Ustedes no saben lo que ha pasado… ¡No lo saben! Pero lean y sabrán (¿)


ºMadre olvidadaº

Caliente


Sasuke escuchó la puerta justo cuando cerraba la maleta sobre su cama. Esperaba escuchar la llave girar y luego los pasos, pero el timbre volvió a resonar. Maldiciendo, bajó para abrir.

En lugar de la figura que esperaba ver había otra, más alegre y vivaracha. Casi parecía resplandecer.

Empezó a cerrar la puerta.

—¡No, espera, Sasuke! ¿Por qué diablos me cierras la puerta?

Sasuke entrecerró los ojos.

—No lo sé, pero siento que debo de hacerlo.

Naruto levantó el dedo corazón como respuesta.

—¡No me jodas, maldito! No vas a fastidiarme el maravilloso día que tengo.

Sasuke se rindió y abandonó la puerta para dirigirse a la cocina.

—Follar no hace el día mejor.

Naruto, que se tiró en el sofá como si fuese el de su propia casa, levantó una mano para menearla en el aire.

—Un hombre no siempre necesita de sexo para saber que es un gran día.

Sasuke estaba de acuerdo, claro, pero no iba a decírselo.

—Sólo necesita la mujer adecuada.

Puso los ojos en blanco. Ahí no estaba de acuerdo. A menos que fuera su hija y dudaba que sus pensamientos paternales fueran los mismos a los que Naruto se refería.

—Tonterías innecesarias.

Naruto pareció estudiarle durante un instante.

—Cierto, tonterías innecesarias si quieres convertirte en un amargado imbécil como tú.

Sasuke gruñó una de esas palabrotas que se tenía prohibidas soltar delante de Sarada a la par que se volvía para mirarle.

—¿Vienes a mi casa para insultarme?

—No, claro que no —negó Naruto tan jovial como antes—. Simplemente, quería ver si se te contagiaba algo de buen humor, pero veo que eres imposible.

Sasuke levantó el dedo corazón como respuesta.

—Ya tengo bastante con mi hija llorando y odiándome por los pasillos —murmuró entre dientes—. No necesito una mujer dando problemas.

—Ah, pero igualmente la tienes.

Enarcó una oscura ceja. ¿Acaso era una petulante sonrisa la que se formaba en la boca del modelo? ¿Naruto parecía saber algo que se le escapaba?

—Desembucha.

Naruto levantó una mano con la palma hacia arriba, encogiéndose a la par de hombros.

—Hasta el gran Sasuke Uchiha es un hombre curioso por las faldas de una mujer —cotorreó. Porque eso ni siquiera ir al asunto del chisme—. Sin embargo, menos mal que yo estoy de buen humor y tengo información interesante. Dices que te marchas con Sarada y por lo que sé, es por un trabajo más o menos importante. Aunque yo lo considero que huyes, pero bueno, cada hombre es consciente de sus capacidades.

—Mis capacidades están cada vez más cerca de darte una patada en el trasero fuera de mi casa.

—Va, va, no te pongas histérico, que así no me dejas contarte lo que sé —aseveró.

Sasuke realmente lo deseaba. Rodear su cuello con sus manos y apretar. ¿Cuánto tardaría un hombre de metro ochenta, seguramente setenta kilos de músculos, en ahogarse? Esperaba que mucho y sufriera.

Aunque, ahí estaba, chasqueando la lengua y apoyándose contra la barra americana de su casa y cruzando los tobillos como así fuera a evitar ir y cumplir lo que su mente cavilaba.

—¿Qué tal si vas al grano? —aconsejó.

Naruto chasqueó la lengua.

—He hablado con Sakura de ti.

Sasuke soltó un gruñido de frustración.

—Espera, espera. ¿Ves? Si voy al grano no comprendes nada de nada —protestó Naruto levantando ambas manos como si rezase a algún dios imaginario—. Eres impaciente y por eso siempre terminas liando las cosas. Como cuando pensaste que me bebí tu bebida y no era así.

—Es que te la bebiste, idiota —recordó, maldiciendo entre dientes.

—Ah, sí, cierto —reaccionó Uzumaki rascándose la barbilla—. Pero tenga razón o no. Te embalas demasiado y mal entiendes las cosas.

Bien. Eso era cierto. Durante diez años odio a Sakura por un mal entendido. Se cruzó de brazos esa vez.

—No sé bien qué mierdas pasa entre ustedes, pero te puedo asegurar que no le eres indiferente. Le duele lo que sea que pase contigo y con tu hija. De verdad. No de boquilla.

—Ya —aceptó sarcástico.

—Lo digo de verdad. No sé qué pasó, repito, pero la encontré ayer por la tarde llorando y muy deprimida en un rincón y me hizo jurar cosas que creo que son importantes. No sé bien si está saliendo con Itachi o no…

—Lo está —recalcó gruñendo.

Naruto le miró un instante antes de continuar, con palabras aletargadas que aseguraba que estaba cavilando contra cosa de lo que sus labios decían.

—… Pero ella recuerda mucho lo vuestro. Me hizo jurar ciertas cosas sobre la mujer que me gusta. Cosas que entendía que le sucedieron… contigo. Eso, la ha marcado para siempre.

Sasuke se encogió de hombros.

—Tenemos una hija de por medio, por si no te has dado cuenta. Así que sí, follamos.

Naruto bufó.

—Y tú, el tipo que no te acuestas con ninguna mujer desde vete a saber cuando y, que espero que el día que lo hagas no salgan murciélagos de tus calzoncillos, tuviste algo tan delicado con ella.

—Éramos adolescentes.

—El primer amor siempre cala, Sasuke —remarcó Naruto poniéndose en pie—. Creo que lo de marcharte con Sarada y todo el jaleo que has montado con ello es sólo una pataleta tuya. Si realmente hubieras querido irte, habrías cogido a Sarada sin decir nada y te habrías marchado. Sin embargo, te encanta que Sakura piense en ti, que te tenga en mente…

—Cállate —ordenó. Apretó los puños.

—No —desobedeció Naruto acercándose más a él, desafiante—. Golpéame si eso te hace sentir mejor, pero la verdad es esa, te duela o no. Tú, Sasuke Uchiha, realmente estás enamorado de Sakura Haruno.

Esas palabras fueron como una bofetada.

Su hermano lo había dejado caer alguna que otra vez, preguntas o afirmaciones indirectas que solía ignorar. No quería pensar que era eso, no quería admitir esa parte impensable de su vida.

Se pasó una mano por los cabellos, echando su flequillo hacia atrás. Naruto continuaba mirándolo fijamente.

Entonces, de repente, comenzó a reír.

Sasuke casi resbaló por la pared de la sorpresa. Con los ojos muy abiertos y la boca casi desencajada, no podía evitar mirarle estupefacto.

—¿De qué diablos…?

—¡Era broma, hombre! ¿Realmente crees que Sakura se abriría así conmigo? ¡Ni de broma! Es cierto que me dio consejos hacia la chica que me gusta, pero no es el tipo de chica que va alardeando de su vida pasada. Sí que le afectas, pero no sé por qué, así que eso ya es cosa vuestra. Por suerte, veo que no te afecta.

Le dio repetidas palmadas en el hombro, riéndose como el idiota que era y se acercó a la puerta después.

—En fin, que sólo venía a ver si era cierto eso de que os marchabais y esperaba ver a Sarada antes de ello, pero no ha podido ser. Deberá de conformarse con verme guapo e intocable desde las revistas.

—¡Piérdete! —ordenó.

Esa vez, él mismo le cerró la puerta en las narices. Le faltó la patada y el estrangulamiento, pero se conformó con golpearle el trasero con la puerta.

¡Ese condenado Uzumaki! Removiendo sus sentimientos de esa forma era… ¡Imperdonable!

.

.

Sakura bostezaba justo cuando el móvil de Hinata sonó dentro de sus vaqueros. Sujetando una horquilla entre los dientes, la muchacha lo sacó y sujetándolo con el hombro y la mejilla, respondió. Sakura no necesitó preguntar quién era, porque la voz de Naruto llegaba hasta sus oídos sin necesidad de poner el altavoz. Hinata enrojeció cuando sus ojos se cruzaron en el espejo y ella no pudo evitar sonreír.

Agradecía a Hinata, por su romance inesperado que la llevó a descubrir que todavía quedaba de ese amor en el que te quedabas dormida en el sofá, con las manos enredadas junto a un bombón de revista vestido de indio.

Sin embargo, a medida que la conversación, que la llevaba claramente Naruto, empezó a volverse más intensa, Hinata nombraba al modelo sin lograr acallarlo, hasta que Sakura captó por dónde iban los tiros. Dejó el bote de zumo del que tomaba con una pajita y extendió la mano.

Hinata dudó, pero finalmente le entregó el móvil.

—Y la verdad, Hinata, creo que lo que suponía es cierto. Sasuke está enamorado de Sakura y bueno, sé que será capaz de hacer cualquier cosa con tal de conseguirla, pero, sabes qué, sabes qué, creo que ellos se gustan, pero no son capaces de coordinar bien del todo.

—¿Y cómo sabes todo eso, Naruto?

Naruto gritó. Sakura tuvo que quitarse el móvil de la oreja, pero cuando volvió de nuevo a ella, Naruto había colgado. Se volvió con la silla. Hinata estaba roja, blanca, aterrada.

—Creo que hay algo que tienes que contarme.

—Yo… —tartamudeó. Apretó el pincel entre sus dedos—. Nosotros…

—Os habéis metido donde no os llaman —interrumpió—. Sé que tú lo haces sin ningún tipo de maldad, pero a Naruto le puede el chisme y, sinceramente, algo que es tan doloroso y complicado para mí no quiero que esté en medio de una mesa de cotilleo. Además, con invenciones y tales patrañas.

—Lo sé —reconoció Hinata—. Simplemente me dejé llevar un poco por la emoción con Naruto. Lo siento, Sakura. Sé que no es algo en lo que debamos meternos. Es más, comprendo como te sientes y tampoco querría que se hurgase en ello… Lo lamento.

Sakura no podía enfadarse con ella. En realidad, sería incapaz.

Le devolvió el móvil.

—Me preocupa qué tipo de reacción podría tener esto en Sasuke —reconoció.

No había vuelto a hablar con él desde entonces. Después de su noche romántica con Itachi, se dirigió directamente a su puesto de trabajo. No sabía bien cómo acercarse al padre o la niña para intentar detenerles. Sabía que era imposible. Ella había perdido su derecho mucho tiempo atrás para reclamar.

Y hablar con Sasuke era… frustrante.

Hablar a la pared parecía tener más sentido.

Sin embargo, no podía permitir que Naruto y Hinata se entrometieran de esa forma.

—¿Cuándo es mi siguiente hora libre, Hinata? —preguntó.

Hinata aprovechó tener el móvil entre las manos para verificarlo.

—A las cuatro —respondió.

—Bien.

Tomó su propio móvil y buscó entre los contactos. Lo encontró. Lo había apuntado por insistencias de Itachi en referencia a su hija. Nunca habían hablado. Así que enviar un mensaje en ese momento le estaba resultando frustrante y molesto.

Sin embargo, Sasuke no tardó en responderle.

Después, se preguntó si debería de advertir a Itachi de su encuentro. Sabía lo que pasaba si ambos se quedaban a solas. De alguna forma, una condenada y muy retorcida, parecía incapaz de controlar de su cuerpo. No quería que Itachi volviera a sentirse incómodo con la idea de que ambos estuvieran a solas.

Pero dudaba que Sasuke hablara correctamente de tenerle a él delante.

Tras meditarlo, presionó el botón de llamada.

Itachi no le respondió. Maldijo entre dientes y miró hacia arriba cuando Hinata protestó por sus gestos.

—Realmente… no hay forma de que Sasuke no se marche. ¿Verdad? —le preguntó ella.

Sakura apretó los labios.

—Hoy lo descubriré.

—¿Cambiará de opinión?

—Carga con demasiado odio hacia mí y la idea del recuerdo que le doy. Así que no lo sé.

—Sakura —murmuró Hinata pensativa—. ¿Y si lo que ha dicho Naruto es verdad? ¿Y si él estuviera enamorado de ti?

Sakura le sostuvo la muñeca, frunciendo el ceño.

—¿Realmente le harías daño a la persona que amas, Hinata? —preguntó a su vez.

Hinata negó con seguridad.

—Sé que no es justificable lo que hace, pero… Hay personas que no saben cómo expresar lo que sienten, no saben amar, pero aman. Y, por ende, sus actos van contra sus sentimientos. Son como niños que hacen pataletas para que se les comprenda. Creo que Sasuke es uno de ellos. La forma que tiene para atraer tu atención, es Sarada.

—De igual forma, estoy con Itachi ahora —murmuró en voz baja—. Nuestro tiempo fue en aquel momento, en aquel día y no hay más.

Era algo que se repetía a sí misma sin cesar.

Con Itachi había encontrado algo que no esperaba volver a sentir. Con lo que creía que debía de vetarse y autocastigarse después de lo que hizo. Itachi le devolvió la cercanía de su hija. Le recordó lo que era sentirse femenina y sexualmente activa.

Le dio una estabilidad que no había sentido en mucho tiempo. ¿Por qué iba a continuar enamorada de Sasuke después de eso? Era impensable.

¿Acaso no se debía de amar lo bueno y no lo tóxico?

.

.

Siete horas después, Sakura se bajaba del taxi frente a la casa del padre de su hija. Se detuvo parar mirar hacia la vieja mansión esperando ver algo que le delatase la presencia de Itachi. No había logrado contactar con él y cuando llamó para hablar con su secretaria, ésta le dijo que estaba reunido y era imposible interrumpirle.

El tiempo avanzó y no le quedó más remedio que acudir sola. Porque tampoco se atrevía a cancelarlo.

Tomo aire, dispuesta a intentar esa última vez convencerle. Sasuke no era un hombre que se dejara convencer con lágrimas, estaba segura de eso.

Presionó el botón del timbre y escuchó algo estallar. Parpadeó, sorprendida. La puerta crujió al abrirse, pero nadie apareció tras ella. La empujó con cierta cautela. Nada más dar unos cuentos pasos, la puerta se cerró con un chasquido electrónico.

Dio un respingo, mirando a su alrededor. ¿Acaso había pasado algo?

—¿Sasuke?

El sonido que había escuchado al principio resonó. Algo de cristal rodando por el suelo, desde la cocina.

Caminó casi de puntillas. Se detuvo. Se quitó el zapato de tacón. Iba a ser una pena mandar a la mierda unos zapatos de la marca Bee.

Preparada para golpear a quien fuera, se deslizó por encima de la barra hasta que le vio.

Estaba sentado en el suelo, con las piernas largas estiradas de cualquier forma. Respiraba e hipaba con dificultad. Se limpiaba el dorso de la barbilla con la muñeca y cuando la miró, quedaba claro que estaba completamente borracho.

Bufó y rodeó la barra americana para plantarse delante de él y las manos en las caderas, autoritaria.

—¿Esta es la forma en que piensas cuidar de nuestra hija cuando te marches? ¿Emborrachándote? ¿Qué tipo de seguridad me estás diciendo que le vas a dar?

Sasuke frunció el ceño y parpadeó.

—No tengo ganas de monsergas de tu parte. —Levantó la mano para señalarla, pero su dedo apunto a otro lugar—. Si quieres joderme, ahora es un buen momento. Toma una fotografía y dile a un juez que soy el peor padre del mundo. Venga. Es lo que Itachi está esperando.

—¿De qué estás hablando? —preguntó incrédula—. Itachi no cree eso.

Sasuke soltó una sarcástica carcajada.

—Veo que idealizas bien a tu novio —espetó sacudiendo una mano con desinterés—. ¿Has podido follar hoy con él? —preguntó sin tapujos—. Seguro que no. El señor lleva todo el día mandándome abogados y reuniones con ellos por tal de que no me vaya con Sarada.

Sakura apenas podía cerrar la boca, incrédula.

Él chasqueó la lengua.

—Vaya. Parece que no sabías una mierda de eso.

—No, no lo sabía —aseguró—. Sé que Itachi estaba también dolido con la idea de que te lleves a Sarada, incluso me remarcó que de ir a juicio yo perdería.

Sasuke levantó un dedo para señalarla, esa vez, sí acertó.

—A ti sí. A él: no.

Entonces lo comprendió. Era algo que no esperaba que hiciera. Menos, sin consultarle. Itachi a veces parecía ir por un sendero distinto a ella. La inquietud que le provocaba eso no era agradable.

Sasuke tosió al atragantarse con su propia saliva. Sakura se arrodilló a su lado y detuvo su mano cuando la estiró para alcanzar de nuevo la botella.

—Ni hablar, no más alcohol —negó.

Si tuviera el poder de hacerlo, Sasuke la habría convertido en virutas de polvo con la mirada.

—¿Dónde está Sarada a esta hora? —preguntó.

Sasuke parpadeó, como si en la tiniebla de su borrachera fuera capaz de recordar la respuesta a esa pregunta. Sakura le mostró el reloj en su muñeca para enfatizar la pregunta.

—Tiene taller en la escuela. No sale hasta las nueve.

Sakura miró el reloj. Tenían dos horas hasta entonces.

—Tu hija no puede verte así —aseveró—. ¿Cuántas veces te ha visto de este modo?

Él gruñó con torpeza cuando quiso levantarse. Sus piernas y brazos no parecían coordinar correctamente.

—Nunca.

—Pues no dejemos que esta sea la primera —murmuró. Suspiró, desalentada, cuando se percató de que era incapaz de levantarse por sí solo—. Deja que te ayude.

Sasuke se negó e intentó hacerla retroceder. Sakura protestó, incorporándose. Se quitó el otro zapato. Lo miró durante un instante. ¿Qué tan grave sería pegarle con él?

Lo descartó y lo dejó al lado del otro a un lado. Después, se arrodilló para pasar sus brazos por debajo de sus axilas.

—Si me golpeas de nuevo, esta vez te juro que te la devolveré —le advirtió.

Él se quedó quieto, mirándola. Demasiado como para poder moverlo, así que esperó a que relajara el cuerpo, devolviéndole la mirada.

—Te golpee —recordó.

—Lo hiciste —confirmó—. Y me lo merecía, así que no te disculpes.

—No pensaba hacerlo —protestó desviando la mirada.

—Claro que no —aceptó—. ¿Nos levantamos o no?

Él pareció dudarlo.

—Pensaba que me habías usado, que eras una maldita por abandonar a nuestra hija…

—Lo sé —confirmó—. Yo también lo pensaba. Ahora ya no. Me diste de nuevo la oportunidad de remediar mis errores con Sarada y en eso estaba cuando dijiste que te la quieres llevar. Ahora el injusto eres tú, Sasuke.

Sasuke no respondió. Se mantuvo en silencio mientras le ayudaba a levantarse al final. No fue fácil. La superaba en estatura y quilos. Aún así, logró que se mantuviera en pie sin trastabillar. Luego, se posicionó de forma que su brazo izquierdo pasara sobre sus hombros y su propio brazo le rodeara la cadera.

—Vale, ahora paso a paso. ¿Dónde está el baño?

Él la miró como si fuera la primera vez que la viera.

—¿Para qué?

—Para darte una ducha y refrescarte —respondió gruñendo—. Y lavarte la boca. Apestas a alcohol. Si no sabes beber, no bebas.

—Y tú, si no sabes… lo que sea —protestó infantilmente.

Sakura casi no pudo reprimir una carcajada. El Sasuke borracho era mucho más sencillo de tratar incluso que el normal.

—Sasuke —nombró pausadamente—. El baño.

—Arriba —respondió seguido de un eructo.

Sakura rodó los ojos.

—Genial.

Caminó hasta los pies de las escaleras. Sasuke se detuvo, apoyándose con el otro brazo contra la pared.

—No sé qué arquitecto hizo esta casa, pero esas escaleras se mueven mucho.

—La hiciste tú —le respondió. O al menos, eso le había contado Itachi.

Al mayor se le llenaban los carrillos hablando de las maravillosas manos que poseía su hermano para crear hogares. Y dentro de lo que cabía, ni la casa ni la escalera era el verdadero problema frente a ellos. Era su borrachera.

—Anda, vamos —indicó poniendo un pie sobre el primer escalón.

Fue incómodo subir con él tambaleándose, pisando los escalones mal o deteniéndose para… ¿Olisquearla? ¿Estaba oliéndole el pelo? Se detuvo antes de llegar al último.

—¿Por qué diablos haces eso? —preguntó, incómoda.

—Me gusta como hueles —respondió aturdido—. ¿Es cereza?

—No —negó—. Es otro tipo de colonia. ¿Dónde diablos hueles tú la cereza?

—En ti —recalcó pegando mucho su nariz contra su mejilla—. Sí, hic, hueles a cereza.

—Vale, genial. Huelo a cereza —aceptó—. Queda poco para que vuelvas a ser el tosco de siempre. Así que adelantemos las cosas. Pon un poco de tu parte.

Pendona.

Se detuvo. Demasiado tentada por tirarlo escaleras a bajo.

—¿Qué has dicho?

—Pendo… pervo… pensona… —Parecía intentarlo muy en serio.

—¿Perdona, quizás?

—Eso —farfulló.

Luego, levantó el pie y llegaron a lo alto de la escalera.

Sakura miró a su alrededor, con cierta sorpresa por la disculpa de su parte, en busca de la puerta correcta. Sasuke se soltó de su agarre y caminó hasta una de las habitaciones, deteniéndose frente a la puerta. Sakura le siguió, curiosa. El nombre de Sarada estaba escrito en la puerta.

Era un dormitorio hermoso, con un toque de femineidad encantador.

Le dio un toque en el hombro.

—No quieres vomitar aquí.

—No —negó. Se frotó el ceño, volviéndose, esperaba, hacia el baño. Le vio empujar una puerta y tropezarse, deteniéndose para que ella pasara—. El baño. Caga feliz.

Luego se dio la vuelta para huir. Sakura lo atrapó del cuello de la camisa para retenerlo, avergonzada.

—¡Que es para ti, no para mí! Y no digas que haga esa cosa feliz, por dios —exclamó azorada.

Sasuke retrocedió a la par que ella caminó. Se llevó las manos al cuello para evitar ser estrangulado. Lo soltó al entrar más en la habitación.

Era claramente un dormitorio de hombre. Una cama central de matrimonio de colores oscuros. Ropa, enseres y demás cosas que un varón usaría para su vida. Incluso el olor remarcaba el perfume caro de un hombre. Aunque eso, ya sabía que era estúpido. Muchas mujeres utilizaban perfume para hombres.

Igualmente, se notaba que era la habitación de Sasuke.

Esquivó la cama y caminó hasta la puerta entornada. El cuarto de baño estaba limpio, con todo perfectamente colocado. ¿Sería uno de esos tipos obsesionados con la limpieza?

Se acercó hasta la bañera y abrió el grifo y esperó a que el agua saliera por la duchera. Después, se volvió hacia él. Sasuke había resbalado por la pared hasta quedarse sentado nuevamente. Tenía las mejillas enrojecidas y los ojos entrecerrados.

Se acercó hasta su altura, arrodillándose. Él la miró.

—Sarada se parece a ti —murmuró—. En muchas más cosas de las que parece.

—Es mi hija —le recordó—. Debe de parecerse. Sin embargo, tus genes han sido más predominantes.

—Es hermosa. ¿Verdad?

—Lo es —confirmó—. Sin duda lo es.

—Tú te perdiste todas las cosas importantes de sus comienzos —dijo, con la voz tensa—. Los llantos, los primeros pasos, sus primeras palabras, su primer juego, su primera risa…

Sakura sintió que el corazón le dolía.

—Sí… Anda, vamos a la ducha —invitó en un intento vano de evitar que continuara por ese camino.

—Y ahora, él quiere que yo me pierda el resto de cosas por tal de dártela a ti —recalcó.

Sakura detuvo sus manos sobre sus hombros. La boca tensa.

—Has embrujado a mi hermano hasta ese punto…

—Yo no he hecho nada de eso, Sasuke —aseguró—. No le he pedido a Itachi nada de eso. Sólo le pregunté si era cierto que tú ganarías un juicio y me lo confirmó, nada más. Me quedé desbastada al saber que a causa de mis viejos actos ahora no podía tenerla más. Iba a hablar contigo de eso hoy. Ahora no estás consciente del todo a causa del alcohol, así que…

Repentinamente, Sasuke la atrapó del cuello del vestido, tirando de él hacia delante. Sakura estuvo a punto de golpearse su frente con la de él de no parar a tiempo. Sasuke la miraba furioso.

—Si te quedas con Sarada de esa forma… te juro que…

—Ya te he dicho que yo no quiero quitártela. Soy consciente de cuánto te quiere esa niña —susurró—, no es lo que quiero. Eres tú el que me la quieres quitar.

Sasuke chirrió una palabrota que no alcanzó a comprender.

—Eres una bruja —siseó—. Eso es lo que eres. Empezaste conmigo cuando era un adolescente. Y ahora, hoy día, sigues metiéndote en mi cabeza, en mi mente, en mis pensamientos… en mis acciones… hic.

Sakura pestañeó, sorprendida.

—Y te metes en mis sueños…

Su mano subió de su cuello hasta su mandíbula. Su índice oscilando por su mentón. Se detuvo sobre sus labios. Sakura ahogó un gemido. Inquieta, notó su dedo acariciarla.

La oscuridad mirada bajó de su rostro a su cuerpo, deteniéndose en su escote, bajando hasta su vientre y sus piernas para regresar, deteniéndose en sus labios una vez más.

—Vale —tartamudeó—. Necesitas esa ducha más que nunca. Ya.

Él la retuvo cuando intentó escapar. La sostuvo de los hombros y levantó su cabeza. Sakura desvió la cara justo a tiempo. Su beso dio de lleno contra su mejilla. Esperaba que se alejara, que acabara con ello al comprender su gesto, pero no. Su boca se movió por su piel, osciló hasta su oreja.

—Sakura.

Su nombre, de esa forma tan erótica, la arrastró al completo caos. Por un instante, se vio a sí misma levantando sus manos hasta su cuello, volviendo su cara a él, ofreciéndose. Y sabía que disfrutaría de ese beso, que se dejaría llevar hasta la profundidad de la oscuridad de Sasuke Uchiha.

—Sasuke —farfulló—. Vamos a la ducha, anda.

Él la miró, apartándose sólo lo suficiente como para que pudiera volver a mirarle.

—¿Vas a meterte conmigo? —preguntó en un tono infantil que no iba de acorde a dónde tenía sus manos. Se las quitó a base de pellizcos.

—Estaré aquí a tu lado —ofreció—. Y me daré la vuelta para no verte desnudo.

Sasuke esbozó una sonrisa irónica.

—Ni que fuera la primera vez que me ves desnudo —le recordó. Sakura puso los ojos en blanco—. Ah, sí —añadió él—. Ahora creo que está más grande.

Enrojeció, abriendo la boca con sorpresa.

—¡Eso no es…!

Pero sus ojos la traicionaron de cierta manera cuando bajó la vista a sus caderas, levantándolos al instante y empezando a tirar de él para que se levantara a su vez.

—Deja de jugar y vamos a darte una ducha. Cuando recuperes la cordura, te arrepentirás de estas cosas que dices.

Sasuke se recostó contra ella, emitiendo un gruñido de protesta. Su cara quedó sobre su cuello y estuvo a punto de perder el equilibrio mientras lo guiaba hasta la ducha. Sólo tenía que empaparse un poco, refrescar su cabeza.

Él no la soltó cuando estuvieron al pie de la bañera.

—¿Sasuke? —preguntó. Esperaba que no se hubiera dormido o que tuviera ganas de vomitar.

Se mantenía con los ojos cerrados y respiraba con cierta dificultad.

—Estoy enamorado de ti.

Sakura sintió que el corazón se le detenía. Esas palabras no. No.

Él abrió los ojos de golpe, mirándola. Una mirada brillante, llena de sinceridad. Y también de esperanza. Como si esperara que ella confirmara algo. ¿Qué esperaba de ella? No lo sabía.

Sasuke cerró los ojos poco después y se enderezó. Llevó sus manos con torpeza hasta la camisa y empezó a desabrochar con torpeza los botones. Cuando llegó a uno imposible, la miró.

Sakura suspiró y se acercó para ayudarle. Sasuke dejó caer sus manos a cada lado de su cuerpo mientras observaba sus manos trabajar hasta el último botón.

Los años habían ayudado a tonificar su cuerpo. Pese a que era delgado no era una delgadez poco musculada. Justo, al contrario. Su piel era blanca y sus pezones rosados. Se sorprendió a sí misma observarle con detenimiento, incluso movió sus dedos más hasta su vientre, acariciando la suave textura de su piel. Subió hasta su cuello y se desvió por sus hombros hasta dejar caer la camisa a sus pies.

Sasuke la observó durante todo momento.

Desnudo de cintura para arriba, le permitió tocar cada parte que despertara curiosidad. Se tambaleó un poco, pero no se apartó, hipando de vez en cuando. Sus ojos siguieron sus manos, su boca se abrió levemente cuando llegó a la hebilla de su pantalón y rechinó los dientes cuando se alejó.

—Quítalo —susurró asiéndola del codo—. Sakura.

Ella obedeció. En un rápido gesto deslizó el cinturón y este quedó colgando de sus caderas, enganchado al pantalón. Se percató del bulto dentro de él. Levantó los ojos con sorpresa, para descubrir un gesto de dolor en su cara.

—Aquella vez… tú estabas asustada también —murmuró—. Te dejé atrás después de…

—Sí. Era mi primera vez —reconoció—. Dolió, pero no te detuviste a pensar en ello y yo tampoco quería que parases.

Él deslizó su mano hasta la de ella y le acarició la palma. La llevó hasta sus ingles, remarcando su sexo bajo la tela del pantalón. Su gesto de dolor no había menguado.

—Realmente, podrías hacer conmigo lo que te diera la gana. Podrías apretarme las pelotas, arrancarme el pene… —Inclinó la cabeza, continuando usando su mano para acariciarse. Apoyó su mejilla contra su hombro—, pero no me dolería nada comparado al hecho de que me quitaran a Sarada. Es mi hija…

—Sasuke —masculló sorprendida.

Levantó la otra mano hasta su cuello, acariciando con sus dedos el lugar. Él abrió la boca, comenzó a jadear a medida que la presión sobre su mano aumentaba.

—Sakura —murmuró—. Tu piel —suplicó.

Sakura se mordió el labio inferior. Nunca esperó, ni siquiera por estar borracho, que él suplicaría de esa forma. Pero lo estaba haciendo. Estaba sucediendo justo frente a sus ojos.

Se soltó de su agarre y llevó ambas manos hasta el pantalón. Lo abrió y dejó que se deslizara por sus piernas. Ahueco los calzoncillos y…

—Dios —jadeó, casi mareada.

Sasuke y Itachi eran completamente diferentes. Había pensado que Itachi era maravilloso comparado a un adolescente y ese mismo adolescente, había madurado y crecido.

Era la segunda vez que tenía a un hombre en sus manos. Que se sentía maravillada con la idea de sentir ese poder que le otorgaba tener una de las partes más delicadas entre sus dedos. Sasuke se endureció más entre sus dedos, mientras enrojecía su punta y el presemen manchó su palma. A medida que sus caricias aumentaban, sus jadeos lo igualaban, hasta que, repentinamente, dejó de respirar y su sexo palpitó entre sus dedos. Su mano se llenó de su simiente, resbalando hasta el suelo.

Atónita y maravillada, lo observó hasta que él la asió de la muñeca y de un rápido tirón, le metió la mano bajo la duchera. El agua se llevó todo y él, jadeante, la miró. Parecía batallar seriamente con lo que estaba ocurriendo, como si la neblina del alcohol estuviera evaporándose.

Sin embargo, no tardó en incorporarse y, con torpeza, llevó sus manos hasta su cuello, acariciando con sus pulgares sus mejillas.

Podría haberse negado, desviado de nuevo la cara, sin embargo, esa vez, sí. Dejó que sus labios la tocasen, que la engullera el remolino de la mente en blanco y de la necesidad. Llevó sus manos hasta su espalda, abrazándolo. Pudo notar su desnudez contra ella, la altura que la predominaba.

Retrocedió hasta que su espalda dio contra la pared helada y se arqueó, alejándose de ella. Sasuke tomó aquel gesto como una invitación y bajó su mano derecha por su hombro, entrometiéndose entre ellos y atrapando uno de sus senos. Sakura gimió contra su boca cuando sintió el pulgar oscilar por encima de él y le permitió bajar más hasta la falda, levantándola por encima de su cadera.

De alguna forma, Sasuke se las arregló para rajar sus medias ahí donde estorbaban y ahuecar sus dedos sobre ella. Los movió por encima de la tela de sus braguitas y sus caderas siguieron el compás de sus gestos, hasta que sintió que aquello no era suficiente.

—Sasuke —suplicó.

Se aferró a sus hombros y le miró a los ojos. Le devolvían una mirada abrasadora de deseo. Pudo notar su erección contra su vientre, de nuevo, alejándose de ella a la par que modificaba su postura para ser capaz de apartar su ropa interior. Ella misma le ayudó, bajando una de las manos para deslizarla por sus piernas.

Cuando le levantó la pierna no fue una sorpresa lo que llegó después.

Sus nalgas se presionaron contra los azulejos, chirriaron cuando la levantó para adecuarla a su altura.

La penetró. Con fuerza, intensamente y una maravillosa sensación de completa aceptación. Sasuke se detuvo por un instante, jadeando, parpadeando en medio de su propia marea de placer. La miró a los ojos de nuevo y susurró su nombre. Ella asintió con la cabeza.

Después, el mundo desapareció por completo. Sólo eran ellos dos, de nuevo, en un baño. Su cuerpo aceptándolo con un progreso que no encajaba a sus miedos anteriores, a la calma que Itachi le ofreció. Estaba siendo muy diferente, más intenso, hasta el punto en que aferrarse a él era necesario, odiando la idea de que dejara de bombear en su cuerpo, de penetrarla hasta lo más profundo de su ser.

En algún momento había cerrado los ojos, se había perdido. Escuchaba su respiración contra su cuello, sus besos en su piel. Sus senos se apretaban contra su pecho, acariciándose en un lento baile erótico.

Estaba cerca. Demasiado cerca.

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Sasuke apoyó su mano contra la pared, gruñendo su nombre. Bajó la mirada hasta la unión de sus cuerpos. Su miembro perdiéndose en el interior de esa mujer. Quería marcarla de alguna forma, dejar su semilla en ella, borrar cualquier recuerdo de otro hombre dentro de ella.

Su esfuerzo por controlarse iba más allá de la experiencia. No estaba seguro de poder soportar más. Con ella absorbiéndolo de esa forma, tragándolo y apretándolo cuanto más cerca estaba de su propio orgasmo.

Le maravillo su rostro, más femenino, más marcado. Sus cabellos al fin sueltos saltando contra su rostro, entre ellos, hacia atrás. Su boca pronunciando su nombre de una forma urgente.

Se detuvo y ella gruñó cuando la abandonó. Se tomó un momento mientras la besaba y con un gesto algo brusco, la giró. De cara a la puerta de su dormitorio. Podría llevarla a la cama, pero perdería un tiempo valioso.

—¿Sasuke? —preguntó ella, aturdida.

La hizo inclinarse un poco. Le apretó las nalgas, perfectas y rosadas justas para sus dedos. Deslizó su otra mano por su sexo, maravillándose con la humedad. Cuando volvió a penetrarla fue tan intenso que ambos se quedaron sin aliento.

Volvió a mecerse contra ella y, esa vez, fue tentadoramente erótico de alguna forma más retorcida. Podía ver toda su espalda, la forma en que se apoyaba en sus rodillas con ambas manos mientras su cuerpo se movía hacia delante y atrás en cada una de sus embestidas. Percibió la cremallera y tiró de ella hasta desnudarla por completo. El vestido resbaló a sus pies y pudo ver sus senos colgando como pequeñas peras. Atrapó uno de ellos con cuidado y, como respuesta, lo apretó aún más.

Era maravilloso, de alguna forma, tener ese poder.

El sonido de sus caderas al golpear. De sus nalgas contra él, su miembro endurecido y cada vez más cerca del orgasmo, la humedad que lo envolvía junto a su calor interno, fueron arrolladores.

—Sakura —gruñó.

Ella asintió con la cabeza porque con la boca no pudo.

Esa invitación fue suficiente para que no se retuviera. Golpeó más rápido, algo mareado por el alcohol que zumbaba en su cabeza.

Levantó la cabeza y justo cuando el orgasmo lo abandonaba a la par que a ella, lo vio. De pie, justo frente a la puerta. Su cara era un poema.

Sakura ahogó un grito entre sus dedos, agachándose tras separarse de él. Pese a que su cuerpo se estremeció por el orgasmo, el terror la invadía. Sasuke se quedó en pie, con su sexo todavía eyaculando. Era algo que no podía controlar y cortar a placer.

Itachi se movió lentamente hacia dentro y depositó los zapatos de Sakura justo frente a ella, arrodillándose.

—Hinata me contó que habías pactado una reunión con mi hermano para hablar de Sarada. No sé si he de suponer que ha terminado bien o no. Pero supongo que tendrás que pensarlo un poco más.

—Itachi… no es…

Luego, le miró a él. Sasuke parpadeó.

Se sentía agotado, más borracho incluso.

—¿Estás borracho? —preguntó con cierta ironía.

Él le devolvió una socarrona sonrisa que se borró cuando cayó de rodillas. Sakura se apartó justo a tiempo.

Lo último que vio fue el suelo del cuarto de baño acercándose hasta su cara.

Y dolió.

Vaya si dolió.

Continuará…