Desesperación.

Lo principal que sintió Jaune a cada paso que daba por las escaleras de la ciudad.

¿Qué pasaba con ese lugar?

El olor a sangre solo se intensificaba a cada paso que daba hacia la plaza principal.

Podía ver a personas caminar con antorchas, con el miedo presente en la expresión de cada uno.

¿Quizá ellos caían en la misma situación que él?

Jaune caminó hacia el primer grupo que vio. Eran tres hombres, al igual que todos, estaban vestidos de forma elegante, no obstante, la piel decrepita junto a las ropas sucias que traían consigo se encargaron de borrar todo aire de nobleza en ellos. Lo que en su momento parecía algo de auge y promesa ahora solo era un trapo sucio cubriendo de forma dispersa a la persona.

―¿Señor? ―Jaune sonó lleno de duda, su voz tembló y su cuerpo quiso correr. El hombre se dio la vuelta de manera violenta y vio al joven que tenía las manos arriba mostrando que era inofensivo.

Jaune sonrió un poco de lado cuando vio al hombre acercarse con lentitud, a su vez otros dos hombres que se encontraban en el suelo también se acercaron. Todos llevaban algún tipo de arma, el hombre viejo que se le acercaba tenía un tridente.

―¡Sucia bestia! ―Jaune gritó cuando el hombre decrepito cargó en su contra. Una de las puntas del tridente entró en su ojo y otra le cortó la oreja.

Jaune cayó al suelo gritando ante el dolor le llego de golpe.

Los tres hombres que habían estado frente al joven, ahora se hallaban en el suelo, golpeándolo y pateándolo con todo lo que tenían.

Jaune estaba llorando, gritando y rogando que se detuvieran, el tridente y el hacha le estaban pegando por todo el cuerpo, le cortaban la piel y le atravesaban la carne.

Dolía.

Dolía.

Dolía.

Dolía.

Un último alarido sin fuerza salió de la boca de Jaune cuando un último golpe fue dado a su cuello. Se escuchó un sórdido gorgoteo cuando la sangre se derramó de su cuello, burbujas comenzaron a salir de su tráquea abierta ante el fallido intento de respirar.

Jaune estiró su brazo e intentó detener un golpe.

Bestia.

Los hombres le estaban gritando que era una bestia, algo lo cual no entendía, ¿Qué le hacía distinto de los demás?

El solitario ojo de Jaune apenas captó cuando un fuerte tajo del hacha se dirigía hacia su cabeza.

Jaune respiró hondo una vez más cuando sus dos ojos se volvieron funcionales otra vez, no había dolor real esta vez.

Pero el fantasmal le hizo gritar cuando se llevó su mano a su cuello y ojo. Las lágrimas no dejaban de salir cuando pudo retomar algo de compostura. Solo pudo acurrucarse y abrazar con fuerza la farola que tenía a su lado.

La linterna le llamaba para hacer algo.

No dudó y aceptó.

Negro.

Su visión volvió a los pocos segundos para despertar de rodillas con los brazos pegados al suelo y una mirada perdida.

Había regresado al lugar con flores y tumbas.

―Saludos, buen cazador.

Jaune tropezó ante el vano intento de correr, solo pudo dar dos pasos antes de tropezarse y caer de espaldas ante la voz que sonó de golpe.

La respiración de Jaune fue irregular ante la sorpresa causada por el susto. Tenía miedo, demasiado miedo para poder siquiera pensar con claridad.

Buscando por todos lados Jaune, al mirar enfrente, vio a la muñeca que hasta hace unas horas estaba quieta y sin vida.

¿Qué?

La mujer dio unos pasos hacia él, Jaune retrocedió arrastrándose, mas chocó contra una tumba y no pudo seguir. Solo se limitó a cerrar los ojos y apretar los dientes, no tenía voluntad para oponerse, mucho menos para luchar, para hacer algo, para lograr algo… no, solo se limitó a esperar aquella mano.

Cobarde, Jaune lo sabía, que era un cobarde, tenía miedo, no quería sentir dolor, no quería sentirse mal, nada de ello, solo deseaba una cosa.

Paz.

Una mano fría recorrió su mejilla, los segundos pasaron, segundos pasaron a minutos, el silencio continuó, Jaune perdió la sensación del tiempo cuando poco a poco y con duda volvió a abrir los ojos.

― ¿Te encuentras bien? ―la muñeca estaba mirándolo con ojos simples, vacíos en palabras más sencillas, no mostró la misma alteración que tenía su voz, una voz llena de preocupación.

A contrario del semblante gris y sin vida, la voz de la mujer sonaba colorida y con vida.

―Yo…

―Ve arriba de la colina, habla con Gehrman, él te indicará que hacer ―la muñeca se separó después de mencionar aquello solo para volver al lugar donde había estado al principio.

¿Gehrman?

Sin saber que hacer más que seguir, Jaune caminó hasta llegar a la puerta enorme que había estado cerrada. Libros y herramientas estaban por todos lados y en medio de todo eso.

Un hombre con una pierna de madera sentado en una silla de ruedas. ¿Estaba en sus ochenta quizá? Jaune no pudo decirlo, la apariencia del hombre reflejaba una edad avanzada, pero a su vez presentaba rasgos más suaves.

―Oh, que veo, un nuevo cazador, me llamo Gehrman, soy… ―el hombre alzó la cabeza y miró al joven de cabello rubio― soy un amigo de ustedes, los cazadores.

Jaune bajó con lentitud la colina hacia la lápida central, la que conectaba el sueño con la pesadilla. Fue casi poético como aquello se entrelazaba.

Solo un toque para pasar del cielo al infierno.

―Bienvenido a casa, cazador, ¿Qué desea? ―Jaune se giró y vio a la muñeca parada con una expresión plana. Una muñeca simple y una expresión sencilla.

Como una muñeca normal.

―Yo…¿Qué son los ecos de sangre? ―Jaune se dignó a preguntar, a pesar de las explicaciones de Gehrman, no había captado en su totalidad lo básico que ahora debería conocer.

La muñeca se quedó en silencio unos segundos, los cuales fueron eternos para Jaune.

―Podría llamarlo la moneda de cambio ―Jaune vio a la muñeca mirándolo desde abajo, si no supiera que era una… muñeca como tal, hubiese pensando que lo estaba mirando de forma despectiva, era difícil decir algo con el rostro plano que mostraba.

―¿Moneda de cambio?

―Puedes comprar con ellas, al igual que puedes incrementar tu fuerza a base de ellas.

Silencio.

Jaune guardó silencio ante el ultimo comentario. ¿Esos ecos le permitían hacerse más fuerte?

―¿Cómo los consigo? ―En respuesta a esa pregunta, la muñeca extendió su mano como si esperase de Jaune para que hiciese lo mismo. El rubio miró la mano de la muñeca unos segundos antes de tragar y tomarla.

Casi fue un instinto el que se arrodillase frente a ella mientras que le tomaba su mano, fue como ir en contra de su voluntad el seguir de pie.

―Solo debe dar caza a las bestias, buen cazador, una vez que consiga suficientes, puedes regresar conmigo ― exclamo la muñeca en un dulce tono, Jaune sintió casi como una leve motivación le estuviesen diciendo que podía regresar siempre que él quisiera.

―Gracias…supongo ―Jaune pensó ver algo parecido a una leve sonrisa en la cara de la muñeca, más fue solo su imaginación. El rostro de aquella…cosa…no había cambiado en ningún momento.

La duda estaba surgiendo nuevamente en Jaune. ¿Por qué ella hablaba de manera tan amable cuando su expresión era tan rígida? Si podía expresarse como lo estaba haciendo, entonces, ¿Por qué limitarse a esto?

Puedes usar a la muñeca de la forma en la que quieras ―el comentario de la charla con Gehrman solo sacó más dudas que respuestas, no fue algo que le gustase a Jaune, todo fue…demasiado desagradable para su gusto.

De lo que pudo… ¿Conversar? Con la muñeca, ella fue probablemente la única persona que se detuvo a responder sus preguntas.

Un contrato, él había firmado un contrato con este lugar para terminar la pesadilla.

¿Cuándo? La pregunta del momento en el cual se entregó en la ciudad fue dada.

De todas formas, no entendía como terminó de esta forma, en aquel lugar.

Una risa salió de Jaune cuando volvió al centro de aquella ciudad. Se acercó una vez más a la cornisa que daba con el fondo de la ciudad y retrocedió de a poco.

Aquel lugar era un chiste mal contado, todas las personas que había visto hasta ahora fuera del…¿Cómo lo llamó la muñeca? Sueño del cazador o lo que fuese, todo fuera de aquel lugar endiablado era agresivo.

¿Quiénes eran las bestias que tanto se nombraban? Lo único que sabía era que tenía que cazar para poder avanzar y ganarse su libertad. Jaune miró una vez más a las personas en la plaza antes de caminar lentamente hasta las casas de la parte superior. Al menos no había aldeanos enojados alrededor en aquel lugar.

Dando una inhalación profunda caminó cerca de las casas. La cuchilla dentada en mano y la paranoia eran las únicas cosas que tenía en aquel instante para defenderse.

No confiaba en sí mismo en aquel instante, no después de haber sido…Jaune soltó el cuchillo y se limitó a caer de rodillas y comenzar a reírse.

Nada de lo que había pasado hasta ahora era sano, nada de lo que había vivido era alentador.

¿Era aquella la vida de cazador que tanto ansiaba? ¿Era esta la vida prometida?

Casi era para reírse como todo parecía ir en su contra.

Una luz roja llamó la atención de Jaune e interrumpió su tren de pensamientos.

De todas las casas había algunas con las luces encendidas y una vista que daba a entender que no estaba solo en aquel lugar.

Levantándose del suelo, casi con duda, Jaune tragó antes de reírse y acercase a la puerta más cercana.

―¡¿Qué demonios quieres?! ―un grito con furia se escuchó del otro lado― ¡Sí eres un cazador vete y has algo con esta maldita ciudad!

Aquella fue toda la interacción que recibió de parte de aquella casa.

Quizá…solo era este caso aislado y los demás le ayudarían con su situación.

Jaune sonrió ante la idea, alguien apoyándolo y dándole ánimos. Al final, quizá estaba en una de esas historias en donde enviaban a alguien a otro mundo solo para convertirse en él más fuerte y conseguir su harem.

Eso debía ser, solo estaba en la primera parte, en donde iba a sufrir por un momento antes de convertirse en el nuevo señor de la ciudad, encontrar una cura y ser aclamado por todos.

Forastero.

Bestia.

Bastardo.

Cobarde.

Inútil.

Jaune había tocado cada puerta que tuvo en frente para recibir los mismos insultos. Nadie lo quería cerca, ¿No se suponía que los cazadores deberían ser aclamados? Deberían ser héroes, deberían ser venerados, idealizados y solicitados.

¿Cómo es que todas las personas sabían que él era un maldito cazador o extranjero y como es que todos lo odiaban por ello?

No se atrevió a avanzar en el centro de la ciudad. No podía, eran humanos asustados los que estaban abajo, humanos que estaban seguramente locos por algo, debería haber alguna forma de pasar de esto.

Debería haber alguna forma en que él fuese un héroe.

―¿Hay alguien ahí? ―una voz de una niña sonó cerca suyo. Jaune se giró y vio una casa cercana, más grande que las otras, casi parecía una mansión.

Caminando con cuidado se acercó a la ventana. No pudo ver a la persona que estaba al otro lado de esta, solo pudo escuchar la voz que sonaba.

―¿Hola? ―el intento de saludo de Jaune salió casi como pregunta, por culpa de la duda que se generó en como respondería la persona detrás de aquella ventana.

―¡Hola! ―la voz de la niña sonaba demasiado emocionada―. Eres un cazador ¿No? Ustedes son los únicos que están por las calles, además es imposible el confundir su olor.

Un foco se prendió en la mente de Jaune. ¿Era por eso que todos sabían que él era un cazador? Tenía sentido y a la vez no.

―Soy…un cazador ―no lo era.

Jaune lo sabía, pero la niña se río y obtuvo una gran esperanza al momento de escuchar esas palabras.

―¡Lo sabía! Verás…mi madre, fue a buscar a mi padre. él es un cazador al igual que tú, pero está vez…―la niña esperó unos momentos antes de abrir con lentitud la ventana y pasar algo desde dentro.

Jaune vio como una caja ornamentada era empujada por una pequeña mano. Desde el fondo pudo ver a la niña sonriendo al darle la caja.

―Mamá olvidó esto, papá se pone raro cuando sale de caza, por eso siempre mi madre lo lleva consigo, por favor, dáselo cuando la veas, la vas a reconocer, ella… ―la niña dudó unos instantes antes de volver a sonreír― Ella tiene un collar de color rojo muy hermoso y grande, no podrás perderla, ¡Estoy segura que la encontraras! Ah, si te encuentras con papá toca la música y se calmará, por si lo encuentras antes.

Eso fue todo lo que mencionó la niña antes de cerrar la ventana una vez más. Jaune escuchó como salió corriendo y se alejaba de aquella ventana.

Una sonrisa llegó en la cara de Jaune cuando pensó en sus propias hermanas.

Ellas probablemente estarían preocupadas por él.

Tomando la caja de música con su mano, la abrió y escuchó la suave melodía. Era relajante, sí, pero le costaba creer que algo así calmaría a alguien, pero eso no importaba.

Ahora el principal problema…

Era ir a las alcantarillas, por ende.

Matar a los presentes hasta abrirse paso.

Jaune se quedó quieto viendo la plaza en frente a él.

En el transcurso de su estadía en aquel lugar, ya había muerto siete veces intentando dialogar con los aldeanos, se sintió mal, realmente mal. Jaune en un ataque de ira golpeó a uno de ellos, el hombre golpeado gritó de dolor y su sangre voló.

Dicha sangre lo curó al instante de las heridas realizadas por los mismos aldeanos. Mas al momento en que la euforia terminó y miró a su alrededor. Solo había cuerpos mal trechos con cortes y carne desgarrada. Jaune vio su arma, la sangre goteaba de aquella extraña hoja dentada.

No lo soportó.

Llevando una mano a su boca intentó reprimirse y no vomitar, pero no hubo resultado al final. Quería vomitar, pero no podía, era obvio que no podría hacerlo, después de todo no había nada que expulsar.

Tenía hambre.

Al principio no sintió nada, ahora, solo podía sentir la falta de algo.

Una risa salió de Jaune al momento en que alzó sus manos en su cabeza, respiró hondo y comenzó a darse golpes en la cabeza contra el suelo, dándole cabezazos al piso.

No había comido ni dormido en días, desde el momento en que se despertó lo único que había tenido en su estómago se vació al instante. Era obvio que no pudiera vomitar, al fin y al cabo, su estómago no podía procesar nada de lo que comiera o bebiera, su propio estomago parecía seco, vacío por decir menos, pero lo que más le estaba matado era el hambre que sentía.

Lo peor es que incluso la inmundicia era rechazada por su cuerpo.

El peor castigo que pudo haber recibido no fue el no morir, era el ser privado de aquello que podía dar una ínfima fracción de tranquilidad a su cuerpo.

―Lo siento, lo siento, lo siento ―los ruegos con lágrimas de Jaune siguieron ante la vista de los aldeanos que tenía en frente.

Eran lentos y su cuerpo parecía mucho más rápido acorde pasaba el tiempo, no fue como la primera vez que estuvo de pie en aquel lugar, era como si esas cosas estuvieran atacándolo en cámara lenta, los ataques parecían demasiado lentos… no, no es que todo fuese más lento, él era más rápido.

Pero seguía careciendo de experiencia.

Un linchamiento por una cantidad enorme de los ciudadanos fue lo único que recibió Jaune.

El rubio no pudo evitar gritar y aferrarse a la nueva herida formada en su espalda, pero ese solo fue el comienzo. Cuando las otras armas empezaron a desgarrar su cuerpo, llego su octava muerte en aquel lúgubre sitio.

Cuando Jaune abrió los ojos una vez más solo sintió frio, el traje que usaba no era algo que puede brindar algo de abrigo, a pesar de que el clima mismo se prestaba para el calor en una noche así.

Solo sintió más frio ante cada muerte.

La madre de la niña esperaba.

Se suponía que todas las personas que estaban en aquel lugar eran…bestias, mas no podía creer en aquello, no podía aceptarlo, mucho menos pensar en ello.

Incluso si su nombre cambiaba, Jaune sabía que aún sentían dolor, que aún eran humanos que estaban con miedo.

Pero no era posible el comunicarse con ellos, incluso si hablaban el mismo idioma, no podía hacerles llegar sus palabras, Jaune lo intentó, lo intentó tanto, pero no pudo hacer nada al final. Lo único que obtuvo de aquel mundo fue una cuchilla que se manchaba de sangre al igual que su cuerpo.

La sangre lo curaba, le daba ese breve momento de éxtasis, le llenaba el vacío de no comer y dormir, le hacía olvidar por un breve instante que estaba haciendo algo que jamás se lo perdonaría.

Jaune solo deseaba que esto se terminase de una sola vez.

Cuando Jaune volvió a sus sentidos lo único que vio fue la sangre a su alrededor, manchándolo y cubriéndolo prácticamente todo. Le dio nauseas, aquello no fue un buen sentir. Jaune deseaba que todo esto terminase de una vez, que las cosas finalizaran, que, al salvar tanto a la madre como al padre de la niña, el hombre le dijesen como volver, ¿Si era un cazador debería saber cómo salir de la caza no?

Ya no quería seguir, los viales se estaban agotando, lo que significaba… que tendría que buscar en los cuerpos que el mismo debía matar.

Fue raro, como cada vez que descansaba, cada instante en que se relajaba en aquel farol. El mundo se detenía y volvía a como era hace tan solo unas horas. Cualquier progreso y acción que le diese un mínimo sentimiento de avance se destruía cuando a duras penas y maltrecho llegaba para ver como todo lo que hizo fue reiniciado.

Este mundo era una locura.

Al entrar en una de las casas vio una gran cantidad de libros esparcidos en todos lados. Podía ver como la salida estaba del otro lado; sin embargo, el joven de cabello rubio miró a su derecha y notó algo. Un hombre en silla de ruedas que estaba con la cabeza gacha.

Un leve sentimiento de felicidad surgió en Jaune, el hombre que tenía en frente debería ser bastante viejo, además, no fue agresivo y se notaba que estaba despierto. Caminando con lentitud hacía aquella persona la esperanza de poder hablar con alguien se renovó.

―¿Disculpe? ―Jaune llamó y no hubo respuestas. Acercándose un poco más, el joven vio como la mano del viejo se iba hacía la rueda de su silla y empezaba a girar. La sonrisa de Jaune creció ante aquello.

¿Por fin podría hablar con alguien fuera de aquel sueño sin que lo lastimen?

―¡Muere bestia! ―Jaune había estado expectante y con la guardia baja cuando el hombre se había movido como una persona más, pero cuando gritó y terminó de darse la vuelta.

Solo sintió como su torso ardió en dolor.

Una gran pistola, ¿Un trabuco quizá? Estaba en manos de aquel anciano que lo miraba con locura. Jaune dejó escapar una bocanada de sangre pocos segundos después y miró hacia abajo.

Había un gran agujero en su pecho.

Una sonrisa de lado salió en el rostro de Jaune ante la desesperación y el no saber cómo reaccionar, su mente estaba destruida ante el dolor, la única razón por la que no estaba gritando era por el shock que estaba sufriendo en estos momentos.

Alzando con lentitud la cabeza una vez más, Jaune vio como el hombre apuntó el arma hacia su cabeza.

¿Por qué no había muerto de una vez al tener su cuerpo perforado? Solo sentía dolor, pero a pesar de la herida mortal, no podía morir.

¿Por qué entonces podía seguir viviendo?

La pregunta de siempre llegó a su mente antes de que aquel anciano en silla de ruedas le volara la cabeza.

Al momento de caer al suelo y revivir. Jaune llevó sus manos a su cabeza y gritó como si el dolor de aquel momento nunca hubiera desaparecido.

La sensación de perder su cabeza se mantuvo vigente.

¿Fue por cosa de segundos?

Odiaba el hecho de que un segundo para él ahora durase tanto, ¿Por qué todo se movía tan lento? Jaune sintió como las balas llegaban lentamente en su cabeza, atravesando su piel, pasando con cuidado por el cráneo antes de que todo se apagase.

Ante el mero pensar ello solo pudo retorcerse en el suelo por el dolor

¿Por qué todos lo obligaban a hacer esto?

Aún no podía superar el hecho de haber golpeado hasta la muerte a esos ciudadanos, incluso si revivían una vez descansase, incluso si solo actuaban con miedo.

Le dolía que todo esto se diese a conocer de manera repetida.

Estaba empezando a odiar esto, aunque no quería ir por la ruta fácil de matarlos a todos tantas veces, para Jaune, aquello no era lo que quería, se suponía que tenía que proteger, pero, antes que nada.

Tenía que llegar a donde estaba la madre de la niña que le pidió ayuda.

Ya se había retrasado demasiado con su…muerte, aún le costaba acostumbrarse a ese hecho, el poder morir de manera incontable.

No, era mejor no probar que tanto podía morir o que tanto podía hacer bajo aquella cosa que era la noche de caza.

Jaune le costó ponerse de pie, mas esta vez fue con la idea de una sola cosa en su mente.

Volver donde estaba la muñeca, ella fue más comunicativa que el viejo, ¿Podría ayudarlo a entender como pasar esta situación?

Jaune rezó que así sea, después de todo, odiaba que todo se diese con tanto misticismo, que todo sea unidireccional para todos los demás, menos para él, ¿Por qué lo trataban como si ya supiese todo del mundo?

Era frustrante, lo enojaba.

Lo odiaba.

Los ojos de Jaune se abrieron una vez más y vio a la muñeca que estaba parada tranquilamente, aunque tranquila no sería la palabra correcta para expresar algo de aquella… ¿Mujer?

Lo importante es que sabía que solo era una herramienta, entre todo este mar de muertes y bestias, ella era la única diferente.

Jaune caminó lentamente y se puso frente a la muñeca.

―Saludos buen cazador ―la muñeca inclinó su cabeza con lentitud y vio al joven de cabello rubio que tenía enfrente.

―Tú…me ayudarás ¿No? ―la pregunta sonó más desesperada de lo que le hubiese gustado expresar a Jaune.

―Estoy para servirles a ustedes, los cazadores, ¿Qué es lo que desea? ―la pregunta de la muñeca hizo que Jaune respire hondo y luego exhalase con fuerza.

―¿Es necesario matar a esas personas para avanzar?

Hubo un silencio de parte de la muñeca, fue breve, pero Jaune no supo si fue duda o si estaba procesando la pregunta.

―Por personas, quizá se refiere, ¿A los habitantes de la pesadilla? ―allí iba otra vez.

Jaune no entendió el concepto de pesadilla y sueño, solo eran nombres simples, más ya había preguntado con anterioridad sobre aquello.

―Sí.

―¿Le preocupa que esté lastimando a otros? ―Jaune parpadeó con sorpresa ante aquella declaración.

―Yo…

―No estás lastimando a nadie, querido cazador ―Jaune sintió un hormigueo ante aquellas palabras, el tono tan amable no contrastaba con el rostro plano de la muñeca.

―Pero los habitantes…―Jaune no siguió, no pudo, el mismo en su momento más bajo los atacó, los golpeó y mató.

Y lo disfrutó.

―Son parte de la pesadilla ―la comprensión de la muñeca del cazador que tenía en frente fue mucho más clara ahora―, ellos no forman parte de nada, son solo un…remanente de lo que eran ellos, no están presentes como tal.

Porque eran cascaras de lo que fueron.

Mas eso no fue pronunciado por la muñeca.

―Entonces…¿Está bien para hacer algo así contra ellos?

―Usted es un cazador, y ellos son la presa, puedo sentirlo, tienes algunos ecos contigo ―Jaune alzó una ceja ante aquello―, extienda su mano por favor, buen cazador.

Jaune no supo la razón, pero al momento en que extendió su mano, sus piernas se doblaron y se arrodilló, hubo una sensación de escozor en todo su cuerpo, como si alguien estuviese extrayendo algo de él.

No fue una sensación desagradable al final, fue como si algo estuviese surcando su cuerpo.

No supo cómo expresarlo.

¿Qué era aquello que estaba viendo? ¿Por qué sentía que podía mejorar su escasa fuerza? Jaune no pensó mucho en ello, solo tuvo una cosa en mente.

No quería morir más, no quería que lo asesinasen que le hicieran daño.

Un brillo vino de las manos de la muñeca e impregnó el cuerpo de Jaune, la sensación fue breve, casi como si no estuviese ahí, solo para que sentir como si su estado hubiese sido mejorado.

Fue casi como un sentimiento de éxtasis el sentir aquella energía recorrer su cuerpo.

Ah, con que eso era.

La canalización de los ecos de sangre para convertirlo en su fuerza.

Lector beta: GonzalotheChaldean

Otra parte, y no, no pienso hacer todo de bloodborne, pero sí, quiero jugar un poco con esto, así que hasta aquí al menos el capítulo.

Rey de picas fuera.