Bueeeno, llegamos al siguiente capítulo. Nos vamos acercando al final, pero hoy no (?
Madre olvidada
Anhelo
—¿Dónde está Sakura?
La cabeza iba a explotarle. Le dolía como nunca en su vida. Que su hermano estuviera dando golpes con el pie en el suelo, no ayudaba. Se mantenía apartado de la cama, en la pared de enfrente, cruzado de brazos, con la espalda apoyada contra la pared y mirándole fijamente. Conocía ese gesto.
Lo extraño es que no estuviera llenándolo de golpes. Debía de quedar algo de aprecio en ese minúsculo tarro de odio que se había encargado de llenar.
¿No decían que los borrachos no recordaban nada? Porque él recordaba absolutamente todo. Desde el primer momento en que atrapó la primera botella. No sabía que tenía tanto alcohol en su casa, tan a mano de Sarada. Recordaba lo que deseaba olvidar. Lo que había terminado soltando en medio de su marea de alcohol.
Lo que había terminado haciendo.
Dios, todavía sentía los labios entumecidos por los besos. La sensación de sus cuerpos unidos. La diferencia entre su yo adolescente y en ese momento era inmensa. Sakura era incluso mejor que en ese entonces. Le latían los oídos todavía con sus gemidos y su nombre escapar de sus labios.
Diablos, estaba muchísimo más enganchado de lo que esperaba de ella.
—¿Qué planes tienes?
—Diría que asesinarte, pero es ilegal. Además, sigues siendo mi hermano.
Itachi chasqueó la lengua, suspirando.
—Esto no debería de ser la causa de que nos pelemos —murmuró pensativo.
Sasuke miró a su alrededor. La puerta estaba abierta, el grifo estaba cerrado, no había toallas y no estaba seguro de cuántas horas llevaba durmiendo.
—¿Y Sarada?
—Le he pedido a Karin que cuide de ella un rato. Estaba encantada con la idea de ir de visita de tiendas. No necesita ser consciente del dolor de trasero que son los adultos que siguen comportándose como mocosos. A vosotros os pone los baños.
Apretó los dientes y los labios. Miró de nuevo el cuarto de baño.
Era cierto. Joder, tenía una condenada cama de matrimonio. Un sofá. Una condenada casa rodeada de muchas paredes. Y no. Una vez más, un baño.
Apretó el puño bajo la sábana.
—Ayer estuve ausente todo el día. La descuidé. ¿Sabes por qué?
—Los abogados me llamaron —recordó siseando.
—Sí. Quieres llevarte mi tesoro, Sasuke. Sarada es mi joya. La única joya que no puedo perder.
No pudo abrir la boca.
—Sinceramente, lo pensé mucho —continuó Itachi—. Si realmente fuera porque ibas a mejorar en cuanto ingresos, aprender de alguien mejor de quien has aprendido, porque, sinceramente, entre Hatake y Orochimaru, creo que ambos sabemos quién es mejor. Lo aceptaría. Podría comprender que te llevaras a Sarada para un mejor futuro. Sin embargo, te la llevabas por una pataleta. Una, en la que estabas actuando como un idiota por una mujer que ni siquiera te pertenecía.
Estuvo a punto de echarse a reír.
—Lo sé —dijo su hermano, como si hubiera sido capaz de leerle la mente—, Sakura se irritaría de escuchar que digo algo así. Ella tampoco es mía, soy consciente. Tampoco sabe cómo ordenar su mente y corazón. Igual que tú.
—No sé cómo puedes estar sermoneándome en vez de…
—¿Partirte la cara? Sí. Hago un soberano esfuerzo. Porque una cosa es matarte y otra darte esa palmadita que nunca te di —asintió—. ¿Eso lograría borrar lo que ha ocurrido? No. Te has acostado con mi novia. Ya no puedo remediarlo. He tenido las oportunidades, pero nunca he puesto una barrera entre vosotros como debería. No hasta ahora.
Frunció el ceño.
—¿Vas a marcharte ahora, Sasuke?
Guardó silencio.
No. ¿De qué servía cuando ya había metido la pata del todo? Estaba harto. De huir. De negar lo que era realidad.
—Bien —aceptó Itachi apartándose de la pared. Se acercó hasta la puerta y apretó el picaporte con fuerza—. Entonces, seré yo quien me lleve a su madre. Olvídala, Sasuke. Porque a Sakura tampoco voy a dártela.
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—Definitivamente vas a hacer un surco en el suelo de tu habitación —protestó Hinata dándole un nuevo manotazo para que dejara de morderse la uña del pulgar mientras intentaba secarle el cabello haciendo malabares para llegar a ella—. Sakura, por favor.
—¡Es que no puedo estar quieta, Hinata! —protestó—. No puedes imaginarte cómo de mal y nerviosa me siento.
—Estás en pánico, más bien —corrigió—. Lo suficiente como para que tengamos que pagar una factura enorme de gas. Ya que te has pasado muchas horas bajo el agua, que también va a ser un buen golpe de factura. Si no llego a volver para buscarte, seguro que sigues ahí debajo.
—Esperaba derretirme y dejar de existir.
—Eso no iba a suceder —aseguró la morena mujer apagando el secador, dándose por vencida—. A ver. ¿Qué ha sucedido?
Sakura se detuvo para mirarla. Mientras Hinata dejaba el secador sobre la peinadora y se cruzaba de brazos, incómoda, como siempre, por lo abultado de sus senos.
—Me he acostado con Sasuke.
La boca de Hinata no podía abrirse más. Aunque el rubor llegó a sus mejillas duró poco ante lo que eso significaba.
—¡Sakura!
—Lo sé. Mejor que nadie. Aunque eso no es lo peor.
Hinata parpadeó tantas veces que de haber llevado pestañas postizas habrían salido volando.
—No me digas que te gustó…
—Sí, no. ¡No importa eso! —descartó—. Lo peor es que… Itachi nos pilló.
—¿¡QUÉ!?
Hinata no era de las que levantaban la voz, así que Sakura comprendía lo increíble que era eso y no sólo para ella. Diablos, Itachi apareció frente a ella justo cuando estaba experimentando otro de sus mejores orgasmos y, una vez más, con el padre de su hija. La cara de Itachi, su mirada, que ni siquiera hiciera un gesto por detenerla, era claramente lo que pronostica la tormenta del futuro.
¿Cómo podía ser tan necia? Dejarse llevar de esa forma, volver a caer en ese horrible umbral de sexo sin sentido.
Estoy enamorado de ti.
No. Era imposible. ¿Quién en su sano juicio era capaz de hacer daño a la persona que amaba? Aunque…
Se deslizó hacia el suelo, furiosa consigo misma mientras sentía las lágrimas volver a caer por sus mejillas y humedecer sus ojos.
—Sakura…
—Sí, lo sé. Soy horrible. ¿Sabes que estaba pensando que Sasuke era imposible porque me hacía daño pese a que dice amarme? ¡Y yo le estoy haciendo lo mismo a Itachi!
—Pero… —Hinata se sentó frente a ella, con la duda en los ojos—, ¿Cómo se te pasó por la cabeza hacer algo así? Quiero decir, le odias, siempre estáis peleándoos.
Sakura tomó aire antes de hablar.
—Siempre estamos igual. De alguna forma, no sé por qué, mi cuerpo me traiciona y me convierto en un flan de llamas en sus brazos. Es incluso más intenso que con Itachi —se sinceró—. Eso no quita que no esté mal —advirtió—. Me acosté con otro hombre. Encima, me pillaron en pleno acto.
Hinata se llevó las manos a las mejillas.
—Espera… estabas…
—Sí —gruñó cruzándose de brazos—. Con la cabeza casi tocando el suelo, el culo hacia arriba y…
—¡Vale, vale! —demandó Hyûga muerta de vergüenza—. No necesito tantos detalles, gracias.
—Es que luego, el señor se pegó con la frente en el suelo. Cuando me marché, estaba desplomado en el suelo y Itachi le miraba como si fuera un castigo justo. Pero a mí no me miró así… sentí…
Se frotó los brazos con tanta fuerza que parecía capaz de arrancarse la piel.
—Desprecio.
—Bueno… —Hinata dudó. Se apretaba las manos con cierta angustia.
—No necesitas decírmelo: me lo merecía. ¡Estaba follando en todas sus narices!
Hinata asintió y se mordisqueó los labios antes de hablar.
—No puedo decir que te comprendo, Sakura. Yo… bueno, Naruto no es… el primero, pero sí podría ponerlo como tal. Me hace sentir feliz pese a la inseguridad que siento de estar con él. Seamos sinceras: él es un modelo y yo simplemente una maquilladora. Sin embargo, no puedo pensar en estar con otra persona ahora mismo. Sé que dije días atrás, pero… dudaba tener la suerte que estoy teniendo.
—Él es el que tiene suerte —corrigió. Hinata se lo agradeció con una reluciente sonrisa—. Por eso, no logro captar lo que ocurre entre vosotros dos. O tres.
Sakura asintió. Se frotó las rodillas esa vez tras cruzar las piernas.
—Imagina que estás saliendo con otro chico, Hinata. Pero Naruto, quien siempre te enciende, cuando te toca, que es capaz de llegarte a tu corazón simplemente existiendo…
—Sería muy doloroso —reconoció Hinata—, pero tendría que poner un punto final a todo o a una parte —recomendó—. Quiero decir: me temo que vas a tener que elegir a este paso. Aunque Itachi todavía no se ha pronunciado.
—No, pero sé lo que va a pasar —pronosticó.
Hinata la tomó de las manos con cuidado.
—¿Por qué no haces una lista de contras y pros? —propuso—. Igual eso ayude.
—¿Ayudaría si te hiciera escoger entre Naruto y otra versión de él?
Hyûga enrojeció culpablemente.
—Explotaría completamente —confesó azorada.
—Algo así me pasa —explicó—. Itachi me da seguridad, me ha mostrado lo que era estar de nuevo con un hombre, me ha ayudado a perdonar a mi yo adolescente y a vivir de nuevo. Y Sasuke… —suspiró, anhelante—. Me enciende de mil formas. Me hace sentir explosiva, deseada… de una forma muy diferente a Itachi. Es como si uno me diera un mar en calma y el otro, uno que deseas montar con una tabla de surf.
—Si pudieras quedarte con ambos… —musitó Hinata.
Sakura abrió la boca, la cerró.
—Creo que la fantasía ha evolucionado.
Hinata enrojeció tanto que parecía que su cabello iba a ponerse de punta. Podría haberse burlado algo más de ella si no fuera porque el timbre rompió ese leve momento de libertad. Sakura la miró aterrada y Hinata se levantó lentamente.
—¿Quieres que le diga que se marche? Naruto es escandaloso, pero comprensivo.
—No, tranquila —descartó—. Tienes derecho a divertirte.
Hinata asintió y tras darle un beso en la frente, salió. Sakura se acurrucó sobre sí misma una vez más, abrazándose a sí misma. Volvía a sentirse sucia y a la vez, vacía a causa del anhelo por dos personas. Se recostó directamente al suelo, acurrucándose más.
—Si pillas un resfriado retrasarás por completo la salida de la nueva tanda de joyas.
Dio un respingo, sorprendida.
Itachi estaba en la puerta, bajándose unas gafas oscuras por el puente de la nariz. Iba en vaqueros y camisa y el cabello, pese a estar recogido, mostraba la humedad de una ducha. Se puso en pie con torpeza y él elevó una ceja.
—Mis modelos deberían de tropezar con más gracia —dijo acercándose para ayudarla. Sakura dudó—. No voy a golpearte.
—No es eso —objetó preocupada—. Pensaba que sentías asco y…
Itachi cerró su mano alrededor de su codo y la ayudó a levantarse correctamente.
—No siento asco —descartó—. El sexo es algo natural. Puedes encontrarte con cualquier persona que haya tenido sexo media hora antes de estrecharte tu mano.
Una vez la tuvo a su altura, la soltó.
—El verdadero problema es que te he visto follando con mi hermano. Y no estabas negándote justamente. Parecía que te gustaba. Es más, la cara que tenías con él nunca la has puesto conmigo. Olvidaste todos tus miedos y te abriste más, de una forma más femenina que jamás me mostraste a mí.
—Itachi… yo…
No conseguía articular las palabras correctamente. Él avanzó un poco. Posó su mano gentilmente sobre su mejilla. Se inclinó más hasta cubrir sus labios. Ella se aferró a sus hombros, bajó las manos por su espalda, pegándolo más contra ella. Correspondió con todo el amor que sentía por él.
No se separaron apenas unos centímetros cuando él hizo la pregunta.
Sakura le miró aterrorizada y a la vez, anhelante.
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Itachi extendió la mano hacia ella antes de ponerse de cuclillas. Sarada se subió las gafas para frotarse los ojos y quitar algunas de las lágrimas que la traicionaban.
—Volveré pronto —le aseguró—. Es por trabajo, Sarada. No es la primera vez que tengo que irme.
—Pero es que… os vais los dos —protestó entre lágrimas—. Primero, papá dice que nos vamos y ahora, tú y mamá os vais… me dejáis atrás. Papá tenía razón. Hacéis las cosas sin contar conmigo.
Itachi, con calma, le sonrió.
—¿Crees que es así? —preguntó apartándole el cabello de la frente—. Si lo fuera, no habría reservado una habitación para ti. Si lo fuera, no estaría pensando en que durante las vacaciones vayamos a Disneyland.
La sonrisa iluminó el rostro de Sarada. Lo abrazó fuertemente y después, corrió a los brazos de su madre. Sakura se agachó pese a los altos tacones y la abrazó y besó sus húmedas mejillas, dejando rastro de pintalabios en ellas.
Sasuke se mantenía a una distancia prudente que él acortó. Observó a ambas mientras se colocaba a su lado.
—Ahora, te puedes marchar de aquí cuando te de la gana —le dijo—, pero mientras decides si ir a juicio o no, Sarada tiene que venir a verme o te denunciaré.
Sasuke cerró las manos en puños, elevó el mentón y le miró.
—Podrás llevártela lejos, podrás tenerla en tu cama, pero nunca serás al que se le entrega —siseó.
Itachi apretó los labios y forzó una sonrisa cuando Sarada se acercó a él. Sasuke se acercó a Sakura. Se inclinó y murmuró algo que no logró captar. Sakura le miró con los ojos muy abiertos y su boca se abrió, anhelante. Pero pareció recordar y enderezando la espalda, caminó hacia él.
—¿Nos vamos?
—Sí —aceptó dando un último beso de despedida a Sarada.
Ambos abandonaron su ciudad con el cosquilleo que dejaba una despedida en la espalda. Se sentaron en silencio en sus asientos en primera fila y observaron el suelo desaparecer en la noche.
—¿Qué te ha dicho?
Sakura le miró elevando una ceja, confusa.
—¿Qué?
—Nada. Olvídalo —descartó apretando su mano suavemente y llevándosela a los labios—. ¿Estás segura de que no quieres llevarte a tu maquilladora?
Sakura apoyó la cabeza contra el sillón y negó.
—Hinata tiene la oportunidad de seguir su vida sin mí. Y estoy segura de que va a comérsela.
Itachi asintió lentamente antes de llevarse el pulgar y el dedo índice hacia el ceño. Sakura apoyó la cabeza en su hombro.
—¿Te encuentras bien?
—Sí. Sólo es dolor de cabeza —descartó besándole los cabellos—. Duerme. Hay muchas horas y cuando lleguemos, iremos directamente a trabajar.
Ella asintió y suspiró.
—Nunca pensé que me marcharía y dejaría todo atrás de esta manera. Pensaba que era de cobardes. Y menos, con Sarada ahora a mi lado.
—La verás pronto —le prometió.
Pero nunca le dijo si sería porque llegaban las vacaciones o porque Sasuke Uchiha no estaba dispuesto a dejar esa batalla hasta el final.
—No sé por qué no me odias, Itachi —murmuró ella.
Itachi le acarició el cabello antes de acomodarse en la silla.
¿Odiarla? Eso era lo extraño. No lo hacía. No podía. De alguna forma, la culpabilidad había dejado paso al amor y el amor sobrevolaba por encima del resto. Debería de estar furioso, de desear arrancarles la espina dorsal del cuerpo. Y sin embargo… no podía.
Su única forma de resarcirse era llevarse a Sakura con él. Era algo que ya había pensado. Algo necesario para su empresa, desde luego. Incluso ancló esa posibilidad a llevarse a Sarada con él para que estudiara en un colegio mejor. Era una opción que decidió plantear a Sasuke tarde o temprano, nunca imaginó que en unas condiciones más delicadas.
Sakura cambió la postura.
—Me odias.
—No —negó—. No te odio.
La verdosa mirada brilló como respuesta.
—Sakura.
Ella elevó las comisuras.
—Cásate conmigo.
Si el avión se hubiera quedado completamente en silencio no le habría importando tanto como el silencio en los labios de esa mujer.
Continuará...
Entonces: ¿Se queda con ambos? xD
