrisa aparecerle, en los labios y continué, con más seguridad. —Papá, mamá Hera y unos cuantos dioses más... ellos, como que, atraparon al tío Zeus y no le dejaron irse hasta que hubiera prometido ser un mejor gobernante, ¿cierto?

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Atenea asintió. —Recordaste eso, muy precisamente.

—Y no cumplió —gruñó Hera.

Zeus se juró, que sería un mejor rey.

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Papá... y mi primo Apolo, fueron obligados por el tío Zeus, a construir las murallas de Troya —contesté.

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—Para ser mi primer trabajo arquitectónico y constructor, no me salieron mal —dijo Poseidón, orgulloso.

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Correcto. —dijo Quirón. —Y desde entonces Zeus no ha vuelto a confiar en Poseidón. Por supuesto, Poseidón niega haber robado el rayo. Él se tomó la acusación como una gran ofensa. Los dos llevan discutiendo de un lado a otro desde hace cuatro meses, amenazando con la guerra. Y ahora, tú has venido, el colmo proverbial.

¡Pero solo soy una niña! —exclamé indignada, levantando los brazos, enfadada.

Percy. —Me cortó Grover, nervioso. —Si tú fueras Zeus, y tú ya pensaste que tu hermano está conspirando para derrocarte, y entonces tu hermano de repente admite que ha roto el sagrado juramento que tomó después de la Segunda Guerra Mundial, que ha engendrado a una nueva heroína mortal que puede ser usada como arma contra ti... que, además, es adoptada por tu esposa y tu cuñada, ¿No sería eso poner un nudo en tu toga?

Pero yo no hice nada. —Protesté una vez más, enfadada. —Mi padre, en realidad él no tiene ese rayo maestro robado, estoy absolutamente segura... —palidecí, al recordar mi sueño.

¿Qué es, Penny? —preguntó Quirón preocupado, al ver mi expresión.

Tragué saliva, y me acerqué a ellos, repentinamente nerviosa. —No es... no es solo el Rayo de Zeus —dijo repentinamente, ambos abrieron los ojos, mirándome fijamente, causando que me pusiera muy incómoda, pero seguí hablando. —En mi sueño, vi la estatua de Zeus, con un rayo, un rayo zigzag, típico, hecho de bronce. —Ellos asintieron, escuchándome. —Entonces: una sombra pasaba ante él, y le arrebataba el rayo a la estatua, y luego... —Bajé mi voz, convirtiéndola, en un susurro. — "arrebataba el casco, al tío Hades" —Ellos dos, palidecieron.

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Hades abrazó su casco, y Zeus su rayo, haciendo que sus esposas suspiraran, y se cruzaran de brazos.

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Quirón suspiró. —La mayoría de los observadores estarían de acuerdo en que el robo no es del estilo de Poseidón. Pero Poseidón... es demasiado orgulloso como para convencer a Zeus de eso. Él ha exigido que tu padre le devuelva el rayo en el solsticio de verano. Eso es el veintiuno de junio, dentro de diez días. Poseidón quiere una disculpa por haber sido llamado ladrón por la misma fecha. Esperaba que la diplomacia pudiera prevalecer, que Hera o Deméter o Hestia hicieran entrar en razón a los dos hermanos. Pero tu llegada a inflamado el humor de Zeus, por no decir, que Hera te ha adoptado. Ahora ningún dios retrocederá. A menos que alguien intervenga, a menos que el rayo maestro sea encontrado y devuelto a Zeus antes del solsticio, habrá una guerra. ¿Y sabes lo que una guerra de esas dimensiones podría parecer, Penny?

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Hera miró a Zeus, y Perséfone a Hades, poniéndolos nerviosos.

—Que ni se les ocurra a ustedes, dos —pronunció Hera, haciendo a Hades, tragar saliva. —Iniciar una estúpida guerra, e intentar poner de malas a Poseidón.

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Gruñí. —He sido adoptada, por tres dioses, Quirón. Tres dioses, con un historial de tener varias fricciones, con Zeus. Creo poder imaginarme, que seré la primera, en morir. —Me puse de pie. —Encontraré ambos artículos, lo prometo.

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—Gracias sobrina —dijo Hades sonriendo y con los ojos brillantes.

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¿Qué mejor ofrenda de paz, puede haber que la hija de Poseidón devuelva lo que es de su propiedad a Zeus? —dijo Quirón

Si Papá no lo tiene, ¿Dónde está la cosa? —pregunté, cruzándome de brazos.

Creo saberlo. —La expresión de Quirón era sombría. —Parte de una profecía de años atrás... bueno, algunas líneas han cobrado sentido para mí, ahora. Pero antes de poder decir más, debes oficialmente asumir la misión. Debes buscar el consejo del Oráculo.

Subí mi miraba, hacía el tercer piso de la Casa Grande. — ¿Aquello que llamaste "No es una cosa viva", cuando lo sentí? —Él asintió. — ¿Por qué no puedes contarme de antemano, donde está el rayo?

Porque si lo hago, estarías demasiado asustado para aceptar el desafío. —Fue su respuesta.

No fue quien tú crees —dije yo, él me miró y entrecerró los ojos. —Arrebataron dos símbolos, Quirón. Piensas en el tío H, ¿verdad? —Él se removió nervioso y asintió. — ¿El mismo tío H, de quien nadie se fía, a pesar de ser el mayor de todos los hijos de la señora de la Fertilidad? —En la mirada de Quirón, vi la culpabilidad. — ¿El mismo tío H, a quien le quitaron su propio Símbolo?

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— ¿Por qué me defiendes, sobrina? —preguntó Hades sorprendido. Nunca antes, le había agradado a alguien. Inmortal, o mortal, o mestizo. Pero, aquí estaba su sobrina, defendiéndolo, a capa y espada.

—Ni papá, ni el tío Z confiaron en ti —gruñó ella. —Eres el hermano mayor, y creo, que incluso después de ser engañado de una forma tan rastrera, eres el único que hace su trabajo de forma seria. —La mestiza, le enseñó una sonrisa a su tío.

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Quirón tragó saliva. Y yo, me pasé las manos por la cara. —No tiene una cabaña aquí, ¿te das cuenta?

Penny…

Todos acabaremos muertos, Quirón —le reproché. — ¿Y sabes cuánto han avanzado, las armas de los mortales?, ¿sabes cómo deben de estar las secciones del inframundo y cuanto trabajo debe tener actualmente, el tío H?, —me puse de pie y comencé a caminar, hacía la Casa Grande, a paso lento — ¿para qué ser él, quien causará una guerra, que solo le dará más papeleo? Además, ¿no sería también lógico, que la Señora de la Sabiduría, busque lastimar o humillar a mi padre, y ella fuera quien robara el rayo?

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—Te caigo bien y me defiendes, sin siquiera haberme conocido —dijo el dios, abriendo sus ojos, incrédulo.

—Agradece a que mamá, me contó muchos mitos griegos, cuando era muy pequeña —dijo Penny sonriente. El dios asintió y se acercó, para abrazar a su sobrina y besarle la coronilla.

Los hijos de Cronos y los sobrinos de Hades, se sintieron culpables, por todo lo que le habían estado haciendo a su hermano/tío, hasta ese día.

—Tu hija es asombrosa, Poseidón —dijo Atenea asombrada, por la teoría conspirativa, en torno a ella.

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En cuatro tramos de subida, la escalera terminó bajo una trampilla verde. Tiré de la cuerda. La puerta se abrió hacia bajo, y una escalera de madera ocupó su lugar estrepitosamente. El cálido aire proveniente de arriba olía a moho y a algo más... un olor que recordé de las clases de biología. Reptiles. El olor de las serpientes.

La buhardilla estaba llena de porquerías de héroes griegos: la armadura estaba cubierta de telarañas; los escudos, una vez relucientes y brillantes, estaban picados de roña; viejos baúles de cuero cubierto con etiquetas adhesivas. Una gran mesa repleta de tarros de cristal llenos de cosas encurtidas, garras peludas cortadas, enormes ojos amarillos, y otras partes diferentes de monstruos. Un trofeo montado y cubierto de polvo en la pared parecía la cabeza de una serpiente gigante.

En la ventana, sentada en un taburete trípode de madera, estaba el recuerdo más truculento de todos: una momia. Esta no estaba envuelta en una especie de tela, sino en un cuerpo humano de mujer marchitándose en una cáscara. Llevaba puesto un vestido de verano desteñido, con muchos collares de cuentas, y una cinta sobre su largo y negro pelo. La piel de su cara era fina y curtida sobre su cráneo, y sus ojos eran rendijas blancas vidriosas, como si los verdaderos ojos hubieran sido remplazados por canicas; ella llevaba muerta desde hacía un largo, larguísimo tiempo.

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Nadie entendía, porqué el espíritu de Delfos, se había quedado atrapado, en su última contenedora, pero así era.

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Lancé un grito, cuando la momia se incorporó recta en su taburete y abriera la boca. Una neblina verde salió de la boca de la momia, enroscándose sobre el suelo en gruesos zarcillos, silbando como veinte mil serpientes. Dentro de mi cabeza, escuché una voz, deslizándose por un oído y enroscándose alrededor de mi cerebro: "Soy el espíritu de Delfos, la oradora de las profecías de Febo Apolo, la asesina de la poderosa Python. Acércate, buscador, y pregunta." Yo quería decir, "No gracias, puerta equivocada, solo buscaba el baño".

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Nadie pudo evitar reírse. Apolo y Hermes, reían escandalosamente, como si fueran hienas. Pronto, Hermes estaba rodando, por el suelo.

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Pero me obligué a inspirar profundamente. La momia no estaba viva. Era una especie de horrible recipiente de algo más, el poder que estaba ahora girando a mí alrededor en la neblina verde. Pero su presencia no se sentía mal, no como mi demoníaca profesora de mates, la Sra. Dodds o el Minotauro. Se sentía mucho más como las Tres Parcas que había visto tejiendo el hilo fuera de la caseta de frutas de la autopista: Antigua, poderosa, y, definitivamente, no humana. Pero no particularmente interesada en matarme, tampoco. Tuve la valentía de preguntar. — ¿Cuál es mi destino?

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"Ser una heroína" —susurró Artemisa, sonriéndole a su futura esposa.

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La neblina se arremolinó más densa, recogiéndose justo en frente de mí y alrededor de una mesa con las jarras de las partes de los monstruos. De pronto había personas sentadas alrededor de una mesa.

El hombre que me había hablado desde el agujero del sueño en la playa, a quien yo creía Cronos, me miró. hacia mí y habló con la voz ronca del Oráculo: —Irás hacia el oeste, y verás al dios quien han engañado.

Encontrarás lo que ha sido robado, y lo devolverás de forma segura. —Dijo el fallecido dios Adamas.

Serás traicionado por el que te llama amigo. —Dijo Mamá Sally.

El inicio de la guerra, retrasarás —dijo Mamá Anfitrite.

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Todos suspiraron, ahora más calmados, que conocían la profecía. Y sabían que se recuperarían los instrumentos de Zeus y Hades. Sin embargo, Atenea, comenzó a pensar en las dos últimas frases.

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Las figuras empezaron a disolverse. Al principio yo estaba demasiado aturdido como para decir nada, pero cuando la neblina se retiró, enroscándose en una enorme serpiente y deslizándose de vuelta a la boca de la momia, grité: — ¡Espera! ¿Qué quieres decir? ¿Qué amigo? ¿Qué no salvaré? —La cola de la neblina de la serpiente despareció en la boca de la momia. Ella se recostó de vuelta contra la pared. Tenía la boca bien cerrada, como si no la hubiera abierto en cientos de años. La buhardilla estaba de nuevo en silencio, como abandonada, nada más que una habitación llena de recuerdos.

Tenía la sensación de que podía quedarme ahí parado hasta que tuviera telarañas, también, y no aprendería nada más.

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Apolo lamentó, que las profecías no fueran más claras.

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Suspiré, y me comencé a retirar, bajando por la puerta del ático. Mi audiencia con el Oráculo había acabado. Salí, aun algo perturbada, me les quedé mirando a Grover y a Quirón.

¿Y bien? —me preguntó Quirón.

Me dejé caer en una silla de la mesa de póquer. —Ella dijo que recuperaría los instrumentos robados.

Grover se reclinó para delante, mascando con emoción los restos de una lata de cola de dieta. — ¡Eso es genial!

¿Qué es lo que dijo exactamente el Oráculo? —Presionó Quirón. —Eso es lo importante.

Ella... ella dijo que iría para el oeste y vería un dios que ha sido engañado. —Conté. —Recuperaría lo que fue robado y lo devolveré de forma segura.

Lo sabía. —dijo Grover feliz, levantando los brazos.

Quirón no parecía satisfecho. — ¿Algo más?

Suspiré y me despeiné, debido al enfado y frustración. — ¿Qué clase de Oráculo me manda a una misión y me dice?: "¡Ah, por cierto, fallarás!" —Todos se quedaron en silencio.

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"No lograrás salvar, lo más importante" —susurró Atenea.

— ¿Ya sabes de qué habla, Sis? —preguntó Apolo.

—Aun no. —Reveló ella. —Estoy tratando de saber, como interpretar la profecía.

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Él estudió mi rostro. —Muy bien, Penny. Pero debes saber esto: las palabras del Oráculo suelen tener doble significado. No te preocupes mucho por ello. La verdad no es siempre clara hasta que los acontecimientos tienen lugar.

Tenía la sensación de que él sabía que me estaba guardando algo malo, y que estaba intentando hacerme sentir mejor.

Vale. —dije, ansioso por cambiar de tema. —Así que, ¿A dónde voy? ¿Quién es ese dios del oeste?

Encontrarás la entrada al Hades, en Hollywood, en los estudios El Otro Barrio. —Reveló él. —Pero... si es como tú lo dices, y Hades también ha perdido su Símbolo de Poder, y si me dices, que él no tiene tampoco el rayo... —Suspiró, y yo sabía, que él lamentaba, no poder ayudarme más.

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—En verdad que lo lamento, Penny —dijo Quirón.

Ella negó con la cabeza, mientras fingía una voz masculina. Claramente, para imitar y burlarse de Quirón. —Si el hermano menor y líder del Olimpo, culpa a uno de sus hermanos mayores, entonces el primogénito, podría tomar el control —resumió ella. —Ese tipo de pensamiento, Quirón. En el que ves algo tan obvio, que termina siendo tonto y lógico, tendría desde ya que decirte, que NO es tan obvio, como puede verse, a simple vista.

Quirón asintió.

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Hay que ir al Oeste, y nos toparemos con el culpable, sea quien sea —resumí. —La profecía, continúa cumpliéndose. Entonces, ¿algo más?

Lo que me lleva a culpar a Hades, es que... Una Furia vino tras de Penny, —nos recordó Quirón. —Ella te estuvo vigilando, hasta que estuvo segura de tu identidad, después intentó matarlo. Las Furias solo obedecen a un señor: Hades.

Sí, pero... pero Hades odia a todos los héroes, —protestó Grover. —Especialmente si se ha encontrado con que Penny es hija de Anfitrite y adoptiva de Poseidón...

Y adoptivo de Hera, y con la bendición de Afrodita —añadí yo, divertida.

Los dioses, no pueden atravesar los territorios de los otros, sin ser invitados. Esa es otra antigua regla. Los héroes, por otra parte, tienen ciertos privilegios. Ellos pueden ir a cualquier parte, desafiar a quien sea, siempre y cuando sean lo suficientemente audaces y fuertes para hacerlo.

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—Los héroes incluso, pueden llegar a robar, los Símbolos de Poder de los dioses —Dijo Hefesto enfadado.

Afrodita miró a su esposo. —Trabajador, astuto, inteligente... ¿Por qué estoy con Ares?

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Ningún dios, puede dominar las acciones de un héroe. ¿Por qué crees que los dioses siempre operan a través de los humanos? —me preguntó Quirón.

Estas diciendo que estoy siendo utilizada —gruñí.

Estoy diciendo que no es casualidad que Poseidón y Anfitrite, te hayan reclamado ahora. —Señaló Quirón. —Hera te ha adoptado y nombrado su heroína, por no hablar de Afrodita. Es una apuesta muy arriesgada, pero está en una situación desesperada. Es una guerra. Te necesitan.

Miré a Quirón. —Tú ya sabías que era una hija de Poseidón, que primero fue reclamada por Anfitrite, para atenuar mi olor, y alejar a los monstruos de mí, todo este tiempo, ¿no es así?

Tenía mis sospechas. —Aclaró él. —Como ya dije: También he hablado con el Oráculo. —Tenía el presentimiento que había más que él no me estaba contando sobre su profecía, pero decidí que no podía preocuparme por eso justo ahora. Después de todo, yo también me estaba guardando información.

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—Si te estás preparando, para librar una guerra, necesitas toda la información, que puedas recabar —dijo Ares. —Y a veces, incluso es necesario guardarte alguna información extra, para ti mismo. Especialmente, si es que realmente, hay alguien trabajando, para el viejo caníbal, dentro del Campamento.

Todos miraron asombrados, ese minuto de inteligencia de Ares.

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Entonces déjame aclarar esto, —dije, mientras sentía la migraña más grande de mi vida, comenzar a hacerme efecto. —Se supone que tengo que ir al Inframundo y enfrentarme al Señor de la Muerte. El Rayo, a cambio de encontrarle el Casco.

Correcto, —dijo Quirón.

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Todos asintieron.

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Encontrar dos de las armas, más poderosas del universo —continué.

Correcto.

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Asintieron nuevamente.

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Y llevar una de ellas, de nuevo al Olimpo antes del solsticio de verano, en diez días. —concluí.

Así es. —Finalizó Quirón.

Entonces solo tenemos que coger un avión... —comencé.

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— ¡NO! —Gritaron todos, sobresaltados, menos Zeus.

Penny se rio. — ¿Si se dan cuenta, de que le están gritando a un libro, ¿verdad? —Todos se sonrojaron.

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¡No! —gritó Grover. —Penny, ¿En qué estás pensando? ¿Has estado alguna vez en tu vida en un avión?

Sacudí mi cabeza, sintiéndome avergonzada. Mi madre nunca me había llevado a ninguna parte en avión. Siempre decía que no tenía dinero suficiente. Además, sus padres habían muerto en un accidente de avión.

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—Me encargaré de que vayan directo, al Elíseos. —Dijo Hades. Esta era la parte, que odiaba de su trabajo: pues había tantos sobrinos, a quienes él sí había amado, tantos primos segundos, tantos familiares, amigos... amantes, quienes habían fallecido... —Fueron... personas maravillosas, señora Jackson.

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Penny, piensa. —dijo Quirón. —Tú eres la hija de los Dioses del Mar. El enemigo más letal de tu padre es Zeus, el Señor del Cielo. Tu madre sabía que era mejor no meterte en un avión. Estarías en el dominio de Zeus. Nunca regresarías con vida.

Encima de nosotros, un rayo ilumino el cielo, y un trueno retumbó. —Está bien. —dije, decidida a no mirar a la tormenta. —Entonces, viajaremos por tierra.

Así es. —Dijo Quirón. —Dos compañeros pueden acompañarte. Grover es uno. El otro se ha ofrecido voluntario, si es que quieres aceptar su ayuda.

Caray. —dije, había querido fingir mi sorpresa. Pero me fue imposible. — ¿Quién más sería lo bastante tonto, como para ofrecerse voluntario, para una misión como esta?

El aire resplandeció detrás de Quirón. Annabeth se hizo visible, metiendo su gorra de los Yankees en su bolsillo trasero. Gemí suavemente. —He estado esperando mucho tiempo por una misión, para ver el mundo, Cerebro de Algas. —dijo ella. —Atenea no es fan de Poseidón, pero si vas a salvar el mundo, soy la mejor persona para ayudarte a no echarlo todo a perder.

Si te dices eso a ti misma, —dije. — ¿Debo suponer que tienes un plan, chica sabia?

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—Según pasa la lectura, más me agradas, muchacha —dijo Hermes sonriente, a Penny. Ella le devolvió la sonrisa.

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Sus mejillas se pusieron coloradas, y frunció el ceño, apoyando sus manos, en su cintura. — ¿Quieres mi ayuda o no? —La verdad era, que iba a decirle que sí. Necesitaba toda la ayuda posible. Pero entonces, una oscura sombra, apareció en mi cabeza.

No —mi respuesta, los asombró a los tres. —Por lo que acabas de decir, en tus propias palabras: "He estado esperando mucho tiempo por una misión, para ver el mundo", en otras palabras: no te interesa la misión, sino que quieres salir del Campamento. Eres egoísta, y no voy a tener a alguien como tú, en mi misión. Además: Por lo sé: la última vez, que fuiste en una misión, perjudicaste a tu compañera de equipo. Y sinceramente, prefiero llegar viva, a final de año.

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Atenea lamentó que su hija, fuera a cargar (aparentemente, por siempre) con ese estigma, de ser ella, quien provocó ese accidente, contra su tía Thalía. Además, la diosa de la sabiduría, parecía entender la prudencia de su prima. Aun así, lamentaba, que su hija tuviera que vivir con algo así.

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Entonces, ¿a quién le pedirás ayuda, Penny? —me preguntó Quirón.

Me levanté. —Prepara tus cosas, chico cabra. Saldremos pronto, a salvar la civilización occidental. —Iría en busca de la única rastreadora y autentica guerrera, que creía conocer.

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Clarisse sonrió y se acercó a Penny, para besarla en los labios, sin que nadie se diera cuenta.

Ares miró a su hija, estudiándola. No creía que una patética niñita, ni por muy hija suya que fuera, pudiera con una misión tan importante, como recuperar el casco de su tío y el rayo de su padre. Preferiría, a algún hijo suyo, en una misión de tanta importancia.

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Me acerqué a la cabaña cinco, y llamé a la puerta. Por un instante, me pregunté si acaso, tendría que dar patadas a la puerta, o entrar por la ventana, solo para ser tomada en serio, por los hijos de Ares. Unos minutos después, Sherman me abrió. — ¿Qué buscas aquí, hija de Poseidón?

Necesito hablar, con tu hermana, Sherman —le dije. —La rubia y sexy. —Aclaré innecesariamente, mientras una sonrisa, se dibujaba en mi rostro.

¿Por qué? —preguntó nuevamente él.

¡Penny!, —Clarisse se sorprendió al verme y se acercó, sacando a su hermano de la puerta, con un empujón. — ¿Qué ocurre?

Intenté permanecer seria. —Empaca una talega, Clarisse —le dije, pero sonreí. —Te vienes con Grover y conmigo, en la misión de recuperar dos símbolos de los Tres Grandes. —Sus ojos se abrieron, su boca cayó, y un segundo más tarde, me estaba abrazando por el cuello con sus brazos, y sus piernas alrededor de mi cintura; mientras me agradecía, el que yo, la llevara a ver el mundo.