© Kishimoto, Masashi.


La próxima vez


II.

Con el corazón atravesado en la garganta, Sakura se apresura a deslizar el cancel de la ventana. No es una jugarreta de su mente, su presencia es completamente real. Él se encuentra allí, frente a ella. Su naturaleza no puede contenerlo: una sonrisa le brota de los labios y los ojos.

—Bienvenido, Sasuke-kun.

Sasuke alarga un poco más su sonrisa y asiente, sintiéndose repentinamente acogido por la calidez de su voz. En medio de la noche, entre los silbidos del viento, aquel par de palabras parecen calar más en el fondo de su espíritu, con la misma intensidad del silencio.

Sakura se despabila y le pide que entre y descanse un poco. Lo ayuda a descargarse del poco equipaje que porta y se da cuenta que, quizá, ella fuera la primera persona que él hubiese visto en su regreso. La idea la sobresalta y le colorea las mejillas de un tenue rosa; no obstante, desecha su vanidosa idea. Quizá no haya encontrado a nadie más: Kakashi pudo estar ausente, Naruto aun no regresaba de su luna de miel. Pudiera ser una casualidad, simplemente.

Sasuke le deja en claro que no lo es.

—No me fue muy difícil saber dónde vivías —habla, mirándola ir y venir por su pequeña cocina, manipulando tazas y té—. Me bastó preguntar a un par de gentes para saber. Parece que la «doctora Haruno» es bastante famosa.

El ruido de una cuchara en el piso resuena por la estancia, haciéndole saber que ha logrado inquietarla. Para Sasuke, aquella sensación de comodidad resulta tan vieja como nueva. Desde antaño, Kakashi, Naruto y Sakura fueron las únicas personas a las que les permitió su cercanía y confianza, y con las que, inevitablemente, se dejó ser. Su carácter, acorazado por fuera, siempre terminaba por desvanecerse ante ellos y, tímidamente, afloraba su verdadero ser noble y afectuoso.

Y por mucho tiempo, todo el tiempo que estuvo lejos de ellos, ese ser se mantuvo encarcelado en la oscuridad de las tinieblas. Hasta que ellos le devolvieron la libertad. De nuevo.

Las mejillas de Sakura arden por la alusión que, en otro tiempo, le hubiera llenado de felicidad por el elogio ganado por parte del Uchiha; sin embargo, sabe que él le está tomando el pelo y no decide si es mejor un Sasuke callado o un Sasuke con sentido del humor. De cualquier modo, la alegra notar que sus facciones se han suavizado y que su gesto, aunque tranquilo, se mira más franco; también, que su mirada es curiosa y atenta y no cegada por aquel velo sombrío que cubría sus ojos luego de la guerra. Tal parece que aquel viaje redentor había sido, justamente, lo que necesitaba para sanarse en muchos sentidos. Agradece que, en aquel momento, él no la dejara ir con él.

—No… no soy tan famosa. Más bien es una aldea pequeña. —minimiza, dejando una taza de té en la mesilla, junto a unos bocadillos que Sasuke agradece.

Mientras él come, Sakura le narra el acontecer de Konoha en esos dos últimos años: la reconstrucción, las nuevas misiones, la nueva disposición geográfica de la aldea, los nuevos ascensos en su generación, las últimas ocurrencias de Naruto, los desquicios de Kakashi como Hokage, su idea sobre los regalos de boda para Naruto y Hinata… Sasuke la escucha atento y en silencio, como si el murmullo de su voz fuese el sonido apacible de los bosques que a diario lo circundaban: una sensación de sosiego.

En ese sentido, ella no ha cambiado. Cuando Sakura habla para contar, continúa emitiendo ciertas modulaciones que indican su emoción y sus ojos brillan con una chispa que denotan su genuino interés. Sin embargo, él no puede dejar de notar que también está un poco diferente. No son sólo sus rasgos, más finos y delicados (por que sí, está un poco más alta, y sí, le sienta muy bien ese corte de pelo), es un desenvolvimiento que siente en ella, más seguro e independiente de sí: un aura más madura.

La vista de su balcón atrae a Sasuke en medio del tema en que han terminado: la boda de Naruto con Hinata. Sakura le alcanza y él se disculpa por no haber podido llegar a tiempo a la boda de su mejor amigo. Ella niega, comprendiéndolo todo: para él, en ese momento, aún no era tiempo de volver.

—¿Ves ese edificio de allá? ¿El de color rojo? —señala ella con su brazo estirado, alzándose de puntitas para que él vea. Sasuke la sigue.

—Aa.

—El penúltimo piso será su nueva casa. Comenzaron con la mudanza hace una semana. Seguramente regresarán en estos días.

—Luce muy amplio y costoso.

—Lo es —confirma Sakura, recargándose en la baranda—. Pero bueno, ya sabes cómo son en el Clan Hyuuga. Hiashi no aceptó menos que eso, o vivirían en la mansión Hyuuga. ¿Te imaginas eso? ¡Desterrarían a Naruto a los tres días!

Sasuke ríe por la ocurrencia de Sakura y su risa es hermosa. «Como el murmullo de un río», define ella, sintiéndose embargada de alegría de poder escuchar aquel sonido. Muchas veces temió que él jamás volviese a reír.

—¿Y cómo fue? —inquiere él, incitándola a volver a su papel de cuentacuentos.

Sakura no necesita mucho y cede gustosa a su petición, describiéndole con sumo detalle los mínimos elementos que formaron parte de la recepción, los invitados, los regalos, la ceremonia.

—Y entonces, cuando fue la hora de los votos… No, Sasuke-kun, eso es inexplicable. Debiste estar allí. Fue…

Él la mira, atento a sus evocaciones, siguiendo el testimonio de sus labios y de su rostro, con una casi invisible sonrisa. Ella se da cuenta y se siente tímida por la fuerza de su mirada. Es una sensación increíble, estar allí con él, conversando como si toda la tragedia de su pasado no hubiere sido más que un sueño.

Un escozor se cuela entre sus iris y Sakura respira profundo. Un suspiro largo y audible se libera de sus labios y de su humanidad.

—Ah, se está tan bien aquí. La brisa es demasiado fresca. —apunta, estirando los brazos, aunque en realidad, lo que busca es ocultar las lágrimas que, rebeldes, no han querido ceder y se le resbalan, incontenibles, por las mejillas.

Sasuke las había contemplado relucir en el borde de sus pestañas, desde que comenzara a hablar de los votos.

—Idiota, al fin ha podido ser feliz.

—Aa.

Y la voz de Sasuke, en acuerdo, basta para que su llanto sea imparable. Como si todas las emociones y los sentimientos albergados desde los doce años decidieran, súbitamente, hacer catarsis en aquel momento.

Sasuke siente contraerse algo en su pecho y, delicado, palmea su cabeza en señal de consuelo. Sabe que ese llanto contenido es algo que necesita descargar: ella siempre velando por la felicidad de él y de Naruto, siempre preocupándose por ellos, siempre queriéndolos como nadie. Su pelo es lacio y suave al tacto. Es agradable. Y hasta que ella no deja de llorar, él no aparta su toque.

—Lo siento, creo que estoy muy sensible estos días. Debe ser agotamiento o algo.

—No es nada, no te disculpes. Mejor no llores así frente al dobe o entrará en pánico por no saber qué hacer.

Sakura sonríe y asiente, sintiendo aún el calor de su mano sobre su coronilla.

—¿Dónde te quedarás? ¿Viste a Kakashi sensei?

Sasuke niega, evitando mirarla directamente. Al entrar a la aldea, el primer pensamiento en su cabeza, luego de saber por los guardias que Naruto aún estaba ausente por algunos días, había sido Sakura. Ni siquiera la lógica de saber que Kakashi sabría qué hacer de inmediato con su persona, le persuadió de buscarla a ella antes. El recuerdo de la promesa que le había hecho antes de su viaje acudía con frecuencia a su memoria y, una vez puesto su pie sobre Konoha, la necesidad de verla fue imperiosa. Como la fuerza de un imán.

Sakura siente el calor en sus mejillas.

—Supongo que, si voy a ahora, pueda encontrarlo aun en su oficina.

—Quizá. Regularmente trabaja hasta tarde, pero desde la boda de Naruto, se escapa un poco antes. Eso tiene desquiciada a la pobre Shizune.

Sasuke sonríe, recordando la eterna parsimonia que caracterizaba a Kakashi. ¿Cómo diablos lo habían convencido de asumir el papel de Hokage? ¿Y cómo él no había renunciado ya?

—Pero, Sasuke-kun… Bueno… si no tienes inconveniente y si no te incomoda, claro, puedes quedarte aquí hasta que decidas qué hacer o hasta que consultes con Kakashi sensei. Como quieras.

—¿Estás segura? No quiero incomodarte.

Sasuke considera su invitación y Sakura, lista para aceptar el cordial rechazo por parte de él, se encuentra a si misma sorprendida de que él parezca estar de acuerdo.

—No, no, claro que no me incomoda. Al contrario, aquí podrías descansar muy bien, no es un edificio muy ruidoso y, además, yo estoy en el Hospital la mayor parte del día así que… me gustaría poder ser de ayuda al menos en esto.

Sasuke atisba aquel brillo en sus ojos, ese que denota su determinación, y no necesita demasiado para saber que la dejará ganar y hacer lo que le plazca. Desde el momento en que leyó la última carta que Naruto y Sakura le enviaron durante su viaje, y decidió que era hora de volver a Konoha, supo que era en vano resistirse a la fuerza que le arrastraba a aquellos dos. Es más, ni siquiera pensaba en la idea ya de resistirse. Iría con total libertad a donde aquella fuerza le llevase.

—De acuerdo. Gracias por aceptarme en tu casa.

—Es tu casa también, así que bienvenido, Sasuke-kun —dice ella, con esa gran sonrisa que irradia calidez de hogar—. ¿Me ayudas con el futón? Está en un lugar muy alto del armario. No me preguntes cómo logré ponerlo allí en primer lugar.

El Uchiha sonríe y asiente, siguiéndola hacia el interior, no sin antes deslizar el ventanal del balcón para cerrarlo y sus ojos reparar por última vez en el cielo estrellado.

«Estoy en casa.»

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¡Feliz año nuevo a todos! Los dias de asueto son pésimos para mi tiempo porque no me deja ir a sentarme cómodamente a la computadora para escribir, como en este momento, en que vine a escribir a una cafetería, totalmente en concentración. Ojalá hayan tenido unas felices fiestas y la felicidad se acumule en sus vidas y en la de sus familias.

Y bueno, extrañaba mucho a mi par favorito, Ojalá hayan disfrutado de esta entrega. Como lo mencioné, no espero complicar mucho esta historia, sólo tener un pequeño vistazo de esta vuelta de Sasuke. Pienso que Naruto colapsará al encontrarse a Sasuke en la aldea y quedándose con Sakura, jajaja.

Ojalá les haya gustado. Gracias por leer, pyong!