Las Crónicas del Campamento Mestizo, fue escrito por Rick Riordan.

La Última Hija del Mar

Hefesto entregó el libro, a Cecyl, quien sonreía orgullosa del equipo que formaba con su hermanita. —Capítulo 25: Acepto regalos de un extraño.

Tal como lo veía Tántalo, los pájaros del Estínfalo estaban en el bosque ocupados en sus propios asuntos y no nos habrían atacado si Clarisse, Cecyl y yo no los hubiéramos molestado con nuestra manera de conducir los carros.

Todos estaban bastante enfadados con el inútil caníbal, por regañar a las hijas de Poseidón y a la hija de Ares, sin olvidar que una de las hijas de Poseidón, era así mismo, Cazadora de Artemisa.

Aquello era tan rematadamente injusto que le dije que se fuera a perseguir dónuts a otra parte...

—Muy bien dicho, hermana —dijeron Belerofonte y Teseo, sonrientes. Hestia hizo aparecer muchos platos con Donuts, para que los del pasado, pudieran probarlos.

(...) cosa que no ayudó a mejorar las cosas. Nos condenó a los tres a patrullar por la cocina, o sea, a fregar platos y cacharros toda la tarde en el sótano con las arpías de la limpieza. Las arpías lavaban con lava, no con agua, para obtener aquel brillo súper limpio y acabar con el 99,9 por ciento de los gérmenes. Así que Clarisse, Cecyl y yo, tuvimos que ponernos delantal y guantes de asbesto. Tuvimos que soportar durante horas aquel trabajo peligroso y sofocante, especialmente porque había toneladas de platos extra. Tántalo había encargado a la hora del almuerzo un banquete especial para celebrar la victoria de Clarisse: una comida muy completa que incluía pájaros del Estínfalo fritos a la paisana.

Todos hicieron una mueca, ante semejante almuerzo. Y muchos, perdieron el apetito, por el próximo almuerzo que tendrían; así mismo, todos estabas molestos, de que ellas tres, tuvieran que lavar los platos.

Después de escuchar otra vez el relato de mi sueño sobre Grover, me pareció que quizá empezaban a creerme. —Si realmente lo ha encontrado —murmuró Clary—, y si pudiéramos recuperarlo…

—Bien pensado, hija —dijo Ares sonriente. —Salven el Campamento, se salvarán ustedes, que son nuestro ejército y que los necesitamos ahora que tu abuelo está por allí.

Es el Vellocino de Oro, Clary —le dije —Grover buscó a Pan, y ambos tienen esta... esta aura a naturaleza o lo que sea, que ha estado desviando del camino a cientos de Sátiros, llevándolos a la isla de Polifemo.

—Hay, no —se quejó Poseidón, pasándose las manos por el rostro, preocupado. —Entre tantos monstruos, tenía que ser Polifemo, ¿verdad?

En el Mar de los Monstruos —dijo Cecyl. —Avisaré a Zoë, una vez que salgamos de aquí. Por ahora... —suspiró —terminemos de lavar estos platos —nosotras suspiramos, pero dejamos de lado la lava, y comenzamos a lavar con agua caliente, que, gracias al vapor, eliminaba los gérmenes, que tanto combatían las Arpías. —La verdadera historia del Vellocino de Oro trata de dos hijos de Zeus, Cadmo y Europa, ¿sí?, que iban a convertirse en víctimas de un sacrificio humano y suplicaron a su padre que los salvara. Zeus envió un carnero alado con lana de oro, que los recogió en Grecia y los trasladó hasta Cólquide, en el Asia Menor. Bueno, en realidad sólo trasladó a Cadmo, porque Europa se cayó en el trayecto y se mató. Cuando Cadmo llegó a Cólquide, ofrendó a los dioses el carnero de oro y colgó el vellocino en un árbol en mitad de aquel reino. El vellocino llevó la prosperidad a aquellas tierras; los animales dejaron de enfermar, las plantas crecían con más fuerza y los campesinos obtenían cosechas abundantes. Las plagas desaparecieron, y por eso Jasón quería el vellocino, porque logra revitalizar la tierra donde se halla. Cura la enfermedad, fortalece la naturaleza, limpia la polución atmosférica…

¡Podría curar el árbol de Thalía! —dije feliz.

— ¡Pues vayan por ese estúpido vellocino, y salven el alma de mi hija! —alzó la voz Zeus.

—Es un libro, hermano —dijo Hestia, calmada pero burlonamente.

Y reforzaría también las fronteras del campamento, Penny. Pero el Vellocino de Oro lleva siglos perdido; montones de héroes lo han buscado sin éxito.

Porque no tenían una Cabra Travesti como amigo —dije sonriente, y mi novia y hermana, se rieron—. Salió en busca de Pan y ha encontrado el Vellocino de Oro, porque los dos irradian magia natural. Tiene sentido, Clary, Cecyl; podemos rescatarlo y salvar el campamento al mismo tiempo. ¡Es perfecto!

Percy —dijo Clary, algo asustada—, tendremos que luchar con Polifemo, el peor cíclope. Y sólo hay un sitio donde puede estar su isla: el Mar de los Monstruos

Cerré los ojos, enfadada. — ¿Dónde queda eso? —pregunté. —Actualmente, ¿dónde queda? El Olimpo está sobre el Empire State, el Inframundo está en Hollywood.

El Triángulo de las Bermudas —dijo Cecyl, agarrando mi muñeca y comenzando a jalarme. —Vamos, hay que dar el aviso.

En la fogata de aquella noche, la cabaña de Apolo dirigía los cantos a coro. Trataban de levantar el ánimo general, pero no era fácil tras el ataque de aquellos pajarracos...

—Se mantienen el Alerta Permanente, lo hacen bien —aprobó Ares, y Atenea, quien tardó algunos segundos, también asintió.

(...) Estábamos sentados en el semicírculo de gradas de piedra, cantando sin gran entusiasmo y contemplando cómo ardía la hoguera mientras los chicos de Apolo nos acompañaban con sus guitarras y liras.

Cuando hubo sonado la última canción, Tántalo exclamó: — ¡Bueno, bueno! ¡Ha sido precioso! —Echó mano de un malvavisco asado ensartado en un palo y se dispuso a hincarle el diente en plan informal, pero antes de que pudiese tocarlo, el malvavisco salió volando. Tántalo intentó atraparlo a la desesperada, pero el malvavisco se quitó la vida arrojándose a las llamas. Él se volvió hacia nosotros con una fría sonrisa. —Y ahora, veamos los horarios de mañana.

Señor —dije.

—No creo que se merezca, que lo llamen "Señor" —dijo Dionisio, cruzándose de brazos y frunciendo el ceño.

—Y tú tampoco, pues has estado haciendo un muy mal trabajo y has tenido un mal desempeño, como director, Dionisio —dijo Zeus, mirando de reojo a cierta diosa, vestida con una capa abana, de ojos de color anaranjados, que estaba ante una hoguera. —Tu tía Hestia, tomará el manto como Directora.

Le entró una especie de tic en el ojo. — ¿Nuestro pinche de cocina tiene algo que decir? —Algunos chavales de Ares reprimieron una risita, pero no iba a dejarme intimidar, Clary le hizo una llave a uno de sus hermanos. Me puse en pie y Clary también se levantó.

Tenemos una idea para salvar el campamento —dije.

Silencio sepulcral. Había conseguido despertar el interés de todo el mundo, y las llamas de la hoguera adquirieron un tono amarillo brillante. —Sí, claro —dijo Tántalo en tono insulso—. Bueno, si tiene algo que ver con carros…

Los dioses se enfadaron, ante eso.

El Vellocino de Oro —dije—. Sabemos dónde está. Las llamas se volvieron anaranjadas. Antes de que Tántalo pudiese responder, conté de un tirón mi sueño sobre Grover y la isla de Polifemo.

Miranda Gardiner, hija de Deméter y co-capitana, intervino para recordar los efectos que producía el Vellocino de Oro; sonaba más convincente viniendo de ella. Zoë Belladona, líder de las Cazadoras, se puso de pie. —Auxiliaremos en la búsqueda.

—Muy bien hecho, Zoë, sabía que entenderías el motivo para enviarlas —dijo Artemisa sonriente.

Tonterías —dijo Tántalo—. No necesitamos ninguna salvación.

—Sí, sí la necesitan —gruñó Zeus.

Todo el mundo lo miró fijamente hasta que empezó a sentirse incómodo. —Además —añadió—, ¿el Mar de los Monstruos? No parece una pista muy exacta que digamos; no sabríamos ni por dónde empezar a buscar.

Sí, sí, lo sabemos —dije. —Treinta, treinta y uno, setenta y cinco, doce.

Muy bien —dijo Tántalo—. Gracias por compartir con nosotros esas cifras inútiles…

—Voy a partirle la cara —gruñó Poseidón, agarrando firmemente su tridente.

Son coordenadas de navegación —aclaré—. Latitud y longitud.

Treinta grados, treinta y un minutos norte; setenta y cinco grados, doce minutos oeste. —Dijo un hijo de Atenea, sonriéndome.

Son coordenadas, que guían hacía el Atlántico frente a las costas de Florida, hacía el Triángulo de las Bermudas, hacía el Mar de los Monstruos y la isla de Polifemo, donde encontraremos el Vellocino de Oro. —dijo Zoë Nightshade, líder de las Cazadoras. — ¡Debemos de emprender una operación de búsqueda!

Un momento —dijo Tántalo.

Pero todos los campistas se pusieron a corear: —¡Una búsqueda! ¡Una operación de búsqueda!

—Momento de enviar a un mensajero —dijo Hermes feliz, creyendo que aparecería en los próximos segundos.

Las llamas se alzaron aún más, y en medio de estas, apareció una mujer de largos cabellos castaños, vestida con una capa marrón, con ojos que brillaban, como las llamas del fuego. —Saludos, Campistas y Cazadoras, soy lady Hestia...

— ¡Eso es injusto! —Saltó Hermes. —YO soy el dios de los MENSAJEROS, no ella. —Hera le dio un golpe en la cabeza a su hijo, para que dejara las bromas.

(...) —todos nos arrodillamos ante ella. —Penélope Jackson, serás la líder de la misión de recuperación del Vellocino de Oro, Clarisse Larue, acompañarás a tu novia, en esta misión, por órdenes de Lady Afrodita. A la medianoche, encontrarán un barco en la playa, listo para zarpar.

¡Sí, lady Hestia! —dijimos ambas, la diosa desapareció, no sin antes darle una mirada de muerte a Tántalo.

—Buen trabajo enviándola, hermano —dijeron Hera a Poseidón, a Zeus, quien infló pecho por hacer algo bien.

Clary fue a ver al oráculo, y al bajar, se me acercó. —Navegarás en el buque de hierro con guerreros de hueso, acabarás hallando lo que buscas y lo harás tuyo. Pero habrás de temer por tu vida, sepultada entre rocas, y sin amigos fracasarás y a casa sola no podrás retornar. Vámonos, cariño.

Me quedé repasando la Profecía en mi mente, y le dije que no viajaría con ella. Ante eso, me gritó que la odiaba y no la amaba. Tuve que esperar a que dejara de gritarme, y repetí la profecía ante ella, y empezamos a desglosarla, hasta que se dio cuenta, de que, si viajábamos juntas, nos perderíamos y el viaje sería para nada.

Penny besó a Clarisse en los labios, provocándole un gran sonrojo a la hija de Ares, quien abrazó a su novia por la cintura.

Me acerqué a la playa, en compañía de Clary, Zoë Nightshade, unas pocas Cazadoras y Cecyl.

Clary oró a Ares por un barco, lo mismo hizo Zoë y al final, nosotras, pues Cecyl y yo, viajaríamos juntas; mientras que Zoë iría con las cuatro mejores Cazadoras y las demás se quedarían a cuidar del Campamento.

—Esa es una muy buena estrategia, Zoë, bien planificado, el dejar a la mayoría y solo llevarte a las cuatro mejores —dijo Artemisa sonriente, a su capitana.

Cuando estábamos por abordar, apareció un corredor maratonista, que yo creí era solo un hombre mortal, perdido, ¿pero qué hacía en la playa?, caramba: las protecciones estaban muy mal.

¿Qué quieres aquí, Hermes? —le acusaron Zoë y Cecyl. Pues nos trajo algunos regalos: varios termos que en su interior tenían vientos para nuestro viaje y las olas, y cuyas tapas tenían brújulas, así como unos frascos de vitaminas.

Indirectamente, nos pidió salvar a Luke, indicándonos que él estaba en un Yate, no muy lejos de la playa, en donde nos encontrábamos.

Sin mirar atrás, nos retiramos, hacía el Yate del traidor.