Las Crónicas del Campamento Mestizo, fue escrito por Rick Riordan.

Ante la revelación de que Annabeth era una traidora, Hefesto presionó un botón rojo, en su trono, y desde varios tronos, salieron cuerdas y un par de redes, para asombro de los dioses, mientras veían a la hija de Atenea, quedar atada y ser capturada por la red, y amordazada. Poseidón tomó el libro. —22: "Odio a los Toros"

Había pasado el año pasado, visitando a papá Poseidón, a mamá Anfitrite, quienes me entrenaron en el uso del Tridente y de mis habilidades de Hidroquinesis.

Los dioses sonrieron con tristeza, pues no solían visitar mucho, a sus hijos. Y los hijos del Dios del Mar, eran algunos de los más afortunados, pues el Campamento quedaba junto al mar, así que podrían visitarlo, cuando ellos quisieran.

Me estuve entrenando en otras cosas, en otras artes, fuera del combate, y el control del agua y de la tierra. Estuve aprendiendo de mamá Anfitrite, y visitábamos a Atenea o a Artemisa, cuando mamá Anfitrite, decidía ir a verlas.

Luego de mucha insistencia, logramos que lady Artemisa, me enseñara Tiro con Arco y las nociones más básicas de la cacería y del rastreo. Gracias a papá Poseidón, aprendí a leer a las personas, y sabía que yo le había caído muy bien a lady Artemisa, aunque ella no lo dijera en voz alta.

Artemisa se encogió de hombros. —No eres un chico, ni tengo una discusión con tu padre desde hace tres mil años, como otras —añadió, mirando a Atenea, quien quizás jamás le perdonaría a Poseidón, el haberle hecho el amor a Medusa, en su templo... o quizás, sí se lo estaría perdonando.

La primera vez que recibí un abrazo de una de las Cazadoras, esta se llamaba Celyn, y dijo ser hija de papá Poseidón, cosa que me hizo sonreír. Ella me comenzó a entrenar, quedando extasiada, ante mi habilidad con el arco. Allí, descubrió mi habilidad para aprender habilidades, casi con solo verlas, cosa que la emocionó.

Arco con Celyn en las mañanas, y entrenamiento de cuchillo de caza con Artemisa.

Finalmente, me despedí de ellas y regresé al Campamento, pero las Cazadoras me acompañaron. Llegamos justo un día antes de que ocurriera: Dos toros gigantes de bronce celestial, atacaron el Campamento, y tuvimos que defenderlo, teniendo el auxilio de las Cazadoras y de Lady Artemisa.

—Qué suerte que llegaran al Campamento, o quizás no la contaríamos —dijo una sonriente Nyssa Barrera, muchos asintieron.

Cuando uno de los Toros fue hacía Clarisse, Celyn y yo utilizamos nuestra Geoquinesis, haciendo que uno de los toros cayera al suelo, momento aprovechado por Clarisse y por mí, para enterrar su lanza y mi tridente, entre las esquilas de bronce de uno de los Autómatas.

¡OLA! —Gritamos Celyn y yo, haciendo que una ola, el doble de grande apareciera, arrastrara al otro toro, y se lo llevara, al fondo del mar, hacía la Fosa de las Marianas, para que la presión del agua, se encargara de él, y luego trajera las piezas de metal. Pues incluso el metal oxidado, era empleado de formas misteriosas, por los hijos de Hefesto.

—Muy buen trabajo en equipo —nos dijeron Ares y Atenea, felices de que el Campamento siguiera en pie.

Lo vi antes que las cazadoras, y sigo sin entender cómo. Simplemente me giré, y lady Artemisa tenía un Sabueso del Infierno, a punto de matarla. Corrí tan rápido como pude, haciendo parecer que cargaba hacía ella, y lanzaba una estocada. — ¡Anfitrite Titán! —el perro chilló, y las Cazadoras se giraron, para ver como tenía al sabueso empalado, haciendo sonreir a lady Artemisa.

Supongo que ahora, te debo la vida, Penélope Jackson —dijo Artemisa sonriente.