¡Continuación!
¡Gracias por rw!
ºMadre olvidadaº
Capítulo tercero
Hilos
Hasta el ser más bondadoso tiene algo de oscuridad
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Sakura sentía unas terribles ganas de vomitar. Por más que la adorable Hinata insistiera en que se tomara algo para los nervios y para asentar el estómago, sentía que no podía entrar nada en su boca. Tan solo podía expulsar suspiros de impaciencia y rogar porque sus ojos no dejaran escapar las ganas de llorar que sentía.
¿Cómo demonios había llegado todo de golpe?
Ella estaba desfilando, ajena a los visitantes. Y, especialmente, ajena a que su jefe fuera amigo de esa persona.
Cuando le vio sintió miedo y desconfianza. Para finalmente, comprobar que sus temores eran ciertos. Sabía que cualquier día todo iba a regresar, que la realidad le iba a golpear como una bofetada en toda la boca.
Pero no esperaba que fueran ellos quien trajeran la desgracia, si no su pequeña.
Oh, Dios, es… hermosa.
Se dejó caer sobre el sofá del piso que Hinata y ella compartían en la ciudad. Un pequeño alquiler mientras durara su estancia ahí trabajando. Luego cada una tomaría rumbo hacia sus casas para disfrutar un tiempo de vacaciones que ella simplemente empleaba para gimnasio y ponerse un poco al día. Prefería estar ocupada. Cuanto más mejor. La idea era caer muerta en la cama hasta el día siguiente, antes de que los recuerdos la abrumaran.
Pero algo dentro de ella le decía que su temporada de vacaciones iba a irse al traste. Especialmente, con aquel hombre interesada en… ¿en su trabajo o en su vida personal? Porque esa visita fue claramente adrede. Ese sujeto quería restregarle lo que años atrás abandonó.
Se mordió la uña del pulgar, inquieta.
—Sakura-chan, no será para tanto. Solo es una entrevista de trabajo normal y corriente. Una gran oportunidad. Mira.
Hinata puso frente a ella una de las tantas revistas que adoraba coleccionar. Especialmente, desde que el modelo Naruto Uzumaki empezó a aparecer en ellas. Pero no era un artículo del rubio hombre lo que estaba señalando, si no otro muy diferente. En una fotografía aparecía una modelo bellísima, pero quizás no era tan hermosa como la joya que lucía en su cuello, o la de su muñeca, hasta sus pendientes.
Por ninguna parte estaba el nombre de la modelo. Pero en grandes letras, remarcado, sí el nombre del creador.
Itachi Uchiha.
Uchiha.
Solo podía atar cabos y el resultado era horrendo.
—Hace cosas preciosas— suspiró su compañera con anhelo al pasar la página—. Hasta para hombres.
Sakura bajó los ojos hacia la revista de nuevo. En la siguiente página, Naruto Uzumaki mostraba parte de sus encantos masculinos para que resaltaran las preciosas pulseras de hombre que llevaba. Aunque para alguien como Hinata, no es que fuera interesante la bisutería ahí y Sakura debía de concederle el hecho de que ese hombre era despampanante.
Aunque ella no tuviera tiempo para hombres y especialmente, no quisiera ninguno más en su vida.
Sintió envidia de Hinata. Era libre de amar a quien quisiera y sin embargo, demasiado tímida para expresarlo con la misma facilidad que muchas otras mujeres. Aunque solo necesitaras abrir la puerta de su dormitorio y ver los enormes posters que cubrían las paredes de su habitación. Alguno que otro, gracias a la influencia de Sakura con muchos de sus representantes.
—Desde luego, su arte es increíble, Hinata— concedió cuando esta la miraba ya con el ceño fruncido—. Pero no es eso lo que me preocupa exactamente. Ese hombre… Estoy segura de que ese hombre ha venido a hacerme daño. A remover algo que no me gustaría que saliera a la luz. Ni siquiera para ti.
Hinata la miró con aquellos preciosos ojos que parecían nunca abarcar maldad. Casi se sintió sucia mientras le correspondía con firmeza la mirada. No deseaba que ella nunca se enterase de su pasado. No por ocultarlo para protegerse, si no porque Hinata era tan pura que no valía la pena corromperla con algo así.
El reloj marcó las ocho y punto y Sakura tuvo que hacer un esfuerzo por no esconderse aún más en el sofá y levantarse.
Se había puesto un vestido rojo estrecho y unos zapatos de marca. El cabello suelto cayendo en ondas sobre sus hombros y en pico en su espalda. Hinata se había encargado de su rostro y estaba segura de que resplandecía. Pero por más coraza que llevara, estaba muerta de miedo.
—Bien, me voy— avisó.
Hinata apareció tras ella, cruzando los dedos en la puerta mientras terminaba de recoger su pequeño bolso y metía las llaves.
—Mucha mierda, Sakura.
Sakura la miró por un instante, sonriendo fingidamente.
Si Hinata supiera que realmente iba a su propio matadero… no la miraría de aquel modo.
(..)
Muchas cosas habían cambiado con la llegada de la pequeña a sus vidas. Sasuke siempre creía que era él quien había tenido que cargar con la mayor responsabilidad, pero no era así. Itachi también modificó muchos aspectos de su vida.
Trabajar en su casa se volvió imposible las noches en que Sarada era imposible de calmar. Los cuidados de la pequeña amenazaron con tener que empezar a trabajar más. Los gastos aumentaron y aunque eran compartidos, era importante asegurar su futuro. Además, Itachi se concentró tanto en crear una colección especialmente para su sobrina que enfocarse en ello le costó tener que buscarse un lugar para poder trabajar. Además, los trabajos no cesaban de llegar, cosa que era fructífera, especialmente, cuando lanzó su cadena para hombres.
Había comprado un edificio en una de las partes más concurridas de la ciudad. Las vistas eran increíbles y gracias a los magníficos trabajadores, la insonorización iba de maravilla. Tuvo que buscarse hasta una secretaria.
Era un buen lugar. Y no quedaba lejos del todo de su pequeño y viejo hogar, aunque tuviera que ir siempre en coche.
Además, Sarada estaba por empezar el colegio y habían buscado un lugar cercano a su oficina para que ella pudiera regresar directamente ahí hasta que ambos regresaran a casa. Con Sasuke viajando cada dos por tres, la niña se había hecho más a él que su verdadero padre.
Aún así, la pequeña era todo ojos para su progenitor, aunque este no cesara de gruñir y alegar que eso no era así. Quizás debido al comportamiento a veces frio de Sasuke con ella, la pequeña fue a él a quien se le confesó en sus temores.
Todavía recordaba aquellos grandes ojos negros que le miraron como si él lo tuviera que saber todo de la vida.
¿Yo no tengo mamá como los demás niños?, había preguntado. Itachi sintió como se le retorcía el estómago.
Por supuesto que la tienes, Sarada. Todos tenemos una madre, le respondió mientras la sentaba sobre sus rodillas. A la pequeña le encantaba sentarse sobre estas y mirar hacia la ciudad, con la nariz pegada al cristal. Pero en esa ocasión, le había mirado a él con sumo énfasis.
Entonces, ¿dónde está ella? ¿Por qué no está con papá? ¿Es que no me quiere?, las preguntas no cesaban y cada vez eran más dolorosas, hasta el punto de que algunas lágrimas escaparon de sus ojos.
Itachi había maldecido y se había prometido a sí mismo buscar a la madre que años atrás la había abandonado. Aunque años atrás se había negado rotundamente, ahora tenía que hacerlo por su pequeña niña.
A escondidas de Sasuke logró buscar la identidad de la susodicha, moviendo hilos allá y acá, aceptando favores que ya le debían o pidiendo unos. Pero la encontró. Y qué maravilloso que se moviera por un mundo en el que él podía encontrarla con facilidad. Y si quería, destruirla.
Se frotó los ojos con el pulgar y el índice justo cuando el interfono sonó. Su secretaria siempre probaba por ahí antes de entrar. La última vez que la pobre hizo un amago de entrar, se encontró con él midiendo las caderas de una de las tantas modelos y pensó lo que no era. Desde entonces, optaba por ese modo seguro, aunque fuera ella quien hacía pasar a sus visitas.
—Señor— habló su voz robótica—, Sakura Haruno acaba de llegar. ¿La hago pasar?
Itachi casi se relamió.
—Desde luego.
Le dio la espalda a la puerta, colocando las manos contra sus riñones, enlazadas. Esperó hasta que escuchó el sonido de la puerta y el cuchicheo de unas gracias. Después, el sonido leve de unos tacones sobre la moqueta. Se volvió lentamente y, si no fuera porque realmente no era un momento para sentirse de ese modo, hubiera puesto en marcha su instinto de intentar llevársela a la cama.
Probablemente, cuando Sasuke la conoció era una chiquilla del montón, pero en ese momento era una mujer de piernas largas, cuerpo esbelto y perfecto. Su lado de diseñador empezó a trabajar casi sin darse cuenta. Un precioso collar con una flor de Sakura resbalando por entre sus pechos. Dos pulseras en forma de cadenas, un cinturón que dejara colgar hacia su entre pierna un pequeño y redondo cascabel y pequeñas tobilleras que se ataran a sus dedos.
Esperaba que tuviera los pies bonitos.
Sus ojos eran verdes, duros. Demostraba su experiencia en el mundo de la moda. Casi sonrió. Solo casi. Porque él no estaba ahí para llevársela a la cama ni para diseñarle nada, aunque luego tomaría buena cuenta de esa fantástica inspiración.
—Por favor, tome asiento— invitó señalando dos pequeñas butacas a un lado de su despacho. Ella las observó ceñuda, pero caminó hasta ahí, meneando sus caderas—. ¿Una copa? — ofreció.
Porque él iba a empezar a necesitar una.
Sakura le miró con espanto.
—Son las nueve de la mañana, señor.
Itachi enarcó las cejas.
—Por supuesto.
Pero aún así, para sorpresa de la mujer, caminó hacia el despacho y presionó el interfono.
—Dos cafés, Konan. Con sacarina para nuestra invitada.
Sakura apretó los labios, desconcertada, pero aún así no perdió el talle. Continuó sentada recta, con las manos sobre su regazo, perfectamente cuidadas. Unas manos semejantes a las de Sarada. Pequeñas y con aquella ligera desviación en el lado derecho.
Se sentó frente a ella tras abrirse el botón de la camisa y cruzó masculinamente las piernas.
—Gracias por venir, Haruno— agradeció. Ella sintió, pero continuó mirándole con la misma frialdad ajena—. Creo que justo están empezando sus días de vacaciones.
—Empiezan en nada, sí. Pero eso no ha supuesto un problema para usted, señor.
—Itachi.
—¿Disculpe? — reaccionó enarcando una ceja.
—Prefiero que me llame así. Señor suena tan… anciano. Ni siquiera soy padre para recibir tal grado de respeto.
Los hombros de la mujer se tensaron y la parte de su mandíbula tomó un rictus interesante. Un pequeño hoyuelo muy débil se formó en la comisura.
—Pero no es mi estatus lo que hemos venido a hablar. Si no de trabajo.
Aquello pareció relajarla levemente mas no cedió en sus barreras. Estaba siendo algo divertido.
—Eso creo que fue lo que comentó junto a Sasori… Itachi.
Cabeceó afirmativamente, agradeciendo que prestara atención a su nombre. Aunque por un instante se arrepintió de no hacerle pronunciar su apellido. Hubiera disfrutado mucho notando el tono. Porque seguramente le costaría pronunciarlo.
—Supongo que habrá visto mucho de mis trabajos.
—No existe nada más llamativo en una revista que sus anuncios— expresó con cierto desdén—. Conozco bien el problema con las modelos. De ahí que también me negara a trabajar con usted.
Itachi estaba a punto de abrir la boca cuando Konan apareció. Llevaba una bandeja con dos tazas humeantes de maravilloso café que iba a agradecer mucho. Se inclinó para colocarlo sobre la mesa y acto seguido, con su siempre mutismo, salió.
Itachi volvió a enfocarse en la conversación mientras tomaba su café en una mano tras comprobar el calor y lo probaba.
—¿Por qué esas duras palabras, Haruno? ¿Acaso existen rumores extraños acerca de mí y mi marca?
Sakura se inclinó para echar azúcar a su propio café. Desde su puesto, pudo ver la forma de sus senos y el asomo de un sujetador blanco.
—¿Acaso no se fija en sus anuncios? — Le devolvió al pregunta. Itachi enarcó una ceja.
—¿Acaso cree que no lo hago?
Una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro femenino. Y fue encantador y dulce a la vez que le peligroso.
—Desde luego, pero temo que se fija en lo que le interesa. Aparte de Naruto Uzumaki, ¿qué otra modelo ha recibido la publicidad que se merece? — Cuando Itachi frunció el ceño, indicándole que no la entendía, ella continuó—. En el mismo número que aparece el primer anuncio de ese chico, en la página anterior, sale una modelo guapísima que casualmente es conocida mía.
—¿Y cuál es su nombre?
—Tenten. Es su nombre de artista. Usted ni siquiera lo publicó. Lleva su colección… ¿cómo la llamó? — Movió los dedos mientras intentaba recordar. O simplemente fingía—. Ah, sí. "Peligro mundano".
—Oh— murmuró contra la taza de café.
Sí, la recordaba. Aquella modelo había llegado respaldada por un representante la mar de molesto como inquieto. Quizás fue por eso que quiso asegurarse que no tuviera nada más que ver con ella en el futuro. Él había creado las piezas y le gustó la chica. Pero ni siquiera recordaba su nombre hoy día.
Como solía gustarle decir: Era del tipo de bellezas que recuerdas como un sueño al que quieres aferrarte. Nula.
—Lo recuerdo. Pero fue más bien un error de la editora, no mío. Ah, y de su representante. ¿Quién es su representante, por cierto? No he tenido el gusto de conocerlo.
Sakura suspiró, como si esa distracción se la hubiera esperado.
—Kakashi Hatake— respondió. Itachi pareció confuso.
—¿Acaso no es ese el mismo representante de Naruto Uzumaki?
Sakura dio un pequeño sorbo al café, asintiendo.
—Es decir, habéis salido de la misma academia.
—No— reconoció la mujer—. Fui cazada.
Y Itachi comprendió. Ser cazada era haber sido descubierta por un busca talentos de los buenos. No uno que iba a terminar llevándote a un motel para disfrutar de tus encantos y finalmente, convertirte en nada. La muy condenada tuvo suerte.
—¿Fue Kakashi? — se interesó. Ella negó.
—A Kakashi me lo asignaron poco después de que mi descubridor fuera enviado a otra ciudad.
—Lo quitaron del medio.
—¿Disculpe?
Itachi sacudió una mano para descartar su comentario. Dejó su propia taza de café y se echó hacia delante, subiéndose las perneras de los pantalones y uniendo sus manos bajo su barbilla.
—Trabajará para mí, Haruno.
Más que una petición era una orden y por el modo en que le devolvió la mirada y dejó la taza en la mesa, supo que ella le había comprendido a la perfección.
—¿Por qué debería de hacerlo? Es mi tiempo libre.
—Le pagaré.
—Ese no es el problema— remugó ella—. Las modelos necesitamos descanso, aunque parezca que no.
—Desde luego, pero es algo que me tiene sin cuidado. Usted trabajará conmigo y si sabe lo que le conviene, no me lo negará.
La mujer palideció y abrió la boca para protestar. Itachi se echó más hacia delante.
—Aquí, entre nos, no querrá que liberé todas mis cartas, ¿verdad? No creo que quiera perder todo por lo que ha luchado en esas pasarelas. Porque puedo hacerlo. Oh, vaya si puedo.
Sakura se puso en pie, con la barbilla en alto y la mirada fría clavada en él.
—Es usted despreciable— escupió aferrando su bolso y dándole una atractiva vista de su redondo trasero—. Realmente despreciable.
Itachi se levantó y mientras se abrochaba la chaqueta, caminó hacia la puerta.
—Despreciable o no, usted lo hará. La espero el Lunes aquí. A eso de las doce. Ah, ya avisaré yo a su representante.
Y mientras la mujer salía con la mandíbula apretada, Itachi se sintió triunfal, en el comienzo al camino de la venganza.
Su sobrina era su mayor tesoro.
(..)
Sakura estaba tan furiosa que cuando entró el ascensor lo primero que hizo fue patearlo. Le dolieron los dedos del pie y estaba segura de que Hinata la mataría por dañar tal joya en zapatos, pero para lo que no estaba preparada era para encontrarse con su reflejo en el espejo.
Tenía ojeras y los labios pálidos, sin embargo, las mejillas le ardían y tenía deseos de llorar. Aquello había sido puramente diversión para él, mientras que para ella eran como puñales clavándosele en el pecho.
El ascensor tintineó cuando llegó abajo del todo y salió casi corriendo del edificio mientras buscaba en su bolso el móvil y marcaba. Levantó una mano para pedir al taxista que esperase un momento más.
—Kakashi— nombró una vez descolgaron—. ¿Dónde estas? Necesitamos hablar. Ahora—. Una contestación llegó desde el otro lado de la línea y asintió subiéndose al vehículo—. No se te ocurra aceptar la oferta de Itachi Uchiha— advirtió—. No. Mierda, no.
Colgó, echando la cabeza hacia atrás mientras el coche arrancaba.
Ese condenado hombre se había adelantado a todos sus planes.
Media hora más tarde, entraba en un bar privado y de aspecto lujoso, tanto en decoración como sus elevados precios. Saludó al portero, el joven Kiba Inuzuka que conoció gracias a Hinata al compartir una amistad de infancia y el que parecía, de vez en cuando babear por su adorable estilista sin conseguir absolutamente nada.
Probablemente, si Hinata no fuera su amiga y si no fuera porque el dueño era su mismo mánager, jamás sería capaz si quiera de tomar una copa en ese estiloso bar.
Entró tras las cortinas que indicaban la intimidad del staff y abrió la primera puerta sin llamar. Kakashi estaba sentado en el quicio de la mesa, observando con ceño los papeles desperdigados.
La primera vez que Sakura lo vio, pensó que no iba a ser un mánager realmente fructífero y que todo iba a ser un desastre. Sin embargo, pese a ese gesto de descuidado de su rostro, siempre cubierto por un pañuelo, era más serio y responsable de lo que parecía. Aunque siempre tuviera una sonrisa boba para los problemas.
Incluso pensó que era un viejo pervertido debido a sus cabellos blancos, pero tras ver unas fotos, pudo comprobar que era algo de familia. Heredado de su difunto padre.
—Ah, Sakura— saludó al verla entrar—. Bienvenida. Hacía tiempo que no te veía.
—Porque me dejaste fija trabajando con Sasori. Pero el muy desgraciado me ha vendido a Uchiha Itachi.
Kakashi enarcó las cejas.
—Venga, no te quejes. Sasori es mejor que Deidara. Ya sabes lo que el susodicho les hace a sus modelos.
Sakura no pudo más que darle la razón ante eso. Deidara era conocido y temido en el mundo del arte y todas las modelos temblaban cuando tenían que posar para alguno de sus anuncios. Era del tipo retorcido que miraba hasta que la arruga entre las piernas de una mujer fuera como a él le gustaba.
De tan solo pensarlo, se estremecía.
Sasori era severo, pero si sabías ganártelo, tenía sus ventajas.
—En eso estoy de acuerdo. No obstante, Kakashi. ¡Itachi Uchiha es un demonio! No quiero trabajar para él.
Kakashi la observó con interés mientras dejaba el bolso sobre el escritorio y se sentaba en la silla tras el escritorio, cruzando las piernas y extendiendo los brazos. Su mánager parecía sumamente sorprendido.
—¿Qué no quieres trabajar? ¿Tú? ¿La que se quejaba por tener vacaciones?
Sakura bufó.
Kakashi desconocía que sus deseos de trabajar eran para mantener la burbuja y que esta nunca explotara. Pero en esos momentos, el trabajo provocaría que todo el esfuerzo se fuera al traste. Y todo aquel dichoso problema lo traía Itachi Uchiha.
—Quiero descansar. No he descansado nunca, ¿verdad? Me lo merezco.
Kakashi suspiró y negó con la cabeza.
—No puede ser. Ya te advertí en su día que aceptaras los días de vacaciones porque más tarde te arrepentirías—. Cruzó los brazos sobre el pecho y enarcó una ceja—. ¿Tienes idea de lo importante que es trabajar con Itachi? Naruto Uzumaki, mi otro chico, lo ha hecho. Y cobró un buen pastizal por ello, además de acrecentar su fama.
Sakura estuvo a punto de reírse. Naruto Uzumaki no aumentó su fama gracias a Itachi Uchiha. La agrandó gracias a sus tremendos ojos azules y su cuerpo de infarto. Nada más salir su primer book no tardaron en lloverle las ofertas. Itachi solo fue un pequeño salto. Si Kakashi se fijara más en la fama entre las personas normales que en las estadísticas sacadas de las ventas de revistas, sería más feliz.
—¿Y por eso he de aceptarlo? ¿Por dinero? — cuestionó. Sabía de sobras que Kakashi se llevaba un buen porcentaje, pero no creía que fuera tanto como para intentar persuadirla.
Kakashi negó.
—Ambos sabemos que no es por eso, Sakura.
La joven modelo se llevó las manos a las sienes, frotándose el lugar del dolor con el índice y el corazón.
—¿Qué es lo que ha pedido? — inquirió.
—Que seas su nuevo modelo para su marca.
Sakura abrió los ojos de par en par, incrédula.
—Espera. Eso… significa…
—Que dejarás a Sasori, sí.
Sakura se frotó el rostro, sin importarle el maquillaje si quiera.
—¿Se lo has dicho? — Dudaba que Sasori dejara ir a una de sus modelos a la que tanto le había costado enseñar como si nada.
—Él mismo me lo dijo anoche— explicó Kakashi—. Me llamó al móvil y me comentó que había vendido tu contrato a Itachi Uchiha. Al parecer le debe unos cuantos favores. Muy gordos. No especifico.
Sakura gimió en protesta.
—¿Puede hacer eso? — gruñó alargando las palabras—. Es ilegal.
—Lo es cuando no eres un tipo tan importante como él. Que viva en una casa destartalada no quiere decir que no tenga dinero y sea importante. Mucha gente le debe… favores.
Sakura frunció el ceño.
—Hasta alguien como tú— sopesó y luego bufó echándose los cabellos hacia atrás—. Con razón. Me habéis venido como si fuera un objeto y encima, como tú has firmado, no puedo negarme.
—No debería de sorprenderte tanto, Sakura— regañó Kakashi apilando las hojas que había sobre la mesa, resultando ser facturas que, casualmente, estaban todas recién pagadas—. Sabes, desde que entraste en este mundo, que las modelos sois vendidas como trozos de carne. Agradece que tú has tenido un camino de rosas. No tuviste que prostituirte como muchas otras.
Sakura se cubrió el rostro una vez más, apretando los labios.
No, no me prostituí. Porque mi maldito cuerpo no sirve ni para eso.
¿Qué hombre querría acostarse con una mujer como ella? Era despreciable.
—Mierda— masculló—. ¿Qué pasará con Hinata? Sigo queriéndola como mi estilista.
Kakashi asintió.
—Eso me imaginé. No se opuso. Aunque dijo que él posee maquilladores y estilistas mejores.
La miró concienzudamente.
—¿Eres consciente de que vas a tener que desnudarte más que nunca? Es del tipo que le gusta que sus joyas se muestren encima de la carne.
Sakura lo fulminó con la mirada, levantándose y aferrando el bolso con desdén.
—¿Y de quién es la culpa que suceda esto, don debo favores? — ladró, saliendo y dando un buen portazo.
Repentinamente sentía que nunca en su vida iba a llevar las riendas de su destino.
(…)
Cuando el timbre sonó estaba recién saliendo de la ducha, con la toalla religada en las caderas y otra en su cabeza. Abrió la puerta sin mirar si quiera quien era y casi fue atropellado cuando él entró.
—Tsk, teme.
El rubio de ojos azules clavó la mirada en él, frunciendo la nariz en un acto que probablemente a una mujer le habría encantado. Sostenía en sus manos una revista y de su bolsillo colgaba unas gafas de sol con intenciones, en vano, de ocultar su identidad.
—¡Dobe, ya salió! — Abrió la revista para mostrarle el anuncio en el que aparecía llevando las joyas que su hermano había creado, ahora para hombres, todo emocionado.
Sasuke ni siquiera lo miró y pasó por delante de él.
—Bien por ti— dijo tan solo mientras buscaba algo fresco que beber.
Naruto Uzumaki se repantingó en su sofá, poniendo los pies sobre la mesita de cristal, cosa que ni siquiera le permitía a su hija, mientras sonreía como un estúpido observando su propia foto en la dichosa revista.
Le había conocido tres años atrás, en una reunión con unos importantes clientes. El rubio era un conocido que había acudido con ellos y buscaba algo más de fama. O quizás simplemente es que era lo que ya poseía. El caso es que no tardó en llamar la atención de algún modo, de colarse en la conversación y desde entonces, de convertirse, de algún modo, en su colega con derecho a todo lo que quisiera de su casa y, especialmente, joderle la vida.
Su hermano había quedado prendado de él cuandito que lo vio, alegando cosas que Sasuke no veía en el rubio, hasta el punto de que le inspiró en crear la nueva colección para hombres y usarlo de modelo, por supuesto, lanzando su carrera. Aunque Naruto ya había comenzado sus pinitos y era famoso.
Que él no se fijara en el culto masculino no era su culpa.
Además, Itachi ya tenía treinta y un años. Que hiciera lo que le diera en gana con sus relaciones amorosas. Si prefería llevarse a rubios cañones a la cama en vez de a tías hechas y derechas, era cosa suya.
Abría una lata de refresco cuando dejó caer otra revista sobre la mesita.
—¿Has visto esto? — cuestionó el rubio señalando un anuncio—. Esta revista ha salido hace cosa de dos horas y las están hasta regalando por esta noticia.
—¿Eh? — Se acercó a la mesa.
En un rápido artículo, Sasori, el sujeto al que fueron ayer a ver su desfile engañado, comunicaba a la prensa la nueva adquisición tras que su, palabras textuales, "Bella flor del cerezo", decidiera volar a un mundo mejor como se merecía bajo la tutela de Itachi Uchiha, el afamado creador de joyas tan caras como las que llevaba cualquier adonis famoso de ese mundo al que a él no le importaba.
Presentaba a su nueva modelo, una tal Temari, hermana del representante de las industrias Arena S.A.
En un rincón pequeño del artículo, aparecía una fotografía de Sakura. Solo su rostro, en una pose divertida, sacando la lengua a la cámara mientras, probablemente tras las cámaras, algún ventilador correctamente colocado, movía sus cabellos.
Dejó caer la revista con desgana sobre la mesa tras golpearle los pies para que los quitara sobre la mesa y le dio la espalda.
Naruto los quito solo hasta que le dio la espalda, volviendo a ponerlos una vez atrapó la revista.
—La chica está de muy buen ver. Y al parecer, su mánager es el mismo que el mío. Quizás trabajemos juntos. No estaría mal— canturreo. Luego se asomó al dormitorio justo cuando se subía los pantalones—. Oye, teme, ¿Por qué no vamos a algún sitio a por mujeres?
Sasuke le miró por encima del hombro, subiéndose la cremallera.
—No— negó rotundamente. No quería volver a estar entre las piernas de una mujer hasta que estuviera seguro que su maldita cosa no las dejaba preñada. Además, no tenía muchas ganas de sexo en esos momentos.
Naruto chasqueó la lengua, cruzándose de brazos y apoyándose contra la pared del pasillo, dándole intimidad. Sasuke se puso la camisa a regañadientes.
—Teme, voy a preguntarlo y, que conste que no es porque des esa imagen, pero— continuó el Uzumaki con claro sarcasmo en la voz—. ¿Eres gay?
Sasuke dejó caer su reloj, maldiciendo entre dientes porque no era un Lotus de los baratos precisamente. Lo recogió y tras asegurarse de que todavía funcionaba, le dedicó una mirada completamente furiosa al pasillo donde asomaban unos pocos cabellos rubios y parte del hombro del Uzumaki.
—Sé que tienes una hija, pero… ¿Y su madre? ¿Por qué no estás con ella?
Salió al pasillo gruñendo una palabrota, asomándose lo suficiente para que sus caras se vieran. Naruto parpadeó, como el preguntón bocazas que estaba siendo.
—Muerta. Su madre está muerta.
Porque así es como preferiría que estuviera antes de que Sarada o el resto del mundo conociera quién era ella.
Continuará...
