¡Continuemos!


Resumen:

Sakura dio a luz una niña que abandonó, sin saberlo, asustada y perdida, en la casa de su padre y tio, Sasuke Uchiha y Itachi. Con el paso del tiempo, Sakura pensó que no podía vivir la vida y trabajar como modelo sería un castigo bienvenido, hasta que vuelve a encontrarse con el padre de su hija, el hermano de este y a la pequeña que dio a luz años atrás.

Mientras que Sasuke no quiere saber nada de la madre de su hija, Itachi no está por la labor de dejarla irse de rositas y planea torturar a Sakura de todas las formas posibles...


Madre olvidada

—Estás guapísima.

Itachi la sostuvo entre sus brazos mientras la pequeña reía completamente emocionada de ser el centro de atención. Su subió las gafas con el índice y levantó el pulgar de la otra mano con satisfacción. Se liberó de su agarre y corrió en círculos por la alfombra hasta caer agotada sobre el sofá frente a su escritorio.

La cadena que había enviado a hacer para ella colgaba de sus costados, brillante y hermosa, realzando su belleza. Sarada sería una preciosa jovencita que podía llevar sus piezas con orgullo. Aunque para ser legal todavía faltaría algunos años. No pensaba convertirla en una modelo infantil explotada.

Aunque ella lo deseara.

La puerta se abrió dejando ver a Konan, su secretaria, con dos tazas en la bandeja que sujetaba. Una de café y otra de chocolate caliente. Sarada se sentó rígida y esperó hasta que él le diera permiso.

—Señor, Deidara está esperando. Ha terminado el proyecto que le enviaste hacer para hombre y mujer.

—Oh, perfecto. Que pase —invitó chasqueando los dedos tras dar un sorbo a su café.

Deidara lo hizo sin darle tiempo a Konan de darle paso. Cuando la chica se fue, completamente indignada por su mala educación, Itachi aseveró su rostro y esperó que extendiera ambas joyas frente a él. Se llevó una mano al bolsillo derecho y sacó su monóculo.

Se dedicó a observarlas minuciosamente. Los colores. La forma. El talle. Que no hubiera un eslabón peligroso y que su marca estuviera bien plasmada.

Sin embargo, si le gustaba algo de trabajar con Deidara es que esos defectos nunca pasaban, pero como jefe, aunque a él le resultaba molesto que dudara, debía de repasar hasta el más mínimo detalle.

Conforme, levantó la vista hacia el hombre, que se había inclinado para abrir un paquete de galletas a Sarada y esta le miraba muy concentrada.

—¿Qué tal, hn? —cuestionó entregándole el paquete abierto a la niña y levantando la mirada hacia él—. ¿Ha pasado el perfecto examen del señor?

—Lo ha pasado —asintió—. Mañana comenzará todo el escenario y en menos de una semana estará vendiéndose en la calle. Ya sabes qué hacer.

—Oh, sí. A los chicos les encantará tener más trabajo, hn—ironizó.

—Creo que les pago lo suficiente y hasta más por ello —objetó—. ¿Algún problema con ello?

—Que llega agosto y sus vacaciones. Has sacado justo esta tanda cuando están pensando más en otras cosas que en moldear o trabajar el oro.

Itachi se relamió los labios con disfrute. Deidara bufó y se alejó soltando palabrotas entre dientes. Sarada le miró con la boca manchada de chocolate.

—¿Es malo ese chico? Porque me abrió mi bolsa de galletas y me la dio. No puede ser malo.

Itachi tuvo que apretar los labios para no soltar una carcajada. Si la bondad de las personas se midiera de ese modo sería mucho más sencillo y ni siquiera necesitarían la policía o la venganza.

—No es malo, pequeña. Solo un poco metomentodo. Pero es muy bueno. ¿No te gustan tus nuevos enganches? —cuestionó tocando la cadena que colgaba de sus gafas.

Sarada asintió, sonriente. Esa sonrisa al estilo Uchiha mezclada con las formas de la boca de su madre.

—Me encantan.

—Pues él los ha hecho. Yo los diseño, sí, pero él hace el trabajo sucio desde que tengo dinero para pagarle. Eso es todo.

Sarada simplemente frunció las cejas, demasiado pequeña para comprender y demasiado animada con su chocolate como para pensar en asuntos de mayores. Itachi lo dejó estar y le dio otro trago al café. Konan parecía experta en interrumpirla. Si no fuera porque se recordaba que para eso estaba contratada…

—Naruto Uzumaki está aquí, señor. Y tengo aviso de que Sakura Haruno acudirá a la cita en el restaurante.

—Bien. Hazle pasar.

Naruto entró como un huracán en su despacho un instante después, recibiendo un beso de chocolate en la mejilla y mirándole perplejo. No era normal que Sarada estuviera presente durante una reunión, al fin y al cabo, era trabajo. Pero con Sasuke incapacitado para cuidar de la pequeña, que se encontraba de vacaciones, a Itachi no le quedó otra que hacer de niñera por unas horas.

En realidad, no le importaba, pero había ciertas cosas que prefería no hablar delante de la niña. O que viera a ciertas personas.

—Caray, no esperaba que Sarada estuviera aquí —expresó el joven modelo acariciándole los oscuros cabellos—. ¿Por qué necesitabas verme con tanta prisa?

—Ya están las joyas que la modelo y tú llevareis. He concertado un encuentro esta tarde, durante la comida. Ahí os conoceréis y tendréis un momento importante para saber si seréis capaces de hacer creer al mundo que… —Detuvo sus palabras al recordar la presencia de Sarada—. Que podéis trabajar juntos.

Naruto pareció entenderle, porque asintió con el ceño fruncido. Gesto que siempre aparecía en su rostro cuando era algo interesante o importante.

—¿Sasuke recogerá a Sarada?

—No. Konan se encargará de ella mientras dura la prueba.

—¿Me quedo? —cuestionó Sarada alternando la mirada de uno a otro.

—Sí, te quedarás con Konan hasta que regrese. Luego irás con tu padre hasta que yo regrese a casa. Tengo que ir a muchos sitios.

Y no era una mentira. Debía de reunirse con los promotores, con el dueño de la sala de actos y reunir a todas las personas interesadas en sus obras.

Aunque todo eso era ya monotonía y lo más interesante, estaba seguro, llegaría con tacones y falda.

Sakura se detuvo frente a la puerta del restaurante el tiempo suficiente para que le abrieran la puerta y la guiaran hasta el reservado. Se detuvo en seco al ver a las dos personas dentro, sentadas, que se levantaron nada más verla y se abrocharon una chaqueta que enseguida volverían a desabotonar.

—Sakura. Llegas a tiempo.

Permitió que Itachi la cogiera del codo y ella se pegó tanto a él que pudo notar su móvil clavársele en la cadera,

—Te presento a Naruto Uzumaki. Aunque seguramente ya le conoces.

Naruto parecía estar con la sorpresa en la boca, porque apenas pudo emitir una palabra mientras estrechaba su mano y le ofrecía un hueco en el sofá entre ambos. Apoyó las manos sobre su regazo.

—Le conozco, sí— reflexionó—. Creo que tenemos el mismo representante y ahora mismo es el modelo más cotizado y deseado por el género femenino. Creo que ha conseguido hasta quitar el ranking que hiciera en su día Minato Namikaze.

Itachi asintió y levantó una copa.

—Es bueno ver que haces los deberes. ¿Qué hay de ti, Naruto?

—Lo mismo que ella, a diferencia de que yo la he admirado por más tiempo —confesó—. Nunca pensé que trabajaríamos juntos, ttebayo —reconoció.

—Pareces emocionado —puntuó Itachi enarcando las cejas—. Espero que no estés pensando en robarme mi modelo particular.

Sakura se mordió el interior de la mejilla para aguantar una carcajada. Sin embargo, Naruto no pudo evitar mostrar cierto desconcierto.

—¿A qué te refieres?

—¿Con que me la robes o con que es mi modelo particular? —cuestionó a su par Itachi.

—Ambas cosas —indicó Naruto cruzando los brazos.

Itachi se acarició los labios pensativamente.

—Creo que es obvio. Es una modelo ahora mismo en fama, no me gustaría que la echara a perder por quedarse embarazada. Y es mi modelo preferida ahora mismo.

Naruto pareció ruborizarse de sorpresa y Sakura soportó las ganas de mandarlo a la mierda, pero Itachi, ignorando sus sentimientos, continuó manteniendo la socarrona sonrisa en su rostro.

Aferró la copa de vino frente a ella y un segundo después Itachi cubría su mano.

—Nada de alcohol y menos de la copa de otra persona. Si tus labios fueran expuestos a algún tipo de enfermedad, por mínima que sea, afecta a tu boca, fuente de interés, la habrás cagado. Gracias —añadió cuando ella la soltó—. Ahora, os dejo un momento. Tengo que hacer una llamada.

Salió antes de que ninguno pudiera decir nada.

Sakura se miró las manos sin saber cómo salir de ahí. Quería marcharse, meterse en su cama y hundirse en un profundo sueño que la librara de toda esa mierda.

Naruto, sin embargo, no iba a detenerse.

—Así que era eso.

—¿Qué? —cuestionó levantando la mirada hacia él.

Sonreía de medio lado, como si estuviera defraudado con ella.

—Ustedes dos. Están juntos.

Sakura tuvo que esforzarse en comprender.

—¿Qué estoy con quién?

Naruto enarcó una ceja, como si aquello no fuera obvio.

—Con Itachi. Estáis juntos. Pareja.

Su rostro se descompuso en una mueca de sorpresa.

—¿¡Qué!? ¡No! —exclamó horrorizada—. No tenemos nada de nada. Solo es mi jefe, al igual que el tuyo —aclaró intentando acomodar sus pensamientos.

Y el tío de mi hija.

Naruto suspiró aliviado.

—¿No mientes?

—No miento —aseguró—. No quiero nada con ningún hombre. Menos con mi jefe. Y si vamos a trabajar juntos es algo que debemos de tener en cuenta.

Naruto asintió y suspiró mientras daba un sorbo a la copa que ella había intentado tomar anteriormente. Sakura pidió una para sí misma y apuró un sorbo justo cuando Itachi regresó. Se sentó en silencio y los observó.

—Voy a hacer la pregunta clave: ¿podréis trabajar juntos? Quiero que expreséis que os deseáis y que podríais ser uno gracias a las joyas que he creado. El hombre ha de estar maravillado con lo sexy que se ve la joya de la mujer en su cuerpo. Y la mujer ha de querer tener una pícara intención de quitarle la suya al hombre, como si fuera un juego de toma y daca que terminara en la cama.

Sakura absorbió la información y preparó un escenario, plantearse una pose, algo que pudiera encajar con el enorme cuerpo de Naruto y hacer creer a la gente que iba a tirárselo en cualquier momento.

Sin embargo, nada más pensarlo una espina se le clavó en el pecho, angustiándola. Siempre se había negado a participar con modelos varones por lo mismo, pero había otro problema.

Hinata.

Seguramente le dolería ver una escena así. El resto de fans no le importaba. Pero esa mujer era su estrella brillante en el mundo de oscuridad que venía.

—¿Algún problema? —tanteó Itachi enarcando una ceja—. ¿Te supone un problema hacer que un hombre esté caliente?

—Creo que eso es… —explotó Naruto sorprendido. Sakura levantó una mano para callarle.

Una socarrona sonrisa se dibujó en su rostro.

—No, para nada. Al fin y al cabo, los hombres son seres sencillos de calentar. La temperatura claramente va un solo lugar. Ahora, si me disculpan, ya he entendido qué quiere y seguro que su secretaria me envía las fechas. Buenas tardes.

—¿No vas a comer? —cuestionó indiferente Itachi.

—No —negó—. Tengo cosas que hacer.

Y se marchó antes de que tuviera tiempo de pisotear su ego algo más.

Nada más llegar a la casa se desnudó, se quitó los zapatos y se metió en la cama hasta que Hinata llegó con una taza de té mentolado.

—Gusanito. ¿Vas a salir? Algo caliente te sentará bien —ofreció.

Sakura salió sin poder contenerse a ese acento maternal. Tomó la taza y dio un sorbo, dejando que el sabor estallara en su boca.

—He de trabajar con Naruto Uzumaki —explicó.

Hinata le sonrió.

—Lo sé.

—He de hacer ver que quiero tirármelo.

Hinata le sonrió. La mandíbula se le tensó un poco. Sakura dejó la taza a un lado y la estrechó entre sus brazos.

Pese a todo, Hinata seguía sin odiarla.

Naruto casi tiró la puerta abajo cuando le abrió para que entrara antes de que terminara haciéndolo de verdad. Sasuke, en calzoncillos, enarcó una oscura ceja. No era normal verle furioso y sin que soltara una larga explicación que luego le costaba de entender.

Pero cuando se plantó frente a él, en medio de su salón, con las piernas abiertas y los brazos cruzados, fue tan tenso que se preguntó si realmente ese hombre había logrado madurar lo suficiente como para ser capaz de tener una conversación.

—¿Tu hermano es imbécil o qué? —espetó, no obstante.

Sasuke estuvo a un pelo de darle una respuesta afirmativa, pero eran tan raras las ocasiones en que Itachi metía la pata que quería disfrutarlo un poco más.

—¿En qué te basas?

—En que es un cerdo con las mujeres.

—Ni idea —respondió—. Pero ninguna le ha durado demasiado.

—No me extraña, ttebayo —bufó—. Si no fuera mi jefe, hoy le habría dado un buen puñetazo.

Sasuke se colocó la sudadera y le miró interesado. Aunque igualmente, Naruto no necesitaba preguntas para seguir.

—Hemos ido a comer, algo normal entre los modelos y el feje para una presentación, sí, pero tu hermano ha usado esa comida para destrozar por completo lo bien que podríamos haber estado juntos. Ahora nos ha jodido la compenetración que hubiéramos sentido.

—O la posibilidad de que te la tires.

—Eso ya me lo había quitado ella misma. La conozco. He estado tratando de cortejarla y siempre me ha dado plantón de todo tipo.

Increíble. Hasta los modelos tenían problemas de ligue. Eso quizás levantaría el ánimo de las personas anónimas y todo. Aunque él no era modelo y no tenía problema. Más bien, estaba harto de ello.

Se acercó a la nevera y cogió la botella de leche para abrir el cogote.

—¿Quién es la afortunada?

—Oh, la debes de haber visto en alguna revista—. Cosa que dudaba—. Es Sakura Haruno.

La botella se estrelló contra el suelo y dejó leche y pequeños cristales por todos lados.

Hinata revisó por última vez todas sus pertenencias antes de cerrar el maletín. Había comprado la ropa adecuada y desde luego, los tonos que le otorgarían a Sakura ese encanto de princesa dulce y a la vez le daría una mirada felina.

Mañana sería el gran día. Comenzarían finalmente a modelar para que próximamente, ella saliera en todas las portadas junto a Naruto Uzumaki, como si quisiera comérselo.

Ella sí quería hacerlo. Mas en el mismo momento en que lo pensó sus mejillas se ruborizaron y su pecho latió frenéticamente.

Si lo pensaba detenidamente, iba a estar presente durante todo el evento. Y estaba segura de que se iba a morir.

Sakura se había disculpado por lo que iba a tener que hacer con Naruto y hasta que no descubrió el tipo de ropa que deberían de llevar —bastante escasa—, no lo comprendió. No le dio importancia.

Ella no era la dueña de ese modelo. Tampoco podía opinar. Sakura iba a trabajar con él, darían una pantomima sexual y se acabaría todo. Luego no habría nada más. No volvería a tener la oportunidad de estar tan cerca de él nunca más.

Cerró la última cremallera justo cuando un sonido llamó su atención. Caminó hasta la puerta curiosa. Sakura estaba durmiendo y solo ella estaba en el piso.

Se detuvo al ver el sobre que sobresalía por la rejilla del correo que el portero solía usar para dejar la correspondencia.

Era completamente blanco, sin remitente o destinatario, con lo cual, no fue el portero quien lo dejara. Lo abrió con cuidado.

Letras cortadas por revista.

Sé lo que hiciste en el pasado. Conozco la cara de tu hija.

Hinata frunció el ceño sin comprender. La luz a su espalda se encendió y el rostro de Sakura se mostró, soñoliento.

—¿Todavía no te has ido a dormir? Mañana tenemos que madrugar, Hinata.

Bostezó.

Hinata se acercó a ella sin poder dejar de mirar la carta. Ella no tenía una hija, estaba segura de ello. Miró a Sakura enarcando una ceja mientras arrastraba los pies hasta la cocina. La muchacha se inclinó para coger un bote de zumo de melón y sandía.

—Sakura. ¿Tienes una hija?

El bote se estrelló contra el suelo.

Continuara...