Ya llegamos…
ADVERTENCIA: Lemon.
ºMadre olviadaº
Libre y atada
—¿Por qué has pedido verme?
Sakura se detuvo en la entrada nada más verle. Apoyado contra el escritorio de Itachi, en traje, lanzando en su mano diestra una de las pelotas de medición que usaba Itachi para las pulseras.
—Tenemos que hablar.
Sakura bufó y dio unos pasos hacia él. Todavía llevaba el atuendo con el que estuvo trabajando y no se sentía cómoda frente a él. Las transparencias de la bata de bordes rojizos o el corsé bajo ella no ayudaban a sentirse completa. Los tacones se hundieron en la moqueta en cada paso que dio.
—¿Fingiendo que eres tu hermano y que pasa algo terrible? —preguntó. Ahogó un gemido de terror que no pudo ocultar cuando su voz tembló—. ¿Le ha pasado algo a Sarada?
Él finalmente la miró. Aunque por un instante le pareció ver sorpresa y cierta vergüenza decorosa por su aspecto, su boca se torció en un gesto que reconocía bien. ¡Menuda idiota había sido! Creía que Itachi le había enviado una carta, demandando su presencia al instante en su despacho con algo relacionado con Sarada y era Sasuke quien estaba tras todo ello.
—¿Ahora te preocupa su situación?
—¡Claro que sí! —Respondió acercándose más a él. Tenía ganas de sacudirlo.
—Es irónico. Especialmente cuando tuviste muchos años para preocuparte.
Ahogó una palabrota entre los dientes.
—¡Eso no es justo! He estado preocupada por muchos años por ella. Que me autocastigase obligándole a sufrir por ello se ha terminado, Sasuke. Y creía que eso quedó claro la última vez que hablamos.
Sasuke la miró de arriba abajo, como si fuera capaz de desnudarla con la mirada.
—Nosotros nunca podremos llegar a ese tipo de acuerdo, Sakura —puntualizó—. Porque nunca te daré a Sarada.
—Nunca he dicho que vaya a quitártela —objetó—. Si lo dije alguna vez fue por…
Se mordió el labio. Por furia. Por despecho. Por sentirse horrible. Porque no conocía el mundo de felicidad que su hija era capaz de crear a su lado.
—Yo sí.
Levantó la mirada de sus manos, a las que había mirado como si estas tuvieran una respuesta a sus problemas, para mirarle a él. Sasuke también la miraba a ella. Con el ceño marcado y la boca tensa.
Extendió su mano y aferró su brazo.
—¿Qué estás insinuando?
Él miró el agarre, inalterado, para volver a mirarla a los ojos.
—Voy a llevarme a Sarada a otro lugar. Orochimaru me ha hecho una oferta interesante y pienso aceptarla.
Sakura sintió que el suelo se abría a sus pies. Se aferró a él con ambas manos.
—¡No! —Exclamó—. ¿Por qué? ¡Justo ahora!
Sasuke la agarró de las muñecas.
—Pensaba hacerlo desde que mi hermano te contrató. Antes de conocer la verdad sobre aquella noche.
—¿Por qué continuas entonces? —Exigió—. ¿¡Tanto disfrutas verme sufrir!?
Él pareció sopesarlo. Mientras lo hacía, sus pulgares acariciaron la zona interna de sus muñecas.
—¡Sasuke! —Recalcó—. Haces que vuelva a recuperarla, para quitármela de nuevo…
Entonces comprendió las palabras de Itachi. Las advertencias y su preocupación. Itachi adoraba a su sobrina. Más incluso que a su hermano o a ella ahora.
—¿Qué hay de Itachi? ¿A él también quieres hacerle sufrir?
El ceño de Sasuke se acentuó.
—¿Qué tiene que ver mi hermano en esto? Ah, sí —reconoció—. Que ahora te lo tiras.
Intentó soltarse para abofetearle. Sasuke no se lo permitió. La sujetó en cada movimiento, cada gesto y, en un abrir y cerrar de ojos, estaba contra la mesa del escritorio, con su cuerpo sobre el suyo, reteniéndola.
—¡Sasuke! —Gritó—. ¡No tienes ni idea…!
Se fijó en su mirada. Fría y pasional a la vez. Su boca tensa. La forma en que la camisa se abría y marcaba su cuello.
Cuando se inclinó sobre ella, cuando la besó, supo que no iba a poder negarse. Correspondió, salvaje, sin reconocerse. Como si estuviera en una esquina de la habitación mientras observaba lo que su cuerpo estaba haciendo una vez más. Traicionándola.
Sus respiraciones se agitaron y el pulso se le disparó de tal forma que temió marearse. Sasuke levantó sus manos por encima de su cabeza y eso provocó que su cuerpo quedase aún más expuesto a él. Con las piernas alrededor de sus caderas, notó su despertar contra su vientre. Cuando se inclinó para abandonar sus labios, sintió el calor sobre uno de sus senos. La condenada bata y el corsé transparente no ayudaron y pudo ver perfectamente cómo su cuerpo reaccionaba a él.
—Sasuke… —masculló.
Si tan solo uno de los dos lograra encontrar la cordura que acababan de perder… ¡No podían estar siempre igual! Si cada vez que se encontraban estallaban de ese modo, no terminarían jamás. Además, ella estaba…
Abrió los ojos de par en par.
—Detente —rogó—. ¡Sasuke! Estoy con tu hermano.
Él se detuvo y levantó la cabeza para mirarla. Su boca entreabierta, mostrando una lengua que momentos antes estaba haciendo realmente maravillas sobre ella.
—¿Qué? —preguntó como si necesitara poner en orden lo que estaba pasando.
—Quiero que pares esto —explicó—. Además, estoy saliendo con tu hermano. No puedes hacerme esto.
Estiró de sus manos en busca de liberación, pero él continuó sin soltarla.
—No conviertas esto en algo peor, por favor… —rogó—. No quiero odiarte por algo más…
Él se detuvo entonces, con los ojos muy abiertos. Retrocedió varios pasos que ella aprovechó para levantarse e intentar adecentarse lo mejor posible.
La puerta se abrió poco después. Ambos miraron hacia ella, asustados.
Itachi entró, bebiendo un sorbo de un café que detuvo cuando les vio. Lo primero que hizo fue enarcar una ceja y, después, en silencio, caminó hasta el centro de la habitación, dejando el café en la mesa de reuniones.
—¿Interrumpo? —Preguntó arrastrando la voz.
—No —negó rápidamente Sasuke—. Simplemente estaba dándole la noticia.
Sakura recordó la sensación de dolor que el deseo había colapsado.
—Y ya está.
—No, no está —intervino cuando le vio moverse hacia la salida—. Sasuke, no puedes llevarte a Sarada.
—Puede.
Sakura se detuvo, mirando hacia Itachi con los ojos muy abiertos.
—¿Qué?
—Puede y tiene derecho a hacerlo, Sakura —repitió—. Tú renunciaste como su madre el día en que la abandonaste sin saberlo delante de nuestra casa. Sasuke se hizo por completo cargo de Sarada. Tiene el derecho de marcharse con ella. Ningún juez sentirá pena por ti tras lo que hiciste.
Sakura abrió la boca, incrédula.
—No puede…
Cuando la miró, supo que Itachi no estaba bromeando. Apretando los labios, hizo a un lado a Sasuke y abandonó el despacho.
Ambos hermanos. Los dos. Podrían irse al mismo infierno.
.
.
Sasuke le dio la espalda a su hermano intentando controlar lo que tenía entre las piernas. Quería hablar de lo sucedido, no sobre la mesa del escritorio, pero sí sobre su hija. Que Itachi estuviera de acuerdo con él era algo que no esperaba. Y menos, que hablara a Sakura de ese modo, como al principio, cuando quería verla arrastrarse tanto o más que él.
—Sasuke. Respóndeme a una pregunta: ¿Quién es el dueño de esta empresa?
Eso lo pilló por sorpresa.
—Tú.
Itachi abandonó la mesa de café para dirigirse al escritorio. Colocó una por una las cosas que Sakura y él habían descolocado.
—Puedo saber, entonces, por qué una de mis modelos ha abandonado su puesto, sin siquiera cambiarse de ropa, para reunirse conmigo sin que yo, obviamente, enviara una petición con mi secretaria.
Apretó los dientes y los puños.
—De nuevo, actúas como un adolescente descontrolado, Sasuke —aseveró—. ¿Querías hacerle daño justo cuando está trabajando? Felicidades, lo has conseguido. Ahora tengo una modelo deprimida por el resto del día.
—Ibas a buscar el modo en que no se enterase —incriminó.
—Un método más dulce —recalcó Itachi encogiendo los hombros—. Algo que, claramente, no va contigo. Nunca has tenido la comprensión necesaria para ser dulce. No. Sólo con Sarada.
Sasuke levantó el mentón pese a que no se sentía orgulloso.
—¿Estás dándote por vencido? —preguntó—. Antes, las palabras que dijiste, no eran las que ella quería escuchar.
—Claro que no las eran —puntualizó Itachi suspirando—. Pero si hablamos de cosas correctas, no eres el más indicado para echarlas en cara. ¿Verdad?
Sasuke enarcó una oscura ceja. Itachi levantó la cinta métrica que estaba en el suelo.
—No vuelvas a poner las manos encima de mi mujer, Sasuke.
Sus ojos se elevaron hasta él. Sasuke sabía que Itachi era capaz de aterrar a cualquiera.
Él no estaba fuera del rango.
.
.
—¡Al fin te encuentro, Sakura!
Sakura se limpió rápidamente los ojos e intentó poner su mejor cara. Naruto corría hacia ella y si no hubiera estado tan afligida, se habría echado a reír.
—¿De qué diablos vas vestido, Naruto? —Preguntó.
—De indio —respondió éste poniendo los ojos en blanco—. Un indio rubio. No sé en qué piensan. Pero bueno, no te buscaba para que me vieras en estas galas.
—Vale. ¿Para qué entonces?
Naruto se sentó a su lado. Olía a sudor, maquillaje y crema corporal. También al cuero de la ropa y cuando se inclinó más hacia ella, esos olores casi fueron gloria. Porque estaba segura de que apestaba a la colonia de Sasuke.
—¿Ocurre algo con tu maquilladora?
—¿Con Hinata? —Inquirió sorprendida—. ¿Por qué?
Naruto se rascó la nuca, preocupado.
—No responde ni a mis llamadas ni a mis mensajes. Te aseguro que le he dejado más de setecientos.
Sakura se apoyó sobre los codos en los muslos, divertida.
—¿He de ponerte una orden de alejamiento?
—¡Claro que no! —Exclamó rápidamente—. Quiero acercarme a ella, no alejarme.
—Más bien, la estás acosando —recalcó.
Naruto palideció.
—¡Que no, que no! Bueno, sí, pero… ¡AHG!
Sakura no pudo evitar echarse a reír.
—Naruto, mira que eres tonto.
—¡Es que…! —Se lamió los labios, mordisqueándoselos—. Estoy realmente interesado en ella. Me gustaría hacerla mi mujer, si sabes lo que quiero decir.
Sakura se estiró, levantó la cabeza y sonrió con tristeza.
—Mientras no sea embarazarla y dejarla atrás. O llevarte a su hijo lejos…
—¡Ni loco haría algo así! —Aseguró.
Sakura suspiró y le pasó un brazo por los hombros para tranquilizarlo. Apoyó su mejilla sobre su piel. Naruto siempre parecía cálido.
—Te daré un consejo. Hinata es de las que tienes que ir de frente y decirle las cosas claras, sin vacilar. No puedes usar frases a medias líneas o indirectas. Le cuesta mucho creer lo que se le dice, así que vas a tener que demostrarlo de alguna forma. Ella cree que el baile de máscaras fue lo último de su vida para ser feliz.
Naruto parpadeó repetidas veces, absorbiendo la información.
—No quiero que sea lo último.
—Entonces, demuéstraselo. Pero una cosa, Naruto: no lo hagas por divertirte o después te largues como si nada.
El hombre negó con la cabeza y le dio una palmada en la pierna, comprendiendo.
—¿Eso es lo que pasa entre tú y Sasuke? —preguntó—. Ah, sé que no debería de meterme, pero… Creo que Sasuke está perdido. Puedo comprender que se sienta quizás aplastado por la importancia de Itachi.
—¿Por qué?
—Mi hermano es empresario también. El favorito de mamá y papá, claro.
—No sabía que tenías un hermano —musitó sorprendida.
—Sí, bueno, casi parecemos gemelos —explicó—. Menma es dos años mayor que yo. Y ya lleva una empresa, así que digamos que todos los halagos son para él.
—Cada uno hace lo que puede con su vida.
—Lo sé, Sakura, lo sé —aceptó—. Creo que eso mismo podría decirte a ti. No sé qué hay entre vosotros, pero… Sasuke es muy torpe relacionándose. ¿Sabes que desde que tuvo a su hija no ha tenido pareja? Nunca. No sé ni cómo aguanta, la verdad. Creo que está enamorado de ella.
—No —negó rápidamente—. No la ama. Te lo aseguro.
Porque eso no podía llamarse amor de ninguna forma. El modo en que sus cuerpos se atraían de esa manera, que fueran incapaces de coordinar, no era eso.
—¿Qué hay de Itachi? —se interesó.
Naruto se rascó el mentón, pensativo.
—No le conozco tan bien. En realidad, conocí a Sasuke de milagro, como se diría. Itachi es mi jefe, así que procuro no estar muy cerca o inmiscuirme de más con él. Sé que falta de mujeres no tiene, pero nunca le he visto estar con una mucho tiempo. Quizás tú seas la primera…
Sakura se apartó el cabello de la cara, algo avergonzada.
—Debes pensar que soy horrible —dedujo.
—Para nada —negó él ayudándola—. Sakura, estás en tu derecho a amar a quien quieras. Que haya resultado ser nuestro jefe no le baja la importancia. Como si amas a Sasuke.
—No —denegó rápidamente—. No amo a Sasuke.
Naruto se rascó la nuca.
—Bueno, perdón… es que cada vez que estáis juntos, la verdad, es que saltan chispas de alguna forma. Es como si os atrajerais y, a la vez, no pudierais estar juntos.
—Es odio —pronunció—. Estoy segura de ello. Por eso, te pido que no hagas lo mismo que pasó con Sasuke a Hinata, por favor. Ella no es una mierda de mujer como yo.
Se puso en pie y él la detuvo de la mano, preocupado. Le sonrió lo mejor que pudo.
—No te preocupes, Naruto. Hace mucho tiempo que dejé atrás lo de suicidarme.
Él la soltó entonces y miró su móvil.
—¿Crees que Hinata querrá verme?
—Bueno, hoy se ha ido pronto a casa porque no se sentía bien. No sé si sea lo más…
Pero Naruto ya no la escuchaba. Echó a correr escaleras abajo. Sakura no pudo evitar pensar que iba a perderse una escena fantástica, con Hinata abriendo una puerta y encontrándose a un rubio indio medio desnudo.
.
.
Itachi se detuvo al verla. Apoyada en el capó del coche, con las piernas cruzadas por los tobillos, en vaqueros y con el cabello suelto cayendo alrededor de sus hombros, ondulándose frente a su rostro. Un gesto duro en él. Como si hubieran retrocedido semanas atrás.
Pese a que sus miradas se encontraron se detuvo un instante para tomar aire. Lo del despacho había sido infantil e imprudente. No le había dicho nada con la idea de contárselo más adecuadamente, con calma. Y lo había arruinado todo por unos celos infantiles.
Sakura comenzó a levantarse y él avanzó hasta su altura.
—No voy a dar rodeos. Estoy harta de hacerlos —comenzó ella—. Así que haré las preguntas de una vez. ¿Lo sabías?
—Sí. Me lo contó anoche.
Sakura asintió. Se cruzó de brazos.
—¿Es cierto lo que has dicho? ¿Tiene derechos sobre mí a llevársela?
—Sí —admitió también—. En cuanto un juez sepa que la abandonaste, no estará de tu parte. Tengo muy buenos abogados, Sakura. —Ella gimió una protesta—. No para usarlos contra ti. No, al menos, en esto. Si ni siquiera ellos pueden hacer nada, no pienses en conseguir otra cosa. Sasuke está decidido a alejarse de todo y con ello, llevarse a Sarada consigo. Y está en su derecho.
Sakura entrecerró los ojos.
—¿Ibas a usar a los abogados contra mí?
Itachi se maldijo por sus palabras.
—Cuando te encontré, sí —reconoció—. Sakura, yo conocía una parte de la historia, muy diferente a lo que ahora sé. No iba a detenerme por lo que hiciste, pensando que eras cruel. No conocía la verdad. He retirado todo cuanto pudiera hacerte daño desde que…
Sakura enarcó una ceja. La furia enrojecía sus mejillas como si llevara algo de maquillaje.
—¿Desde qué, Itachi? —Preguntó—. ¿Desde qué decidiste que era mejor burlarse de mí? ¿Es eso lo que has estado haciendo? ¿Tu juego? ¿Querías que volviera a confiar en un hombre para luego qué? ¿¡Por qué a los Uchiha les encanta tanto jugar con mis sentimientos!?
Le golpeó con el bolso en el pecho y él lo retuvo con las manos.
—¡Tú y tu hermano! ¡Siempre jugando conmigo! ¡No soy un juguete!
—Sakura —nombró autoritario. Pero ella continuó golpeándolo. Hasta que le quitó el bolso y lo tiró contra el suelo, asiéndola de las muñecas, la hizo retroceder hasta que su cuerpo se deslizó sobre el capó—. Suficiente.
Ella jadeó sorprendida.
Cubriéndola con su cuerpo, reteniendo sus muslos con sus piernas y soportando sus forcejeos.
—Cálmate —demandó—. No creo que estés en completo derecho de exigirme nada.
Ella abrió la boca para protestar.
—Estabas a punto de acostarte con mi hermano encima de mi mesa, Sakura —interrumpió antes de que pudiera ejercer otra protesta. Sus ojos se abrieron tanto que pudo ver las líneas verdosas de su iris—. No soy idiota. Que me lo haga, no quiere decir que no me duela.
—Itachi, yo… —balbuceó.
Él no se movió. Acomodó mejor su postura sobre ella, suavizando el agarre. Acarició con el pulgar sus muñecas.
—Comprendo que hay un pasado entre ustedes, Sakura. Una hija entre medias que es mi sobrina y quiero con locura. Pero pensar que con él despiertas y le permites tocarte…
Apretó los labios. Ella se ruborizó, esa vez, de sorpresa.
—Sakura —nombró suavemente—. ¿Por qué no dejas que sea el hombre sobre ti?
Ella ahogó un gemido que no supo interpretar. Se liberó del agarre de sus manos para rodear sus hombros. Cuando tiró de él para besarlo, Itachi no estaba preparado. Esperaba una negativa, algo que decidiera que era mejor alejarse de ella antes de que realmente terminara más enamorado.
Porque sí, estaba enamorándose más y más de ella.
Cuando sus besos comenzaron a quemar, a calentar más partes de su cuerpo de lo que pensaba, ella se detuvo.
Sus ojos brillaban.
—Llévame contigo, Itachi.
Dudó.
—Si te llevo a casa…
Ella asintió.
—No quiero hacerlo sobre el capó de un coche donde cualquiera podría vernos. Por una vez en mi vida, quiero hacerlo en una cama.
Su voz temblaba y no sólo de deseo.
Itachi se apartó, ajustándose lo mejor que pudo el pantalón y la camisa y le abrió la puerta del copiloto.
El corazón le latía como nunca.
.
.
Sakura tembló cuando sintió sus manos recorrerle la piel. Sus dedos, algo más callosos de lo que pensaba, acariciaron sus hombros y bajaron por sus brazos hasta detenerse en sus manos. Como si fuera de cristal, Itachi la desnudó. Lentamente, con cautela, dándole tiempo a tomar una decisión antes de que fuera más tarde.
No quería ni pensar en ella. No quería pensar en nada más que en el modo en que estaba tratándola.
—Sakura —nombró. Su voz ronca, marcada. Fue como una caricia de súplica cuando ella misma movió una pierna y luego otra para quitarse las bragas. Itachi se echó hacia atrás, contemplándola.
Esa vez sí. Era una mirada de hombre, de deseo. La deseaba muy por encima del trabajo. No estaba pensando en qué joya iría bien en ella o cuál no.
Se detuvo en sus ojos y pudo notar que ansiaba tocar más que ver. Hasta que se llevó la mano hasta los botones de su camisa. Ella alargó tímidamente la suya, preocupada. Empezaba a sentirse como una torpe e ingenua niña. Cuando fue a retirarla, avergonzada, él la retuvo, aplanando la mano sobre la poca piel que podía percibir.
—Desnúdame también, Sakura.
Se ruborizó.
—Pensaba que los hombres no…
Itachi esbozó una leve sonrisa.
—Sí, Sakura. Lo normal es que ambos estemos desnudos. Piel con piel.
Mientras habló, la fue guiando en quitar los botones y acariciar por completo su torso. Marcado pese a lo delgado que era. Al bajar la mirada pudo percibir que el vello se marcaba más hacia su entrepierna, la cual, reconocía marcándose dentro del pantalón.
Itachi dejó caer la camisa sobre la moqueta, desinteresado en ella.
Al final, no la había llevado a su casa. Se detuvo en uno de los hoteles más cercano y tras pedir una habitación, ambos se encerraron en silencio. Sakura no preguntó por qué no la llevó allí. Ella misma sabía que no estaba preparada y, de encontrarse con Sarada, volvería atrás.
Itachi seguramente pensó lo mismo.
Y, sinceramente, no le importaba.
—Sakura —llamó él captando de nuevo su atención. Se ruborizó al darse cuenta dónde mantenía la mirada—. Ahora es un buen momento para detenerte.
—No quiero —respondió rápida—. Quiero seguir. Quiero… verte.
Era verdad. Se preguntaba cómo de diferente sería Itachi del resto de hombres. Dios, parecía una completa puritana en esos momentos. Pero lo era realmente. Si olvidaba los momentos en que su cuerpo actuaba por voluntad propia con Sasuke, por supuesto.
Por eso, cuando Itachi abrió con lentitud el pantalón, dándole tiempo a tomar la decisión que terminaría con ese encuentro, se escuchó a sí misma, suspirando ansiosa y llevando una mano hasta el cierre por sí misma.
Itachi le permitió desnudarlo al completo y, después, estuvo a punto de marearse. Su cuerpo entero palpitó como respuesta, con necesidad. Acarició su cadera, dudosa y él siseó como respuesta, aferrando su mano.
—Itachi —nombró acercándose un poco más a él—. Abrázame.
Él lo hizo al instante.
Se estremeció. Que ocupara su espacio personal, notar sus cuerpos acomodarse. Sus senos aplastados contra su torso, su erección contra su vientre. Levantó la cabeza y buscó sus labios una vez más. Enredó sus dedos en sus cabellos, liberándolos del agarre del coletero y disfruto observando la cascada caer sobre sus hombros, el contraste contra su piel.
Sus ojos brillaron, oscuros, deseosos y cuando volvió a besarla, la levantó en brazos. Sus caderas encajaron cuando se abrazó a él. Sintió la cama contra su trasero y que su cuerpo se amoldaba a la suavidad del edredón.
Sus bocas se separaron para que, antes que tuviera tiempo de comprenderlo, él estuviera sobre su cuello, sus brazos, sus senos. Por todas y cada una de sus partes más íntimas. Algo que jamás le había dejado hacer a nadie, ni siquiera ella.
Emitió un grito de sorpresa cuando lo sintió ahí, en aquel lugar tan secreto.
—Oh, Dios, Itachi… —exclamó.
Él la besó. ¡Ahí! La estaba besando. Chupando y dios sabía qué estaba haciendo exactamente con su dedo en ese lugar, pero fue extrañamente impresionante. ¡Explosivo!
Por un instante parecía que acababa de correr una maratón, con él entre sus piernas, su boca en su zona más sensible y el mundo girando para devolverla al presente. A ese hombre que acababa de crearle un primer orgasmo de maravilla.
Jadeando, bajó la mirada hacia él, que reptaba a besos por su vientre hasta sus senos. Atrapó uno entre sus labios y tiró con suavidad, levantando la mirada hacia ella.
—Por favor… dime que hay más con este —suplicó.
Él sonrió sobre su piel. Su mano se movió por sus piernas, ahuecando la pierna para encajar sus caderas. Pudo notar su erección contra su sexo y en un acto que no esperaba, sus propias caderas lo buscaron.
—Te aseguro que sí —prometió.
Y ella, más tarde, podría jurar que era así.
.
.
Sasuke recibió un portazo en toda la cara. De su hija. Podía escuchar su llanto y palabras que nunca le había enseñado —o quizás sí—, en su vida. Sarada estaba furiosa. Le había dado la noticia nada más recogerla de clases y lo primero que había pedido era ver a su tío. Esperaron a Itachi durante horas y eso no hizo más que aumentar la inquietud de la niña.
La rabieta terminó por explotar y ahora, tenía una niña como un demonio odiándole.
—Sarada, ya lo entenderás cuando seas mayor. Allí podrás hacer amigos nuevos.
—¡Eso no me importa! —Negó ella—. El tío… ¡Mamá! ¡Yo quiero a mi mamá!
—¡Sarada! —explotó. Abrió la puerta para enfrentarse a ella—. Tu madre te dejó tirada cuando eras solo una niña. No le importaste nunca.
—¡Ella se ha disculpado! —Se defendió—. Mamá se disculpó por todo eso… con el corazón roto… mamá ha sufrido mucho, papá.
Sasuke se arrodilló frente a ella.
—Esa mujer que dices que ha sufrido, te está quitando a tu tío, Sarada.
La niña abrió mucho los ojos, dolida.
—No es cierto…
—Lo es —garantizó—. Te diré por qué Itachi no ha regresado a casa, Sarada: está con ella.
Sarada negó, sonriendo trémula.
—No es cierto. Ellos dijeron que, de ir juntos a algún lado, me llevarían.
Sasuke sintió pena de su tristeza, de su confianza.
—No, Sarada. No pueden llevarte. Ellos van a hacer su vida. Y nosotros les damos igual.
La pequeña se echó a sus brazos. No podía parar de llorar.
—Sarada. ¿Nos vamos?
—Vámonos, papá.
.
.
Sakura notó que se movía y se volvió hacia él, asustada. Itachi encendió la luz, mirándola con calma.
—No voy a irme.
Se talló un ojo.
—No, perdón, es que…
—Lo sé, no necesitas decirlo.
Le besó la frente y luego se estiró hasta alcanzar sus calzoncillos. Mientras se los ponía, Sakura percibió que tenía marcas en su espalda y en las nalgas de sus uñas. Enrojeció.
—¿Qué hora es?
—Las tres y media. Podemos dormir un poco más. O…
—Dormir suena genial —interrumpió. No estaba lista para otra ronda de sexo. No cuando su cuerpo todavía latía y palpitaba satisfecho—. ¿Ocurre algo? —preguntó cuando le vio mirar el móvil con el ceño fruncido.
—Tengo veinte llamadas perdidas de Sasuke.
—¿Veinte? —exclamó tirando de las sábanas para acercarse a ver—. ¿Le habrá ocurrido algo a Sarada?
Itachi parpadeó mientras pasaba las llamadas con el pulgar.
—No lo creo. Más bien, es extraño que Sasuke llame tantas veces, así que creo que es Sarada. Cuando se pelea con Sasuke siempre me llama y como, obviamente, no tiene móvil, usa el de su padre para llamarme hasta que finalmente voy.
Sakura no pudo evitar sonreír.
—Te quiere muchísimo.
—Sí, pero… no soy su padre —recalcó mirándola. Se sentó a su lado y posó su mano en su mejilla—. Me habría gustado serlo.
—¡Itachi! —Suplicó avergonzada y dolida—. En ese tiempo, las cosas no habrían sido mejor para nosotros.
—Es cierto —reconoció—, pero no te habría dejado ir.
Acarició su mejilla con el pulgar, dejando el móvil sobre la mesita, volvió a apagar la luz, entrando en la cama. La besó de nuevo y abrazó.
—Eres un hombre muy precavido siempre, Itachi.
—¿Por qué lo dices?
—¿Por qué llevabas tres condones en tu cartera? —preguntó en broma.
Él suspiró.
—Porque sabía que de hacerlo contigo no bastaría una sola vez.
Se ruborizó y aunque se había negado a pensar que querría más. Su boca se abrió y pidió.
Él obedeció.
Continuará…
¡Ya era hora que Sakura dejara de sentirse culpable y decidiera abrirse! Aunque esto traerá consecuencias…
No supero a Naruto de indio… xD
