ADVERTENCIA: Este capítulo tiene NaruSaku OBLIGATORIO. Ojo.

ºMadre olvidadaº

Secretos

Ninguna de las dos abrió la boca en al menos una hora. El reloj del móvil marcaba las once y media y para una modelo que tenía que trabajar al día siguiente, esa hora ya era demasiado tarde.

Realmente no le importaba. Así como tampoco hubiera querido que Hinata en completo silencio, recogiera el zumo y los cristales.

Se sentía una completa traidora, tal y como se había imaginado que se sentiría. No le salían las palabras realmente y lo único que se le ocurrió fue mostrarle aquello que había guardado, porque jamás pudo tirar.

Lo guardaba en una cajita perfectamente cuidado para que no se deteriorara.

Lo puso encima de la mesa con completo silencio. Hinata lo había tomado para ver qué era y al destaparlo se llevó una mano hasta la boca, cubriendo con sus dedos el gritito de sorpresa.

Después lo dejó sobre la mesa con sumo cuidado y guardó silencio.

—Lo siento.

Hinata levantó la mirada de sus rodillas hacia ella.

—¿Por qué? —masculló sorprendida.

—Por no contártelo. Por haberte hecho creer que era…

—No, no —negó Hinata levantando las manos para detenerla—. Sólo estoy sorprendida de no haberme dado cuenta. Ahora entiendo muchas cosas de ti.

Hizo una pausa para mirarse las maravillosas manos que eran capaces de crear cosas preciosas, aunque fueran tan horribles como ella misma.

—Sakura siempre se está criticando. Por muy hermosa que la pusiera, ella siempre se veía fea y empecé a pensar seriamente si mi trabajo realmente era malo. No lograba comprender por qué cuando debías de ser feliz estabas triste. Tampoco esa tristeza o esa necesidad de trabajar hasta caer rendida. Siempre estuviste vigilándome para que no me pasara nada y… no ceso de pensar en los problemas que debí de darte por entonces…

Sakura clavó la mirada en ella, tensando los labios.

—Hinata. Mi intención nunca fue… ¡Eres una artista maravillosa! Jamás hubiera llegado hasta aquí sola. Es solo que…

Se llevó las manos hasta el vientre y apretó las prendas. Había tenido a su hija de forma natural, así que no había restos de cesárea en ella y por suerte, las estrías no duraron demasiado gracias a su juventud y a los tratamientos de belleza.

Hinata se había movido sin que ella se diera cuenta, arrodillándose a su lado y tomándola de la mano para evitar que se arañara.

—No te hagas esto. Cuéntamelo. Quítatelo de encima.

—No es algo que vaya a quitarme nunca de encima, Hinata. Nunca. Un hijo no es una espinilla, es algo para siempre. Lo hayas tenido con el hombre que amas, con el que no… lo tengas a tu lado o lo hayas…

—¿Lo diste en adopción?

Sakura sintió que el alma se le caía a los pies. Volvió a ser aquella chica asustada adolescente.

—No. Lo abandoné en la puerta de una casa terrorífica… en medio de una tormenta…

Tragó saliva y buscó la mirada de Hinata. Esperaba ver reproche, acusación y odio.

—Era una chica de dieciséis años…

—Y estabas aterrada.

Negó. Asintió.

—Estaba sola… Sola. No podía contárselo a nadie porque mis padres me encerraron para que no abortara. Ni siquiera se lo dije al padre. Cuando la tuve… vi todo el peso del mundo encima. ¿Cómo iba a darle de comer? ¿Llevarla a clases, vestirla? Ni siquiera era capaz de mantenerme a mí… y lo hice. La dejé allí.

Las lágrimas brotaron de sus ojos sin poder contenerlas. Hinata le pasó el pulgar por las mejillas, uniéndose a su llanto.

—Nunca me imaginé que… la encontraría años después y que… —Se mordisqueó los labios, sin poder controlar el sollozo—. Santo cielos, Hinata… es hermosa. ¡Hermosa!

Hinata retrocedió al escuchar esas palabras, sujetándola de los codos.

—Espera. ¿Cómo lo sabes? ¿La has buscado?

—No… no quería buscarla. No tengo el derecho ni de que me mire. Estoy segura de ello. Pero…

Tragó y ahogó un sollozo entre los dedos de la mano.

—¿Recuerdas mi último desfile con Sasori? —Hinata cabeceó afirmativamente—. Estaba ahí. En primera fila. Supe que era ella nada más verla y… estaba con su padre.

—Espera… espera. Eso quiere decir que…

Hinata entró en pánica, sacudiendo las manos.

—Sí. Nos vimos. Y hay algo peor todavía…

Hinata tragó pesadamente, esperando.

—Itachi Uchiha es su tío.

La estilista se llevó una mano hasta la boca, poniéndose en pie de la impresión.

—¿Qué?

Sakura asintió.

—Por eso… está haciendo todas esas cosas… hacia ti. ¿Acaso pretende…?

—Eso he deducido, sí —confirmó emitiendo una sonrisa sarcástica—. Destrozarme. Imagino que sabe que soy la madre autentica de la pequeña porque habrá utilizado sus contactos para ello. Sólo tuvo que buscarme y listo. Luego, ya ves cómo está moviendo todo.

—Eso es… ilegal y rastrero.

—Yo también hice algo así. Me lo merezco.

Hinata negó, abrazándola.

—Debieron de dejarte decidir en ese momento, no encajonarte y ayudarte después.

—Mis padres no lo veían así. Mi madre se suicidio incluso, ya lo sabes. Nunca te dije los motivos, pero… fui yo.

—Eso no es verdad —exclamó Hinata firmemente—. Ellos querían manejar tu vida y no lo hicieron bien. En ningún momento te preguntaron, sólo te acusaron. Te señalaron en lugar de darte las posibilidades para una buena vida…

Sakura la miró sin poder creerla.

—Eres demasiado buena Hinata. Deberías de estar odiándome.

Ella negó y la abrazó. Como nunca nadie hizo por ella. Siempre se habían se preocupado el bebé. Por lo que cargaba por ello. Pero jamás nadie le había preguntando cómo se sentía al respeto o la había mirado sin juzgarla.

Quizás, si en aquel tiempo hubiera contado con Hinata, podría haber cambiado de idea y jamás habría hecho…

—Vamos a dormir —dijo levantándose—. Mañana tenemos mucho trabajo y dudo que Itachi acepte tan fácilmente que ande en modo zombie.

Hinata asintió y miró la carta sobre la mesa. Sakura le siguió la mirada, tensándose al recordarlo.

—¿Crees que sea algo que Itachi haya planeado?

—No lo sé. Pero mañana se lo diré.

Caminó por el pasillo, sintiéndose todavía más agotada que nunca. Hinata la detuvo en el umbral de su dormitorio.

—¿Hinata?

—¿Puedo dormir contigo?

Sakura sintió unas ganas terribles de llorar.

—Por favor.

.

.

Sasuke no había estado tan furioso en mucho tiempo. Tanto, que cualquier persona que lo veía se apartaba como si tuviera fuego en sus ojos. Y todo por culpa de las idioteces de su hermano.

¿Qué parte de su decisión no había comprendido cuando años atrás le prohibió descubrir quién era la madre de Sarada? No quería saber nada de ella y tampoco quería tenerla rondando cerca de Sarada. Si no la amó una vez, no tenía derecho a regresar jamás.

Podría estar pudriéndose en la calle, muerta de asco que por él bien mientras no arrastrara consigo a su hija.

Y Itachi…

No sólo la acercaba más a Sarada y la contrataba, si no que lo había estado haciendo todo a sus espaldas. O quizás es que él había estado tan desinteresado que no se percató. Igualmente, creía que tenía derecho de saberlo.

Si Naruto no fuera un buen bocazas, jamás se habría enterado de ello. No, hasta que viera la revista, claro.

Intentó encajar a su hermano durante esa tarde, pero el muy rata no regresó a su casa y envió a Sarada de regreso con su secretaria, que marchó rápidamente tras dejar a la niña y sin mediar palabra alguna.

Así que Sasuke tuvo que esperar hasta que Karin llegó para entretener a Sarada, ya que estaba en sus vacaciones de verano, e ir a la oficina.

Su hermano estaba tras el escritorio, con una taza de café y una fotografía. Al verle, enarcó una ceja con toda la tranquilidad del mundo.

—Creo que te eduqué lo suficiente como para saber que cuando entras en el despacho de otra persona has de llamar.

—Me suda los cojones tus ideas de educación o no. ¿De qué coño vas, Itachi?

Su hermano dejó pausadamente la taza para mirarle a los ojos con total tranquilidad. Hasta que vio una chispa brillar en ellos y echarse hacia atrás.

—Ya te has enterado. ¿Quién ha sido? ¿Uzumaki? Os habéis hecho muy amigos y…

Golpeó la mesa con ambas manos.

—¡Eso no importa! —gritó. Y era raro para él hacerlo—. No paraste hasta encontrarla. Nos llevaste engañado a Sarada y a mí a verla y ahora, la contratas.

—Es una modelo muy buena y famosa. Es natural.

—¡Es la jodida madre de mí hija! —acusó—. No la quiero cerca de Sarada.

Itachi se echó hacia delante.

—No vas a poder impedirlo para siempre, Sasuke —advirtió—. Sarada ya está entrando en la etapa de necesitar una madre. No siempre vamos a poder estar dándole suplementos, como hacemos con Karin.

—Ella no necesita una madre…

—Sí, la necesita —repitió—. Y aunque no nos guste, su madre biológica existe.

—No tiene por qué saberlo —gruñó—. Bien podemos decirle que ha muerto.

—¿Realmente tu egoísmo y dolor te llevaría a esconder la verdad a tu hija y herir así sus sentimientos, Sasuke?

Sasuke retrocedió sin ser capaz de ocultar su sorpresa.

—¿La estás defendiendo? —siseó entre dientes—. ¿Qué mierdas te ha hecho esa mujer?

Entrecerró los ojos al recordar aquel día que no conseguía olvidar. Cuando ella se hizo a un lado, sin importarle menos con quien acabara de acostarse, como si él fuera la peor cosa del mundo. Y era perfecta en eso, al parecer. Siempre desechaba lo que no le gustaba.

Como la hija que acabara de salir de sus entrañas.

—Señor, Haruno y Uzumaki están aquí.

Konan habló desde la puerta. El nombre de la mujer lo crispó hasta el punto de enderezarlo.

—Hazlos pasar. No tengo tiempo que perder.

Itachi se levantó, cerrándose el botón de la chaqueta, totalmente impasible.

—¿Tiempo? ¿A esto lo llamas así?

—A un berrinche, sí —confirmó Itachi con tranquilidad—. No voy a permitir que tú te interpongas en esto, Sasuke.

—¡Yo soy…!

La puerta se abrió justo para que ambos modelos entrasen.

—Puede que tú seas el padre, Sasuke. Pero no olvides quién ha estado la mayor parte del tiempo con Sarada y pagado sus gastos porque tú eras un mocoso incapaz de guardarte en la bragueta la polla.

Un gemido llegó desde la puerta.

Se volvió, furioso.

Naruto estaba a un lado y otra mujer en el otro. En el centro, Sakura Haruno se había llevado una mano hasta la boca, temblorosa. Sasuke no pudo reprimirse. Había muchos sentimientos mezclados en su interior y ninguno era de compasión.

Cuando llegó a su altura, le apartó la mano y sí, asestó un bofetón.

Sakura emitió un grito de sorpresa, cayendo a sus pies. El recuerdo estuvo a punto de enloquecerlo más.

—Teme —retuvo Naruto sujetándolo de la muñeca. Continuaba aferrando la de ella con tanta fuerza que la hizo gritar—. Suéltala.

—Sasuke —nombró Itachi tras él—. Si dañas a una de mis modelos, tendré que denunciarte. No me hagas ser el malo.

La otra mujer se había puesto encima de Sakura, cubriéndola con su cuerpo. Se soltó, asqueado y se limpió la mano en el pantalón.

Soltó una carcajada.

Era de locos. La mujer que le había jodido la vida y que casi estuvo de jodérsela a su hija era la que más arropada y protegida estaba.

Qué puta ironía.

.

.

Itachi vio a su hermano salir casi llevándose por delante a la estilista de Sakura. Tenía que reconocer que nunca lo había visto de ese modo con una mujer. Sí, no negaba que tuviera su carácter y qué más de una vez explotara cuando era adolescente, pero al madurar y crecer pensó que se le había acabado.

Claro que su plan en ningún momento era poner a su hermano de ese modo. Quizás torturarlo un poco, pero nunca ponerlo hasta los extremos.

Fue halagador y hermoso ver que continuaba preocupándose por Sarada, pero hasta un punto en que su venganza o su negación no le hacían ver las cosas coherentemente. Sarada sí quería conocer a su madre biológica. Sarada no era como ellos dos, hombres que no habían necesitado a una madre. Sarada iba a necesitarla tarde y temprano.

Y lo que no entendía Sasuke: Sarada era la única que podía decidir si apartaba a su madre real o no de su vida. Especialmente, cuando conociera la verdad. Todavía era muy pronto para eso, no obstante.

—¡Sakura!

La vocecilla de la estilita le hizo regresar al momento. Lo que menos necesitaba es que una de sus modelos no pudiera trabajar por tener el rostro hinchado. Y tener que retroceder la fecha de salida iba a ponerlo de un terrible mal humor.

Se agachó frente a ella y le quitó la mano. Sakura clavó la mirada en él, furiosa, pero su boca no se abrió. Por suerte, el golpe podría cubrirse con maquillaje y en todo caso, darle un retoque con el ordenador. Odiaba hacer eso, desde luego, pero Sasuke no le dejaba otra.

—¿Estás bien? —cuestionó Naruto a su lado.

Sakura pareció necesitar un momento para recomponerse.

—Empecemos con esto.

Se soltó de él para levantarse. Itachi no pudo más que admirar su entereza en ese momento. Podía notar el esfuerzo que hacía, con el mentón tensado o que apenas parpadeara para que las lágrimas no aparecieran.

Itachi caminó hasta su escritorio y presionó el botón.

—Dile a Konohamaru que esté listo. Vamos para allá.

La voz de Konan asintió y él se volvió hacia ellos.

—Acompáñenme.

Caminó hacia los ascensores exteriores y tras que todos entraran, inclusive la estilista con las abultadas maletas, presionó el botón hacia arriba.

El edificio se separaba por varias secciones, pero el tema de la fotografía solía estar en lo más alto por la iluminación. Konohamaru era su cámara. Había empezado siendo muy niño y desde entonces, estaba bajo su mando haciendo las mejores sesiones de fotografía que se hubieran visto en la vida. Era un artista aventajado a su edad.

Nada más abrirse la puerta, salió y empezó a hablar.

—Ahí están los probadores. Ahí irán los maquilladores. Si necesitáis hidrataros, Matsuri, nuestra ayudante os traerá lo que necesitéis. Los baños están a la izquierda, para vomitar si hace falta. El resto, ya lo conocéis como funciona —explicó sin detenerse—. Konohamaru —llamó. El chico se volvió hacia ellos—. Él será vuestro fotógrafo de hoy y vuestro jefe en mi lugar. A trabajar.

—¿Konohamaru?

La voz de Naruto interrumpió su marcha. Uzumaki se acercó rápidamente hasta el chico, quien había soltado la cámara sobre su pecho y esbozó una rápida sonrisa.

—¡Naruto-senpai! —saludó—. ¡Cuánto tiempo sin verte! Has cambiado un montón.

—Lo mismo puedo decir de ti, ttebayo —exclamó a su vez el modelo—. Nunca pensé que volverías a tomarme fotografías.

—Vale. Veo que se conocen. Eso facilitará las cosas —ironizó.

Sakura les había ignorado rotundamente para seguir a su estilista hacia los tocadores. La muchacha no tardó en preparar todo lo que usaría y hasta pidió a Matsuri algo de hielo con una torpeza increíble. Era muy buena, por lo que podía percibir. Y debía de serlo si había permitido que Sasori la dejara trabajar a sus anchas en sus desfiles.

Iba a ser interesante.

Todo. Especialmente, cuando vio que Sakura se metía tras el probador para quitarse la ropa y salir desnuda. Naruto se fue a su propio tocador y miró las cosas con ojo crítico o más bien, sin idea de qué hacer.

Itachi bufó.

Le había repetido al menos mil veces que se buscara un asistente.

—Irá bien —aseguró Konohamaru acercándose a él—. Al menos, con Naruto sé que sí. Puede parecer un poco torpe e inseguro en estos casos, pero lo da todo cuando está frente a la cámara.

Itachi lo sabía. No lo había tomado como su modelo por nada o solo para fastidiar a Sakura.

Suspiró.

—Recuerda que quiero todo lo más caliente que sea posible.

—Sí, lo sé —confirmó Konohamaru cambiando su cara de felicidad a una más seria—. Me encargaré de todo.

—Bien.

Se volvió para acercarse a Sakura. Posó su mano sobre su hombro, delgado y marcado por el hueso.

—Espero mucho de ti.

Sakura levantó sus ojos verdes hacia él. Con una furia que no había esperado.

—Necesitaré hablar contigo después. De algo importante.

—No voy a…

—No es por el modelaje —interrumpió—. Sabes perfectamente por qué es.

Itachi comprendió y retrocedió.

—Cuando termines el trabajo, ven a mi despacho.

Ella no lo confirmó, pero sabía que iría.

.

.

Naruto se miró al espejo de nuevo. Ya se había quitado la ropa al notar que iba a ser imposible para él lograr algo y empezaba a tantear la idea de mandar a la mierda todo lo demás. Al fin y al cabo, sólo tenían que resaltar las joyas y hacer creer al resto del mundo que quería follarse a la mujer con la que compartía la cámara. Claro, que eso no había estado muy lejos de querer hacerlo días atrás.

Ahora no sabía cómo sentirse al respecto con todo aquello.

No entendía muy bien el punto entre Sakura y Sasuke. Tampoco lo de Itachi y el motivo por el que el primero la había abofeteado. Pero sí sabía que pegar mujeres era lo más horrendo del mundo y que si no hubiera temido ser despedido, habría hecho algo mucho más que detenerle. Pero había ahí algo que tenía espantado a Sasuke y lo había notado.

Suspiró.

—Y-yo… p-puedo… ehm…

Levantó la vista de los pinceles para girarla rápidamente.

La chica con la que se había chocado en el centro comercial y que siempre rondaba alrededor de Sakura estaba justo a su lado. Tartamudeaba algo que no comprendía del todo y jugaba con sus dedos mientras sujetaba un pincel entre estos. Su rostro parecía a punto de explotar de lo rojo que estaba.

—¿Eh? ¿Qué?

Guiñó los ojos sin comprender. Aquella chica era más misteriosa incluso que los pinceles.

Sakura soltó una risita desde su posición.

—Quiere maquillarte —explicó.

—¿¡En serio!? —exclamó emocionado visualizando de nuevo a la muchacha, quien asintió con la cabeza—. Ah… pero ha de prepararte a ti primero, Sakura… y soy muy quisquilloso, así que…

—Yo tengo que esperar a que el frio haga efecto del todo. Y ella es tan buena que ni te enterarás. Hazme caso. Déjate hacer.

Dudó. La muchacha parecía totalmente convencida. Luego recordó que Sakura casi la había gritado porque se marchara de su lado anteriormente.

—¿Estás segura? —cuestionó mirándola a los ojos.

—Claro que está…

—Sakura. Quiero que ella me responda —cortó secamente.

La mujer cerró la boca aunque pudo ver el desconcierto en sus ojos, hasta que formó una sonrisita.

Volvió a centrarse en la chica.

—S-sí —dijo finalmente.

Naruto se recostó contra la silla y apretó las manos en los reposabrazos.

—Pues soy todo tuyo.

Y sonrió abiertamente.

Cerró los ojos, así que probablemente no vio como la chica preparaba el maquillaje, tampoco como estaba a punto de desmayarse con esas palabras. Pero sí fue consciente de que su tacto era suave, que no le hizo cosquillas mientras le maquillaba y que cuando abrió los ojos para verse, se veía más guapo. Más masculino y llamativo que nunca.

Estuvo tentado a abrazarla y darle las gracias.

Pero ella ya había desaparecido y Sakura no podía borrar la sonrisa que cruzaba por su cara.

.

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Hinata sentía que su corazón estaba a punto de explotar y que su rostro era un completo tomate andante. No era de extrañar que la miraran raro cuando se pegó el trozo de hielo que Sakura había abandonado para ponérselo ella y refrescarse.

Aquello había sido lo más intenso que había hecho en su vida. Agradecía que Sakura le hubiera dado el empujón que necesitaba y se había muerto con sus palabras. Sabía que él no las había dicho de esa forma, desde luego, pero no había logrado controlar la emoción que le recorrió todo el cuerpo.

Y luego estaba… la suavidad de su piel. El tono. La largura de sus pestañas, las marcas naturales de su piel que le hacían parecer un zorro. Y esos ojos azules que había resaltado aún más…

Dios de lo pervertido, que la perdonara por tener pensamientos tan impuros en esos momentos.

Porque era muy diferente verlo a un poster. Pegar su mejilla contra uno o tocar con sus dedos el papel a lo que había sentido al tocarlo en persona. Respirar el mismo aire que él y confirmar que olía a verano. No sabía bien cómo era que olía el verano, pero así le parecía.

—Bien, chicos. A vuestros puestos. Que esto comienza.

El cámara se posicionó y los modelos también.

Había estado tan en babia que se le había olvidado por completo lo que iban a intentar representar. Al menos, hasta que los vio quitarse el albornoz y… ¡Santo dios del cielo! Qué bien dotado estaba ese hombre. Porque no parecía importarle lo más mínimo que su… su… su cosa, sí, ese instrumento de hombre, estuviera ahí, colgando y moviéndose mientras caminaba hasta el centro y se posicionaba justo frente a Sakura.

Su rostro, sin embargo, era completamente imperturbable. Tenía la mirada lejana mientras sus cuerpos empezaban a encajar como el cámara pedía, para resaltar las joyas y hacer ver que iban a tener un momento bien sudado en cualquier superficie.

Sus manos, muy grandes según había podido notar, se movieron por el cuerpo de Sakura con una soltura y confianza de años moldeando el cuerpo de una mujer y encajó perfectamente sus caderas contra las de ella, ladeándolas hacia el lado contrario de la cámara para que no cubriera el cinturón de perlas que colgaba de la cintura de Sakura y se perdía por su sexo.

Sakura levantó una pierna para rodear la cadera masculina y mostrar así la que llevaba en el tobillo y que ella misma se había encargado de colocar. Sus uñas verdes brillaron y no opacaron para nada la hermosura de los cristalitos de la tobillera. Se percató de que una de las manos de Naruto estaba sobre la nalga de Sakura, aferrándola con fuerza, como si estuviera soportando el peso de ambos.

Sakura se arqueó contra él, mientras que este buscaba su garganta para acentuar el colgante y, de la oreja de Naruto, quedaba a la vista el pendiente para hombre que había perfeccionado Itachi Uchiha.

Hinata se acordó de que tenía que respirar cuando repentinamente Sakura dejó de ser Sakura y ella ocupaba su lugar. Y, desde luego, en esa imaginación no estaban fingiendo en absoluto.

—Ey. ¿Cuánto tiempo llevamos ya? —cuestionó una de las ayudantes.

—Bastante. ¿Por qué lo dices? —respondió otra.

—El maquillaje… es tan natural que no están necesitando retoques —halagó asombrada.

Hinata fue escondiéndose hacia las sombras, justo cuando llegó el momento del beso dejó de mirar.

—Es perfecto. Hace que esos dos se vean como si estuvieran hechos el uno para el otro.

—Ah. ¿No lo sabes? —cuestionó la primera—. Sakura Haruno es famosa precisamente porque nunca sale con nadie. No se la ha visto con ninguna pareja. Es raro. ¿Verdad?

Se acordó de lo que a Sakura le había costado tanto contarle y volvió a ver aquella escena de otro modo.

Donde los demás veían sensualidad hasta el punto de enrojecer a la mitad de los trabajadores y hacer parecer que estaban teniendo sexo de verdad, Hinata se percató de que Sakura estaba gritando por dentro.

Que el simple contacto con Naruto iba a destrozarla.

Y no bastaría con sólo dos tazas de chocolate.

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Sakura se detuvo en la puerta antes de entrar. Tenía que hacer un último esfuerzo antes de poder mandar todo a la mierda, meterse en la bañera, la cama y esperar que al día siguiente comenzara la tortura de nuevo.

Todavía se estremecía al recordar el contacto del cuerpo de Naruto. El chico había tenido la decencia de no excitarse pese a lo cerca que habían estado y sus anteriores intentos de llevársela a la cama.

Era un profesional, tenía que reconocerlo.

Pero para lo que para muchos había sido algo sensual y puramente erótico, a ella estaba retorciéndole las tripas.

Le había pedido a Hinata que se adelantara sólo para poder terminar ese asunto a solas. Ella no tenía por qué cargar más con sus problemas, aunque había notado enseguida que estaba ahí para ayudarla cuando habían terminado la sesión.

Se lo agradecía con toda el alma. Era la primera persona que no la miraba acusadoramente y seguía ahí.

—Puedes pasar —repitió Konan desde la entrada.

Llevaba el bolso en la mano y parecía sorprendida por haberla encontrado ahí todavía.

—Ah, sí. Me quedé pensando. Gracias.

La mujer inclinó la cabeza y se marchó. Era parca en palabras, al parecer.

Golpeó antes de entrar y abrió al escuchar la voz masculina.

Itachi salía de un lado de la sala y en toalla. Al verla, hizo una señal para que se sentara.

—Has llegado justo a tiempo.

Sakura enarcó una ceja e intentó mantener la mirada lejos de su figura.

—¿Por qué?

—Acabo de salir de la ducha —respondió irónico, como si no fuera visible—. Si llegas a venir antes, no te habría podido recibir, obviamente.

Se detuvo junto a una puerta doble y tras abrirla, sacó un traje y camisa. Nada de ropa interior.

—¿Y? ¿A qué debo que quisieras verme después de tu jornada laboral?

Sakura rebuscó dentro de su bolso, demorándose lo suficiente como para que Itachi se quitara la toalla y se pusiera los pantalones. De nuevo, sin ropa interior.

—Por esto.

Dejó el sobre la mesa frente a ella y esperó a que él se acercara. Desnudo de caderas arriba y el cabello suelto. Se agachó para coger el sobre y el aroma a champú le cosquilleó en la nariz.

¿Cómo había olido Sasuke aquella vez? Alcohol, seguramente. Los retretes olían demasiado fuerte.

Le observó de reojo mientras leía el interior de la carta. Era de tez algo más oscura que su hermano, pero no tanto como para dejar de ser pálido como buen Uchiha. Y podía verse la pelusa oscura que bajaba de su ombligo y se perdía por el interior de los pantalones.

Probablemente, cualquier otra mujer habría estado emocionada ante esa visión. No ella. Al menos no del todo.

Joder. Se negaba todo el tiempo a tener algo con hombres y ahora estaba fijándose hasta en la pelusa del cuerpo de su jefe. ¿No era irónico?

Se llevó la mano a la mejilla y presionó la zona. Todavía le dolía. Se había esperado de todo cuando Sasuke se había acercado a ella. Que la golpeara también. En sus peores pesadillas llegaba a escupirle, así que había sido hasta casta la reacción.

—¿Cuándo recibiste eso?

La pregunta la descolocó. ¿No era cosa suya?

—Ayer noche.

—¿Quién más lo ha tocado?

—Mi estilista. Vivimos juntas, así que lo encontró ella. Pensé que…

—Que fui yo. ¿Verdad?

—Sí —reconoció.

Itachi se frotó el ceño, dejando el papel a un lado y acercándose hasta la mesa para levantar el teléfono.

—Puedo ser un cabrón, no lo negaré. Pero nadie tocará a mi sobrina mientras yo esté aquí.

Sakura agrandó los ojos con sorpresa.

Por un momento, aquel hombre le pareció grandioso.

Continuará...

No quería que Sakura pareciera ahora al final como una hipócrita ni nada de eso. Es sólo que no es inmune a los Uchiha (? Nah, mentira. Es que se va quitando pesos de encima y poco a poco va viendo el mundo de otro modo. Todavía le queda mucho por evolucionar en el fic, pero...

Por otro lado: no me coman porque Sasuke le haya pegado que bien que la lleno de chidorazos (? Nah, mentira. Me dolió hasta mí. Pero hay que comprenderle un poco, por favor (?)

Casi mato a Hinata de un infarto. Pero deciros que mi escena favorita de ellos (al menos en mi cabeza), va a ser siempre que lo maquille.

Sarada no ha salido en este capítulo pero pronto regresará y el temor de Sasuke quizás ocurra más pronto de lo que teme...

Gracias por leer y por sus rw. No me toquen sólo la teta y huyan, ains.

pd: En mi página estoy haciendo unas encuestas, no duden en pasarse a dejar su voto. ¡Se lo agradeceré!