Nota importante abajo. ¡Gracias por leer!
Aviso: Ooc desgraciadamente.
ºMadre olvidadaº
Capítulo segundo
Responsabilidad
El cambio de las estaciones cambia el tiempo.
10 años atrás…
Estaba completamente aburrido. La gente no cesaba de beber, de frotarse unos contra otros, de intentar insinuarse, como si fuera totalmente necesario que esa noche terminara plenamente en sexo. Y aunque las ganas no le faltaban, después que casi media clase se le frotara, porque no era de piedra, ninguna llamaba especialmente su atención.
Al menos, no todas.
Sus ojos dieron con la chica de cabellos rosas que siempre estaba rondando alrededor suyo. La que llamaba la atención con solo pasar. La chica guapa que ni siquiera era consciente de serlo porque otra parecía colapsarla, pero que aún así, disfrutaba de llamar la atención.
La había visto cruzar y descruzar la pierna varias veces, indiferente a que su ropa interior quedara expuesta directamente hacia él. Y bueno, las vistas no eran precisamente feas.
Sintió como su sexo presionaba contra sus pantalones, incómodo. Ella miró un instante hacia él, como si quisiera asegurarse de que siguiera en ese lugar, pero desvió los ojos cuandito que su joven amiga rubia le ofreció otra copa que no tardó en vaciar.
Se echó hacia delante, bebiendo de su propia bebida poco a poco, notando el hielo golpearle los dientes delanteros.
Ella se levantó, torpe, echándose los rosados cabellos hacia atrás, soltando una carcajada y caminando en dirección al telefonillo para pedir más tiempo. El resto cesaron de prestarle atención. Fue entonces cuando decidió que ya era suficiente.
Se acercó a ella, mirándola. Cuando sus ojos se encontraron, ella colgó el telefonillo, pareciendo comprender todo.
La había escogido a ella para liberarse sexualmente.
La aferró de la mano, tirando de esta para sacarla al exterior y se adentraron en el primer cuarto de baño que encontraron, metiéndose en uno de los cubiles. La pegó contra las paredes y descendió la ropa inferior hasta que pudo llegar a su sexo. No necesitaba más y ella pareció comprenderlo cuando le ayudó a liberar su propio sexo. Incluso pasó sus dedos por su sexualidad, sin dejar de mirarle a los ojos.
Luego fue todo rápido.
Él la levantó, acomodándola contra sus caderas y empujó dentro de ella, acogiéndose su calor húmedo y caliente.
Y todo fue simplemente buscar su satisfacción. Quería llenarla al completo, disfrutar de su interior como si fuera la última vez que tuviera sexo en su vida. Quizás era el alcohol o la culpa la tuviera simplemente que ella había estado incitándole sin darse cuenta.
Justo cuando llegaba al orgasmo, recordó cómo eran sus encuentros de miradas extrañas. Sí. Aquella mujer era una molestia para él.
Pero una molestia que no había podido dejar de seguir con los ojos, ni quitársela de la cabeza en el paso de los años.
Se alejó de ella, viéndola resbalar por la puerta, limpiándose su sexo. Ella jadeaba, tragando y apartándose los rosados cabellos. Cuando se percató, se apartó para permitirle salir, como si fuera una invitación a que aquello simplemente no había ocurrido.
Como si de un puñetazo se tratara, salió del baño frotándose el rostro y desapareció de la fiesta también.
Era una completa molestia.
9 meses más un tiempo después…
Convivir con su hermano era una completa jodienda, pero también tenía sus cosas buenas. Podía dormir hasta la hora que le diera la gana, acostarse tarde o simplemente, encerrarse en su dormitorio a mirar las paredes si quería. Mientras no hiciera más ruido del necesario y recordara escuchar música con los cascos puesto, todo iba genial.
Pero a veces era inaguantable. Especialmente, cuando le daba por ponerle turnos de limpieza. Estaba en la universidad, mucho papeleo que rellenar, madrugones que darse y asignaturas a cual más estresante. Y su hermano decidía esa semana echarle la bronca por haber dejado sin fregar los cacharros del desayuno.
Dentro de esa ñoñez, pensó que su hermano volvía a estar estresado simplemente porque no tenía inspiración. Y eso que los días de lluvia eran sus preferidos y él no había pisado para nada el salón más calentito de toda la casa.
Por más que Itachi quisiera decir que su casa era centenaria, él continuaba diciendo que era escalofriante a su modo. De tal forma que nunca había llevado a ningún amigo ni informado a nadie de su clase de donde vivía. Incluso se las había ingeniado para evitar que sus locas acosadoras le siguieran.
Siempre alegaba que sus padres eran gruñones y no aceptaban invitados. Sus padres sin embargo habían fallecido en un viejo incendio en una ciudad lejana. Su hermano y él se mudaron a esa vieja casona como única herencia de sus progenitores. Itachi, muy lejos de reformarla, arreglaba lo necesario.
Aquella noche la tormenta arrecía con todas sus fuerzas. Parecía que la casa iba a volar. Los árboles se mecían amenazadoramente, con formas aterradoras y chirridos que quedaban aplacados contra el escalofriante sonido de un cristal.
El Carrión marcaba las diez de la noche cuando llamaron a la puerta. Levantó la mirada del cuaderno y los libros y se asomó a la ventana. Una sombra cruzó calle abajo, volviendo de nuevo a la ciudad. Lo primero que pensó fue que sería alguien probando la valentía en la casa del terror. Y le confundió un poco un destello rosado. Llegó a pensar que alucinaba y miró con más atención sin llegar a ver nada.
Cuando la voz de Itachi llegó desde abajo, comprendió que no era una simple broma.
Descendió la chirriante escalera, que parecía disfrutar más de los ruidos más fuertes por la noche que de día y esperó en la entrada del comedor.
Su hermano se encontraba inclinado sobre algo en la mesa. Pensó que sería un paquete o algo. Era algo natural que Itachi recibiera copias de sus creaciones. Pero cuando su hermano se percató de su presencia, le miró fijamente, entrecerrando los ojos.
—¿Hay algo que desees contarme, Sasuke? — cuestionó arrastrando con suavidad las palabras, incluso en voz baja, como si hubiera alguien espiándoles—. ¿Algo acerca de diez meses atrás, quizás?
Sasuke parpadeó confuso, sin comprender. Desde que comenzó la universidad existían muchas cosas que no le contaba a Itachi. Especialmente, sus problemas de relación, o quizás, que al tercer día de clases ya se había acostado con una profesora. Pero dudaba que la universidad enviara por correo una notificación.
—No— negó rascándose el vientre y girándose sobre sus talones—. Si es para eso.
—Quieto ahí, Sasuke.
El tono helado de su voz le produjo escalofríos. Detuvo sus pasos, mirando por encima del hombro, arqueando una ceja. Fue entonces cuando Itachi se apartó de la mesa para que viera mejor lo que había dejado aquella persona.
Un pequeño bebé.
Abrió los ojos como platos, dando unos pasos hacia la mesa, incrédulo.
¿Qué demonios?
Miró a su hermano con cierto deje de acusación e Itachi se cruzó de brazos a la par que negaba con la cabeza.
—He estado tan ocupado este año que no he tenido tiempo para mujeres. Es más, soy capaz de cubrir mi arma cuando llueve. Pero tú…— dudó.
Y lo vio volverse y murmurar, como si echara cuentas de algo que ni él era consciente.
No. Ese bebé no era suyo. No podía serlo.
Tragó y miró a su hermano cuando dejó de moverse y se golpeó una mano, como si acabara de dejar de llover y recordara que tenía algo que hacer.
—Hace más de nueve meses fue tu despedida y tiempo después entraste en la universidad. ¿Pasó algo extraño?
Sasuke, incrédulo, se llevó una mano a la frente, frotándose el rostro y maldiciendo interiormente.
La palabra "no" se formaba en su mente como una pantalla de cristal que impidiera cualquier aceptación. Aquello debía de ser una broma de mal gusto. Él no era el padre. Itachi debía de reconocer su error. Joder, solo tenía diecinueve años.
—Itachi…
Su hermano levantó una mano, pidiendo silencio.
—He visto a la madre, Sasuke. O al menos, algo de ella. Por la altura, te aseguro que no era una de las mías. Y por la forma despavorida en que ha huido, era claramente una adolescente.
Por supuesto. Su hermano las prefería altas y cuanto más hermosas, mejor.
Se llevó una mano al pecho, dejándose caer en el viejo sofá del recibidor, pasándose una mano por el rostro, incesantemente.
Una adolescente.
No. No podía ser.
Por un instante, recordó a la persona que había visto salir corriendo calle abajo. Cabellos rosas. ¿Y si aquello no fue una simple visión o el reflejo de la tormenta?
Se levantó, acercándose al bebé. Estaba cubierta por tanta ropa que casi no podías comprender dónde empezaba la criatura y donde terminaba. Hasta que lo vio. Una chaqueta familiar que recordaba haber visto tiempo atrás colgando de un perchero en su propia clase. Incluso recordó una vez que unos abusones de la clase la llegaron a tirar por la ventana.
Rechinó los dientes.
—Es mía— reconoció.
Itachi le puso una mano el hombro, apretándole tanto que temió que se lo rompiera. Sus ojos clavados en él, como si todavía tuviera oportunidad de mentir.
—Es mía— repitió. Itachi suspiró derrotado.
—Al menos lo reconoces. ¿Cuándo fue?
—Cuando has dicho. — Se encogió de hombros y miró al bebé. Itachi le abrió más la ropa al ver que su rostro se empezaba a poner colorado.
Su hermano se inclinó sobre éste y lo meció.
—En mi chaqueta están las llaves del coche. Cógelo y ves a la ciudad. Trae pañales y alimentos. Alguna ropa si puedes. Coge mi cartera. Después hablaremos.
Itachi le dio la espalda, dejando al pequeño con solo una manta, entró en el salón y cerró la puerta. Sasuke la miró como si acabara de cerrarle la misma puerta en el infierno.
10 años después…
La pequeña saltó del coche al mismo tiempo que su hermano, quien la retuvo del brazo para que no terminara distrayéndose con cualquier cosa y se perdiera. Sasuke salió tras ellos, maldiciendo el traje de antemano.
Su hermano había insistido en que toda la familia lo acompañara aquel día al desfile de moda de un amigo suyo. Alegaba estar buscando una modelo para su nueva colección. Cuando a Itachi se le metía algo así en la cabeza, era imposible detenerle. Su última salida se retuvo durante meses hasta que encontró a la modelo perfecta y de nuevo, volvía a fastidiar a sus seguidores de ese modo.
Se habían despertado a las seis de la mañana para un largo viaje y mientras su hija dormía con la cabeza apoyada en su hombro a él le había sido imposible. Itachi siempre se las apañaba para hacer algo de ruido.
Desde que su hija entrara en sus vidas, sus días de dormir cuando le diera gana, despertarse cuando quisiera. Y su hermano se había asegurado de que no durmiera de más, que trabajara y sacara adelante a su retoño. Aunque esta hubiera sido creada en un cuarto de baño en medio de una borrachera adolescente.
A veces, Sasuke se preguntaba interiormente si hubiera sido mejor plantarse y obligar a su hermano a entregarla en adopción o simplemente, desentenderse de ella como progenitor. Pero Itachi nunca le habría aceptado esas peticiones sin ponerlo de patitas en la calle, censurar sus cuentas y asegurarse de que nadie le diera trabajo. Así de importante era su hermano.
—Papá. — La niña le miró con sus grandes ojos bajo las gafas de montura—. ¿Por qué hemos venido?
Sasuke se encogió de hombros, apunto de soltar una grosería. Su hermano se adelantó.
—Porque tienes que ayudarme a escoger a la mujer que va a llevar mis próximas joyas. Tiene que ser así hasta que tú te hagas mayor y puedas llevarlas— explicó el mayor.
Sasuke bufó y se adelantó, molesto con el sol por su falta de sueño.
Su hermano ya había creado joyas para su sobrina. Las había guardado en las cajas fuertes que poseía con el nombre y apellido de la pequeña, con ideas de que en el futuro ella tuviera algo más que una simple casa en ruinas como herencias.
Por suerte, a base de esfuerzos él había conseguido sacarse la carrera de arquitecto. Quizás por idea de reformar la casa, pero su hermano jamás se lo permitió. Decía que era el recuerdo de sus padres que debía de mantenerse. A cambio, le permitió construir su propia casa al lado.
Sasuke creó algo no llamativo para sí mismo. Le gustaba el tema de que la casa al lado de la suya continuara dando miedo. Sarada se pasaba casi todo el tiempo con Itachi, así que poco tiempo pasaba con él. Entre sus viajes por empleo y que siempre llegaba tarde a su casa, apenas veía a la pequeña. Aun así, esta siempre tenía una mirada de bienvenida. Aunque según pasaba los años, se volvía más cerrada a él, como si esperase muchas explicaciones.
—Venid, es por aquí— indicó Itachi aferrando la mano de Sarada para no perderla.
Sasuke miró por lo alto de la gente gracias a su altura y vio al gerente que les esperaba. Itachi logró encontrar un hueco y aprovechó para llegar hasta sus asientos en primera fila. Nada más sentarse, deseó poder echarse una siesta.
Sarada se sentó entre ellos y a medida que el lugar empezaba a llenarse de gente, la notó inquieta e incómoda. Sasuke no podía culparla, pues él se sentía del mismo modo. Solo deseaba terminar y regresar a su casa para poder el resto del día libre que le quedaba.
Los aplausos le rebotaron en la cabeza como un dolor, aunque aquello pareció animar a su hija, que se unió a ellos con cierta precaución.
Entonces, la música anunció la salida de las modelas. Modelos extrañas con vestidos extrañas. Todas extranjeras, luciendo las ropas y algunas de las viejas joyas de su hermano, quien seguramente se las habría donado por tal de pagar la entrada de ellos tres.
Las luces se oscurecieron repentinamente. La música cambió y después, tras la pasarela, en las pantallas de televisión, empezaron a salir distintos motivos hasta que el foco delató la presencia de una mujer. La última, esperaba.
Su vestido era el más despampanante, la joya del diseñador y la mujer pisaba con fuerza la pasarela. Sarada se había apoyado en él y le clavaba las uñas en el brazo, pero aquello no fue suficiente para sacarlo del asombro cuando la mujer llegó hasta su altura y giró, mirando siempre hacia el frente, haciendo una mueca de sonrisa coqueta.
Guiñó los ojos un par de veces y enfocó mejor.
Mierda. Oh. Mierda.
Giró la cabeza bruscamente cuando la mujer regresó para reunirse con los demás. Itachi solo se acariciaba los labios, como si estuviera pensado detalladamente en algo. Cuando se percató de que él lo miraba, simplemente abrió los ojos con inocencia fingida y se encogió de hombros.
Sasuke se recostó sobre la silla y maldijo mentalmente a su hermano.
Los aplausos regresaron una y otra vez, hasta que todo terminó. Con la mirada fija en las cortinas que cubrían los bastidores.
—Sasuke, cuida de Sarada— ordenó el mayor levantándose al ver que un hombre pelirrojo acudía a él con una mano extendida.
Sarada se puso en pie, de puntillas, para poder ver al sujeto que hablaba con su tío. Si la niña no aceptaba al personaje, la vuelta al coche y a casa, iba a ser un infierno para Itachi.
Cuando ambos hombres se giraron para desaparecer tras las cortinas, Sarada, con su corta edad, se subió sobre sus piernas en busca de mejor visión. Inquieta, no cesaba subirse las gafas, apretar el puño en su ropa o simplemente, en mirar a su alrededor.
Cuando finalmente Itachi regresó, no lo hizo solo.
Sarada saltó de su regazo para, de un salto mientras él la sostenía del vientre, atrapar el brazo de su tío, quien se detuvo a medio descender de la pasarela. La mujer que le seguía se detuvo, pálida. Había perdido toda la fuerza que demostró en el escenario.
Itachi la miró serio, aunque ella no le viera realmente.
Tenía la mirada fija en él. En él y en la pequeña.
—Haruno. — La voz de su hermano remarcando aquel apellido fue como un resorte suficiente para confirmar la identidad de esa mujer—. Estoy seguro de que mañana a las nueve la veré. Procure no perder la tarjeta.
Un instante, la niña miró hacia la mujer con curiosidad, pero cuando Itachi descendió de la pasarela se convirtió en su mundo de atención, como siempre.
Sasuke se frotó las rodillas y se puso en pie, metiendo las manos dentro de los bolsillos.
Empezaba a tener un tumulto de emociones dentro de sí. Pero el principal, el que terminó ganando, fue la ira. Siempre se había preguntado qué pasaría si la encontraba. Quizás por eso no cambió su domicilio. Quizás esperaba verla regresar cualquier día buscando a su hija arrepentida.
En esos momentos veía que no. Que todas sus conjeturas habían sido una mierda de esperanza.
Esa mujer nunca había querido a su hija. Nunca.
—Sakura. ¿Ah?
Y se giró, con los puños apretados en el interior de los bolsillos del pantalón, reprimiéndose las ganas de estrangularla que sentía.
Cuando sus ojos recibieron el impacto del sol de la calle, rechinó los dientes, buscando a su hermano e hija. Ambos estaban ya casi al lado del coche. Sarada se había subido a su espalda y jugaba con la coleta de su hermano mientras este parecía explicarle algo que no alcanzó a escuchar. Cuando llegó a su altura, Itachi miró a la pequeña.
—Sarada, espéranos dentro, anda— invitó.
La niña podía ser realmente rebelde con él, pero a Itachi siempre le obedecía sin rechistar. Así que no fue extraño verla entrar en el coche y esperar pacientemente. Sasuke no tuvo tanta paciencia. Sujetó a su hermano del cuello de la camisa y lo empotró contra la puerta del coche. Escuchó a la niña gritar con sorpresa, pero aún así, no desobedeció la orden.
Itachi resistió el empuje y miró hacia Sasuke con tranquilidad.
—Sabías que ella estaría aquí— dedujo. Su hermano asintió lentamente.
—Lo sabía— confirmó y le aferró de la muñeca—. Por eso hemos venido. Sarada tiene que conocer a su madre.
—No— negó firme. Pero Itachi era experto en fastidiarle las defensas.
—Sí, Sasuke. Tarde o temprano la niña sentirá curiosidad. Tiene derecho.
—Esa mujer…— masculló un improperio y soltó a su hermano—. Demonios.
Itachi se arregló la chaqueta y la camisa.
—Sí. Esa mujer. La que tenía el rostro muerta de pánico por ver su hija y al padre de esta— expresó abriendo la puerta—. Vámonos. Mañana tengo que madrugar.
Sasuke maldijo una vez más. Apretó los puños y escupió en el suelo, entrando. Sarada se acurrucó nuevamente contra su tío y por la mirada que le dedicó, tardaría un buen rato en perdonarle que hubiera empotrado a su tío contra el vehículo.
Maldiciendo, miró por la ventana.
Se sentía tan helado como aquella condenada noche cuando salió de su casa para buscar lo necesario para aquel bebé.
n/a
Muchas gracias por esos rw, que han sido lo que me han animado a continuar esta historia nwn. Me alegra mucho si consigo que es os llame la atención y espero, disfrutar.
Aquí vemos la versión de Sasuke y sabemos un poco más de cómo se sintió él y cómo terminó la pequeña con ellos dos.
Nota importante: Quería comentaros que estoy haciendo videos acerca de Fanfiction, de los fics, etc. Y tenía pensado responder los rw también por medio de un video. Quisiera saber vuestra opinión acerca de esto nwn.
¡Gracias por leer!
