Sigo sintiéndome mal, pero salió solito, así que…


ºMadre olvidadaº

La otra cara


Sasuke cerró la puerta con demasiada brusquedad y pateó las cartas que había esparcidas sobre el suelo. No tenía ganas de ponerse a revisar invitaciones o cualquier otra tontería de aquella jodida vida.

No entendía qué mal había hecho para merecer algo así. Sólo había tenido sexo una puta vez en su vida y había sido un desastre que todavía seguía mascándole la nuca. Sarada era lo único bueno, lo único que… temía perder.

Sí. Si Sakura le quitaba su hija todo aquello no tendría sentido.

Siempre había tenido ese miedo, debía de reconocerlo. Al principio, por el agobio al que Itachi lo sometía con las responsabilidades, le habían hecho pensar alguna que otra vez que ojalá nunca hubiera decidido hacerla.

Ahora no quería deshacerse de ella.

Era su hija.

Tampoco podía comprender qué diablos estaba haciendo Itachi. Siempre había sido bastante retorcido a la hora de joderle la vida y pareciera que su interés por Sakura estuviera aumentando en una dosis muy diferente a las que esperaba. No era para nada normal eso.

En realidad, si lo sopesaba. ¿Cuántos años llevaba Itachi planeando eso? ¿Quizás desde que Sarada era pequeña? ¿Sarada le había rogado a su hermano buscar a su madre?

Se frotó los cabellos, furioso. Odiaba cuando las cosas se le escapaban.

Caminó hasta el mueble bar, deteniéndose al notar la cantidad de cartas, agachándose para recogerlas. Fue una de ellas la que llamó su atención.

Abrió el sobre.

Y maldijo en todas las lenguas que conocía.

.

.

—¿Lo has descubierto ya? —cuestionó Sakura completamente atónita.

Itachi a veces odiaba que la gente se sorprendiera tanto. ¿Por qué no comprendían que simplemente era un genio? O que contaba con los mejores contactos de la ciudad, que también era bastante increíble. Cuando uno hacía joyas a las que encandilar a mujeres importantes, no era raro conseguir un estatus importante. Que no lo pavonease era otra cosa muy diferente.

—Sí —respondió al notar que se impacientaba.

Y cuando lo hacía, ponía ese adorable mohín que le daba dolor de cabeza.

—Ha sido fácil. No se guardó demasiado en dejar sus huellas.

—¿Y quién fue?

Itachi se demoró en responder, curioseando su vez. Había ido a visitarla, a su casa, directamente. Sin tapujos y sin molestarle que nada más verle lo acusara de estar espiándola.

No, sólo era curiosidad. Sakura recibía una condenada suma por mostrar sus carnes, por menear ese dichoso trasero delante de los tíos y lucir modelitos. Le había entrado curiosidad por ver el lugar donde pasaba las noches o los días libres y esperaba encontrarse un lugar lujoso, sin ningún tipo de capricho por cumplir. Y, sin embargo, estaba dentro de un acogedor, pero pequeño piso, sin más lujos que una televisión grande y una cocina perfectamente organizada.

No había cadenas de música, aparatos electrónicos de última hora. El suelo era viejo, las paredes necesitaban una mano de pintura dentro de poco. Dios, hasta esas cortinas parecían gritar por un cambio cuanto antes.

¿En qué gastaba todo ese dinero? ¿Acaso era una casa trampa? Muchas modelos las utilizaban para fingir que vivían una vida normal sin ningún tipo de gasto ostentoso y, sin embargo, sus cuentas bancarias estaban completamente vacías.

Pero la forma en que olía y el calor, no le daba esa sensación. No. Esa mujer vivía allí y así.

Incluso había una pequeña pecera con una especie de pez extraño al que le costaba nadar.

—¿Decías? —cuestionó al notar que bufaba cada vez más.

—¿Quién es?

—No es problema tuyo. Ya lo he solucionado. Sólo venía a decirte que podías estar tranquila.

Aquello fue un pequeño detonante que esperaba que llegara. Sakura se tensó y levantó el mentón. Incluso se atrevió a señalarle con uno de sus delgados dedos. Casi parecían manos de cirujana.

—No te atrevas a decirme que no tiene nada que ver conmigo. Estamos hablando de…

Atrapó su mano en una de las suyas, entreteniéndose en acariciar su índice.

—De mi sobrina, a la que han cometido el error de meter en un asunto turbio y pensar que podían amenazar a la mujer que tan fríamente la abandonó a su suerte en la puerta de mi casa. Sí, sé de qué tema estoy hablando.

Hizo una pequeña pausa.

—¿O acaso ahora quieres hacerte la buena madre?

Sakura se esforzó por soltarse de su agarre, con las mejillas enrojecidas de furia y labios temblorosos.

—Me resulta bastante vomitivo este hecho, sinceramente. Especialmente, porque nunca hiciste por volver si quiera a ver que estuviera viva y sana. No. Tu idea era que muriera aquella noche. ¿Verdad?

Las lágrimas se pronunciaron en aquellos ojos verdes. Pasaron de la furia al dolor al instante y estuvo a punto de sentir algo de pena por eso. Pero no iba a dejarse embaucar. Las mujeres tenían esa capacidad muy despierta.

—No tienes idea de lo que estás hablando… —murmuró ella con el llanto en la voz—. No sabes nada de mí ni de lo que pasó… Si tu felicidad se basa únicamente en destruirme: Hazlo. Regodéate de ello. No me siento orgullosa de lo que hice diez años atrás, pero decidí que ningún otro hombre iba a destrozarme el corazón de nuevo y a provocar que me muriera de miedo de nuevo. Y lo cumpliré, así seas tú o el padre de mi hija.

Itachi parpadeó sorprendido. Estudió su rostro.

—Estabas enamorada de él.

—Sí —confesó cerrando la mano que todavía sostenía en un puño—. Y él simplemente tomó todo lo mío y me dejó su semilla para abandonarme en aquel condenado retrete después de usarme. ¿Crees que fui mala? Estaba aterrada. Asustada. Mis padres no me apoyaron, ni me preguntaron. No podía ponerme en contacto con el padre porque fui tan estúpida de protegerle y luego, con el bebé y sola no fui capaz de ayudarla. La abandoné. La dejé en frente de esa casa aterradora.

Parpadeó, asimilando toda aquella información que desconocía. No había orgullo ni mentira en su voz, pero sí dolor. Mucho dolor.

—Ni siquiera me imaginé que su padre vivía ahí o tú.

—¿No sabías que Sasuke vivía en ella?

Sakura negó con la cabeza, con el labio temblando de una forma casi absurda.

—No. Él nunca nos hablaba de más de lo que él quería y si le seguíamos, se las ingeniaba para que le perdiéramos. No tuvo un amigo cercano en su vida.

Sakura observó su rostro. Una mueca irónica se formó en su boca.

—Oh, Dios. Te has metido en todo este lio y ni siquiera conocías la mitad de la historia. ¿Qué te dijo Sasuke? ¿Qué yo lo engatusé? ¿Qué le violé? ¿Qué sabía que él era el padre, que vivía ahí y lo hice para joderle la vida?

Soltó una carcajada estridente.

—Eso, seguid pensándolo. Sigue haciendo que me caiga que volveré a levantarme, Itachi Uchiha. Ni tú ni Sasuke Uchiha van a evitar que la verdad esté ahí. Soy la madre de esa niña, sí, la abandoné, sí, pero no es algo que hoy día habría hecho deliberadamente. No la abandoné por gusto, pero pensarlo así. Soy la mala de la película. Seguid, regodearos en…

Itachi la acalló. De un modo que no solía utilizar a menos que la chica lo mereciera. De un modo que jamás habría pensado en usar con ella. Pese a que Sakura se mantuviera con los ojos muy abiertos y el cuerpo tenso, su boca era suave y delicada, pequeña contra la suya y sintió su aliento contra sus labios.

Se separó, incómodo.

—¿Por qué has…? —cuestionó ella temblando—. No. ¿Cómo te has atrevido?

Itachi estudió sus ojos, que alternaban los suyos en movimientos rápidos. Un rubor adorable se había formado bajo estos, acentuando su piel blanca.

—No todos los Uchiha somos iguales. Y eso pasó cuando eras una adolescente. Mi hermano es un neandertal en cuanto a mujeres, así que asumiré parte de sus culpas también.

—¿Me estás creyendo?

—Sí —aseguró—. No mientes. Cuando lo haces, tiendes a apretar los labios y desviar la mirada un poco. Tampoco lloras por impotencia cuando estás mintiendo.

Y también estaba la parte de que su hermano no había contado demasiado.

—Dime quién ha sido.

Itachi suspiró. La soltó y le dio la espalda.

—Una antigua compañera vuestra de clases. Parece que sólo tuvo que atar cabos y pensó en chantajearte. La empresa ya ha tomado recursos legales en tu nombre.

Tomó un instante aire para calmarse.

—¿Qué te impulsó a abandonarla?

Sakura tardó en responder.

—Miedo y necesidad. No para mí. Para ella. No tenía nada que ofrecerle. Conmigo hubiera muerto de hambre, necesidades… no tenía nada. Que me descubrieran para la moda fue algo inesperado.

—Si lo hubieras sabido…

—Nunca la habría abandonado —juró.

Y estaba seguro de que tampoco se habría acostado con su hermano en aquel lavabo. Por lo tanto, Sarada no existiría.

Se frotó el ceño mientras abandonaba el edificio. Todavía podía sentir el calor en sus propios labios y la mente hecha un maldito torbellino. Desde siempre había querido destruirla, hacerle pagar los años de abandono. Y sin embargo, ese día había descubierto demasiadas cosas.

No sólo que ella no mentía.

Había descubierto quién era la persona extorsionadora y se había presentado por él mismo para verle la cara. Era una mujer casada que esperaba otro hijo de un hombre que no era su esposo. Había reconocido a Sakura y también había seguido a Sasuke, al que vio salir de su edificio uno de esos días. Luego, lo vio con Sarada.

Supo al instante que era su hijo o simplemente echó cabos.

—Yo estaba en aquella fiesta de hace dos años. ¿Sabe usted? —le había contado, emocionada con la idea de tener la cartera llena cuando le había pagado por hablar—. Todas queríamos acostarnos con Sasuke Uchiha, pero él nunca nos hacía caso y, sin embargo, esa noche se llevó a Sakura Haruno con él. Los seguí por curiosidad y escuché sus gemidos y luego, le vi salir a él mientras se arreglaba la ropa. Poco después, Sakura dejó de venir a clase y desapareció. Ahora sé por qué. Qué vergüenza debió de pasar.

La mujer había sacudido la cabeza y Itachi se preguntó por qué siempre las personas que peor tienen sus vidas son las que más critican.

—Mi madre conocía a la suya. Haruno era una mujer muy enérgica y siempre aseguraba que su hija iba a ser la mejor y, mira por donde, la encerró hasta que Sakura dio a luz. Lo sé porque una vecina que vivía pared con pared nos lo contó. Ella gritaba para que la dejara Salir. Entre nosotros, creo que Sakura había querido quitarse a esa criatura de encima. Tan horrible. Como si no lo hubiera gozado aquella noche, vaya.

Sacudió la cabeza y se encogió de hombros.

—Al final, los padres se separaron, su madre murió y ella desapareció. Cuando la vi en la revista anunciada como la nueva adquisición de su empresa, supe que tenía que hacer algo y qué bien resultó.

La vio contar los billetes con los ojos como los de un búho hambriento.

—¿Cómo era Sakura antes de todo eso?

—Era una chica buena, con un carácter de mierda algunas veces, pero buena. No estaba preparada para ser madre, desde luego. Era muy miedica para esas cosas. Mi madre me contó que la vecina le dijo que había llorado y gritado hasta quedarse sin voz y que las palabras siempre eran las mismas.

—¿Cuáles?

La mujer le miró incómoda.

—Quítamelo.

Itachi había cambiado varias veces de postura en aquella entrevista antes de marcharse, pero tras aquellas palabras le fue completamente imposible mantenerse sentado por más tiempo.

Esa era una de las pistas que había necesitado en su momento y llegaba demasiado tarde, cuando ya casi le había fastidiado la vida a Sakura por su egoísmo y creencias en que su sobrina iba a salir mal parada. Se había dejado llevar por el odio demasiado deprisa.

Y ahora se daba cuenta. Haber necesitado sólo de eso para comprender que ella había sufrido incluso más que su hermano, le provocaba un malestar incomprensible.

No había forma de disculparse, tampoco de cambiar las cosas que había estado haciendo. Del mismo modo que tampoco podía remediar el hecho de que su cuerpo hubiera decidido por sí mismo qué hacer.

Dios, si lo pensaba, ayer mismo estaba echando pestes de ella y preparando algo más vergonzoso para su currículum.

Pero esa dichosa mujer tenía que haber enviado una carta amenazadora a su sobrina y él investigado para conocer una parte de la verdad.

El problema residía en: ¿qué hacer ahora? Había dado pasos por equivocación y muchos otros estaban ya en marcha.

Y todavía no podía quitarse de la cabeza ese condenado beso. ¿Quizás había eso lo que llevó a su hermano a escogerla entre tantas escolares disponibles en aquel momento?

.

.

Sakura se frotó el mentón con dedos temblorosos mientras Hinata entraba con algunas bolsas y las dejaba nada más verla andar en círculos alrededor de la mesa.

—¿Qué ha pasado? —cuestionó.

Sakura abrió la boca. La cerró.

—Sakura —nombró tranquilamente Hinata—. Recuerda que prometiste contármelo todo.

—Has visto el coche de Itachi. ¿Verdad?

—Sí —confesó Hinata ruborizándose culpable—. Lo vi y he subido lo más rápido posible, pero veo que llego tarde. ¿Qué ha pasado?

—Averiguó quién dejó el aviso —respondió sacudiendo una mano frente a su rostro—. Una ex compañera de clases celosa, al parecer. Descubrió donde vivía y la envió. Itachi ha dicho que la empresa ya está encargándose de ello.

—Ah, bien —suspiró aliviada. —Aunque sospecho que eso no es lo que te está haciendo dejar un surco sobre la alfombra.

Sakura miró la forma en que sus pies habían ido arrastrándose por encima de esta. Se dejó caer sobre el sofá.

—No, aunque me sorprende que alguien quiera fastidiarme de aquel tiempo. Nunca he ido a las reuniones ni he querido tener ningún contacto con esa gente de por aquel entonces. Todo me recordaba a… Ya sabes.

—Lo entiendo —consoló Hinata avanzando hasta sentarse a su lado y darle unas palmaditas en la mano—. ¿Qué es entonces?

Sakura dudó. Podría pensar que lo había soñado si no fuera porque no tenía esa clase de sueños desde que era adolescente y, por aquel entonces, la magia de aquellos deseos y sueños los había ocupado el padre de su hija y no el tio.

—Me ha besado.

Hinata abrió la boca. La cerró. Se señaló los labios. Sakura asintió y se echó hacia atrás, frotándose el rostro con ambas manos.

—¿Cómo ha…? Quiero decir… —Se ruborizó notablemente—. Entiendo la práctica, pero…

—Lo utilizó para acallarme —dijo encogiéndose de hombros—. Y hemos hablado un poco acerca de lo que ocurrió en el pasado. No todo. Tampoco él me lo ha contado, pero creo que sabe más de lo que dice.

—Oh. Quizás…

—No, no te lances, Hinata. No quiero ilusionarme con la idea de que todo pueda cambiar. Es casi repentino que todo pase así de deprisa.

—No, no es así —negó Hinata apretándole las manos—. Has sufrido todos estos años con esa carga sola sobre los hombros. Sólo necesitabas que te escucharan y comprendieran. Este hombre sólo necesitaba conocer la verdad. Y apareció un milagro en forma de carta.

La carta, por supuesto. Había llegado como caída del cielo.

—Eso no cambia el hecho de que no debió de besarme —recordó.

Hinata frunció el ceño.

—Desde luego.

—Fue descarado —recalcó apretando los labios.

—Muchísimo. Besar a una chica sin permiso. ¿En qué pensaba?

Sakura lo rumió un momento.

—Quizás yo estaba muy pesada hablando.

—Posiblemente —opinó Hinata—. Las chicas hablamos mucho y eso asusta a los hombres. ¿No?

—Sí, creo que sí.

Hubo un momento de silencio que fue roto por el móvil de Hinata. La chica se ruborizó por un instante y luego la miró.

—Te han invitado a una fiesta muy importante, Sakura. La modista súper famosa Tsunade Senju es la anfitriona. ¿No has recibido un mensaje?

Sakura había estado tan concentrada en otras cosas que olvidó por completo el aparato. Lo abrió y tras intercalar entre varios mensajes sin interés, lo encontró. La empresa le había enviado un mensaje. Invitaban a todos los modelos.

—¿Cómo te has enterado tú? —curioseó.

Hinata se chupó el labio inferior con las mejillas enrojecidas.

—Naruto-kun me lo ha contado.

Sakura abrió la boca por la sorpresa.

—¿Cómo que él? Espera. ¿Me he perdido algo?

—Pues verás… —tartamudeó—. Ayer regresaba a casa cargada todas las cosas y él me interceptó en la calle mientras esperaba un taxi. Iba en su coche, por cierto. Me pidió que subiera con la idea de traerme y terminamos tomando algo en un restaurante y… intercambiamos teléfonos.

—¿¡Qué!? —exclamó sin poder ocultar la sorpresa—. ¿Por qué no me contaste nada cuando volví? No, espera. ¿Por qué volviste? O… por qué diablos no me dijiste nada. ¡Hinata!

—¡Sakura! —nombró a su vez Hinata entre carcajadas—. Frena, frena. No es lo que crees. No era una cita o algo así.

—Pues tiene toda la condenada pinta de serlo —objetó frunciendo el ceño—. Cuéntame entonces, si no era una cita. ¿Qué otra cosa podría ser?

—Sólo quiso agradecerme por maquillarle —explicó frotándose las manos—. Y quería consejo sobre maquillaje, vestuario, etc. Nada del otro mundo. En eso consistió toda nuestra charla.

—¿Es una broma?

—No, para nada.

Le mostró el móvil con la conversación entre ambos. Naruto le había enviado dos fotografías con diferentes camisas bajo la chaqueta de un traje negro. Una blanca y otra naranja en busca de opinión.

—Este hombre es idiota —espetó con deseos de tirarle el móvil a la cara.

Hinata, sin embargo, sonreía como una boba.

—No, está bien. Es lo que se me da bien. Esto. La ropa, el maquillaje, los olores. Me gusta y ser capaz de ayudarle me encanta. Nunca habría tenido esta oportunidad de no ser porque ayer me ayudaste con ello. Este momento, es un trocito de mi felicidad.

Sakura sonrió dulcemente.

Por un instante, le recordó a ella misma tiempo atrás. Esa niña idiota enamorada a más no poder del chico popular. Había mantenido un recuerdo especial en su corazón en aquel momento, un trocito de felicidad, como lo llamaba Hinata. Sasuke había dejado para ella abierta la puerta de entrada el tiempo suficiente para que entrara. Claro que eso sólo había sido un simple acto de educación y nada más.

Para ella fue una emoción increíble que la tuvo en babia durante muchos días.

Sopesó que a Hinata no iba a pasarle lo mismo, por supuesto. Al fin y al cabo, eran mensajes inocentes a través del teléfono. Naruto no podía ser tanto como para mostrarle los calzoncillos.

Porque ahí sí que lo mataría.

Bueno, quizás le pegara.

—Bueno, habrá que pensar en la ropa y maquillaje —recordó.

Hinata le sonrió como respuesta.

—Ya lo pensé y por eso fui de compras. Lo tengo todo listo para mañana.

Sakura se esforzó en seguirle el ritmo mientras explicaba un sinfín de colores, le mostraba el vestido que llevaría, el pintauñas y sacaba hasta una cera nueva que acababa de salir al mercado.

Sí, estaba en toda su salsa. Ojalá Naruto pudiera ver lo hermosa que era cuando hablaba de su pasión.

Se iba a enamorar de ella al instante.

Miró su móvil cuando vibró, desconectado un momento de Hinata, que se calló al darse cuenta que no le prestaba atención.

—¿Sakura? —preguntó.

—Tiene que ser una broma —dijo antes de resoplar—. Itachi Uchiha —respondió a la mirada inquisitiva de su estilista—. Acaba de enviarme un mensaje para preguntarme de qué color será mi vestido para mañana.

—Rojo —respondió inocentemente Hinata—. El maquillaje será felino, porque te queda y…

—No, Hinata —cortó—. No lo dice por eso.

—¿Y entonces?

Sakura le mostró el mensaje. Hinata lo leyó, apoyada con las manos en las rodillas. Apartó la vista del mensaje a ella.

—¿Es una broma?

—No tengo ni idea —confesó—. Pero de perdidos al rio.

Respondió al mensaje, esperando mientras masticaba una de sus uñas hasta que Hinata le diera un manotazo ausente para quitársela de la boca. Ambas con la mirada fija en la pantalla.

Itachi tardó en responder.

—¿Qué dice? —cuestionó Hinata inquieta.

—Ese suele ser el color de su hermano —gruñó al responder—. Va a… enviar otro vestido, del color que tú quieras, pero no rojo.

Hinata lo rumió.

—¿Por qué le da tanta importancia? —musitó confusa—. Entonces, que sea negro. No, espera.

Le quitó el móvil de las manos y entró en modo trabajo. Sakura sólo pudo quedarse mirando mientras ambos chateaban. Cuando Hinata le devolvió el móvil, se levantó.

—Bien, tengo una paleta de maquillaje nueva, así que no hay problema. Iré a preparar todo para mañana.

Sakura parpadeó sin comprender.

—¿Me he perdido algo, Hinata? —cuestionó sacudiendo el móvil.

—Ah, es que él quería ir a juego con tu vestido. ¿Por qué? No tengo idea.

Sakura puso los ojos en blanco.

—Oh, Dios.

—¿Qué? —masculló Hinata quejándose al tirar de una de las pesadas bolsas—. Quizás me pasé comprando cosas.

—Hinata —llamó Sakura sacudiendo la cabeza—. Itachi Uchiha acaba de pedirme que sea su acompañante en la fiesta. Y tú has aceptado al pedirle el vestido.

La bolsa resbaló de sus dedos hasta el suelo. Algo crujió de una forma extraña pero Hinata lo ignoró. La barbilla le temblaba.

—Dime que no…

—Sí —confirmó—. Lo has hecho.

Se llevó las manos a la cara, más pálida de lo demás, y cayó de rodillas.

—¡Ay, dios! ¡Lo siento tanto, Sakura!

Sakura no le dio mucha más importancia.

—Bueno, no se puede hacer nada ahora. Si le dijera que no voy a ir con él, se armaría un revuelo tremendo y volveríamos a tener esa tensión del principio.

—Ya, pero…

—Tranquila —descartó—. Sobreviviré. Llevo haciéndolo muchos años.

Le dio una palmada en la cabeza y la ayudó con las bolsas.

—Veamos que has comprado.

Hinata la siguió un instante después y de nuevo apareció la Hinata que más adoraba.

Continuará…


Itachi finalmente ha descubierto algo que le ha hecho abrir los ojos y, especialmente, ver a Sakura de otra forma, mientras que Sasuke sigue furioso.

¿Qué pasará durante la fiesta?