Ahg, no he tenido mucho tiempo de escribir porque he andado con problemas estos dias..
ºMadre olvidadaº
Capítulo quinto
Gafas
Nunca serás lo que los demás crean que eres.
Con la llega de Karin. Sarada estaba hecha todo un terremoto. No paraba quieta. Quería ir y venir de una casa a otra, de exigir que le permitieran ir con ella de compras y hasta había empezado a tener la absurda idea de que podría ser su madre.
Sasuke lo encontraba irritante.
No había tenido esa conversación con Sarada y temía el día en que llegara. Porque él no era el tipo de hombre que podría decirla a su hija una mentira que a la larga descubriría o hablar bien de su madre.
Si habría la boca pensado en ella, lo que menos saldría eran palabras dulces.
Todavía no podía quitarse de la cabeza la vez que la vieron tras tanto tiempo. Pisando con fuerza el escenario. Atrayendo miradas. Lustrándose.
Revolviéndole las tripas de pura rabia.
—¿Papá?
Enarco una ceja y volvió al presente justo estaba a punto de soltar un taco demasiado feo como para hacerlo en presencia de Sarada. La niña había trepado por el sofá para poder presionar su mano contra su mejilla. Un acto que siempre hacía cuando quería que él le prestara toda su atención.
Pese a que se consideraba muchas veces frio con ella y Sarada era más de Itachi, la niña siempre buscaba el método de llamar su atención de una forma entrañable que calentaba su corazón. Sin embargo, él nunca sabría cómo expresar del todo su amor por ella.
El recuerdo de su madre siempre lo empañaba. Si tan solo pudiera olvidarla… pero así como Sarada había heredado su aspecto físico, tenía gestos, algunas maneras o hasta forma de hablar que le recordaba a ella.
—¿Qué has dicho? —cuestionó quitándose las gafas que usaba cuando trabajaba.
—Quiero ir hoy a comprar las gafas con la tía Karin. ¿Podrás acompañarnos?
Sasuke se apretó el puente de la nariz con los dedos. Si había aprendido algo durante ese tiempo es que si no quería tener que escuchar a su hermano, lo mejor era conceder ciertos deseos a Sarada. Y con lo que les estaba costando conseguir que encontrara unas gafas que llevar a todas horas, —porque las necesitaba—, y no solo cuando estuviera con ellos en casa, negarse sería volver atrás y tener que comenzar de nuevo.
—Os acompañaré.
—¡Bien!
Sarada levantó los brazos a la par y sonrió. Esa sonrisa torcida que no era de él y tampoco de Itachi.
Sasuke desvió la mirada de nuevo a los papeles y volvió a pasarse las gafas por la nariz hasta encajarlas.
—Saldremos cuando llegue ella —avisó.
Sarada asintió, cogió su móvil y marcó rápidamente. Sasuke pudo escuchar la alegre conversación entre ambas y al depositar el móvil sobre la mesa de nuevo junto a él, Sarada se sentó a su lado para pegar su mejilla contra su hombro.
El timbre de la casa resonó cinco minutos después. Pese a la ansiedad, Sarada esperó a que él abriera para encontrarse con Naruto. El gesto de la niña cambió rápidamente de disgusto a sorpresa y no tardó en treparle por la pierna hasta engancharse a su cuello, depositando un beso en sus labios.
Naruto rio como tonto y la sujetó, entrando más en la casa.
—¿Qué haces aquí? —gruñó al ver la muestra de cariño.
—Ah. Venía a buscarte para ir a tomar algo. Pero veo que hoy tienes una dama aquí contigo y que será cosa de zumos y batido de chocolate —bromeó.
Sasuke negó.
—He de ir al centro comercial a por las gafas de Sarada —desechó—. Karin se encarga de ello.
Naruto hizo un gesto raro con la nariz ante el nombre.
—Ah. Mi prima.
—Sí.
Dejó a la niña en el suelo y la escuchó parlotear a cuenta de lo increíble que era Karin. La manera de demostrar que unas gafas podían ser hermosas en cualquier mujer y que no era un desprecio llevarlas fuera de su casa. Naruto la escuchaba hablar y asentía, hasta fingía perfectamente una cara de sorpresa cuando era necesario.
Quizás ese hombre era mejor padre que él.
Se frotó los cabellos y bostezó. Aprovechó que Naruto tenía entretenida a Sarada para darse una ducha y cuando salió, Karin ya estaba en la casa, conversando algo con su primo mientras la niña estaba sentada entre sus piernas. Al verle, sus ojos brillaron con ese brillo característico que las mujeres siempre mostraban hacia él.
Tan desagradable…
Mientras que Naruto no cesaba de perseguir el culo de cualquier mujer que se le pusiera por delante, él estaba harto de ellas. Si lo pensaba detenidamente, solo había una en el mundo por la que querría matar o hasta poner el culo. Y estaba sentada entre las piernas de Karin Uzumaki.
—Te lo digo en serio, Karin. Las joyas masculinas que hace Itachi son más pesadas que las femeninas, así que tienen que valer el doble.
Cuando entró, Karin levantó la cabeza hacia él con un gesto de "ayúdame, por favor". Naruto era un pesado cuando quería serlo.
—¿Nos vamos? —curioseó Sarada al verle meterse la cartera en el pantalón.
—Nos vamos —confirmó.
Sarada se puso en pie de un salto y le extendió la mano. Sasuke la aceptó para salir, seguido por Karin y Naruto, quien al parecer decidió apuntarse.
—Yo os llevo —ofreció caminando a grandes pasos que sus largas piernas le permitían—. Entrad.
Sasuke no tenía ganas de conducir, así que aceptó. Karin y Sarada ocuparon la parte trasera, mientras ambos hombres con sus largas piernas se colocaron al volante y en el asiento del copiloto. Mientras Karin se dedicaba a entretener el viaje para Sarada y de fondo se escuchaba alguna absurda canción, Sasuke notó que su dolor de cabeza aumentaba.
Cuando llegaron al centro comercial tenía ganas de volverse hacia atrás y regresar a su casa. Pasar el día libre que esperaba para adelantar trabajo y dormir en un centro comercial donde la gente estaba abarrotada, era la peor idea.
Pero cuando sintió la mano de su hija colarse por su manaza, lo sopesó.
—¿Dónde está esa tienda? —cuestionó.
—En la tercera planta —respondió Karin colocándose al otro lado de Sarada.
La niña la cogió de la mano y saltó, sosteniéndose de ambos mientras reía.
Naruto se quedó un instante tras ellos, pensativo.
—¿No vas a venir? —inquirió enarcando una ceja.
—Ah. Sí.
Los cuatro avanzaron hasta llegar a la tienda, teniendo que esquivar y negar diferentes situaciones. Una vez frente a la tienda, dejó que ambas mujeres se encargaran de todo. Sarada y Karin estaban inclinadas sobre un panel cuando Naruto se pegó a él.
—Me acabo de dar cuenta de una cosa, Teme.
Sasuke frunció el ceño.
—¿Qué?
—Tú y mi prima, podríais hacer buena pareja. Hace un momento, con Sarada aferrada a vuestras manos, casi parecíais una familia. Y estoy seguro de que Sarada adoraría eso, Dattebayo.
Sakuno lo miró como si acabara de decirle que fuera estaban lloviendo libros eróticos gratuitos para todos. Naruto sonrió de esa forma inocente cuando creía que sus palabras eran verídicas o que lo que pensaba podría ser cierto.
Un escalofrío le recorrió la espalda de solo pensarlo.
—No —negó rápidamente.
Naruto frunció el ceño.
—Oh, venga ya. Mi prima es una mujer hermosa —puntualizó.
Sasuke no se lo negaba. Karin era hermosa a su modo y aunque su carácter muchas veces le sacaba de quicio, cuando tenía la boca cerrada o estaba modelando, se demostraba que era una mujer atractiva que muchos hombres y mujeres querrían llevarse a la cama.
Él no.
—Y está colada por ti.
No necesitaba que se lo pidiera. Karin no había perdido la oportunidad de tirarle la caña todo el tiempo que pudiera. Incluso lo había invitado a cenar una y otra vez. Incluso le ofreció calentarle las sábanas cuando lo necesitara. Sasuke no había accedido ni una sola vez.
Y no era por esa mujer. Es que no quería ninguna.
Ya había tenido suficiente con una que le jodiera la vida.
—Ya encontrará a otro hombre —pronunció cuidadosamente.
Lo que menos quería en esos momentos era montar un escándalo porque Naruto sintiera que acabara de ofender a su prima despreciándola como mujer o posible esposa. Sin embargo, sus palabras parecieron causarle lo contrario. Se metió las manos en los bolsillos y asintió.
—Prefiero esas palabras que saber que juegas con ella.
Sasuke podía llegar a comprenderlo. Aunque él no tuviera más familia que Taichi, pensar que a la larga Sarada podría llegar a estar con un chico, le irritaba y cabreaba al mismo modo. Y si le sucediera lo mismo que le pasó a él… se estremecía de solo pensarlo. La única diferencia es que él no permitiría que su hija abandonara a su descendencia en una puerta a su suerte. Tampoco la obligaría a tenerlo y pagaría lo necesario para que se lo quitara si era su deseo.
Pero Sarada a simples luces se veía más lista que su madre. Pero él mejor que nadie sabía que la adolescencia era un completo caos. Las secuelas que habían quedado en él nunca se borrarían.
La niña sonrió cuando Karin colocó aquellas gafas de montura cuadrada sobre su nariz. Ambas miraron la imagen de su rostro sobre el espejo y asintieron a la par. Cuando los ojos de Sarada se posaron sobre él, Sasuke sabía que ya se había decidido.
Al mismo tiempo en que sacaba la cartera para pagar, descubrió que Naruto no estaba por ninguna parte de la tienda y lo último que vio de él fue que caminaba entre la gente para entrar en una tienda de ropa y chocarse con alguien.
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Otras de las tantas normas de Itachi era cambiar su estilo de vestir para sus reuniones y eventos. Si iba a ser su modelo no solo debía de serlo durante un lapsus de tiempo en que solo debía de lucir sus joyas. No. El señor también quería que fuera de un modo concreto vestida durante el resto del tiempo.
Eso había llevado a que ella y Hinata se corrieran todas las tiendas del centro comercial. Esta última se tomaba muy en serio el tema de vestirla adecuadamente y le había prometido que por su culpa, al menos, no sería que Itachi la gritase.
Sakura podía sentirse tranquila en ese tema. Hinata era perfecta en su trabajo. La timidez impedía que ella misma se diera cuenta de sus logros, pero Sakura estaba más que dispuesta a lucir cualquiera de sus trabajos.
Todavía recordaba la noche que, ambas en pijama y zapatillas de conejitos rosas miraban un concurso de moda de la televisión. Sakura se sorprendió con que Hinata soltara con enfado que un diseñador había asesinado un color. Para ella solo eran telas que ponerse y conjuntar a gusto. Para Hinata siempre eran algo más.
—¿Por qué no te haces diseñadora de modas en vez de vestirme a mí? Se te da de fábula la ropa y los zapatos. Estoy segura de que lo lograrías. Y no me importaría servirte de modelo. A ti todo te lo hago gratis.
Aunque Hinata mal interpretara su última frase en una broma, su negativa llegó junto a sonrojos y tartamudeos.
Sakura odiaba que no se quisiera más con tanto talento. Hinata tenía esa suerte. Había nacido con ese don. Donde otras personas tenían que esforzarse, ella lo hacía hasta con los ojos cerrados.
Por ello, se había descuidado demasiado y había dejado que su chica se distrajera demasiado con sus tareas hasta el punto de chocarse contra alguien. Y al ver quien era, no pudo evitar soltar un taco nada refinado.
Hinata se quedó rígida como un resorte. La cara comenzaba a teñírsele de un rojo intenso y estaba por dejar caer su parte de la compra.
—¿He hecho algo malo? —cuestionó Naruto Uzumaki ajeno al motivo de la que la muchacha estuviera en tremendo pánico.
—Has hecho demasiado —interrumpió cubriéndole los ojos a Hinata—. Tenemos que irnos.
—¿Eh? Pero si acabo de llegar. Vine porque te vi y quería hablar contigo.
—Pues yo no —zanjó. Lo primero que tenía que hacer era sacar a Hinata de ahí antes de que le diera un patatús, por Dios—. Adiós.
Hizo un amán de alejarlo, pero Naruto continuó ahí de pie, con el ceño fruncido. ¿Tanto le costaba captar las indirectas?
Sus ojos se desviaron de ella hacia Hinata, quien parecía ir recuperando un poco su tez normal mientras menos le viera.
—¿Se encuentra bien?
Sakura chasqueó la lengua.
—Solo tiene un ataque de ansiedad. Si le da el aire fresco estará mejor. Aparta.
No es que quisiera ser borde ni mucho menos. Pero Hinata realmente podía llegar a desmayarse. Ya lo había comprobado una vez que se tomaron un día de fiesta y fueron a una discoteca. Un chico la mar de guapo intentó ligársela. Hinata se bloqueó de tal modo que terminó desmayándose. Sakura temía que la cosa fuera a más si ese chico en cuestión era el dueño de la cara que aparecía en todos los posters que su amiga tenía colgado en todas las paredes de su dormitorio. ¡Por dios, si hasta guardaba carpetas con recortes de sus pasarelas y demás! No había nada de ese hombre que Hinata no conociera.
Bueno, sí; su tacto.
—Deja que te ayude.
Antes de que Sakura pudiera negarse el hombre actuó. Atrapó a Hinata entre sus brazos y comenzó a caminar. Sakura se las vio e ingenió para poder seguirle, en tacones, con sus bolsas y las de Hinata e intentando alcanzar las zancadas de Uzumaki.
Naruto se detuvo en el ascensor. Hinata apenas reaccionaba ya. Tenía las manos en el rostro y temblaba.
Cuando llegaron al tejado y salieron al aire fresco Hinata estaba desmayada en sus brazos. Jadeante, le dio con una bolsa en la cabeza a Naruto. Y ojala que sean los zapatos de tacón, maldijo cuando se quejó.
—¿Por qué diablos no me has hecho caso? —cuestionó buscando toallitas húmedas en su bolso—. Cabezón.
—Solo actué. Necesitaba aire. ¿Verdad?
—¿En serio crees que una persona con ansiedad y cerca a desmayarse solo necesita eso? El pánico quizás desaparezca quitando la raíz del problema. ¿Lo has pensado?
Naruto guiñó los ojos confuso mientras ella se encargaba de refrescar a Hinata. Sakura se mordió el labio inferior por sus palabras. Nunca había sido su intención delatar a su amiga de ese modo.
—Creí que el Teme era el único al que le molestaba el contacto físico.
Gracias a dios que le cuesta pillar las indirectas.
—No sé quién sea ese Teme que dices, pero no. A muchas otras personas las angustian hasta tal punto en que no pueden salir de sus casas. Para los que están acostumbrados a la aglomeración puede ser una tontería, pero es mucho más serio de lo que parece.
Naruto se frotó la barbilla, pensativo. Continuaba cruzado de piernas, soportando el peso de Hinata con cuidado de no moverse.
—Nunca pensé que realmente fuera tan delicado, Dattebayo. Pero ella es modelo. ¿Verdad? Porque es preciosa, así que no puedo verla en otro sitio que no sea modelando. ¿Cómo lo hace?
Sakura detuvo sus acciones para mirarle con sorpresa. Si Hinata escuchara esas palabras o fuera consciente de dónde estaba desmayada, seguro que gritaría para desmayarse de nuevo. O quizás explotaría de felicidad.
No supo si decir que Naruto Uzumaki era como el sol que a veces sentía que era al verlo o si realmente su inocencia era demasiado pura para el mundo al que pertenecían. Por un instante, se preguntó por qué no podría haberse fijado en un chico como él, hasta que el recuerdo le apretó el corazón y volvió a concentrarse en Hinata.
—¿Puedes marcharte?
Naruto pareció sorprendido.
—¿Qué?
—Déjanos a solas. Puedo seguir yo desde aquí. Estoy acostumbrada a esto, así que no tardará en despertar. No es como para necesitar asistencia médica, tranquilo.
Naruto pareció perplejo al principio. Luego un gesto de dolor cruzó su rostro para verse opacado por una enorme sonrisa.
—Entiendo. Entonces, volveré con los demás antes de que me busquen a diestro y siniestro.
Dejó con suma gentileza a Hinata en el suelo y luego se marchó.
Sakura se golpeó la frente y mordió el labio.
Desde luego, era experta hiriendo a los hombres. Una espléndida zorra que disfrutaba pisoteando los sentimientos ajenos.
Quizás por eso la había elegido Itachi. Y posiblemente, no se había equivocado en absoluto.
Hinata despertó unos minutos después, mirando a su alrededor con cierto pánico. Sakura le ofreció una botella de agua que siempre llevaba en el bolso y una pastilla. Hinata se las tomó lentamente, agradeciendo haber comido algo antes.
—Era…
—Sí —confirmó. Hinata se ruborizó.
—Lo hice de nuevo…
Sakura lo sopesó.
—Bueno, siempre dices que sueñas las diferentes formas en que te encontrarás con él. Pues, sorpresa.
Hinata suspiró y se abrazó a sí misma.
—Soy patética.
—No. Al menos él no lo cree así —aseguró.
Hinata la miró con sorpresa.
—¿Qué quieres decir?
Sakura sonrió.
—Dijo que eras como una modelo. Si un chico dice eso de una mujer, es que realmente le parece hermosa.
Una tímida sonrisa apareció en sus labios. Sakura le apartó unos mechones de cabello de su mejilla.
—Hinata… sabía que seto tarde o temprano pasaría. Que te chocarías con él en cualquier momento. Tenemos el mismo mánager y encima, Naruto Uzumaki también trabaja con Itachi. Era inevitable que nos encontráramos con él. Y Itachi es tan… cabrón, sí, que es capaz de hacerme trabajar con él.
Hinata se mostró confusa.
—Pero tú nunca has querido trabajar con otros modelos masculinos y eso que pagan más.
Sakura asintió y miró hacia el cielo como si fuera una pantalla de cine que mostrara su vida.
—No me gusta el contacto con los hombres, eso no es un misterio. Pero Itachi creo que ha llegado a este mundo para destruirme. No puedo contarte exactamente los detalles, pero sé que llegará a hacerlo. Cuandito que sepa esto de mí.
—Sakura… creo que deberías de parar con esto antes de que terminé en algo peor…
—No puedo. Kakashi ha firmado todo y me han tendido una trampa. Ahora escaparme es imposible. Quizás esto sea mi sino sin posibilidad de escape. Hasta ahora todo iba bien, me consentí más de lo que pensé, es hora de pagar.
Hinata la miró con ternura. Apoyó su mejilla contra su hombro.
—Sakura, tú siempre hablas como si hubieras hecho un terrible pecado para el mundo. Pero yo no lo veo así. Siempre eres buena conmigo. Me cuidas y proteges de todo aquello que pueda hacerme mal. Incluso te quedas conmigo cuando otra persona me hubiera dejado por imposible. Habrías permitido que la primera vez que me sucedió esto me violaran si fueras ese tipo de persona cruel que dices ser. Pero no fue así. Me protegiste. Te quedaste conmigo hasta que desperté justo igual que hoy.
Sakura apenas pudo dejar escapar el aliento.
—Mientras estaba entrando en shock te escuché hablar. Echarlo con la esperanza de que no pasara nada más grave. Te lo agradezco. Eres un sol.
Finalmente, soltó una amarga carcajada.
—No, Hinata. Tú eres el sol. Yo soy el higo podrido que nadie se comería. Las apariencias engañan. Es algo que ya deberías de saber. Tú te dedicas a embellecerme.
Hinata intentó el resto del tiempo que esperaron a que sus piernas respondieran animarla y hacerle ver que sus palabras no eran correctas ni ciertas. Una parte de Sakura se lo agradecía, la que era la niña asustada que se había quedado embarazada y se había visto sola contra el mundo. Pero la fría carcasa que había creado no.
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Naruto se reunió con Sasuke y las chicas en una cafetería. Sasuke lo miró con el cejo fruncido y Karin simplemente enarcó una ceja mientras limpiaba la boca de Sarada con una servilleta. Naruto pidió un zumo de melocotón como si de un niño pequeño se tratara. Realmente podía sentirse de ese modo si lo pensaba bien.
—¿Qué? —masculló Sasuke mirando su móvil.
Naruto enarcó una ceja sin comprender.
—¿Qué? —imitó.
—¿Te lo tengo que sacar con tenazas? —cuestionó Uchiha mirándole finalmente.
Naruto negó.
—Simplemente parece que no sirvo para muchas cosas.
Sasuke se encogió de hombros y Naruto hubiera preferido que le animara. ¿Por qué ese hombre era tan frío? Si se detenía a mirarlo fijamente, era hasta el punto en que mientras que su prima se encargaba de su hija, Sasuke no se había molestado en mirarla más de lo necesario.
No sabía demasiado del pasado de Sasuke y hasta ahora tampoco había preguntado. Pero algo tenía que haberlo hecho un ser tan desconsiderado, apartado y con esa mirada furiosa que enviaba a todas las mujeres posibles.
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Itachi estudió la fotografía que Sasuke le había enviado. Sarada aparecía en ella, sonriendo de par en par. Unas gafas nuevas y relucientes adornaban su rostro. Eran rojas y embellecían el color de sus ojos en vez de opacarlos.
En ese mismo instante, a Itachi le llegó la idea. Sacó varios folios del cajón y empezó a trazar las formas de una cadena. Debía de ser fina y juvenil. Algo que no tuviera problemas de lucirse frente a unos niños.
Cuando terminó los trazos, sonrió orgulloso y presionó el botón de intercomunicador.
—Konan, dile a Deidara que venga.
Unos minutos más tarde, un rubio bajito se adentró sin llamar si quiera en su despacho. Le estudió antes de avanzar y se detuvo junto al escritorio.
—¿Por qué me llamas esta vez, hn? —cuestionó inclinándose hacia el folio que le mostraba—. Creía que querías las pulseras y el collar colgante antes.
—Esto me corre más prisa. No me importa tener a esa mujer sufriendo un poco más.
Deidara clavó sus ojos en él mientras tomaba la fotografía.
—Eres más cruel de lo que pareces con las mujeres, hn.
Itachi se encogió de hombros.
—Solo hay dos mujeres a las que no les hago nada —reconoció como si eso le quitara las culpas.
Deidara asintió.
—Una es tu sobrina. ¿Quién es la otra?
Itachi miró su interfono. Deidara comprendió.
—Konan.
Itachi extendió los labios en una lacónica sonrisa.
—Es la mejor secretaria que puedo tener.
—Ya… —Deidara se guardó el papel en un bolsillo tras doblarlo cuidadosamente—. ¿Qué tiene esa Sakura Haruno para que estés tan interesado en ella?
Itachi levantó un dedo negativamente.
—Qué tiene no. Qué tuvo.
Giró la silla para mirar hacia el exterior. Sabía que Deidara continuaba ahí. Cuando habló no fue para nada una sorpresa.
—Itachi, no es que me caigas de maravilla, pero te daré un consejo: putear a una mujer a veces es lo peor que hacemos los hombres, hn.
Y luego se marchó.
Itachi se frotó el mentón pensativo.
Si bien era cierto que las mujeres eran algo a temer cuando se vengaban, estaba seguro de que Sakura Haruno no sería de ese tipo de mujer. Era una guerrera, sí, pero sus piernas temblaban y su corazón sangraba como el de todas las mujeres.
Solo era cuestión de mover los hilos.
Continuará...
