Venga que ya tocaba más leña al fuego y darle algo de vida al Itasakusasu (l)


ºMadre olvidadaº

Corazón confuso


—Por favor.

Sakura levantó la mirada de la revista que estaba mirando sobre sus piernas y la clavó en él con ciertas dudas. Estaba siendo muy divertido verle inclinado pese a su metro ochenta, con las manos unidas en ruego y su rostro arrugado como si de un zorro se tratase.

—¿Por qué debería? —cuestionó más para picarle que otra cosa. Pasó otra página.

—¿Por amistad?

Sakura soltó una carcajada.

—Si fuera en ese caso, mi respuesta sería que no, Naruto Uzumaki —aseguró. Luego enarcó una ceja—. ¿No tienes ninguna otra fresca a la que llevarte al huerto?

Naruto arrugó la frente.

—¿Realmente crees que mi lista de mujeres es tan extensa?

Sakura suspiró.

—Vaya, perdiste la oportunidad. Esperaba algo mejor como: "Ella es la mejor de todas las que pueda haber en una lista que no tengo".

Naruto pareció realmente derrotado. Sakura no podía negar que se estaba divirtiendo a su costa. Que ese guapo modelo estuviera rogándole era tan cómico que si lo subía a cualquier plataforma seguramente conseguiría limpiamente más de mil me enrisa.

El tema había sido repentino.

Kakashi la había convocado para recoger la última documentación que le quedaba por firmar en referencia a su último trabajo y como Naruto era su compañero fue irremediable encontrarse. Sakura no había perdido la oportunidad de bromear acusándolo de intentar quitarle a su ayudante y Naruto casi se había puesto de rodillas pidiéndole algo que para muchas chicas que se morían por su trasero encontrarían impensable.

Cuando Kakashi le entregó los papeles, Sakura se dispuso a marcharse.

—Escoge la camisa que Hinata te recomendó, Naruto.

Se marchó con una sonrisa en los labios y se alegró de que el restaurante estuviera cerrado para soportar sus gritos.

—¿Ya te marchas?

Asintió como respuesta hacia Kiba, que le abrió la puerta educadamente.

—Sólo venía a por algo. En realidad, debería de estar en casa bajo las manos de mi estilista personal a estas horas.

Kiba sonrió ante la pronunciación de Hinata sin poder ocultar lo que le gustaba. Sakura sintió algo de pena por él. Si Hinata se hubiera fijado en alguien más terrenal como Kiba y no en Naruto, quizás estuviera sufriendo menos suspirando hacia posters en la pared que nunca le devolverán una caricia. Aunque ella no era nadie para juzgar algo así.

Hasta ahora se había mantenido lejos de los hombres. Se negaba a saber más de ellos fuera de lo estricto y profesional y que obligase a llevar ropa y, de no hacerlo, algo rápido y perfecto como un trabajo. Por eso había descartado trabajos con hombres.

Itachi Uchiha fue la horma de su zapato.

Por eso conoció a Naruto Uzumaki y por eso tenía a su estilista suspirando por la casa y saltando como un conejito cada vez que el móvil sonaba con un mensaje suyo.

Por un lado era divertido a menos que estuviera con un perfilador de ojos entre sus manos, claro. Si tan sólo consiguiera que Hinata fuera feliz se sentiría algo completa.

Desde que se había confesado a Itachi y echado en cara el hecho de que siempre la prejuzgaban se sentía mejor. Sí, todavía le dolía el bofetón que Sasuke Uchiha le diera y continuaba pensando que se lo merecía, pero ella no era la única villana en todo eso. Y a juzgar por la sorpresa de Itachi esa noche desconocía muchas cosas.

Dudaba que su hermano se lo hubiera contado. Sasuke nunca fue bueno relacionándose y aunque esperaba que al menos fuera abierto hacia su hermano, parecía que no. ¿Acaso no estaban discutiendo los dos cuando entraron en el despacho antes de abofetearla? Sakura alcanzó a escuchar las palabras que se decían y no pudo contenerse.

Al menos, se percató, ir quitándose peso de encima y compartiéndolo la hacía sentirse más ligera, más sensata.

Porque debía serlo, especialmente, después del beso que compartió con su jefe. O más bien, que su jefe le plantó para acallarla.

Era muy frustrante recordarlo. La única cosa que se le venía a la cabeza era: ¡Uchihas! Pero eso también significaría pensar que su hija era irritante. Al fin y al cabo, era innegable que llevaba su sangre.

Y hermosa. Su hija era hermosa.

Y aunque sabía que no tenía derecho, quería verla más y más.

—Haruno.

Detuvo el paso al mismo tiempo que alguien la aferró del brazo al tirar de ella. Pensó que se trataría de algún acosador o fan, hasta que vio pasar el primer coche a toda velocidad por el mismo sitio en el que había estado antes.

Siguió el agarre y se encontró con Itachi, con el ceño fruncido y claras muestras de haber corrido.

—¿En qué demonios estabas pensando para cruzar el semáforo sin mirar?

Sakura no acertó a mantener la boca cerrada.

—En mi hija.

Los rasgos de Itachi se tensaron. Cambió de postura y bajó la mano de su codo hasta la mano de ella.

—¿Dónde ibas? —cuestionó mientras sus dedos quemaban los suyos.

—A casa —respondió intentando comprender por qué la sujetaba—. Tengo que prepararme para la fiesta de esta noche.

—Te llevaré.

—Puedo tomar un taxi en la otra calle como siempre —indicó frunciendo el ceño.

¿Por qué continuaba aferrándola? ¿Por qué ella no se soltaba?

—No será necesario.

Caminaron hasta la entrada de un parking privado. Tras adentrar la tarjeta de socio en la ranura las puertas se abrieron y Itachi la guió hasta su coche. Por supuesto, el señor Uchiha tenía que poseer un meticuloso coche caro.

Sakura puso los ojos en blanco antes de subirse.

—Cómo no —dijo una vez dentro tras abrocharse el cinturón.

Itachi la miró mientras hacía lo mismo.

—Que viva en esa casa antigua no quiere decir que no tenga dinero.

—Por supuesto —ironizó.

—Es más, hasta podría decirse lo mismo de ti —señaló. Sakura llevó un dedo hasta su cara—. Sí. Cobra lo suficiente como para vivir en apartamentos más lujosos que su piso. ¿Acaso le gusta crear polvo en sus cuentas?

Soltó una carcajada sin poder evitarlo.

—Otro que también cree que soy rácana y que conservo el dinero únicamente para ser millonaria de anciana. ¿Verdad?

—Sólo tengo curiosidad —puntualizó descansando su mano derecha sobre el volante en una postura muy masculina—. ¿En qué gasta su dinero?

—Ropa, maquillaje, el sueldo de mi asistente, médicos, impuestos, alquiler y avión cuando tengo que viajar fuera por trabajo. No tengo coche, así que también aporto dinero al sistema de taxis. Comida, agua… Una vida normal.

—Tiene que tener algún tipo de extra —indicó.

—¿Mi pez?

Itachi frunció levemente los labios en algo semejante a una sonrisa. Encendió finalmente el motor.

—Ahora va a decirme que dona el dinero a algún tipo de ONG.

Sakura asintió mirando al frente.

—Lo hago.

—¿Es de verdad?

—¿Por qué la sorpresa? No es raro que los famosos aporten algo de su dinero a esa clase de cosas.

Itachi se encogió de hombros.

—Yo sólo señalo la casilla de orfanatos cuando hago la renta.

Sakura pilló la ironía pero no llegó a su sonrisa.

—Dono dinero a mujeres abandonadas, niñas forzadas a ser madres y sin ningún tipo de ayuda —espetó—. Un lugar donde me habría gustado recibir ayuda en su momento.

Por un leve momento Itachi pareció ablandarse. Volvió a tomar su mano con suavidad y con el pulgar acarició su palma en círculos relajantes.

—No ceso de pensar en esto. Creo que todo es a causa de un mal entendido entre ustedes que terminó de una forma horrible y creo algo que amo más que mi propia vida.

Sakura se soltó, incómoda. Recordar aquella noche no era un plato de gusto.

—No hubo ningún tipo de mal entendido. Tuvimos sexo en un baño, él terminó y no hizo nada más que marcharse, dejándome tirada. Descubrí que estaba embarazada y mis padres me encerraron en una habitación neutral para intentar evitar que abortara. Cuando tuve a mi hija en un parto muy difícil, me di cuenta que no iba a poder mantenerla y un mes después la abandoné frente a su casa. La ironía del destino es que fuera su propio padre y su tío quienes vivieran ahí.

Itachi puso las manos en el volante. Tenía la mandíbula apretada y parecía maquinar algún tipo de plan en especial. Se preguntó si habría hablado de más y ya pensaba algún otro modo de destruirla. Al fin y al cabo, aunque había asegurado creerla podía estar mintiendo.

Sasuke era su hermano pequeño. Sarada su sobrina.

Ella sólo era una madre que abandonó a su hija y fue olvidada por esta.

Itachi detuvo el coche tiempo después frente a la puerta de su piso. Sabía que Hinata ya tendría todo preparado para ella y emocionada ante la idea de poner el nuevo vestido que les había llegado esa mañana antes de que ella se marchara. Cuando Sakura lo había visto no podía creérselo.

—¿Te ha llegado el vestido? —cuestionó él.

—Sí, lo hizo. Es demasiado.

—Eres una modelo y debes aprovecharlo —recalcó inclinándose para abrirle la puerta. Su brazo rozó apenas sus senos al hacerlo, deteniéndose en el agarre—. Esta noche vendré a buscarte.

Sakura posó la mano sobre la puerta.

—¿Por qué?

Él hizo una mueca muy Uchiha, de esas que durante años le habían hecho suspirar en otro rostro.

—¿Por qué no?

Itachi se marchó con una sonrisa petulante en su rostro y ella se quedó sin respuesta.

.

.

Sasuke odiaba la sensación de su brazo rodeando el suyo y el hecho de caminar a la par pero no podía retractarse. La carta invitándole a la condenada fiesta no podía ser rechazada. No, si quería entablar conversación y favores con uno de los mejores arquitectos del mundo. Por supuesto, la carta le obligaba a ir acompañado y no podía permitirse llevar a Sarada, demasiado pequeña para eso, a una reunión donde se esperaban las mejores vistas humanas.

Glamour, destellos brillantes de joyas y hipocresía. La tarta perfecta.

Sólo le quedó una alternativa a su escasa agenda de mujeres. Ella también le había confirmado recibir la invitación. Senju era una mujer importante, tanto en la moda como en la arquitectura. Y tenía los contactos perfectos que necesitaba. Por ello, la mujer en su brazo también había sido invitada.

Si miraba a su alrededor, en realidad, se percataría de que el lugar estaba lleno de modelos, representantes y arquitectos que ganaban fama a gran medida. Algunos compartieron clases en la universidad con él, otros venían de fuera.

Era una magnífica oportunidad.

—Sabes que he rechazado a mi primo a última hora para venir contigo. ¿Verdad?

Sasuke bajó la mirada hacia ella y aceptó la copa de champán que ella había tomado de una bandeja.

—Sí —gruñó antes de dar un trago.

Seguro que Naruto estaba como loco en escoger a alguna mujer de gran agenda de chicas con posibilidades de dejar a más de uno con la boca abierta. Yuju. Aunque se le hacía curioso el hecho de que los primos fueran a ir juntos en vez de con otras parejas.

Karin Uzumaki sonreía a cualquier persona que viera y a otras las saludaba desde lejos sin soltarle. Habría preferido que le diera un respiro. No era cómodo sentir su tacto tan cerca o cómo aprovechaba para rozarse. Era vomitivo.

Tampoco era tan poco conocido como para que no creasen murmullos. Al fin y al cabo, siempre que acudía a esa clase de fiestas no llevaba a nadie del brazo y era su hermano el que solía llamar más la atención. A quien, por cierto, todavía no había visto.

Estuvo ignorándolo todo el tiempo que pudo. Incluso cuando esa noche fue a verle, Sasuke no abrió su puerta. No tenía ganas de continuar una disputa en la que claramente siempre le hacían ver como el malvado.

Se miró la mano con la que había golpeado a Sakura. Todavía podía sentir las palpitaciones del golpe.

—Sasuke Uchiha —saludó un hombre de viperina voz y cara.

Sasuke se tensó. Inclinó levemente la cabeza. Karin hizo lo propio y se llevó una mano hasta la boca.

—¡Orochimaru-sensei! —saludó efusivamente—. ¡Qué alegría verle aquí!

El nombrado sólo esbozó una escueta sonrisa hacia ella sin apartar la mirada de él.

—Creo que para tu acompañante no era ninguna sorpresa y para mí tampoco —dijo—. Karin. ¿Te importaría dejarnos a solas? Me gustaría tener una conversación con él.

Karin no se negó. Se marchó bamboleando las caderas y encontrando enseguida alguien con quién entablar una conversación. Sasuke se concentró en Orochimaru. Era justo el hombre al que había deseado ver.

Sabía que si Tsunade celebraba algo no podía faltar, así como Jiraiya, uno de los ejecutivos de venta de ropa femenina interior se trataba.

—Recibí tu trabajo, Sasuke —informó Orochimaru—. Es interesante. Hasta el punto en que me gustaría que fueras mío. ¿Por qué trabajas por libre? —indagó—. ¿Quizás porque cobras más? Creo que tu familia realmente no necesita preocuparse por el dinero. Y es una verdadera pena que tu trabajo esté tan oculto bajo el renombre de quienes fueron tus parientes o quién es Itachi Uchiha.

No era por eso. La situación tenía nombre y apellido: Sarada Uchiha. Trabajar con una asociación significaba viajes más largos y a lugares más lejanos. Más tiempo lejos de su hija. Sin embargo, aportan una gran cantidad de dinero incluso mayor que trabajando sólo y sin salir de la ciudad.

—Es privado —supuso Orochimaru—. Que me hayas enviado ahora tu trabajo debe de significar que ahora sí estás dispuesto a alejarte de lo que te retenía.

—No exactamente.

Más bien quería alejarse de lo que ahí tenían. Una persona, para ser más exactos. Si las cosas con Orochimaru salían como deseaba, él y Sarada se marcharían. Puede que Itachi fuera el que hiciera el berrinche ahora. Pero tenía su derecho como padre.

Ahora las cosas habían cambiado y de manera drástica.

—¿Ese no es tu hermano?

Sasuke siguió el gesto de Orochimaru hacia la puerta. Suponía que Itachi acudiría como diseñador que era pero jamás pensó que sería así.

Su hermano iba trajeado de negro menos la corbata, que era blanca. De su brazo iba ella. Sakura Haruno había demostrado que muchos colores resaltaban sobre su cuerpo y que podía lucirlos como buena modelo que era.

Su vestido, negro y con alguna marca blanca que resaltaba como una joya, se pegaba a su cuerpo a la perfección, marcando sus curvas y dejando ver la largura de una de sus piernas, con la espalda al aire. Arrastraba la cola del vestido lo suficiente con aquellas motas blancas. Pese a lo oscuro que era, la transparencia era obvia.

—Cómo resaltar colores y no equivocarse —halagó Orochimaru.

Había escuchado de Naruto que Sakura tenía una estilista increible. Pensaba que se refería a sus atributos y no a sus capacidades. Porque embellecer así a un monstruo como ella ya tenía que ser buena.

—¿Quién es ella? —cuestionó Orochimaru tocándose los labios.

—Sakura Haruno —nombró.

El arquitecto no pasó por alto el tono de su voz.

—Oh, una ex que se va con el otro hermano. Toda una novela.

Era algo mucho más complicado que eso.

—Supongo que debe de golpearte en todo el orgullo, Sasuke.

Se frotó el pecho.

Quizás en algo más que eso.

.

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Itachi se había quedado casi con la boca abierta cuando la vio salir de su casa para subirse al coche. Debería de estar acostumbrado a la belleza dado su trabajo y por poco era noqueado por ella.

Eso no debería de estar pasando.

Siempre hubo reglas, distancias y momentos. Además que había querido hundirla y no lucirla como estaba haciendo. Sí, era su trabajo si lo pensaba detenidamente. Como jefe debía de hacerlo. Intentar que los demás se arrepintieran de no tenerla como modelo, que quisieran comprar sus servicios y así hacer un pastizal con su persona.

Sakura se mantenía aferrando su brazo con el mentón levantado, saludando a aquellos que conocía y de vez en cuando en el que alguien pasara una mano por algún lugar más íntimo le clavaba las uñas en el brazo. Itachi creía comprender mucho mejor la situación.

Sasuke no le había dado respuestas pero continuaba esperando llegar a ellas. Creía a fe ciega que se trataba de una confusión entre ambos. Un mal gesto o una palabra mal dicha. Al fin y al cabo, eran adolescentes cuando todo pasó.

Se preguntó si de haber tenido conocimiento de que Sakura estaba embarazada de Sarada por aquel tiempo qué habría hecho. Sasuke probablemente habría tenido una rabieta de las suyas y demandando que abortara. Sakura quizás también habría estado de acuerdo, pero dudaba si por necesidad o por presión.

No, seguramente ella se habría vuelta. Sus padres la obligaron a tener a Sarada y Sasuke no la querría. Estaría entre la esquina y la pared. La única diferencia es que no estaría sola del todo en ese momento.

Pero las cosas no podían cambiar el pasado. No existía una máquina que pudiera modificar el sufrimiento de las personas.

Algunos murmullos resaltaron por encima de las conversaciones con exclamaciones de sorpresa que llamaron su atención. A su lado, Sakura se llevó una mano a los labios para ocultar una sonrisa. Itachi siguió su interés para sorprenderse por igual.

Naruto Uzumaki acababa de llegar y una mujer que nadie reconocía iba de su brazo. Si quería llamar la atención de la prensa estaba por conseguirlo.

—¿Sabes quién es? —cuestionó.

Sakura le miró con cierto brillo divertido en sus ojos.

—Sí, la cenicienta por esta noche —respondió sin dar más detalles.

A Itachi se le hacía conocida pese a no captar del todo de donde. Había mujeres que quizás no llamaran su atención, especialmente si no sentía deseos de crear algo para ellas. Debió de ser una de esas tantas.

Cuando la muchacha se percató de la presencia de Sakura y él, casi arrastró a Naruto hacia ellos. Sakura se soltó de él para que ambas se tomasen de las manos y alejarse de ellos.

—Un buen botín —felicitó.

Naruto las había seguido con la mirada.

—Itachi… ¿Conoces esos huevos de chocolate que traen un regalo dentro? Esos que a veces no esperas que estén deliciosos porque no son marcas famosas ni nada de eso pero que luego, por sorpresa, el chocolate está delicioso. ¿Los conoces?

—Sí —su sobrina era algo fan de esos dulces—. Los conozco.

—Pues creo que me ha pasado lo mismo con esta mujer.

—Es el fin del mundo.

Ambos se volvieron hacia la voz. Sasuke en traje negro y camisa roja, tal y como suponía. Sostenía una copa entre los dedos y miraba a ambos con el ceño fruncido.

—¿Por qué? —cuestionó Naruto cruzándose de brazos—. A veces las mujeres hermosas están donde menos las esperamos.

—Y otras son hermosas pero arpías por dentro —recalcó su hermano fijando la mirada en una en especial—. Hasta tu propia sangre puede ser una serpiente.

Itachi se encogió de hombros.

—Trabajo, Sasuke. Todo es trabajo.

Sasuke frunció los párpados.

—Pues no te veo llevando a Naruto del brazo también.

—¡Ni en broma! —exclamó el susodicho. Itachi hizo un gesto para señalar esa acción.

—¿Lo ves? Era mi primera opción. Hasta pensé en que podía llevar un vestido rojo puesto —ironizó.

Sasuke apuró un trago de su copa mientras que Naruto se ponía pálido.

—Es una broma. ¿Verdad? —susurró.

Itachi puso los ojos en blanco.

—Tengo buen gusto, Naruto.

Ambos desviaron la mirada hacia las mujeres. Sakura negaba una bandeja con bebidas alcohólicas y le quitaba de las manos otra a la muchacha.

—No negaré que es así —reconoció el Uzumaki.

—Yo sí —intervino Sasuke. Naruto frunció el ceño al mirarle.

—¿Se puede saber qué te pasa, Teme? Todavía recuerdo lo furioso que estabas en el despacho de Itachi. La golpeaste.

—Sí, Sasuke. ¿Qué es lo que te pasa? —incitó.

Si las miradas mataran ambos estarían muertos. Sasuke les dio la espalda y se marchó. Le vio ignorar a Karin que corría hacia él en busca de su atención y cerrar una de las puertas de las salas de invitados.

Cada vez las cosas le interesaban más y cada vez estaba dándose cuenta que quizás no estaban siendo justos del todo.

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Sakura la vio alejarse para bailar con Naruto y esperaba que no se desmayara. Hinata estaba preciosa y radiante y entre los brazos de Naruto parecía más pequeña, más femenina. Se alegraba que al menos pudiera disfrutarlo esa noche. Como si fuera la cenicienta. Y esperaba que él regresara con el zapato más tarde. Aunque igualmente estaba preparada para las lágrimas y los llantos.

Vio a Itachi saludarla con la mano mientras se alejaba con un grupo de hombres importantes y decidió que no iba a sufrir más acoso por parte de hombres de manos ligeras y mujeres que pellizcaban bajo cuerda.

Necesitaba un respiro. Ya había llamado lo suficiente la atención.

Se alejó en busca de algo de aire fresco y abrió las puertas que daban al balcón. No había nadie más y suspiró, estirando los brazos y hasta dándose un momento ahuecarse el cabello. Retrocedió para darse golpecitos en los hombros cuando las manos la atraparon.

Una en su boca y otra en su cintura, presionando contra el cuerpo de la otra persona.

Eran muchas las veces que esas cosas habían sucedido entre bambalinas y siempre había logrado defenderse adecuadamente. Sin embargo, cuando echó hacia adelante el brazo para golpear la persona la retuvo del codo y apretó más el brazo contra su hombro libre para impedir su movimiento.

—Sakura.

La voz le heló la sangre y tembló.

Buscó con la mirada al menos su perfil. Sintió su nariz cerca de su cuello, el cabello oscuro cosquilleando su oído. Intentó hablar pero sus dedos se lo impidieron.

—¿A qué estás jugando con mi hermano? —gruñó—. ¿No tuviste suficiente con joder a un Uchiha que necesitas el otro? ¿Acaso buscando un varón al que no abandonar en la puerta de mi casa?

Movió su pierna contra la de él y le escuchó gesticular de dolor, girándose dispuesta a abofetearle. Él la retuvo de ambas muñecas y presionó su cuerpo contra la pared, encajándola con el suyo. Sakura jadeó, con los ojos llenos de lágrimas al encontrarse con su mirada, furiosa, negra.

—No tienes idea de nada —gruñó—. Tu hermano me ha estado extorsionando todo el momento para hacerme pagar por lo que sucedió. Por abandonar a mi hija. Sabe que odio ser toqueteada y no han parado de hacerlo desde que hemos llegado. Me castiga por culpa del miedo que tuve hace diez años.

Sasuke parecía perplejo, desconocedor de esa información. Sintió deseos de reírse.

—¡Por dios, los dos sois iguales! —acusó—. Os creéis conocer todo de mí y el derecho de juzgarme cuando no sabéis nada. ¿Crees que eres el único que ha sufrido? ¿Acaso crees que no fue difícil para mí? ¡No sabes nada, Sasuke Uchiha!

Intentó soltarse de su agarre, despegarse de su cuerpo. No debía y sin embargo, el recuerdo de diez años atrás despertó como un ramalazo inesperado que se acentuó con su propia sangre. Sasuke parpadeó, confuso, su cuerpo también parecía estar jugándole una mala pasada cuando se inclinó para besarla.

Un beso torpe pero pasional. Aterrador y posesivo. Se maldijo a sí misma por corresponderle, por suspirar por más.

Alguien abrió la puerta para cerrarle entre risas y ambos se separaron, jadeantes. Sasuke abrió los ojos con sorpresa, como si se diera cuenta por primera vez lo que estaba haciendo. La soltó con tanta brusquedad que cayó de bruces en el suelo.

El recuerdo regresó, abofeteándola. Echó la cabeza atrás y rio.

—Sasuke Uchiha, sí, huye de nuevo. Después de usarme, huye.

Le miró con todo el odio que sentía por él, por el odio que sentía hacia sí misma también y por el desprecio que se tenía por haber vuelto a caer en algo así.

Sasuke parecía perdido repentinamente. Dio un paso atrás y caminó hasta la puerta para abrirla. La cerró de un portazo.

Sakura no volvió a verle en toda la noche.

Itachi la encontró tiempo después, apoyada contra la pared y el llanto marcando sus mejillas. Él sólo la miró, con las manos en los bolsillos y esperó en silencio. Sakura escuchó risas provenir desde abajo y las siguió con la mirada.

Hinata estaba en medio del jardín de flores con Naruto Uzumaki comiéndosela con los ojos. Y era feliz. A su modo era feliz.

Sintió envidia. Mucha.

Se volvió hacia Itachi y dio pequeños pasos hasta llegar a su altura. Apoyó la frente en su hombro y cuando sintió su mano en su cuello supo que no iba a poder evitar desmoronarse por completo.

Incluso si se trataba de Sasuke Uchiha.

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Sasuke miró a su hija dormir. Era algo que siempre le había gustado. Al principio porque le daba algo de calma con la tormenta que conllevaba un bebé, aunque había pecado de acercarse para ver si estaba viva o si sólo dormía, y al final, porque se daba cuenta de que estaba creciendo sana y bella.

La dejó y caminó hasta su dormitorio quitándose la chaqueta. La canguro se había marchado al instante en que llegó.

Su móvil vibró en su bolsillo y lo sacó casi a tientas. Dos mensajes de Naruto mostrando su estúpida felicidad con la mujer misteriosa. Otro de Karin enfadada por haberla dejado atrás y un tercero de Itachi. Su hermano era tan casto de palabras como él y sólo pedía hablar con él.

Sasuke lo esperó fuera de su casa hasta que vio el coche llegar. Itachi bajó del coche lentamente y caminó hasta su altura. Lo aferró del cuello de la camisa nada más tenerlo al alcance.

—¿Qué cojones has hecho? —acusó—. Hay una regla explícita que no voy a pasar por alto tres veces, Sasuke. Nunca toques mis modelos. La golpeaste y esta noche te has sobrepasado con ella. ¿Verdad?

Sí, lo había hecho. No esperaba encontrársela ahí. Más bien esperaba que no se soltara del brazo de su hermano anda más que para ir al baño o volver a cuchichear con esa chica misteriosa que parecía conocer.

Salió al balcón, sorprendiéndolo.

Pensó en simplemente marcharse tras poner cara de asco o cualquier cosa. Su cuerpo le traicionó. No sólo por sostenerla. Sus palabras fueron realmente sus pensamientos más furiosos, los que habría esperado guardar para él mismo.

Y después… Joder, nunca habría esperado tener un momento como ese. Le recordó aquella noche en que estuvieron juntos por única vez. Su cuerpo, que hasta ahora no había reaccionado con otra mujer ni las buscaba, despertó con ella. Ansiando lo que una vez ya probó. Y su boca fue la que terminó por demostrar algo así.

Que ella le correspondiera lo dejó completamente en shock.

Ella tuvo que caer de rodillas, recordándole el momento en que le despreció después del sexo.

Lo que no podía sacarse de la cabeza eran sus palabras. Sakura hablaba como si fuera realmente la persona herida, como si mundo hubiera sido destrozado con dejar a su hija atrás. Y como si él hubiera sido quien la despreciara en aquel baño cuando fue justamente lo contrario.

Itachi lo soltó y suspiró con cansancio.

—Sasuke, llevas soportando esto por diez años. Deja de torturarte y cuéntamelo.

Sasuke se llevó una mano a la frente, cubriendo sus cabellos y ojos.

En su vida había necesitado tanto hablar con alguien.

Por una vez estaba bien que fuera su hermano.

.

.

Tenía diez años y no era tan tonta. A su tío y su padre les gustaba que fuera inocente. Pero existían muchas cosas que ya sabía y comprendía.

Por ejemplo, sabía que algunas cosas sí podía pedírselas a su tío mientras que su padre era impensable. Que ambos darían su vida por ella y que jamás le permitirían hacer según qué cosas.

Lo que más sabía era que su padre no quería escuchar hablar de su madre. Cada vez que podía sacar la conversación su padre se encerraba en su propia burbuja y por ello terminó llorándole a su tío.

Quería saber quién era ella. La mujer que no estaba a su lado. La echaba de menos sin conocerla y sentía que estaba olvidando hasta aquel leve aroma a cerezos que siempre le gustaba.

También comprendía que su padre veía cosas en ella que eran de su madre. No podía evitarlo.

Pero escuchar a su padre hablar con su tío con aquella voz tan dolorosa le arrancó el corazón demasiado. Bajó las escaleras a toda prisa y abrazó a su padre, quien parecía sorprendido.

—¡No, papá! ¡Ya no quiero una mamá! Si te hace pupa, no quiero.

Su padre la estrechó entre sus brazos y ella no pudo contener el llanto.

—Sarada —nombró su tío tomándola de la mano—. Cariño, sí vas a conocer a tu madre.

Su padre desvió la mirada y asintió con los labios apretados.

Sarada estaba partida por la mitad.

Continuará…

Tenía ya ganas de sacar a Sarada haciendo y diciendo algo y que sea consciente, al menos un poco, del dolor de su padre.

Siento que este capítulo ha sido más Itasaku pese a ese momento Sasusaku xD. Y de fondo, tenemos a los cutes Naruhina viviendo una noche de cenicienta para aliviar un poco la amargor de la vida de Sakura y los otros dos varones.

Ahora llegan las preguntas: ¿Sasuke cogerá a Sarada y se irá con Orochimaru? ¿Conocerá Sarada a su madre y cómo ira? ¿Seguirá Itachi fijándose cada vez más en Sakura? Sasuke y Sakura, con toda su toxicidad, donde hubo fuego quedan cenizas?

¡A la próxima! Pero no me dejen sin contarme sus teorías que las amo.