© Kishimoto, Masashi.
La próxima vez
III.
—¿Dónde está?
El súbito portazo la sobresalta, provocándole un estremecimiento involuntario, al estar tan concentrada como está en el expediente clínico de su siguiente paciente en la programación de citas. Sus ojos verdes reparan de inmediato en la estela rubia con su feria ruidosa allanando todo lugar donde pone el pie.
—¡Naruto! ¡Me asustaste! —reclama, con la mano en el pecho— ¿Cuándo volviste? ¡No te quedes allí parado! ¿No me vas a saludar, idiota?
El reclamo de Sakura es acompañado con un gesto de brazos abiertos. El Uzumaki alarga su zorruna sonrisa y corre a abrazarla fuerte, levantándola del suelo un poco. Aquel gesto, para ellos, no significa otra cosa que amor puro, amor fraternal. Desde mucho tiempo atrás, desde que se volvieron inseparables en su búsqueda por Sasuke, el lazo que los unía se hizo fuerte e inquebrantable, al grado de que Naruto pensaba en ella como su hermana de sangre y ella en él del mismo modo. Se querían tanto como familia y verse siempre constituía un motivo de alegría, en especial ahora que Naruto había comenzado una nueva etapa en su vida.
—¿Cuándo volviste? ¿Cómo está Hinata? Apenas llegas y ¿ya la dejaste sola?
Naruto sacude la cabeza, mareado de tantas preguntas y distrayéndolo de lo fundamental.
—Cálmate, Sakura-chan. Acabamos de llegar hace unas horas. Hinata está bien y sí, la dejé sola un momento, pero eso no es lo importante.
—¿Qué no es importante? Si serás idiota, Naruto, te voy a golpear.
Naruto alza las manos en señal de rendición.
—Está bien, está bien, Sakura-chan, te dejaré golpearme todo lo que quieras, pero primero dime, ¿dónde está Sasuke? ¿Es cierto que volvió?
A la mención de su nombre, las mejillas de Sakura se colorearon de un rosa pálido.
—Si, Naruto. Sasuke-kun volvió a la aldea. —confirma con una enorme sonrisa que contagia al Uzumaki, quien, embargado de alegría por la noticia, vuelve a encerrarla en un abrazo feliz.
—¿Y dónde está? En cuanto me enteré por uno de los guardias vigilantes, fuimos a la nueva casa, nos instalamos un poco y salí de inmediato a buscarte. Bueno, a buscarlos. Tenía la esperanza de encontrarlo contigo.
El rojo en las mejillas de Sakura se intensifica.
—Seguramente debe estar con Kakashi sensei. Al otro día de llegar fue a buscarlo para ponerse a su disposición. Parece que piensa quedarse de manera indefinida, pero no lo sé con seguridad. Ha estado trabajando con él desde que llegó hace dos semanas. Se… Se…
Naruto, que se había sentado frente a ella en su escritorio, alza una de sus cejas al notarla tartamudear y tragar saliva.
—¡Se está quedando conmigo! —confiesa, totalmente roja, con los ojos cerrados y empuñando las manos sobre su regazo. La ausencia de sonido en la habitación, pronto la obliga a abrir, temerosamente, uno de sus ojos para enfrentar a su mejor amigo. La expresión con la que se encuentra consigue descolocarla.
—Oh… —formula el rubio, con la mano en su mentón. Sus ojos mirándola con un gesto de comprensión, como si fuera dueño de una verdad cifrada del universo.
—¿Cómo que «Oh»? No digas «Oh». Di otra cosa. Di lo que sea, pero no «Oh». ¿Qué rayos significa eso?
Naruto no cambia su posición: mano en el mentón, mirándola a los ojos que ella lucha por desviar. Una sonrisa cómplice se alarga en sus labios.
—Estás nerviosa.
—N-No lo estoy.
—Claro que sí.
—Cállate, Naruto. Te voy a golpear.
—Hazlo. Eso no cambia el hecho de que estás feliz.
La insolencia en su voz la tientan a cumplir su amenaza, pero la alegría reflejada en los ojos del rubio logra desarmarla por completo.
—Yo también estoy muy feliz. —declara, sonriendo con todo el blanco de sus dientes.
—¿Quieres verlo? —ofrece Sakura, levantándose de su asiento.
—Vayamos a verlo. —resuelve el Uzumaki, imitándola.
Luego de solicitar —rogar— a una de sus compañeras de piso que, por única vez, le dejara pasarle sus últimas consultas programadas del día, Sakura sale del Hospital para encontrarse con Naruto, quien la espera en la entrada.
Echan mano de la teoría de la probabilidad y deciden encaminarse hacia la torre del Hokage. Aún no anochece, aunque el atardecer está próximo: seguramente Sasuke continúa ocupándose de sus tareas con Kakashi.
Sin embargo, la suerte les sonríe y, a medio del camino, distinguen la figura alta y parca, pero no menos imponente, del ex renegado. Ambos se miran y comparten una sonrisa. Al unísono, gritan como desquiciados:
—¡Sasuke-kun!
—¡Sasuke!
El escándalo hace virar cada una de las cabezas de las personas en esa calle hacia el muchacho aludido, quien no puede suprimir la vena que salta en su sien. ¿Por qué esos dos siempre, siempre tienen que colocarlo en situaciones extrañas y bochornosas en las cuales nunca sabe cómo reaccionar?
Mas no necesita hacerlo, ni siquiera necesita pensarlo. Naruto y Sakura corren a su encuentro, encargándose de todo. El Uzumaki le cuelga un brazo por el cuello en un saludo fraternal y al mismo tiempo en un intento de homicidio.
—¡Teme! ¿Por qué no avisaste antes que regresabas? ¡Hubiera estado aquí cuando volvieras! ¡Hubiera retrasado un poco la boda! ¡Te hubiera dejado mi departamento!
—Suéltame, idiota, me estas ahorcando.
—¡Naruto! —reprende Sakura a tres pasos, sin poder borrar la gran sonrisa que adorna su rostro. Aquel cuadro de ellos dos discutiendo, siendo brutos y malhablados como en sus años de Gennin, la reconforta y la llena de un sentimiento feliz.
Luego de hacer algunas compras por la aldea y soportar el berrinche de Naruto por declinar su idea de comer en Ichiraku Ramen, los tres deciden compartir la cena en el departamento de Sakura. A cambio, la Haruno le promete prepararle «Miso Ramen» sólo para él.
Ella cumple su promesa y deja un gran tazón frente a Naruto. Asimismo, sirve dos platos más con un guisado de vegetales y carne para Sasuke y ella, mientras el Uzumaki recuerda algo y saca de una de las bolsas a su lado, dos botellas de Sake.
—Naruto, te dije que no compraras eso.
—Vamos Sakura-chan, sólo un par de tragos. Siempre bebemos un par de tragos.
Ante la aseveración, Sasuke alza una ceja, sorprendido. Esa es información nueva. Naruto toma su gesto como una invitación a explicarse.
—A veces, cuando vamos a cenar o me quedo aquí, bebemos un poco.
El tono de sorpresa no abandona el rostro del Uchiha. ¿Ellos beben juntos? ¿Naruto se queda allí a veces? Su mente busca en sus recuerdos y no encuentra un momento en que el grado de confianza entre ambos dos fuera tanto. Cae en cuenta entonces, de que realmente el tiempo que vivió lejos de ellos fue bastante y, que en ese largo periodo, Naruto y Sakura debieron vivir y experimentar tantas cosas juntos, que la relación entre ellos ha llegado a ser así de abierta, confiada y cariñosa.
Saber aquello lo sorprende como lo irrita. ¿Cuántas cosas desconoce de ellos? ¿Cuántas cosas ignora? ¿De cuántas se perdió por elegir aquel camino equivocado que le costó tantos arrepentimientos? Él pudo haber sido parte de todas aquellas vivencias y memorias.
Pero el hubiera, no existe.
—Naruto, deja de parlotear y come. Y más vale que dejes de decir esas cosas enfrente de Hinata o de su familia. Pueden malinterpretar, tonto.
—¿Qué tiene de malo, Sakura-chan? No lo es. ¿Tiene algo de malo, teme? —busca la opinión de su compañero.
—Usuratonkachi. —la obtiene de un Sasuke, girando sus ojos.
—Si serás. Ahora estás casado, así que ya no puedes quedarte en casa de ninguna chica, a menos que sea una emergencia mortal y si no hay un Hospital cercano. ¿Oíste?
—Si, si, como tú digas. Ahora, pásame tu vaso.
Sakura hace un mohín, notando la desfachatez con la que ignora sus consejos, pero igual se lo pasa.
—Supongo que tú eres de los que no beben, ¿verdad teme? —da por sentado, dejando la botella a un lado después de servirse —Esta es una cosa de los adultos que si me agrada.
Sasuke encuentra su arrogante afirmación, desafiante, por lo que, con la misma altanería y una de sus cejas levantadas, extiende su vaso en dirección a él, no necesitando de más palabras.
¡Por supuesto que en su vida ha bebido alcohol! No es un hábito al que sea aficionado, pero lo ha hecho sobre todo de una manera pragmática: para reunir información en algún bar o para calentar su cuerpo en las temporadas de invierno.
Una vez en igualdad de circunstancias, la tradición los lleva a realizar un brindis apresurado y volátil a sugerencia escandalosa de Naruto. Beben. Y la sensación es inesperada: más que los efectos del alcohol, por el hecho de estar allí juntos, compartiendo, sonriendo y conversando: una sensación tan alucinante y cálida, que les pone la piel de gallina.
—¿Irás nuevamente de viaje? —suelta Naruto, directo.
—No tengo intenciones de marcharme. Al menos, no ahora. —responde de la misma forma.
—No sé por qué, pero tenía la impresión de que te irías pronto. —comparte el Uzumaki, sirviéndose otro poco de licor.
—Yo también. —responde el Uchiha, sincerándose.
Y era cierto, ante la incertidumbre de sus propios sentimientos sobre el hecho de que regresaba a un lugar que lo enfrentaba ante los recuerdos, las memorias y las verdades de su historia y la de su familia, Sasuke no estaba seguro de cuánto tiempo podría permanecer allí sin sentirse perseguido por los monstruos que todavía minaban su mente.
No obstante, desde su llegada hasta ese momento, siente que puede permanecer allí un poco más sin sentir las sombras corroyéndole el alma. Y, como una necesidad recién descubierta, o más bien recordada de antaño, desea estar un poco más con esas personas que le hacen sentir en casa, como parte de una unidad y que le nutren de nuevas energías y pensamientos.
Sakura, en silencio, libera el aire contenido en sus pulmones. Le parece estar frente a un duelo de filosas espadas, pero son sus lenguas. Acepta que esa misma interrogación, estuvo atravesándole la tráquea desde el primer minuto en que lo vio llegar, más en todos esos días, no reunió el valor suficiente para preguntarle.
Siente aquella preocupación que le pesa como el mundo, desvanecerse de su cabeza y de su corazón y, quizá, por ese motivo, termina tan relajada con la cena, la charla y el sake, que se queda dormida, con la cara sosteniéndosele sólo de su tambaleante mano.
Ambos muchachos la miran con un gesto divertido y coinciden en que debe ser el cansancio acumulado durante días, años y toda su vida. Naruto se apresura y, con suavidad, la recuesta en el tatami, a un lado de ellos. Sasuke, por su parte, coloca una pequeña almohada que ha ido a extraer de la habitación, debajo de su cabeza. Ella, en complacencia de los mimos, se remueve hasta alcanzar una posición cómoda, de perfil.
Por largos segundos, ambos jóvenes se mantienen en su contemplación.
—¿Por qué te quedaste con ella? —indaga Naruto, de vuelta a la carga.
—No estabas.
—Estaba Kakashi sensei. ¿Tengo la cara de estúpido?
El silencio de Sasuke, seguido de su concentración por acabar con el contenido de su vaso, le da la respuesta.
—¡Pues no lo soy!
—Cállate, idiota, la vas a despertar.
Naruto, al notar su gesto ceñudo y protector, comienza a reír de la nada. Sasuke, incómodo con la risa de su mejor amigo, le echa el brazo alrededor del cuello, así como él hiciera antes y trata de cometer su propio intento de homicidio, ahora sin testigos. Y es que aquella risa y su estúpido gesto de saber algo que él no, lo descoloca y lo hace sentir como un reverendo idiota.
¡Naruto es el idiota! Él no.
Sin embargo, él mismo no tiene una respuesta concreta para ello.
Luego del primer día con ella, se encontró pensando en lo agradable que era la convivencia con Sakura y, guiado por ese sentido de comodidad y familiaridad, decidió que no quería ir a otra parte si ella no se lo pedía.
Al principio, se le pasó por la cabeza que, como en sus años de Gennin en que ella era tan afectuosa con él, la tendría frecuentemente circundando su espacio y tratando de pasar el mayor tiempo posible a su lado. No era algo a lo que Sasuke estuviese acostumbrado, tan celoso como era de su propio espacio personal; sin embargo, con Naruto y Sakura no podía evitar doblegarse en ese aspecto, sucumbiendo a su presencia.
No obstante, desde su llegada y su instalación en aquel departamento con ella, la realidad fue un poco diferente de lo que esperó. Ella rápida y fácilmente había acondicionado un pequeño espacio que ella usaba como estudio, como su habitación provisional. Y, como ella había dicho, la mayor parte del día no estaba en casa, aún con el hecho de que él se encontraba allí. En otro tiempo hubiera pensado que Sakura iría y vendría al departamento con cualquier excusa para verlo o hablar con él. Lo cual no fue, y eso, resultó curioso como interesante.
Sasuke considera que así, al verse por la tarde o por la noche, sus conversaciones y tiempo compartido, tienen un matiz un poco más significativo.
Por otro lado, el desenvolvimiento de Sakura con él se daba de una forma tan natural, que fue muy sencillo habituarse a su presencia, modos y manías, así como seguramente ella lo había hecho con las suyas. Sólo habían transcurrido dos semanas, pero la fluidez de sus rutinas se había sincronizado de un modo bastante grato y armonioso.
En algún momento, llegó a pensar que la convivencia con ella se tornaría difícil debido a que, si bien en su pasado como Gennin convivieron en muchas ocasiones juntos, por días y sin incomodidad alguna en las misiones asignadas, el Uchiha no era tonto como para no darse cuenta de que ahora, ellos no eran niños, eran dos adultos de diecinueve años. Y, por más sensatez que él albergue en su ser, eso no desaparece el hecho de que la Sakura de ahora, es una chica atractiva: muy inteligente, muy simpática, muy noble y muy, muy bonita.
Tampoco ignora el hecho de que esa misma chica, aún continúa enamorada de él. Sasuke lo sabe, no necesitaba mucho para verlo: los sonrojos que acuden a ella cuando conversan, se dan los buenos días o toman su turno para usar la regadera; el modo en que ella lo escucha atento al contarle sobre cualquier nimiedad de su día, o en que le toca el hombro, tímidamente, para despertarlo cuando se queda dormido y ella debe irse al Hospital; el detalle de tener siempre frutas y vegetales frescos en la cocina, sobre todo tomates, en atención a su gusto particular.
Él lo percibe, en todo.
Y, frecuentemente, se sorprende pensando que no le desagrada para nada.
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Hellow! Aquí la tercera entrega de esta historia. Y como dije, Naruto iba a pegar el grito en el cielo hahahaha. O más bien, el ve y sabe algo que nuestros eternos tórtolos despistados no. Los amo a los tres juntos *w*
Ojalá les haya gustado. ¡Un abrazo!
Gracias por leer, pyong!
