© Kishimoto, Masashi.


La próxima vez


IV.

Tras escuchar un perezoso «adelante», Naruto y Sasuke ingresan al despacho, encontrándose con el cuerpo encorvado de su mentor ante un fajo de hojas que parece garabatear infinitamente.

Kakashi levanta la mirada para corroborar lo que ya sabe por sus sentidos, pero que busca materializar con su mirada: ahí están sus dos pupilos varones. El carraspeo de una estoica Shizune a su lado, le instiga a apresurarse a terminar de firmar aquellas órdenes que se supone debe entregar antes de las diez.

—Un minuto. —solicita en disculpa, y no se sabe si aquello va dirigido para ella o para ellos. Seguramente lo ha soltado por partida doble.

No le toma más de eso, para luego extender el legajo a manos de Shizune, quien, tomando los documentos, sale del salón enunciando en voz alta dos o tres cosas pendientes que el Hokage elige ignorar, mientras un suspiro agotado se libera de sus labios.

Abandona su cuerpo al respaldo de su silla y cruza los brazos, brindándoles a los jóvenes frente a él, su completa atención por fin. Bajo su eterna máscara, puede notarse la sonrisa y la mirada insondable que les dedica, como perdiéndose ante algún pensamiento.

—Es un poco raro verlos juntos en mi oficina, ¿saben? Me trae recuerdos. —externa, permitiéndose el capricho de incomodarlos con sus palabras paternales.

—Tú nos llamaste. —justifica Sasuke, sacándolo de su episodio de sensiblería y de paso, a él mismo.

—Sí, sí. Naruto, veo que regresaste con bien de tu viaje de recién casados. ¿Qué tal la estancia en el resort? Pensé que se tomarían más tiempo.

—Estuvo bien, Kakashi sensei. Hay muchas cosas interesantes en el país del agua.

Kakashi asiente, aceptando su respuesta, pero insatisfecho con la cantidad de información. El Uchiha roda los ojos, intuyendo el viciado pensamiento de su mentor. Y su censura, no pasa desapercibida por él.

—Ah, Sasuke. ¿Y cómo está Sakura?

El Uchiha se tensa ante la pregunta sobre la pelirosa y sus ojos se convierten en dagas que van a parar a un Kakashi bastante complacido con su pequeño juego.

—Ella está bien. —responde parco, casi en un siseo.

—¿En serio? Hace días que no la veo y como tú la ves todos los días…

Sasuke se tienta con la idea de desempolvar su mangekyou y ponerlo en práctica un poco. En vez de joderlo, ¿no debería estar mejor ocupándose de firmar cosas de Hokage?

—Ah, Naruto, es que no se si lo sepas, pero Sasuke vive con Sakura.

Espectador de la disputa, Naruto intenta contener una risa escandalosa al notar la vena saltada en la sien de su mejor amigo: comenzaba a cabrearse. Piensa que Kakashi se arriesga demasiado al provocarle, pero en cierta medida le da la razón. Y es que, ¿qué es más divertido que hacer enfadar a un Uchiha?

—Sí, lo sé. Me quedé con ellos la otra noche. Sólo falta la placa afuera de la puerta y serán oficialmente el señor y la señora Uchiha. —comenta el Uzumaki serio, tragándose la carcajada que en los labios de Kakashi estalla como fuegos artificiales.

Los ojos negros de Sasuke se colorean en un rojo escarlata, amenazadores ante la abierta burla de la que es objeto y no pretenden cortar. Inmaduros. Ni siquiera vale la pena replicarles.

—Me largo.

Girando sobre sus talones, el Uchiha se enfila hacia la puerta. La voz de Kakashi, conciliadora, le detiene de cruzar el umbral.

—Espera, Sasuke. Vamos, tranquilízate, sólo es una broma.

Un bufido se escapa de los labios del pelinegro al volverse al salón y Naruto carraspea, fingiendo que él no tuvo vela en el entierro. Kakashi entonces endereza su cuerpo y se inclina hacia adelante, las manos enlazadas bajo su mentón lo atavían de un velo de seriedad.

—Hace unos días tuve una reunión con los miembros del Consejo de Kages para tratar los temas pendientes, pero no menos fundamentales que nos dejó la última guerra. Entre ellos, el asunto de los multiversos. Como bien saben, la situación con Kaguya nos dejó con una gran incertidumbre respecto a las fisuras entre dimensiones que pudieran albergar enemigos que no conocemos y sean una amenaza para las naciones shinobi. Eso y las guaridas de setzus que aún se encuentran ocultadas.

Ambos jóvenes asienten, rememorando fragmentos de su experiencia en la batalla y los peligros que casi significan la destrucción de la tierra y la humanidad.

—Discutimos y le dimos varias vueltas, pero finalmente llegamos a la conclusión de que este es el momento idóneo para seguir la pista de los rastros que Kaguya dejó. En este momento que nuestras aldeas se han reconstruido y la paz se ha instaurado, es posible que ustedes dos tomen en sus manos esta crucial misión.

Naruto se reincorpora y endereza la espalda al notar la solemnidad en las palabras de su maestro. Con detalle, Kakashi explica que, en días pasados, desde su regreso, ha trabajado con Sasuke para estructurar el plan de acción de aquella misión. La idea es realizar investigaciones y rastreos de campo, primero en los alrededores de la aldea y, posteriormente ir incrementando el radio de distancia para abarcar cada zona posible.

—Pienso que Sasuke, por contar con el rinnegan, es el más indicado para la tarea. Ambos convenimos en eso —apunta el Hokage, mirando a su alumno Uchiha asentir.

Kakashi pronto se agota de su rígido gesto y se cruza de brazos, echándose de nuevo en el respaldo de su silla.

—Aunque no estoy seguro de que sea buena idea enviarlos en escuadrón, dadas las circunstancias de tu incipiente vida marital. Si te envío a misiones apenas llegas de tu luna de miel, quizá reciba alguna amable visita del patriarca de los Hyuuga.

Temeroso de verse excluido, Naruto insiste frenéticamente en adherirse a la misión y a las tareas de reconocimiento con Sasuke. No sólo le emociona la idea de tener una misión, el hecho de poder realizar una en compañía de su mejor amigo, luego de tantísimos años, lo conmueve. Realmente ha pasado mucho tiempo, ¿eh?

Kakashi no se niega -y tampoco es como si quisiera hacerlo-, tiene demasiado trabajo en esa oficina como para sugerir siquiera el negarse. Ambos son la mancuerna perfecta para realizar la encomienda y obtener resultados. Aunque también, aunque no lo externe, en Kakashi aflora ese sentimentalismo paternal que no puede evitar con sus muchachos allí enfrente y su señorita Haruno en el hospital. «Son tus hijos postizos», le apuntó alguna vez Tsunade en una noche de tragos.

—¿Debería aprovechar la ausencia de Shizune? ¿Qué tal un ramen en Ichiraku?

.::.

El sol está a punto de caer y lo primero que Sasuke hace al volver al departamento es meterse a la ducha. El agua caliente en su cuerpo logra desvanecer el cansancio, pero no la ligera molestia en su cabeza. Al salir, se encuentra con Sakura dando vueltas por la cocina.

Había escuchado la cerradura abrirse y adivinó que sería ella. El aroma de los condimentos hirviendo se lo terminó por confirmar.

—¿Qué es eso? —pregunta Sasuke por saludo e inicio de tema de conversación.

—Un estofado. ¿Quieres? —se vuelve Sakura, girando la perilla para apagar el fuego.

Sasuke niega, contándole que recién había comido con Kakashi y Naruto, en cambio, se ofrece a acompañarla con un poco de té, el cual él mismo prepara. Mientras Sakura mastica, escucha atenta sobre la misión que su maestro les ha asignado a él y a su mejor amigo, y repara, reflexiva, en los alcances que esta tiene. Significa que Sasuke y Naruto comenzarán a estar ausentes de nuevo, de manera intermitente. El pensamiento logra decaer un poco su ánimo, pero se esfuerza en no mostrarlo en su faz.

—¿Quieres un poco de té? —inquiere Sasuke, al mirarla terminar con su cena.

Sakura asiente y sonríe, agradeciéndole cuando él se lleva su plato de paso. La fragante y cálida bebida llega a sus manos en medio de su relato sobre su reciente traslado permanente al área psiquiátrica del Hospital, a la que prestaba su ayuda de manera auxiliar.

—Es grandioso. Seguro lo harás bien. —alienta el Uchiha, trasladándose a la sala con un cúmulo de pergaminos que pretende repasar para la misión.

—Gracias, pondré todo mi empeño. —Sakura lo sigue con un fajo de papeles y algunos libros que debe consultar para integrar un caso médico. El silencio se extiende y abriga la habitación, más es un silencio grato y sosiego. Por varios minutos, la concentración en sus asuntos los embarga y pareciera que hubieran desaparecido cada uno por su lado. Esta escena ya era bastante usual en su día a día y manifestaba la cómoda interacción de su convivencia en común.

—¿Y cómo esta Kakashi sensei? —la voz dócil de Sakura disipa el mudo hechizo y devuelve a Sasuke del mundo abstracto en que se halla. Sus ojos se posan en ella y el manual procedimental en sus manos.

—Bien. Si es capaz de molestar a la gente, definitivamente debe estar bien.

Sakura suelta una risa cantarina por su humor punzante, adivinando casi la escena.

Sasuke sonríe discretamente, contagiado de su risa. Aprovecha el momento de distracción para respirar profundo y descansar un poco. Suelta el pergamino y se remueve en el respaldo del sillón con los ojos cerrados. A sus oídos acuden el sonido de su risa, el murmuro nocturno de las cigarras y el frugal silencio cortado por los pasos de ella al ir de un lado a otro. Sintiendo un mínimo alivio a su molestia, hunde más la cabeza en el borde. Exhala largamente.

—¿Sasuke-kun, estás bien? —cuestiona Sakura, extrañada, pues al pasar junto a él lo ha visto masajearse la frente y el tabique de la nariz.

Su voz proviene del respaldo del sillón, pero el Uchiha no abre los ojos, sólo escucha.

—Aa, no es nada. Sólo me duele un poco la cabeza.

—¿La cabeza?

—Hn.

Sakura lo observa por unos segundos y, por sus muecas, se percata de que no es un dolor leve, aunque él trate de reprimirlo.

—Déjame ayudarte. —resuelve.

Lo siguiente que Sasuke percibe es una cálida sensación permeando su sien, brindándole alivio. Abre los parpados, ligeramente, sólo para observarla sentada a su lado, con las palmas coloreadas de un verde tenue y sus dedos largos como espigas.

Siente el cuerpo relajado, sus parpados pesados y una sensación de confort que no recordaba haber sentido desde sus días de infancia, y del que no quisiera ser desprendido nunca. El efecto es inmediato y su conciencia se rinde, desvaneciéndose en breves minutos.

Sakura ahoga un gritito de sorpresa al sentir su cabeza, de pronto, caer en el regazo de sus piernas. Se ha quedado dormido. ¿El dolor habría cesado? Sus jades escudriñan su rostro siempre apuesto, en busca de algún indicio que le indique incomodidad por la migraña.

«Sus pestañas son largas.»

Sintiéndose atrevida, Sakura aproxima sus dedos con delicadeza y aparta las hebras que han caído sobre su frente. Se permite contemplar su nariz perfilada y ligeramente respingona en la punta, y sus labios delgados relajados en esa línea recta y grácil.

Inhala, sintiendo arder su cara.

«Ah, corazón, cálmate»

La Haruno decide que debe abandonar aquella inspección antes de que su estabilidad emocional se vea gravemente afectada y, en vez de ello, se concentre en tratarlo un poco más, por si algún síntoma aún persiste en su paciente.

Un par de horas después, Sasuke abre los ojos ya avanzada la noche. Relajado como se siente, se toma su tiempo para asimilar su realidad de la cual la única certeza que tiene es que es segura y cómoda. Reconoce la estancia y se remueve un poco, ladeándose para descubrir a una Sakura dormida, en una posición de la que no recuerda su origen, pero imagina. Debió quedarse dormido cuando le ayudaba a aliviar su dolor de cabeza.

De nuevo, se percata de esa sensación de comodidad y serenidad que lo invade cuando la tiene alrededor, y de esa paz que lo envuelve e imanta como algo inevitable. No era difícil volverse adicto a tales sensaciones, ni a la idea de tener a Sakura a su lado, cerca y por indefinido tiempo.

Con sumo cuidado, se pone en pie y la toma en brazos, intentando no despertarla. Instintivamente, la kunoichi se acomoda en su pecho, buscando una postura acogedora. Su gesto infantil logra arrancarle una sonrisa al Uchiha y sembrarle la idea de que cada día la encuentra más linda y encantadora. A propósito, demora el camino a su habitación y quizá dio tres o cuatro vueltas por el departamento, con ella perdida en su mundo de sueños.

Finalmente, la deposita delicadamente en su futón y la cubre.

«Descansa, molesta»

.::.


Espero que estés muy bien.

Gracias por leer, pyong!